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Full text of "Los tres primeros historiadores de la isla de Cuba. Reproduccion de las historias de José Martin Félix de Arrate y Antonio José Valdés y publicacion de la inédita del Ignacio Urrutia y Montoya, adicionadas con multitud de notas y aumentadas con descripciones históricas de la mayor parte de las ciudades, villas y pueblos de esta isla que en ellas se mencionan"

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LOS TRES 


PRIMEROS HISTORIADORES 


DE LA 


ISLA DE CUBA. 


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Dr. RAFAEL "COyLEY Y D. ANDRÉS PEGO, EDITORES. 


LOS TRES 


PRIMEROS HISTORIADORES 


DE l_A 


ISLA DE CUBA. 


REPRODUCCIÓN 

DE LAS Historias de D. José Martin Félix de Arrate 

Y D. Antonio José Valdés y publicación de la inédita 

DEL Dr. D. Ignacio Urrutia y Montoya, 

ADICIONADAS CON MULTITUD DE NOTAS Y AUMENTADAS 

CON DESCRIPCIONES HISTÓRICAS DE LA MAYOR PARTE DE LAS CIUDADES^ 

VILLAS Y PUEBLOS DE ESTA ISLA QUE EN ELLAS SE MENCIONAN. 


TOMO II. 

Teatro Histórico, Jurídico y Político Militar 

(le la isla Femandina de Gnba y principalmente de sn capital la Habana. 

Dedicado al Católico Rey Nuestro Señor D. Carlos III 

por el Doctor Don Ignacio Josó de Urrutia y Montoya. 


HABANA. 

Imprenta y Libraría de AlIDRES PEGO, Obispo 34 

1876. 


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TEATRO 


í 


DE LA 


ISLA FERNANDINA DE CUBA 

Y PRINCIPALMENTE DE Sü CAPITAL LA HABANA. 

DEDICADO 

%l ^mi([o |i^s litro. j$r. f. (|árlos III. 

POR BL 

Dr. D. Ignacio José de Urrutia y Montoya, 

Abogado de los Reales Consejos y Audiencias de Méjico y Sto. Domingo^ 
y ex-Colegial del El. P. y T. Colegio Seminario de Méjico. 


í5ME»íMtóKÓI 


OBRA INÉDITA 

ESCRITA EN 1791 


Señor. 

El derecho de ocupación^ que por medio del Jllmu 
rante D. Cristóbal Colon^ adquirieron los Reyes de 
Castilla f Nuestros Señores) sobre estas Islas y Tierra 
Jirme^ roborado con la confirmación Pontificia, son los 
títulos de dominio mas nerviosos y legítimos que reco- 
nocen los Jl. Jl. á favor de F. M. Más sobre ellos la 
beneficencia con que los mira^ y el paternal amor con 
que los mantiene^ acaban de sojuzgar hasta el última 
término la voluntad de los habaneros. 

Fuimos por nuestra desgracia^ sujetos en la guer- 
ra del año de 1762, y ganados por las armas de S. M. 
Británica. Más apenas llegó á vuestra Real noticia 
suspendió las armas^ lloró como Jacob la perdida de 
Josefa y solo trató de recuperarnos á costa de muchos 
intereses. ¿Con que caudal podremos satisface esta 
doble paternidad, sino es con un perpetuo clamor de su 
reconocimiento? ¿Qiié ofreceremos á V. M, aunque lo 
hagamos de todo, que sea justa recompensa de estos be- 
neficios? Di el todo y todos somos vuestros, y así nó 

nos queda que ofreceros con mérito de liberalidad. 
Tomo II, 2 


10 TEATRO CUBANO. 




• • 


• • 


Mas ya qtf^-no cabe ser como dación liberal^ díg- 
nese V. Itj^jáe admitir como paga de tributo el ofre- 
cimiento''é^*esta obrilla. Bien he temido por su cor- 
tedady^£cer¿a á tan alto Mecenas: pero Señor^ el que 
dá lO'^e adquiere^ hace cuanto puede^ y cumple con 
dedicarlo á quien debe. Dígnese V. M. admitirla co- 
.mffrhomenaje de un vasallo reconocido 6 como lasfru- 
.'l'.iiUas que ofreció el Cacique de esta Isla á vuestro 

\*..: Almirante Colon. 

;/ Me ha dolido siempre como á buen hyo ver a mi 

amada patria sin historia particular, de que apenas 
carece la más iftfeliz. He deseado propender a sus 
adelantos^ y conocidos, tendría un sentimiento grave de 
no proponerlos. La práctica de la abogacía, en sus 
diversos THbunales^ me ha instruido de sus ocultos, 
no conocidos tesoros^ que seria extrañeza no descubrir 
á V. M. Para ello^ comenzando por estos principios, 
daré en segundo lugar^ el compendio de su historia ge- 
neral^ ájin de poder á el mismo tiempo que la conti- 
nué particular^ exponer á V. M. cuantos medios y ar- 
bitrios juT^o útiles á su fomento^ y adelanto de vues- 
tros Reales intereses. 

Así quiera el Cielo darme vida, mientras pueda 
hacer á V. M. y á mi amada- patria este servido. Con 
tal deseo, presento á V. M. esta parte de su Historla, 
y con ella me ofrezco 

Señor 
A. L. R. P. de V. M. 


INTRODUCCIÓN. 


CAPITULO I. 


Motivos de escribir. 


Arduo es lo que debía ser fácil, conviene hablarte, 
lector carísimo, en libro eterno y con palabras de oro, 
para comprender las cosas (1) cotidianas y públicas de 
la isla Fernandina de Cuba, que todos debemos saber 
y entender y estando cierto en su sustancia y prove- 
cho, dificulta hacerlo el modo y cualidades, viniendo 
á costar más el engaste, que la piedra preciosa, aún 
no castigado el estilo como pide Horacio. (2) 

Al emprender la obra del Teatro histórico^ Jurídi- 
co^ Político Militar de la isla Fernandina de Cuba y 
principalmente de su capital la Habana, mi amada 
patria, tuve el justo objeto de no enterrar en e^ se- 
pulcro con mi cadáver aquellos escasos talentos, que 
adquirí en la carrera literaria, siendo i'espoosable co- 

(1) Qaoe enim quotidiana snnt, et id circo ab omniboB sdri, inteUgi ei 
cognoBci debent aurea^ verba vocainns. Joan Borchalt^m, Qn» pro uuiita- 
te reipabliosB scribentar etenia sunt. — Diod. sicnl Antig. Lib. I in pre&ct. 

(2) Hoiat safyr 10. lib. 1? 

Sspe Btilnm v^las, iteran), qn» digna legi sint, 
Scriptnros; ñeque, te nt miretnr tunn, labores 
Contentos pancis lectoríbns. 


12 TEATRO CUBANO. 


rao el siervo perezoso (1) de los que recibió. Porque 
no es justo retener la palabra buena (2) en tierapo 
oportuno, habiendo nacido no sólo para nosotros sino 
también y raucho raás para nuestra patria (3). E igua- 
lándose las otüigaciones del militar y jurisperito, en 
cuanto poner mano á la espada y pluma siempre (4) i 
que la causa pública lo pida. 

Nacido en la Habana para ella y su Católico Sobe- 
rano, propendió la profesión de mi Sr. padre el Br. • 
D. Bernardo de Urrutia (5) á que siguiese la misma 
carrera honorífica de la abogacía. Dejóme en sus 
principios, y con el mérito de sus servicios que in- 
tentó premiarle la piedad del Rey (6) y por su falle- 
cimiento previno lo fuesen en mí (7). Con este inci- 
tativo concluí las clases y práctica en el Real y Pon- 
tificio Seminario de Méjico, y recibido de abogado 
por su Real Audiencia, me restituí á mi casa en áni-* 
mo de seguirla. 

Comenzé á internarme con los autores de la Fa- 
cultad y á formar por ellos alguna idea de aquella 
Ciencia limitada en las Universidades y Colegios á 
cuatro autores de Derecho canónico y civil, cuyas di- 

(1) Matheam, cap. 25. 

(2) Ñeque retineas verbum in tempere salutis. Ecclesiast. cap. 1, v. 28. 

(3) Non Bolum nobis sed etiam, et mnlto magis PatrísB nascimur. (lib. 
4? Cicer.) 

(4) El Sr. Abrea en la dedicatoria de sus vacantes de Indias cap. 11, 
''puesto que no menos obligación tienen los profesores de las Letras á to- 
mar la pluma por la defensa de los Derechos y autoridades de su Soberano.... 
Que los de las Armas, la Lanza y la Espada: como dijo á otro intento, to- 
mándolo de un capítulo de los Feudos el Oonsejero D. Juan de Solorzano." 

(5) El Dr. D. Bernardo Urrutia se recuerda como uno de nuestros dis- 
tinguidos abogados, figurando en elevada altura nó tan sólo en las carreras 
del foro y ma^stratura, sino también en la del magisterio. — R» C. 

(6) Con los honores de Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo 
por Cédula de 12 de Junio de 1749, y plaza en propiedad por la de 2 de 
Mayo de 1752 que se hallan en la Escribanía de Grobiemo. 

(7) En Real orden de 12 de Enero de 1753 que está en la Secretaría 
de Gobierno y Contaduría de Real Hacienda. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 13 

fícultades satisfacen dos soluciones, tal vez puramen- 
te objetivas, y hallé que mirada en los Tribunales se 
llama arte de artes y ciencia de ciencias (1) como di- 
rigida al gobierno de los hombres, Señores del Univer- 
so, poco menos dignos que los Angeles (2) á cuyos 
pies y para cuyo obsequio se criaron los demás vi- 
vientes. 

La lectura de D. Gabriel Alvarez de Velasco con 
su obra Judex perfectus (3) y las «Epístolas de . 1). 
Juan Yanes Parladorio á sus hijos» (4) me pusieron á 
los ojos las dificultades prácticas, y demás de otros, la 
Balanza de Astrea del sapientísimo maestro Fray Be- 
nito Feijoo (5) con algunas observaciones, más entre 
su especulativa y nuestra práctica me concluyeron la 
necesidad intrínseca y general do una^ incesante apli- 
cación al desempeño de la carrera emprendida, para 
' poder alcanzar las dos sales de Ciencia (6) y concien- 
cia que requiere nuestro Baldo en sus alumnos. 

Es Scila peligrosa la de la conciencia en su curso, 
y por tanto laudabilísimos los que pudiendo trans- 
gredir la ley á su nombre y autoridad no lo hacen (7) 
pero no por eso deja de ser Caribdis inminente el de 
la Ciencia. Esta pide el sólido conocimiento de unos 
derechos en que son más los casos, que los vocablos 
con que pueden explicarse (8) en que aún las más cla- 

(1) Ara Artiam, Scientia Scientiaram, hoininem regere. Zeballosen su 
Arte Real en la dedicatoria y Feijoo en la del tomo 5? de Cartas. 

(2) Mínuísté eum paulominhs ab angelis constituisti eum super 

opera mannm tnaram. .Omnia sabjecsisti sub pedibns ejuB Líber psal- 

moram VIII, IX, X. 

• (3) Impresa de segunda edición en Lamonia en 1740. 

(4) Qae corren impresas al fin de sas Cuotidianas. 

(5) Discnreo 11 del tomo 3? de su Teatro Crítico. 

(6) Véase Zeballos en su Arte Real. Documento 10. 

(7) Quis est hic & landabimus eum Qui potiut transgredí & nom 

est tranfigressuB; faceré mala & non fecít. Eclesíast. cap. 31, 9 y 10. 

(8) Exomat Pichardus ins re contra hist. inrt. quibus mod. re. cont. 
oblig. 


14 TEATRO CUBANO 


ras leyes se han hecho oscuras, y dudosas por las 
varias interpretaciones de los autores (1) sobre cuyo 
estado aún dentro de España ha criticado tan sólida 
y modernamente el Dr. D. Juan Francisco de Cas- 
tro (2) haciende palpable lo difícil aún de su noción. 
Y que finalmente ha de extenderse al recopilado de 
sus Indias en estos Reinos; en el cual apenas se halla 
ley que no esté corregida, ampliada ó limitada, por 
Reales cédulas, órdenes, reglamentos y ordenanzas, y 
éstas no pueden cumplirse, sin saberse y entenderse, 
ni saberse y entenderse estando guardadas en los Ar- 
chivos y Secretarias. 

A vista de esta uña del León que concibió mi igno- 
rancia, quiso retroceder de la carrera pero se halló 
detenida como el Dragón de la India Oriental en la 
cueva que de amplia entrada y estrecha salida, le for- 
ma el ratón á quien persigue: porque se estrechaba 
mucho para seguir y era tarde para retroceder, gasta- 
da la flor de una edad corta, y en necesidad de pedir 
principio, quien no podia vivir de una escasa y ya con- 
sumida herencia. 

En esta dificultad elegí el medio término de reco- 
ger las velas a la honrosa navegación y dar fondo en 
mi estudio patricio de solo abogacía; porque aunque 
en ella y su Provincia a que se estiende, también se 
padecen embarazos y dificultades: las comparé para 
con la judicatura general á las del seno Mejicano, res- 
pecto del golfo insondable del Océano y me dije con 
Terencio. (3) 

[11 Carleval de Jodie tital. 2? disput. 5. núm. 16 ibi. — Et quam sic 
jorís detenninatio certa sit qaod atinent at rerum naturam, qnatemus ad 
hominis intelectum aplicatnr, lex dicitar esse dubia proter varias doctoram 
opiniones. 

[2] En su obra moderna titulada Discursos Crüicos sobre las Leyes, 

[3] Terentins in Adelplos. 


IGNACIO J. DÉ tTRRUTIA. 15 

Placet tibi factum Mitio? Mic. Non si queam 
Mutare; nunc quum non queo, animo sequeo fero. 
Y con Ansonio (1) 
Taxis ut libeat quod necese est. 

B^*o de este sistema dediqué mi principal estudio 
á los Derechos civiles de esta Isla en que debia actuar, 
dejando para los Fabros las sutilezas del Derecho co- 
mún. Diligentísimamente investigué como Job (2) 
la causa que ignoraba: conocí mi ceguedad y pedí al 
Señor vista (3) como el ciego de Jericó, y cierto de 
que no puede ser buen consejero, quien ignora la his- 
toria del país en que lo hace, (4) busqué la de ella 
inquiriendo los pasos (5) de la antigüedad, y solo ha- 
llé algunos retazos en los generales de Indias: porque 
justamente se imputa (6) á nuestros españoles haber 
sido perezosos en escribir historias civiles y mucho 
más literarias. 

De aquí la necesidad de hacer una memoria de 
papel como la de Baldo Tuseo, Mascardo, Savelli y 
otros que escribieron para si (7) lo que dejaron al pú- 
blico. En ella fui apuntando á ratos desocupados 
con grande costo, diligencia y dificultades, cuantas 
noticias ciertas de Cédulas, Reales órdenes y de his- 


[1] Ansonins in Períandrí seten. 

Fractent fabrília Fabri prolog comnn. 
2] Gausam qtiam nesciebam diligentissime investigabam.-Job. 29, 16. 
3 Domine nt videam. Math, 10. 

4] Abren en el prólogo de sus Vacantes de Indias núm. 67. Dicen 
nnestros prudentes Milaneses y el valenciano Mathea que los mayores ju- 
risconsultos fueron muy versados en historia y que no pueden ser perfectos 
en sus facultades ni buenos consejeros los que las ignoran. Lo que persua- 
den también modernamente los Padres Mohedanos en el prólogo de su histo- 
ria literaria de EspaSa Números 24 y 27. 

Interrógate de semitis antiquis Jerem. 6, 16. 

Por los citados Padres Mohedanos en dicho Prólogo número 10. 
Non tibi sed mihi sub compendio Scripseram, Amici Lector. Sa- 


5 
6 

[7 


velB, tomo 1? in principio. 


16 TEATRO CUBANO. 


toriapude haber á mis manos, para tenerlas (1) cuan- 
do consultase ó dirigiese. 

Catorce años empleé en la carrera, con las pro- 
porciones de asistir á todos los Tribunales y de ellos 
seis en la Asesoría general y creación de la Intenden- 
cia de ejército y Real hacienda; dos, en la Judicatura 
de difuntos: más de uno, en la Auditoria interina de 
Marina y siete en el Señorío de la ciudad de San Fe- 
lipe y Santiago, y en ellos y con ellas llegue hacer un 
cúmulo, á quien parecería que podia clausularse el 
Non plus ultra, 6 lo que Ovidio (2) á su ponderada 
Biblioteca: 

Quaeque viri docto veteres cepere novique 
Pectore, lecturis inspicienda patent. 

Rindióse en aquella fecha la salud á la fatiga, y fué 
necesario por precepto de los Médicos dejar toda apli- 
cación á papeles, procurando recobrarla retirado en 
el campo. Más apenas aliviado, se alqjó el temor 
próximo de la muerte, me causó fastidio el ocio (3) y 
recordó lo dominante del hábito á la aplicación por- 
que (4) todo cansa, 

Otia Corpus alunt; animus quoque pascitur illis: 
Immodicus contra carpit utrumque labor. 

Este fué el primer movimiento para elegir la ho- 
nesta y útil aplicación á la obra del Teatro Cubano, 
cuya idea y principios intento dar al público y á que 
conspiraron los demás que expondré, Confiésote ca- 


[Ij Sapientíá Scribse in tempere vacuitatis &. qui niinoratur actu 
Sapientiam peroipiet qua sapientiá replebitur. !E]cclesí. art. 38, 25 ubi ad 
íntentum multa. A lapide. 

Ovid Lib. 3, trist eleg. 1. 

Qui operatur terram suam satiabitur panibus qui autem sectatur 
otiuín stultissimus est. Prov. 11. 

[4] Ovid. lib. 1? de Ponto.— Uxori.—Ep. IV. 


1^1 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 17 

rísimo lector que conozco mi ignorancia y carencia 
de todas las partes que pidió Séneca (1) en los que 
han de escribí r. No me dejo engañar y envanecer de 
mi ciencia contra el consejo del sabio (2). Pero co- 
mo lo que te ofrezco es más de aplicación que de 
ciencia (3) y creo deber preferir la utilidad pública 
que hallarás en la materia, al sonrojo de hacer mani- 
fíesta mi ignorancia en la forma; desprecio aquellos 
censores perpetuos, de quienes dicen los doctos Mohe- 
danos (4) que llevados de la idea de lo perfecto ni se 
atreven á dar al público cosa alguna, ni cesan de des- 
acreditar las mejores obras por los mas ligeros defec- 
tos. Jlsí con una ociosa severidad ateiTan a los apli- 
cados, ni trabajan ellos, ni dejan trabajar á los demás, 
y no contentándose con ser inútiles vienen a ser per- 
niciosos. 

Por que si después de la carrera, aplicación y pro- 
porciones expuestas, temiera hacerlo de lo particular 
de la Isla, careceríamos enteramente de libros, aca- 
bando la vida antes que adquirir la sufíciencla para 
escribirlos. ¿8erú, posible (5) que no hemos de separar 
lo precioso de lo útil? ¿ Qué no se podrán coger piedras 
preciosas en el estiércol del Eunio? ¿Qué una obra 
de estilo inculto no podrá ser apreciable por el fondo de 
sus noticias? ¿Y si puede serlo como me indemniza- 
ría yo de aquel cargo que los mismos Padres nos ha- 
cen? (6) La raiz de estos males, es en gran parte la 
ignorancia de la Historia literaria y por consigtiien- 


1] Séneca. £pÍ8t. 111. 

Í2 Ne ímutarÍH pradentise Sapiencie tue. Prov. 3.- 

^'3 Qnam siné íictione didica et sine invidia commnnico, et honesta- 
tem illíoB non abscondo. Sapiem. 7. — 14. 

[4] Los PP. Moliedanos en el citado Prólogo de su historia literaria 
de España n? 74. 

Í5 j Los citados PP. en dicho Prólogo n? 74. 
6] Los mismo allí n? 11. 

Tomo II. 3 


i8 rfiAtRO CUBANO. 


te tienen la ciápa los que logrando proporción^ kan oU 
viúado ilustrar ó los siglos venideros con esta noble 
püfte de la historia^ pudiendo muchos haber remedia- 
do este inconveniente, publicando^ si no podian cómo- 
damente la historia Ut eraría de la Nación en general, 
é lo menos historias particulares de Religiones, Univer- 
sidades, Ciudades, Provincias^ Reinos ú otros Cuerpos 
de eÉtpnsion prcfordonada & su conocimiento. Y de- 
h^ de estas reglas me he sujetado á escribir solo por 
Ta particular de kni provincia, aprendiéndolo primero 
én su habitación y ejercicio (1) de la jurisprudencia 
pues sétjue 

(é) Scribendi recte sapere est, et principiíim, et fons. 

Y aun en esto conñeso, que nunca he imaginado 
apurar enteramente la materia. Así porque sé (3) 
que si¡ algún autor neciamente presentuoso ha hecho 
pmjpeño de tratar todos los asuntos pertenecientes á 
La obra que emprendía, aún sobre una particular 
cuestión ó tratado, ha esperimentado en breve tiem- 
po el desengaño, viendo que sobre la misma materia 
se ibian suscitado dificultades, de que aún tuvo la me- 
nor noticia, como porque la esperiencia misma me ha 
manifestado tan claro el plus ultra de lo que habia 
acopiado, que en el propio acto de escribir estoy ha- 
ciendo continuas recolecciones para atar cabos y lle- 
nar corrales* 

Pero podré decirte con el Sr. D. Juan de Solorza- 
no (4) al concruir semejante (aunque incomparable) 
Política de Derecho Indiano, que en obra grande, de 
nuevo y esquisito trabsyo, más se debe estrañar ha- 


Ante qiiam loquaris disce (19) Ecclesiast, 18. 
Horatins de Arte Poet. 


El Sr. Fiscal D. Manael Pablo Salcedo en sn aprobación del Pa- 
tronato Beal del Sr. Ribadeneyra. § 6. 

[4] El Sr. Solorzano en sa Política Indiana. Lib. 6, cap. 17 al fin. 


IGNACIO J. DE URRUTIA Ift 

ber dicho tanto, que omitido algo. T que aún que 
confieso, ser superior á mis fuerzas la obra que eui- 
prendo, faltando en esto al consejo de Horacio (1). 

Sumite materiam vestris, qui scrilytis, oBquam 
Viribus, et vérsate diu quid {erre recusent. 
duid valeant humeri. Cui lecta potenter erit res. 
Nec facundia deseret, huc, nec, lucidus ordo. 

No me negarás, que no me es reprensible no ha- 
ber hallado más; sino laudable haber investigado lo 
que podía. (2) 

En las cosas grandes lo es hasta el haberlas em- 
prendido (3) y si la señal del amor verdadero, según 
el oráculo de Cristo (4) consiste en descubrir sus se^ 
cretos al amado como lo entendió el docto Oyiedo: ha- 
bré dado con el Teatro una prueba de mi amor y oí^í- 
gacion al Estado y Patria (5) y podi'án los nuevos Abo- 
gados, sobre esta obra comenzar por donde acaiíó, y 
ver mas el pigmeo que el jigante, puesto sobre los 
hombros de éste: añadiendo sus tareas I9 que le falte 
de perfección, pues solo les aseguro que hallaran entre 
su rudo estilo, verdad, buena fé y piedad que es lo 
que debe un Historiador. 

Quidquid id est silvestre licet videatur acutis 
Auribus, et nostro tantum memorabile pago 
Dum mea rustices, si non valet arti polita 
Carminis, at certe valeat pietate probari. 


[11 Horatins de Art. poet. 
2] - - 


Reprehenderé qoidem neminen ílloram deoet, si in veniqnidam in- 
vestigare conati Bunt. — ^Bipócrates lib. de Dieta Subinitío. 
[31 In magnís voloise satis. 



nota 
Oviedo 
2« núm. 1? 

[5] Pro patria studiose agat. Cicero Rect. nov. lib. 4. 


20 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO II 


Utilidad de la obra. 


La utilidad que concibo pueda producir al público 
este trabajo, fué otro estímulo de su empresa. Es 
torpe que algún noble varón ignore los derechos co- 
munes (1) de su patria, y lo es tanto mas que no los 
investiguen en su origen (2) aquellos que han de di- 
rigirla, dando pauta á sus Tribunales, cuanto aquello 
puede redundar en daño privado, y esto producir per- 
juicios públicos eu uno y otro fuero. 

Nadie sabe la historia cronológica de la Isla por- 
que no la hay, y el mas curioso solo puede dar algu- 
nas noticias sueltas tomadas de la General de Indias^ 
y de dos manuscritos postumos del Tilmo. Sr. Dr. Don 
Pedro Morell de Santa Cruz, su penúltimo Diocesano 
y del Regidor de la Habana D. José Félix de Arrate. 
Ninguno de ellos dá noción de la Historia y menos de 
los derechos de la Isla. Y aunque la primera trata 
del gobierno eclesiástico (que por eso no apuro) na- 
da dice del secular, y la segunda padece equivocacio- 

[1] Non enim exígimas ut omnes Jnrísconsnltorom Sdenoiam didice- 
ññt, neo nt omnes patres familias Magonis, et casii libros; sed commien 
eomm^ qase in legibos contínentor inteligentiam in omnibns exigimas. 
Grothofired. in glos. Ig. 9 foe sor et íact ignos. 

[2] Si qmdem tnrpe est materíae originem non investigare Ig. 1, omn 
ibi notat. f. de orig. jar. — ^In Scriptis et monmnentis veteium Tersan. Ha- 
lercanem in elog. Grecor. 


IGNACIO J. DE ÜRRtJTIA. 21 

nes por supeiücial y limitada á poco más de cuarenta 
capítulos, y de materias curiosas sin orden. 

La perfecta noticia de lo pasado da leyes para go- 
bernar lo actual, y reglas para preocupar prudente- 
mente lo venidero. Solo lo pretérito 'Se sabe, lo pre- 
sente se vé y lo futuro se ignora, velándolo de los 
hombres la superior providencia. 

(1) Prudens futuri temporis exitum, 
Caliginosa nocte premit Deus; 
Ridetque, si mortalis ultra 
Fas trepidat... ...... 

Pero como hay una regla general, que enseña ser 
el tiempo una repetición de las mismas cuatro esta- 
ciones que componen el afio y bajo de ella rigen los 
hombres sus comercios, agricultura y arbitrios en el 
presente y lo previenen para lo futuro, hay otra que 
acredita que en el transcurso de algunos afios se repi- 
ten los mismos casos y dudas, porque nada es ya míe- 
vo debajo del Sol. 

El conocimiento de lo que se decidió por sabios, 
y superiores en las pasadas dificultades enseña lo que 
se ha de hacer en las presentes y lo que debe preve- 
nirse para las futuras. Y en esto vinculó Terencio (2) 
la más noble parte de la sabiduría. 

O Demea, Istuc est sapere, non quod ante pedes modo 

est. 
Videre, sed etiam illa, quae futura sunt Prospicere. 

Este es el origen que han tenido todos los Dere- 
chos del Universo, cuyas leyes manifiestan que no se 
hicieron para las dudas, sino por ellas. (3) Esto es, 


1 

2 

r3 


Horatías oda, 29, lib. 3. 

Terentias in Adelph. 

Constat ex leg. 2, f. de oríg. jar praesentim in. § 3. 


32 TEilTRO CUBANO 


que precedió la duda á la resolución, que hizo ley, y 
nó al contrario. 

Todo el peligro que tiene juzgar por casos parti- 
culares (1) consiste en saber, si las circunstancias 
sustanciales que concurrieron en el pasado, adornan 
el presente, y estas se encuentran en una historia for- 
mal por su misma relación. Si alguna omite, se coli- 
ge de la íntegra resolución y su preámbulo, pues por 
este se aclara la intención del Legislador (2) en cuya 
inteligencia y no en la corteza ó palabras de la ley 
está su virtud y sabiduría (3). Enseña las cosas y el 
porqué de ellas, las circunstancias en que se resolvió, 
los motivos. Tribunales, Ministros y Cuerpos y en el 
cotejo de si varian ó igqalan, se aprende el tempera- 
mento que exige la diversidad ó la debida observan- 
cia del precepto (4) donde es una la razón. 

Esta esperiencia propia deducida de los hechos 
ágenos, es la verdadera ciencia que ensefia por sus 
causas y efectos, á discernir la verdad entre las du- 
das (5). 

Nunquam ita quisquam bene subducta ratione ad vi- 

tam fuit. 
Quim res setas, usus semper aliquid adportet novi. 
Aliquid moneat; ut illa qqae te scire credas nescias.. 
Et qudB tibi putaris príma in experiundo repudies. 

(1) Ley 20, tít. 2, lib. 2 de la Eeoopilaoion de Indias. El consultar 
y resolver afganos negocios por las consecnencias de lo qae se ha hecho en 
otros, trae oonago muy grandes inconvenientes porque no en todos pueden 
concurrir unas mismas causas y circunstancias. 

(2) Dr. Solorzano, lib. 4? de su Polft. Ind% cap. 26, número 53 al fin. 

(3) Lg. Scirc. ff. de legibus. Oap. Consuetudo dist. íf 

(4) Verolitn in lib. de agment scientian. Antiquitas eam meretor re- 
v^niian, nt homines áliquando giadum sistere et super eam stare debeant, 
atque undequaque drcunspicere quae sit via óptima cum autem debia bene 
constítuerit tue demur non resistc^dum; sed alaeriter progredieudnm. — ^Et 
Piopheta. — State super vías antiguas, et videte que nan sit recta et boiia, et 
ambulate in ea. 

(5) Terentius in Adelphis. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 23 

T esto es lo que enseñan los repetidos Mohada- 
nos (1) cuando escriben: «La historia metódícametite 
^escrita y bien meditada, es un seminario de instruc- 
»cion profunda y sólida, y al mismo tiempo gustosa y 
^deleitable, tienen cierto enlace y dependencia entre 
^si las verdades que unidas se prestan mutua luz y 

«socorro unas á otras El método histórico réspec- 

»to de los hechos prácticos, es lo mismo que el geo- 
j>métrico en las verdades especulativas.» 

Cuanto dista de ella él estudio de nuestra Isla, no 
es explicable. Los mejores profesores del Derecho, 
que hay muchos de buenas luces, nada saben del dé 
la Isla. Un cuaderno manuscrito de las Ordenanzas 
municipales y tal cual Cédula suelta, de que se tuvo 
noticia, copiada con muchas erratas, y no entendidas 
por falta de noción para distinguir los tiettipos y cir- 
cunstancias en que dispusieron, es lo mas especial 
que se halla en los estudios; se carece de cédularios, 
y dificulta verlas en el Obispado, en la Contaduría de 
Real Hacienda y en la Escribanía de Gobierno y Ca- 
bildo únicos archivos de las antiguas. 

Esta dificultad crece más para con las modernas 
desde que, antes de mediar este siglo, se creó Secre- 
taría de Gobierno y subsiguieron la de Intendencia 
de Hacienda y del ramo de Marina. Porque no sólo 
es en común mas difícil saber las que hay en ellas, 
sino que ciñen las facultades de los mismos Jueces, y 
aunque se sepan y pidan, no se dan por todos, ni se 
pueden instruir en autos para los recursos al Superior. 

Guárdanse por algunos con celo en las Secretarías 
siendo pasto de la polilla, pues en la de Gobierno ya 
no se hallan legibles más que las dirigidas desde 
1767 y poco más las de Contaduría. Con esta anfi- 

(1) £n dicho prólogo número 85. 


á* tbatro cubano. 


boloj^ se cree (uimplído el juramento de guaidarias: 
( f ; con qne por (niardadaa se ífi^oraiu ignorada» no 
9e desean, y quedan sm el froto debido. (2) 

Quod latet ígnotam e8t t^oti aulla cupido 
Pruetns abest &ciea cum bona teste caret 

Lo» mismos Grobemadorc?* j sus Tenientes Aiufi- 
tores generales que los dirigen, carecen de principios 
(3) por donde poderlas observar en cumplimiaito de 
dicho juramento. Ellos son temporales, por solos 
cinco aftos: no pueden :^r del país en que se em- 
plean: hallan esta ignorancia común qne difieolta 
saberlas por otros: (4) j no siendo posible dedicarse 
á revolver sn Secretaría j demás archivos volumino- 
sos de ellas, sin tiempo y lugar comienzan ignorando 
f acaban comenzando a saber algo de ellas, si se apli- 
can á este estudio. Vienen los sucesores, y repiten 
el mismo principio y fin por las propias cansas. (5) 

Heu^ heu que míseros tramite devio. 
Abdncit ignorantia. 

í)e esta nace que á cada paso dudan lo que deben 
hacer y con esta duda se embarazan en la ejecución. 
Repiten las consultas á 8. M. por la via del Consejo 
6 reservada; y ocupan sin necesidad aquel regio Se- 


ií) iUmio fie coTiMulUí al P. Paz, y lo refiere en sns Consultas varías. 

U) (hUl lib. 3" de art. amand. 

bi) La firitiiera ouni^a do la corrupción de las Ciencias es la ignorancia 
6 el olvido do lnK ftientes, y ejemplares verdaderos: y para esto ya se vé 
iMianto fiirvo la historia literaria qne lleva como por la mano al origen pri- 
tidllvo de litf cienrias 4 las mas puras fuentes y señala los mas excelentes 
tundelon. lios PP. Moliodanos en el Prólogo de su historia literaria de Es- 
paña titltti. Id. 

(4) ('Otiottrrn la dificultad que aparece insuperable de encentrar maes- 
tro que rtift^nn de otro modo que aprendieron. — Los citados PP. allí núme- 
ro 90. 

(0) BoetIuH metro 8, lib. 3. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 25 

nado 6 este ministerio lleno de otras graves atencio- 
nes. Si en ellos se tuvo presente la anterior resolu- 
ción se les manda guardar, y si no aparecieron los an- 
tecedentes se da nueva decisión con nuevo trabajo, y 
tal vez no se decide lo que más convide al país, aun- 
que sea lo mejor por su sabiduría. 

Si proceden contra lo que estaba mandado y con- 
sultan después, son muchas veces reprendidos con 
desaire de su ministerio, y sin remediar enteramente 
el daño ya hecho como cantó Ovidio. (1) 

Quam poteram recto transiré Ceraunia velo 
Ut fera vitarem saxa, raonendus eram. 
Munc mihi naufragio quid prodest dicere facto, 
Quam mea debuerit currere cymba viam? 

Siendo más breve y eficaz el camino de los ejem- 
plos, (2) sirvan por mil que tocaré, los dos que siguen 
más persuasivos por domésticos (3) pues 

Sic natura jubet; velotius et citius nos 
Corrumpunt vitiorum exempla domestica magnis 
Quum subeunt ánimos auctoribus &. 

El pronto recurso al Gobierno de las providencias 
de los Alcaldes ordinarios de los lugares y villas de 
esta Isla, lo hallamos establecido desde su primer Go- 
bernador Diego Velazquez, á quien consta lo inter- 
puso Hernán Cortés. (4) Continuó desde entonces 
este e.stilo, que no pudo ocultarse a la Real Audiencia 
del distrito, donde iban por apelación los autos en 
que se interponía. T su Alteza misma lo ejecutorió 


(1) Ovid. lib. 2 de Ponto. 

(2) Qtúa longuní iter est per prsecepta, breve et efficax per exempla. 
Senec. Epist. 6. 

(3) Jayenal. Satyr. 14. 

(4) Lo referimos en el tomo 1.° del Teatro. 

ToHO II. 4 


26 TEATRO CUBANO. 


en la Real provicion de 6 de Julio de 1621 (1) en 
que después de declarar que la ciudad de Trinidad, 
y villas de Sancti Spiritus y San Juan de los Reme- 
dios debian correr sugetas á la Capitanía General y 
Gobierno de la Habana, como lo estaban antes de la 
división: agrega «(Otorgando para ante de él las ape- 
»Iaciones que de vuestros autos y sentencias defíniti- 
i>vas se interpusieren, como se hacia gobernando sus 
^^antecesores antes de la división de los Gobiernos de 
»la Isla de Cuba.» 

Contra esta práctica, que sobre admitir costumbre, 
según nuestros autores (2) se hallaba en la nativa de 
los mismos Tribunales, y ejecutoriada por la expues- 
ta disposición de S. A. clamaron los Alcaldes de la 
Habana con motivo de un auto consecuente proveído 
por D. Dionisio Martinez de la Vega, que habia con- 
firmado la misma Real Audiencia en otra Real pro- 
visión de 8 de Julio de 1719, obtuvieron de ésta su re- 
vocación por la de 13 de Febrero de 1726, teniéndolo 
por novedad á falta de dichos antecedentes. Ocurre 
el Gobernador al Consejo con el mismo efecto, y en 
despacho de 13 de Octubre de 1728 se le manda 
guardar dicha última resolución, clama por la via 
reservada a la misma Real Persona, y en Cédula de 
27 de Julio de 1731 le manda que se abstuviese de 
oir apelaciones, ni tomar conocimiento de lo que lo 
tuviesen dichos Alcaldes en primera instancia en sus 
Tribunales, dejando ir las segundas á la Real Audien- 
cia conforme á derecho. 

Pone D. Juan Francisco de Güemes y Horcasitas 


(1) Que se halla á fojas 77 del libro 2 de Cédulas de la Escribanía 
de Gobierno y de que se hace mención en esta idea. 

(2) Ex testa in cap. irrefregabilis. § exesus, de ofíc. ordin. Palas 
Rub. in repet. cap. Per vestras § sed est pulchra dubitatio port notal. 2, 
n? 22.— Bobadilla in polit. lib. 5?, capítulo 10, n? 12. 


IGNACIO J. DE URRUTIA.. 27 

-- ■ — ' ■ - 

SU primer cuidado en mantener en paz y justicia los 
pueblos internos, y para ello continúa reponiendo por 
pronto recurso los exabruptos de sus Alcaldes, y se es- 
cudan éstos condicha última Cédula, para que se abs- 
tenga de introducirse en las causas dS que conocen. 
Consulta con los grandes abogados Dr. D. Pedro Fer- 
nandez de Velazco Ldo. 1). Tiburcio Pimienta y Dr. 
D. Bernardo de Urrutia Matos (mi señor padre) y tra- 
bajando un papel en derecho sobre principios comu- 
nes, convienen en que es útil el recurso para la más 
recta administración de Justicia, que puede estable- 
cerse por costumbre, pero que aunque así la hallaron 
introducida, ignoran su origen, y no se atreven á sa- 
lir por fiadores de ella, concluyendo en que se con- 
sulte al Rey. ¡Oh, y como se verifica la falta que ha- 
ce á los mejores Consejeros, la noticia de la historia 
del país! 

Hizo efectivamente Güemes la consulta con copia 
de la de los abogados; pero asentado en ellas mismas 
la ignorancia de dichos antecedentes, y solo recomen- 
dando la utilidad y necesidad de un pronto recurso, 
que contuviese los agravios y exabruptos de los Al- 
caldes de dichos pueblos, gente inculta y nmy des- 
igual á los de la Habana, siendo sin perjuicio de las 
apelaciones a la Real Audiencia; y le manda S. M. 
por Cédula de 28 de Febrero de 1740 observe lo pre- 
venido en la de 27 de Julio del de 1731, así para con 
los Alcaldes de la Habana, como para con los de los 
demás lugares, por ser una misma la jurisdicción de 
todos, y que sin embargo de cualquier estilo que haya 
habido en esta materia, no se avoque en adelante las 
causas de los Alcaldes ordinarios en primera instan- 
cia, ni conozca de ellas en grado de apelación, por to- 
car á la Real Audiencia del Distrito.' 

Creo fírmísimamente que si sobre la necesidad se 


28 TEATRO CUBANO. 


hubiese legitimado la costa mbre coa la Real promisión 
del año de 1621 qae la mandó guardar, habría soste- 
nido la Corte, cuando no la apelación, á lo menos el 
pronto recurso de los Jueces de Tie ira-adentro o para 
solo contener los despojos y represalias, aunque hay 
leyes que prohiben la avocación. (1) Porque si cesa 
en ellos la regla de no tener imperio el igual (2) so- 
bre el igual, si aún el Juez eclesiástico se contiene 
con el recurso de fuerzas, si aún donde está presente 
la Real Audiencia admite prontos recursos por cuyos 
medios inspecciona y repone de plano, todo en justo 
amparo y protección del yasallo oprimido ¿cdmo ha 
de dejar S. M. á éste sin pronto recurso, sujeto solo 
al dilatado ultramarino de la Real Audiencia, que 
nunca puede por sa distancia enmendar todos los 
agravios? Bajo la mano de un Alcalde patricio, ému- 
lo, y que abusa de su jurisdicción para despojarlo y 
destruirle hasta la vida ¿por qué no ha de ocurrirse 
ai primer Jefe de la Isla por uso de esta protección 
Real, mientras se hace al de la Audiencia el de la 
apelación? T más cuando puede hacerse este pronto 
recurso como los que he parificado sin pe^uicio de 
dicha apelación y fuero del domicilio, antes bien para 
facilitar aquella y amparar la conservación de éste. 

De aquí nace, que unos Gobernadores cumplan 
con esta última Cédula dejando al vasallo en su opre- 
sión y otros la transgreden fundados en dicha nece- 
sidad de amparo, lo que se evitaria si con conocimien- 
to de los antecedentes, se tomara el medio término 
necesarísimo donde no hay presente Audiencia. So- 
bre lo que me extenderé más en el Teatro, por no per- 

(1) Ley 14, título 2, lib. 5, de la Recopilación de Indias. 

(2) Aceveda. in lieg. 2, tít 13, líb. 4, Recopilación núm. 21, et eeg. 
Avend. cap. 1. Petorom núm. 30. Mat. os L 10, tít. 17, lib. 5, reoop. 
gIo0.2O. 


IGNACIO J. DE tJRRÜTIA. 29 


mitirlo esta idea, confiado que hoy piensa de otro mo- 
do el Supremo Consejo, compuesto de Ministros llenos 
de prácticajndiana como lo acreditan la Cédula, cir- 
cular de 19 de Febrero de 1775, sobre lo ocurrido en 
Buenos-Aires, la sentencia pronunciada en él á los 
21 de Mayo de 1777 acerca del ahorcado sin confesión 
por el Teniente Provincial del Puerto del Príncipe 
D. Diego Varona, y de 30 de Mayo de 1781, acerca 
del Alcalde de la Hermandad D. Pedro Villavicencio, 
que ahorcó otro sin causa ni proceso, y las semejan- 
tes que califican la necesidad de pronto amparo. 

No 9a menor ejemplo lo ocurrido sobre fuero mi- 
litar en la Isla. Tuvieron embarazo, el Capitán Gene- 
ral D. Severino Manzaneda y su Teniente Auditor, 
D. Pedro Diaz de Florencia, pretendiendo aquel que 
el fuero fuese omnímodo, y éste limitado á cualidad 
del oficio militar. Ocurren á la fuente y declara S. M. 
en Cédula de 4 de Marzo de 1694 literalmente: «que 
«siempre que las causas militares del Presidió de la 
»Habana y de los demás sugetos que gozan de su fue- 
aro, procedieren, ya sean criminales ó civiles, de la 
apersona, esto es, de lo que por razón de militar le 
«sucediere ó sobreviniere, conozca mi Gobernador y 
«Capitán General, y le valga el fuero; pero en las de 
«las cosas ó acciones que se originaren ó sobrevinie- 
»ren por razón de su oficio, si fuere mercader ó de 
»otro ministerio, se obre conforme á derecho y arre- 
«glado á Cédulas y leyes, conociendo en este caso el 
«Teniente Gobernador como Juez ordinario que es, 
«sin 'que para estos casos le valga ni juzgue el fuero 
«por no deberles considerarles entonces como militq,- 
«res sino como independientes por tener oficios en la 
^república y no valerles en este el fuero militar.» 

Halla esta práctica el Dr. D. Martin de Ullo^ igual 
Teniente y Auditor, y sigue el conocimiento contra 


30 TEATRO CUBANO 


algunos militares por dependencias que adquirían co- 
mo carpinteros, sastres, &c., requiérelo el Capitán 
General D. Francisco Cajigal de la Vega á que se 
abstenga, conceptuando el fuero omnímodo y se em- 
barazan dos d6 los mejores Jueces que ha tenido la 
Isla, sin que ninguno de ellos y sus consultores atine 
con la expuesta resolución y Cédula, contando el Go- 
bernador nueve aftos de gobierno en Santiago de Cu- 
ba y once en la Habana, y el Teniente seis años de 
ejercicio en este empleo con superiores luces y apli- 
cación. 

Vuelven a consultar a la Corte, pero sin antece- 
dentes, y se resuelve por el Ministerio de Indias en 
Real drden de 10 de Mayo de 1759, que en inteligen- 
cia de todo, y de ser conforme á la voluntad é inten- 
ciones del Rey, que á todos los Oficiales de milicias, 
comprendidos en esta clase los Sargentos se conser- 
ven en el goce activo y pasivo del fuero militar, sin 
distinción de caso, por retribución y premio de su es- 
mero en el servicio de S. M. y en el concepto tam- 
bién que han de continuar en todas las ocasiones que 
ocurra motivo de verificarlo y hacerse acreedores á. 
la Real gratitud: prevengo á V. S en consecuencia, 
que en el caso de que se trata, y en los demás quede 
su naturaleza ocurran, se gobierne V. S. según esta 
declaración. 

Creo, salva la mayor veneración, que quedaría re- 
suelta la duda con declarar el fuíero pasivo omnímo- 
do, pues terminado así comprendía todos los casos 
que ocurriesen al miliciano, ó solo b£go la cualidad de 
oficio militar según la Cédula. Pero lo cierto es, que 
habiéndose aceptado el activo por su especialidad en 
caso de atraer y no ser atraídos, corrió así, y ha dado, 
da y dará que hacer á los Tribunales. 

Arregláronse las Milicias y se declaró al miliciano 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 31 

el mismo fuero que al soldado arreglado, que es om- 
nímodo según el espíritu del cap. 4, art 1, de su Re- 
glamento Real fecho á 19 de Enero de 1769. Como 
no era necesario, y estaba en esto evacuada la duda 
que motivó la Real drden citada, nada se dijo de fue- 
ro activo, pero los que lo habian gozado, lo siguieron 
en virtud de éste. Tócanse inconvenientes en su 
uso, y por no dar motivo á que crean perder algo, se 
da nueva declaratoria en la Real cédula de 15 de 
Abril de 1771 que manda guardar el fuero activo, a 
solo los Oficiales hasta incluir los Sargentos. 

Aún éstos no lo usan, porque les es gravoso que 
para demandar á su mayoral ó zapatero sobre una 
friolera, les sea necesario ocurrir al Capitán General, 
siempre ocupado, y por ello de tardo despacho, que 
hallan pronto en los Jueces ordinarios por la contra- 
ria razón. Así se va invirtiendo el fuero activo, y su 
desigualdad traerá otras consultas y consecuencias 
que con las expuestas se habrían evitado en el todo 
ó mayor parte, sí en lugar de la que resolvió la Real 
orden del afio de 1759 se hubiese buscado la Real cé- 
dula del de 1694. 

Aún para las otras Provincias y Reinos de Indias 
será conveniente esta instrucción del Teatro^ autori- 
zada con sus resoluciones Soberanas. Porque como 
lo que el Príncipe escribe á un Gobernador en mate- 
ria común, se entiende disponerlo para con todos (1) 
evitarán consultar los casos aquí ocurridos y deter- 
minados. Permitánséme dos breves ejemplos. Si 
en la ciudad de Veracruz se hubiera tomado la Real 
cédula de 25 de Octubre de 1740, en que á consulta 
del Contador mayor de cuentas, D. Juan de Zequeira 


(1) Carleval de judie, tít. 2, disp. 8, núm. 10. — ^Diana tomo 6, tract 
1, resol. 23. 


dá TEATRO CUBANO. 


declaró el Rey: que los Tenientes de Rey debiari pre- 
ferir & los Contadores y Oficiales Reales, en voto y 
asiento, así en juntas de guerra, como en las de hacien- 
da, siempre que concurriesen, no se hubiesen emba- 
razado sobre d mismo punto en el ano pasado de 1764, 
elevando igual consulta, y necesitando que descendie- 
se la propia declaración por Cédula circular, de 5 de 
Abril de 1765. 

Del mismo modo se hubieran evitado las consultas 
que dieron causa á expedir la Real cédula circular de 
16 de Agosto de 1773, declaratoria de necesitar los Te- 
nientes Auditores licencia Real para contraer matri- 
monio en la Provincia en que lo son, si hallasen la 
de 1^ de Octubre de 1645, en que se declaró esto á 
consulta del de la Habana. De esta clase tocaré mu- 
chos casos en la obra. 

Estas causas me mueven á desenterrar el tesoro 
de Cédulas, que por escondido se ha hecho y hace 
inútil (1) dándolo al público en el Teatro Cubano^y 
hacerlo con inclusión de las mismas Reales resolu- 
ciones que sirvan de escudo á la obra (2) y su letra 
para evitar las dudas que acerca de mi inteligencia po- 
drían ocurrir en su práctica, con el justo deseo de 
que se tengan presentes por todos, concillando el 
acierto en el cumplimiento y respeto de la Soberana 
voluntad y evitando competencias y consultas en lo 
que está decidido: lo que no se puede lograr ignoradas, 
(3) y esto es lo que me deberá mi amada patria. 


(1) Thesaurus in visas, quse atilitatis en atrísqao? Ecles. 20, 32. — ^Efec- 
tivamente (de que sirven t-antos tesoros escondidos é inmensas riquezas de 
la Sabiduría sepultadas en las tinieblas? Los PP. Mohedanos en su citado 
Prólogo n o 56. 

(2) Asi lleven injurias y dicterios sobre todos los que quieren introdu- 
cir en una nación el desengf^o y reforma de las letras, si no va fortalecido 
con la autoridad pública. Los citados PP. allf n.^ 18. • 

(3) Ovidius, lib. 3 de Arte aroandi. *' 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 33 

Tu licet et Tamyram superes, et Am sebea cantu; 
Non evit ignotse gratia magna lyrse 
Si Venerem Cous nusquam posuisset Apelles, 
Mersa sub aequoreis illa lateret aquis. 


CAPITULO III. 

Plan, método y división de la obra. 


Atento, pues, a proporcionar todos los medios que 
hagan moralmente probable la consecución de este 
fin tan interesante al público, resolví dividir la obra 
en tres partes, correspondientes á las tres operaciones 
que dan los filósofos al entendimiento, aprendiendo lo 
pretérito, haciendo juicio de lo presente, y discurrien- 
do sobre lo futuro. 

Quise que la primera fuese como madre, cimiento 
ó raiz profunda de donde se dediyese toda la sustan- 
cia y jugo de la segunda y tercera, por que así como 
el rio^de escasa madre quiebra sus corrientes, el edi- 
ficio sin amplios cimientos, cae cual la estatua de Na- 
buco, y el árbol de solas raices superficiales -como el 
ciprés, no puede producir fruto útil, (1) esta obra 
sin unos antecedentes sólidos, quebraría el hilo cor- 
riente de sus discursos, en las digresiones de llenar los 
antecedentes ó supuestos que necesita á cada paso (2) 

(1) Theofil, lib. 3, de Plant. 

. (2) Hemos visto á hombres hábiles y estudiosos, no gastar de la lec- 
tora de obras de mucho mérito, solo porque en ellas, la relación de los su- 
cesos se intemimpia á cada, paso con las averiguaciones. Los dichos PP. 
Mohedanos, alK núm. 8^- 

Tomo II. 6 


94 TfiATRO CUBANO. 


flá^€aria, sin cimiento sí por omitir digresiones, lo 
hiciera de los materiales que lo dan á sus doctrinas,. 
y sería de poco fruto, si solo en la superficie misma 
de la obra echase aquellas precisas raices con que sos- 
tener el árbol (fue sería todo indiano. 

He leído (1) y adoptado por cierto que lo débil del 
sustento de nuestros frutos indianos, trae una causa 
de las raices superficiales de sus árboles, que per- 
cibiendo por ello poco jugo de la tierra, no pueden 
comunicarles más que el que reciben. Asígnase otra, 
en la continua consunción de esta misma corta sus- 
tancia, por mantenerse todo el año vestido de hojas, y 
tomando la deducción de ella, he dicho que sería esta 
oti^í^ i^a yerdíidero árbol Indiano que diese poco y de- 
s,u^t;^njpip.do fruto, sí le estribase en raices superficia- 
les, y tomase el jugo al mismo tiempo de la produc- 
cioíi:. para evitarlo, pues, me he propuesto echaren 
8iu^ primefít p9,rte histórica unas raices profundas, so- 
bre las que. puedan sostenerse la segunda y tercera. A 
semejanza del arquitecto hábil que primero junta los 
mq,tj9riales, que emprender la obra. (2) 

Fara ello consideré muy árido y desaliñado un 
ce^ul'^ri^i y en que algunas cédulas, cuya materia solo 
n^fsreoe su expresión remisiva por falta de trato suce- 
siy9, ppuparian lugar no debido, y que no pudiendo es- 
perarse que gustasen leer solo cédulas, sin enlace ni 
encad^nacioQ, apenas verían aquellas que se les cíta- 
se, sin tomar ni por mayor una idea de las otras: así 
me lo ratificó después el dictamen de los doctos Mo- 

(1) En nna obra Indiana, cuyo autor parece ser el P. Betbencourt, al 
principio de ella, dando las causas ñsicas del mas espédito discurso que se 
goza en Indias. 

(2) Simil de nuestro Salís en la Hístoría de Méjico. Parte 1^ Cap. 
1?, fiendo cfte cuydado en los Efcrítores femejante al de los Arcfaitectos, qne 
amontonan, primero que la fabriquen. . .facando poco á poco de entre pol- 
vo, y la conñifion de la oñcina la bermofura y la proporción del edificio. 


IGNACIO J. D£ URRUTIA. ^ 


,- .» 


bedanos. (1) «(Nadie que estudie solo por dicciona- 
«rios, bibliotecas y memorias, se hará muy sabio, ni 
fiformará concepto claro y profundo de las las cosas 

5>en que desea instruirse No imprimen ideas cla- 

i»ras y completas de los objetos, sino solamente unas 
]»confusas imágenes, ó ligeras nociones de las cosas..... 
j^sirven mas á la memoria que al entendimiento.» 

Reflexioné que toda obra de Anales, (áquemepeí*- 
suadieron algunos amigos) padece para mi gustosa 
desproporción entre los años, por ofrecer unos mucha 
materia, y otros poca 6 ninguna. Y Analmente que 
una obra, pura historia, no admitia sin obstrucción jíe 
su estilo, equiparada (2) á la corriente cristalina del 
arroyuelo, la inserción de tanta cédula, ordenanzas, 
reglamentos, sínodos y establecimientos, pues cortan- 
do el sentido á lo deleitable por propender á lo (^ítil, 
alteran aquella igual mezcla que pidió Horacio. (3) 

Omme tulit punctum qui miscuit utili dulci, 
.Lectorem delecctando paritei'que monendo. 

Por estos embarazos y ser objeto principal lo útil, 
dándole aquélla parte deleitable que baste á hacer 
tragar el anzuelo por la carnada, he resuelto dividirla 
en tres partes, que haciendojen el Teatro otn¡Q tAñtás 
representaciones, instruya la primera lo {laráido con 
lo histórico, la segunda lo presente con lo jarldieo, y 
la tercera lo que por discursos políticos podemos es- 
perar que sea la Isla en lo futuro, y todas, su temo- 
cimiento interior en aquel grado que el orígein^ esuidío 
y proporción me lo ha proporcionado. • í 


(1) Lo8 PP. Mohedanos en dicho prol. nüm. 84 y lo mismo repiten á 
k» 77. 

(2) Por el Cardenal Cienñiegos, en la vida del. grande San FrUDcisco 
de jBo^a, lib. 3, capítulo 1?, § 2. 

(3) Horatlus in Arte Poética. 


36 TEATRO CUBANO. 


Como la prímera, por serlo, ha de estribar en si so- 
la, participará más de las otras, que éstas de ella 
sobre que cuentan. Por esto la llamo Historia cro- 
nológica &., en que mezclados por el orden de los 
tiempos, los principales hechos civiles y militares acae- 
cidos en la Isla, con las resoluciones Reales que decla- 
ren sus derechos, participe de todo (1) y no se haga 
ni tan desabrida como un cedulario, ni tan despropor- 
cionada como los Anales, ni tan solo deleitable como 
nna pura historia, que siguiendo su particular objeto 
olvide lo demás conveniente á una perfecta instrac- 
cion. 

Y aún que esta división y sus subdivisiones en épo- 
cas, libros y capítulos, conspira á dar claridad á la 
obra, (2) como su dilatación, necesaria por la extensión 
de tiempo que abraza y diversas materias á que se ex- 
tiende, ordenanzas, reglamentos, instrucciones &c., que 
ha de comprender, no hace compatible aquella breve- 
dad que recomendó Horacio. 

Quidquid prcecipies esto brevis, ut cito dicta 
Percipiant anima dóciles, teneant que fideles. 

Porque en dictamen de Cicerón, las más veces se 
hace más ininteligible la cosa por longitud, que por la 
oscuridad de la narración, (3) principalmente para 
formar una noción ó juicio de lo que comprende y 
tiene i)or objeto la obra, así he tenido por conveniente 
formar una idea cronológica de su parte histórica con 
la mira de que posesionándote de ella, y por mayor de 
lo que comprende por menor, puedas más bien entrar 

(1) Siguiendo el espíritu de diohos PP. Mohedanos en su prólc^ mi- 
mero 17. 

(2) Ex divitione, et partítíone negotium semper fit clarim. Novar in 
prehid prax elect et variat fort. 

(3) Cicero 2. Rect. Seperes minus est intelecta longitadine magis 
qoam obsooritate natrationis. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 37 


á digerir sus especies, que sin este peparativo podrian 
obstruir tu ánimo. Esta idea seguirá en la prensa, si 
tengo la satisfacción de que la apetezcas. 

También la he trabajado, con el deseo de facilitar- 
la á los Ministros y sugetos que por sif ocupación no 
puedan destinar á la lectura tanto tiempo como re- 
quiere la obra, pareciéndome que les bastará haberla 
leído para formar concepto de lo que más por menor 
instruye el Teatro^ y por aquel saber en que parte de 
este han de hallar las materias de que les convenga 
fecundarse más. Suponiendo siempre unos y otros, 
que después de la idea, queda mucho que decir (1) que 
no pueden soportar por sola ella y que aunque solici- 
to su mayor exactitud conforme á los materiales que 
tengo unidos para la obra, como ésta no está aun per- 
fecta, hay siempre algo que enmedar, y lo haré sin 
pudor siguiendo la norma de nuestro Justiniano. (2) 

Entre tanto recibe (lector carísimo) mi deseo de 
servirte, y no incurras en la incivilidad de menospre- 
ciar la obra antes de leerla, (3) ni de atender en ella 
el desmérito de su autor, sino á su verdad, utilidad 
y mérito de las Reales resoluciones con que la auto- 
rizo. (4) 

Non te dicentis moveat reverentia sed quidqui dixerit^ 
Atendas qua ratione probet 


(1) Adhüc multa hábeo vobís dicere: sed non potestis portare modo. 
Joan. 16, V. 12. 

(2) Non enim erabescimus si quid melius etiara ihorum qnae pse príns 
diximns, adinveniamus, hoc sancire et competentem príoríbus imponere 
ooirectionem, nec ab aliis expectare corrígi legem. Jnstin. in authent. 
Nupt, colat. IV, tit. 1. Novell. 22 in príncip. 

(3) Nolite ante tempns indicare, incidle est, nisi tota lege per8{>eota, 
tma aliqna partionla ejns proposita, jndicare vel responderé. Leg. in ci- 
vile ff de leg. 

(4) Joan Oven. 




De^iféicMieftto^ 0. erTéíbár ebloír dé ik isla dé G<jM, 

siis récónochfbiéntos y calidades de sii terreno y Habitantes, 



I. 

PQ9 D. Cristqqaia Gqi^qn. 


f; Oksít^ba el á!^ XV lo^ ttltimos áñbs de isii se- 
néct^d mpw, y póntába el v?^ Múiidb 1490, de núes- 
trti áaífá4 y 1^2 cvaifgélica, cuando eii íós ihfiiiitos ay- 
céÜtúj^ át fd divida l>roríden€ía, líégó el tiempo á'e 
comuirfcflítie ál IffViíéVd cóí) sus iVireericordla^ inefables. 
R&biá a/n di^3<^^ arbolado en este, muctios átL<ós 
ábties ^ félRz aídVentp dp la Broíria faz: y£^ pór Ído- 
los, que desptíés Ap nh óif^tériioso sílishció lo préa^é- 
rón en orlCTÍós, yá por aves, c^ue en condép^os ¿ífá- 
grosos lo expresaron, y ya por otros signos portento- 
9Uk 911A afiBOMlaifia yTitwQiiMfndMii» waatfi Mt<ia'e» (1) 

801» MifltoTm dé Mejioo purt. 1^ ifb. 2^ cs^, 4. Torq^tiej(lui% oa ¡SEO. 
narqnia Indiana lib. 2y cap. 90. 



40 TEATRO CUBANO. 


y aquellos infelices que tenian á la oscuridad por luz 
y á la luz por tinieblas, se preparaban y fortalecían 
con puestos y medios a resistir la entrada de la divi- 
na ley: como si fuera posible eludir los derechos del 
Altísimo. » 

II. Aunque corrían cerrados estos arcanos al vie- 
jo Mundo, tenía ya preparados en él los medios de su 
obra^ trasplantándole hasta el estado de la posibili- 
dad, un cúmulo de aquellas almas grandes, que ador- 
nadas de extraordinarias dotes le sirven de instrumen- 
tos ñeles á su ejecución (1) y de que animó para ésta 
á los Colones, Velázquez, Corteses y Pizarros. Llegó 
la hora de comenzarla y á la voz muda é inefable del 
Poder Divino, se conmovieron los elementos en una 
furiosa tempestad, que, ajitando las costas del África, 
obligó á que las desamparasen cuantos bajeles la visi- 
taban, por no experimentar en ellas su sepulcro. Cor- 
rieron la borrasca sin otra elección que la de salvarse 
del peligro: y aún que en destino incierto & la limita- 
da humana comprensión, siguió cada uno aquel que 
le estaba desde ab eterno previsto. 

III. Una de estas naves, de calidad marchante, y 
cuyo Maestre dicen algunos, se llamaba Alonso Sán- 
chez de Huelva, vízcaino de nación, (2) sufrid por mu- 
chos dias y mares la ten>pestad. Guiada de la mano 
del Omnipotente, para el primer paso de su inefable 
obra, se halló á un mismo tiempo fuera de ella y á la 
vista de tierras incógnitas a toda su tripulación, que 
aún que falta de víveres, sobrada de temor no se atre- 
vió á solicitar socorro en ellas, ni á detenerse á re- 


(1) Pondéralo el Sr. Abren, donde queda citado con las ventajosas 
prendas de estos conquistadores. 

(2) Ribadeneira lo sostiene en su pasatiempo, año de 1592, nota C. 
Pedro Sólorzano que asienta el hecho lib. 1 de jure Indiano cap. 5, tiene 
por improbado este nombre al n? 7. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 41 


conocerlas. Volvió la proa al rumbo que habia cor- 
rido, y en su retorno rindieron la vida a manos de los 
trabajos y necesidades los más de los que la hablan 
librado de la furia de los elementos. Avistaron las 
Islas Canarias después de un dilatado y observado 
viaje y arribaron á la de la Madera, besando su tierra 
tres 6 cuatro con su Maestre Sánchez. 

IV. Habitaba en ella Cristóbal Colon, de noble li- 
nage, piloto de profesión y de nación genoves (1) 
aunque de patria incierta, porque unos le hacian na- 
tural de Cagurcü, Cncurreo 6 Cuccaro, otros de Sabo- 
na, otros de Nervi y otros de Plasencia, (2) propen- 
sión que desde Homero siguió áel granTrajano (3) y 
á los mayores héroes, haciendo cuestionables sus cu- 
nas, por apetecibles. También lo es su vecindario; 
porque aunque la común, tiene que Colon era casado 
en Portugal, y solo residente en dichas islas: (4) el 
docto Consejero D. Fernando Pizarro á quien sigue 
el Marqués de la Regalía (5) le hace singularmente 
vecino de ellas. Más todos convienen en que tenien- 
do casa en la de Madera, recibid y hospedó en ésta á 
Alonso Sánchez. Disfrutó pocos dias el hospedsye: 
por que, ó bien por reservada la continuación de tanta 
obra al espíritu de Colon, ó bien por la postración á 
que le habian traído los trab^'os, acab<5 Sánchez den- 
tro de ellos con su vida, dejando en manos de su bien- 
hechor por premio de su servicio, los diarios y cartas 
de esta navegación. 

(1) Llámase propiaineute Colombo sincopándose el Colon por de más 
fácil pronnnciacion. Antonio Herrera en sn Hisforía general de Indias, dé- 
caAa. 1% lib. 1?, cap. 7? y Ribadeneira nbi supra, éste nota A. 

(2) Herrera y Eibadeneira ubi snpra este nota C. 

(3) Pondéralo Zeballos en sn Arte Real, en el Compendio de las vir- 
tndes de Trajano, al principio. 

(4) Herrera y Ribadeneira, ubi supra. 

(5) Abreu sobre Vacantes de Indias, art. 1?, parte 1*, niim. 8, letra 3. 

Tomo II. 6 


tejltro cubano. 


V, EÍ feliz É^réderp reconoció sus líneas, pene- 

Hdo ppr su profesión, la entíntatiVa fuerza de su ver- 
kabia alcanzado por su estudio que todas fas 
qíiípó' zonas, eran líabitables, y que naturalmente se 
ba^ífif (le hallar tierra, navegando á Occidente; porque 
la mayor parte de la esfera estaba navegada, sin que 
faltWO pof descubrir otra, que el espacio de nueve 
hora» (le sol, que corre de las partes más Oriéntales 
dé la India hasta volver por Occidente á las islas de 
la,s A^.ores. Se hallaba también varias noticias, que 
en comprobación dé sm juicio te habían dado Martin 
de Bohemia, Martín Vicente, Antonio Lema y otros 
cosmográtÓH y navegantes (1) y j-ecayendo sobre todas 
la de Alonso Sánchez, echó la cíase al concepto, afir- 
mando el (liciíliiieii su existencia. Sobre él reflexio- 
nó cuan importante sería su descubrimiento, y volan- 
do su espíritu al deseo de emprenderlo, nó se dejó 
ayasallav de las dificultades, porque los ánimos gran- 
des, crecen, más á vista de la magnitud de lo que in- 
tcntap. Pero excediendo lo arduo de la empresa de 
uá^podér particular, corrió á Grénova, su patria, pasó 
fi Fortugáf, ¿VI veciiidario, y propuestas á su República 
y áoberano las deliberaciones de ésta, fué reputada y 
menospreciada como coincidente á la reprobada filo- 
sofía que dá e?cistencia á otros mundos. Trasladó su 
prtílél?8Íoi,i á Inglaterra y no mdor despachado por 
Enrique Vil, ocurriíS á Francia, donde Carlos VIII, y 
después de él los Duques de Medina-Celi y Medina- 
Stdonta rehusaron aceptarla; con las que llegó última- 
mente á.uu^trá España (2) á fines del afio de 1491. 
V!. Kstaba también su Corte poseída de aquel 

(1) Herrera Década 1% Lib. 7?, roñero latainente estas orasas y no- 
tíoiaa. 

aH KbAdentiift y Heirera e&.diflho aüa. Abren abi euprs y Moreri 
en BU Diecionarío, T&üe Colon Cristóbal. 


IGNACIO J. DE UREOTiA. 43 

error antiguo, con que las columnas de Hércules clau- 
Bularon en Cádiz el término de la Tierra, y tenieñHo 
por absurdo dar á la ejecución aquel vuelo que fetí^ft 
la magnanimidad del Macedonió Algandro, sobl^é^iá 
conquista de otros mundos, posibles e;i,Iá filosoííá.fie 
Anaxarco, despreció algún tiempo como fabulosa'ia 
pretensión de Colon (1). Más como esta feliz nación 
era la prevista ab-eterno, para que grabando en íá's 
columnas de sus armas el plus ultra que tanto itustra 
nuestro doctísimo Solorzano (2) introdujese el EvíiH- 
gelio en el nuevo Mundo, á fin de que se cumpliese 
este decreto infalible sin violencia del libre albediíó, 
obtuvo Colon para con ella, y á influjo de .amigos, el 
don divino de la perseverancia que le faltd háci& las 
otras, y á sus Reyes Cat(51ieos, se dio aquella soberana, 
que aun en sueños solió revelarse á los de Egipto y 
Babilonia. Y con éstas y otras muchas congruencias, 
que persuaden su inspiración al áescubrímiento, y re- 
comendó con mejor pluma el doctísimo Márquis' de 
la Regaifa (3) resolvieron sus liTagestades Católicas, 
contra el prudente y fundado dictamen ^le sus 'Estadis- 
tas, acceder á la solicitud de Colon. 

VII. Hallábase exhausta la España jde caudales, 
por las funestas sediciones que haoia suirido. y 'con- 
tinuadas guerras, costosamente expensadas, poro ¿Hró 
tan eficazmente la divina luz en él ánimo 4^ I^ Cató- 
lica Reina D" Isabel, que tomando prestados ^obr^'sua 
joyas, de Luis Sant Ángel, Escríbaijió dé raciones, Ülez 
y seis mil ducados, los destiñó á sii habilitación. Gás- 

( 1 ) Los citaos Herrera, Déosla l'^ib. 1?, cap. 7 y 8 y Ribadráeúu 
ibidem, El PMIre HaHaba, HlWóHa'déEepáffft, tom.ST, llb.-9l,' ca^. 3?, 
Solorzano 1ib. 1° de Jare Indianun, oap. 4?, ndm. 44. 

(2) Solorzano libro 1°, de Jare'IudmrtiTti, caj>. 4?, ndm. 43 y signien- 
tes. 

i3) £1 dtado Abreu sobre vacantes de Indias, art. 1?, parte 1* por 


44 TEATRO CUBANO. 


tároDse en armar dos carabelas nombradas la Niña y 
la Pinta (humilde en sus nombres, pequeñas en sus 
buques, pero gloriosas en sus hechos) á las que agre- 
gó Colon por capitana otro pequeño navichuelo, lla- 
mándole Sant(t María^ nombre dulcísimo que analo- 
gado en el purísimo bajel en que navegó el Verbo 
divino desde el Cielo á la Tierra, para el estable- 
cimiento de la ley evangélica, debia de justicia capi- 
tanear su tránsito al nuevo Mundo. Celebráronse las 
capitulaciones (1) entre los Reyes D. Fernando D^ Isa- 
bel y Colon, sobre las condiciones del descubrimiento, 
y firmadas en el Real de Santa Fé, á vista de Granada, 
en 17 de Abril de 1492, por ante el Secretario, D. Juan 
de Coloma quedó el impetrante con los títulos de Al- 
mirante, y Virey de las Tierras que descubriese (2). 

VIII. Con estos honores y facultades, y con el nú- 
mero de noventa hombres según Herrera (3) ó de cien- 
to y veinte conforme otros (4) y víveres para un año, 
se hizo 4 1a ^^la. en dichas embarcaciones el 3 de Agos- 
to. Salieron de la Barra de Saltes ó rio de Palos del 
Moguer en la Estremadura en que se hallaban fondea- 
dos: y surcando el mar Atlántico llegaron á las Islas 
Canarias. Desde estas dirigieron la proa al Sudoeste, 
(5) engolfándose en alta mar, y habiendo navegado 
setecientas leguas, en que se tocaba la intemperie de 
la tórrida Zona, comenzó á tenerse por desatinada la 
empresa. Amotinada la tripulación clama repetida- 
mente contra el Almirante por la vuelta, y llegando 


(1) Véase al final del capítalo la nota A. 

: (2) Que importa, este titulo de Almirante, enseña Solorzano, lib. 1?, 
de jar* Ind. cap. 5?, núm. 23. 

(3) Herrera. Década 1, lib. 1, cap. 9. 

(4) Bibadeneyra en bq pasatiempo, año de 1592, nota C. y Solorzano 
lib. 1 de Jure Indiamm, cap. 5, n? 19 y sigaientes. 

(5) Véase al final del capítalo, la nota B. Diario de la navegación 
de Colon. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 45 

a mezclar razopes con amenazas, le obligan á ofrecer- 
la sino descubre tierra dentro de tres dias. 

IX. Premió Dios la confianza de Colon, y prece- 
diendo en ellos indicios vehementes de su cercanía, 
se descubrió a la media noche del término del plazo, 
lina luz que anunciando la del Evangelio, colmó el 
regocijo, culpó la desconfianza, llenó de esperanzas 
á la codicia, y de parabienes al Almirante; pero te- 
miendo el peligro se mantuvieron á poca vela sobre 
su observación. A los rayos de la aurora descubrie- 
ron tierra de la Isla de Guanajani (que llamaron San 
Salvador) y después la Española (?) y fondeados los 
bajeles en sus playas saltó el Almirante en tierra, y to- 
mó con cuerpo y ánimo posesión de ella, á nombre de 
sus Magestades Católicas; regándola con lágrimas de 
júbilo, cual dolorida parturienta, á quien regocija tan- 
to la presente vista del fruto de sus dolores, cuanto 
la aflijieron éstos en la borrasca de su parto. 

X. Acaeció este memorable descubrimiento á los 
12 de Octubre de 1492; y en él y los siguientes prac- 
ticó el Almirante algunos rescates con los naturales, 
que en canoas ocurrieron en paz á los navios, solici- 
tando por entonces más la atracción de sus volunta- 
des, que el lucro de las permutas. No era verosímil 
que aquella tierra permaneciese sola en medio de tan 
dilatados mares, lo que aún que no con claridad, se 
comprendió así por los naturales; y como no descan- 
sa el deseo hasta la completa posesión de lo que ape- 
tece, siguió el Almirante reconociendo sus costas, bo- 
jeó las de aquella Isla, gratificando siempre á los na- 
turales que ocurrían á los navios, y despedidos de 
ellos, vuelta del Norte, reconoció unas isletas que 
nombró Concepción, Fernandina é Isabela, situadas 
en los Cayos, y poco distantes de la Española. 


46 TEATRO COBANO. 


Nota A.— PAg. 44. 

C APITULACIOÜT. — ^D. Femando é D^ Isabel, por la gracia de Woe, Rey 
é Beffna de Gaatílla, de Leon^ de Áiagoña, de Cidfia, de Granada^ de Tole- 
do, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Gerdeña, de Gár- 
doba, de Córcega, dt Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de 
Gíbraltar, de las islas de Canarias; Conde é Condesa de Barcelona, é Se- 
fiores de Vizcaya é de Molina; Duques de Atenas é de Neopetóa; Condes 
de Baísellon é de Cerdania; Marqueses de Oristan é de Gooiano: Por cuan- 
to vos Cristóbal Colon vades por nuestro mandado á descobrir é ganar oon 
dertas fustas nuestras, é con nuestras gentes ciertas islas, é tierra firme en 
la dicha mar Oceana, é se espera, que con la ayuda de Dios se d^seobrimn 
é ganaran algunas de las dichas islas, é tierra firme, en la <ficha mar Ocea- 
na, por vuestra mano é industria; é así es cosa justa é razonable que pues 
os ponéis al dieho peligro por nuestro servicio, seades dello remuneíaoo; é 

Í[ueríéndoos honrar é facer merced por lo susodicho, es nuestra merced é vo- 
untad, que vos el dicho Cristol)al Colon, después que haya descobierto é 
ganado las dichas islas, é tierra firme en la dicha mar Ocluía, ó cualquier 
aellas, que seades nuestro Almirante de las dichas islas, é tiara firme que 
asi descubriéredes, é ganáredes; é seades nuestro Almirante, é Visorey, é 
Gobernador en ellas, é vos podades dende en adelante llamar é intitular 
DoiL Cristóbal Colon^ é así vuestros hijos é sucesores en el dicho oficio é 
qai^o, se puedan intitular é llamar Don, é Almirante, é Visorey, é Gober- 
n&doT delfas: é para que podades usar é ejercer el dicho oficio de Almiran- 
tazgo, con el dicho oficio de Visorey, é Gtibemador de lie dichas islas, é 
tierra firme que así descubriéredes é ganáredes, por vos é por vuestros Lu- 
gartenientes, é oír é librar todos los pleitos, é causas civiles é criminales to- 
cantes al dicho oficio de Almirantazgo, é Visorey, é Gobernador, según £a- 
Uáiedes por derecho, é según lo acostumbran usar y ejercer los Almirantes 
de nuestros Beinos; é podades punir é castigar los delincuentes; é usedes 
de los dichos oficios de Almirantazgo, é Visorey, é Grobemador vos é los 
dichos vuestros Lugartenientes, en todo lo á los dichos oficios, é cada uno 
dellos anejo é concerniente: é que hayades é llevedes los derechos é salarios 
á los dichos oficios, é á cada uno dellos anejos é pertenecientes, según é co- 
mo los llevan é acostumbran llevar el nuestro Almirante mayor en e! Al- 
mirantoz^ de toe nuestros Reinos de Castilla, é los Visoreyes é Grobema- 
d(>res,^elos dichos nuestros Beinos. £ por esta nues(ra Carta éwt su inLB- 
lado signado de Escribano piiblico mannamob á el Príncipe D. Juan, nues- 
tro mny caro é muy amado hijo, é á los Infantes, Duques, Perlados, Mar- 
qua^es. Condes, Maestres de las Ordenes, Prior^ Comendadores, é á los 
del nuestro Concqjo, é Oidores de la nuestra Audiencia, Alcaldes é otras 
Justicias cualesquier de la nuestra Casa, é Corte, é Chancillería^ é á los 
Subcomendadores, Alcaides de los Castillos, é Gasas inertes, é Dañas, é á 
todofli Ips Concejos, Asistente, Corregidores, Alcaldes, Alguaciles, Merinos, 
Veinticuatros, Caballeros, Jurados, Escuderos, Oficiales é Homes Buenos 
de todas las Oindades; é Villas, é Lugares de los nuestros Beinos é Seño- 
ríos, é de hB.qpe vos conqniatáredes, é ganáredes; é á los Capitanes^ Maes- 
tres, Gontramaestres, Oficiales, Marineros, é gentes de la mar, nuestros súb- 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 47 


ditos é nataralefi, que agora son, 6 serán de aqní adelante, é á cada nno, é 
á cualquier dellos, que seyendo por vos descubiertas é ganadas las dichas 
islas, é tierra fínne eñ la didia mal* Ooeana, é feclio por vos, é por quier 
vuestro poder hobiere el juramento é solemnidad que en tal caso se requie- 
re, vos hayan é tengan, dende en adelante para en toda vuestra vida,'^é des- 
pués dé vos á' vuestro hijo é subcesor, é de subcesor en suboesor para síern^ 
pire Jamas, por nuestro Almirante dé la dicha mar Ocefina, é por Visórey, é 
Gobernador ealas dichas islas é tierra firme que vos el dicho Don Cristóbal 
Colon descubriéredbs é gánáredes, é usen con vos, é con los dichos vuestros 
Lugartenientes que en los dichos oficios de Almirantazgo, é Yisorey, é Qo- 
beínádor pn^iéredes, en todo lo á ellos concerniente, é vos reoudan é fagan 
recudir con la quitación, ó derecho^, é otras cosas á los dichos txficios anejas 
é pertenecientes; é vos guarden é fs^gan guardar todas las honras,* graoias) é 
métoedes, é libertades, preminencias, prerogativas, esoenoiones^ inmunidades, 
é todas laa otras cosas, é cada una dellas, que por razón de los dichos ofi- 
cios de Almirantazgo, é Tisorey, é Gobernador, debedes haber é goaar, é 
vos deben ser guardadas: todo bien é complidamenté en gaida que vos non 
mengüe ende cosa alguna; é que en ello, ni en parte dello, embargo ni oon- 
tráiío alguno vos non pongan, ni consientan poner. Ca Nos por esta nues- 
tra Carta desde agora pai^ entonces vos facemos merced de lotf dichos ofi- 
cios de Almirantazgo^ é Yisorey, é Gobernador, por joro de heredad paila 
sicqnpre jamas, é vos damos la posesión é casi posecion dellos, é áé óads uno 
déllos, é poder é autoridad para los usar, é ejercer, é llevast los deredkos e 
salarios á ellos é á cada uno dellos anejos é pertenecientes, según é como 
dicho es: sobre lo cual todo que dicHo es, si necesario vos fuere, é se los vos 
pjdíéredes, mandamos á nuestro Chanciller é Notarios, é á los otros Ofíotfts 
íes que están á lá tabla de los nuestros Sellos, que vos den, é libren, é pá^ 
80% é sellen nuestra Carta de Privilleio rodado, la mas fuerte, é firme, é 
bastante que les pidiéredes, é hobiéreaes menester. E los unosy ni los otros 
nes {affiAdes ni fagan ende al por alguna manera, so p^na de la nuestra melr- 
ced é dé £ez mil marávedis para m nuestra Cámara, é cada uno qiÉe lo 
contrarío ¿cler^^ é ademas mandamos al home que les esta n^iestra Carta 
mosirare, que los emplace que paresoan ante Nos en la nuestra Corte,' do 
quíér que Nos' seamos^ del dia que los emplazare á quince días primeros si- 

f mentes^ so la dicha pena^ so lo cual mandamos á cualquier Escribano pé- 
Hco, que para eso fuere Uatoailo, que dé ende al que se la mostrare tetti- 
monio, dignado con su signo, porgue Nos aefmxBo& como se cute|>le mtésítto 
mandajío. Dada en la nuestra Ciudad de Granada á treinta dias del mes 
dé Abrñ, año del Nacimiento, dé nuestro Salvador Jesnoristo' de mil é ona- 
troGÍéntos é noventa é dos años.-^-Yo El Rey. — ^Yo La Reina. — ^Yo Juan 
dé Colóma, Secretario del Rey é de la Reina nuestros Se&ores lá fice esdri- 
bir por su mandado. — ^Acordada en forma: — ^Rodericus^ Dootor.r-'Beatetrii- 
da:-^^eb'astian dé . Olanc— Francisco de Madrid, Canciller. — Bünwuk 
Historia de Santo Domingo^ pág. 3. 


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^r.r 'i'T' íMf.ví .'^i^ *tt^ '\ nffttn/'íf^ A^^tf^f^ í'fíncip*r^y aliénde «kacribir cada 
(»'«' í.í- f/» íj-rr /.| /Ir'i p'i^nft*, ^ a| ^lí/i )<» /|rif Ift riífíbe navet^mre, tengo propo- 



IGNACIO J. DE URRUTIA. 49 


sito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y fier- 
ras del mar Océano en sus propios lugares debajo su viento; y mas, compoT 
ner un libro, y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equi- 
nocial y longitud del Occidente, y sobre todo cumple mucho que yo olvide 
el sueño y tiente mucho el navegar porque así cumple, las cuales serán gran 
trabajo. ^ 

Viernes 3 de Agosto. 

"Partimos Viemes 3 dias de Agosto de 1492 aSos de la barra db SstUeá 
á las ocho horas; anduvimos con fuerte virazón hasta el poner del sol ha- 
cia el Sur sesenta millas, que son quince leguas; después al Sudueste y al 
Sur cuarta del Sudueste, que era el camino para las Uanarias. 

El Sábado 4 de Agosto. 

Anduvieron al Sudueste cuarta del Sur. 

Domingo 5 de Agosto* 

Anduvieron su vía entre dia y noche mas de cuarenta leguas. 

Lunes 6 de Agosto. 

Saltó ó desencajóse el gobemarío á la carabela Pinta, donde iba Mar- 
tin Alonso Pinzón, á lo que se creyó y sospechó por industria de un Gumes 
Rascón y Cristóbal Quintero, cuya era la carabela, porque le pesaba ic. 
aquel viaje; y dice el Almirante que an^s que partiese habian hallado en 
ciertos reveses y grisquetas, como dicen, á los dichos. Vídose ajlí. el Al- 
mirante en gran turbación por no poder ayudar á la dicha carabela sin su 
peligro, y dice que alguna pena perdía con saber que Martín Alonso Pinzón 
era persona esforzada y de buen ingenio: en fin anduvieron entre dia y no- 
che veinte y nueve leguas. 

Martes 7 de Agosto. 

Tomóse á saltar el gobernalle á la Pinta, y adobáronlo y anduvieron en 
demanda de la isla del Lanzarote, que es una de las islas Canarias, y an- 
duvieron entre dia y noche veinte y cinco leguas. 

Miércoles 8 de Agosto. 

Hubo entre los Pilotos de las tres carabelas opiniones diversas donde 
estaban, y el Almirante salió mas verdadero, y quisiera ir á gran Canaria 
por dejar la carabela Pinta, porque iba mal acondicionada del gobeniario 
y hacía agua, y qnisiera tomar allí otra si la hallara; no pndieron tomarla 
aquel dia. 

Jueves 9 de Agosto. 

Hasta el Domingo en la noche no pudo el Almirante tomar la Gomera, 

Tomo II. 7 


50 TEATRO CUBANO. 


y Martin Alonso qnedóee en aquella costa de Gran Canaria por mandado 
del Almirante, porque no podia navegar. Despaes tomó el Almirante 4 
Canaria, (ó á Tenefife)^ y adobaron mny bien la Pinta con mncho trabajo 
y diligencias del Almirante, de Martin Alonso y de los demás; y al cabo 
vinieron á la Gomera. Vieron salir gran fü^o de la sierra de la isla de Te- 
nerife, que es muy alta en gran manera. Hicieron la Pinta redonda, por- 
que era latina; tomó é la Gomera Domingo á 2 de Setiembre con la Pinta 
adobada. 

Dice el Almirante que juraban muchos hombres honrados espafioles, 
que en la Gomera estaban con Doña Inés Peraza, madre de Guillen Pera- 
za, que después fué el primer Conde de la Gomera, que eran vecinos de la 
isla del Hierro; que cada a&o vian tierra al Ouoste de las Canarias, que es 
al Poniente; v otros de la Gomera afirmaban otro tanto con juramento. Di- 
ce aquí el Almirante que se acuerda que estando en Portugal el afio 1484 
vino uno de la isla de la Madera al Rey á le pedir una carabela para ir á 
esta tierra que via, el cual juraba que cada afio la vía, y siempre de una 
manera; y también dice que se acuerda que lo mismo decian en las islas de 
los Azares, y todos estos en una derrota, y en una manera de señal, y en 
una grandeza. Tomada pues agua y leña y carnes, y lo demás que tenian 
los hombres que dejó en la Gomera el Almirante cuando fué 4 la isla de 
Canaria 4 adobar la carabela Pinta, finalmente se hizo 4 la vela de la dicha 
isla de la Gbmera con sus tres carabelas Jueves 4 6 días de Setiembre. 

Jueves 6 de Setiembre, 

Partió aquel dia por la mañana del puerto de la Gomera, y tomó la 
vuelta para ir su viaje, y supo el Almirante de una carabela que venia de 
la isla del Hierro, que andaban po^allí tres carabelas de Portugal, para lo 
toman debia de ser de invidia quel Rey tenia por haberse ido 4 Castilla; 

Ír anduvo todo aquel dia y noche en calma, y 4 la mañana se halló entre 
a Gomera y Tenerife. 

Viernes 7 de Setiembre, 

Todo el Viernes y S4bado hasta tres horas de noche, estuvo en calma. 

Sábado 8 de Setiembre. 

Tres horas de noche S4bado comenzó 4 ventar Nordeste, y tomó su via 
y camino al Oueste: tuvo mucha mar por pix>a que le estorbaba el camino, 
y andaria aquel dia nueve leguas con su noche. 

Domingo 9 de Setiembre, 

Anduvo aquel dia diez y nueve leguas, y acordó contar menos de las 
que andaba, porque si el viaje fuese luengo no se espantase ni desmayase 
la gente. En la noche anduvo ciento y veinte millas, 4 diez millas por 
hora, que son treinta leguas. Los marineros gobernaban mal, decayendo 
sobre la cuarta del Nordeste, y aun 4 la media partida; sobre lo cual les 
riñó el Almirante muchas veces. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 61 


Lunes 10 de Setiembre, 

En aquel dia con su noche andavo sesenta leguas, á diez millas por 
hoia, que son dos leguas v media; pero no contaba sino cuarenta y ocho 
leguas porque no se asombrase la gente si el viage faese largo. 

Martes 11 de Setiembre, ^ 

Aquel dia navegaron á su vía, que era el Oueste, y anduvieron veinte 
legoas y mas, y vieron un gran trozo de mastel de nao, de ciento y veinte 
toneles, y no lo pudieron tomar. La noche anduvieron cerca de veinte le- 
guas, y contó no mas de diez y seis por la causa dicha. 

Miércoles 12 de Setiembre. 

Aquel dia, yendo su via, anduvieron en noche y dia treinta y tres le- 
guas, contando menos por la dicha causa. 

Jueves 13 de Setiembre. 

Aquel dia con su noche, yendo á su via, que era al Oueste, anduvieron 
treinta y tres leguas, y contaba tres 6 cuatro menos. Las corrientes le eran 
contrarias. En este día, al comienzo de la noche, las agujas noruesteaban, 
y á la mañana noruesteaban algún tanto. 

Viernes lide Setiembre. 

Navegaron aquel dia su camino al Oueste con su noche, y anduvieron 
veinte leguas, contó alguna menos: aq^í dijeron los de la carabela Niña que 
habían visto un gaijao y un rabo de junco, y estas aves nunca se apartan 
de tierra cuando mas veinte y cinco leguas. 

Sábado 15 de Setiembre. 

Navegó aquel dia con su noche veinte y siete leguas su camino al Oues- 
te, y algunas mas, y en esta noche al principio della vieron caer del cielo 
un maravilloso'ramo de fuego en la mar lejos de ellos cuatro ó cinco le- 
guas. 

Domingo 16 de Setiembre. 

Navegó aquel dia y la noche á su camino el Oueste; andarían treinta y 
nueve leguas, pero no contó sino treinta y seis; tuvo aquel dia algunos nu- 
blados, lloviznó: dice aquí el Almirante que hoy siempre de allí adelante 
hallaron aires temperantísimos; que era placer grande el gusto de las ma- 
ñanas, que no faltaba sino oir ruiseñores. Dice él, y era el tiempo como 
Abril en el Andalucía. Aquí comenzaron á ver muchas manadas de yerba 
muy verde que poco habia, según le parecia, que se habia desapegado de 
tierra, por la cual todos juzgaban que estaba cerca de alguna isla; pero no 
de tierra firme, según el Almirante que dice: porque la tierra firme hago 
masadekmte. 


62 TEATRO CUBANO. 


Lunes 17 de Setiembre. 

Navegó á su camino el Oaeste, y andarían en día y noche cincuenta 
leguas y mas: no asentó sino cuarenta y siete; ayudábales la comente; vie- 
ron mucha yerba y muy á menudo, y era yerba de peñas, y venia la yerba 
de hacia Poniente; juzgaban estar cerca de tierra; tomaron los pilotos el 
Norte marcándolo, y fiaron que las agujas nornesteaban una gran cuar- 
ta, y temían los marineros, y estaban penados y no decian de qué. Cono- 
ció el Almnante, mandó que tomasen á marcar el Norte en amaneciendo, 
y hallaron que estaban buenas las agujas; la causa fué ponjue la estrella 
que parece hace movimiento y no las agujas. En amaneciendo aquel Lu- 
nes vieron muchas mas yerbas, y que parecian yerbas de ríos, en las cua- 
les hallaron un cangrejo vivo, el cual guardó el Almirante, y dice que 
aquellas fueron señales ciertas de tierra, porque no se hallan ochenta le- 
guas de tierra: el agua de la mar hallaban menos salada desde que salie- 
ron de las Ganarías, los aires siempre mas suaves; iban muy alegres todos, 
y los navios quien mas podia andar andaba por ver prímero tierra; vieron 
muchas toninas, y los de la Niña mataron una. Dice aquí el Almirante, 
que aquellas señales eran del Poniente, donde espero en aquel alto Dios en 
cuyas manos están todas las victorias que muy presto nos dará tierra. En 
aquella mañana dice que vido una ave blanca que se llama Bobo dejunco^ 
que no suele dormir en la mar. 

Martes 18 de Setiembre* 

Navegó aquel dia con su noche, y andarían mas de cincuenta y cinco 
leguaa, pero no asentó sino cuarenta y ocho, llevaba todos estos dias mar 
muy bonanza, como en el río de Sevilla. Este dia Martin Alonso con la 
Pinta, que era gran velera, no esperó, porque dijo al Almirante desde su 
carabela que habia visto gran multitud de aves ir hada el Poniente, y que 
aquella noche esperaba ver tierra, y por eso andaba tanto. Apareció á la 
parte del Norte una gran cerrazón, qués señal de estar sobre la tierra. 

Miércoles 19 de Setiembre, 

Navegó su camino, y entre dia y noche andaría veinte y cinco leguas, 
porque tuvieron calma; escríbió veinte y dos. Este dia á las diez horas 
vino á la nao un alcatraz, y á la tarde vieron otro, que no suelen apartarse 
veinte leguas de tierra; vinieron unos llovizneros sin viento, lo que es señal 
cierta de tierra; no quiso detenerse barloventeando el Almirante para ave- 
riguar' si habia tierra; mas de que tuvo por cierto que á la banda del Norte 
y del Sur habia algunas islas, como en la verdad lo estaban y é\ iba por 
medio dellas; porque su voluntad era de seguir adelante hasta las Indias, 
y el tiempo es bueno, porque placiendo á Dios á la vuelta se vería todo: 

estas son sus palabras Aquí descubrieron sus puntos los Pilotos: el de 

la Niña sé hallaba de las Canarias cuatrocientas cuarenta leguas: el de la 
Pinta cuatrocientas veinte: el de la donde iba el Almirante cuatrocientas 
justas. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 63 


^ Jueves 20 de Setiembre, 

Navegó este día al Oueste cuarta del Norueste, y á la media paiiiida, 
porqne se mudaron muchos vientos con la calma que hkbia; andarían basta 
siete ó ocho leguas. Vinieron á la nao dos alcatraces, y después otroV'que 
fué señal de estar cerca de tierra, y vieron mucha yerba, aunque el día pa- 
sado no liabian visto della. Tomaron un pájaro con 1a mano que era como 
un garjao; era pájaro de rio y no de mar, los pies tenia como gaviota: vinie- 
ron al navio en amaneciendo dos 6 tros pajaritos de tierra cantando, y des- 
pués antes del ^ol salido desaparecieron; después vino un alcatraz, venia 
del Onesnorueste, iba al Sueste, que era señal que dejaba la tierra al Oues- 
nonieste, porque estas aves duermen en tierra y por la mañana van á la 
mar á buscar su vida, y no se alejan veinte leguas. 

Viernes 21 tí^ Setiembre. 

Aquel dia fué todo lo mas calma, y después algún viento: andarían en- 
tre dia y noche dello á la via, y dello no hasta trece leguas; en amanecien- 
do hallaron tanta yerba que parecía ser la mar cuajada de ella, y venía del 
Oneste: vieron un alcatraz, la mar muy llana como un río, y los aires los 
mejores del mundo. Vieron una ballena, que es señal que estaban cerca 
de tierra, porque siempre andan cerca. 

Sábado 22 de Setiembre. 

Navegó al Onesnorueste mas ó menos^ acostándose á una y otra parte; 
andarían treinta legnas; no vela casi yerba; vieron unas párdelas y otra ave: 
dice aquí el Almirante, mucho me fué necesario este viento contrario, porque 
mi gente andaban muy estimulados que pensaban que fió veittaháñ estos mar 
res vientos para volver á España: por un pedazo de dia no hubo yerba, des- 
pués muy espesa. 

Domingo 23 de Setiembre. 

Navegó al Norueste, y á las veces á la cuarta del Norte, y á las veces 
á su caimmo, que era el Oueste, y andarían hasta veinte y doá leguas: Vie- 
ron una tórtola y un alcatraz, v otro pajaríto de río, y otrad aves blancas: 
las yerbas eran muchas, y hallaban cangrejos en ellas, y como la mar estu- 
viese mansa y llana, murmuraba la gente diciendo, que pues por allí no 
había mar grande que nnnca ventaría para volver á España: pero después 
alzóse mucho la mar y sin viento, que los asombraba, por lo cual clice aquí 
el Almirante: asi qtte muy necesario meftié la mar alta, que nopareciój sal- 
vo él tiempo de los judíos cuando salieron de Egipto contra Moysen que tos 
sacaba de captiverio. 

Lunes 24 de Setiembre. 

Navegó á su camino al Oueste dia y noche, y andarían catorce leguas y 
media, contó doce, vino al navio un alcatraz, y vieron mübhW pftrdkááV * 


54 TEATRO CUBANO. 


Martes 25 de Setiembre, 

Este día hnbo macha calma, y despnes veotó; v faeron sa camino al 
Oneete hasta la noche. Iba hablando el Almirante con Martin Alonso Tin- 
zon, capitán de la otea carabela Pinta, sobre una carta que le había envia- 
do tres dias hacia á la carabela, donde según parece tenia pintadas el Al- 
mirante ciertas islaS por aquella mar, y deda Martin Alonso que estaban 
en aquella comarca, y respondía el Almirante que así le parecía á él; pero 
puesto que no hubiesen dado con ellas lo debía haber causado las corrien- 
tes que siempre habían echado los navios al Nordeste, y que no habían an- 
dado tanto como los Pilotos decían; y estando en esto dijo el Almirante qne 
le enviase la carta dicha, y enviada con alguna cnerda comenzó el Almi- 
rante á cartear en elhi con su Piloto y marineros; al sol puesto subió el 
Martín Alonso en la popa de su navio, y con mucha alegría llamó al Al- 
mirante pidiéndole albricias que vía tieira, y cuando se lo oyó decir con 
afinnadon el Almirante, dice que se echó á dar gracias á nuestro Señor de 
rodillas, y el Martín Alonso decía, Gloria in excelsis Deo con su gente, 
lo mismo hizo la gente del Almirante, y los de la Niña subiéronse todos 
sobre el mastel y en la jarcia, y todos afirmaron que era tierra, y al Almi- 
rante así pareció, y que habría á ella veinte y cinco leguas: estuvieron has- 
ta la noche afirmando todos ser tierra; mandó el Almirante dejar su cami- 
no que era el Oueste, y fuesen todos al Sudueste, á donde había pareado 
la tierra: habrían andado aquel día al Oueste cuatro leguas y me^a, y en 
la noche al Sudueste diez y siete leguas, que son veinte y una, puesto que 
deda á la gente trece leguas, pfrque siempre fingía á la gente que hada 
poco camino porque no les pareciese largo; por manera que escribió por dos 
caminos aquel viaje, el menor fué el fingido, y el mayor el verdadero; an- 
duvo la mar muy llana, por la cual se echaron á nadar muchos maríneipos; 
vieron muchos dorados y otros peces. 

Miércoles 26 de Setiembre, 

Navegó á su camino al Oueste hasta después de medio día. De allí 
fueron al Sudueste hasta conocer que lo que decían que había ddo tierra 
no lo era, sino cielo; anduvieron día y noche treinta y una leguas, y contó 
á lo gente veinte y cuatro. La mar era como un río, los aires dulces y sua- 
vísimos. 

Jueves 21 de Setiembre, 

Navegó á su vía al Oueste, anduvo entre día y noche veinte y cuatro 
leguas, contó á la gente veinte leguas: vinieron muchos dorados, mataron 
uno, vieron un rabo de junco. 

Viernes 28 de Setiembre, 

Navegó á su camino al Oueste, anduvieron día y noche con calmas ca- 
torce leguas, contaron trece: hallaron poca yerba, tomaron dos peces dora- 
dos, y en los otros navios mas. 


IGNACIO J. DE URRUTU. 55 


Sábado 29 de Setiembre, 

Navegó á sa camino al Oaeste^ anduvieron veinte y cuatro leguas, con- 
tó á la gente veinte y una; por calmas que tuvieron anduvieron entre día y 
noche poco. Vieron un ave que se llama rabiforcndOj que hace gomitar á 
los alcatraces lo que comen para comerlo ella, y no se mantiene de otra co- 
sa: es ave de la mar, pero no posa en la mar ni se apdta de tierra veinte 
leguas, hay destas muchas en las islas de Cabo Verde: después vieron dos 
alcatraces: los aires eran muy dulces y sabrosos, que diz que no faltaba sino 
oír al ruiseñor, y la mar llana como un río: parecieron después en tres veces 
tres alcatraces y un forcado; vieron mucha yerba. 

Domingo 30 de Setiembre. 

Navegó su camino al Oneste, anduvo entre dia y noche por las calmas 
catorce le^as, contó once; vinieron al navio cuatro rabos de junco, que es 
gran señal de tierra, porque tantas aves de una naturaleza juntas es señal 
que no andan desmandadas ni perdidas: viéronse cuatro alcatraces en dos 
veces, yerba mucha. Nota: Que las estrellas que se llaman guardias cuan- 
do anochece, están junto al brazo de la parte del Poniente, y cuando ama- 
nece están en la línea del brazo del Nordeste, que parece que en toda la 
noche no andan salvo tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche: 
esto dice aquí el Almirante. También en anocheciendo las agujas norues^ 
tan una cuarta, y en amaneciendo están con la estrella justo; por lo cual 
parece que la estrella hace movimiento como las otras estrellas, y las agu- 
jas piden siempre la verdad. 

Lunes 1? de Octubre, 

Navegó su camino al Oueste, anduvieron veinte y cinco leguas, contó á 
la gente veinte leguas, tuvieron grande aguacero. El Piloto del Almiran- 
te temia hoy en amaneciendo que habian andado desde la isla de Hierro 
hasta aquí quinientas setenta y ocho leguas al Oueste; la cuenta menor que 
el Almirante mostraba á la gente eran quinientas ochenta y cuatro leguas; 
pero la verdadera que el Almirante juzgaba y guardaba era setedentas 
siete. 

Martes 2 de Octubre, 

Navegó su camino al Oueste noche y dia treinta y nueve leguas, contó 
á la gente obra de treinta leguas: la mar llana y buena siempre: á Dios 
mucMS gracias sean dadas, dijo aquí el Almirante; yerba venia del Este al 
Oueste por el contrarío de lo que solía: parecieron muchos peces, matóse 
uno; vieron una ave blanca que parecía gaviota. 

Miércoles 3 de Octubre. 

m 

Navegó su via ordinaria, anduvieron cuarenta y siete leguas, contó á 
la gente cuarevta leguas. Aparecieron pardelas, yerba mucha, alguna muy 
vieja, y otra muy fresca, y traía como fruta; y no vieron aves algunas; creía 


6é tÉaHío cubano. 


el Almirante qne le quedaban atrás las islas que traía pintadas en sn carta. 
Dioe aquí el Almirante q«e no se quiso detener borloyenteando la semana 
pasada, y estos días que babia tantas señales de tierra, aonqne tenia noti- 
cia de derlas ialas en aqaeUa comarca, por no se detener, pnes su fin era 
pasar á las Indias; 7 si detuviera, dice él, qae no fuera buen seso. 

Jueves 4 de Octubre. 

navegó á su camino al Oueste, anduvieron entre dia y nocbe sesenta y 
tres leguas, contó á la gente cuarenta y seis l^ias; vinieron al navio mas 
de cuarenta pardelas juntas y dos alcatraces, y al uno dio una pedrada un 
mozo de la carabela; vino á la nao un rabiforcado, y una blanca como 
gaviota. 

Viernes 5 dé Octubre, 

Navegó á su camino, andarían once millas por hora; por noche y dia 
andarían cincuenta y siete leguas porque aflojó la noche algo el viento; con- 
tó, á su gente cuarenta y cinco: lámar en bonanza y llana: á Dios, dice^ mu- 
ch^ fipracias sean dadas; el úre muy dulce y temprado, yerba nenguna aves 
pardeas muchas, peces golondrinas volaron en la nao muchos. 

« 

Sábado 6 de Octubre, 

Navegó su camino al Yueste ó Oueste qués lo mismo, anduvieron cua- 
renta leguas entre dia y i^oche; contó á la gente treinta y tres y leguas. Es- 
*ta noche, dijo Martin Alonso, que sería bian navegar á la cuarta del Oues- 
te, 4 la parte del Sudueste; y al Almirante pareció que no decia esto Martin 
AJonsp por la isla de Gipango, y el Almirante vía que si la erraban que no 
pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir á la tierra fir- 
me y después á las islas. 

Domingo 7 de Octubre. 

Navegó á sn camino al Oueste, anduvieron doce millas por hora dos ho- 
ras, y después ocho millas por hora, y andaría hasta una hora de sol veinte 
tres leguas, contó á la gente deciocho. En este dia, al levantar del sol 
a carabela Niña, que iba delante por ser velera, y andaban quien mas po- 
di^ por ver prímeix) tiepra, por gozar de la mercüad que los Beyes á quien 
piápiero la viese habían prometido, levantó una bandera en el topo del mas- 
tel, y. tiró. una lombarda por seflal que vian tierra,- porque asi lo habia orde- 
nadp el Almirante. Tenia también ordenado que al salir del sol y al po- 
nerse se juntasen todos los navios con él, porque estos dos tiempos son mas 
propios para que los humores den mas lugar á ver mas lejos. Gomo en la 
tarde no viesen tierra la que pensaban los de la carabela Niña que hablan 
visto^ y porque pasaban gran multitud de aves de la parte del Norte al Su- 
dueste, por lo cual era de creo: qne se iban á dormir á tierra ó huian quizá 
del invierno, que en las tierras de donde venian debia de quej^er venir, por- 
que sajbia el Almirante que las mas de las islas que tienen los portugueses 
por las aves las descubríeron. Por esto el Almirante acordó dejar el cami- 


i 


IGNACIO J. DE^ÜRRUTIA. ^2 


no del Queste, y poner la proa hacia Oaesadueste oon determinación de an- 
dar dos dias por aquella vía. Esto comenzó antes una hora del sol puesto* 
Andarían en toda la noche obra de cinco leguas, y veinte y tres di^l dia¡ 
fueron por todas veinte y ocho leguas noche y dia. 

Lunes 8 de Octubre. 

Navegó al Ouesudneste, y andarían entre dia y nocne once leguas y me- 
dia ó doce; y á ratos parece que anduvieron en la noche quince millafl por 
hora; si no está mentirosa la letra; tuvieron la mar cpmo el río de Sevüla: 
gracias á Dios, dice el Almirante: los aires muy dulces como en Abril eií 
Sevilla; qués placer estar á ellos, tan olorosos son. Pareció la yerba miív' 
fresca; muchos pajaritos del campo, y tomaron uno que iban huyendo al, 
Sudueste, grajaos y añadas y un alcatraz. 

Martes 9 de Octubre. 

Navegó al Sudueste, anduvo cinco leguas: mudóse el viento, y oorriÓAL 
Cueste cuarta al Norueste, y anduvo cuatro lefias: después con todas onod 
leguas de dia y á la noche veinte leguas y media: contó á la gente diez y 
siete leguas. Toda la noche oyeron pasar pájaros. 

Miércoles 10 de Octubre. 

Navegó al Ouesudueste, anduvieron á diez millas por hora y 4 ratiPB. 
doce y algún rato á siete, y entre dia y noche cincuenta y nueve l^gua8: 
contó á la gente cuarenta y cuatro leguas no mas. Aquí la gente ya no Ip 
podía sufrír; quejábase del largo viage; pero el Almirante los esforzó lo mei^ 
jor que pudo dándoles buena esperanza de los provechos que podrían haber. 
Y anadia que por demás era quejarse, pues que él habia venido á las Indias^ 
y que asi lo habia de proseguir hasta hallarlas con el ayuda de nuestro Se* 
ñor. 

Jueves 11 de Octubre. 

Navegó al Ouesudueste, tuvieron mucha mar mas que en todo el viage 
habian tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto á la nao. Vieron 
los de la carabela Pinta una cala y un palo, y tomaron otro palillo labrado 
á lo que parecía con hienTo, y un pedazo de caña y otra yerba que nace &n 
tierra, y una tablilla. Los de la carabela Niña también vieron otras seña- 
les de tierra y un palillo cargado de descaramojos. Con estas señales respi- 
raron y alegráronse todos. Anduvieron en este dia hasta puesto el sol vem- 
te y siete leguas. 

Después del sol puesto navegó á su prímer camino al Oueste: andarían 
doee millas cada hora, y hasta dos horas después de media noche andariab 
noventa millas, que son veinte y dos le^as y media. T porque la cárabe; 
la Pinta era mas velera é iba delante del Almirante, halló tierra y hizo las 
señas quel Almirante habia mandado. Esta tierra vido prímero un maríne- 
ro que se decía Rodrígo de Tríana; puesto que el Almirante á las diez déla 
noche, estando en el castillo de popa, .vido lumbre, aunque fué cosa tan cet- 

ToMo II. 8 


5a TEATRO COBANO. 


nda <|iie no qniflo aünnar «ine ñiese ñeami peto IIaidó á Peto <TiidiKiez^re- 
p o a to ro (iestradoa "iel Bev. ^ «Hjoie, <|iie parecía lumbre, «^n» minuMiél» y aiá 
lo hizo y vidola: «iijolo rambien á Büdrigo lanches «lo r^esnovia *\nél Rey 
y la Reina fnviabaii en «4 armada por veetlor, <4 cnal no vido nada porque 
no estaba en In^ar «lo la pndieae rer. Después «{nel Aimiíante lo «üjo se 
vido nna vez <> «los, y era iximo ana i*andelil]a <ie cera <|neae ;%1ti»^^ y le- 
vantaba» lo cnai .1 {)oébs pareciera áer indicio «ie tierra. Pero el Alniinuite 
tnvo por cierto estar ¡unto X la rierra. Por lo <;nal <*naniio «Üjeron la Sitirf, 
«[ne la acosomibrBn «lecir «^ «^antar á ¡m manera los manneroB y :$e bailan 
todos, rogT> y amonestólos el Almirante «[ne hiciesen l)aena t^narda al canti- 
llo <Í0 proa* y mirasen bien por la rierra, y «(ne id <(ne le «üjese primerD *{ue 
vía tiena le daria Inegn im Jnb<m de aedsu -^in las otras mercedes «(ue le» 
Reyes habían prometido, «^oe eran <iiez mil inacavedis de Jmo á «[nien pri- 
mero la viese. A las dos horas después de media noche pareció Uk tierra, 
de la cnal estarían <los legnasw Amañaron tocias las velas, y quedaron con 
el treo i [na es la vela grande sin lionetas. y pusiéronse a la corda tempori- 
zando háflta el lüa Viernes ([ue llegaron á ana isleta <le los Lacayos, «{ue ^e 
llamamaba en la lengua de indiiw (jruamajtíni. Luego vieron gente «icmna- 
<ta. V el Almirante naliú i tierra en la barca itfmada, v Martin Alonso Pm- 
zon y Vicoite Anee, sn hermano, «[ue era capitán «ie la Niña, ¿sacó el Al- 
mirante la bandera Real y los capitanes «!on dos Ijanderas de la Cruz Ver- 
de, que llevaba el Almirante en to«ius los navios por seña i*on ana F y una 
Y: encima de cada letra :m corona* nna de un cab«> de la <^ y <Kraiie «itnx 
Puestos en tierra vieron mnchos árboles muv venies v jiiruas moefaatf v fim> 
tas de «livaaas maneras^ £1 Almirante llamó á los «los capitaaes y a W 
fiemas que saltaron en tierra, y á Rodrigo Descovetio, Escribano de toda el 
annada^ y á Rodrigo Sánchez <ie Segovia, y diju que le «üesen por fe y tes- 
timoaio oomo él por ante to«ios tomaba^ como <ie hecho tomó, posemon «ir 
la dicha isla por el Rey é por la Reina sus Señores, hadendo las protesta- 
dones qne se requenan, 4!omo mas largo se ctmtiene en los testimonios que 
allí de hicienm por escripto. Luego Me avunto allí mucha ¿rente de la Isla. 
Elato qne se signe :M)n palabras formales del Almirante, en su libro «le áa 
primera uaTegacion y «lescubnmiento de estas Imlias. **Y(>. (ilice «i^D, por- 
«ine nos tuviesen mnr.ha amistad^ porque iM>ni>sot <[ue era gente «jue aiejor 
se librana y convertixia á nuestra Santa Fé «*on amor «|ue no por ñieczai; le» 
di á algunos «lellos tmos Inmetes colorados y imas cuentas de vidrit» t|ue se 
ponían al pescuezo: y otras cosas muchas de poco valor con (¿ue hobienm 
mucho placer y «[uedaron tanto nuestros i|ue era maravilla. Los cuales 
después venían á las barcas de los navios adonde nos estábamos nadando y 
nos traían pa|iagayos y hilo «le algodón en «ivillos y azagayas^ y «Jtras cosa^ 
mnrhaa, y nos las tincaban por i>tnis cosas «(ue nos» les dábamos, «romo ouen- 
tecillas «le vidrio y cascabeles. En tin todo tomaban y «iaban de aquello 
«(ue traían «ie buena voluntad. Mas me pare€Í«> que era gente muy pobre 
«le todo. Ellos andan todos «lesnudos como »u madre los parió, y también 
las mngeres, aunque no viile mas «}ue ima ¿arto moza» y todos los que yo vt 
eran todos mancelH)s, «|ue ninguno vide de edad «le mas de treinta anos: muv 
bien hechos, «le muy fermosos ciierp«>s» y muy buenaa izaras; los caltellos 
gruesos rnaai como sedas «le cola ile caballos, é cortos: los cabello» traen 
por etiftima de las cejas, salvo anos pocos de tras «^ue tmen largos» «^ue ja- 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 69 


más cortan: dellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de canarios, 
ni negros ni blancos y dellos se pintan de blanco, y dellos de colorado, y 
dellos de lo que fallan, y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuerpo, 
y dellos solo los ojos, y dellos solo el nariz. Ellos no traen armas ni las 
cognocen, porque les amostré espadas y las tomaban por el filo, y se corta- 
ban con ignorancia. No tienen algún fierro: sus azagayas son unas varas 
sin fierro, y algunas dellas tienen al cabo un diente de pece, y otras de otras 
cosas. Ellos todos á una mano son de buena estatura de grandeza, y bue- 
nos gestos, bien bechos; yo vide algunos que tenian señales de feridas en 
sus cuerpos, y les hice señas que era aquello, y ellos me amostraron como 
allí venian gente de otras islas que estaban acerca y les querían tomar, y 
se defendían; y yo cref, é oreo, que aquí vienen de tierra firme á tomarlos 
por captivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que 
veo que muy presto dicen todo lo que les decia, y oreo que ligeramente se 
harían crístianos, que me pareció que ninguna secta tenian. Yo, placiendo 
á nuestro Señor, levaré de aquí al tiempo de mi partida seis á Y. A. para 
que deprendan fablar. Ninguna bestia de ninguna manera vide, salvo pa- 
pagayos en esta isla." Todas son palabras del Almirante. 

Sábado 13 de Octubre. 

''Luego que amaneció vinieron á la playa muchos destos hombres, todos 
mancebos, como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy férmosa: 
los cabellos no crespos, salvo corredios y gruesos, como sedas de caballo, y 
todos de la frente y cabeza muy ancha mas que otra generación que fasta 
aquí haya visto, y los ojos muy fermosos y no pequeños, y ellos ninguno 
príeto, salvo de la color de los canaríos, ni se debe esperar otra cosa, pues 
está I^esteoueste con la isla del Hierro en Ganaría so una línea. Las pier- 
nas muy derechas, todos á una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. 
Ellos vinieron á la nao con almadias, que son hechas del pie de un árbol, 
como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy á maravilla se- 
gún la tierra, y grandes en que en algunas venian cuarenta ó cuarenta y 
cinco hombres, y otras mas pequeñas, fasta haber dellas en que venia un 
solo hombre. Remaban con una pala como de fomero, y andaá maravilla; 
y si se le trastorna, luego se echan todos á nadar, y la enderezan y vacian 
con calabazas que traen ellos. Traian ovillos de algodón filado y papaga- 
llos, y azagayas, y otras cositas que sería tedio de escrebir, y todo daban 
por cualquiera cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de 
saber si había oro, y vide que algunos dellos traían un pedazuelo colgado 
en un agujero que tienen á la naríz^ y por señas pude entender que yendo 
al Sur ó volviendo la ista por el Sur, que estaba alli un Rey que tenia gran- 
des vasos dello, y tenia muy mucho. Trabajé que fuesen allá, y después 
vide que no entendían en la ida. Determiné de aguardar fasta mañana en 
la tarde, v después partir para el Sudneste, que según muchos dellos me en- 
señaron decían que había tierra al Sur y al Sudueste y al Norueste, y que 
estas del Norueste les venian combatir muchas veces, y así ir al Sudneste á 
buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy llana y 
de árboles muy verdes, y muchas f^uas, y una laguna en medio muy gran- 
de, sin ninguna montaña, y toda ella verde, qués placer de mirarla,* y esta 


TEATRO CUBANO 


%^B^ k^ ^ ^j^, l" - .»"'■ "• Kaita, uo aaDer ae nueeiras cosas, y wnienao q 
«%^«^^ ht^v\> * "V" ''"^ *'?'' í" "^ '" tienen, toman lo qne paeden 

*» W sivuk^u^ rT*. 1 "*" ***''*' ^^ *1°^ tienen lo lían por oualqaiera co» 
íiUlífc^Mttblu ftlí»* pedazos do las eBcmlillfw, y de las tazas de vidrio 
f|k<tk ir^tvit^Ml ' ^*1"® v' dar diez y seis ovillos de algodón por tres ceo- 
«MtMM^wX l/'"t *^ ""* blanca do Castilla, v en ellos habría mas do 
«IfW 4ik>. vv k' 5 '****'■ ^^'*' defendiera y no dejara tomar á nadie, 

4^i«**»iv"»««, .Mt'"^, '**""'*'' •^o paraV. A. si hobiera en cantidad. 
> '■liifriLt. ^^^,„¡ * '^'^' ™M por el poco tiempo no pnde dar así del todo fé, 
imHj . uK»v«\» Ir '^ "' ^"^ 1"" *''*^" colgado á la nariz; mas por no perder 
km «»vtt,t hul.i- V ^' pnedo topar A la isla do Cipango. Agora como 
«e fueron á tierra con sus almadias." 

DomtHffo 14 (fc Octvbre. 

«•**^vW, V tiiA '^J*, ""^^dé aderezar el batel de la nao y las barcas de las 
\y* W ^'U'h'imih '"^"go de la isla, en el camino del Nomordeste, para 
»•>» xw l»H , l'í ^V® ®™ de la otra parto del Leste qne habla, y también 
*• * '* í»lftv 11 ' ^ ^'*^*' luego dos ó tres y la gente, qne venian to- 

. ..., viti^i^ , '"""^ndonos y dando gracias á Dios; los unos nos traían 
•■i 1 ,.iru "* cosas de comer; otros, cuando veían que yo no curaba de 

>"' '"IftWi " r" ^^^^ '^ '*"'*'^"**'"'"^*' ^ venian, y entendíamos que nos 
V- ' oiiMK A '^™"'os venidos del cielo; y vino nno viejo en el batel don- 
\v' * " Iwíi ( '''**'^* grandes llamaban todos hombres y mngeres: venid á 
i.'. 1 "11 «lu ) "*" *1"* vinieron del cielo: tracdles de comer y do beber. Vi- 
' y ^ 1 ""**" y muchas mugeres, cada uno con algo, dando gradas á Dios, 
U 1 ' , ' Buelo, y levantaban las manoa al cielo, y después & voces nos 
\u"V i ' '''"^ fuÍBomos á tierra: mas yo temia de ver una grande restinga 
w |> iMinuí (j„„ cerca toda aquella isla al rededor, y entre medias queda hon- 
*> y luierto pora cuantas naos hay en toda la criHtiandad, y la entrada dello 
HHiy KnjpMta. Es verdad que dentro desta cinta hay algunas bajas, mas 
\» iii»r no no niQOvo mas que dentro en un pozo. Y para ver todo esto me 
iiiii\'l («tit tnafiana, porque supiese dar de todo relación á vuestras Alte/^as, 
y loiiihien il donde pudiere hacer fortaleza, y vido un pedazo do tierra que 
iH> hnea como isla, aunque no lo es, en que habia seis casas, el cual se pa- 
dlinii nti^nr en dos dias i^or isla; aunque yo no veo ser necesario, porque 
iwlii iinnto os mny BÍmplico en annaa, como verán vuestras Altezas de siete 
i|iii' yo hloc tomar para le llevar y deprender nuestra fabla y volvellos, sal- 
Vii ipiB vuestras Altezas cuando mandaron piiedenlos todos llevar & üasli- 
lUi, 1^ tonolloB en la misma isla captivos, porque con cincuenta hombres los 
tKiiiá todos sojuzgados, y les hará hacer todo lo que quisiere; y despnes 
junio oon la dicha isletá están huertas de árboles las mas hermosas que vo 
\'t, <' lan verdes y con sus hojas como las de Castilla en el mes de Abril y 
ili' IVfíiyo, y mucha agna. Yo miré todo aquel puerto, y después me volví 6. 
\n iiiui y df la vela, y vide tantas islas que yo no sabia determinarme á cual 
lilii primero, y aquefloe hombres que yo tenia tomado me decían por sefias 
lililí eran tantas y tantas que no habia número, y anombraron por su nom- 
lii'ii iiiU (le dentó. Por ende yo miré por la mas grande, y aquella deter- 
minara andar, y asi hago y sei^ lejos desta de S'oM Salvador, cinoo leguas 


i> 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 61 


y las otras dellas mas, dellas monos: todas son muy llanas, sin montañas y 
muy fértiles, y todas pobladas, y so haoen guerra la una á la otra, aunque 
estos son muy simplices y muy lindos cuerpos de hombres." 

Lunes 15 de Octubre. 

^^Habia temporejado esta noche con temor de no Ifbgar á tierra á sorgir 
antes de la mañana por no saber si la costa era limpia de bajas, y en ama- 
net^iendo cargar velas. Y como la isla fuese mas lejos de cinco leguas, antes 
será siete, y la marea me detuvo, seria medio dia cuando llegue; á la dicha 
isla, y fallé que aquella haz, qués de la parte de la isla de San Salvador j 
se COITO Norte Sur, y hay en ella cinco leguas, y la otra que yo seguí se 
corría Leste Oueste, y hay en ella mas de diez leguas. Y como desta isla 
vide otra mayor al Oueste, cargué las velas por andar todo aquel dia fasta 
la noche, porque aun no pudiera haber andado al cabo del Oueste, á la cual 
puse nombre la isla de Santa María de la Concepción, y cuasi al poner del 
sol sorgi acerca del dicho cabo por saber si habia allí oro, porque estos que 
yo habia hecho tomar en la isla de San Salva<lor me docian que ahí traian 
manillas de oro muy grandes á las piernas y á los brazos. Yo bien creí que 
todo lo que decian era burla para se fugir. Con todo, mi voluntad era de no 
pasar por ninguna isla de que no tomase posesión, puesto que tomado de 
una se puede decir de todas; y sorgí é estuve hasta hoy Martes que en ama- 
neciendo fui á tierra con las barcas armadas, y salí, y ellos que eran muchos 
así desnudos, y de la misma condición de la otra isla do San Salvador, nos 
dejaron ir por la isla y nos daban lo que les pedia. Y porque el viento car- 
gaba á la traviesa Sueste no me quise detener y partí para la nao, y una 
almadia grande estaba abordo de la carabela Nina, y uno de los hombres 
de la isla de San Salvador, que en ella era, se echó á la mar y se fué en 
ella, y la noche de antes á medio echado el otro ( 1 ) y fué atrás la al- 

madia, la cual fngié que jamas fué barca que le pudiese alcanzar, puesto 
que le teniamos grande avante. Con todo dio en tieri-a, y dejaron la alma- 
dia, y algunos de los de mi compañía salieron en tierna tras ellos, y todos 
fngeron como gallinas, y la almadia que habian dejado la llevamos abordo 
de la carabela Niña, adonde ya de otro cabo venia otra almadia pequeña 
con un hombre que venia á rescatar un ovillo de algodón, y se ediaron al- 
gunos marineros á la mar porque él nojípieria entrar en la carabela, y le to- 
maron; y yo que estaba á la poj>a de la nao, que vide todo, envié por él, y 
le di nn bonete colorado y unas cuentas de vidrio verdes pequeñas que le 
puso al brazo, y dos cascabeles que le puse á las orejas, y le mandé volver 
su almadia que también tenia en la barca, y le envié á tierraj y di luego la 
vela para ir á la otra isla grande que yo via al Oueste, y mandé largar tam- 
bién la otra almadia que traiala carabela Niña por popa, y vide después en 
tierra al tiempo de la llegada del otro á quien yo habia dado las cosas suso- 
dichas, y no le habia querido tomar el ovillo de algodón, puesto que el me 
lo quena dar; y todos los otros se llegaron á él, y tenia á gran maravilla é 


(1) Con la inÍDteligibla escritura de esta palabra en el original, y el vaoío 6 hueco que 
sigue, queda obscuro el sentido del período. Acaso quiso decir: y la noche de ante» al me- 
dio M echó el otro á nado, y fue cUrát la almadia Ac. 


62 TEATRO CUBANO. 


bien le pareció qae eramos buena gente, y que el otro que se había fúgido 
no babia hecho algún daño y que por esto lo llevábamos, y á esta razón usé 
esto con él de le mandar alargar, y le di las dichas cosas porque no tuvie* 
sen en esta estima, porque otra vez cuando vuestras Altezas aquí tomen á 
enviar no hagan mala compañía; y todo lo que yo le di no valia cuatro ma- 
ravedís. Y así parti. que serian las diez horas, con el viento Sueste y to- 
caba de Sur para pasar á estotra isla, la cual es grandísima, y adonde todos 
estos hombres que yo traigo de la de San Salvador hacen señas de que hay 
muy mucho oro, y que lo traen en los brazos en manillas, y á las piernas, y 
á las orejas, y al nariz, y al pescuezo. Y habla de esta isla de Santa Ma- 
ría á esta otra nueve leguas Leste Oueste, y se corre toda esta parte de la 
isla Norueste Sueste, y se parece que bien habría en esta costa mas de vein- 
te y ocho leguas en esta faz, y es muy llana sin montaña ninguna, así como 
aquellas de San Salvador y de Santa María, y todas playas sin roquedos, 
salvo que á todas hay algunas peñas acerca de tierra debajo del agua, por 
donde es menester abrir el ojo cuando se quiere stirgir é no surgir mucho 
acerca de tierra, aunque las aguas son siempre muy claras y se ve el fondo. 
Y desviado de tierra dos tiros de lombarda hay en todas estas Islas tauto 
fondo que no se puede llegar á él. Son estas Islas muy verdes y fértiles, 
y de «res muy dulces, y puede haber muchas cosas que yo no sé, porque 
no me quiero detener por calar y andar muchas Islas por fallar oro. Y pues 
estas dan así estas señas que lo traen á los brazos y á las piernas, y es oro 
porque les amostré algunos pedazos del que yo tengo, no puedo errar con 
el ayuda de nuestro Señor que yo no le falle adonde nace. Y estando á 
medio golfo destas dos Islas es de saber de aquella de Santa María y de es- 
ta grande, á la cual pongo nombre la Femandina, fallé un hombre solo en 
una almadía que se pasaba de la isla de Santa María á la Femandina, y 
traía un poco de su pan, que serí» tanto como el puño, y una calabaza de 
agua, y un pedazo de tierra bermeja hecha en polvo y después amasada, y 
unas hojas secas que debe ser cosa muy apreciada entre ellos, porque ya me 
trujeron en San Salvador dellas en presente, y traía un cestillo á su guisa 
en que tenia un ramalejo de cuentecillas de vidrio y dos blancas, por las 
cuales conocí quel venia de la isla de San Salvador, y había pasado á aque- 
lla de Santa María, y se pasaba á la Femandina, el cual se llegó á la nao; 
yo le hice entrar, que asi lo demandaba él, y le hice poner su almadi i en la 
nao, y guardar todo lo que el traía; y le mandé dar de comer pan y miel, y 
de beber; y así le pasaré á la Femandina, y le daré todo lo suyo, porque dé 
buenas nuevas de nos para á nuestro Señor aplacíendo, cuando vuestras Al- 
tezas envíen acá, que aquellos que vinieren resciban honra, y nos den de to- 
do lo que hobieré.^ 

Martes 16 de Octubre. 

''Partí de las isUxs de Santa María de la Concepción^ que sería ^a cerca 
de medio día, para la isla Fernandina, la cual amnestra ser grandísima al 
Oueste, y navegué todo aquel día con calmería; no pude llegar á tiempo de 
poder ver el fondo para surgir en limpio, porque es en esto mucho de haber 
ffran diligencia por no perder las anclas; y asi temporicé toda esta noche 
hasta el día que vine á una población, adonde yo surgí, é adonde había ve- 


IonaCío J. t)E ÜRROTIA. 63 


nido aquel hombre que yo hallé ayer en aquella almadia á medio golfo, el 
cual habia dado tantas buenas nuevas de nos que toda esta noche no faltó 
almadias aborda de la nao, que nos traian agua y de lo que tenian. Yo á 
cada uno le mandaba dar algo, es á saber algunas contecillas, diez ó doce 
dellas de vidrio en un filo, y algunas sonajas de latón destas que valen en 
Castilla un maravedí cada una, y algunas agujetas, de que todo tenian en 
grandísima excelencia, y también los mandaba dar para que comiesen cuan- 
do venian en la nao miel de azúcar; y después á horas de tercia envié el ba- 
tel de la nao en tierra por agua, y ellos de muy buena gana le enseñaban á 
mi gente adonde estaba el agua, y ellos mismos traian los barriles llenos al 
batel, y se folgaban mucho de nos hacer placer. Esta isla es grandísima y 
tengo determinado de la rodear, porque según puedo entender en ella, ó cer- 
ca della, hay mina de oro. Esta isla está desviada de la de Santa María 
ocho leguas cuasi Leste Oueste; y este cabo adonde yo vine, y toda esta cos- 
ta se corre Nomorueste y Sursueste, y vide bien veinte leguas de ella, mas 
ahi no acababa. Agora escribiendo esto, di la vela con el viento Sur para 
pujar á rodear toda isla, y trabajar hasta que halle Samaoty que es la isla 6 
ciudad adonde es el oro, que aqui lo dicen todos estos que aqui vienen en la 
nao, y nos lo decian los de la isla de San Salvador y ^e Santa María. Es- 
ta gente es semejante á aquella de las dichas islas, y una fabla y unas cos- 
tumbres, salvo questos ya me parecen algún tanto mas doméstica gente, y 
de tracto, y mas sotiles, porque veo que han traido algodón aqui á la nao y 
otras cositas que saben mejor refetar (1) el pagamento que no hacian los 
otros; y aun en esta isla vide paños de algodón fechos como mantillos, f la 
mte mas dispuesta, y las mugeres traen por delante su cuerpo una cosita 
le algodón que escasamente les cobija su natura. Ella es isla muy verde 
y llana y fértilísima, y no pongo duda que todo el año siembran panizo y 
cogen, y asi otras cosas; y vide muchos árboles muy disformes de los nues- 
tros, y dellos muchos que tenian los ramos de muchas maneras y todo en un 
pie, y un ramito es de una manera y otro de otra, y tan disforme que es la 
mayor maravilla del mundo cuanta es la diversidad de la una manera á la 
otra, verbi gracia, un ramo tenia las fojas á manera de c^as y otro de ma- 
nera de lentisco; y asi en un solo árbol de cinco ó seis de estas maneras; y 
todos tan diversos: ni estos son enjeridos, porque se pueda decir que el en- 
te lo hace, antes son por los montes, ni cura dellos esta gente. No le co- 
nozco secta ninguna, y creo que muy presto se tomarían cristianos, porque 
ellos son de muy buen entender. Aquí son los peces tan disformes de los 
nuestros qués maravilla. Hay algunos hechos como gallos de las mas finas 
colores del mundo, azules, amarillos, colorados y de todas colores, y otros 
pintados de mil maneras; y las colores son tan finas que no hav hombre que 
no se maraville y no tome gran descanso á verlos. También hay ballenas: 
bestias en tierra no vide ninguna de ninguna manera, salvo papamyos y 
lagartos; un mozo me dijo que vido una grande culebra. Ovejas ni cabras 
ni otra ninguna bestia vide; aunque yo he estado aquí muy poco, que es 
medio dia, mas si las hobiese no pudiera errar de ver alguna. El cerco 
desta isla escribiré después que yo la hobiere rodeado." 

(1) Aeuo rtferiar, t. a. Mit. contradecir^ repugaar» reiiitiri reusar 6 regatear. 


64 TEATRO CUBANO. 


Miércoles 17 de Octubre. 

^^A medio dia partí de la población adonde yo estaba surgido, y adonde 
tomé agua para ir rodear esta isla Fernandina, y el viento era Sadaeste y 
Sur; y como mi voluntad fuese de seguir esta costa desta isla adonde yo es- 
taba al Sueste, porque asi se corre toda Nomorueste y Suisueste, y quería 
llevar el dicho camin§ del Sur y Sueste, porque aquella parte todos estos 
indios que traigo y otro de quien bobo señas en esta parte del Sur á la isla 
á que ellos llaman Samoet, adonde es el oro; y Martin Alonso Pinzón, ca- 
pitán de la carabela Pinta, en la cual yo mandé á tres de estos indios, vino 
á mí y me dijo que uno del los muy certificadamente le habia dado á enten- 
der que por la parte del Nomorueste muy mas presto arrodearía la isla. Yo 
vide que el viento no me ayudaba por el camino que yo quería llevar, y era 
bueno por el otro: di la vela al Nomorueste, y cuando fué acerca del cabo 
de la isla, á dos leguas, hallé un muy maravilloso puerto con una boca, 
aunque dos bocas so le puede decir, porque tiene un isleo en medio, y son 
ambas muy angostas, y dentro muy ancho para cien navios ú fuera fondo y 
limpio, y fondo á la entrada: parecióme ra/.on del ver bien y sondear, y así 
surgi fuera del, y fui en él con todas las barcas de los navios, y vimos que 
no habia fondo. Y porque pensé cuando yo le vi que era boca de algún 
río habia mandado llevar barriles para tomar agua, y en tierra hallé unos 
ocho ó diez hombres que luego vinieron á nos, y nos amostraron ahi cerca 
la población, adonde yo envié la gente por agua, una parte con armas otros 
con i^arríles, y así la tomaron; y porque era lejuelos me detuve por espacio 
de dos horas. En este tiempo anduve así por aquellos ái'boles, que era la 
cosa mas fermosa de ver que otra que se haya visto; veyendo tanta verdura 
en tanto grado como en el mes de Mayo en el Andalucía, y los árboles to- 
dos están tan disformes de los nuestros como el dia de la noche; y así las 
yerbas y las piedras y tmias las cosas. Verdad es que algunos árboles 
era de la naturaleza de otros que hay en Castilla, por ende habia muy gran 
diferencia, y los otros árboles de otras maneras eran tantos que no hay per- 
sona que lo pueda decir ni asemejar á los otros de Castilla. La gette ioda 
era una con los otros ya dichos, de las mismas condiciones, y así desnudos 
y de la misma estatura, y daban de lo que tenían por cualquiera cosa que 
les diesen; y aquí vide que unos mozos de los navios les trocaron azagayas 
por unos pedazuelos de escudillas rotas y de vidrío, y los otros que fueron 
por el agua me dijeron como habían estado en sus casas, y que eran de den- 
tro muy barrídas y limpias, y sus camas y paramentos de cosas que son 
como redes de algodón: ellas las casas son t€¡das á manera de alíaneques, y 
muy altas y buenas chimeneas; mas no vide entre muchas poblaciones que 
o vide ninguna que pasase de doce hasta quince casas. Aquí fallaron que 
as mugeres casadas traian bragas de algodón, las mozas no, sino salvo al- 
gunas que eran ya de diez y ocho años. Y ahí habia perros mastines y 
brancbetes, y ahí fallaron uno que habia al naríz un pedazo de oro, que se- 
ría como la mitad de un castellano, en el cual vieron letras: reñí yo con 
con ellos porque no se lo resgataron y dieron cuanto pedia, por ver que era 
y cuya esta moneda em; y ellos me respondieron que nunca se la osó resga- 
tar. Después de tomada la aguaTvolví á la nao, y di la vela, y^salí al 
Noroeste tanto que yo descubrí toda aquella parte de la isla hasta la costa 


li 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTlA» — .z^ :66 


q«ie secone Leste Ooeste, y después todos estos indios tonutton'á decir que 
esta isla era mas pequeña que no la isla Samoet^ y que 48eria bien y<dv«r 
atrás por ser en ella mas piesto. El viento allí luego mas calmó y comen^ 
zó á ventar Ouesnomeste, el cual era contrarío para donde .habinmoe y^m^ 
dO| y así tomé la vuelta y navegué toda esta noche pasada al Lestesu^stc^ y 
cuando al Leste todo y cuando al Sueste^ y esto paiaiapartarme de la 'üeiv 
ra porque hacia muy gran cerrazón y el tiempo muycargadot el era pooo>7 
no me dejó llegar á tierra á surgir. Así que esta noche llovió tntiy íáeite 
después de media noche hasta cuasi el dia, y aun está nublado paralleveri 
y nos al cabo de la isla de la parte del Sueste adonde espero surgir teta 
que aclarezca para ver las otras islas adonde tengo de ir, y así todos ^ éstos 
dias después que en estas Indias estoy^ ha llovido poco ó muehoi Crean 
vuestras Altezas que es esta tierra la mejor é mas fértil, y temperada, y 
llana, y buena que haya en el mundo." 

4 

Jueves 8 de Octubre. 

'^Después que aclaresció seguí el viento, y fui en deniedpr de !& isla 
cuanto pude, y surgí al tiempo que ya no era de navegar; mas no fui en 
tierra, y en amaneciendo di la vela." 

Viémes 19 de Octubre. 

''En amaneciendo levanté las anclas y envié la carabela Pinta al Leste 
y Sueste, y la carabela Ni&a al Sursueste, y yo con la nao luí al Sueste, y 
dado orden que llevasen aquella vuelta fasta medio dia, y deqines/qne am- 
bas se mudasen las derrotas, y se recocieran para mí; y luego antes que 
andásemos tres horas vimos una isla al Lefite, sobre la cual deacaigatwto, j^ 
llegamos á ella todos tres navios antes de medio dia á la punta, del Norte, 
adonde hac^ un isleo y una restinga de piedra fuera de él al Noite^ y 'Otro 
entre él y la isla grande; la cual anombraron estos hombres deSkm Sáknü 
doTj que yo traigo, la isla Scuy/nete, á la cual pose nombre la IboMcl - £1 
viento era Norte, y quedaba el dicho iselo en derrota de la isla F^mandmai 
de adonde yo había partido Leste cueste, y se corría después la costa desde 
el isleo al Oueste; y habia en ella doce leguas fasta un eabo, 4 quisn yo 
llamé el Cabo hermoso^ que es de la parte del Oueste; y así es Isrmoso^ nr 
dondo y muy fondo, sin bajas fuera de él, y al comienzo es de ¡nedra y bar- 
jo, y mas adentro es playa de arena como cuasi la dicha costa es, y aU 
surgí esta noche Viémes hasta la mañana. Esta costa toda, y. la parte de 
la isla que yo vi, es toda cuasi playa, y la isla mas feímosa cesa qm yo víj^ 
que si las otras son muy hermosas, esta es mas: es de muchos árboles y 
muy verdes, y muy grandes; y esta tierra es mas alta que las otras islas fa- 
lladas, y en ella algún altillo, no que se le pueda llamar monti^ia, mas co- 
sa que afermosea lo otro, y parece de muchas aguas allá al medio de las is? 
las; de esta parte al Nordeste hace una grande angla, y ha muchos arbole- 
dos, y muy espesos y muy grandes. Yo quise ir á surgir en ella para salir 
á tierra, y ver tanta fermosura; mas era el fondo bajo y no podia surgir sal- 
vo largo de tierra, y el viento era muy bueno para venir á este cabo, adon- 
de yo surgí agora, al cual puse nombre Cabo Fermoso, porque así lo es; y 

Tomo ü. 9 


66 TEATRO CUBANO. 


así no sorgí en aqaella angla, y aun porqne vide este cabo de allá tan ver- 
de y tan fennoso, así como todas las otras cosas y tierras destas islas que 
yo no sé adonde me vaya primero, ni me sé cansar los ojos de ver tan fer- 
mosas verduras y tan diversas de las nuestras, y aun creo que ba en ellas 
mucbas yerbas y muchos árboles, que valen mucho en España para tintu- 
ras y para medicinas de especería, mas yo no los cognozco, de que llevo 
grande pena. Y llegiando yo aquí á este cabo vino el olor tan bueno y 
suave de flores ó árboles de la tierra que era la cosa mas dulce del mundo. 
De maSana antes que yo de aquí vaya iré en tierra á ver que es aquí en 
el cabo; no es la población salvo allá mas adentro adonde dicen estos hom- 
bres que yo traigo, que está el Bey y que trae mucho oro; y yo de maña- 
na quiero ir tanto avante que halle la población, y vea 6 haya lengua con 
este Rey, que se^n estos dan las señas él señorea todas estas islas comar- 
canas, y va vestido, y trae sobre sí mucho oro; aunqe no doy mucha fé á 
sus decires, así por no los entender yo bien, como en cognoscer quellos son 
tan pobres de oro que cualquiera poco que este Rey traiga les parece á ellos 
mucho. Este á quien yo digo tíibo Fennoso creo que es isla apartada de 
SctometOf y aun hay ya otra entremedias pequeña; yo no cmx) así de ver 
tanto por menudo, porque no lo podia facer en cincuenta años, porque quie- 
ro ver y descubrir lo mas que yo pudiere para volver á vuestras Altezas, á 
nuestro Señor aplaciendo, en Abril. Verdad es que fallando adonde haya 
oro 6 especería en cantidad me déteme fasta que yo haya dello cuanto pu- 
diere; y por esto no fago sino andar para ver de topar en ello.'' 

Sábado 20 de Octubre. 

''Hoy al sol salido levanté las anclas de donde yo estaba con la nao sur- 
gido en esta isla de Saometo al cabo del Sndueste, adonde yo puse nombre 
el Cabo de la Laguna y á la isla la Isabelaj para navegar al Nordeste y al 
Leste de la parte del Sueste y Sur, adonde entendí de estos hombres que 
yo traigo que era la población y el Rey de ella; y fallé todo tan bajo el 
fondo que no pude entrar ni navegar á ello, y vide que siguiendo el cami- 
no del Sudueste era muy gran rodeo, y por esto determiné de me volver 
por el camino que yo habia traido del Nornordeste de la parte del Oueste, 
y rodear esta isla para (1) el viento me fué tan escaso que yo no 

nunca pude haber la tierra al longo de la costa salvo en la noche; y por 
qués peligro surgir en estas islas, salvo en el dia que se vea con el ojo adon- 
de se echa el ancla, porque es todo manchas, una de limpio y otra de non, 
yo me puse á temporejar á la vela toda esta noche del Domingo. Las ca- 
rabelas surgieron porque se hallaron en tierra temprano, y pensaron que á 
sus señas, que eran acostumbradas de hacer, iría á surgir; mas no quise/' 

Domingo 21 de Octubre, 

''A las diez horas llegué aquí á este cabo del isleo, y surgí y asimismo 
las carabelas; y después de haber comido fui en tierra, adonde aquí no ha 
bia otra población que una casa, en la cual no fallé á nadie que creo que 

(1) Igval vaeío en el original. Parece falta reconocer/a. 


IGNACIO J DE ÜRRUTIA. 67 


con temor 86 habían f agido porque en ella estaban todos sus aderezos de 
casa. Yo no les dejé tocar nada, salvo que me salí con estos capitanes . y 
gente á ver la isla; que si las otras ya vistas son muy fermosas y verdes y 
fértiles, esta es mucho mas y de grandes arboledos y muy verdes. Aquí es 
unas grandes lagunas, y sobre ellas y á la rueda es el arboledo en maravi- 
lla, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las yerbas como en el Abril 
en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos que paréCe que el hombre nun- 
ca se querria partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen 
el sol; y aves v pajaritos de tantas maneras, y tan diversas de las nuestras 
que es maravilla; y después ha árboles de mil maneras, y todos de su mane- 
ra fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el mas penado del 
mundo de no los cognoscer, porque soy bien cierto que todos son cosa de va- 
lía, y de ellos traigo la demuestra y asimismo de las yerbas. Andando así 
en cerco de una destas lagunas vide una sierpe, la cual matamos y traigo el 
cuero á vuestras Altezas. Ella como nos vido se echó en la laguna, y nos 
le seguimos dentro, porque no era muy fonda, fasta que con lanzas la mata- 
mos; es de siete palmos en largo; creo que destas semejantes hay aquí en es- 
ta laguna muchas. Aquí cognoscí del lináloe, y mañana he determinado de 
hacer traer á la nao diez quintales, porque me dicen que vale mucho. Tam- 
bién andando en busca de muy buena agua fnimos á una población aquí 
cerca, adonde estoy surto media legua; y la gente della como nos sintieron 
dieron todos á fugir, y dejaron las casas, y escondieron su ropa y lo que te- 
nían por el monte; yo no dejé tomar nada ni la valia de un alfiler. Des- 
pués se llegaron á nos unos hombres dellos, y uno se llegó del todo aquí: 
yo di unos cascabeles y unas cuentecillas de vidrio, y quedó muy contento 
y muy alegre, y porque la amistad creciese mas y los requiriese algo le hice 
pedir agua, y ellos después que fui en la nao vinieron luego á la playa con 
sus calabazas llenas y folgaron mucho de dárnosla, y yo les mandé dar otro 
ramalejo de cuentecillas de vidrio, y dijeron que de mañana venian acá. 
Yo quería hinchir aquí toda la vasija de' los navios de agua; por ende si el 
tiempo me da In^ir luego me partiré á rodear esta isla fasta que yo haya 
lengua con este Rey, y ver si puedo haber del el oro que oyó que trae, y 
después partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, 
según las señas que me dan estos indios que yo traigo, á la caal ellos lla- 
man CcUba, en la cual dicen que ha naos y mareantes muchos y muy gran- 
des, y de esta isla otra que llaman Bosio que también dicen qués muy gran- 
de, y á las otras que son entremedio veré asi de pasada, y según yo fallare 
recaudo de oro ó especería determinaré lo que he de facer. Mas todavía 
tengo determinado de ir á la tierra firme y á la ciudad de €hiisayj y dar las 
cartas de vuestras Altezas al Chran Can y pedir respuetsa y venir con 
ella.'' 

Lunes 22 de Octubre. 



"Toda esta noche y hoy estuve aquí aguardando si el Bey de aquí ó otras 
personas traerían oro ó otra cosa de sustancia, y vinieron muchos de esta 
eente, semejantes á los otros de las otras islas, asi desnudos, y asi pintados, 
dellos de blimco, dellos de colorado, dellos de príeto, y asi de mudias ma- 
neras. Traían azagayas y algunos ovillos de algodón á resgatar, el oual 


68 TEATRO CUBA.no. 

• TI , , 

trocaban aqní con algunos marineros por pedazos de vidrio, de tazas que- 
bradas^ y por pedazos de escadillas de barro. Algunos dellos traían algu- 
nos pedaBOS'de oro colgado al nariz, el cual de buena gana daban por un 
cascabel destos de pie de gavilano y por cuentecillas de vidrio: mas es tan 
pooo^ que no es nada: que es verdad que cualquiera poca cosa que se les dé 
el)o6 taiiibi<Mi tenían á gran maravilla nuestra venida, y creian que eramos 
vémdoa-del cielo. Tomamos agua para los navios en una laguna que aquí 
está aoeroa del oabo M isleOj que así la nombré; y en la dicha laguna Mar- 
tin Alonso Pinzón, capitán de la Pinta, mató otra sierpe tal como laotrade 
ayer de ^iete palmos, y fice tomar aquí del lináloe cuanto se faUó." 

Martes 23 de Octubre. 

^'Quisiera hoy partir para la isla de Cviba, que creo que debe ser Cipan- 
go según las sefias que dan esta gente de la grandeza della y riqueza, y no 
me déteme mas aqi¿ ni (1) esta isla ai rededor para irá la población, 

como tenia determinado, para haber lengua con este Rey <S Señor, que es 
por no me detener mucho, pues veo que aquí no hay mina de oro, y al ro- 
dear de estas islas ha menester muchas maneras de viento, y uo vienta asi 
cómo les hombres querrían. Y pues es de andar adonde haya trato grande, 
dij^ que no es razón de se detener salvo ir á camino, y calar mucha tierra 
fastft topar en tierra muy provechosa, aunque mi entender es qnesta sea muy 
provechosa de especería; mas que yo no la cognozco que llevo la mayor pe- 
na del mundo, que veo mil maneras de árboles que tienen cada uno su ma- 
nera' de fruta, y verde agora como en España en el mes de Mayo y Junio, 
y mil maneras de yerbas, eso mesmo con flores, y de todo no se cognosció 
salvo este lináloe de que hoy mandé también traer á la nao mucho para lle- 
var á vuestras Altezas. Y no he dado ni doy la vela para Cuba, porque no 
hay viento, salvo calma muerta y llueve mucho; y llovió ayer mucho sin 
hacer nmgun frió, antes el dia hace calor, y las noches temperadas como en 
Mayo en España en el Andalucía.'' 

Miércoles 24 de Octubre. 

"Esta noche á media noche levanté las anclas de la isla Isabda del ca- 
bo dd^isleOf qnes de la parte del Norte á donde yo estaba posado para ir á la 
iéla de OMa, á donde of desta gente que era muy grande y de gran trato, y 
ba^Ma ^n -6lla on> y especerías y naos grandes y mercaderes; y me amostró 
qoe al Oaesadneste ina á ella, y yo asi lo tengo, porque creo que sf es asi 
eomo por'eefias qn^me hicieron todos los indios de estas islas y aquellos 
qpe llevo yo en los navios, p<M:qne por lengua no los entiendo^ es la isla de 
Cipart^ie que se ouentan cosas maravillosas; y en las espenas que yo vi f 
én las pintaras de mapamundos es ella en esta comarca, y asi navegué faUta 
el dia al Oaesadneste, y amaneciendo calmo el viento y llovió; y así casi 
toda la noche; y estuve asi con poco viento fasta que pasaba de medio <Ua y 
entonces tomó á ventar mny amoroso, y llevaba todas mis velas de la nao, 
maestra/ y '^doB bonetes, y trinquete, y cebadera, y mezana, y vela de gavia, 


(1) Ifvt] vaoío en él origlnaL 


IGNACIO J. DE URRUTIA.. 6£l 


»^* 


y el batel por popa; asi andave al camino fasta que anocheció y entonces 
me qnedaba el Oabo Verde de la isla Fernandinay el cual es de la parte de 
Sar á la parte de Oneste, me quedaba el Noraeste, y hacia de mí á él siete 
leguas. Y porque ventaba ya recio y no sabia yo cuanto camino hobiese 
fasta la dicha isla de CubUy y por no la ir á demandar de noche, porque to- 
das estas islas son muv fondas á no hallar fondo todo en derredor, salvo á 
tiro de dos lombardas, y esto es todo manchado un pedazo de roquedo y otro 
de arena, y por esto no se puede seguramente surgir salvo á vista de ojo, y 
por tanto acorde de amainar las velas todas, salvo el trinquete, y andar con 
él, y de á un rato crecia mucho el viento y hacia mucho camino de que du- 
daba, y era muy gran cerrazón, y llovía: mandé amainar el trinquete y no 
anduvimos esta noche dos leguas &;c." 

Jueves 25 de Octubre. 

NavegíS después del sol salido al Cueste Sudueste hasta las nueve ho- 
ras, andarían cinco leguas: después mudó el camino al Cueste: andaban 
ocho millas por hora hast^ la una después de medio dia, y de allí hasta las 
tres, y andarían cuarenta y cuatro millas. Entonces vieron tierra, y eran 
siete á ocho islas, en luengo todas de Norte á Sur: distaban de ellas cinco 
leguas Scc. 

Viernes 26 de Octubre. 

Estuvo de las dichas islas de la parte del Sur, era todo bajo cinco ó seis 
leguas, surgió por allí. Dijeron los indios que llevaba que habia dellas 4 
Cuba andadura de dia y medio con sus almadias, que son navetas de un ma- 
dero adonde no llevan vela. Estas son las canoas. Partió de allí para 
CubUj porque por las señas que los indios le daban de la grandeza y del oro 
y perlas della pensaba que era ella, conviene á saber Cipango. 

Sábado 27 de Octubre. 

Levantó las anclas salido el sol de aquellas islas, que llamó las islas de 
Arena por el poco fondo que tenían de la parte del Sur hasta seis leguas. 
Anduvo ocho millas por hora hasta la una del dia al Sursudueste, y habrían 
andado cuarenta millas, y hasta la noche andarían veinte y ocho millas al 
mesmo camino, y antes de noche vieron tierra. Estuvieron la noche al re- 
paro con mucha lluvia que llovió. Anduvieron el Sábado fasta el poner 
del sol diez y siete leguas al Sursudueste. 

Domingo 28 de Octubre. 

Fué de allí en demanda de la isla de Cuba al Sursudueste, á la tierra 
della mas cercana, y entró en río muy hermoso y muy sin peligro de bajas 
ni otros inconvenientes, y toda la costa que anduvo por allí era muy hondo 
y muy limpio fasta tierra: tenia la boca del río doce brazas, y es bien ancha 
para barloventear; surgió dentro, diz que á tiro de lombarda. Dice el Al- 
mirante que nunca tan hermosa cosa vido, lleno de árboles todo cercado el 
río, fermosos y verdes y diversos de los nuestros, con flores y con su fruto. 


70 TEATRO CI7BAN0. 


cada UQu de sa oiiuiera. Aveí*^ maehat» y pajaritos «[ue cantaban may dnlce- 
ineute: habia ^ran cantidad de paluuk» (I) de otra manera qne lasdeGümem 
y de las nuestras; de iiifa estatura meiiiana y los pies ún ai^uella camisa» y 
las hojas muy grandes» con las cuales cobijan las casas; la tierra muy llana; 
¡«altó el Almiiaute en la han.*a y fué á tierra, y lleg*) «i <los casas qne crey«i 
ser de peseaiiores y t^e cuu temor :?e huyeron, en una de las cuales bailó 
un perro «lue nunca lailn». y en ambas casas halltí reales de hilo de palma j 
cordeles, y anzuelo de cueruo, y dsicas de hueso y otnis aparejos iie pescar, 
y muchos hues4)s dentro, y crey>'> que en caiia una casa se juntan mocLaa 
jfiersonas: mandó (^ue no se tocase en cosa de todo ello, y así s« hizo. La 
yerba era i^nde como eu el Andalucía por Abril y Mayo. Halló verdo- 
lagas muchas y ble<ios. Tomóse a la barca y anduvo por el rio arriba un 
buen rato, y «liz «pie eia «^ran placer ver aquellas verduras y arboledas» r 
de las aves t^ue no potlia de jallas para se volver. Dice que es aqnella isla 
la mar hermosa que ojos hayan visto, llena de muy buenos puertim y ríos 
hondos» y la mar t^ue parecía que nunca se debía de alzar porque la yerba 
de la playa llegaba hasta cuasi el agua, la cual no suele ll^ar donde la 
mar es brava: hasta eutiínces no había esperimentado en todos aqnellaa 
islas que la mar fuese brava. La isla, dice, que es llena de montañas muy 
hermosas, aunque no :$ou muy grandes en U>ngnra salvo altas y toda la 
otra tierra es alta de la manera de Sicilia: llena es de muchas agoas^ según 
pudo entender de los indios que consigo lleva, que tomó en la isla de Gua- 
fUitjani^ los cuales le diceu por señas que hay diez ríos grandes^ y ([ue con 
sus canoas no la pueblen cercar eu veinte dias« Cuando iba á tierra con 
los navios saliexon dos alunulias <» canoas^ y como vieron (|tte los marnierots 
entraban en la barca y remaban para ir d ver el fondo del rio para saber 
donde habían de surgir, huyeron las canoas. Decían los inilios que en aqne> 
Ha isla había minas de oro y [>erlas» y vido el Almirante lugar apto paia 
ellas y almejas, ques seüal dellos> y entendía el Almirante que allí venían 
naos del Gran Can, y grandes, y (|ue de allí á tierra tirme había jomada 
de diez días» Llamó el Almirante ai|uel río y puerto de Stxn Stdwidor. 


(l) SipMM» de pftiBwi difwatM d« laa rwüaii caast S^tam, 7«nj» Ha. 


Ignacio j. de ürrüTia. Ifl 


CAPITULO II. 

Adquiere el Almirante noticia de una tierra gran- 
de LLAMADA CuBA, LA SOLICITA Y DESCUBRE, Y RE- 
CONOCIENDO PARTE DE SUS COSTAS, TOMA INDIOS QUE 

CONDUCIR A Castilla. 


I. Entre las noticias que adquirió nuestro Almi- 
rante de los habitantes de la IsiaFernandlna, é Isabe- 
la fué de primera atención, el haber una que llamaban 
Coba, cuya magnitud ponderaron designándola á la 
parte del Sur, y cuya instrucción es el objeto de esta 
obra. Dirigió su navegación hacia este rumbo y un 
Sábado 27 de Octubre de 1492, descubrió sus costas, 
al tiempo que el Sol en Occidente despedia los últi- 
mos rayos de su luz; cuya falta y la de conocimiento 
de los mares en que se hallaba, le obligaron á temer 
prudentemente su arribo, y con tan justas causas, se 
mantuvo á la capa, y buena guardia, esperando la 
vuelta del dia. 

IL Amaneció la siguiente aurora, anunciando 
mejores luces á Cuba, pues dia del Señor nacia para 
él mismo en la primera preparación de su ley Evan- 
gélica. Acercándose el Almirante á sus costas (1) 

(I) Herrera en su Historia general de Indias. Decada I* Lib. I. Cap. 
XIlI y XIV, y remisivamente Solorzano de Jure Indianim. Lib. I. Gap. 
V. núm. 20. Aunque con la equivocación de tener por distintas á Ouanaja- 
ni é isla espaSola. 


72 TfiATRO CUBANO 


miró su terreno y le halló mejor que los demás hasta 
entonces vistos. Admird sus espesos bosques y pei- 
nados cerros, la altura de sus montes vestidos de cor- 
pulentos árboles, con diversidad de flores y fmtos, 
distintos de los de Europa y en estación tan extraña. 
Celebró sus hermosas campiñas y espaciosas riberas, 
y concluyó á vista del conjunto afirmando (como Dios 
al repasar su obra del Universo) (1) que era muy bue- 
na. Dio a esta Isla el nombre de Juana, en obsequio 
del príncipe D. Juan, entrando sus bajeles en un río 
que llamó San Salvador. 

III. Avistáronse desde éste dos casas situadas en 
la ríbera, y algunos naturales que las habitaban, con 
cuyo motivo y para adquirír de éstos noticias del 
terreno, dispuso se comunicasen. Saltaron en tierra 
con este designio algunos españoles, pero no consi- 
guieron el fin, porque los que las asistían sorprendi- 
dos á la novedad de unos buques y gentes nunca vis- 
tas, se ocultaron en los bosques. Reconociéronse en 
dichas casas algunas redes y otros aparejos de pes- 
quería, y un pequeño perro, de quien se recomienda 
justamente la calidad particular de no ladrar, y como 
era tan importante á sentar con obras de buena fe y 
amistad de los forasteros se prohibió la percepción 
de lo mas leve. Hizose á la vela y costeando al Este 
reconoció otro rio que llamó de la Luna, en cuya ins- 
pección no tuvo por oportuno detenerse. 

IV. Continuando el expuesto rumbo y costa, des- 
cubrió un tercer río, que nombró de los Mares, cuyas 
márgenes se notaron muy pobladas de casas, pero sus 
habitantes sorprendidos también de la novedad, pro- 
pendieron igualmente á la fiíga, ocultándose en la in- 
mediata montaña. Apretaba á Colon el deseo de ha- 

(1) C^enesis 1. Vidit qae Deas cañeta fecerat et erant valde bona. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 73 

llar el oro (1) y perlas que los indios informaban 
haber en Cuba, y no haciéndosele inverosímil por la 


(I) Dice el que habla en esta relación, que deseando saber si Uabia oro 
en esta Isla, procuró al alférez Francisco Gerónimo, ^^ecino de Cuba, por- 
que sabia estuvo en la parte del Norte en compañia del chantre D, Antonio 
de Moya que fué á ver la mesa del cristal el ^o de 1647. Examinado el 
dicho Francisco Gerónimo, le contó que el chantre llevó á la espedicion un 
indio llamado Mateo Pérez, esplorador de todos aquellos campos y éste le 
enseñó un arroyo donde le aseguró había mucho oro, y que cavando en ana 
higuera sacó nueve puntas de oro del tamaño de semillas de naranja^en que 
no prosiguió trabajando porque aquel día se mudó el chantre dos leguas mas 
arriba, y que le ofreció (al que cuenta el pasage, Francisco Gerónimo) que 
si quería ir con él le enseñaría el arroyo que á su entender era muy rico;^ á 
cuyo convite se manifestó dispuesto, y dentro de pocos dias se aprestaron sa- 
liendo de aquí víspera do San Bartolomé, y por las muchas aguas no pudie- 
ron llegar al arroyo hasta el 8 de Setiembre (á los diez y seis dias) en el 
cual arroyo, dentro de seis horas, porque no sabia lavar como con venia, el 
declarante en diferentes bateadas sacó 160 puntas de oro, sin otras 50 que 
un indio y un español hallaron en un Manacál 

(Siguen ahora otros cuentos que no conducen á nadaj. 

De aquí resulta, (pie suponiéndole á cada grano unos con otros el peso 
de cuatro reales, en los 220 granos escogieron 440 pesos. Luego en igual- 
dad de circunstancias, escavando esa mina y no queriendo sacar de ella mas 
que 220 granos de igual valor que el indicado, en un año nos reharemos de 
143000 pesos. 

Debuoiteko. — Cayendo al río de Mayarí, pasaron y fueron al de Gabó- 
nico, que estará de Mayarí como ocho le^as, y llegando abajo del Sebo- 
ruco que llaman de Gabonico, se pasa del paso de Ilasogo que despide del 
rio y va por un cayo á salir al cascajal, y de allí al río grande de Gabónioo 
siguiendo por derechura al Est-Nordeste donde está el paso del río, y de allí 
á tres leguas al río grande de Libizas y de las monterías de Baraoo; el cual 
río tiene muchos pasos que se pasan hasta dar en uno muy vistoso; y an- 
dando como dos leguas se dá en el mismo río en un peñasco que se halla en 
las corríentes del propio río, por cuyo peñasco sube el agua y cae en un 
charco, y á oríllas de él por donde pasa el rio se sube una cuesta fragosa á 
mano izquierda que hace meseta atríba, pasando unas lajas que suben con el 
agua; y dejando el río á mano izquierda que se oye sonar, á pocos pasos no 
se oye; y apartándose un poco del rio se encuentra un camino arenisco, y á 
poco mas de media legua se baja al arroyo que se llama el Arroyo de las 
Jfanaeas.'— Es copia. — J. Navarro. 

Yo estuve en el arroyo,* pero por camino mas corto, y en efecto se en- 
cuentra oro, solo de 18 á 20 quilates. — J. Navarro. 

Nota. — Un distinguido amigo nuestro que lo era del Sr. Navarro, del 
mas laboríoso tal vez de nuestros socios, sensiblemente arrebatado por la 
muerte, es el que nos ha proporcionado esta ligera noticia que hemos creído 
debíamos publicar. — f Memorias de la Sociedad Patriótica^ t. IX, pág. 354). 

Tomo II. 10 


74 TEATRO CUBANO. 


calidad de su terreno; y porque viendo almejas concep- 
tuó & corta distancia la tierra firme; resolvió tomar 
puerto en este rio. Puesto en el ancla premeditó lo 
que crecería el temor de los naturales, sí sobre la no- 
vedad, se le aujnentaba con la multitud de españoles, 
dificultando en la continuación de su fuga la propor- 
ción de comunicarlos, y aceptó por mejor acuerdo so- 
licitarlos por medio de solos dos españoles y dos 
indios. 

V. Destinó para esta comisión & Rodrigo de Xeres 
vecino de Ayamonte, y á Luis de Torres, que habien- 
do sido judío sabia los idiomas hebreo y caldeo y 
aun se decia comprender el arábigo. Dióles para 
prácticos ó guias, un indio de San Salvador y otro de 
la misma isla de Cuba, que habia llegado á los navios 
en una canoa. Les mandó reconocer la tierra aden- 
tro, no haciendo daño á alguno, é informándose con 
particularidad de cuanto conviniese saber. Les ins- 
truyó de lo que habían de hablar y persuadir á los na- 
turales de parte de los Reyes de Castilla, entregándole 
para mayor incentivo de su atracción, algunas frusle- 
rías, que estimadas por los indios, proporcionaban las 
permutas, conocidas con el nombre de rescates. Y 
asignándoles el término de seis dias en que deberían 
restituirse á su embarcación, fueron puestos en la pla- 
ya y se introdujeron en la tierra. 

VL Entre tanto que los emisarios daban cumpli- 
miento á sus órdenes, se repararon y aderezaron los 
bajeles, y sus navegantes observaban curiosamente 
cuanto como nuevo se presentaba á sus vistas. No- 
taron que de toda la leña que quemaban, salia goma, 
como almáciga, y que en la hoja y fí*uto se asimilaba 
al lentisco, aunque de menor cuerpo. Reconocieron 
la capacidad del rio, cuya amplitud facultaba revolver 
en él los navios sin peligro. Sondearon sus aguas, y 


I 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 76 

le hallaron cinco brazas en la entrada, y de siete á 
ocho en lo interior. Celebraron dos cerros que le do- 
minan a la parte del Sueste y un hermoso cabo que al 
Oes-Norueste se adelanta á la ribera; y finalmente, 
procuraron divertir en otras semejanteS observaciones 
aquel tiempo que durase la necesaria y pesada espera 
de los comisionados. No fueron frustráneas estas in- 
vestigaciones, porque, siendo este puerto el que des- 
pués se llamó de la Asunción de Baracoa, primera 
mansión de los españoles, sirvió aquel conocimiento 
para su mejor uso. 

VII. HBsta el dia cinco de Noviembre no hubo 
noticia alguna de Xerez y Torres; pero en él se pre- 
sentaron acompañados de sus prácticos y de otros tres 
indios de la tierra, informaron que al camino de 
veinte y dos leguas, habian puesto término en una po- 
blación, que aunque reducida a cincuenta casas de pa- 
ja, era asistida hasta de mil personas, porque en cada 
habitación moraba todo un linaje. Que los principa- 
les habian salido á recibirlos, y conduciéndolos en bra- 
zos, los aposentaron en una de dichas casas. Aplau- 
dieron los asientos que usaban, labrados de una pie- 
za á similitud de animal, con brazos y piernas cor- 
tas, cola levantada y cabeza con orejas y ojos de oro. 
Recomendaron el obsequio con que colocados sobre di- 
chos asientos, los tomaron los indios en el suelo, y des- 
pués las indias, retirados aquellos, rodeándolos, be- 
sándoles cada uno los pies y manos y creyéndolos 
unos y otras venidos del Cielo. El alimento que les 
franquearon de raices cocidas, semejantes en el gusto 
á las castañas, ofreciéndoles lo que llevaban, y el ca- 
riño con que les rogaban se quedasen con ellos, á lo 
menos cinco ó seis dias, mediante el buen informe 
que de su trato les habian hecho los dos prácticos. 
Exageraron el deseo general con que todos les hubie- 


76 TEATRO CUBANO. 


ran acompañado en su retorno a no haberlo ellos li- 
mitado á solo el padre, un hijo y un criado; que eran 
Ips tres con quienes, sea dicho, vinieron. Concluyen- 
do en que á ida y vuelta, hallaron muchas poblacio- 
nes (aunque ninguna mayor de cinco ó seis casas) en 
que también se les hizo igual agasajo y cortesía; no- 
tando mucha gente en los caminos, y el uso común 
de éstas de llevar un tizón encendido para perfumar- 
se y asar las raices de que por lo general se alimenta- 
ban: a cuyo efecto se servían también de unos leños 
que confricados fuertemente se encendían. 

YIII. Dieron asimismo noticia de haber visto muí- 
titud de árboles, cuyas especies no se reconocían en 
las costas. Divei'sidades de aves, muy diferentes de 
las de Europa, y entre ellas perdices y ruiseñores, y 
que no habían hallado otro animal cuadrúpedo que 
aquella especie de jozques ó perros que no ladraban. 
De haber reconocido labranzas de las raices que co- 
mían, y del maíz, a quien llamaban panigo^ de buen 
gusto hecho harina y cocido; y cantidad considerable 
de algodón hilado que se criaba silvestre y fecundo, 
que lo gastaban en hacer redes para sus camas ó ha- 
macas y unos pañetes para cubrir las partes verecun- 
das, porque en lo demás no usaban ropa (1). 

IX. Sobre oro y perlas, solo se les notició por 
señas que habia gran cantidad en Bogío, señalando al 
Este: pero reexaminados los indios por Colon, expli- 
caban haber mucho en Cubanacan. Dificultóse la 
inteligencia de esta voz, y omitidas otras erradas in- 
terpretaciones, hubo de comprenderse que el nacán 
explicaba el medio, y por tanto Cubanacan el medio de 
Cuba. Adquirido este conocimiento, no pareció opor- 
tuna mas demora: y tomando sin violencia doce indios 

(1) Antonio Herrera, lib. I. Dec. I. Gap. XIV, infín, y X.V por todo. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 77 


de todas edades y sexos que diesen razón en CastiUa 
de la tierra descubierta, siendo intachables testigos 
de su descubrimiento, se hizo á la vela, encargando 
el Almirante el buen trato, y agascgo de los indios. 
Aumentó uno voluntariamente el núnfero de loa doce, 
clamando por ser embarcado en la compañía de su 
muger é hijos. 

X- Soplaba el Norte, común por dicha estación en 
en aquellas costas, y embarazaba la travesía á la Es- 
pañola: por cuya causa arribó el Almirante á un puer- 
to que llamaban del Príncipe en la misma Isla. Esta 
costa cercada de isletas, estrechaba el mar en canales 
profundos, y hermoseadas con la arbolada de las ri- 
beras, (1) no se reconocían pobladas las isletas, pero 
veíanse en ellas fuegos y pescadores: |>orque los Cú- 
benos acostumbraban la pesca alternando por tiempos 
y costas en canoas de maderos enterizos ahuecados á 
golpe de pedernal, por carecer de herramienta, y solian 
ser de tanto cuerpo, que en un rio a que después arri- 
barron, se halló una enteriza de noventa y cinco 
palmos de longitud, capaz de recibir cincuenta hom- 
bres. Alimentábanse de la pesca, que comian media 
cruda, y de arañas grandes, y gusanos engenidrados 
en maderos podridos, lo que no es de asquear en unos 
naturales incultos (2) cuando en muchas naciones ci- 
vilizadas (3) con quienes comemos y bebemos, se brin- 
dan platillos de gusanos y otros insectos y caribes á. 
medio asar y cocer, consistiendo solo el aseo en lo ex- 


(1) Parece que son estas isletas, los cayos que llaman de la Cruajaba 
y Bomano en la costa del Norie^ segnn lo cual, la bahía que se nombró 
Puerto del Pcíncipe, debe ser á la que llamamos Boca de Óaravélas 6 las 
Nuevitas, y es mas regular fuese ésta por mas sondable. 

(2) Como lo hace Herrera, Déoaaa 1% lib. I, cap. XV. 

(3) La nación Británica come las carnes, aves y peces tan á nvadio cor. 
cer y asar que al tajarlas despiden sangrasa. En Méjico y Nueva Espf^a 
se tiene por esquisito un plato de ranas. 


78 TEATRO CUBANO. 


trafio, por parecer á cada uno mejor el manjar con 
que se ha criado, como lo demostró el crítico de nues- 
tro (1) siglo. Mataron los españoles á cuchilladas un 
animal que hallaron en estas costas parecido al puerco 
montes. Halléh^on conchas de nácar, y entre multitud 
de peces que sacaron con la red, uno en forma de 
cuerpo (2) y de piel muy dura, sin que tuviese otra 
cosa blanda que la cola. Observaron mayores las ma- 
reas, y opuestas á las de Castilla, creyendo estos efec- 
tos producidos de lo bajo de la mar cuando está la 
luna al Subdoeste cuarta al Sur. 

XI. El domingo 18 de Noviembre volvió el Almi- * 
rante al Puerto del Príncipe, y poniendo en su boca 
una cruz grande de madera, levó la ancla al siguiente 
dia, y navegó para la isla Espaftola; pero habién- 
dosele apartado Martin Alonso Pinzón con dos navios 
(3) llevado de la codicia de solicitar el oro de que 
daban noticia los indios, le fué preciso volver á Cuba 
para su incorporación. Tomó puerto en uno seguro 
y grande que llamó Santa Catalina, por ser víspera de 
su dia: hizo aguada, y se proveyó de leña: vid algunas 
piedras con muestras de oro y en la costa grandes pi- 
nos, para arboladura de bajeles: más como todos los 
indios se encaminaban á la isla Española, siguió para 
aquella por la costa de ésta. Reconoció finalmente 
en ella grandes y buenos puertos, y entre otros un rio 
capaz de navegarse por una galera: entró en él por 
ocho brazas de fondo, y siguiéndole con agrado, por 

(1) El R. M. Feíjóo, tom. VI del Teatro crítico, disc. XI, razón del 
gasto. 

(2) Por estos signos qae dá Herrera, ubi snpra, comprendo ser el que 
llamamos Manatí: de cuya piel más gruesa que la del toro, se hacen látigos 
muy fuertes, siendo su cola toda de grasa, pero de su carne se hace cecina y 
se come, aunque usada propende á conmover el gálico. — ''Debe perdonarse á 
un pro&no y en 1765 esta errónea creencia. — R. O." 

(3) Sigue Herrera el capítulo XV. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 79 

la claridad del agua, hermosura de los árboles, fres- 
cura de la ribera y alegría armónica de diversos pá- 
jaros: vio una Fufla de doce Bancos^ en Tierra^ debajo 
de vna enramada y algunas casas inmediatas. Reco- 
nocidas éstas, notaron una cabeza (ie hombre y un 
pan de cera dentro de una cestilla colgada de un poste; 
y no hallando de quien informarse, porque todos 
huian á las habitaciones, tomaron la cera (que creye- 
ron traida de fuera, por no haber visto semejante en 
la Isla), y la llevaron á los Eeyes Católicos. Siguió 
la navegación que se dice de ciento y siete leguas 
hacia Levante por la costa de Cuba, y llegando á su 
punta Oriental llamada hoy de Maisí, partió á 5 de Di- 
ciembre para la Española. 


CAPITULO III. 

Dejando Colon en la Isla Española treinta y ocho 
Castellanos, vuelve a España: es bien recibido 
DE los Reyes Católicos: obtienen sus Maoesta- 

DES DONACIÓN PONTIFICIA DE LAS InDIAS, DIVIDIEN- 
DO LAS DEL Portugués: se da a Colon el titulo 
DE Almirante y hace segundo viaje a ellas. 


I. Descubierta en este primer visye la Isla de Cuba 
con solo aquel conocimiento que le dá existencia, y 
alguno de la hermosura de sus costas, se restituyó 
Colon a la Española, primer objeto de su visita y aten- 
ciones. Reconoció con alguna más intención y estén- 


80 TEATRO CUBANO. 


cien SUS playas y padeció en uno de sus surgideros, 
que llamó Puerto Real, la pérdida de la capitana. 
Habíale recibido con agrado y complacencia el Rey ó 
Cacique de aquella parte de la Isla á quienes (1) unos 
llaman Quücanarico y nuestro Herrera Guacanagari 
sobre cuya buena fe (2) y auxilio, resolvió hacer é 
hizo un ftierte de estacada con los vestigios de su ca- 
pitana, y dejando en él treinta y ocho españoles su- 
bordinados h su Capitán Diego de Arana, dio el Almi- 
rante vuelta á España. 

11. Después de haber arribado á Lisboa, dé donde 
salió con algún riesgo, llegó á puerto de Palos á me- 
diado de Marzo del siguiente año de 1493. Pasó á 
Sevilla, donde se hallaban los Reyes Católicos, y fué 
recibido magníficamente por sus Magestades y Gran- 
deza, que siempre ha seguido la Corte el semblante 
de sus Monarcas, y atraído muchos- amigos el estado 
de felicidad: hizo relación extensa de cuanto le habia 
ocurrido en su navegación y descubrimiento, sin dejar 
de sobreponer a los esmaltes de su grandeza y nove-^ 
dad, los dorados de sus riquezas y esperanzas. Com- 
probó el cuerpo de su causa con la real existencia de 
los naturales que le acompañaban, y sus riquezas y 
particularidades, con el oro, plata y demás alhsgas que 
presentó; concluyendo en la solicitud de nuevos aus: 
picios, para la continuación y pacificación de lo des- 
cubierto. Atentas sus Magestades á una relación tan 
nueva y rara, pospusieron lo terreno y caduco á lo es- 
piritual y eterno, dando ejemplo de* heroicidad y re- 
ligión. Elevaron sus interiores al Altísímp, cuya 
vAutio poderosa y liberal adoraron, reconocieron y con- 

(1) Ribadeneira en su Pasatiempí) le llama Ouacanaríco y Herrera lib. 
I, cap. XVII y siguientes hasta Xa. 

(2) Guacanagari. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 81 


tesaron: y cuya obra propusieron convertir en su ma- 
yor honra y gloria. Era inconcuso en el derecho de 
gentes el legítimo y real dominio que habian ad- 
quirido sobre lo descubierto, por el ejecutoriado título 
de la primera ocupación, (1) pero rehiciendo en sus 
Magestades lo católico, propusieron afíanzarla eter- 
uamente con la mas posible aprobación del Cielo, y 
con tan cristiano objeto, ocurrieron al que es de la 
tierra Príncipe de los Obispos, heredero de los Apósto- 
les Abel en la primicia, Noé en el gobierno, Abrahan 
en el patriarcado, Melchisedech en el orden, Aaron en 
la dignidad, Samuel en la judicatura, en la potestad 
Pedro, y en la unción Cristo- (2) 

IV. Gozaba éstas preeminencias, con el Pontifica- 
do Romano, Alejandro VI. de feliz memoria; á cuya 
Santidad dirigieron sus Reales preces, nuestros Cató- 
licos Soberanos: manifestaron en ellas aquel exalta- 
do celo con que deseaban más la propagación de la 
verdadera fé en toda la redondez de la tieiia, que la 
extensión de su reino temporal en el descubierto Nue- 
vo Mundo. Su Real ánimo dispuesto á fomentar en 
él ia introducción de la Católica religión, á costa de 
las más poderosas expensas de su Reino y laboriosos 
afanes de sus operarios evangélicos, unió el deseo de 
que para^ el feliz éxito de tan ardua y elevada empresa 
se interpusiese la autoridad y beneplácito Pontifical. 
Aceptó su Santidad con reconocimiento y ternura, los 
católicos designios de sus dilectos hijos en Cristo y 
complacido su espíritu, de que los arcanos del Altísi- 


(1) Solorz^no, Política, lib. I, cap. IX. — Abren, Vacantes de Indias, 
art. I, pág. 2, núm. 13. 

(2) Qois es ¿Tu princeps Episcbporuu, tu lioeros Appostolorum, tu prí- 
niatn Abel, gabematn Noé, Patriarchata Abrabam, ordine Melcbisedecb, 
dignitate Aaron, antboritate Movses, jndicatu Samuel, potestate Petras 
nnoHone Cbristns. 

Tomo II. • * 11 • 


82 TEATRO CUBANO. 


roo hubiesen prevenido para el tiempo de^su^Pontifi- 
cado tan vastos territorios en que fuese adorado su 
santo nombre determinó condescender al deseo y 
premiar lareliffion de sus Magestades. 

V. Realizó su ánimo á aquella ilimitada jurisdic- 
ción que le compete en orden a el fin sobrenatural^ co- 
mo a cabeza de la Iglesia y estupor del Mundo (1) que 
no siendo Dios^ ni hombre^ usa de ambas potestades, rati- 
ficándose en el Cielo lo que liga en la tierra. Ejerció la 
alta y adorable que con el título de potestad eminente 
política^ sobre todo lo temporal en cuanto referible á lo 
espiritual tiene adoptada lo Tomística Escuela (2) como 
seguro medio entre las extremas. Y de motu propio 
y cierta ciencia expidió á favor de sus Magestades^ca- 
tólicas las Bulas que comienza ínter cetera DivinsR 
Majestati Sf. (3) Dada en Roma á 4 de Mayo de 1493, 
que copiaron varios de nuestros autores, y última- 
mente se compiló en el cuerpo del Derecho canónico. 

VI. En ella, después de aprobar y confirmar el 
descubrimiento y ocupación del Nuevo Mundo, dono 
y concedió á los mencionados Sres. Reyes católicos, y 
á sus herederos y sucesores en la corona de Castilla 
y León, todas las islas y tierra firme descubiertas, y 
que se descubriesen á Occidente y Mediodía: y ésta 
concesión la calificó y ratificó el propio Alejandro VL 
por otras dos Bulas, la una, expedida en Roma á 24 
de Noviembre del citado año de 1493. Por ellas conce- 
dió á nuestros Soberanos todas las facultades y exen- 
ciones, prerogativas y privilegios anteriormente con- 


(1) Papa stupor mundi qui máxime remm. Noc. Deus est, nec homo, 
quasi neuter ínter iitramque. — Solórzano dejare Indiarura, tora. I, lib. II, 
cap. XXIII, núm. 84 al 85. 

(2) Con su Angélico, D. II, dist. 44, g. II, art. III. Apud Abreum 
dto. art. í, part. II, núm. 16. 

(3) Véase al final de este capítulo la nota A. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 83 


cedido por indultos Apostólicos, á los Eeyes de Por- 
tugal sobre sus conquistas del Oriente: y ratificó el 
descubriinieto y ocupación del Nuevo Mundo (1) con 
derogación de todas las Bulas y órdenes que se ad- 
versasen á esta. Y por la dificultad ^ue resultó en- 
tre Castilla y Portugal sobre los términos de sus con- 
cesiones, precediendo concesión que hicieron las dos 
coronas en Tordecillas el mismo año de 1493 dispuso su 
Santidad en éstas, que tirada una línea intencional del 
polo Ártico á el Antartico, cien leguas adelante de las 
islas Hespérides 6 de Cabo-Verde, quedase desde ella 

a beneficio (2) del Castellano todo lo oriental con 

prohibición expresa de que ningún otro Príncipe pudie- 
se navegar ni comerciar en ellas penas de excomunión 
mayor latsR sententie ipso fado incurrenda. 

VIL Consolidado tan altamente el real dominio 
sobre las tierras descubiertas (3) trataron sus Mages- 
tades con más esfuerzo y eficacia de su pacificación y 
población. Colmaron de honores y títulps al Almi- 
rante: hicieron habilitar diez y siete embarcaciones, 
que ocuparon mas de mil y quinientos hombres vo- 
luntarios y suavemente atraídos del imán del derecho 
y magnitud de la empresa, y con ellos y las órdenes 
conducentes, al fin salió segunda vez de España el 
25 de Setiembre del mismo año. En esta vuelta des- 
cubrid la Marigalante, Guadalupe, Monserrate, Anti- 
gona, San Cristóbal, y otras nuevas islas. 

VIII. Llegó el 27 de Noviembre al puerto Real 


(i) El citado Abreu, niim. 17 y signientes. 

(2) Hibadencim en su Pasatiempo, tora. II, Canto V, época V, nota 
F, núni. 2, donde añado las posteriores asignaciones de distancia desde esta 
línea, cstendicndola á 370 leguas, lo í\\iq con Herrera y Solorzano sigue. 
Abren, art. I, p. II, núm. 21, cita<lo la Concordia y Bula de su confínna- 
cion de 22 de Enero de 1506. 

(3) Justifícalo eruditamente con ejemplares y derechos el Br. Abreu, 
art. I, pág. 2: por todas en sus Vacantes de Indias. 


84 


TEATRO CUBANO. 


de la Española, y en éi halló muertos á Di^o de Ara- 
na y sus compañeros ( 1 ) por los naturales, pertene- 
cientes á la parcialidad del Cacique Caonabo, porque 
pretestando violencia en los españoles, incendiaron el 
fuerte de estacsda y acabaron con sus defensores, sin 
haberlo podido impedir el fiel Guacanagari. Fabricó 
en la isla Española la primera ciudad de europeos, 
que llamó Isabela en obsequio de la Reina católica, 
fundó el fuerte de Santo Tomás, castigó con las ar- 
mas al Cacique Camiabo, y sus parciales en la hos- 
tilidad de Arana, y dejando á su hermano D. Di^o 
Colon el gobierno de la Española, siguió á reconocer 
las demás islas. 


N0T4 A. — P\G ^*2 


Bula de donación del Nuevo Mundo á iavor de la Corona de Castilta. 


vunuu Dei, Carí^uio iii Christo fíliu 
Kenliuaudu Kegi Carttisiiua* iu Chrít^ 
to fíU» Eltsabtíth Regia^B Castellaa, 
LtígioDÜs Amgoxiujiu Siciliie & Gnr 
iiatw illuiitnbutí: t^luteui, 5c Aposto- 
licam benedictionetn. liit«r cuatera 
Divina» Maj«t»tati& beueplacita ope- 
i-a^ Jk oort]ii^not>tridet»idumbiIÍH,iIlml 
profecio DMCÍBiiimaiu oxibtit, ut Fidet> 
Cathoiica^ 5c Cliribtiana Btíligio, not^- 
ti*ia pnetsertim t«)inpoñÍKu$^ exaltotiu*. 


.\jJLf xsri>iio Obii»po, diervo «i«» W 
.siervo» dtí Dio«, á W ilnstrw Can- 
samo eu Chrísto hijo Bey Fernando* 
i oiny amada au Chxieto hija IsabeL 
Reina de Castilla, de Leoo, de Ara- 
^o, de Sicilia, i de Granada; salmL 
i bentlicion Apostólioa» Lo «|iie mas» 
entre todas la^ obrain agrada á la 
divina Mage^tad* i nuestro coiaa»n 
detíea* e6« ^ue la Fé Católica^ i Re- 
ligión Cbristiana se» exaltada» ma- 
yormente en nuestros tiemp«>e i qm* 


U) Herrera. Década L lib. II, cap. IX y stginentee. 


IGNACIO J. DE ÚRRÜTIA. 


85 


ac nbilíbet amplietur, &; dilatetur^ 
animaramqne salns procnretar, ac 
barbaricíB nationes deprimantur, & 
ad Fídem ipsam redncantnr. Unde 
cum ad banc sacram Petrí Sedenj, 
divina favente ciernen tía (mentís li- 
c^t iuiparibns) evectí -fnerímtis, cog- 
noscentes vos tamqnam veros Gatbo- 
licoB RegeS; & Príncipes, quales 
«emper fnisse novimus, & a vobís 
pneclart' gesta, totí pené janí Orbí 
notíssíma, demonstrante nednm id 
exoptare, sed omni conatu, studio, & 
diligentia, nnllís laboríbns^nullis im- 
}>en8¡8, nuUisqne paroendo períciiÜB, 
etíam propríum sanguinem effanden- 
do, efficere, ac omnium animnm ves- 
tmm, omnesqne conatus ad hoc jam 
dadiim dedicasse, qnemadmodnm re- 
cnperatío Regni Granate h tyrannide 
Haracenomm hodiemis temporíbus 
per v(M3, cum tanta divini nominis glo- 
ría, facta testatnr, digne dacimas non 
ímmerít<) & debemiis illa vobis etiam 
sponte, & favorabiliter concederé, per 
qnsp hujosmodi sanctnm, & landabile 
ab ímmortalitate Deo coeptnm pro- 
positum in dies ferventiorí animo a<1 
ipsins Dei bonorem, & Imperíi cbris- 
tiani propagationem, proseqni va- 
leatís. 

Sane accepimus, i^uod vos, ([oi 
dudnm animo proposueratis aliquas 
insolas, & térras firmas, remotas, & 
incógnitas, ac per alios baQtenns non 
repertas qnserere, ól invenire, ntilla- 
mm Íncolas & habitatores ad colen- 
dam Redemptorem nostmm, & Fi- 
dera Gatbolicam profítendnni reduce- 
retis^ bactenos in expngnatione, & 
recaperatione ipsins Regni Granatse 
plnrímnm occnpati, bnjasmodi san- 
ctom, & landabile propositum ves- 
tmm ad optatnm - finem perdncere 
neqnivistis; sed tamdem sicnt Domi- 


en toda parte sea ampliada, i dilata- 
da, i se procure la salvación de las 
almas, i las bárbaras naciones sean 
deprimidas i reducidas á esa misma 
Fe. Por lo qnal, como quiera que á 
esta sacra Sill^ de S. Pedio, por fa- 
vor de la Divina clemencia (aunque 
indignos) ayamos sido llamados, co- 
nociendo de vos, que sois Reyes, i 
Príncipes Católicos verdaderos, qua- 
les sabemos que siempre aveis sido, 
i vuestros preclaros hechos (de que 
ya casi todo el mundo tiene entera 
noticia) lo manifiestan, i que no so- 
lamente lo deseas, mas con todo co- 
nato, esfuerzo, fervor i diligencia, no 
perdonando á trabajos, gastos, ni pe- 
ligros, i derramando vuestra propia 
sangre, lo hazeis, i que aveis dedica- 
do desde atrás á ello todo vuestro 
ánimo i todas vuestras fuerzas, como 
lo testifica la recuperación del Reino 
de Granada, ([ue aora con tanta glo- 
ría del divino nombre hizistes, librán- 
dole de la tiranía Sarracénica. Dig- 
namente somos movidos (no sin cau- 
sa) i debemos favorablemente i de 
nuestra voluntad, cocederos aquello 
mediante lo queal cada dia con mas 
ferviente ánimo, á honra del mesmo 
Dios, i ampliación del Imperío Ghrís- 
tiano, podáis proseguir este santo i 
loable propósito, de que nuestro in- 
mortal Dios se agrada. 

Entendimos (}ue desde atrás avia- 
dos propuesto en vuestro ánimo, 
de buscar i decubrír algunas is- 
las, i tíerras firmes, remotas é in- 
cógnitas, de otros hasta aora no 
halladas, para reducir los mora* 
dores i naturales de ellas al servicio 
de nuestro Redentor, i que professen 
la Fé Católica; i que por aver esta- 
do muy ocupados en la recuperación 
del dicho Keino de Granada, no 
pudistes hasta aora llevar á deseado 
fin este vuestro santo i loable propó- 
sito: i que finalmente, aviendo por 
voluntad de Dios cobrado el dicho 


S6 


TEaTUí» (TüBAlkC. 


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luii. i iiluuilMUu. vinm* iiiMiif liie- 
tiinii. A )^tuiuuuii- f oiin.iftuumcUin*. 

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i niiiK r«iiiTCBWiit¿' 11 ijuí irrmzi imss^ 
v\t>. . tiiimf- Ch «*pr tenido «1 idocImu 
n>i Ilfl^-I'«^ : trente, iwni «onf^aiises 
fNtt)B9^ 1»K>L aikeiríuidi*!^: ni* áii sant- 

M^Tii iilt* ImV ¡liBUT ISQxSCmñHt OfID «& 

T^ifp*£*>. • mf'^niñib. aidfindf* Jiast» 
st ^Tii Jr ?er íi-^ra. iu!Vt:£!mdi». W QukW 

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IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 


• 87 


nitoram vestroram ciarse memoríao 
Begom, térras firmas^ & ínsulas prae- 
dictas, illaramque íncolas, & habíta- 
tores Yobis, divina favente clementia, 
subjicere, & ad Fídem Catbolicam re- 
daoere proposaistis. 

Nosigitar bajusmodi vestrum sanc- 
tuin, & landabile proposítum plari- 
mam in Domino commendantes, ac 
capientes, nt illud ad debitnm fínem 
perdacator, & ipsnm nomen Balvato- 
rís nostrí in partíbns illis indícatatur, 
bortamnr vos qnamplnrimum in Do- 
mino, & per sacri lavacrí sasceptio- 
nem, qoa mandatis Apostolicis obli- 
gati estis, & viscera miseríeordiao 
Domini nostri Jesu Gbristi atiente 
reqairímus, ut cam expeditionibas 
bujnsmodi omninó proseqni, 6l absu- 
mere proba mente orthodoxae Fidei 
zelo intendatís, pópalos in bnjasmo- 
insalis, tenis degentes, ad Gbrístía- 
nam Reügionem snscipiendam indn- 
cere velitis, & debeatis neo péncala, 
nec labores olio unqoam tempere vos 
deterreant, firma 8pe,fídaciaque con- 
oeptis, qnod Deas omnípotens cx)nar 
tos vestros fcBliciter proseqnetur. 

Et at tantí negotii provinciam 
Apostolícae gratiae largitate donati, 
liberiüs, & audaciits assamatis, motu 
proprío, non ad vestram, vel alterías 
pro vobis snper hoc Nobis oblatao 
petitionis instantiam, sed de nostra 
mera liberalitate, & ex certa scíen- 
tía, ac de Apostolícae potestatis pie- 
nitadine, omnes ínsulas, & térras 
firmas inventas, & inveniendas, de- 
tectas, á; detegendas versas Occiden- 
tem, ¡So Merídiem fabricando, & cons- 
tmendo nnam lineam á Polo Árctico 
scilicet Merídiem, sive terrae firmae, 
ii^insulae ínventae, &¡ inveníendae 
sint versas Tndiam, aut versas aliam 


lieos, á imitación de los Reyes vues- 
tros antecesores] de clara memoria, 
propusisieis, con el favor de la Divi- 
na clemencia, sujetar las susodicbas 
islas i tierras firmes, i los habitado- 
res, i nnturales dellas, i reducirlos á 
la Fé Católica 

Assi, que Nos alabando mucho en 
el Señor este vuestro santo i loable 
propósito, i deseando que sea llevado 
á debida execucíon, i que el mesmo 
nombre de nuestro Salvador se plan- 
te en aquellas partes: os amonesta- 
mos muy mucho en el Señor, y por 
el sagrado Bautismo que recibistCB, 
mediante el qual estáis obligado á 
los Mandamientos Apostólicos, i por 
las entrañas de misericordia de nues- 
tro Señor Iesv Christo, atentamen- 
te os requerimos que quando intenta- 
rades emprender i proseguir del todo 
semejante empressa, queráis i debáis 
con ánimo pronto i celo de verdadera 
Fé, inducir los pueblos que viven en 
las tales islas i tierras, que reciban 
la Religión Ghrístiana i que en nin- 
gún tiempo os espanten los peligros 
i trabajos, teniendo esperanza i con- 
fianza firme que el Omnipotente Dios 
favorecerá felicemente vuestras oin- 
pressas. 

I para que siéndoos concedida 
la liberalidad de la gracia Apos- 
tólica, con mas libertad i atrevimien- 
to toméis el cargo de tan importante 
negocio, motu propio i no á instancia 
de petición vuestra, ni de otro que 
por vos nos lo aya pedido, mas de 
nuestra mera liberalidad, i de cierta 
ciencia y de plenitud del poderío 
Apostólico, todas las islas i tierras 
firmes halladas, i que se hallaren 
descubiertas, i que se descubríeren 
ázia el Occidente i Mediodia, fabrí- 
cando i componiendo una línea del 
Polo Ártico, que es el Septentrión, 
al Polo Antartico, que es el Medio- 
dia; ora se ayan hallado islas i tierras 
firmes, ora se ayan de hallar ázia la 


88 


TEATRO CUBANO. 


qnamonmqne partem qnae linea dis- 
tet k qaalibet insularum, qnae vnl- 
garíter nuncupator de los AzareSy y 
Cabo VerdejCenixím leucis versas Oc- 
cidentem, éc Meridiem: ita quod om- 
nes insulae, de terrae fírmae repertae, 
d¡ reperiendae, deteotae^ ás dete^n- 
dae^á piaefata linea versus Oodden- 
tem, de Meridiem per alium Regem, 
ant Prindpem Ghrístianam non fue- 
rínt actnaJüter possessae usqne ad 
diem Nativitatis Domini nostrí Jesu 
Ghristi proximé praeteritam aqnoin- 
cipit annns praesens millesimos qoa- 
dringentesimns nonagésimas tertins, 
qaando faerant per nantios, & capi- 
tanees vestios inventae aliqoae prae- 
diotaram insalaram, auotorítate om- 
nipotentis Dei nobis in Beato Petra 
concessa, ac Vicariatas Jesu Cbrísti, 
qua fon^mar in terris, cnm omnibas 
illaram dominüs, civitatibas, castrís^ 
lociSy ÓB villÍB, jiuíbasque, de joris- 
dictionibns, ao pertinentiis universis 
vobisy baeredibnsqae, dr. successorí- 
bas vestrís (Castellae, ds Legiones 
Regibas) in perpetnam tenore prae- 
sentiam donamos, concedimus, de as- 
signamns, vosque cC* haeredes, ac 
snocessores praefatos illaram dómi- 
nos cnm plena, libera, «f- omnimoda 
I^otestate, anctorítate, lO jorísdictio- 
ne, facimas, constitnimas, d? deputa- 
mus. Decemontes nibilominus per 
liujusmodi donarionem, concessionem, 
dú assignationem nostramnulli Cbris- 
tiano Príncipi, qui actualiter praefa- 
tas Ínsulas, ds térras ñrmas possedoiit 
usque ad dictum diem Nativitatis 
Domini nostrí Jesu Cbrísti, jure 
quaesitnm sublatum intelligi posse, 
aut auferri deberé. 

Et insuper mandamus vobis in vir- 
tute sanotae obedientae (ut sicut pol- 
lioemini, de non dubitamus pro vestra 
máxima devotione, & Regia magna- 
nimitate vos esse factnros) ad ten'as 


India, ó ázia otra qualqnier parte, la 
qoal línea diste de cada una de las 
islas, que vulgannente dizen denlos 
AzoreSy i Cabo Verde, cien leguas 
ázia el Occidente i Mediodia. Assí 
que todas sus islas i tierras firmes 
bailadas i que se hallaren descubier- 
tas, i que se descubrieren desde la 
dicha linea ázia el Occidente i Medio- 
dia, que por otro Rey ó Príncipe 
Christiano no fueren actualmente 
posseidas hasta el dia de nacimiento 
de nuestro Señor Ibsv Ghbistg pró- 
ximo passado, del qual comienza el 
año presente de mil quatrodentos i 
noventa i tres, quando fueron por 
por vuestros mensageros i CaiHtanes 
halladas alguna^ de las dichas islas 
por la autoridad del Omnipotente 
Dios, á Nos en S. Pedro convida, 
i del Vicariato de Issv Christo, 
quo exeroemos en las tierras, con to- 
dos los Señoríos dellas, ciudades, 
fuerzas, lugares, villas, derechos, ju- 
risdicdones, i todas sus pertenencias, 
per el tenor de las presentes, las da- 
mos, concedemos i asignamos perpe- 
tuamente á vos, i á los Reyes de Gas- 
tilla i de León, vuestros heredónos i 
sucesores. I hazemos, constituimos 
i deputamos á Vos i á lo^ dichos vues- 
tros herederos i suoessores señores 
dellas, con libro, lleno i absoluto po- 
der, autoridad i jarisdiccion: con de- 
claración, que por esta nuestra dona- 
ción, consecion i augnaoion no se 
entienda, ni pueda entender, que se 
quite, ni aya de quitar el derecho ad- 
quirido á ningún Principe Ghristiano 
que actualmente huviere posseido las 
dichas islas i tierras ñrmes, hasta el 
susodicho dia de Navidad de nuestro 
Señor Iesv Ghristo. 

I allende desto, os mandamos en 
virtud de santa obediencia, que assí 
como también lo prometisteis, i no du- 
damos por vuestra giandíssima devo- 
ción i magnanimidad Real, que lo de- 
jareis de hazer, procuréis embiarálas 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 


89 


fírmas, <£? inanias praedictas viros 
probos, d' Denm timentes, doctos, 
peritos, c& expertos, ad instmendam 
íncolas, db habitatores praefatos in 
Fide Gatholiea, <Cr bonis moribns ¡m- 
hnendnm, destinan debeatis omnem 
debitan) díHgentiam in praemissis 
odhibentes ac quibuscunque personis 
eujnscnnqne dignitatis, etiam Impe- 
rialis & Regalís status, gradus, ordi- 
nis, vel conditionis sub excomunica* 
tionis latae setentiae p<Bna, quam eo 
ipso, si contra fecerint, incnrrant dis- 
trictíus inhibemus, ne ad ínsulas, <& 
térras ñrmas inventas, (í: invenien- 
das, detectas, & detegendas versus 
Occidentem, & Merídiera, fabrican- 
do, & constniendo lineaní k Polo 
Árctico ad Polum A'ntarcticum, sive 
terrae firmae, & insulae ínventae, dh 
inveniéndae sint versus Indiam, aut 
versus aliam quamcunque partem, 
qnae linea diste t á qualibet ínsula- 
rum, quae vulgariter nuncupantur de 
los Azores jy Uabo Fe^rde, centum leñ- 
éis Occidentera, & Merídíem, ut prae- 
fertur, pro mercibns habendis, vel 
(^navis alia de causa accederé prae- 
snmaut absque vestra, ac baerednm, 
c£* successorum vestrerum praedicto- 
rum lícentia speciali: non obstantibus 
constitutionibus, cf' ordínationibus 
Apostoliciá, caeterisque contrariis qni- 
bnscnnque. In íllo ti qno impería, rf* 


Tomo II. 


dichas tierras firmes é islas, hombres 
buenos, temerosos de Dios, doctos, sa- 
bios i expertos, para que instruyanlos 
susodichos naturales y moradores en 
la Fé Católica, i les enseñen buenas 
costumbres, poniendo en ello toda la 
diligencia que«onvenge. I del todo 
inhibimos á qualesqnier persona de 
qualquier dignidad, aunque sea Real 
6 Imperial, estado, grado, orden u 
condición, so pena de excomunión 
lut^e senientÜBf en la qual por el 
mesmo caso incurran, si lo contrario 
hizieren; que no presuman ir, por 
aver mercaderías, ó por qualquier 
causa, sin especial licencia vuestra i 
de los dichos vuestros herederos i su- 
cessores, á las islas i tierras firmes ha- 
lladas i que se hallaren descubiertas i 
que se descubrieren ázia el Occidente i 
Mediodía, fabricando y componiendo 
una línea desde el Polo Ártico al Po- 
lo Antartico, ora las tierras firmes é 
islas sean halladas, i se ayan de ha- 
llar ázia la India, ó ázia otra qual- 
quier parte; la qual línea diste de 
qualquiera de las islas que vulgar- 
mente llaman de los Azores i Uabo 
VerdCf cien leguas ázia el Occidente 
i Mediodía, como queda dicho. No 
obstante constituciones i ordenanzas 
Apostólicas, i otras qualesquiera que 
en contrario sean: confiando en el Se- 
ñor, de quien proceden todos los bie- 
nes. Imperios i Señoríos, que enca- 
minando vuestras obras, si proseguís 
este santo y loable propósito conse- 
guirán vuestros trabajos y empresas 
en breve tiempo con felicidad i glo- 
ria de todo el pueblo Ghristiano, pros- 
períssima salida. I porque seria difi- 
cultoso llevar las presentes letras á 
cada lugar donde fuere necesario lle- 
varse, queremos, i con los mesmos 
Motn, i ciencia, mandamos que á sus 
trasumptos, firmados de mano de No- 
tario público, para ello requerido, i 
corroborados con sello de alguna 
persona constituida en dignidad £cle- 

12 


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L.». i. . -•- _^i_ 


asnuzsjoüQ^r*. . «s •••la •rn."JL r^«».— lia^rn^ •• oíüil -t.frilCT Z-í»^ 




«.U^i^Hic^i^N u'.^ iiu'ii^U, M,^^»,;«i^ ::M*4if'íUI • I»:*"'C:»IJílS 


IGNACIO J, DE ÜRRUTIA. 91 


bia de experimentar todos estos afectos en los tres 
grados de su empresa, no sosegaba en el primero arras- 
trando el deseo de descubrir y conquistar. Dejando 
pues en la nueva Isabela la mayor parte délos españo- 
les para su población, y de la armada para resguardo 
de estos, se hizo á la vela el 24 de Abril de 1494, con 
un navio y dos carabelas. Reconoció en las costas de 
la misma isla Española el puerto de Monte-Cristi, un 
caudaloso rio á quien dio el nombre de Guadalquivir, 
y el puerto de S, Nicolás, á que llegó el 29, siendo en 
toda la costa visitado de los indios a quienes regalaba 
y atraía. 

II. Desde S. Nicolás vio y observó la punta orien- 
tal de Cuba, distante solas diez y ocho leguas, á la 
cual hoy se denomina punta de Maisí, y entonces lla- 
maban los naturales Bayatiquiri. Dióle Colon el 
nombre de alfa et omega, (1) cuya alusión no se di- 
ce, y aunque pudiera darse al Alfa el de principio, por 
aquello del Apocalypsis: ego suní Jllfa et ómega^ esto 
es principio y fin cuya memoria indica el 6 inicial de 
omega conque solian significarse en cifra: no hallo en 
que forma pudiere llamarle fin, si no lo era de su 
actual investigación principiada por Cuba. Dirigió á 
ella su navegación y atravesando felizmente aquel corto 
crucero, descubrió en su costa de Sur una franca bahía 
á que denominó Puerto Grande: ancló en él, y acudien- 
do los indios con mucho pescado y comestibles, los ob- 
sequió y regaló procurando adquirir de ellos noticias 
de la tierra. 

III. Salió de Puerto Grande el primero de Mayo, 
y continuando el reconocimiento de la costa d^l Sur, 
observó dilatados puertos, altas y elevadas montañas 
y caudalosos rios: que después de fertilizar la tierra 

(1) Sigae Herrera en la Década lib. 2? cap. XIII. 


92 TEATRO CUBANO 


con sur cristalinas aguas, arrojaban pr<5d¡gos sus den- 
perdicios á el uiar. Continuaban en toda la costa las 
visitas de los naturales, que conduciendo en su canoas 
peces y comestibles, daban alcance a los biyeles no 
distante de elltfs. v con el buen recibimiento, corres- 
pondenctas é informes favorables que les hacían los 
indios, que habian ido a Castilla, crecía en aquellos el 
amor, y respeto á los forasteros. Pero observando 
éstos al rumbo del Sueste algunas islas, dirigieron las 
proas hacia ellas, y reconocidas las de Jamaica y 
otras menores, volvieron el dia 18 á la isla de Cuba. 
En él llegó á los navios nn indio joven con la solicitud 
de permanecer en ellos, seguíanle sus padres lloro-* 
sos, y sentidos de aquella resolución procurando di- 
suadirle de ella, más el resuelto mancebo ocultándose 
en el navio, puso fin á la persuacion y en posesión 
su deseo. 

IV. Continuó el reconocimiento de Cuba por di- 
cha costa del Sur hasta llegar al cabo que llamó de 
Cruz, y montado, cargó a lo interior de la costa. Halló 
en esta ensenada muchas isletas, graciosas y de fron- 
dosa arboleda, en que resonaba la música de multitud 
de aves, cuyos colores hacian mas vistosa la montaña, 
recomendándose entre ellas unas grullas encarnadas 
que solo las hay en Cuba: y porque la multitud de di- 
chas isletas, hacia difícil la denominación numérica 
de ellas, las llamó en común el Jardín déla Reina (1) 
en sus canalizos y sonda reconoció copioso número 
de tortugas de corpulencia extraordinaria, y rtiultitud 
de peces de todas especies, recomendase entre éstos 
el que llaman Revés por la calidad de no soltar lo 


(1) De cuya heimoBora hace mendon nuestro Solorzano, lib. I de Jare 
Indiaram, cap. VI, n? 13 

Hanc Cube mBolam t eeptingest» alie, eaeque anuenissonae in coronie 
fonna ciicumstant; qo» a Columbo oh sni pulchrítudiner & veríditatem 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 93 


qae agarraba hasta hacerlo pedazos, de suerte, que si 
tomado en el anzuelo, se asía#de alguna tortuga la 
atraía indefectible á la obediencia del cordel, y tam- 
bién se admiró de la fuerza y fiereza del tiburón, pi- 
virtióse el Almirante en estas observapciones, y las de 
las isletas, navegando hasta una, que reconoció mayor 
y poblada de naturales, á quien denominó Santa Mar- 
ta^ y la cual según la situación en que se hallaba, pa- 
rece ser la llamada hoy Cayo de doce leguas, por dis- 
tar otras tantas de aquella costa de Cuba. 

V. Habíase escaseado el agua en los bajeles , y 
sus navegantes resolvieron arribar á la dicha costa de 
Cuba, á efecto de solicitarla en ella (1) y haciéndolo 
felizmente á situación poblada de naturales, consiguie- 
ron el fin y la provisión de algunos bastimentos con 
que éstos acudieron. Reflexionó aquí el Almirante 
cuanto podría importar para la navegación de aquellas 
costas, llevar consigo un indio práctico en ellas, y pi- 
diéndolo álos principales de la población, lo franquea- 
ron con urbanidad ó temor. Por éste se comprendió 
que Cuba era isla, y que el Rey ó Cacique de la costa 
occidental de ella, se hacia respetar y obedecer de sus 
subditos por señas, mas no se expresa si usaba de ellas 
por ser naturalmente mudo ó por hacerse mas temi- 
ble, cuanto menos ejerciese los manifestativos de la 
racionalidad. 

VI. Continuando al Oeste su navegación por entre 
cayos y canalizos, observó Colon la igualdad con que 
en todas ellas proveyó el autor de la naturaleza aque- 
llos mares de peces, y sus riberas de aves. Vararon 
los bajeles con más ó menos dificultad de su salida, 
pero sin mayor peligro, y con trabajo de la tripulación, 
porque encayado en arena ó cieno, fueron alguna vez 

(1) Continúa el mismo Herrera al eap. XIV. Dec. 1 lib. ^. 


94 TEATRO CUBANO. 


necesarias molestas maniobras para sacarlos, y can- 
sados los ánimos de tanto peligros, escasos y faltos de 
víveres, resolvió darla vuelta á la Española. (1) Pa- 
ra ello llegó á una isla inmediata á quien tituló 
Evangelista^ y «e tiene por la nombrada de Pinos, en 
la que se proveyó de lena: comprendiéndose por esto 
que el Almirante reconoció en este viaje casi toda la 
costa del Sur de* nuestra isla de Cuba, faltándole solo 
aquel corto espacio de ochenta leguas que corre^de la 
Isla de Pinos hasta el cabo de S. Antonio, término 
occidental de ella. 

VIL Desde la isla de Pinos volvió á costear la de 
Cuba, buscando al Este la Española: y no previniendo 
la ensenada, que forma el cabo de Cruz, se- entró en 
el canal de su quiebra, sin montarlo, y se halló sin sa- 
lida rodeado de tierra. Aflijida la gente, añade el 
Almirante tenia que animarlos, sobre el cuidado de 
sacar las naves- Para esto fué necesario retroceder 
todo aquello que la punta del precitado cabo de Cruz 
excede á su seno: y aunque el treinta de Junio volvió 
a encallar la Capitana, libertándose de este peligro 
con copiosos trabajos, montaron el cabo y salieron á 
más limpio mar. Navegaron siempre al Oriente re- 
pasando las mismas costas porque habian venido, y 
sufriendo todas las tardes fuertes turbonadas y copio- 
sas lluvias, hasta que el dia 7 de Julio de 1494 anclan- 
do en ella, saltó el Almirante en tierra con deseo de 
oír misa, di jóse efectivamente, y aunque no se de- 
signa con claridad el paraje de la costa de Cuba en 
que se celebró este primer incruento sacrificio del 
Cordero inmaculado, por el rumbo y altura en que se 
refieren, y hallarse en la costa del Sur (dentro del 
territorio que hoy compete á la ciudad de Baracoa) 

(1) Signe Herrera al cap. XIY, de dicho lib. 2. Dec. 1. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 95 

una antigua y milagrosa cruz, conocida con el distin- 
tivo de la Cruz de la Parra, y alguna tradición de 
haberse dicho en ella la primera misa, se nos hace 
más que probable la concordancia de la historia con 
esta tradición. • 

VIII. Kecomiéndase como verdaderamente nota- 
ble que mientras se celebraba este inefable sacrificio, 
llegó al lugar donde se ofrecía, un Ca'cique anciano de 
la tierra, detúvose al reconocer la ocupación con un 
género de asombro, que siendo electo de la novedad 
imitaba la devoción, observó las altas ceremonias 
del Sacerdote, la reverencia con que asistían los cris- 
tianos, y el respeto con que trataban al Almirante 
particularmente en la comunicación de la paz, infirien- 
do de esto la superioridad de su mando. Con este 
conocimiento se acercó á él, y luego que se concluyó 
la misa, en un calabazo de figurado escudilla, que deno- 
minaban gigüera^ le presentó unas frutas del pais, re- 
cibiólas Colon con agrado, y manifestándole por sig- 
nos su benevolencia, tomó asiento, y lo hizo igualmente 
el Cacique, poniéndovse de cuclillas en la tierra, según 
el uso reverencial de aquellos: y como manifestaba 
que deseaba medios de comunicar al Almirante, se so- 
licitó y proporcionó el mejor intérprete que en aque- 
lla eseasa situación pudiera traducir -de una á otra in- 
teligencia los conceptos y razones del natural. 

fX. Abierta la audiencia, dijo el Cacique al Almi- 
rante: «Tú has venido á estas tierras (que nunca antes 
«viste) con gran poder y has puesto igual temor; sabe 
»que según lo que acá sentimos hay dos lugares en la 
DOtra vida á donde van las almas, uno malo y lleno de 
«tinieblas, guardado para los que hacen mal; otro ale- 
Dgre y bueno á donde se han de aposentar los que 
«aman la paz de las gentes: por tanto, si tu sientes 
«que has de morir, y que cada uno según lo que acá 


96 TEATRO CUBANO. 


^hiciere, aya le ha de corresponder el premio, no 
»hará8 mal á quien no te lo hiciere.» Siguió aplan- 
diendo los pacíficos procedimientos de los forasteros 
y el sacrificio de la misa, que comprendió ser actos 
de gracias al Creador; y concluyó informando haber 
estado en las Islas, Españolas y Jamaica, y en la parte 
occidental de aquella de Cuba, en que vio andar 
vestido como Sacerdote al señor de ella- ¡Oh! ¡y 
cómo tocamos experimentalmente que está signado 
en todo racional, por instinto de la naturaleza, la exis- 
tencia de un Dios remunerador de nuestras obras! 
T que aunque nos queramos desentender de ello para 
vivir desenfrenadamente, la muda voz interior de la 
conciencia nos lo acuerda. 

X. Admirado y complacido el Almirante de ha- 
llar naturales en quienes asomaban mayores luces de 
racionalidad y religión, hizo manifestar a éste sen- 
tencioso Diógenes, cuanto se holgaba de que él y los 
de aquella isla, creyesen la inmortalidad del alma; y 
que supiese era enviado por los Reyes de Castilla sus 
Señores, para reconocer aquellas provincias, é inqui- 
rir si habia en ellas hombres que hiciesen mal a otros 
(como lo entendía que lo ejecutaban los Caníbales (1) 
y refrenándolos, procurar que todos viviesen en paz. 
Oyó con lágrimas de afecto y regocijo estas razones, 
exponiendo, con expresiones de ingenio, que á no ha- 
llarse ligado de hijos y muger, abandonaría la patria 
por seguir á tan dulces huéspedes. Diéronsele algu- 
nas fruslerías, que recibió de rodillas, no cesándole de 
preguntar á los indios de la Española, si era el cielo ó 


(1) Caníbales eran llamados genéricamente, unos indios habitantes de 
ciertas islas al Oriente de Puerto Rico. Nómbranse así por los muchos cari- 
bes comedores de carne humana que hubo en ellas, interpretándose el Ca- 
nibnl hombre valiente. Herrera, en la descripción de las Indias, tomo I, ca- 
pítulo VIIj y Solorzano, lib, I. Jure Indiarum; cap. VI, núm. 15. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 97 


tierra el originario de tales hombres. Despidiéronse 
con retóricas y urbanas demostraciones, y embarcados 
los castellanos, se hicieron á la vela para la Española. 
A estos antecedentes aludió sin duda nuestro poeta 
D, Miguel de Barrios (1) en esta sentenciosa octava: 

Jll jardín de la Reina van las damas, 
que tras ellas se arrojan con clamores 
donde el Pluton robándolas de escamas 
se vuelven en Sirenas de verdores. 
Con la mano que en Tauro vierte llamas 
saca del agua al sol, llena de flores, 
la Cuba en que el Diógenes indiano 
ve la grandeza de Monarca hispano. 


CAPITULO V. 


Db los viajes, descubrimientos y trabajos del Al- 
mirante HASTA su MUERTE, Y GOBIERNOS EN LA ISLA 

Española, de Francisco de Boba*dilla y Nicolás 
DE Ovando. 


I. No permitiendo los tiempos la directa navega- 
ción, se vio el Almirante en necesidad de arribar á' 


(1) Don Miguel do Barrios, en su descripción do las Islas del mar 
Atlántico y de América, que se halla al principio del librillo anónimo titú- 
lenlo, Piratea de América, 

Tomo II. 13 


98 TEATRO CUBANO. 


Jamaica, (1) reconocióla nuevamente, sufriendo en 
ella infinitos trabajos y pesadas lluvias, y volviendo á 
la Española, halló a su hermano D. Bartolomé Colon 
que instruido de sus descubrimientos había venido á 
ella á participar de las fatigas del hermano. Esforzó 
D. Cristóbal Colon con su presencia y disposiciones 
la conquista y población de aquella isla, teniendo al- 
gunos choques considerables con los naturales, que 
ya se habían hecho á las armas, no contentos de que 
los españoles se aumentasen en ella, y como algu- 
nos de estos estuviesen también resentidos de él, ele- 
varon quejas á los Reyes Católicos. De éstas resultó 
venir Juan de Aguado con cuatro navios y despachos 
Reales para .pesquisar su justicia; pero no pareció bien 
á Colon descargarse ante Aguado, y para no dar sos- 
pochas de confieso con el silencio 6 menosprecio de 
ellas, resolvió pasar por tercera vez á Castilla, 

II. Dejando, pues, á su hermano Bartolomé el 
gobierno de la Española, y por Alcalde mayor á 
Francisco Roldan, salió en una carabela, acompa- 
ñándole Juan de Aguado en otra, y á los tres meses 
de navegación, llegaron felizmente al puerto de Cá- 
diz. 

III. Bien recibido de los Reyes en la Corte, hizo 
sus presentes con las alhajas ricas y extrañas que lle- 
vaba; informó el estado de las poblaciones; y dando 
descargo a las quejas de su gente, é informaciones de 
Aguado, solo se le previno por sus Magestades que 
conviniera haber procedido con menos severidad. — 
Trató los asuntos que parecieron necesarios para la 
continuación de la empresa; y se le dieron providen- 
cias y caudales para tercera navegación. — Concedió- 

(1) Los pasos y hecbos quo comprendíamos en este capítulo, corren 
confoimos á las relaciones de Herrera, Decada 1, lib. 3 y siguientes; y de 
Torquemada, Monarquía de Indias, lib. 4, cap. 1? y siguientes. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 99 

sele licencia para repartir tierras, montes y aguas, re- 
servando como regalías, el oro, plata, palo del brasil y 
metales, y confirióse el Real título de Adelantado, á 
D.Bartolomé Colon, quien en ausencia de su hermano 
había desempeñado su confianza. • 

IV. Salió el Almiranteen 30 de Marzo de 1498 de 
la barra de San Lucar con seis navios. Descubrió la 
isla de la Trinidad, y la tierra firme, el golfo de las 
Perlas y la isla de la Margarita, y llegando á la Espa- 
ñola, dio cuenta á la Corte de dichos descubrimientos. 
— Tratd de apaciguar la sublevación que Francisco 
Roldan fomentó contra el Adelantado D. Bartolomé: 
la que reducida por medios de suma suavidad, dio 
cuenta con instrucción. 

V. También acaeció el siguiente año de 1499 que 
Alonso de Ojeda saliese de Sevilla y con cuatro navios 
armados, y licencia para descubrir, lo hiciese de la 
provincia de Venezuela. Traía de mercader en ellos 
á Américo Vespucio, sabio en la Cosmografía y pilota- 
je, quien se atribuyó artificiosamente la gloria de los 
descubrimientos que habia hecho ya el Almirante, 
llamando á este nuevo mundo Jlmevica^ para perpe- 
tuar su nombre en sus tablas y reconocimientos que 
contiimó, y formó después de orden del Rey, y en cuya 
impostura no demoramos por hallarla vindicada de la 
mejor manera por la pluma del Sr. Solórzano (1). Atra- 
vesó Vicente Llanes Pinzón la línea equinocial, hallan- 
do muchas tierras, y se continuaron otros descubrimien- 
tos. Pero entre tanto, los castellanos en la Española, 
aunque esforzaban sus conquistas, se conmovieron en 
motines, y quejas que sobre las pasadas llamaron la 
atención de los Soberanos, y despacharon sus Mages- 


(l) D. Juan de Solórzano, lib. 1, cap. 4, mira. «5, y siguientes de Jure 
Indiiinim, lib. 1, caj). 2, niim. 11 de su Política Indiana. 


100 TEATRO CUBANO. 


tades por Juez pesquisidor de ellas á Francisco de 
Bobadilla. 

VI. Llegó en dos carabelas el día 23 ^de Agosto 
del año de 1500 á las costas de la isla Espafíoía, sal- 
tando en ellas al siguiente. — Manifestó sus despachos, 
y por ellos la Real concesión que se le hacía del Gro- 
bierno de las islas y tierra firme, con junsdicc¡<)n de 
mero y mixto imperio, alcaldías y alguacilazgos: y 
aunque tuvo sus embarazos se hizo obedecer. — Co- 
menzó la pesquisa contra el Almirante y sus herma- 
nos, prendiendo á los tres: en cuya acción se hizo re- 
marcable, que solo su cocinero se atreviese á poner al 
Almirante unos grillos, los que mandó éste conservar 
y enterrar con su cadáver. — Remitió los presos á Es- 
paña, donde hallaron la Real benevolencia y desagra- 
do contra el desacierto de Bobadilla, esperimentando 
este la resulta de su deposición y que subrogasen sus 
Magestades en el Gobierno de ia Española al Comen- 
dador Nicolás de Ovando. — Dierónsse á éste las ins- 
trucciones más convenientes al mejor régimen y go- 
bierno de las nuevas poblaciones, y pacificaciones, 
buen tratamiento de los naturales, y que no se con- 
sintiesen extranjeros, moros, judíos, ni nuevamente 
convertidos. — Mandáronle reponer los hechos de Bo- 
badilla, y que diese al Almirante toda la atención y 
provecho debido con otras muchas prevenciones para 
su gobierno. - 

VIL Salió Ovando con dos mil quinientos hom- 
bres, diez Religiosos • Franciscos para fundar con- 
vento, y treinta y un navios el 13 de Febrero de 1502 
del puerto de San Lucas, y aunque padecieron una 
borrasca á los ocho dias de navegación, solo peligró 
una nave con ciento y veinte personas. Arribaron á 
Canarias, y siguió desde ellas la armada y partida: con 
que llegando Ovando á la Española el 15 de Abril, se 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTU. 101 


posesionó y continuó su gobierno. Estableció la Ca- 
sa de contratación de Sevilla para el fomenta y parti- 
cular cuidq/do de las negociaciones de Indi¿^ v-Ade- 
lantó Colon muchos descubrimientos, con inmensos 
peligros y trabajos, y contando entre eftos la coíitiiíua- 
cion de desprecio con que Ovando no le admitió eilla 
EspAíiola. Pobló a Veraguas, pero rechazado da 
aquellos naturales con perdimiento de muchos euro-, 
peos, embarcó los restantes y llegó con ellos á Jamai- 
ca: desde esta mandó pedir socorro al Comendador 
Ovando, quien se lo negó inhumanamente. Sufrió 
la insolencia de los Porras, que acaudillaron motin pa- 
ra volverse á Castilla, y otras muchas necesidades. — 
Valióse provechosamente de su ciencia astrológica pa- 
ra amenazar a los indios de dicha isla de Jamaica con 
un eclipse de luna, haciéndoles creer, que el mal sem- 
blante de este planeta, les reprendía la negación de 
alimentos (1) y consiguió algunos, con que sostenerse. 
— Pero creciendo el motin é insolencia de los Porras, 
llegaron á las manos, quedando estos vencidos, de 

cuva resulta se sometieron al Almirante. 

* 

VIII. Haciéndose insufribles los trabajos en Ja- 
maica, y desesperado de auxilios, resolvió pasar ala Es- 
pañola, de donde le replicó Ovando con muchos agra- 
vios. Volvió ¿í Castilla, y hallando muerta a la 
Católica Reina D^ Isabel, no •experimentó la acepta- 
ción que en su vida, aunque el Rey no le desatendió, 
ni aprobó la conducta de Ovando para con él. Pero 
el ánimo acostumbrado ya á otras atenciones, decayó 
de su vigor, gastado también de los trabajos y dolen- 
cias corporales. Apft'aváronse estas, estando en Va- 
lladolid, y lo arrastraron al fín de sus dias, que acabó 
ya Duque de Veraguas á los 20 de Mayo de 1506. 

(l) Ribadcueira ubi sup. t. 2, cant. 5, ép. 5, uoUc. Herrera, ubi suprn. 


102 TEATRO CUBANO. 


• ■ 


ÍX. Dejó'.iyór universal heredero de sus derechos 
y glorias ^á-:sulnjo D. Diego Colon, habido en matri- 
monio cair-b^ Felipa Muñiz de Perestelo, natural de 
Portu^lx^ también tuvo por hijos á D^ Beatriz Hen- 
riqueíi/jiatural de Córdoba, á D. Fernando Colon que 
se .^(^ haber sido caballero de grande virtud, según 
Aritcífiio Herrera (1) á quien seguimos, aunque More- 
^ H*/2) los tiene á ambos por hijos de la Henriquez, y 
/vVháce mención particular de haber sido sacerdote el 
;//.V*Tl). Fernando, amante á los libros, (3) acopiado una fa- 
../ mosa biblioteca que dejó á la Metropolitana de Se- 
villa, y que escribió los hechos de su padre con el tí- 
tulo Historia del Jllmiraiite D. Cristóbal Colorí. 

X. Bosquéjase la persona del Almirante de cuer- 
po alto, rostro largo y respetuoso, nariz aguileña, ojos 
garzos, color blanco rosado, pelo y barba rubia, y al 
fin canas, festivo, cortés y afable. Era sobrio y mo- 
derado en el alimento, parco en el vestido, religioso 
y devoto, hasta rezar las horas canónicas y frecuentar 
los sacramentos, opuesto á maldicientes y blasfemos, 
devotísimo á Nuestra Seflora y del Seráfico San Fran- 

mi 

cisco, de altos y heroicos pensamientos, perdonador 
de injurias y benigno con quienes se las hacian, y fi- 
nalmente, amante y fiel servidor de nuestros católicos 
Monarcas, á quienes adelantó su imperio con los prin- 
cipios de tan vastos y prodigiosos reinos. Dejó gra- 
bado su nombre en el templo inmortal de la fama, y 
un ejemplo, de los que más anuncian la vanidad con 
que deben mirarse las glorias humanas. 


(1) Herrera. Década 1* lib. I, cap. VII. 

(2) Moren, en su Diccionario palabra Colon Cristóbal. 

(3) El mismo, palabra Colon Fernando. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 103 


CAPITULO VI. 

Por orden del Rey, manda el Comendador Ovando 
A Sebastian Ocampo que bojee a Cuba, quien ha- 
lla SER ISLA, Y con DOS ACCIDENTALES ARRIBOS DE 

Españoles, se asientan en otras tantas provin- 
cias DE ELLA LA DEVOCIÓN DE MaRIA SaNTÍSIMA. 


I. Los hechos referidos en el capítulo anteceden- 
te, con sola aquella noticia que basta á la coordina- 
ción de tiempos, ocuparon la atención de los castella- 
nos hasta el año de 1508, sin que se pensase en poblar 
á Cuba. — Hízose reparable al Rey esta omisión y 
mandó expedir Eeal orden al Comendador Nicolás de 
Ovando, que aun gobernaba la Española, para que se 
viese si era tierra enjuta, porque lo más se decia que 
era llena de manantiales (1) y habitable, porque sus 
ríos y algunos manglares de la costa, habian motiva- 
do duda sobre la calidad de su terreno. En su cum- 
plimiento destinó el Comendador al Capitán Sebastian 
de Ocampo, natural de Galicia y criado de la Reina, 
para que con dos embarcaciones, gente y víveres ne- 
cesarios practicase este reconocimiento, 

IL Hízose a la vela a fines del año de 1508, y atra- 
vesando la punta de Maisí, tomó la costa del Norte 
de Cuba, reconociendo sin detención sus puertos, ba- 

(1) Herrera. Decada 1* lib. VII, cap. I. 


104 TEATRO CUBANO. 


hías y ríos; pero hallándose en necesidad de carenar 6 
reconocer sus bajeles, tomó puerto en uno que por su 
abrigo y franqueza juzgó mas oportuno al intento, y 
al cual con esta causa nombraron desde entonces 
Puerto de Cayanas y después la Habana. Concluida 
esta diligencia, corrió en igual forma hasta el cabo de 
San Antonio, término occidental de la Isla, dando 
vuelta para la costa del Sur, llegó por esta a otra ba- 
hía nombrada de Jagua^ por ser este el distintivo pro- 
pio de aquella provincia, y ando en ella pagado de su 
extensión, hermosura y seguridad, capaz de recibir 
hasta mil navios. Aquí fué muy asistido de los na- 
turales, que le regalaron con muchas perdices, como 
las de Castilla, aunque más pequeñas, y con delicadas 
lizas, en que abunda tanto aquel puerto, que las tenian 
recogidas en corrales de cafías, por ser el mar quieto 
y ellas sin número. Siguió su navegación en que gas- 
tó ocho meses y llegado á la Española dio cuenta al 
Comendador de loquehabia observado. 

III. Aunque en la propia relación de este hecho y 
reconocimiento, no se hace mención de un caso me- 
morable, que después se comprendió, nos obligan á 
creer que fué efecto suyo las circunstancias y tiempo 
de él: y que como tal, corresponde aquí su memoria. 
— Refiérese, pues, (1) que habiendo apollado unos es- 
pañoles á la Isla de Cuba, un Cacique de la provincia 
nombrada Macaca, sita en la costa del Sur, como quin- 
ce ó veinte leguas, de la que en que hoy se halla la 
ciudad de Cuba, los recibió y hospedó con agasajo. — 
Continuaron aquellos su viaje, dejando con el Cacique 
á un marinero que por enfermo no pudo seguirlas, y 
en quien ejerció durante su falta de salud, todos los 
oficios de hospitalidad y benevolencia; con el afecto y 


(1) Herrera, Decadas, lib. 9, cap. 6. 


JGNAClO J. DE ÜRRUTIA. 105 


falta de otra comunicación, fueron proporcionando el 
medio de entederse á términos que entre uno y otro 
idioma se comunicasen, en cuya proporción procuró 
el marinero, instruir en la verdadera religión á aquellos 
naturales y particularmente se esmeró^ en infundirles 
la devoción de la Madre de Dios. Informóles su po- 
derosa protección y tierno amparo al género humano, 
y trayendo consigo una estampa de nuestra Seftora, se 
la franqueó, persuadiéndoles á que le hiciesen casa, 
venei'asen y alabasen con la salutación Angélica. 

IV. Encendió el fuego de esta poderosa luz en el 
sencillo corazón de aquellos naturales: y construyén- 
dole a su modo una Iglesia, la adornaron lo mejor que 
pudieron. — Poníanle muchas vasijas de comida y agua, 
creídos de que comería de ella si tuviese necesidad. — 
Enseñóle a que de mañana y tarde la visitasen y sa- 
ludasen, y así lo hacían, postrándose el Cacique y los 
indios de rodillas, las cabezas bajas, juntas las manos, 
V diciendo con humildad Ave María, Ave María: con 
cuya invocación, satisfacían la devoción adquirida. — 
Convaleció el marinero, y retirándose a la isla Españo- 
la, les dejó encargado continuasen con su devoción: 
ellos lo ofrecieron y cumplieron, hallándolos después 
los españoles en su uso y fervor. 

V. Asiéntase también que este Cacique, tenia el 
nombre de Comendador. — Dásele el origen en que in- 
formándole los españoles que pasaron por su provin- 
cia, cuanto importaba ser cristiano, pidió el agua del 
bautismo, y tratando del nombre que habia de tomar 
(como preguntase cual tenia el Señor grande de los Cas- 
tellanos, que gobernal3a- en la isla Española^ y se le 
dijese que, el Comendador mayor) respondió que este 
nombre de Comendador quería se le pusiese. — De 
aquí se inclina Herrera á creer que este pasaje acaeció 
el año de 1508 cuando gobernaba en Santo Domingo 

Tomo n. 14 


106 TEATRO CÜBAKO. 


Ovando, y bojeó la Isla Sebastian de Ocampo, porque 
hasta entonces, no hubo otro Comendador en el go- 
bierno de Santo Domingo: juzgamos lo mismo, aun- 
que importa poco ' que antecediese ó subsiguiese con 
corta diferencia al reconocimiento de Ocampo, siem- 
pre que sea constante (como lo es) que por este 
tiempo se introdujo en aquella provincia y sus natu- 
rales, la devoción de nuestra gran Madre y Seftora. 

VI. Acaeció así mismo en el año de 1510, que na- 
vegando para la Española Alonso de Ojeda con su 
compañía, y no pudiendo por los malos tiempos alcan- 
zar sus costas, se vieron en la necesidad de arribar á 
la del Sur de Cuba. Anclado en la bahía de Jagua 
(1) desampararon todos el navio, por falta de víveres 
y sobrado de disgustos entre Ojeda y un tal Talavera, 
y determinaron ir por tierra hasta la punta de Maisí 
y de allí atravesar a la Española. — Habian pasádost 
ya á la Isla de Cuba muchos indios de aquella y di- 
vulgado lo que padecían con la subyugación de los es- 
pañoles, pusieron en expectación á los patricios, ani- 
mándolos á la resistencia: con este motivo no tuvieron 
en algunas partes Ojeda y sus companeros, tan buena 
acogida como los anteriores, y se veian necesitados á 
marchar sin entrar en los pueblos, porque algunos in- 
dios le resistían al ver hasta setenta españoles unidos. 
Caminaron por las playas y atravesando una ciénaga 
de treinta leguas en que gastaron otros tantos dias con 
inmensos trabajos y muerte de algunos, pudieron salir 
de ella en estado deplorable, reconociendo deber la 
conservación de sus vidas á una imagen de nuestra 
Señora que llevaba consigo Ojeda y cuyo patrocinio 
invocaban muchas veces al día. 

VII. Salieron al fin á un camino, y siguiendo por 


(l) Herrera, Decada 1 lib. 8 cap. IV y V. 


1 


IGNACIO J. DE ÜRR^TÍA. 107 


él como una legua, llegaron (2) á un pueblo nombrado 
Cuybá^ donde cayeron en tierra como muertos de 
hambre, flaqueza y trabajos. —Admirados y lastimados 
sus moi*adores de tan lamentable espectáculo, los aco- 
gieron y alimentaron, y con noticia de«quedar algunos 
rendidos en los caminos mandaron solicitarlos, v fue- 
ron ti-aidos sobre hombros de los particulares. Ojeda 
había hecho en sus angustias voto á nuestra Señora 
de dejar colocada su imagen en el primer pueblo a 
que saliese y la presentó al Cacique. Hízole éste una 
hermita donde se colocó, con toscos adornos y finos 
afectos, y como ya estos europeos sabian algunos tér- 
minos del país, no fué difícil instruir por mayor a sus 
naturales de las grandezas de nuestra Reina y venera- 
ción que se debia a su Santísima imagen. Extendióse 
en ellos la devoción y reverencia, adornaron la her- 
mita con paños de algodón, y la mantenian con aseo 
saludándola con la salutación JlngHica^ é hicieron 
coplas en su idioma á nuestra Señora y en sus bailes 
y regocijos que llamaban areytos los cantaban ensal- 
zando su Santísimo nombre. 

VIII. Mantuviéronse Ojeda y los suyos en aquel 
pueblo, hasta hallarse peifectamente convalecidos, y 
después continuaron con escolta y auxilio de sus na- 
turales, acercándose á lo más oriental de la isla. Lle- 
garon á la provincia de Macaca, mandada por el Ca- 
cique Comendador, de quien fueron bien recibidos y 
hospedados: y como esta se encontraba situada á la 
costa del Sur, fronteriza, y solas veinte leguas distante 
de Jamaica, haciendo memoria de que en esta isla ha- 
bla ya españoles, resolvieron pasar á ella. Hízolo Pe- 
dro de Oixlaz, en una canoa de los indios equipada de 
estos, y dando de ello noticia á Juan de Esquivel que 

(2) Herrera, cap. IV y V. Década 1, lib. 8. 


108 TEATRO CUBANO. 


tenia el gol)iemo de dicha isla, mandó una carabela 
que condujese los demás españoles que quedaban en 
C/Uba, lo que se efectuó felizmente. 

IX. Por estos medios tan extraordinarios á la hu- 
mana comj)ren8ion, comenzó Dios á introducir en la 
isla de Cul)a la religión católica y con el principio de 
adorar á su Santísima Madre. —Dos templos tuvo en 
ella antes que se situasen los españoléis en su territo- 
rio: feliz principio en que asimiló á nuestra España, 
cuyo primer templo fué dedicado en Zaragoza por el 
Apóstol Santiago á la misma Santísima Madre de 
Dios con el título del Pilar, aun viviendo esta. — Y pues 
aciuellos en reconocimiento de tal misericordia, y me- 
moria de haberla comenzado á alabar con el Ave Ma- 
ría, compusieron á nuestra gran Madre un famoso 
anagrama que perpetuase su acuerdo, justo será 
que á su buen ejemplo le tributemos por los expues- 
tos el corto obsequio de este 

SONETO. 

Desde que Dios fraguó la inmensa el... 1 

de posibles, que en tiempo for 2 

pre V ió crear, sin mancha una 2 

(pie del Verbo encarnado fucvse n 1 ¿ 

Quiso que Kspafla fuera de CvSta 11 1 s *^ 

Pih9\ que en Zaragoza to 2 > 

asiento* en que el intiemo bra 2 I 

Á influeneias de Safitiago, Santo y su 1 i 

Y Viendo que en su culto se con 3 

Ks|)aña^ dando de ella prueba 4 

por su medio iTiuedia la des 3 

de CuIhi y de dos templos la re 4 

que un luarinem en uno le hace 3 

Y Alonso Ojeda en otro 3-4 


R 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 109 


CAPITULO VIL 


Pasase a la isla de Cuba desde la Española el Ca- 
cique Hatüey con sus vasallos amedrentados 

DE LOS europeos, y EXHORTA A LOS SUYOS A FIN DE 
OCULTAR EL ORO PARA CUANDO LOS SIGAN EN ELLA. 


I. Si los hechos de los mismos españoles, no hu- 
bieran dado causa a alterar el semblante de los natu- 
rales de Cuba: no hay duda que según el aspecto de 
benevolencia con que hasta aquí se han visto reduci- 
das en ella, antes que conquista, debería denominarse 
su ocupación, ó posesión pacífíca: pero algunas violen- 
cias que comenzaron á experimentar los de la isla Es- 
pañola, y cuyas noticias trajeron los quejosos a Cuba, 
les obligaron á ponerse en alguna expectación. Que- 
da dicho que por este motivo en la antecedente pere- 
grinación de Alonso de Ojeda, resistían su entrada en 
algunos pueblos; y corresponde también presuponer a 
la pacificación de la isla, la retirada del Cacique Ha- 
tuev dimanada de la misma causa. 

II. Entre los muchos indios que déla Españolase 
retiraron a la isla de Cuba, cruzando en canoas aque- 
lla corta distancia de sus cabos, fué uno, el menciona- 
do Cacique Hatuey. Era éste, señor en aquella de la 
provincia nombrada Guahaba, una de las situadas in- 
mediata á su cabo occidental. Caracterizóse en ella 


lio TEATRO CUBANO 


de cuerdo y valiente (1) pero no bastándole ni una ni 
otra prenda para redimirse de la dominación de los es- 
pañoles, eligió el partido de dejar su antigua habitación 
y pasarse con los suyos a la isla de Cuba. Tomó por 
asiento en ella 4a punta oriental llamada de Maisí, cu- 
yo ten-eno quebradizo y áspero, fértil de ríos, adorna- 
do de altas serranías y opulentos montes, creyó pro- 
picio para sus intentos. 

IIL Establecido en ella, usó el sistema político de 
CQüvertir en suave vasallage aquella dominica potes- 
tad que conmunmente ejercian sus iguales para con 
los subditos, conociendo cuanta más defensa y confian- 
za debe tener el que se hace dueño de las voluntades, 
por los medios suaves y dulces, que el que solo es 
obedecido por temor de los rigores. Y no solo orde- 
nó su gente en lo económico, a su modo de gobierno, 
sino que temiendo que los españoles habian de pasar 
á poblar á Cuba, como á la Española, conservaba sus 
expias avanzadas que procui*asen inquirir los designios 
y movimientos de estos. Por ellas tuvo noticias el 
año de 1511 de que el segundo Almirante D. Diego 
Colon, resolvía mandar gente a la pacificación y pobla- 
ción de Cuba, y uniendo la suya que corría con el dis- 
tintivo de belicosa, preparó su ánimo á la resistencia, 
que premeditaba por medio de una plática notable. 

IV. Recordó á sus memorias, con todos los vivos 
de la ponderación, las pei-secuciones que habian sufri- 
do y experimentado de los castellanos en la Españo- 
la. — Díjoles que todas sus fatigas y hostilidades, eran 
dirigidas á adquirir un grande Señor ó Dios, á quien 
querían y amaban mucho los advenedizos (2) y el 


(1) Antonio Herrera, Década 1, lib. 9, cap. III, g último. 

(2) Seguimos á Antonio Herrera nbi supra. T haoe mención de eisto 
el Padre Torquemada en su Monarquía Indiana, lib. 15, cap. X. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. líl 

■ * Vi ■ n n ■ ■ ■ I _ _ _ _ _ _ ■ 

cual les mostraría. Y sacando una cestilla de palma 
en que tenia alguna porción de oro, refinando su elo- 
cuencia exclama: «Veis aquí su Señor: a este sirven, y 
»tras este andan; y pues como habéis oido quieren ya 
Dpasar á esta isla, no buscando más que a este Señor: 
«hagámosle fiesta y bailes para que cuando vengan les 
«diga que no nos hagan mal.» Al eco de tal impulso, 
resonaron las bocas y los pies, comenzando los indios 
á cantar y bailar á su uso. 

V. Era estilo entre estos, cantar y bailar al com- 
pás del canto, única regla que daba uniformidad á sus 
movimientos, y guardaban tanta igualdad en ellos, que 
bailando juntos y no por tumo todos los concurrentes 
hombres y mugeres, aunque fuesen mil, no discrepaba 
uno de otro en los movimientos de manos, cuerpo y 
pies, Su duración solo se limitaba á la suficiencia de 
los bailadores, siendo su término el de un cansancio 
que los postrase rendidos, por cuya costumbre dura- 
ban toda una noche, y con estas reglas continuaron 
largo tiempo el que hacian á la cestilla del oro. Con- 
cluido en el cansancio, volvió á hablar Hatuey precep- 
tuándoles «que no guai-dasen el Dios de los Cristianos, 
«porque aunque lo ocultasen dentro de las tripas se lo 
«hablan de sacar; y que por tanto lo echasen en el rio, 
«donde el agua lo defenderia de sus ansias.» Hiciéron- 
lo así, arrojando el oro al fondo del rio, y quedaron 
menos cuidadosos de la venida de los extranjeros. 
Acción memorable y que obliga á traer á la memoria 
aquel hecho y dicho de Crátes el de Tébas que refiere 
Catón ^1) cuando al arrojar al mar un gran peso de di- 
nero dijo: quieroos anegar porque no me aneguéis. Y 
prueba evidente de que entre los indios hubo también 


(1) Reñerelo el Padre Niereberg en au Temporal y eterno, lib. 5, 
cap. VIII y Parladoríó en su Epístola 3, á folios número 7. 


112 TEATRO CUBANO, 


SUS ñlósofoa, que. como Esquines, (1) conocieron que 
dan las riquezas tral>ajos al adquirirlas, cuidados al 
conservarlas^ peligros en guardarlas y sobresaltos para 
defenderlas. 

VI. De est» semblante político se hallaba la isla de 
Cuba, cuando el segundo Almirante D. Diego Colon 
que sucedió en el gobierno de la Española al Comen- 
dador Nicolás de Ovando, nombró á Diego Velazquez 
para que pasara á su paciñcacion y población, de cu- 
yos principios hemos llegado ya á pisar sus quicios. 

VIL No pueden con claridad referirse los hechos 
de nuestros españoles en ella, sus poblaciones y pasos, 
sin presuponer alguna luz más clara de su terreno, 
costas y calidades, porque darian en vacío todas las 
cualidades sin la previa definición del ente que lo es, 
de aquí la descripción del plano sobre que va á ope- 
rar. Por tanto conviene preocupar su noticia* no solo 
con aquellas que observaron el primer Almirante en 
sus dos reconocimientos Ocampo en su bojeo y los 
demás en sus tránsitos referidos, sino también con par- 
te de las que hasta este tiempo hablan descubierto 
otras obsen aciones, haciendo la más breve v clara 
descripción de la isla con que cerrado este libro, deje- 
mos instruido el entendimiento de los principios ne- 
cesarios á la inteligencia de esta historia. 


(1) £1 mismo Nierebei^^ Diferencia entre lo temporal y eterno, iib. 5, 

oap. vni. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 113 


CAPITULO VIII. 


Comienza a describirse la Isla de Cuba, dando no- 
ticia DE su SITUACIÓN, COSTAS Y CALLES, MOVIMIEN 
TO DEL MAR EN ELLAS, PECES, PUERTOS, BAHÍAS, 
Ríos Y SALINAS. 


I. La Isla de Cuba es la mayor y más occidental 
de las que descubrió D. Cristóbal Colon y hoy se nom- 
bran Antillas 6 de Barlovento. Sitúase dentro del 
Tr(5|)ico de Cáncer (1) al Norte de la equinocial, des- 
de los veinte grados de latitud, en que se demarea el 
cabo de Cruz al Sur, reconocido por Colon en su se- 
gundo viaje, hasta los veinte y tres grados, quince 
minutos en que cae la bahía de Matanzas á el Norte, 
y desde los doscientos ochenta y ocho grados, treinta 
minutos en que está el cabo de San Antonio, al Oeste, 
hasta los trescientos un grado, veinte minutos, en que 
queda al Este la punta de Maisí^ que los indios lla- 
maban Bayatiquii% y el primer Almirante alfa et 
omega. 

II. Cae la parte occidental de ella casi al medio 
de la garganta que forman á el Seno Mejicano, las 
costas de la Florida descubiertas en el año de 1512 


(1) SígueBe príncipalmeiite á Herrera en su descripción, cap. VI, y en 
la Década 1, líb. 9, cap. IV, en qne nne lo que se pasó en este y los siguien- 
tes: y á Moreri, Diccionario histórico Se palabra Cuba. 

Tomo II. 16 


114 TEATRO CUBANO 


por Juan Ponce de León al Norte, y de Yucatán al Sur. 
Dista de aquellas veinte y cinco leguas y de estas se- 
senta, diez y ocho de la Española al Oriente, y veinte 
de Jamaica al Sur, fronteriza al cabo de Cruz. Demás 
de estas vecindades que por una y otra costa hacen 
estrecho el mar; está rodeada de innumerables isletas 
que oprimen las aguas hasta reducirlas á canales y 
canalizos, más ó menos navegables. Por la costa del 
Norte es mas ocupada de ellos, eontinuando los dis- 
tantes desde la Española hasta frente de Florida, 
y a'clyacentes desde eayo Romano hasta punta de Hi- 
cacos. Por entre estos y aquellos tiene un canal na- 
vegable, nombrado hoy el canal viejo, cuyo principio 
reconoció Colon en su primer viaje, y por él bojeó 
Ocampo esta parte de la Isla, y por entre dichos ca- 
yos é isletas de fuera y las costas de Florida, tiene 
otro mas amplio y navegable, denominado el Canal 
de Bahama. No dio el Almirante nombre á estos ca- 
yos más adyacentes por no haberlos reconocido todos, 
peio después los llamó Velazquez el Jardín del Rey. 
El resto del Norte es mas limpio de estos padrastos, 
I)rincipalmente desde dicha punta de Hicacos hacia 
el Oeste y cabo de San Antonio. 

III. Por la del Sur coire franca toda la costa 
inmediata hasta el cabo de Cruz. Anchando siempre 
la Isla desde Maisí hasta dicho cabo, se angosta desde 
él como la mitad, retrocediendo la tierra ó introdu- 
ciéndosele el mar, de suerte que forma aquel tenito- 
rio como una aleta que es la que se llama cabo de 
Cmz; y todo el vacío ó seno que abriga dicha punta, 
y corre hasta cerca de Jagua, se halla ocupado de las 
isletas y cayos que reconoció Colon en el segundo 
viaje y nombró Jardín de la Reína^ pero por fuera de 
ellos, es libre el nlar con solo tal cual cayo. El fren- 
te de Jagua es también limpio, más á corta distancia 


IGNACIO J. DE ÜRKUTIA. 115 


de ella vuelven á ocupar la costa varios cayos que si- 
guen hasta el principio de cabo Corrientes: sirviendo 
de abrigo a éstos la isla de Pinos, última situada a el 
mar y término de la segunda navegación del Almiran- 
te, donde (como se ha dicho) se proveyó de leña. 
Desde ella hasta el cabo de San Antonio, es libie de 
otro peligro que el bajío de Sancho Pardo. 

IV. Consecuente á las causas expuestas y vientos 
reinantes, se notan los dos movimientos perceptibles 
del mar, que son corriente y flujo. En todas bis is- 
las de Barlovento se observan las corrientes bastante- 
mente sensibles, pero mucho más en la de Cuba, [)or 
lu estrechura en que pone su situación a ambos ma- 
res. Por entre ella y Jamaica (1) es la corriente á el 
Oeste: desde cabo de Cruz corre al Nordeste, y so- 
bre lo8 Caiu)anes al Norte y Nordeste á buscar los 
canalizos de los Jardines, por la isla de Pinos salen 
para el Sudoeste hasta montar cabo Corrientes, des- 
de el cual van las aguas al Oes-Norueste y al Norues- 
te, por la costa del Norte siguen de Maisí al Norues- 
te, por el canal viejo á el Oes-Norueste con lentitud, 
y de punta de H ¡cacos hacia el Norte y Nordeste á 
buscar los otros canales. Desde Cabanas corre al 
Este y Es-Nordeste, á veces violenta a buscar di- 
chos canales, mas desde dicho Cabanas hacia la par- 
te del Oeste, estando sobre la costa, hace rebeza y tira 
para el Sudeste á buscar los canalizos de los bajos de 
Santa Isabel. Esto es lo ordinario; aunque con Nor- 
tes, brisas 6 Est«s y vendavales, corren según los ca- 
nales é impulso de los vientos. El flujo y reflujo es 
mas sensible en sus costas en los novilunios y pleni- 


íl) D. Pe^lro Manuel Cedillo en su tratado de Cosmografía, libro 1?, 
í5ap. 5?, de las corrientes del mar, y Antonio Herrera al cap. 12, libro 9, 
Década 1, los ponen con mas extensión. 


116 TEATRO CUBANO. 


lunios (1) y principalmente en Marzo y Setiembre. 

V. Con la propia causa de hallarse tan ocupadas 
y sondables sus costas y hacer remanso en ellas el 
mar, son asistidas generalmente de mucha y buena 
pesca. Abunda en tortugas tan grandes (jue rinden 
hasta un quintal de carne y manteca, aquella muy pa- 
recida á la de vaca y carnero, y ésta semejante a en- 
jundia de gallina. Es de buen gusto y no solo sana, 
sino medicinal para sarna, lepra y otras dolencias de 
su especie. Tiene muchas y hermosas lizas^ particu- 
larmente en la costa de Jamaica, como las vio Ocam- 
po; pargos delicados; meros copiosos; sieiTas, robalos^ 
agujetas^ mojarras y otros semejantes. Cria entre 
estos hacia la costa del Sur el pez nombrado manatí, su 
figura es como un ternero sin pies, que debajo de unas 
aletas tiene sus pechos, con que cria á leche sus hijue- 
los; los i)are en la costa y los enseña después a na- 
dar: cómese su carne hecha cecina y tiene la simili- 
tud y gusto de la de cerdo ó marranos, siendo tan 
grandes que uno rinde por lo común tres quintales ó 
más de carne. Finalmente es tanta la variedad de sus 
peces que necesita toda la proligidad de un Díoscóri- 
des indiano para poderlos individuar (2). 

VI. Goza en las repetidas costas de muchos y her- 
mosos puertos y bahías, entre los cuales corren algu- 
nos por los mejores del mundo, hasta decir nuestro 
Herrera que son más cerrados y seguros que si los 
hubieran hecho á mano. Numera en esta clase por 
la costa del Sur, al de Guantánamo de grandísima ex* 


(] > El citado Cedillo nbi, snpra, relación del flujo y reflojo y Herrera 
ibi. 

(2) Nuestro sabio maestro y amigo el Sr. D. Felipe Poey^ tiene en vía 
de publicación un completo tratado de Ictiología cubana, cuya aparición 
anbelan los bombres de ciencia; le acompalían exactísimas láminas dibuja- 
das por el mismo sabio naturalista. — B. C. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 117 


tensión. A el de Santiago de Cuba, que es en forma 
de una cruz. El de Jagua (que clausula) no debe te- 
ner otro tal el mundo, porque entrando Us naos por 
una angostura que cruza un tiro de ballesta, se intro- 
ducen en su anchura como de diez leguas de aguas 
con tres isletas, que a una ó dos de ellas pueden atar- 
se en estacas, sin temor de movimiento por su capa- 
cidad y resguardo de las serranías que le circulan, al 
Norte tiene el de Carenas y la Habana á quien pocos 
igualan, el de Matanzas no muy seguro ni guarda- 
do, el del Puerto del Príncipe que hoy llaman Nue- 
vitas; y Baracoa llamado el Rio de los Mares, á es- 
tos deben agregarse el Maricl y Bahía-Honda, al 
Poniente de la Habana, la bahía de Ñipe al Norte en 
jurisdicción de Puerto del Príncipe, cuyas circunstan- 
cias no especificamos por seguir el espíritu con que 
las silenció nuestro Gobernador Orejón (1) de no exci- 
tar curiosidades extranjeras; aunque conozcamos que 
en estos tiempos son mas notorias a los extraños que 
á los propios. 

VIL Derraman tanibien en dichas costas nmchos 
y copiosos ríos, y aunque solo hace memoria nuestro 
Herrera (2) de los de Cauto en la provincia de Baya- 
mo y de los Mares, que hace puerto á Baracoa, son 
igualmente memorables otros que bañan sus costas. 
En las del Norte se encuentran dos de Sagua, la Gran- 
de y la Chica, que derraman cerca de la villa de San 
Juan de los Remedios, los de Matanzas que entran 
en su bahía, el de la Chorrera, dos leguas al Ponien- 
te de la Hat)ana, el de Maninani que aumenta las 
aguas de Bahía-Honda, y el de Guadiana en la pro- 
vincia de Aniguanica, por el cual hoy se conducen los 

(1) Orejón Gastón, Excelencia del arte militar, cap. 43, fojas 12. 

(2) Herrera Década 1% folios 232, columna 2* y folios 272, colum- 
na 2^ 


118 TEATRO CUBANO. 


tabacos de Cuyaguateje. Y en las del Sur numera el 
de Sasa, que sirve de puerto a Sancti-Spfritus, los 
de Manatí y Guarabo en jurisdicción de Trinidad, 
los Yuniurí y Arimao en la provincia de Jagua, her- 
moseando minas de oro las márgenes de éste, según 
se dirá las halló Diego Velazquez. El Aguijonal cuya 
boca forma un puerto nombrado el Gato, y el de Cu- 
yaguateje que derrama en la memorable bahía de Cor- 
tés. Todos estos son navegables por barcos menores 
y algunos por balandras y bergantines muchas leguas 
á dentro de su boca, y sus brazos fertilizan el terreno 
de la Isla, además de otros muchos de menor nombre 
que igualmente lo riegan y fecundan. 

VIII. En estos rios y en los lagos y ciénagas de la 
costa, abunda la pesca de agua dulce con hermosas 
guabinas^ delicadas afiguilas^ grandes camarones, be- 
llas viajacas y maiijuaries^ y otros muchos peces de 
esta clase. Los galápagos de ellos nombrados jico- 
teas^ son muy gruesos y de agradable gusto, y abun- 
dan tanto en algunos, que ofrecen diario alimento á 
los comarcanos. Críanse también caimanes y coco- 
drilos^ especie de lagartos que suelen hacer daño a las 
gentes matándola y comiéndola, pero es necesario que 
preceda mucho descuido, porque los primeros son de 
pesado movimiento y los segundos tímidos á la voz 
entera del hombre. 

Abunda finalmente sus costas en fecundas y de- 
licadas salinas, que no solo proveen abundantemente 
á la Isla, sino que socorren á Méjico y otros puntos faltos 
de ella. Es su sal de mejor calidad y grano que la de 
Yucatán y demás del seno Mejicano, pero entre todas 
se particulariza la que dan las salinas de Guantánamo 
á el Sur, que proveen la parte oriental de la Isla y la 
de punta de Hicacos al Norte, veinte y cuatro leguas 
del puerto de la Habana, que surte lo occidental de 


IGNACIO í. DE URRUTlA. Il9 


ella. Nada le falta por naturaleza para vivir según 
ella, y todo se lo proveyó su autor con abundancia y 
superior calidad. 


CAPITULO IX. 


Continua la descripción dé la Isla de Cuba por lo 
respectivo a su longitud, latitud y terreno, 
fertilidad, montes, frutos, aves y animales. 


I. El territorio de la Isla se estima en doscientas 
treinta leguas de longitud que corren de Oriente á 
Poniente, según Antonio Herrera (1) en doscientas 
cincuenta según el cómputo del Maestro Gil Gonzá- 
lez (2) y en trescientas por el Sr. D. Juan de Solór- 
zano: (3) su mayor latitud es de cuarenta y cinco, 
desde cabo de Cruz á punta de Maisí, angostándose 
después todo lo occidental hasta estrecharse á doce 
leguas. Y aunque el repetido Herrera quiere solo que 
tenga aquella longitud por tierra porque por mar y 
agua no las hay, es cierto que por tierra tiene más, 
porque la experiencia y agrimensura numera ochenta 
del cabo de San Antonio á la Habana; de ésta á San- 


(1) Herrera, Década 1% 11b. II, cap. III. 

(2) Maestro Gil González, Tbeatro Ecles. cap. I, pág. 273} y Moren 
en dicha palabra Cuba. 

(3) Solór7^no, lib. I, cap. VI, mim. 12, de Jare Indianim. 


120 teatuo cdbano. 


tiago de Cuba doscientas veinte, y de Santiago á la 
punta de Maisí sesenta. Sin que obste otra dimen- 
sión por los grados que ocupa desde el cabo Oriental 
á el Occidental, porque no siendo su figura recta, es 
necesario aumenté la terrestre á la directa de grados. 
Sin embargo conocemos que por la falta de dirección 
de caminos porque se hace la mensura terrestre au- 
menta mucho y creemos que con ella pueda tener 
poco más de trescientas leguas que le asigna Soldrza- 
no de cabo á caboj computándosele setecientas de 
circunferencia* 

, II. Su terreno desde Maisí por el Norte es áspe- 
ro de serranías, que quebrando en una corta llanura, 
en que se pobló^cBaracoa, siguen como diez leguas des- 
pués de esta. Al Sur llene otra llanura algo mayor 
en que se pobló Santiago de Cuba^ pero remontando 
en nuevas serranías por ella, corren hasta la costa del 
Bayamo. Desde éste siguen tierras bajas 6 llanuras 
que llamaban los indios sabanas; y aunque todo lo de- 
más de la isla es llano (menos algo de la costa del Sur 
en las inmediaciones de Trinidad) .se observa la dife- 
rencia de que en dicho terreno de Bayamo, parte del 
Príncipe y lo más desde la Habana hasta cabo de San 
Antonio, es limpio y sin árboles y lo menos montuo- 
so, y al contrario en el resto de la Isla.. 

III. Algunos autores á quienes siguió nuestro Don 
Juan de Solórzano (1) han padecido el engaño de afir- 
mar que en esta isla de Cuba hay un valle que llaman 
de Bolas, de más de doce mil pasos de largo, todo lle- 
no de piedras guijarreñas redondas de diferentes ta- 
maños, tan perfectas como si se hubiesen torneado, y 
que han llevado algunas á Sevilla para balas de arti- 
llería. Dije que han padecido engaño, porque en la 
• • 

(1) Solórzauo, Política, tomo I, lib. cap. IV, núm. 10. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 121 


Isla no hay tal valle, pero pudieron equivocarse cre- 
yendo en ella el que hay en Nueva España. Refiere 
nuestro Ribadeneira (1) que en el camino del viejo 
Méjico para el nuevo, saliendo del Presidio del paso 
del Norte al nuevo Méjico, en la forma de treinta le- 
guas de distancia, que llaman la del Muerto, hay en la 
medianía un grande cerro nombrado el de las Balas, 
de piedras de todos calibres fabricadas por la natura- 
leza, desde el perdigón hasta el tamaño del cañón de á 
veinte y cuatro, treinta y seis y más; tan perfecta- 
mente esféricas, como si se hubiesen vaciado en tur- 
quesa, de que llevó algunas á España. Y como lo más 
que se conduce de Nueva España á Castilla, pasa con 
escala en la Habana ó Cuba, pudo nacer de aquí la 
equivocación de asentarlas llevadas de Cuba, como 
oriundas en su Isla. 

IV. El temperamento de ésta, es cálido por la ex- 
puesta situación; pero lo suaviza la abundancia de 
aguas con que es refrigerado casi todo el año. Por- 
que en el invierno las atraen los Nortes y Vendavales, 
que propiamente le constituyen, donde no se conoce 
otras nieves ni hielos que su delgado aire. Cuando 
cesan estasen la primavera, siguen con corta interrup- 
ción las aguas de ella, que abundando en el estío, dan 
mezclados sus vestigios en el otoño, con la repetición 
de los Nortes. Por esta causa forma un temperamen- 
to templado entre el híimedo y cálido, que se ha re- 
putado siempre por benigno y más suave que los cir- 
cunvecinos, pero si se le retardan en alguna estación 
las lluvias, pica en epidemias dañosas á la salud, que 
hacen por lo común poco robustos sus habitantes. De 
esta causa experimenta dos efectivas primaveras en 
el curso del año; la una mediada, la que análogamen- 

(1) Ribadeneira; en suPa^tíeiupo, tomo 11^ canto Y, época V, nota B. 

Tomo U. 16 


Í2Í TEATRO CUBAl^O. 


te se conoce |>or tal y coinieza desde fínes de Abril á 
mediados de Junio, según se adelantan ó atrasan las 
lluvias, y la otra en otoño conforme se reconocen los 
Nortes, por Octubre 6 Noviembre. En cada una de 
ellas se renuevan los campos de todo lo que han per- 
dido á los fínes de la anterior. 

V. Sus efectos no solo rinden fausto y hermosu- 
ra á Flora, más también tributan sazonados frutos á 
Pomona, dando dos cosechas al aflo como los campos 
(1) regados del Indo. Distinguense por la denomi- 
nación de aguas y de/río^, bien que la primavera es 
más abundante como más natural. Los indios solo 
cultivaban en ellos el nmíz y la yuca, de cuya raiz ha- 
cían el casabe (2) y los españoles han continuado este 
cultivo por necesario donde no se coje trigo. Es la 
yuca una planta que en los primeros años produce 
algunas raices gruesas que prendiendo de las princi- 
pales comunes, se conservan blandas y jugosas (como 
el gengibre y muriack holandés, aunque sin picante) y 
se llaman también yucas á distinción de las otras raí- 
ces duras y delgadas. Rayanse en levizas ó rayos de 
hoja de lata, y aquel aserrín que produce se prensa, 
hasta que soltando el jugo, queda con solo la hume- 
dad necesaria á unirse. Este se cuece al fuego, so- 
bre burenes, en forma superficial y redonda, compues- 
ta de dos telas unidas con que forman una torta de 
casabe como de tres cuartas de diámetro, cuyo alimen- 
to aunque algo pajoso, suple la falta de pan, sin des- 
agrado, especialmente con salado y dulce. De las 
partículas más finas que como harina forman asiento 
en el agua, sale sin otro beneficio el almidón con que 
se une como con cola y blanquea y dá cuerpo á la ro- 

( 1 ) Refiérelo el autor anónimo, al libro Piratas de América. 

(2) Trata del casabe Antonio Herrera en la descripción, f. 6 v en la 
Década 1% fs. 260 y fól. 234. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 123 


pa de hilo lavada. Los indios hacían de esta agua 
una bebida que llamaban veycosí^ (1) pero no se ha 
conservado su uso en Cuba. No entendiendo que se 
halla continuado otro cultivo de los indios: mas los es- 
pañoles !o han hecho de la cafta dulce (que trajeron 
de Europa á la isla Española un Atienzo y (2) Bachi- 
ller Beloza y pasaron desde luego á Cuba), y de todos 
los demás granos propios de países cálidos que rin- 
den en abundancia. No se cogía ni coge en ella trigo 
ni vino, atribuyendo Herrera (3) á su mucha fertili- 
dad el no granar aquel ni madurar próvidamente 
la uva. 

VI. De esta misma temperie y de la multitud de 
rios menores, arroyos y lagos que fecundan las llu- 
vias, nace perpetua frondosidad y opulencia de sus 
campos siempre verdes y hermosos. Se visten con 
tan honesto recato y orden, que nunca dejan verse 
desnudos. Los cedros crecen y se multiplican como 
en el Líbano, y siendo tan robustos que cada uno pre- 
tende ser hablante del cielo, no corre tan ejecutoriada 
su presunción que dejen de disputarla con justicia 
otros robustos jigantes de los montes, como el sabicú^ 
(4) la caoba^ (5) el chicharrofi, (6) el pino^ (7) el 7*oble^ 


(1) Trata del casabe Antonio Herrera, en la descripción fs. 6 y en la 
Década 1* fs. 260 y 234. 

(2) Herrera, en la descripción de las Indias. Gap. VI. 

(3) Herrera, ubi supra. Gap. IV y el fin. Pero en algunos lugares se 
coge trigo como diremos. 

(4) Sabicú. — LysÜoma sabicú. — Benth. 

(5) Gaoba. — Sioietenia mahagoni Z. 

(6) Gli¡charron.-*Gon este nombre se conocen el TermincUia chi- 
charronia: el de monte. T. arbusciüa y el espinoso Drypetes glomerata, 
£1 Sr. Sauvalle, en su Flora Gubana, cita otros. 

(7) Bajo el nombre de pino se conocen el Pimis accidentális y el laurel, 
Pino de monte ó Guiniba. Xüqpia grandiflora. 


124 TEATRO CUBANO. 


(1) y otros semejantes, que con desmesurado tronco, 
elevada cabeza y espesas ramas, forman cada uno por 
sí solo un frondoso bosque. Es cierto que el cedro (2) 
por la cuantidad, nobleza y duración de su madera, 
aplicable para todo con utilidad y hermosura, lleva el 
principado en la Isla, pero no por eso faltan muy su- 
periores lugares á el lustre de la caoha^ á la negrura 
del ébano, (3) á la resistencia del sabicú^ chicharrón y 
quiebrahacha^ (4) ni á la utilidad con que el pino rin- 
de la brea y alquitrán de tan ventajosos servicios. 

VIL Demás de estos, tiene muchos árboles me- 
dicinales, como el Guaguas!, (5) cuya resina es pur- 
gante anti'gálica^ la que llama Moreri Caninga y Cur- 
bana^ cuya corteza se asemeja á la canela: el Ocuge (6) 
de que también se saca resina para las fracciones 
corpóreas: el mate, (7) (bguco) que conspira también 
k unir dichas roturas, la Güira (8) divina para des* 
hacer coagulaciones de golpes, la Caña-fistola (9) y 
otras muchas plantas y yerbas saludables en que es 
particularísimo el F)*ailecillo (10) para facilitar la fe- 
cundación de las estériles. Los frutales silvestres son 
también sin número. Celebra dignamente nuestro 
Herrera la Jagua^ [11) cuy a> fruta hace símil ala pera: 

(1) Bajo este nombre dnerbe el Sr. Sau valle catorce especies y las 
más principales son del género Ehretia, Baurreria, Citharexylumy Clero- 
dendron, Wtex, Tecoma y Catalpe. 

(2) Cedro. — Cedreía adorata. 

(3) Ébano. — Amarillo Syderoxyhn fimstichodendron. Jocoma amari- 
llo. — Amarillo Tecoma leucoxylon, — Real Diospyros Tetrasperma. 

(4) Quiebra-hacha Copaifera hymem^olia, 

(5) Q-nagnacf (hsearia Laetivides y la IxBüa iermstroímiodes. 

(6) Ocnje Calaphylum calaba. 

(7) Mate Canavcdlia cuibensis. 

(8) Güira Crescentia cítete, 

(9) Gaña ñstnla, (Jassia fístula. 

(10) Frailecillo.---JafrqpÁa diversi/blia: y el cimarrón. 

(11) Jagua. — Oenipa americana, G, caruto. — Pera de la mar. — Crepnia 
dausktfoHa. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 125 


pero aunque lo sea en el tamaño y algo del gusto, 
debemos advertir que no es de carne sólida, como 
aquella, sino con especie de gajos y algo mas aguada. 
También hace mención de las Parras silvestres, (1) y 
que por ellas solían decir los españoles que habían 
visto viñas que duraban 230 leguas. Son ademas de 
estos el Mamoncillo (2) cuyo árbol iguala al ciprés 
en hermosura rindiendo fruta gustosa: la palma cuya 
especie Manaca (3) da un fruto abotijado, del porte 
de dátiles grandes, es dulce, y muy maduro produce 
un vinagre fuerte: otros pudiéramos numerar de los 
que acostumbran comerse, pero los frutales que no 
gastamos por falta de uso y con que se alimentan los 
cerdos y demás animales como la bellota (4) la maja- 
gua^ (5) la guasina^ (6) el cuajaní, (7) el jobo^ (8) y 
otros símiles, son sin número. 

VIII. Sus frutas de cultivo son las comunes de 
tierras calientes. El mamey colorado^ (9) otro ma- 
mey amarillo^ (10) mayor que el melocotón y de di- 
versa cascara, pepita y olor, pero semejante en la car- 
ne de suavísimo gusto; naranjas^ limas, limones^ (11) 
con abundancia; mamones y anones (12) como los de 


(I) Parra cimarrona. — Vitis labrusca. 
¡2] Mamoncillo. — Bitfuya melicoca. 
f3) Manaca. — Geonoma dtUcis. 

(4) No conocemos la beUota en Cuba. 

(5) Majagaa — HQnscus tiliaceus, eyisten además la Thespcpsia popu- 
linea, la de pinar Carpodiptera cubensis, etc. 

(6) Guácima. — Gruazuma ídmifolia, G tamentosra, — Capulina ó Gua- 
cima cereza Híutingia eálabura, — G. varía Luteea platypetala, 

(7) Coajaní. — Pruntts'occidentalis. 

(8) Jobo. — Spandias lútea. 

(9) Mamey colorado. — Lúcuma mammosa. 

(10) Mamey amarillo. — Maniera americana, 

(II) La naranja dulce es exótica, lo mismo que la lima. — Limón Gitms 
linanun. — La naranja agria citrus auran tium. 

(12) Mamón. — Anona Hun^ltiana» — ^Anon, Anana 8qf4ama8a. 


126 TEATRO CUBANO. 


Nicaragua, cuya carne asimila Herrera (1) al manjar 
blanco (2) y chirimollas que son ingertos ele estos dos 
y de ventajoso gusto (3). Jiguacates (4) mejores y 
mayores q«ie los de Tabasco, pues estos fon como 
grandes peras verdeñales (5) y de carne aguanosa, y 
los de Cuba equivalen á tres ó cuatro peras y de co- 
mida mas sólida y gustosa. Papayas (6) dulces, fres- 
cas y grandes, cuyos áii)oles desmienten la fábula de 
no parir el hembra sin la inmediación del macho. 
El plátano^ (7) común y ventajoso alimento de labra- 
dores, que verde se asa ó cuece y sirve de i>an, madu- 
ro de fruta y pasado de dulce. El coco (8) que da de 
comer y beber en una pieza, dejando un vaso de fuer- 
te duración y color de ébano. Y omitiendo otras de 
que hace mención el cronista Oviedo (9). L^piña^ (10) 
llamada anologicamente de Cuba, que no tiene seme- 
jante en cuerpo, olor y gusto, coronada por el autor 
de la naturaleza para reina de todas. Creemos que 
algunas frutas de estas y otras de que abunda, hayan 
sido posteriormente traidas por los españoles, aunque 
no lo hallamos recomendado como la caña^ pero mu- 
chas de ellas por su extensión y calidad, indican ser 


(1) Herrera. — Decada 4% fól. 161, cap. X: que son como manjar 
blanco. 

(2) Dulce que se prepara en el país con harina de arroz, lecbe, azú- 
car, ámbar, y algunos le ponen pecbnga de pavo asado, finamente pulveri- 
zada. 

(3) La obirimoya no es un injerto, sino qne constituye una especie bo- 
tánica. 

(4) Aguacate. — Persea gratissima, 

(5) El citado Herrera. Década 3% fól. 211 y en la 8* lib. IV, cap. X. 
(6J Papaya. — Carka papaya, 

(7) Plantas de la familia de las Musaceas, hay uno silvestre indígeno 
que es la Hdiconia Bihat 

(8) Coco. — Cocus ntícifero. 

(9) Gronzalo Fernandez de Oviedo, Sumario de las cosas de Indias. 
Gap. LXIV, núm. 37, etc. 

(10) Pifia. — Brmdia ananas. 


Ignacio j. de ürrütia. 1^7 

-■ 

origiiiadas del país, como la piña^ (1) que nos confir- 
ma ser provincial y no traída, la noticia del Padre 
Acosta, sobre «haberse presentado al Señor Empe- 
rador Carlos V. como tah» Es finalmente tan abun- 
dante y fértil de yerbas y pasto para los animales, que 
iguala en la fecundidad de sus crianzas lanar, vacuno, 
caballar y de cerdas, á la que celebran la historia del 
Nito (2) en sus vecinos prados, pues paren y crian 
algunos dos veces al año. 

IX, Abunda igualmente Cuba de aves, como pa- 
lomas^ tórtolas^ torcaces^ patos de varias especies, pei^- 
dices y grullas^ (3) los flamencos que de nacimiento se 
hacen encarnados (y se dice no haberlos en las otras 
tierras) son como grullas, pero de pico grueso y corbo: 
cotorras^ guacamayos, papagallos, cuya eomida y mo- 
do de cojerlos recomienda nuestro Herrera: el alcatraz 
que come y digiere el hierro (4) hallándosele gusanos 
en el buche; ^faisán conocido hoy por este nombre, 
por su similidad y que los indios llamaban Bambiayas 
(5) y hace azafranado el caldo y de mucho gusto, ya- 
guasas, muy semejantes á las garzas pero de mejor 
sabor. Hay pojaros de dulce canto como el sinsonte 
ó Cent son, zorzal, ruiseñor, mariposas, azulejos, ne- 
gritos, chambergos, turpiales,^ (6) otros que faltos de 
música con que divertir el oido, abundan en colores 
que alegran la vista, en cuya clase es recomendable el 
nombrado tocororo, que pintado á espacios de colora- 
do, azul, amarillo y blanco, los conserva tan encendi- 
dos que no pueden mejorarse y apenas igualarse. 

X. En la línea de animales se ha dicho que Xeres 

Padre Acosta. — Historia natural de Indias. Lib. IV. Pág. 44. 

Aris. Libro Vil. Historia natural. Gap. lY. 

Véase Arrate. Tomo I de esta obra, pág. 16. 

Esta era una creencia de los antiguos. 

Hace mención de ellas Herrera. Decada 1? fs. 233 y 234. 

Véase Arrate. Tomo I de esta obra, pág. 16. 


128 TEATRO Cir&ANO. 


y Torres; no vieron cuadrúpodos cuando desde ei río 
de Baracoa internaron la Isla en sil primera inspec- 
ción por el Almirante y lo mismo se observó después, 
esceptuando solo los perrillos mudos y dos pequeñas 
especies que coniian. La primera consistia en unos 
animalejos del tamaño de perrillos de falda, a quienes 
llamaban los naturales Guaniquinages, que mataban 
por los pies y á palos y tenían muy /abrasa carne. 
No puede hoy darse noticia mas individual de ellos 
que esta que trae Herrera, porque el mismo asienta 
que con los cerdos ó puercos de Castilla se acabaron 
todos^ y con efecto no hallamos otra razón de eHos 
en la Isla. La segunda son las kutias. especie de ratón 
silvestre que siendo de algún cuerpo se alimenta 
con yerbas y frutas, da gustosa carne . consérvase en 
abundancia y se come. Las guanas y culebras, que 
tamicen dicen se comían, hoy no se usan* á excepción 
de b nombrada majá cuya came^ seca y hecha polvo, 
se toma como el de la vivorau para dulcificar la san- 
gre, (1) hay otras varias culebras^ pero ninguna vene- 
nosa^ ni otro animal que por él dé muerte al hombre. 
Los insectos abundauu como en clima húmedo y cálido, 
siendo particularísimo el cocuyo^ los hay tan grandes 
como de dos pulgadas de bírgo y mas de media de 
gruesa No dan lux por la boca como &kante intor- 
ma el autor de la Ciencia de Varte^ sino por los c^s 
(2) y por una abertura como ombl^ que tienen en 
la barriga y abren al volar, pero e« tanta que se lee 
perfectamente con ella. 


' L) LuK^ aJtflaiitotiL cíeotüioM^ A^ la Cuba actTial^ liaii»*ii «{ue hur m» ar 
(»iiipl«M» con tal tiu. 

("i) Luí» cviHH;uu¡«utub «Itt üqueliui» titai» no pismitiíaifD al autor 
la cauísa m tauí^HX^o ««I piuitu por dumie bcilian e^ui» ín^iNrtu». 


IGNiVClO J. DE TJRRÜTIA. 1^9 


GAPITÜLO X. 

De: las calidades de los habitantes de Cuba^ qri- 
gen de su población, provincias en que estaba 
diyipida, religión, gobierno y costumbres. 


V. La gente que se halló poblada en está Isla y la' 
dfc lá Española, Puerto ttico y Lucayas, se tiene toda 
por uíí% á escusa de haberse hallado entre ellas la 
tradiecion, de que estas islas y cayos fueron todos un 
continente que dividieron los terremotos ó inundacio- 
nes (1) de que no está rtuy distante nuestro Sólóí^- 
zano (2) y por sus pobladores se asienta haber veriícfo 
de la Florida (3) y que de Cttl)a se trasmitió esta misma 
gente á Yucatán (4) impelida de los tiempos cuando 
peseaban etí sus canoas. Tenemos por verosímil 
aquel orígeh, porque con la navegación que usaban, 
les era fácil atravesar dé Florida á Cuba por los thuclibs 


(1] £1 Padre Fray Oregorío Grarcía, en su Origen dé los indios. Libro 
IV, cap. XI. 

(2) Solónaoo, de Jare Ind. Lib. I. Gap. IV. Núm« 16 y sigoíenteo. 
N^ue mirum viderí debct quod ingenti terraB motn, &c. maña alluvione 
Atlai[)ticam illam insiilam absorptam, &c. sab vasto gurgitc raersaní coin- 
memorat Plato. Cun t id freqiientissimum fuisse legamus, &c, divinó judl- 
cío íta disponente, mana, siiis sedibus migrantia vastissimas ínsulas Pelon- 
gos terrse tractus ocnpasse. 

(3) Herrera. Decada 1" Lib. IX. Cap. IV: y Card. Z. Cano, introduc- 
ción á sn Ensayo dé Florida. 

(4) El.Padre García, ibi. 

Tomo IL 17 


130 TEATRO CUBANO. 


cayos que intermedian y corta distancia de una á otra, 
lo que hace admisible haberla recibido más bien de 
esta provincia que de otra. 

II. También halló en la bondad y condiciones de 
los naturales de Cuba una semejanza con los de Lu- 
cayos y Florida, que por todas reglas de buena crítica 
persuaden su dependencia. El baile, costumbres y 
gobierno, era muy semejante pero no aprendido, y la 
paz y división de provincias, en que cada Cacique 
mandaba sin subordinación á Emperador dYnca, muy 
igual. Corría nuestra Isla (a lo que hemos podido 
entender) dividida en varias provincias ó partidos de 
que menciona Moreri (1) algunos (2). La mas orien- 
tal llamada hoy Maisí, Bayatiquiri; seguia la de 
Baracoa que conserva el mismo nombre; continuaba 
la de Macaca^ mandada por el Cacique Comendador y 
después de esta la del Bayamo con quien colindaba 
por lo interior, la del Camagüey llamada hoy Puerto 
Príncipe. Pero según los pasos de Alonso de Ojeda, 
(jue hemos referido, creemos, que entre las del Ba- 
yamo y Camagüey, se situaba hacia la costa del Sur 
la de Cueybá en que dejó la Imagen de Nuestra Señora. 
A ésta seguia por dicha costa la de Sagua, y por lo 
interior la de Caonao hoy Sancti Spíritu: la de la Ha- 
bana que comprendía a Matanzas y en fínla dei^aní- 
guanica 6 Guaniguanico^ que corria hasta el Cabo de 
San Antonio siendo las mas dilatadas, y en (^ue era 
regular se comprendiesen algunas menores. A estas 
han de agregarse como adyacentes la de Isla de Pinos, 
que halló poblada el Almirante y la de Carahate situa- 
da en Cayo Conuco frente de la villa de San Juan de 
los Remedios. 


íl) Moreri en bu Diccionario. Verb. Cuba. 

f2j Puede con8nltai*8e con fruto el mapa antiguo publicado por el Sr. 
D; José Mr de la Torre. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 13Í 


III. Tenían sus pueblos en que hacían vida tan so- 
ciable, que siendo cada casa capaz de todo un linage, 
habitaban sus indígenas en ella sin discordia. Fabri- 
caban las habitaciones á dos aguas y las cubrian de) 
paja, forma de arquitectura que no solo se conserva 
en los campos si no en los pueblos y aun tiene raices 
en las ciudades. Es muy provecida la Isla de esta 
píya que suministran la hoja ó penca de diversas es- 
pecies de palmas con los específicos de real^ ñianaca^ 
cana, barrigona^ miraguano 4*, (1) como estas hojas 
6 pencas se subdividen en muchas partes por una 
vena del centro, atadas por ellas con orden sucesivo 
que alcanzando unas á otras vaya cubriendo la supe- 
rior a la inferior, forma una cubierta redoblada hasta 
el grueso de dos cuartas ó tercias de vara castellana, 
á quien no solo no penetra el agua en muchos afíos, 
pero ni traspasa el calor del Sol. Por esta causa son 
de más fresco ambiente las habitaciones de paja que 
las de teja, en que se evaporiza por el interior el calor 
que recibe el exterior, y solo la menor combustibilidad 
y mayor decencia puede hacer preferible en pais cá- 
lido la teja á la paja. 

IV. Con este, orden de habitaciones formaban sus 
pueblos, algunos cortos, como de cinco á seis casas, 
otros de cincuenta, con mil habitantes, como los que 
vieron Xeres y Torres y muchos habiande doscientos 
y trescientas ca§as, en que por progresión geométrica 
podremos inferir que consistirían de dos á tres mil 
personas. No tenían en sus habilitaciones menaje ni 


(1) Palma real, Oredoxa regia, Kih, — Manaca, Geonoma dúlck, Wr.. 
— Cana^ SábcA umbraculifera, Mart. — ^Barrigona, CólpothrinaXj Wrightii 
Gris. — Miragnano, Thrinax miraguano T. argéntea, T. — Parvi/hra, Sw. — 
El Sr. Sanvalle cita además entre nneatras palmas, la caule, jata de Guana- 
bacoa, T. campada; la ohagareta, la ciroarrona de la fam. Filices, Ctftxthea 
insignia: la enana y otras Palmee. 


1^3 TEATRO CUBANO 

Otros trastos^ que los mismo que traiau paj-a co^ier; 
sus camas eran hamacas (le un paño de atgpdon, ^ue 
atado por los extremos colgaban de las madera? de 
las casas, sentábanse de cuclillas en tierra, y solo eii 
fa casa de algunos Caciques, iiabia asientos para estos, 
siendo de la hechura que espusiei'on Torres y Xeres. 
V. Gobernábanse por dichos Caciques de cuya po- 
ricia, régimen, leyes y costumbres nó se escribe con 
individualidad, asentando solo que debían (le regir al 
albedríode su Señor, siendo su voluntad mafíiñesta 
la única ley de sus vasallos. Usaban de potestad do- 
niínicu en éstos y en sus hijos, pero no acostumbra- 
ban esclavizar los prisioneros de guerra, ni sacrificar- 
los á sus Dioses, manteniéndolos en paz y justicia; ni 
usaban el pecado nefando, ni otro que arrostrase i. ]» 
naturaleza. 

V. Cqrren acreditados los indios de Cuba, de gan- 
te buena, mansa y bien acondicionada, de cuya cali- 
dad dan pruebas los recibimientos y hospedajje que 
If Ipíeroif &■ los españoles. Particularizábanse tambieq 
en el canto y baile, nó por acostumbrarlo de diversa 
especie que en las demás islas, sino por la nn^yor de- 
licadeza, suavidad y compás con que Ip hacian. An- 
daban desnudos coino los demás de ellas, pero cubrían 
con recato las partes verecundas con unos pañetes 
que tejían de algodón. 

VI. Conservaban algunos principios de verdadera 
religión, aunque viciada en supersticiones. y& se ha 
visto por la exhortación que hizo el Cacique aocianq 
al Almirante (2) cuando asistió á la primera misa, 
que creían en la inmortalidad del alma, y que en la vida 
eterna se premian ó castigan las buenas ó malas obras 


(1) QtM dtjimoe en el cap. IV, DÚm. 9 de eete libro. 


IGNACIO J. JDE UEMTU. 188 

temporales por un Dios remunerador: coulesaiban la 
creación del cíeío y la tierra, y por consiguiente cíe 
uno y otra iin Creador, primera causa ¿e í^s cíwiísas; 
culpando desde la rnsticidad de sus selvas, la incipíen- 
cia de Aristdtele^s y de aquellos estultos ateístas, ^ue 
en medio de las ciudades le creyeron eterno ó fartui- 
tamente formado del concurro de átomos eteriijales. 

VII. También cjíajl)an los ancianos ra^ori: del dijií- 
vio universal, (ficiendo que por tres personas que ha- 
bi4n Tenido de diversas partes, recibieron en tradieion 
la de haberse perdido el mundo con mucha agua. Éx- 
plíeaban con bastante claridad que un viejo, sabiendfo 
qne había de venir el dífffvfo, higo ima gran nao y fe 
metió en eña con fu cafa i muchos animules: i que en- 
vio un euei^o i no voltio^ por comer de los cuerpos 
muertos^ i defpues envió una paloma, la qual volvió 
eantandú y traxo una rama con hoxa que parecía de 
kobo^ pero que no era hobo: siendo esta cuati ta simili- 
tud podían dar á la oliva, por no haberla en la Isla 
y guardar alguna entre sí, Ito hqjbs de uno y otro 
árbol. 

VIH. Continuando sus noticiaiii á la salida deNoé 
del arca, acabado el diluvio, decian, que este anciano 
de la nao, luego que salid á tierra, higo vino de las 
parras monteses i fe embriagó: que tenia dos hijos^ de 
los cuales uno burló la embriajguez del padre^ dulcién- 
dole al otro: echémonos con H; pero que éste 1? cu- 
l)rió y reprendió á aquel: que el padre defpues de dor- 
mido el vino y sabiendalo ocurrido, maldijo al primero 
y llenó de bendiciones al segundo^ añadiendo, que 
del prítTiero procedian los indios de éstas tierras y par 
esta causa no vestían satos ni capa^ y del segundo los 
españoles, con cuyo motivo andaban veftidos y á ca- 
ballo; con esta SQguxida inteligencia^ se salva^u^equi- 
voca q^ue puede tenef 1% ptrimera á Uiubier bebida nc^ti- 


1114 TEATRO CUBANO: 


\^i^ M fUluvio )H>r tix>s ¡XM^sonas que vinieron de 
Ul^t^^Ntt:* tiom\5s uicnliunte á que aunque de primer 
^^M^Mo i^utvcn que no comprendió á estos el diluvio 
WwUei>siK o\isUc4ulo Vil estos reinos, y que así trae- 
VIAU \M^xM^ «utMiluviamv |»ero conresando quedes- 
u^nuK^^ Vid M^^iimío ividrt* universal Noé. queda claro 
^M<^ U xenkK^ de Uvi ^)xu^ d:ci\Mi y neviTiieniMí la noticia* 

l\s Kvu> *.V4\ .A>v xe^'vUvíí.^rjesiie {anicolares. 

> >;;ñ'' )vi v.iX cv;;v'*/>.t "a lUÜ i>:rprr: ¿e K«> indios 

v.>N W;jiN^ o:^ s^ 4^ xut u r:V'i\r h:ciia ii PjiáneGaicía 

vv\*.W .í«<s ^s^ J^ <i. *."'" üjs-, 4^',»'^/ ív <<;.iiiJi:i: Gabriel 

V vKv \ vvnso v^!^. /:\'i- i'U: mr rJi¿*^ y J 

% - -. ^ 

<v vv M \ vx*^\XM» \» , •*■• •.\-?v . .. )l*«í^ iHt; iluniIBik 


v^ . 


IGNACIO J. DE ÜRRtJTiÁ. l36 


remuneración, por lo que nuestra perdición 6 felícif 
dad depende únicamente de nuestra cooperación. 

X. Sin embargo de esta instrucción, no se halló 
que los naturales de Cuba profesaran religión alguna,: 
porque no acostumbraban tener templos, ni ídolos, ni 
usaban sacrifícios: tenian unos sacerdotes médicos ó 
hechiceros, á quienes llamaban Behiques^ los cuales 
sembraban en el común muchas supersticiones, agore- 
rías y ramos de idolatría. Creyóse que hablaban con 
el demonio, porque le declaraban sus dudas y daban 
respuesta de lo que se les inquiría; preparábanse pa- 
ra hacerse dignos de aquella infernal visión, ayunan- 
do tres ó cuatro meses, con el solo alimento de zumo 
de yerbas, y cuando se veían flaquísimos, estaban en 
aptitud de aparecérseles la infernal bestia. En su 
conferencia entendían si seguirían buenos ó malos 
tiempos en enfermedades ó salud: si nacerían ó no hi- 
jos: si morirían ó no los nacidos y otras iguales inqui- 
siciones, limitándose á esto sus oráculos y vaticinios. 
Los mismos Behiques hacian el ofício de médicos, cu- 
rando con soplos y otros actos exteriores supersticio- 
sos, a que acompañaban palabras que por no pasar de 
los dientes se hacian misteriosas. 

XI. Sus alimentos se limitaban á la pesca que ha- 
cian en las costas de Cuba y cayos adyacentes, con 
la abundancia que dejamos recomendado: á \osguanu 
quinages^ juñas é iguanas que cazaban en tierra y á 
igual abundante caza de aves. Gastaban por pan el 
maiz y yuca que cultivaban en la cantidad necesaria 
para mantenerse todo el año, por la seguridad con 
que esperaban la sucesiva cosecha; pero aunque de 
esto se quiera inferir su desidia y flojedad, no halla- 
mos fundada la hilacion, porque manifestando la ex- 
periencia que por la temperie del país se daña todo 
grano pasado todo el año, pudo este conocimiento 11- 


19S tÉkVko ftüBANb. 


inift»r sa áAltt & 6blo el (tel eeili^ttttio, puto ño httftfa 
comepclo cfa« extri^'ese, ni «Hro üadCiVo párá rMrtilpl!- 
caír ftl trallf|o. T ílnalteente, se aUtnehtabfíri coi) las 
íwtí» íAlftéttm qtíe hemos dfoüo ministra láí Isla y 
o»y» abttudaiieia es démasiaiCafnente franca para anos 
itt tM 'fW teo s croe viTimí solo ft la naturaleza'. 


LIBRO SEGUNDO. 

Comprende la pacificación y población de la Isla de Cuba, dwrairte 
el Gobierno de Diego Velázquez desde t5tt hasta 1525. 


CAPITULO 1. 

Pasa Diceo Velázquez (cuto mérito y calidad se 
exfresan) a pacificar t foblar a Cuba: toma 

PUERTO EN el DE PaLMAS, VENCE Y CASTIGA AL CA- 
CIQUE Hatüey y se pacifica la provincia de Maisi. 


L Adelantados los descubrimientoB y |iaeiíieacio» 
neH en las Indias y ejecutoriados por la JQstfficacion 
del Consejo, los derechos en que sucedió el segundo 
Almirante D. Diego Colon por muerte de I>. Cristóbal 
su i^adre, le subrogó S. M. en el gobierno de la iola 
Española en que habíamos dejado á Nicolás de Ovan- 
do. Dierónsele sus despachos con la misma jurisdie- 
ciou y facultades que á los dos anteriores, y algunas 
prerogatívas y ampliaciones, que merecían su mayor 
carácter y los servicios del |)adre. Tomó poseaioo de 
él: residenció á Ovando, continuó las poblaciones, pa- 
sando varias personas á practicarlas en diversos luga- 
res y corriendo ya el año de 1511 hubo de caber en 

Tomo IL 18 


138 TEATRO CUBANO 


Huerte la pacifícacíon de Cuba para la cual puso los 
ojos el Almirante, en Diego Velázquez. 

11. Era éste natural de Cuellar y uno de aquellos 
españoles á quienes sus prendas lo habían distingui- 
do particularmente entre los muchos que pasaron al 
Nuevo Mundo: las personales le hacian amable, y 
respetable por su gentil cuerpo y gallarda presencia, 
rostro blanco y agradable, pelo rubio y hermoso, era 
de condición humana y alegre, aún que cuando impor- 
taba, sabia autorizarse y hacer que lo respetasen. 
Habia venido (1) a la isla Española con el primer Al- 
mirante desde su segundo viaje y habia sido criado 
del Adelantado Bartolomé Colon. En todos tiempos 
se hizo estimable su servicio, mereciendo la primera 
aceptación del Almirante y del Gobernador Bobadilla, 
quienes le crearon uno de los primeros Capitanes de 
la isla Española. Amábanle mucho los españoles por 
su fidelidad y mérito, y supo proceder con tanta pru- 
dencia, que continuó disfí*utando el mismo beneficio, 
con la primera gracia del Comendador Nicolás de 
Ovando, prueba evidente de su grande discreccion, 
porque nunca se requiere más para sostenerse, que 
cuando transitan los mandos a manos de quienes quie- 
ran desautorizar á los pasados y mirar con desafecto 
las hechuras del anterior. 

in. Por este mérito y calidades (2) les destinó el 
Comendadar Ovando, á la pacificación de la provincia 
de Haniguayagá, una de las que hicieron armas duran- 
te su gobierno en la isla Española: obstinóse en la re- 
sistencia por algún tiempo, pero al cabo de él, vencida 
por la pericia y valor de los españoles, con aprehen- 
sión de su Cacique, se dio de paz. En ella pobló Ve- 


(1) lierrera, Década 1% libro G, cap. 4. 

(2) Herrera, en dicha Década !■, lib. 6, cap. 4. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA 139 


lázquez cuatro villas, una que nombró de Salvatierra 
de la Sabana, en la misma costa del Sur; otra llamada 
Yaquimo, por nombrarse así aquella provincia entre 
los indios, con una fortaleza en el puerto de mar; otra 
treinta leguas, de Santo Domingo que tituló San Juan 
de la Maguana, y la cuarta que llamó Azua. De estas 
cuatro villas y una que se pobló en la misma tierra y 
llamó de Vera-paz, hizo el Comendador su Teniente 
á Velazquez, cuyo encargo desempeñó mientras duró 
el gobierno de Ovando. No consta, si conservaba es- 
ta Tenencia cuando fiíé destinado a la paciñcacion de 
Cuba, pero se asienta (1) que era el más rico y efti- 
¡nado entre los que hahia de los antiguos de la Efpaño- 
la^ querido del segundo Almirante, por su experiencia 
y acierto y amado de todos los caftellanos que habian 
observado su gobierno, y que tenia toda su hacienda 
en Xaragua, costas fronterizas a Cuba, 

IV. Publicada la elección del Capitán Diego Ve- 
lazquez para su pacificación y población, se conmo- 
vieron muchos españoles a seguirle, llevados unos del 
afecto que le tenian y otros de probar si con la muta- 
ción del país, lo hacian de fortuna. Uniéronse en la 
viUa de Salvatierra, que como se ha dicho cae a costa 
frontera de Cuba. Aprontáronse en su puerto cuatro 
navios para la conducción de la gente, y habiéndose 
pasado revista a ésta, se hallaron trescientos hombres 
hábiles y voluntarios. Contábase entre ellos el Capitán 
Francisco de Morales, natural de Sevilla, sugeto de 
honor y respeto, á quien el Almirante mandó servir 
bajo las órdenes de Velazquez, prohibiendo á éste lo 
depusiese del empleo; Andrés Duero y Hernán Cor- 
tés que iban encargados de la Secretaría de gobierno, 
dándose el primer lugar a Duero, porque aún que Cor- 

(1) Herrera, Década I, lib. 9, cap. 3 y 8. 


HO TEATRO CUBANO. 


tés era más hábil é instruido en algunos principios de 
estudios, aun no gastaba el reposo y reserva que aquel, 
y que tanto se requiere en un Secretario. Torquenia- 
da varia solo en asentar (1) que Cortés pasó á Cuba 
en esta ocasión como oficial del primer Tesoreix) Mi- 
guel de Pasamonte, el que lo hizo con Velázquez. en- 
cajcgado de cobrar los quintos del Rey. Previniéron- 
se de armas y bastimentos y estando todo a la vela, 
navegaron desde dicho puerto de Salvatierra de la Sa- 
bana, por el mes de Noviembre de 1511, y en feliz via- 
je atravesaron brevemente aquel corto crucero de mar 
que hay hasta la punta de Maisí. 

V. Arribaron los bsyeles á un puerto que nombra- 
ban de Palmas ó Palomas en dicha costa, y tomando 
tierra se comenzó á meditar sobre oportuna situación 
piuu su establecimiento. La mansedumbre y benig- 
nidad que hablan manifestado en todos tiempos y oca- 
siones los naturales de Cuba, debia haber conceptuado 
en mucha seguridad á los europeos, pero la superve- 
nencia á aquella provincia y costa de Maisí del Caci- 
que Hatuey, les ofrecia alguna dificultad en su princi- 
pio. Este Cacique que como se ha dicho se retiró 
con su gente (2) de la Española, é hizo echar en el 
río el oro á que llamaban Dios de los españoles y los 
esperaba en aquellas serranías de Maisí, habia puesto 
á los cúbenos en grande confianza de resistir la entra- 
da de los extranjeros, y como corría él y su gente con 
estimación de belicosos y habia tomado la situación 
fronteríza á el enemigo y ventajosa por sus malezas 
y serranías, era la expectación y confianza de los de 
la isla. 

VI. Por esto, luego que Velázquez desembarcó su 


(1) Torquemada en sn Monarquía Indiana, tomo 1?, lib. 4, cap. 2. 

(2) Herrera Décadas, lib. 9, cap. 4, al fin. 


IGNACIO j. DE ÜRRUTIA. l41 

gente en el puerto de Palmas, comenzó a inquietarle 
la de Hatuey, con aquella guerrilla que acostumbra- 
ron generalmente estos indios, sorprendidos en el ma- 
yor sosiego, tan luego que sentidos hallaban la resisten- 
cia de las armas, se retiraban a los bosques á donde no 
los podian perseguir los españoles, así por la dificul- 
tad de entrar los caballos en eUos, como por la mayor 
destreza y agilidad que tenian de andar aun á pié por 
las espesuras. Dos meses se mantuvieron en esta es- 
pecie de hostilidad, que aún que débil para temida, po- 
día ser grave para despreciada, y este mismo cuidado 
la hacia penosa á los que debían vivir sobre sus sor- 
presavS, y al mismo tiempo resistir las incomodidades 
de temperamento y terreno extraño y desprovisto. 
Al cabo de dicho tiempo, cesando en las ínsur^das, se 
ocultaron enteramente en los montes, sin que se nu- 
meren muertos 6 heridos de una ni otra parte. 

Vil. No pareció á Velázquez conveniente dejar 
aquella demostración sin castigo por las perniciosas 
consecuencias que este principio podria traer & sus 
progresos, y con esta mira mandó perseguirlos por los 
montes y en ellos aprehendían comunmente algunos 
indios, que conducidos á la presencia del Gobernador, 
eran repartidos por éste, entre los mismos aprehenso- 
res, ft efecto de que les sirviesen como prisioneros y 
no como esclavos. Hatuey se defendió por más tiem- 
po, ocultándose en lo interior de las serranías, deses- 
perado de defensa contra las ventajosas armas de los 
castellanos, pero al fin fué aprisisionado con harto tra- 
bajo y conducido á la presencia de Diego Velázquez 
y le mandó quemar. 

VIII. Los autores extranjeros siempre émulos de 
nuestras glorias en el descubrimiento y pacificación de 
estos Reinos, procuran desacreditarlas introduciendo 
falsas imposturas, en los hechos de sus pacificadores. 


142 TEATRO CUBANO. 


A el que acabamos de referir, lo acñminaii por el 
exceso de castigo y satirizan agregando una iiTision 
inverosímil. Dicen que (1) estando Hatuey próximo 
á la hoguera, fué exliortado por un sacerdote cristia- 
no, a que abrazase nuestra religión, anunciándole en 
premio la posesión del Cielo; que Hatuey le preguntó 
si había españoles en ese Cielo, y respondido que sí, 
exclamó: pues ni al Cielo quiero ir con los españoles, 
porque el mejor de ellos no vale nada. Pero esta es 
una especie que ella misma se defiende por increíble, 
dejándonos la gloria de ser envidiados y no envidiosos. 
VIV. En cuanto á la pena, parecerá que hubo ex- 
ceso, si se considera á Hatuey simple enemigo, más no 
si se mira, calificado rebelde y motor de los Cúbenos. 
Estos esperaban el éxito de su obstinación para re- 
gular sus operaciones bélicas ó pacíficas, y cauterizada 
con fuego la raíz, se consiguieron aquellos efectos pro- 
ficuos, por los cuales tienen algunos criticos y juristas, 
ser la mayor equidad el sumo grado de rigor, porque 
lo que sufre uno, temen y se evitan muchos. Así 
los indios no solo de la parcial de Hatuey, mas tam- 
bién los naturales de Cuba, amedrantados de este cas- 
tigo, no osaron en lo sucesivo, hacer la más leve re- 
sistencia á los españoles, antes al contrario, muchos 
ocurrieron voluntariamente á prestar la obediencia. 
Esta fué verdaderamente toda la guerra, que costó la 
pacificación 4e Cuba, y como se ha visto, no ejecutada 
por sus naturales, si no por los de la Española acogi- 
dos á ella y extorsionados de los nuestros. 


(1) £1 libro anónimo que se apropia á el Abad Reinold, tomo I, capi- 
tulo XXXX. Colonia de Cuba. 


1 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 143 


CAPITULO II. 


Vienen de Jamaica a Cuba, treinta flecheros con 
su cabo Panfilo Narvaez a quien hace capitán 
Velazquez: puebla la Villa de Baracoa y manda 
A Narvaez a reconocer la Isla: es sorprendido 
de los bayameses y se libra al ruido de una 
yegua con cascabeles. 


I. Desembarazado Velazquez de la inquietud que 
le causaba Hatuey, se halló con un refuerzo conside- 
rable de gente, que cuando menos esperado, se le hizo 
más reconocido, porque corriendo a Jamaica la noti- 
cia de su venida a Cuba, desearon acompañarle algu- 
nos de los que hablan seguido hasta allí al Capitán 
Juan de EsquiveL Panfilo Narvaez, sugeto bien per- 
sonado, (1) cortés, honrado y de buenas costumbres, 
aunque poco prevenido y no muy prudente, se haUaba 
entre estos, y gozando de alguna autoridad atraído del 
paisanage con Velazquez por ser natural de tierra de 
Cuellar, hizo cabeza a los afectos, y unió hasta treinta 
hombres de los mejores flecheros de Jamaica. Pidie- 
' ron licencia a Esquivel para pasar a Cuba en auxilio 
de Velazquez y habiéndola facilitado, se proporcionó 
embarcación en que pasaron á la costa de Maisí. 
Fueron recibidos en ella con aquel agrado que mere- 

(1) Signe Herrera en la Decada 1% lib. IX, cap. VII. 


144 T£ATRa CUBANO. 


cia su inclinación y socorro, y distinguió Velázquez á 
Narvaez, haciéndolo su principal capitán y honrán- 
dole tanto, que ocupaba su segundo lugar en la estima- 
ción común. 

II. Pasáronse del puerto de Palmas, á aquel rio 
que el Almirante llamó de los Mares en su primer 
viaje, y desde el cual entraron Torres y Xerez al reco- 
nocimiento de la tierra. Aquí hacen las serranías de 
aquella costa del Norte, una llanura que fertiliza el 
rio y la cual en comparación de aquel terreno era lo 
mejor, aún que lo peor en contraposición del resto llano 
de la Isla, y con aquel motivo y la proporción de su 
puerto é inmediación de éste puerto á la Española, 
trataron de situarse en él los españoles. Llamábase 
aquella provincia entre los indios Baracoa, y aunque 
los nuestros eligieron por titular de su nueva Villa á 
Nuestra Señora de la Asunción (1) quedó y permane- 
ce con el distintivo de Baracoa* Dieron principio á la 
formación de su pueblo, haciendo Velázquez reparti- 
mientos de indios para su trabi^o y entrado ya el año 
de 1512, siendo socorridos por los naturales de basti- 
mentos que les contribuían abundante y voluntaria- 
mente, se comenzaron también á fomentar sementeras 
y crianzas. Es digno de memoria y honor a nuestros 
criadores y hacendados la de haber sido Hernán Cor- 
tés (aquel héroe que se hizo asombro en la conquis- 
ta de Méjico) el primer hacendado que crió (2) en 
Baracoa vacas, ovejas y yeguas, dando Velázquez en- 
comienda de indios en Manicaras. 

IIL Adelantada esta Villa y con algún acomodo ya 
sus vecinos, resolvió Velázquez se reconociese formaL 
mente todo lo interior de la Isla, á efecto de eoordi. 

(l) Herrera, Decada 1% fól. 24, colimiDa IT 

{2) Torqueioada en sa Monarquía Indiana, tomo 1?, lib. 4?, cap. UI 


IGNACIO J. DE URRDTIA. 145 

nar con conocimiento las poblaciones que conviniesen 
en ella. Cometió esta diligencia á su Capitán Panfilo 
Narvaez con la escolta de treinta españoles (1) y pre- 
venidos de lo necesario tomaron el camino que pare- 
ció mas oportuno, yendo el Capitán en una yegua, y 
el resto de su gente a pié; cruzaron algunas poblacio- 
nes menores en que eran bien recibidos y socorridos 
por los naturales, que salian admirados á verlos y que- 
daban asombrados con la vista de la yegua, cuyo brio 
pronto obedecía a el freno y movimientos violentos y 
fuelles se les hacian mas admirables. Llegaron sin 
demora a la provincia del Bayamo (2) cincuenta le- 
guas distantes de Baracoa, cuyo terreno les fué muy 
agradable por ser llano, fértil, proveído de aguas cor- 
rientes y encharcadas y muy abiertas de campañas espa- 
ciosas, que nombraban los indios sabanas y conservan 
hasta hoy este distintivo. 

IV. Aquí determinaron detenerse cuanto bastase 
á un breve descanso y reconocimiento del terreno, y 
á este fin tomaron alojamiento en uno de sus pueblos. 
Asistían en él con toda aquella confianza en que pone 
á el feliz su misma felicidad y que hizo mayor en Nar- 
vaez su genio poco cauto, trascendiendo esta á permi- 
tir un sueño descuidado en las pocas centinelas sobre 
cuya vela dormían los demás. Por el contrario, los 
indios vigilantes y en expectación, confirieron entre sí 
ó el modo de libertarse de aquellos pocos forasteros 
dándoles muerte, ó de posesionarse furtivamente de 
sus vestidos, cuyo uso comenzaban a envidiar avergon- 
zados de su desnudez. Confederáronse secretamente 
todos los de la provincia, que se dice llegarian á cer- 
ca de siete mil, y acordaron dar á los españoles un 


i 


1) Contínaames con Antonio Herrera. Decada 1% lib. IX, cap. VII. 

2) Donde se baila hoy situada la villa de San Salvador del Bayamo 

Tomo II. 19 


I 46 TEATRO CUBANO 


asalto nocturno, acometiendo al pueblo en varias cua- 
drillas y por diversos puestos, pero a una misma hora. 
Mas, la voluntad del Altísimo que visiblemente favo- 
recía á los nuestros, dispuso la confusión de Senaque- 
rib en tan desigual y desprevenida violencia. 

V. Un trozo de los indios, expoleado de la codicia, 
se anticipó a la hora prevenida, por adelantar con el 
tiempo la mejor parte del pillaje. Entró hasta el pue- 
blo v sus casas sin ser sentidos aun de los centinelas 

tí 

que dormían y levantando en él la vocería para más 
amedrentar y conturbar a los despertantes, se ceban 
en el pillaje de los vestidos, sin herir ni ofender las 
personas. Despertaron Narvaez y los suyos, pero pa- 
sando del sueño a la confusión, se hallaron poco me- 
nos ineptos a la defensa en ésta que en aquel y se mo- 
vian atónitos en las tinieblas, sin saber ni atinar a lo 
que convenía. En este conflicto, tomaron algunos ti- 
zones encendidos unos indios de Jamaica que traia el 
Capitán consigo, y con la luz que hacían movidos, pu- 
dieron los naturales distinguir a Narvaez que aún des- 
pertaba, Diéronle una fuerte pedrada cerca de la bo- 
ca del estómago, cuyo golpe le derribó en tierra, 
clamándose muerto de ella, pero un Religioso francis- 
co que le acompañaba (y cuyo nombre no se expresa) 
le animó y exforzó lo bastante á recuperar el brío. To- 
ma la yegua que tenía en la misma casa y puesta la si- 
lla con un pretal de cascabeles que traía, monta en ella 
descalzo y con sola la camisa de dormü- y otra de al- 
godón y comienza á correr por la plaza. 

VI. Asombrados los naturales de una vista v ruido 
tan extraños a sus sentidos, se sobrecogen de un te- 
mor pánico que los obliga a huir al bosque inmediato, 
y no creyéndose aun en él seguros de la multitud de 
enemigos que conceptuaron en el ruido de los casca- 
beles, continuaron la fuga hasta la provincia vecina 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 147 

nombrada el Caniagüey, cincuenta leguas distante. 
Recóbranse los españoles, reconocen el pueblo y solo 
hallan en él algunos ancianos y enfermos a quienes la 
senectud y dolencia puso grillos en la fuga. Com- 
prendieron por éstos el camino que llevaban los inva- 
sores y tratan de Iiostilizar su retaguardia, más, como 
habían sacado ventaja de tiempo y la gozaban en la 
marcha y práctica del terreno, no fué asequible el al- 
cance, y pareciendo • poca la gente para buscarlos á más 
distancia, se retiró Narvaez á la población. Desde 
ella dio aviso al Gobernador de lo ocurrido con aque- 
llos naturales y se mantuvo más despierto esperando 
sus órdenes y reconociendo el terreno y calzadas de 
la provincia. 


CAPITULO III. 

Inquietase Baracoa, prende el Gobernador al Ca 
PITAN Morales y a Cortes cuya trajedia, amores, 

CASAMIENTO Y RECONCILIACIÓN SE EXPRESAN. SaLE 

Velazqüez a reconocer la costa del Sur. Lle- 
gan OcAMPO Y EL Tesorero Cristóbal de Cüe- 
LLAR. Despósase Velazqez; enviuda y se rinden 

LOS BAYAMESES. 


I. Mientras Narvaez reconocia la Isla, continuaba 
Velázquez en el fomento y providencia de adelantar 
la villa de Baracoa y aunque como se ha dicho era 
hombre prudente, afable y bien querido, no parece 


148 TEATRO CUBANO. 


que estaba muy contenta su gente con la administra- 
ción de justicia* El primero que alzó la voz fué el 
Capitán Francisco de Morales, que como se ha dicho, 
era sujeto de honor y autoridad, á quien se unieron 
otros mal contentos, que aunque no de tanto respeto, 
hicieron partido bastante á poner en cuidado al Go- 
bernador. Resolvió éste procesar a Morales por di- 
cha causa, (1) hízolo prender, y puesto en estado el 
proceso, lo remitió con él á la Española a disposición 
del Almirante: pero permaneciendo raices de la par- 
cialidad, se multiplicaron las quejas contra Velázquez. 
II. Comprendióse por este tiempo haber llegado 
á la isla Española, los Jueces de apelaciones proveí- 
dos por S. M. y tomando con esta noticia nuevo es- 
fuerzo los quejosos, comenzaron á formalizar informa- 
tivos y memoriales con que instruir sus recursos. 
Tratóse de enviar personero, que presentándolas al 
Tribunal Superior agenciase y expensase su breve y 
feliz despacho y para ello pusieron la mira y recayó 
la elección en Hernán Cortés, porque su resolución y 
habilidad pareció necesaria a cruzar la travesía de 
diez y ocho leguas de mar ocultamente y en una ca- 
noa y á sacar con lucimiento el éxito de la causa. 
Descubierta por Yelázquez la conspiración y estando 
ya para partir Cortés, fué aprendido de su orden y 
puesto en una prisión, con demostraciones de querer- 
le ahorcar, pero interponiéndose súplicas y iniegos, 
decayó el primer rigor y le mandó pasar con prisiones 
á bordo de un navio. Continuaba en ellas Cortés, 
poco sufrido y algo desesperado de alivio, hasta que 
hallando proporción de forzarlas una noche que los 
centinelas dormían, se arrojó al agua asido de un 
madero por no saber nadar. Estaba la marea men- 

(I) Sigae Herrera en dicho cap. YU, Ub. IX, Decada 1? 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 149 


guante 6 bajando y con este impulso de las aguas, se 
fueron desuniendo Cortés v el madero de la tierra 
hasta la distancia de una legua de la parte exterior 
del navio, de suerte que lleg() á verse tan aflijido que 
quizo soltar el madero y dejarse ahogar, mas entran- 
do la creciente, volvió a inmediarse a tierra toman- 
do su playa. 

III. Sin embargo del cansancio que le habia cau- 
sado tan dilatada fatiga, viendo que se acercaba la 
luz del dia y que echándole de menos en el navio 
habían de solicitarle, procuró ocultarse y se acogió 
al asilo de la Iglesia. Vivia no lejos de ella Catalina 
Juárez hermana de Juan Juárez, dama de mucha 
honestidad (á quien da Moreri (1) el nombre de Fran- 
cisca) y en quien habia puesto Cortés su atícion, y 
aunque hasta. entonces no parece que se la hubiese 
declarado del todo, la ociosidad é inmediación hicie- 
ron tercería á su galanteo nocturno. 

IV. Un dia, pues, que con la ceguedad de amantes, 
juzgando ciegos á los demás, salid de la Iglesia á ob- 
sequiarla, le tomó la espada el alguacil Juan Escude- 
ro y apreendiéndole de sorpresa, le puso en la cárcel 
á disposición de los Alcaldes. Procedieron éstos con- 
tra el preso y aunque no especifica Herrera el cargo 
que le hicieron, ni calidad de pena á que le condena- 
ron, asienta, que lo sentenciaron rigorosamente. 
Apeló el reo para ante el Gobernador fcuyo grado es- 
tuvo en costumbre a los principios del gobierno de 
esta Isla) quien, aunque indignado contra Cortés, 
usando de su noble índole y atendiendo á las súplicas 
de Andrés Duero y otros amigos del paciente, hubo 
de perdonarle, separándole de su servicio. 

V. Libre y absuelto nuestro Cortés, sufrió algún 

(1) Moreri en la palabra CorteB, Hernando 6 Femardo & de bu Diccionario. 


150 TEA.TRO CUBANO. 


tiempo el menosprecio y abatimiento que atrae á todo 
vecino el desafecto superior y eonsolaba su pena con la 
amistad y favores de Duero y otros dependientes del §o- 
biemoy con el embelesode sos amores. CrecióGupido 
( 1) al abrigo de las gracias y comunicación de la Juá- 
rez y ajustándose las convenciones, la recibió en dulce 
himeneo conforme al rito de nuestra Santa Madre 
Iglesia. Tuvo en su consecuencia un hijo y annqne 
se duda si fué del matrimonio ó natural. A las perse- 
cuciones del Estado unen otras que la satis&ceioii 
con que Cortés seguia su matrimonio le califican de 
l^timOf y habiendo ya decaído el enojo de Velazquez 
alcanzó Cortés que se lo sacase de pila. Con tal en- 
lace espiritual y los comedimientos respetuosos de 
éste, volvió á reconciliarse el antiguo afecta ardiendo 
tan vivo como en carbón hecho al mismo fuego. 

VI. De esta suerte refiere Herrera, lo ocurrido 
entre Velazquez y Cortés, pero Torquemada (2) si- 
guiendo á Gomara, hace incierta la disposición del se- 
gando en marchar á la Española con poder de los 
quejosos; y dice, que huyó la primera vez de la cárcel 
y que preso por Escudero* sentenciado por los Alcal* 
des y perdonado por Velázqaez^ le remitia éste á la 
Española y huyendo del navio, tomó segunda vez la 
l^esia. de la que salió una noche y habiéndolo hecho 
el Gobernador al campo, le buscó en él hallándolo 
solow y reconciliándose tan de veras^ que durmieron 
juntos» Queda á la elección del lector la fe que se 
debe á los autores a que solo toca referimos cuando 
el silencio de Solís no$^ d^a indecisos (3) en estas clr- 
constancias. 

TIL Deshecha la conspiración y recibida la nota* 


(1} For todas urtes dá que haáier «te bellaco. 

(2) ToKqmnaoa» tomo 1^, libro 4» cap. 11. 

(3) SoBsy Conquista de Xiievik £¿paSa» Eb. I", 


cap. DL 


IGNACIO J. ÜE üRRÜTÍA. 


lál 


cia de lo ocurrido con Narvaez en Bayamo, le mandó 
orden el Gobernador para que siguiese y castigase los 
inquietos y entre tanto (1) salid el mismo Velázquez 
con Juan de Grijalba, joven liidalgo y natural de 
Ouellar, el Bachiller Bartolomé de las Casas, clérigo 
natural de Sevilla y cincuenta hombres, á reconocer 
por sí, la parte de la tierra y parece que se acercó á 
la costa del Sur y provincia en que se situó después 
la villa de Santiago. Aquí comprendió por sus na- 
turales que habia llegado al puerto de Jagua, un na- 
vio de españoles, y equipando una canoa con indios 
remeros y carta credencial, la mandó en su solicitud. 
Eran los arribados á Jagua, Sebastian Ocampo, el que 
bojeó la' Isla y diez y nueve marineros que volviendo 
del Darien para la Española perdió el navio, se acogie- 
ron á aquel pijerto y luego que recibió Ocampo la 
carta de Velázquez, dejando la embarcación con tres 
pipas de vino y cuatro marineros, se embarcó gus- 
toso con los otros quince en la canoa y fué donde 
Velázquez. 

VIIL Tuvo éste también noticia de haber llegado 
á Baracoa el Contador Cristóbal Cuellar, electo Teso • 
rero de S. M. en la Isla, y sugeto en quien sobre una 
recomendable cordura, concurría tan desordenado celo 
del servicio del Rey, que solía decir que por él daría 
dos 6 tres tumbos en el infierno. Traía consigo Cuellar 
á su hya D^ María, que habiendo venido á la Españo- 
la de dama de la Almiranta D^ María de Toledo, pa- 
saba á Cuba á casar con su Gobernador Velázquez, con 
qaien estaba concertada. Luego que éste lo com- 
prendió, dejó los más de sus cincuenta hombres bfyo 
la obediencia de Grijalba, previniéndole que se diri- 
giese por los dictámenes del Bachiller Casas, hasta 

(1) Seguimos á nuestro Herrera ubi supra. 


162 TEATRO CUBANO. 


tanto que vuelto Narvaez, continuase sus órdenes j 
marchó con algunos y la espuela del amor para Ba- 
racoa. 

IX. Comenzaron los preparativos de la boda, y 
anticipándola el deseo, se celebró un Domingo con t^- 
do el aparato y magnificencia que deja conceptuarse 
entre iguales personas. Siguiéronse los placeres que 
á los primeros pasos se convirtieron en pésames, por- 
que acometiendo á la novia un inopinado y violento 
accidente, la desnudó al séptimo día de las galas nup- 
ciales que habia vestido en el tálamo, para cubrii'la 
de la mortaja con que fué conducida al túmulo. Flor, 
iris 6 vapor, que cuanta más hermosura gasta en la 
mañana, tanto más anuncia su inmediato ocaso y cuya 
vida en sueño^ trajo á Velázquez muchos dias de me- 
lancolía y una pena verdaderamente despierta. 

X. Betirose Narvaez, sin haber podido dar alcan- 
ce á los indios que huyeron al Camagüey, pero detrás 
de él vinieron estos humillándose, confesando su yerro 
y pidiendo perdón, con signos de estar vei*daderamen- 
te art*ei)entidos. Acojiéronse al Bachiller Casas, que 
ya se había incorporado con Narvaez para que inter- 
cediese al perdón, siendo medianero para con él, y le 
presentarou por fineza una ensarta de cuentas podri- 
das, que cuanto eran estimables en ellos, padecían 
desestimación de los nuestros. Gasas las recibió ^n 
agrado y agasajo, y haciendo cumplidamente su oficio, 
obtuvo el perdón general, con el que regocijados los 
bayaineses, volvieron á ocupar pacificamente sus pue- 
blos. Créese que la causa de su vuelta, fué la expul- 
sión que experimentaron de los camagüeyanos, por- 
que acostumbrando á cultivar solo aquellos comesti- 
bles que bastaban á su preciso alimento, y escaseando 
éste con la ayuda de tanto vecino, se vieron precisa- 
dos á expelerlos antes que pereciesen unos y otros. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 163 


CAPITULO IV. 

Continúan Narvaez y el Padre Bartolomé de las 
Casas el reconocimiento de la Isla, lo hacen 

DE LAS provincias DE CuEYBA, CaMAGÜEY Y DE 
LOS PUEBLOS DE CaONAO Y LA RoSA, CON LOS PARTI- 
CULARES SUCESOS QUE SE EXPRESAN, 


I. Incorpoi-ada la gente con que Panfilo Narvaez 
había salido y la que quedó con Juan de Grijalba y 
llegó con Ocampo, que compondrían hasta cien hom- 
bres, mandó orden para que el primero continuase el 
reconocimiento de la tierra, llevando consigo al Ba- 
chiller Bartolomé de Casas. Dispúsose todo y vol- 
vieron á tomai- el camino hacia la provincia de Ca- 
magüey, marchando a principios del año de 1513, con 
la lentitud que requería el ir solo cuatro en yeguas y 
los demás á pié, y por caminos poco reparados. Á 
las jornadas en que se computaron treinta leguas dis- 
tantes de Bayamo, llegaron á la provincia y pueblo 
llamado Cueyhá (1) el mismo en que Alfonso de Oje- 
da y los suyos se hablan recobrado de los trabajos pa- 
decidos en la ciénaga y en que dejó la imagen de 
Nuestra Señora. 

II. Iban entre la gente de Narvaez, algunos délos 
que acompañaron á Ojeda en aquel angustioso paso, 

(1) Signe Ilerrera eu el cap. 15, libro 9, Década 1* 

Tomo \\. 20 


#• 


l54 TEATRO CUBANO. 


y recordando en la bonanza los trabajos de la tormen- 
ta, refrescaron la memoria de la gran devoción con 
con que aquellos naturales habían quedado hacia la 
Inmaculada Señora. Oíalos con agrado el Bachiller 
Casas y llevando consigo otra imagen muy devota de 
la misma Reina, propuso en sí permutarla con los in- 
dios por la que Ojeda les había dado. Recibieron los 
naturales con agrado álos nuestros, proveyéndolos de 
bastimentos, alojamiento y demás posible a su des- 
canso, y hallaron la iglesia que se habia edificado á 
Nuestra Señora, muy adornada con paños de algodón 
y un altar en que estaba colocada su imagen. 

III. Cantábanle los indios versos que hablan com- 
puesto en su idioma elogio, celebrándola con bai- 
les, y manifestaban tanta devoción á Santa María, que 
llenaba de jubilo á los católicos. Con tan buenos an- 
tecedentes, comenzó el Padre Casas á bautizar los 
párvulos, en que mostraron mucha complacencia sus 
padres; pero manifestando al Cacique la intención y 
deseo de permutar la imagen, «e le reconoció tristeza y 
desagrado. Llegó la noche y tomando consigo dicho 
Cacique la imagen que le dio Ojeda. se retiró á los 
montes, donde se ocultó con ella. 

IV. Al amanecer del siguiente día, determinó el 
Padre Casas decir misa en la iglesia de Nuestra Seño- 
ra, y mandado llamar al Cacique para que asistiese 
á ella, le fué respondido por los suyos que su Señor se 
habia llevado la imagen por miedo de que se la toma- 
se el Padre. Esta demostración puso en cuidado álos 
nuestros, recelando que pudiese causar tanto desagra- 
do en los naturales, que pasasen de la paz en que fue- 
ron hallados, a alguna inquietud dañosa, y para pre- 
caverla, se mandaron indios que solicitando al Cacique, 
le certificasen de parte del Capitán y del Padre, que 
no se les despojaría de su imagen, antes sí se les da- 


o * • 

IGNACIO J. DE URRUTIA. 155 


ría graciosamente la otra. Esto mismo se hizo enten- 
der á los demás- vecinos de la población; mas, aunque 
éstos se manifestaron satisfechos, nunca quiso venir 
el Cacique con su Santa María, hasta que los españo- 
les dejaron el pueblo continuando su marcha; efecto 
propio de im grande amor que no tiene ()or bas- 
tantes seguridades, mas que la posesión de lo amado. 

V. Caminó Narvaez más de veinte leguas, desde 
Cueybá hasta entrar en la provincia deCamagüey, que 
era dilatada y de mucha gente. (1) En ella fueron 
igualmente recibidos con obsequio y agrado: pre- 
sentábanles el pan de que usaban llamado casavi^ 
la caza que hacían de los perrillos nombrados guani- 
quinajes, pescados y demás alimentos que gastaban. 
El celoso Padre Casas, a[)l¡cado con exactitud á su 
ministerio espiritual, por medio de indios intérpretes 
y españoles que entendían ya algo sus idiomas, pro- 
curaba introducir en los naturales los primeros princi- 
pios de la religión verdadera, con que los iba aficio- 
nando á ella, y lograba con su beneplácito bautizarlos 
párvulos, que fueron innumerables en esta provincia. 
Y por evitar las demasías militares que disgustaren á 
los indios, acordó con Narvaez que separare entera- 
mente una parte de los pueblos en (jue los esf)añoles 
asistiesen para apartarlos de aquellos, prohibiéndoles 
con graves penas su comunicación. 

VI. Con este drden y tranquilidad, se fueron reco- 
nociendo otros muchos pueblos, en que siendo igual- 
mente obsequiados los nuestros, cuidaba el Padre 
Bartolomé de los naturales en su instrucción y coUvser- 
vacion. Hizole este celo tanto lugar entre ellos, qufe 
lo respetaban y veneraban en el alto grado que lo ha- 
cían de sus Behiques, lo que importó njucho para el 

(1) £b la qae corresponde hoy á la villa de Puerto Príncipe. 


166 TEATRO CUBANO 


pacífico reconocimiento de la Isla, porque cuando 
querían pasar de unos á otros pueblos, mandaban j)or 
delante algunos indios con cualquier papel, puesto en 
una vara é instruidos de que dijeran á los de la i)0- 
blacion: que el Padre mandaba por aquel papel, (juc 
no.se ausentasen porque no les haría daño, que tuvie- 
sen que comer, preparados á los niños para bautizar- 
los y desocupada la mitad de la ciudad para acuartelar 
la tropa, porque de lo contrario se enojaría. Obede- 
cían y cumplían sus órdenes como si tuviesen fuerza 
de autoridad, teniendo por más que milagro, que por 
un papel mudo, se pudiesen comunicar los ausentes, y 
con esta prevención, se iba caminando en paz y sin ne- 
cesidades. 

VIL Acercándose á un pueblo grande llamado 
Caonao y como tres leguas antes de él, vieron un 
arroyo cuya cristalina corriente incitó el deseo de al- 
morzar en sus márgenes. Hiciéronlo y notando que 
su terreno tenia muchas lajas que servían para pie- 
dras de amolar, afilaron en ella sus espadas y mar- 
charon para Caonao. (1) Llegóse al pueblo por un 
camino de tres leguas, llano, sin agua y á hora de vís- 
peras, y hallaron en él mucha gente con casavi y 
pescado, porque en su inmediación había un rio gran- 
de (2) en que y en la próxima mar, pescaban con 
abundancia. Entraron en una plaza en que había 
hasta dos mil indios, sentados á su usanza; y en otra 
casa grande como quinientos, todos los cuales queda- 
ron atónitos mirando las cuatro yeguas que traían los 
españoles, cuyos animales por nunca vistos en la Isla, 
eran el asombro de sus moradores, teniéndolos tan 

(1) En cuya sitoaoion se baila la villa de Sancti Spirítns. 

(2) Este rio es el de Sasa, que sirve de surgidero á dicha villa de 
Bancti Spírítn. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 157 


escandalizados que salian á los cauíínos á verlas. En 
esta plaza se comenzó á hacer el repartimiento de 
casavi y pescado, que dieron los indios para los ^si>afto- 
les por mano de la persona que destinaba el Capitán á 
fin de observar igualdad, evitar quejas y presenciándolo 
el mismo Narvaez y'el Padre Casas, sobrevino un in- 
cidente capaz de producir perniciosas consecuen- 
cias. 

VIH. Repentinamente sacan los españoles sus es- 
padas, recien afiladas, cargan sobre los indios que sen- 
tados admiraban las yeguas, y hacen en ellos una m- 
humana y cruel carnicería. Por más que el Padre 
Casas con los suyos procuraron vigilantes sujetar este 
desorden, no auxiliándolo Narvaez con la prontitud 
que debía (1) por su natural moroso, fue grave el da- 
ño que recibieron, aunque no se especifica cuanto. 
No pudo ó no quiso justificarse quien fuese el prime- 
ro que dio causa á él, poniendo mano á la espada, pe- 
ro se presumió de uno, cuyo fin desastroso hizo creer- 
se efecto de ello. El motivo se dijo ser la misma 
atención conque los indios miraban á las yeguas y de 
que recelaron los españoles (verdadera ó simulada- 
mente,) que los querían matar, buscando indicio en 
unos huesos de pescado que traian en las cabezas (y 
nombraban agujas) y ciertas cucixias ceñidas al cuerpo, 
para sospechar que con las primeras los querian herir 
on lucha y atarlos con las segundas. 

IX. Esta injusta extorsión, puso en tan fundada 
desconfianza á los naturales, que corriendo la noticia 
de ella j)or toda la tierra, abandonaron los pueblos y 
la Isla y se retiraron á los cayos ó isletas del Sur, que 
Colon llamó el Jardín de la Reina. De aquí provino, 
que coitinuando los nuestros su marcha, llegaron á 

(1) Sigue Herrera al capítulo último, libro IX, Década 1* 


158 TEATRO CUBANO. 


una grande ro^a ó estancia (1) en que hallando mu- 
cha yuca para hacer casabe, no se encontrase gente 
alguna. Hicieron en ella sus chozas y sacando ios in- 
dios la yuca, hacían las indias casabe para comer y re- 
mediar la falta de socorro que experimentaban. Man- 
tuviéronse allí por algunos dias esperando las resul- 
tas de aquella novedad, y al cabo de ellos se dejo ver 
un jdven indio, que enviado por los fugitivos, solicitó 
la barraca del Padre Casas: habló en ella con otro 
indio viejo, natural de la Española, nom lujado Cama- 
cho, que acompañaba a dicho Padre, ya bautizado y 
en reputación de buen cristiano, y le manifestó el in- 
tento que traia de asistir con el Padre y que tenia otro 
hermano como de quince años que haría lo mismo. 

X. Aplaudid Camacho la resolución del mancebo, 
asegurándole que seria bien recibido y dando cuenta 
de ello al Bachiller Casas, celebró tanto el intento par- 
ticular del mozo, que admitid y ofreció hacer lo mis- 
mo con el hermano, cuando vid que se acercaba ya 
uno de aquellos naturales. Preguntdle por la gente 
de aquel lugar y si ocurrían á él, certiñcados de que 
no se les haría mal, y respondiendo que sí, ofreció 
traerla y á su hermano dentro de pocos dias. Díosele 
una camisa y otras cosillas, y habiéndole puesto Ca- 
macho el nombre de Adrianico, se retiró ratificando su 
oferta. Detúvose más dias de los pactados, de suerte 
que comenzó á dudarse de su cumplimiento, pero pre- 
sentándose al cabo de ellos una tarde Adrianico con su 
hermano y hasta ciento ochenta naturales de ambos 
sexos, colmó el gusto á los nuestros. Traían aquellos 
muchas ensartas de mojarras y otros peces para el 
Padre y su gente, á quienes las presentaron con obse- 
quio y respeto, y asegurados de la paz por medio de 

(1) Faréoenos ser, donde se haUa hoy la villa de Santa Clara. 


IGNACIO i, DE URRütlA. 159' 


los intérpretes y con otras retóricas demostraciones 
que suplian las palabras, se les previno que ocupasen 
sus casas en que entraron gustosos. 


CAPITULO V. 


Aqoíerese noticia de haber dos mujeres y un hombre 

CAPTIVOS en la provincia DE LA HaBANA Y SE MAN- 
DAN BUSCAR. Reconócese el pueblo de Garahate 
ó Casa harta y llegan a él las mujeres: conti- 
nuase EL reconocimiento DE LA TIERRA Y SE RES- 
TAURA EL HOMBRE. 


I. Esparcida en la Isla, la noticia del buen aco- 
gimiento que hablan hecho los españoles a Adrianico 
y los ciento ochenta indios, que con él se les presen- 
taron, comenzaron los demás á deponer el temor, y 
haciéndoles entender por medio de los primeros que 
no se les causaría daño alguno y que se deseaba su 
sociedad y que ocupasen sus pueblos, fueron sucesiva- 
mente restituyéndose á sus habitaciones. Grecia el 
respeto y amor de los naturales al Padre Gasas, te- 
niendo en él toda la esperan/a de su protección y am- 
paro; y este virtuoso Sacerdote se preparaba con más 
-intérpretes y medios de pacificar aquellas gentes y 
poblaciones á fin de sembrar en sus corazones la se- 
milla del Evangelio: comenzó á tratarles de él y se 


leo TEATRO CUBANO. 


les fué introduciendo con suavidad, bautizándoles los 
hyos y atrayéndolos al cordial afecto de los cristianos. 

II. Por estos se comprendió que en la provincia de 
la Habana, distante cien leguas de aquella, tenian capti- 
vos los indios dos mujeres y un hombre españoles (1) 
y aunque no se entendió el modo con que hablan ve- 
nido al cautiverio, se temió que con una ú otra de las 
novedades que causaba su marcha por los pueblos, pu- 
dieran quitarles las vidas. Para precaverlo oportu- 
namente, hizo su embajada el Padre Bartolomé man- 
dando algunos indios con un papel viejo en una vara, 
y orden que dijesen al Cacique aprehensor, que el Pa- 
dre mandaba por aquella carta á que le enviasen los 
captivos y que de lo contrario se enojaría mucho. Sa- 
lieron los emisarios con su embajada, y los nuestros, 
puesta ya en quietud aquella población, continuaron 
el reconocimiento de las demás. 

III. Caminando hacia la costa del Norte, pasaron 
por algunos pueblos menores en que fueron bien re- 
cibidos y hospedados y siguieron en i)usca de uno que 
llamaban Carahate y se situaba más a la costa, den- 
tro del agua y sobre horcones; (2) necesitaron vadear 
algunos brazos de mar. Sirviéronse para ello de las 
canoas de los indios, llegando á juntarse hasta cin- 
cuenta, cuya unión hacia una flotilla uniforme, alegre 
y agradable á la vista, por el regocijo de los españo- 
les y obsequio de los indios. Hallaron en dicho pue- 
blo mucho casabe, pescado, multitud de papagayos y 
tanta abundancia de otros comestibles, que con esta 
alusión le nombraban Casa-harta. Aquí moraron 


(l) Si^ie Uerrera al cap. lUtinio, lib. IX, Década I** 
("Sj Este piii'blo lie Carahate «lebitj et^tar en el Cayo nombrado Conuct» 
V 4ue dit»ta solo una le^ua del Tesieo^ snrsridero tle la villa de San Juan de 
loe KeuMdios, ponqué aún se hallan vestigios de haber sido poblado, r con* 
Tiene con et$tá» «eftati. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 161 

quince dias regalados con bastantes bastimentos y mi- 
llares de papagayos. Cogíanlos los niftos subiendo 
en un árbol en que estaban una de estas aves, las que 
castigadas suavemente se quejaban a voces. Acudian 
á éstas innumerables de su especie y con aquel atrac- 
tivo y su natural mansedumbre, lazaban fácilmente 
cuantas querían. Eran gustosos especialmente asa- 
dos, y los habia en tanto colmo, que se comieron en* 
dichos dias (según Herrera) más de diez mil. 

IV. Defsde este pueblo se vio venir por la costa 
una canoa bien equipada de remeros y la cual se acer- 
có a la posada del Padre Casas inmediata á la mar: 
desembarcaron en ella los indios que la remaban, los 
emisarios del Padre y dos mugeres desnudas, que solo 
cubrían sus partes verecundas con algunas hojas de 
árboles, recordando el primer trfye que vistió nuestra 
primera madre Eva en el Paraiso, después de perdida 
la gracia original. Era la una de ellas según su as- 
pecto como de cuarenta años y la otra, como de diez 
y ocho ó veinte, cuyos abriles no podían desnudarla 
de algunas flores naturales á su primavera. Hacían- 
las más agra(lal)les el rostro halagüeño con que por 
demostraciones daban gracias al Altísimo de que las 
hubiera sacado del cautiverio, y a los presentes de 
que fuesen segunda causa de su redención. Los nues- 
tros se com|)adecian de verlas en aquellos trabajos, 
considerando j)or cuan doloroso camino de penas ha- 
l)r¡an llegado a él y regocijados de verlas libres del 
peligro. 

V. Recogieron entre todos aquellos lienzos y pa- 
nos que jnás pudieran acomodar al traje femenil, y ha- 
ciendo con ellos unas camisas y mantos, quedaron 
honestamente vestidas. El Padre se encargó parti- 
cularmente de su cuidado, y aunque por entonces no 
pudieron dar noticia de su trágica historia, & causa de 

Tomo II. 21 


162 TEATRO CUBANO. 


que con el no uso del idioma, en los muchos años que 
vivieron bajo del cautiverio, habian olvidado su pro- 
nunciación, á poco tiempo comenzaron á darse a en- 
tender, Decian que ciertos castellanos con quienes 
ellas iban, necesitados de atravesar un pedazo de mar, 
se entraron confiados en las canoas de unos indios, 
que yendo en medio de la travesía zozobraron las ca- 
noas y cayendo al agua se ahogaron los más, por no 
saber nadar los unos y porque, cuando querían sal- 
varse los otros, los golpeaban dichos indios con los re- 
mos, aturdiéndolos hasta ahogarlos. Que solo salva- 
ron a las dos mugeres, conservándolas consigo los 
indios, que, hábiles en cortar el agua, salieron y las 
sacaron á tierra. Y finalmente, que aunque pudieron 
salir á nado siete castellanos, los cuales aportaron a 
un pueblo con sus espadas, pidiéndoselas dolorosa- 
mente el Cacique de él y tomándolas, los hizo colgar 
de un árbol grande nombrado Ceiba y que allí los ma- 
tasen sus indios. Llamóse por esto aquel pedazo de 
mar ó bahía de Matanzas^ aludiendo á la matanza que 
en él habian hecho los indios de los españoles. Las 
dos mujeres fueron haciéndose el lugar que con solo 
serlo nunca les falta entre los hombres v más sóida- 
dos, y poco tiempo después las casó el Padre Bartolo- 
mé de las Casas con dos hombres de bien, en cuya 
compañía siguieron viviendo honradamente. 

VI. No estaba el castellano captivo, en poder del 
mismo Cacique que las mugeres, teníale otro y le 
habia adquirido tanto cariño, que aunque se lo pidie- 
ron diversos Caciques para matarlo, nunca quiso dar- 
lo, ni matarlo él, antes, lo traía siempre cerca de su 
peleona y con gran regalo. No aquietó al Padre Ca- 
sas esta afectuosa causa de su retención, por lo cual, 
reiteró embajada previniendo su conseiTacion hasta 
que fuesen los españoles por aquella provincia^ é ins- 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 163 


taba porque se continuase la marcha. Habia expirado 
el año de 1513, cuando entrando el de 1514, se de- 
terminó la continuación (1) de la marcha hacia la pro- 
vincia de la Habana, y como estaban en la costa con 
provisión de canoas, en que se hacia más cómodamen- 
te que á pié, se embarcaron en ellas desde Carahate 
ó Casa-harta^ y fueron navegando hacia Poniente. 

VIL Llegaron á la provincia de la Habana y re- 
conociendo algunos pueblos, se hallaron solos, porque 
sus moradores se ocultaron en los montes, temiendo 
igual suceso que en la de Caiiiagüey y recelando ven- 
gasen en ellos la muerte de los castellanos que acom- 
pañaban las mujeres. Mandó el Padre Casas sus emi- 
sarios con papel y vara para que asegurasen á los 
Caciques que los españoles no les harían daño, y que 
en esta confianza podian venir a sus pueblos, y ha- 
biéndoseles intimado en los bosques, vinieron diez y 
nueve naturales al pueblo en que se hallaban los nues- 
tros con algunas cosillas de comer. El Capitán Nar- 
vaez, indignado de su retiro ó de la muerte dada a 
dichos castellanos, los hizo prender y trataba de ahor- 
carlos al dia siguiente; mas, el celoso Padre se opuso 
tan ardientemente a ello, que comenzando por reco- 
mendarle el honor de su palabra, las órdenes repetidas 
y estrechas del Rey y del Gobernador para que á nin- 
guno se le hiciera daño y las consecuencias pernicio- 
sas que dfebian esperarse, pasó a amenazarle de que 
se iría a la Corte y daría cuenta a S. M. de tal rigor. 
Con esto se suspendió por el pronto y dando después 
libertad a los diez y ocho, se conservó en prisión el 
principal señor, que Velázquez le mandó soltar. 

VIH. Continuaron desde allí la marcha por tierra, 
reconociendo sin demora los demás pueblos y diri- 


(1) Herrera. Década 1% lib. X, cap. VIII. 


164 TKATRO CUBANO. 


jiéndose á el en que sabían hallarse el castellano cap- 
tivo, pero antes de llegar á él, salió á recibirlos su 
Cacique; traía por delante trescientos indios cantando 
y cargados de cuartos de tortugas recien mueitas, y él 
venia detrás trayendo al captivo de la mano. Incor- 
poráronse en un monte, y luego que los primeros in- 
dios llegaron á los españoles, poniendo en tierra los 
cuartos de tortuga, se sentaron á su uso c hicieron 
campo para que llegase su Señor. Era este anciano 
de más de sesenta años, de buena presencia, rostro 
alegre y de un aspecto sano á que asomaban indicios 
de igual interior, y luego que llegó a la presencia del 
Capitán y Padre, les entregó en mano el captivo y dí- 
joles: que aquel le havia tenido como a Hijo^ custodiándo- 
le en los peligros en que hubiera perecido á mano délos 
otros Caciques si no lo amparase su favor. Recibióse 
el castellano manifestando á su Señor muchos signos 
de gratitud y reconocimiento por su custodia, y fiíeron 
tan vivos estos, que abrazaban los españoles al ancia- 
no, quien se regocijaba recíprocamente con ellos. 

IX. A todo atendía con admiración y júbilo el al- 
borozado captivo, haciendo las mismas demostracio- 
nes con la boca y cuerpo que los indios, y sentándose 
en cuclillas sobre la tierra á su usanza^ de que los es- 
pañoles tenían gran risa. Quería hablar y comenzan- 
do algunas dicciones castellanas, las mezclaba con las 
del país (1) de suerte que hacía un tercer idioma, inte- 
ligible á unos y otros. Pasados algunos dias filé re- 
cordando especies, y dice Herrera que refería su his- 
toria, pero de ella solo nos individuó haber tres ó 
cuatro años que estaba en cautiverio. 

X. Continuó Narvaez su marcha hacía la Habana, 
cruzando varias veces de Norte á Sur, por ser allí an- 

(1) Se hace arduo este olvido en el corto tiempo que se supoiie. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 165 

gosta la Isla y reconoció diversos pueblos, esperando 
órdenes del Gobernador, sin que se hallen anotadas 
más que dos cosas particulares; la una, habei'se visto 
cerca de la Habana, un gran pan de cera amarilla que 
pesaría como una arroba, la que se creyó de algún 
barco naufragado ó traida de Yucatán por la mar, por 
no darse en la Isla. La otra, notarse sobre las peñas 
de la costa, mucha pez que arrojaba el mar y que aun- 
que entonces no pudo averiguarse de d^nde salia, des- 
pués de poblado el Puerto del Príncipe, se halló una 
mina ó fuente de donde se saca a pedazos y algunas 
veces corre derretida con el sol, siendo semejante á la 
resina del pino y que suplía a la brea (1) con algu- 
na composición. 


CAPITULO VI. 

Funda Velazquez las villas ue Trinidad, Sancti 
Spiritüs, Puerto del Príncipe, San Salvador de 
Bavamo, Santiago de Cuba, San Juan de los Re- 
medios (2) Y LA Habana, y manda el Rey que es- 
ta Isla se denomine Fern andina. 


1. Mientras Narvaez reconocía la tierra de Cuba, 
sus pueblos y la disposición de sus naturales, continua- 
ba Velázquez el fomento de la villa de Baracoa. Ha- 


(1] Véase el capítalo IV, libro III, de esta época. 

(2) Véase al final del tomo, los datos históricos sobre estas poblaciones. 


166 TEATRO CUBANO. 


bian venido á ella muchos españoles, que avecindados, 
adelantaron sus casas y labranzas, dando extensión y 
hermosura al pueblo. Repartióles el Gobernador con 
autoridad Real, los indios de aquella provincia de Ba- 
yaquitiri ó Maisi, para que les sirviesen en sus labran- 
zas' y casas y fuesen instruidos en la religión, y dando 
a su suegro Cristóbal de Cuellar, el Tesorero, y a los 
amigos, aqueHos que pudo franquearles la razón, el 
parentesco y la amistad: dejó las cosas de la villa en 
buen orden y estado y determinó el mismo año de 
1514, salir á reconocer los terrenos en que convenia 
situar los demás pueblos. 

11. A este fin, ordenó a Narvaez (1) que se retira- 
se de la provincia de la Habana en que se hallaba, 
acercándase sin violencia á la de Jagua, donde esta- 
ban los cuatro marineros que habia dejado Sebastian 
de Ocampo y que en ella se verian. Salió después 
Diego Velázquez de Baracoa con algunos españoles, 
unas veces navegando en canoas y otras marchando 
por tierra, llegó brevemente al puerto de Jagua. Si- 
tuóse con toda la gente en una de las tres isletas que 
tiene dentro de la bahía, en que habia un pueblo de 
indios, y allí estuvo algunos dias regalándose con per- 
dices y lizas, que se ha dicho abundaban en aquella 
provincia. Desde eUa mandó reconocer las márgenes 
é inmediaciones de un caudaloso rio nombrado Jlri- 
máo^ que derramaba en aquella costa á poco menos 
de una legua del citado puerto de Sagua, solicitando 
en ellas las minas de oro de que parece habia alguna 
noticia. Subieron en canoas el rio y se hallaron ricas 
minas de oro, cuya calidad se equipara por blanda a 
el del Cibao en la Isla Española y por ella menos 
apreciable para los plateros. 


(1) Herrera, Década I, libro 10, cap. VIH, 


IGNACIO J. DE ÜRRÜttA. l6t 

III. Con esta invención, deseó Diego Velázquez 
situar en aquellas inmediaciones una villa, a la cual se 
atendiese al cultivo y labor de las minas, repartiendo 
indios que las trabajasen. Destinó para ella algunos es- 
pañoles y entre éstos al Padre Bartolomé de las Casas, 
á quien por sus acreditados servicios dio muy buen 
repartimiento de indios, en un pueblo de aquella pro- 
vincia nombrado Canareo^ inmediato al rio, otro á 
Pedro de la Rentería, natural de Montanches, hombre 
de bien, prudente y virtuoso, que habiendo servido en 
varios empleos de honor, bajo la mano de Velázquez, 
supo desempeñarlos y conservaba estrecha amistad 
con el Padre Casas. Pero no pareció conveniente 
asentar allí la villa, sino en un sitio de la costa, que 
diez leguas (1) más á Oriente, iranqueaba un puerto 
regular, terreno alto y provisto de aguas, y más al cen- 
tro de los otros pueblos de indios, cuya cercanía con- 
venía tanto para su manejo. Aquí se estableció, echan- 
do los españoles este año sus primeras líneas, nomi- 
nándola el Gobernador la villa de Trinidad. El 
Bachiller Casas y Rentería, hicieron compañía para el 
adelantado de sus repartimientos y labores, y con los 
demás destinados á esta población, trataron de for- 
malizarla. 

IV. Dispuso igualmente Velázquez, que en el cen- 
tro de la Isla y mediación que hay de Trinidad á la 
costa del Norte, se situase otra villa, a la que dio el 
nombre de Sancti Spíritus y la que conceptuaron 
subrogar el antiguo pueblo de Caonao^ donde se hizo 
la carnicería de indios, (2) según su situación y la in- 
mediación al caudaloso rio de Sasa. Mandó estable- 
cer otra en la provincia de Camagüey, al centro para- 

(1) £sta distancia le dá Herrera^ pero de Jagna á Trinidad hay vein- 
te legnas. 

(2) Segnn dijimos en el cap. IV de este libro. 


168 TEATRO CUBANO. 


lelo de aquel parage, en que queda dicho que el 
Almirante D. Cristóbal Colon desde su primer viaje, 
puso una cruz y le denominó Puerto del Príncipe, cu- 
yo distintivo mandó conservar a esta villa. En la. 
provincia del Bayamo, tuvo por conveniente situar 
otra villa, también en el centro de la Isla, casi igual 
distancia de sus costas, a quien dio el nombre de San 
Salvador. Y finalmente, dispuso que a la costa del 
Sur, como veinte leguas de Baracoa, se poblase otra, 
en un puerto de mar muy fi^anco y hermoso, á quien 
llamó Santiago; de suerte, que quedó la Isla con la 
designación y planta de seis villas inclusa la de Ba- 
racoa. 

V. No constan individualmente los nombres de los 
castellanos que fueron destinados para primeros po- 
bladores de ellos, ni el orden de gobierno que- se les 
estableció, nominándose aquí solo al Bachiller Casas 
y Rentería, para Trinidad; pero en otro lugar asienta 
Herrera (1) que habiendo ganado Hernán Cortés la 
voluntad del Gobernador Diego Velázquez, después 
que logró que le sacase un hijo de pila, le dio reparti- 
miento de indios en la nueva vUla de Santiago, hacién- 
dole Alcalde ordinario de ella. De éste y de los 
posteriores hechos, se infiere, que en cada villa nom- 
bró el Gobernador un Alcalde mayor ú ordinario, su- 
bordinado en el mando para que cuidase del aumento 
y orden del pueblo y buen tratamiento de los indios: y 
que con este régimen fiíeran adelantándose las fábri- 
cas y labranzas a quienes dio mayor priesa el deseo 
de la comodidad y la emulación con que cada villa de- 
bía solicitar el primer nombre. Y viendo Velázquex 
á sus pobladores fervorizados en su adelanto, mandó 
á Panfilo Narvaez, que con el resto delagente,siguie- 


(1) Herrera, cap. YII; )ib. IX, Década 1' 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 169 


=F= 


se reconociendo y pacificando la provincia de Hau- 
guaniga, que después de la de la Habana^ seguia 
á la parte Occidental de la Isla, ya que aún no 
había llegado cuando se le Uamó a Jagua. Retiróse 
el Gobernador á la nueva villa de Santiago, que eligió 
para su residencia y la comenzó a fomentar. Quejá- 
banse sus vecinos y los de Baracoa de que en la dis- 
tributiva de encomiendas de indios, procedía con acep- 
cion'de personas, y llegando a los Reales oidos, mandó 
el Rey se inquiriese la verdad, y que necesitándolo se 
pusiera el remedio conveniente. 

VI. Habia padecido S. M. el dolor de perder el 
ano 1512 á el Príncipe D. Juan, que en la floreciente 
edad de veinte años, rindió el hilo de su vida á la Par- 
ca (1) y como á nuestra Isla de Cuba se habia dado 
por el primer Almirante el nombre de Juana^ en obse- 
quio y alusión de su Alteza (2) cuya memoria renue- 
va aquella pena, dispuso el Rey que en lo sucesivo se 
nombrase Fernandina (3) etimologiandolo á su Real 
augusto nombre; estos timbres debemos acordar y sos- 
tener justamente sus hijos, no permitiendo que por 
abandono los pierda, sino llamándola como los prime- 
ros (4] con quienes la nominaremos la Isla Fernandina 
de Cuba. Para que acuerde esta Real etimología, nacida 
del mismo Soberano el amor que desde el principio 
debió á S. M. y se suele manifestar en la denominación 

(1) El Padre Mariana, en la Historia general de España y el compen- 
dio de ella, traducido por el Padre Isla, año de 1512. 

(2) Como digimos al cap. II, núm. 2, lib. I de esta época. 

(3) Herrera. Década 1% lib. X, cap. XVI, y en la descripción, capítu- 
lo VI. Torquem. ubi infra: aunque Solorzano, lib. I, de Jur. Ind. cap. VI, 
núm. 12, le creyó puesto este nombre por el Almirante. Fnit á Chrístophoro 
Columbo in bonorem Ferdinandi Regís Catbolici Fernandina sive Ferdi- 
nanda. 

(4) Asi la nomina el limo. Sr. D. Juan de Witte, en su auto de crea- 
ción oe Catedral y se nombró generalmente en todos los antiguos instru- 
mentos y cabildos. 

Tomo II. 22 


170 TEATRO CUBANO. 


de las cosas y la nobleza de la Isla, por la correspon- 
dencia jurídica que fardan entre sí la etimología y 
lo etimologiado (1) de que dará bastantes pruebas es- 
ta obra en la particular atención que acreditará haber 
debido en todos tiempos á sus Magestades. Y ya que 
conservemos el indiano de Cuba (que se tiene por he- 
braico (2) derivado del primer Cacique que la pobló 
ó descuorió) no permitamos continúe en olvido el re- 
comendable de Femandina que tanto la ilustra. 

VIL No hacen Herrera ni los demás historiadores 
clara mención del tiempo en que se fundaron las vi- 
llas de la Habana y San Juan de los Remedios, expre- 
sando solo aquel /3) que lo fueron poco después que 
las mencionadas villas primitivas; (4) nombróse la Ha- 
bana con el calificativo totius insuhe emporium y por 
esta calidad y copia de razones que sobre su primera 
situación ocurren, merece que la reservemos para el 
capítulo siguiente, concluyendo éste con lo que enten- 
demos de la de San Juan de los Remedios alias el 
Cayo. 

VIIL Esta la fundó Vasco Porcallo (5) á la costa 
del Norte, frente del antiguo pueblo de Carahate, á que 
llaman los nuestros Casa-harta. (6) Por las noticias que 
hemos dado, de cruzarse un brazo de mar para llegar 
á Carahate y por la tradición que aún se conserva, y 
por algunos vestigios de edificios, creemos que este 
pueblo estaba situado en el cayo que hoy llaman Co- 
?iuco^ distante menos de una legua de la costa, y por 


(1) Vide Bolafios in cur Philip. Part. I, núm. 2. de transacionibos 
quest. I, núm. 1. 

(2) Torqnem. tom. I, cap. IX. Y el Padre García en sa Origen de los 
Indios, lib. III, cap. VII, párrafo 3? 

(3) En la descripción de las Indias, cap. VI. 

(4| Solorzano, lib. I, de Jnr. Indiamm, cap. VI, núm. 12, 

(5) Herrera, en la descripción, cap. VI. 

(6) Véase lo que digimos en el capítulo V, núm. 3 de este libro. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 171 

las mismas tenemos que los españoles no fundaron es- 
ta villa en dicho cayo, sino en la playa inmediata de 
la costa en el mismo surgidero que hoy nombramos 
Tesico. De allí se dice que fué mudada á una sabane- 
ta poco distante, y últimamente al parage en que se 
halla actualmente, como una milla adentro de dicho 
Tesico. Dista sesenta leguas á Oriente de la bahía de 
Matanzas y catorce Norte Sur de la villa de Sancti 
Spíritus, sin otro surgidero que el denominado del 
Tesico. Y fué tan permanente y feliz Vasco Porcallo 
en su fomento, que tanto ésta como Sancti Spíritus 
y Trinidad, llegaron a ser de los más ricos de la Isla, 
conforme se irá tocando en otros lugares de esta obra. 


CAPITULO VIL 

PüEBLANSE EN LA PROVINCIA DE LA HaBANA, LAS VILLAS 

DE San Cristóbal al Sur, y Puerto de Carenas 
AL Norte. Reunese aquella a esta por las cau- 
sas QUE SE EXPRESAN Y SE DA NOTICIA DE SUS PRI- 
MEROS POBLADORES. 


I. Aunque el Coronísta Antonio Herrera, no aclara 
el tiempo y forma en que se pobló la villa de la Ha- 
bana, cuando lo hace de las demás de la Isla, nuestro 
Regidor Arrale (1) dice con el Maestro Gil González 

(1) Arrate, véase nuestro tomo I, oap. IV. 


172 TEATRO CUBANO. 


(1) que se comenzó á poblar el año de 1515^ día de 
la festividad del jigante cananeo Señor S. Cristóbal, 
que celebra la Iglesia el 25 de Julio y que por espe- 
cial indulto de la Santa Sede y á causa de ser incom- 
patible en él con la de Santiago patron de la Isla, se 
ha transferido en ella al 16 de Noviembre en que le 
solemnizamos. Asienta también, que la primera po- 
blación se hizo en la costa del Sur y transplantó al 
Puerto de Carenas el ano de 1519, de suerte que juz- 
ga haber sido siempre una sola la villa de San Cristó- 
bal de la Habana, poblada primero en la costa del Sur 
y trasladada en dicho año al Puerto de Carenas, con 
todo confiesa no fijar el pié por las fundadas dudas 
que vierte á cerca de parecer también situada en la 
del Norte, dejando indeciso este punto. 

II. Nosotros tenemos por cierto que hubo dos po- 
blaciones de la Habana, que usurparon genéricamen- 
te su nombre tenido por Fenicio (2) y derivado del 
primer Cacique que la pobló 6 descubrió, la una de és- 
tas en la costa del Sur, más á Occidente que Batabanó 
y en el parage 6 inmediación que hoy denominan la 
bahía de Cortés^ á la cual llamaron específicamente 
San Cristóbal, y la otra en la costa del Norte y situa- 
ción en que hoy se halla la ciudad de la Habana y de- 
nominaron puerto de Carenas, por haber carenado en 
él Sebastian de Ocampo, el año de 1508, cuando bojeó 
la Isla. T finalmente, que la dicha villa de San Cris- 
tóbaly fué la que se mudó é incorporó con la del puer- 
to de Carenas* 

III. Probamos este concepto con lo que el mismo 
Arrate confiesa de hallar asentado en todas las histo- 


páxxkíi 


(1) Maestro, Gil Gkmxalea, Teatro £clec., cap. YI, pág. 274. 

(2) £1 Padre García en su Oifgen de los Indios, Úb. fV, cap. XXTT» 
•o 7. 


IGNACIO J. DE ITRRÜTIA. 178 


rías la población de la Habana en el puerto de Oarenas, 
y que ésle es el sitio permanente de la ciudad de la 
Habana. Por otra parte, lo es también, que hubo tal 
villa de San Cristóbal en la costa del Sur a quien igual- 
mente denominaron Habana. Luego es preciso co- 
nocer que fueron dos poblaciones en sus principios, 
aunque la falta de expresión en los historiadores ha- 
va causado oscuridad. 

IV. El mismo Antonio de Herrera, refiriendo la 
navegación de la armada con que Hernán Cortés salió 
de Santiago de Cuba para la conquista de Méjico, 
asienta: (1) ^Pa/b á la villa de San Chriftoval que á 
mlüfa^n eftaha en la cofta de el Sur que dejpues se 
i»pafd á la Habana y allí cargó todo el baftimento que 
y^pudo, pagándolo como pagaba lo otro». De que se de- 
duce claramente nuestra conclusión, lo primero, en la 
suposición de dos términos que son, Safi Cristóbal y 
la Habana que no habría sí aquella ?illa solo mudase 
de Hituacion. Lo segundo, que la villa de San Cristó- 
bal estaba a la sazón en la costa del Sur. Lo terce- 
ro que se pasó después, y siendo esta llegada de Cortés 
el año de ] 518 conviene con él después de su térmi- 
no por haberlo sido el de 1519. 

y. Inferimos últimamente de haber estado la ar- 
mada de Cortés en la villa de San Cristóbal a la costa 
del Sur, que se situaba esta villa inmediata al parage 
en que anduvo dicha armada. Este no puede ser otro 
que el que denominamos la bahía de Cortés al ponien- 
te de Batabanó, porque esta denominación tan de an- 
tiguo, solo puede aludir á la estada de Cortés con di- 
cha armada, mediante a que ni antes ni después, 
anduvo por esta costa, para poderle dar la denomina- 
ción como consta de su historia y de ésta. Y por con- 

■ 

(1) Herrera, Década 2% lib. III, oap. XII, al-gs, (p. 80). 


174 TEATRO CUBANO. 


siguiente deducimos, que la villa de San Crist<5bal 
tuvo su primitivo asiento en las inmediaciones a la co- 
nocida bahía de Cortés. 

VI. Haciendo antes Herrera relación de este viaje 
de Cortés, dice: (1) ^V pareciendo á Hernán Cortés 
y^que ia no tenía que hacer en el puerto de la Trinidad^ 
)>fe embarcó con la maior parte de la Gente para ir á 
y>la Habana por la vanda del Sur»; esto es, á la villa 
de San Cristóbal, como ya queda declarado. aV em- 
»bió por Tierra con los que quifiei'on ir a Pedro de Al- 
»varado^ pava que fuefe recogiendo mas Soldados^ que 

yyeftaban en ciertas eftancias de aquel camino i 

Hambien mandó á Efcalante^ qué era gran Jlmigo fu- 
n^yo^ que fuefe con un Navio por la Vanda del ¡Norte i 
y^que los Caballos fuefen también por Tierras Esta 
navegación por la banda del Norte, solo puede enten- 
derse saliendo de Trinidad, que está al Sur, y mon- 
tando la Isla de Pinos y cabo de San Antonio, venir a 
la Habana y de ella se infiere que había Habana del 
Norte, a que vino Escalante. 

VII. Continuando, y en los de la salida de esta ar- 
mada de la Habana, dice (2) que Cortés mandó em- 
barcar los caballos y que Pedro de Alvarado/w(?/J? en 
vn buen Navio que fe llamaba San Sebastian^ por la 
Funda del Norte á la Punta de San Antonio. Todas 
estas expresiones, nos parecen persuaden que hubo á 
los principios dos poblaciones genéricamente denomi- 
nadas Habana, por ser éste el nombre de la provincia 
y especialmente distinguidas por los títulos de San 
Cristóbal y puerto de Carenas, y que la de San Cris- 
tóbal á el Sur, se reunió a la de Carenas á el Norte, 
uniendo los títulos y denominándose desde entonces 


1) Heirera, Década 2% lib. III, cap. XIII. 
[2] Herrera, en dicho oap. XÜI, al ñn, 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 176 

San Cristóbal de la Habana, los que incorporaron sus 
vecinos. • Y no debe embarazarnos hallar en las his- 
torias referidas viajes á la Habana por el Sur y por el 
Norte, si reflexionamos que del mismo estilo usan hoy 
los de los pueblos internos y que se salva y entiende 
viniendo por el Sur á desembarcar a Bataband y por 
el Norte á hacerlo en la misma Habana. 

vni. Finalmente, nos persuade la antigua pobla- 
ción de la Habana en el puerto de Carenas, en que 
subsiste, el referido Bernal Diaz del Castillo (1) «fui- 
smos á un puerto que se dice en lengua de Cuba ija- 
»ruco, y en la banda del Norte y estaba a ocho leguas 
i»de una villa que entonces tenian poblada, que se de- 
bela San Cristóbal, que desde há dos años la pasaron 
j»á donde agora está». Probando la distancia de ocho 
leguas á Jaruco que subsiste donde mismo estaba 
cuando se le incorporó la de San Cristóbal, y que 
cuando Antonio Herrera y Cárdenas Cano (2) refieren 
el levantamiento de los indios expresados en los Gua- 
najos (que fué el año de 1516) expresamente afirman 
que volvieron al puerto de Carenas^ de que es mani- 
fiesto de que aún subsistiendo la villa de San Cristóbal 
al Sur (pues no se mudó hasta el de 1519) había po- 
blación en puerto de Carenas. 

IX. Las causas de esta mutación, creemos que fue- 
sen el mal terreno que hay para población en las in- 
mediaciones de dicha bahía de Cortés, la peste de 
hormigas que refiere Herrera (3) haber padecido las 
islas de barlovento por aquellos tiempos, hasta picar 
como avispas, secar los naranjos y otros árboles fuer- 
tes y hacerse necesario poner los pies de las camas 

1) Bernal Diaz^ en su Historia de Nueva Espaüa, cap. I. 

[2) Antonio Herrera; Década 2% lib. 11, cap. Vil; y Cárdenas Cano 
en flu introdncdon al ensayo de Florida. 

(3) Herrera, Década 2% lib. III, cap. XIV. 


It6 TEA'TRO CUBANO. 


dentro de agua, sobre que se conservaba afgana tra- 
dición, hasta haberse elegido en Cuba por patrón con- 
tra ellas á San Marcial, á quien de antiguo se hace en 
la Habana fiesta solemne el dia 7 de Julio, con asis- 
tencia del Cabildo, y creemos sea con este motivo co- 
mo lo fué en las otras islas de San Saturnino, De- 
biéndose á sus patrocinios haber cesado esta plaga, 
sin llegar á exterminarse como lo fué por ella una pro- 
vincia de Etiopia. Y finalmente, el descubrimiento 
y conquista de Nueva España, pues habiendo dado 
motivo á Diego Yelá/quez para hacer las primeras 
poblaciones á el Sur, el descubrimiento de Yucatán á 
esta costa (1) debió por la misma razón fundar la Ha- 
bana al Norte, por ser la villa más occidental y de que 
podia auxiliarse más proporcionadamente a Nueva 
Espafía. 

X. A posteriori, aparece que fiíeron pobladores 
de la Habana, Francisco de Montejo, Diego de Soto, 
García Caro, Sebastian Rodríguez, Juan de Nagera, 
Agulo, Pacheco, Rojas, los dos hermanos Martínez, y 
un Santa Clara, deduciéndolo nuestro Arrate (2) con 
q^ien convenimos de haber salido de ella, a la con- 
quista de Nueva España, lo* que prueba con haber ha- 
llado noticia de que Montejo tuvo hacienda en las in- 
mediaciones de la Habana. Y también lo filé Pedro 
de Barba, que en dicho tránsito de Cortés, la regía 
como Teniente de Gobernador. Consta así mismo 
haberlo sido Antonio Recio por expresarlo la lápida 
4e su sepulcro, que se halla en la Parroquial mayor 
de ella con fecha del año de 1572 y por los demás 
fundamentos que expondremos cuando tratemos de la 
fundación de su mayorazgo. 


(1) Gomo dijimos en el lib. II de.est^ época. 

(2) Anate, véase nuestro tomo I, cap. VI. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 177 


CAPITULO VIII. 


AdELANTANSB las yiLLAS Y ERIGE A CvBA OBISPADO 

nombrIndose por sü primer Obispo a F. Bernar- 
do DE Mesa: hacen sus vecinos varias salidas 

POR MAR Y TRAEN INDIOS Y RIQUEZAS Y CONCEDE 

S. M. ARMAS A Cuba. 


' I. Empeñáronse los españoles en el aumento de 
sus poblaciones, cultivo y crianza, sin emprender otra 
acción notable en todo el año de 1515, en que sirvió 
de algún atraso á la villa de Trinidad la ausencia que 
hizo de élla el Padre Casas. Habia mandado el Rey, 
con consulta de Ministros de ciencia y virtud, que se 
diesen los indios en encomienda á los españoles (1) 
porque no se creyó que aquellos se instruyesen en la 
religión y i)olicía, ni cultivasen la tierra, sin alguna 
ineitacion que mezclase visos de precepto, y para que 
se efectuase con mas justificación, dio comisión y des- 
pachos de residencia sobre las tres islas Española, 
Cuba y Jamaica al Ldo. Ibarra, Oidor de Sevilla, 
quien pasó á la primera en su ejecución. Sus pri- 
meros pasos aunque contradichos por la Religión do- 
minica y el Ldo. Bartolomé de Casas, que opinaban a 
favor de la entera libertad de los naturales, dieron es- 
peranzas de felices éxitos, mas los atsgó su muerte 

(1) Heirera, Década 2% lib. I, cap. XI. 

Tomo II. 23 


It8 Teatro cubano. 


(que se tuvo por violenta): este accidente suspendió 
la continuación hasta que, llegado á. comprenderse en 
la Corte, se le subrogó con iguales títulos (aunque al- 
go limitados) al Licenciado Lebrón. Entre tanto el 
Padre Casas, enardecido el celo á favor de la libertad 
de los indios, dejo la villa jde la Trinidad y pasó á la 
Corte con deseos de exfórzar sus defensas. 

IL Era grande por este tiempo la opinión que ha- 
bla adquirido nueíjtro Gobernador Diego Vélázquez, 
porque, con las noticias de las ri(][uezas de Cuba, las 
que adquirían sus vecinos y su buen trato, no solo se 
habían pasado á ella multitud de indios, más también 
la mayor parte de los castellanos: (le suerte que solici- 
tó orden del Rey para prohibir el tránsito, y aún para 
llevar de ella algunos indios, con que fomentar los cul^ 
ti vos de la Española, qne se escaseaban de operarios. 
Pero S. M. no solo no accedió á esta instancia hasta oir 
el parecer de Velázquez sino que informado por Mi- 
guel de Pasamonte, Tesorero Real de la Española, de 
los adelantos de Cuba, prohibió al Licenciado Lebrón 
tomase residencia de nuestro Grobernador, por no in- 
terrumpir el giro con que llevaba tan adelantada la 
Isla. 

III. Para realizar este favorable y elevado concep- 
to, hizo Diego Velázquez formar un mapa geográfico 
de toda la Isla de Cuba, con la más clara designación 
de sus montes, valles, rios y puertos, en que ocuparían 
lugar como pintado las nuevas villas delineadas; y lo 
remitió á S. M. por mano del Tesorero Pasamente. 
Con éste atnyo la Real inclinación á una comunica- 
ción directa con Velázquez, de que comenzó á ence- 
larse el Almirante, a causa de que como tal, tenia 
derecho y posesión de mediar en estas órdenes y se 
veía irse desnudando de él. Propuso al mismo tiem- 
po nuestro Gobernador, la intención con que habia 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 179 

~.iM_gM m _ __ !■-- --wi^m- ■ -| 1- T 

proyectado las más de las poblaciones de Cuba á la 
costa del Sur, siéndolo la de inmediarse y facilitar la 
comunicacioD con la tierra fírme descubierta en aque- 
lla parte; y a cuyo efecto, trabsyaba en construir baje- 
les, y mereció igualmente la soberana aprobación. 

IV. Este conocimiento real del estado en que se 
hallaba la Isla Fernandina de Cuba^ produjo el efecto 
de solicitar S. M. de la Santa Sede la creación de Si- 
lla episcopal en ella, agregándole la Isla de Jamaica, 
que desde el año de 1511, estaba poblando Juan de 
Esquivel y la tierra de Florida, que en el de 
1512 descubrió Juan Ponce de León, y aún se ignora- 
ba si era ó no isla, por no estar reconocida ni pobla- 
da; al mismo tiempo, con deseo de terminar la dispu- 
ta (que entre las Beligiones franciscana y dominica 
había hecho como de escuela, la libertad ó sujeccion 
de los indios por su repartimiento y para arreglo de 
otros puntos) resolvió S. M. nombrar (como nombró) 
ciertos Religiosos Jerónimos á quienes dio poder y 
autoridad paríj, resolverlos, formando un tribunal su- 
perior con residencia en la Española, y dando al Pa- 
dre Bartolomé de Casas título Real de defensor de los 
indios. 

V. Era entrado el año de 1516 cuando pasaron á 
Incoas estos Religiosos, y obtenidas ya las bulas de la 
Santa Sede Apostólica, pafa la creación del Obispado 
de Cuba, con designación á la primitiva villa de la 
Asunción de Baracoa, le concedió 8. M. con este obje- 
to el título de ciudad. Presentó el Rey para su pri- 
mer Obispo á F. Bernar^íno dé Mesa, Religioso domi- 
nico, natural de iToledó y su predicador (l) a quien 

(1) Herrera, Década 2% lib. II, cap. VII. Cárdenas Gano, en sn Inca 
Ensayo de Florida, año de 1516^ 5r lo qn^ expónMapl capítolo XIV de 
este abro. ' ' ■ - ' . : ' . 


180 TEATRO CUBANO. 


despachó Su Santidad las bulas, concediéndole facul- 
tad para que erigiese la Catedral en dicha ciudad de 
Baracoa (le concedió S. M. con este objete) el título de 
ciudad) creando su Cabildo eclesiástico y demás con- 
cerniente a su canónica erección, Pero este Ilustrísi- 
mo que se asienta no haber venido á la Isla, sin expre- 
sar la causa, no efectuó por esta la creación de 
la Catedral. 

VI. T como la protectora de la primera villa de 
la Isla en Baracoa, habia sido Nuestra Señora de la 
Asunción su tutelar, y estaba dispuesto erigir en ella 
la Catedral que habia de condecorar toda la Isla, se 
dignó S. M. conceder á esta dicha Isla, unas armas en 
cuyo blasón (1) la venerásemos protectora. Compó- 
nenlas en el cuartel superior una imagen de la misma 
Asunción de Nuestra Señora, con su manto azul pur- 
purado de oro, puesta sobre una luna con cuatro án- 
geles en campo de color de cielo con nubes, y en el 
inferior un Santiago (patrono también de la Isla) en 
campo verde con lejos de peñas y árboles y encima 
una F y una Y, á la mano derecha y á la izquierda 
una C con un yugo á un lado y cinco flechas largas 
al otro, estando un lagarto debajo de éstas y otro de- 
bajo del yugo, y al pié del escudo un cordero. 

VIL Los españoles continuaron el resto de este 
año en el fomento de sus poblaciones, crianza y^ la- 
branza, trayendo de las otras islas y tierra firme, ga- 
nados y semillas, y con licencia de Velázquez comen- 
zaron á salir embarcaciones con el objeto de descubrir 
y captivar indios de otras tierras que destinaban á su 
servicio. Entre estos salió del puerto de Cuba un na- 
vio y un bergantin (2) con setenta ú ochenta hombres 


(1) Herreí», Década 2% lib. 11, cap. Vni. 

(2) Herrera, Década 2% lib. n, cap. VII. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 181 

de tripulación y navegando por la costa del Sur, llega- 
ron á unas isletas nombradas los Guanajos, ya descu- 
biertas por Colon. Halláronlas pobladas y descuida- 
dos á sus naturales y aprehendiendo en ellas mucho 
numero de indios, los condiyeron al navio y en éste 
al puerto de la Habana, dejando en dichas islas el 
bergantin con veinticinco hombres, para que aprehen- 
diese otros y volver por ellos. Pero habiendo saltado 
los del navio en la villa (1) de la Habana en el Puerto 
de Carenas, dejándole fondeado en su bahía, con ocho 
ó nueve de guardia y los indios debajo de cubierta, re- 
conocieron estos aquella falla por el menor número 
de pisadas y falseándose el escotillón y rompiendo la 
cadena, salieron sobre puentes y se apoderaron del bu- 
que, matando á los que lo guardaban. Levaron las 
anclas y soltaron las velas, saliendo del puerto con 
tanto desembarazo y gobierno, que los de la tierra cre- 
yeron ser acción de los compañeros, hasta que pudie- 
ron distinguir á los indios sobre las jarcias. Salidos 
del puerto de dicha villa, navegaron á sus islas, donde 
acometieron á los que custodiaban el bergantin con 
tal fiíror, que no pudiendo defenderse de ellos dejaron 
en un árbol figurada una cruz y haciendo con el cu- 
chillo unas letras que decian vamos al Dariem se leva- 
ron en el bergantín, 

VIII. Instruido Velázquez de lo ocurrido en la 
Habana, armó dos navios para que fuesen en auxilio 
de los del bergantin y descubriesen tierras, los cuales, 
habiendo llegado al par^e en que quedó, notaron por 
dichas letras su destino, y observaron en otro, quema- 
do el navio en que profugaron los indios: saltaron en 
dos de dichas islas, riñeron con sus naturales y apre- 

(1) £iq)re8amoB ser 1a yiUa de la Habana en el Puerto de Oarenas, 
donde acaedó esto, con Herrera, Década 2% lib. II; cap. VII; 7 Oárdenas 
Gano, introducción al Ensayo de Florida, S. notado k*: 


1S2 TEATRO CUBANO. 


saálos más de quinientos, los repartieron en los dos 
naT^ios debigo (ie ciibiertp. Reincidieron en el descoi- 
dio de bqjar á tierra, dejando poca gente á bordo y los 
indios de un m^ío repitieron la infracción y subleva- 
cicA, haciendo echar uno$ al agua y matando á los 
otro99 con que quedaron duofio^ del buque y armados 
de lanzas y rodáis. Los de tierra corrieron &, ocupar el 
otro nayÍQ y aireando & sus costados, trabaron batalla 
de mÁB de dos horas, después de las cuales echándose 
Iqs indips al qgua tomaron algunop tierra, recuperán- 
dose atros coQ canoas. Con esta novedad, levaron 
ancl^ los castellanos yiniéndose 4 la Habana con cua- 
trocientos indios de ambos sexos y mas de veinte mil 
pe^os de oro b^o, que adquirieron. 

Taaibie^ saliQ este año de la Isla de Cuba y puer- 
to de Carenas de la Habana, el piloto {)ÍQgo Mirue|<o 
con un navio que armó al mismo fín, y navegando al- 
gunos dia^i por la cost^ d^el Norte, lleg<$ ¿ la Florida, 
^n qju^ procuró establecer comercio con los indios, á 
cuyo intento llevaba aquellas fruslerías de vidrio y de 
ac^o, que entre ellos eran estimadas. 3ien recibido 
de /^tQS, rescato alguna porción de oro, en permuta de 

diQlvv frttslerías y acab^ la naercftftQía se restituyó 
á Cuba. 


IGNACIO j. DE ííáítÜTIA. líS 



Hacen nítetas salidas Pbancisco PiiiiCNANtoEí tifi Cdfer- 
DOVA Y Juan de Grijalba y descubren a YiWja- 
TAN, Campeche, San Juan de Üi*fA v otWas cortas 

E ISIiAS. 


L Floreciente por estos níedips la Ida de Cuba, 
atrajo entre otros á cien españoles de los que en el 
Bariem seguían a su Gobernador Pedro Arias Dávila, 
y no pudieron sufrir más las neceñdades de aquella 
conquista; (1) recibiólos Velázquez con afecto entrado 
ya el año de Í5 17, y como el deseo de éstos ñiese 
desQubrír tierras, accedió á que lo hiciesen, ofreciendo 
auxiliarlos según la calidad de lo que se hallase. To- 
mó a su cargo esta empresa Francisco Fernandez de 
Córdova, hombre de valor y poblador de la vüia de 
Sancti Spíritus, y comprando para ella dos navios y 
un bei^antín, los proveyó de víveres y ciento dieí; 
hombres. Salieron de Santiago de Cuba, arribaron á 
la villa dé San Cristóbal en la Habana, tomaron al cié- 
Hgo Alfonso González para que les ádmuustrase el 
pasto espiritual, y dejado éste puerto á. 8 de Febrero, 
navegaron al Poniente. Sufrieron una fuerte borras- 
ca y á los veinte y iih dias descubrieron tierra y en ella 


(1} He^^ns Década 2% lib. II, oap. XVII; y Tocqueinada, lib. IV, 
tomó ly cap. III. 


184 TEATRO CUBANO. 


una grande población, y porque los naturales vinieron 
de paz á las embarcaciones y les llamaban para que 
saltasen en tierra, diciéndoles conex catoche^ que sig- 
nificaba en su idioma andad acá á mis ca^a 5, llamaron 
aquel paraje punta ó cabo de Catoche. Saltaron en 
tierra é introduciéndolos dolosamente los indios al 
monte, se vieron acometidos de unas fiíertes embos- 
cadas, á las que resistieron y pusieron en ñiga a costa 
de diez y siete españoles muertos y muchos heri- 
dos. 

II. Volviéronse á embarcar trayendo dos indios 
jóvenes que apresaron y bautizados se nombraron Ju- 
lián y Melchor, y siguiendo por la costa al Poniente, 
llegaron á un pueblo que llamaron Campeche, porque 
los indios decian Quimpech. Pasaron también a tier- 
ra y vieron varios adoratorios de ídolos y entre ellos 
algunas cruces, y reconociendo gente armada, se vol- 
vieron á embarcar y navegar. Padecieron segunda 
tormenta en aquellas costas y saltando en ellas á ha- 
cer agua y reconocerlas, fueron acometidos de mu- 
chos indios que con ñechas y piedras hirieron más de 
ochenta, mataron cincuenta y aprisionaron dos, toman- 
do los demás los navios con grandes trabajos y peli- 
gros y llevando el Capitán Francisco Fernandez de 
Córdova muchas heridas. De aquí salió menoscaba- 
da y enferma la gente, que no pudiendo maniobrar los 
tres bajeles, dieron fuego al ínfimo y marearon con 
los dos á Cuba. 

III. No agradaba a los pilotos volver á ella tan 
maltratados, y deliberaron pasar á las costas de Florida, 
que consideraban á solas sesenta leguas de distancia, 
y en más oportuna navegación para recalar al puerto 
de Carenas de la Habana, y dirigiendo las proas á su 
rumbo, descubrieron su tierra. A los cuatro dias arri- 
baron al mismo sitio en que había estado Juan Ponce 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 185 


de León (1) y saltando en él veinte hombres, hicieron 
aguada poniendo centinelas avanzadas que observasen 
á los indios, pero estando ya para retirarse con ella, 
clamó una de las centinelas fi la mar, a la mar^ que 
vienen muchos indios de guerra^ y por pronto que qui- 
sieron tomar los buques, fueron alcanzados de ellos y 
maltratados con flechas y piedras. Pusiéronse en de- 
fensa, haciéndose necesaria alguna para salvarse del 
enemigo a quien tomaron tres heridos, que poco des- 
pués murieron, y ellos llevaron a un soldado llamado 
Berrio que estaba de centinela: bebió otro tanta agua 
por la inmensa sed que tenía, que murió de sus resul- 
tas, y los demás maltratados se hicieron á la vela para 
la Habana. Llegaron a ella haciendo agua y desde 
allí escribió Fernandez de Córdova al Gobernador de 
Cuba cuanto queda referido, ofreciéndole que le vería 
si mejoraba en Sancti Spíritus a donde pasaba a cu- 
idarse las heridas, pero murió de ellas á los diez dias. 

IV. Repartidos por la Isla los que quedaron vivos 
y á vista de unos ídolos y patenas de oro, que trajo el 
Padre Alonso GÓirzalez, tomados de un adoratorio de 
cabo de Catoche, y de informar los indios Julián y 
Melchor que en él habia mucho oro, comenzó á reso- 
nar en todo Cuba el deseo de conquistar aquellas tier- 
ras. Voló la misma noticia a la Corte, a tiempo que 
tenía el Rey consigo y por gran Canciller al I)r. Don 
Juan Selvagio, letrado flamenco, en cuya mano había 
puesto el gobierno de Castilla é Indias y como éste se 
informase por el Bachiller Bartolomé de las Casas y 
otros, del estado v calidades de la Isla de Cuba, hizo 
por estos y por cartas de Diego Velázquez, tan altos 
conceptos de su acertado gobierno en Cuba, que man- 


(1) HeiTera, Década 2% lib. II, cap. XVIII; y Cárdenas en su ensayo 
de la Florida, año de 1517. 

Tomo II. 24 


I*l6 TEATRO CUBANO. 


(16 expedir Cédula para que la gobernase con total 
independencia del Almirante que lo había nombrado. 
(/Otnprcndiólo énie que »e hallaba en la Corte y aún 
reclamó, hc HUHpendió la orden pero le quedó prohibi- 
do poder privar á Velázquez del gobierno de Cuba. 
MoH, el mÍHmo Chanciller, pidió después al Rey la mer* 
ced de pol)lar á cabo Catoche con flamencos y á favor 
del Almirante de Flandes y que para su facilitación y 
provisión se le concediese la gobernación de Cuba, y 
lo concedió el Rey mal informado, pero siéndolo del 
peijuicio que resultaba a la Corona y de los derechos 
c|ue & él tenía el Almirante Colon, suspendió sus efec- 
tos basta oir estos y quedó sin ellos la merced. 

V. Diego Velázquez que ya se cansaba del ocio 
con (|ue aumentalm en paz las poblaciones de la Isla« 
y de reconocer dependencia del Almirante, comenzó 
ú entrar en pensamientos de mayor gerarquía. Pre- 
vino tres bajeles y un bergantín con todo lo necesario 
pum 1h facción y para el sustento de la gente, y publi- 
cando la jornada, alistó para ella hasta doscientos 
rincHienta bombres, cuvo mando confío á Juan de Gri- 

m 

Jaiba, parlentt fuio 1/ Cabo principal de la emprefa. 
Prevínole cpie solo ivconociese las tierras y atrajese 
las voluntades de los naturales de ellas: nombró por 
Capitanes de los luyeles á Pedro de Alxarado^ Prancií- 
co Monte jv 1/ Alonjh Dávila. Por veedor de los inic- 
iases Heules ú un PeAalosa y por Capellán y Cura al 
Padiv Juan Ulaz, (1) con esta disposición salió Gríjal- 
Im ilel puerto de Santiago de Cuba á los 8 de Abril de 
IftlK y Hiuique el ánimo era seguir la misma derrota 
t|ue \W\ o Fernandeiíi de Córdova, decayendo algunos 
grados a Impulsan de las corrientes^ recaló á una nue- 


0411^» IV; V Sk4íi»* ^vurtUlM \\ Hh. 1. cti|k A . 


lib- IV. 


IGNACIO J. DÉ TTRRÜTIA. 187 


va Isla, que llamaron CogumeL y en la cual se repara- 
ron sin contradicción de los indios. Recobraron lo 
perdido y reconocido a Yucatán y doblado en cabo de 
Catoche, arribaron a Potonchán donde fué desbarata- 
do Córdova, y dejando vencidos y castigados aquellos 
indios^ siguieron su descubrimiento. Corrieron la 
vuelta de poniente, sin perder de vista la costa y en 
lo dilatado y delicioso de ella, fueron descubriendo di- 
vei'sas poblaciones, con edificios de piedra, cuya nove- 
dad movió a que algún soldado dijese ser aquella tier- 
ra semejante á la de España, y de este débil principio 
quedó perpetuado a todo el Reino el nombre de Nue- 
va España. 

VI. Llegaron al famoso rio de Tabasco (1) vno 
de los navegables que dan el tributo de fus aguas al 
Golfo Mexicano a el cual nombraron de Grijalba, por 
su descubridor, y entrando en él los bajeles menores 
por no dar agua para los mayores, vinieron indios ar- 
mados a quienes trataron de paz y remitieron regala- 
dos a conferir con sus Caciques. Vino el principal 
de éstos, que obsequió y regaló a Grijalba con algunas 
alhajas de oro,.plumas y madera, en que suponen algu- 
nas piezas cuya verosimilitud dificulta Solís, corres- 
pondióle el español con las bugerías más apreciables 
é insinuaciones de amistad, y porque manifestaban los 
naturales desagrado en su permanencia, le aseguró 
Grijalba su propartida, que puso en ejecución deján- 
dole contento. 

VII. Continuaron reconociendo sin demora diver- 
sas poblaciones por toda la costa, hasta que llegando 
á otro rio, vieron en su margen muchos indios, que 
con el tremoleo de banderas enartadas, movimientos 
y voces, anunciaban paz y llamamiento, nombrándole 

(1) Signe HeiTera al «ip. II, y Solíe al VI y siguientes. 


188 TEATRO CUBANO. 


por esta causii el río de Banderas. Katifícados en la 
benevolencia de sus naturales, saltaron los castellanos 
en tieri^ donde fueron obsequiados y tratados con 
signos de gratitud á falta de intérpretes que tradujesen 
las palabras. Bríndóseles un lianquete de varios man- 
jares^ sobiv estei*as de palmas, á la sombra de los ár- 
boles^ y después de este refresco, sacaron y mostraron 
algiuias piezas de oro con retóricas demostraciones 
de negociarías. Trajeron los nuestros de á iiordo las 
bugerías que llevaban y se abrió la ^ria de permutáis 
entre extranjeros y naturales, que durando seis días, 
dejó á los primeros con más de quince mil pesos de 
oro. 

Vil!. Concluida ésta, y receloso Grijalba de que 
en aquella situación sobreviniesen los Nortes, embar- 
có su senté v continuó su navegación, llevando vá la 
primera noticia de Moctezuma, cuyos subditos eran 
loei tres Caciques que habían comerciado. Reconoció 
tres blasi. llamando á la mayor de Sacrijicios por ha- 
ber hallado en un adoratorio de ella, seis ó siete hom- 
bres: observó en una cuarta isla, que á corta distancia 
de la tierra &mw franqueaba fondo y abrigo á los Nor- 
tesw para resguanlo de las embarcaciones y por haber 
anclado en ella el dia del Bautista lu Uamó San Juan 
agregándole el dir^tiutivo de Llúa á causa de que un 
indio señalando para tierra decía: Valúa. Calúa. Aquí 
se detuvieron algunos dias saboreados con La ocurren- 
cia de los naturales^ que venían á pemmtar tU versas 
piezas de oro: y aunque quisiera Gríjalba hacer algún 
estaiblecuuiento donde era tan bien recibido, como su 
tnstraccton era limitada, resolvió dar cuenta á Diego 
Velázquz y esepei'ai- sus ordenes. Para ello, de^^pacho 
á Cuba al Capitán Pedi-o de AI varado, en uno de los 
cuati^u navíoK coa el oro y alhajáis adquirida^^ y sisuíó 
reconociendo lu costa de Panuco. Aquí filé aiconieti- 


IGNACIO J. DE 1TRRUTIA. (99 


do un f)ajel de varias canoas de indios, con tanta reso- 
lución, que á no ampararle los demás, le hubieran 
aprisionado, y desabrida la gente de tan dilatada na- 
vegación, apocados los bastimentos que se comenza- 
ban á corromper, y hallándose maltratada una de las 
embarcaciones, se resolvió en junta volver á Cuba y 
dirijieron las proas a ella. 

IX, Ansioso Velázquez de saber lo ocurrido á Ori- 
jalba, habia resuelto enviar como envió á Cristóbal de 
Olid (1) con una embarcación y siete soldados a que 
le solicitase y socorriese en la costa de Yucatán, p^ro 
llegado a ésta, padeció tan fuerte tempestad, que se 
vio necesitado á cortar cables y arribar a Santiago de 
Cuba, llegando a este puerto al mismo tiempo que Pe- 
dro Ah arado. Manifestó éste el oro, alhajas y noti- 
cias que traía, y fué excesivo el contento de Velázquez, 
que trascendiendo a las demás poblaciones de la villa, 
comenzaron a conmoverse al deseo de la conquista. 
Culpaba el Gobernador a Gríjalba por no haber pobla- 
do en aquellas costas, ohidándose de que su instruc- 
ción se lo prohibía. Y como Alvarado habia vsido de 
este dictamen y abundaba en su sentir sin quien le 
contradijese, pintaba las proporciones malogradas tan 
al vivo, que llegó a irritarse el ánimo del Gobernador 
contra Grijalba. Desgracia connatural á todo ejecutor 
que limitando en el papel la ejecución, quieren hacer- 
la mista si juzgan que convino y de mera ejecución, 
si en algún arbitrio salió mal. Llegó después Grijal- 
ba con sus bajeles al puerto de Matanzas, en cuyas in- 
mediaciones se hablan levantado algunas estancias de 
españoles, y hallando allí una carta del Gobernador, 
en que le prevenía dejase en ella la gente y acelerase 
su navegación a Santiago de Cuba, lo ejecutó así. Fué 


(1) Herrera, Década 2% lib. III, cap. X, 


190 TEATRO CUB4N0. 


reprendido por no haber poblado y aunque se escep- 
cionó legítima y perentoriamente, con el tenor de su 
comisión, preyaleció la preocupación del Juez contra 
la justicia^ cristiandad y prudencia con que general- 
mente se juzgó cumplida dicha comisión. 

X. Hemos referido con este y anteriores capítulos 
los pasos indÍTÍduales porque el Altísimo quiso des- 
cubrir las tierras de Yucataa» Campeche y NucTa Es- 
paña con dos importantes objetos. El primero, hacer 
notorio el mérito y servicios que Diego Velázquez y 
nuestra isla Femandina de Cuba« hicieron á nuestros 
Soberanos, tan desde los principios de su estableci- 
miento y continuaron por los hechos que subseguimos. 
Y el segundo, vindicar la nación al mismo Velázquez 
y a nuestra Isla, de la injusta usurpación con que los 
extranjeros, émulos perpetuos de nuestras ^orias, 
atribuyen el descubrimiento de Méjico y Nueva Espa- 
ña, al intruso Américo Vespucio, natural de Floren- 
cia. Porque creemos que cuando este engaño ha pa- 
sado a vertirse hasta en el compendio de la misma 
historia de España (1) escrita en francés por el R. P. 
Duchesne y traducida en castellano por el R. P. Isla, 
no sería íacU con menos individuales pruebas^ desim- 
presionar de tan falsa impostura^ á los que en él la 
lean, con el incauto espíritu con que pasó sin notaria 
su traductor. 


(1) Vkta de lod Bey«6 D. Femado v D* Isabel afio de 1519. 


16NACI0 j. DE ÜRRUTIA. Idl 


CAPITULO X. 

Manda Diego Velazquez sus procuradores a la 
Corte y consigue la merced de Adelantado de 
todo lo que poblase en lo descubierto, con 
otras capitulaciones. £s elejido por segundo 
Obispo de Cuba Fray Julián Garces. 


I. Había Diego Velazquez conceptuado por las 
noticias y muestras de la expedición de Francisco Fer- 
nandez de Córdova, cuan importante y útil sería la 
conquista de lo descubierto, y deseoso de aprovechar- 
se de lo que á su costa se habia hallado, sin otra de- 
pendencia que la de la Corte, no omitió diligencia para 
su consecución. Remitió á este fin á Castilla a Beni- 
to Marín su Capellán (1) con alhajas que manifestasen 
las riquezas de las tierras y abriesen puerta á las mer- 
cedes que solicitaba, y aunque no se dice el tiempo ni 
ocasión de su embarque, por las en que negoció en la 
Corte, debió de ser poco después que salió Grijalba á 
el reconocimiento de Yucatán. Marin, pues, puesto 
en la Corte y hallando en manos del Obispo de Bur- 
gos todo el gobierno de ella, trató de informarle los 
servicios de Velazquez, lo importante de la población 
en Yucatán y de ganar enteramente su voluntad. 

II. Hallábase la isla de Cuba verdaderamente muy 

(1) Hexiera; Década 2% lib. III, cap. XI. 


lülí TEATRO CUBANO. 


adoluntaclu. Lu villa de Santiago donde residía el 
(iohornador numeraba cerca de dos mil vecinos espa- 
(\o\vH. ha do Trinidad y Habana, aunque no tan po- 
bludus, luibian merecido que en la piimera nombrase 
Vehiy.(|UO/ por Juez perpetuo, con título de Alcalde 
nuiyor subonlinado al gobierno, á Francisco Verdugo 
MU cufiado, y on la segunda, con título de dicho Gober- 
UHtlor Á Podra do Barl>a. Las demás gozai*on también 
do adelanto conformo constará en ío sucesivo, pero 
no |i«rf 00 que on ollas nombrara iguales jueces ó por- 
teño por la inmodiacion á éstas, bastasen aquellas al ré- 
j¿(mon do tollas ó |K>rquc fuesen menos asistidos de 
osi>a(\olos. I .as crianzas y labranzas se hahian fomen- 
tado hasta std^re alniíidar en la Isla y proveer franca- 
luotUo los lijólos y ox|KH)iciones que llegaban y salian 
do olla. 

IIK Ksta in^niccioQ que adquirió el Obispo de 
HuiiG^vs |HH^ su miuistorío c informe del Padre Benito 
M^ntk tniisocmUt> al l^wlre Fray Julián Ganes. Religio- 
M^ d^^nunH>iv Maoin> tío lot>K>frja y latino emulado de 
V^U^^^h^ l.olvri^ o NcHriipL qi)e á la saxoo era confesor 
do >n I^Mn>3t^^a^ X <\^n csio moii^ o v mancL le hizo 
^'^ do límxjH» |>i\xii>oxor j>i>r 01>h>jxi de Cuha. siendo 
ol M'^ipn^ío jMvUiío cloí-io a a^utila. Enrreunto He- 
«>> U t'ít^ii^ia do K'ts r^ííoXiis áo?4Ci¿STnrrik*iíia> de Gf^al- 
tv^ \ Va Sn jMx^ion^jo U \ha«^ia oc San Joan de I lúa 
\^uo >H^ tivy<N <;<^ jN^vji <>i:ji»4i;hiri ^ cciinknda re^tó 
^ít^ Tts^íí Nu^>>íi l%spí*i»j». Kl Ohi>q^ri í^ácí^í^ óe Cuha 
^^'íi^ íiHfí^n tvAi\^">v 4'TVhN> <k qnr aot^UiTiTJiriaL pieten- 
yl,sS \ '^^^;».^y^ ^*i pv>r<:«- /»íiispa/í«' ík CayuíitcL pero 
^^^Sj'^íK^ )VNN^í»A4 ^lí^tA^' l/iv x*T*íírt^ TMióevidcis. se d» 
#1 ivíiívv V o. <>Nrsfv>f<}^ ih Tut^^Miu J ^ A MiiTuí ana re- 
HNsmfN»nv8 t\M. <^f< tpo/^ f% i rtnuUif. xi. t>:e aüo la 


^« ^i/S"" '»*»"* >^ .'*» ♦.N»^' • V^'-'SMIk W^i "^T»ÍV 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 193 


Isla de Cuba dos Obispos electos y aún carecía de erec- 
ción de Catedral, porque ninguno llegó a venir á ella. 

IV. Luego que salió de Cuba el citado Marín, tu- 
vo Velázquez por conveniente mandar a España á 
Gonzalo de Guzman, natural de Portillo, á quien con- 
firió poder, para que en unión de Panfilo de Narvaez, 
que se hallaba en la Corte, estableciesen formalmente 
sus pretensiones. Dieron su memorial los apodera- 
dos y fué bien visto del Obispo de Burgos, ó por el 
mérito verdadero de Velázquez como quieren unos, 
ó porque pretendia casarse con éste á D^ Mayor de 
Fonseca su sobrina, según dijeron otros. En su con- 
secuencia se concedieron á nuestro Gobernador, las 
facultades y honores siguientes. 

V. Que a su costa, pudiese descubrir y poblar 
cualquiera isla 6 tierra firme, que hasta entonces no 
estuviesen descubiertas, ni cayesen en la demarcación 
del Rey de Portugal. Que las pudiese conquistar co 
mo Capitán del Rey y subyugarlas a su Soberanía, 
guardando las instrucciones que se le diesen para el 
buen trato, pacificación y conversión de los indios, á 
cuyo efecto, se le concedia el título de Adelantado de 
las tierras que liabia descubierto y de las que descu- 
briese. 

VI. Que pudiese llevar la quinta parte de los 
aprovechamientos, que, en cualquier manera corres- 
|K)ndiesen á S. M. en dichas tierras, por su vida y la 
de un heredero. Que habiendo poblado y pacificado 
cuatro islas y asegurado el trato, en la una que él es- 
cogiese llevara la vigésima parte de todas las rentas 
y provechos correspondientes a S. M., en cualquiera 
manera perpetuamente para sí y sus herederos, y que 
de toda la ropa, armas y bastimentos que llevase de 
Castilla para dichas tierras por toda su vida, no pa- 
gase derechos algunos. 

Tomo II. 25 


Itt4 * TIATRO CÜBAflO. 


Vil. Tambieii le hizo el Rev la merced de cierta 
liAolendii lio valor y crísnu que tenia en la Habana, 
|mi^ que le ga^ta^e en esta conquista. Se señaló 
liVT^'iontos uul maravedises de salario en las tierras 
quo tH>nquistHJ^. Le hizo merced de la escobilla y 
ix^Hovo de la.^ fundiciones del oro: y que consdnidas 
la^ lortalexas necesarias a su defensa, se toidría aten- 
^'if^n a su serviekk i^ra coneederie las Tcoeneías de 
olk^ Ia^ Éiruluv que pudiese llerar paralaeonqnls- 
l« las i^ersHwas que v»lwiiariamente qnbícsen seguir- 
Kv i^> >H^rKÍ^ «MI fMe^ukii'» de stt< f «oblaciuBes. Y final* 
m<e^o lciNNT)oeH«M oTnasi gracias n>eiH»res oiateacnte> 

MU )^i:^ ).>s }v^>^aévws : m> :mo ^ M . ibeiiatl 
iW *w>fvNvv p ,ríA-v> «:*r cir. ^- RmI 5f3 c^ro í la déci- 

^V-wKtv A^ s}^*; X -'Ui S. >i ri¿u>aí.riii ^« caia navio 
* I \^i^vj:su. 0.r*i..aTiív ^k'^uvís B.rir3^ri:i> y ■^eidici- 


V ^> » 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. * ]9S 


ha dicho, tenían el gobieroo de estas Indias. Para es- 
ta diligencia, mandó á ella á Juan de Salcedo ( 1 ) con 
cartas, noticias y muestras en oro de lo descubierto; 
y entre tanto, no detenido en esperar los títulos, cier- 
to tal vez de su consecución, iuleianto lx>s pasos que 
veremos en el signiente capítulo. 


CAPITULO XI. 

Dispone Diego Velázqüez nuevo armamento para 
im conquista de yücatan y nueva espaíía y lo 

ENTREGA A HeRNAN GoRTÉS, QUIEN LO SACA DE LA 

Isla después de revocados sus poderes. 


I. Desde antes que llegase al puerto de Santiago 
de Cuba Juan de Grrijalba y luego que Pedro de Alva- 
rado dio noticias y muestras en oro de las riquezas 
de la tierra descubierta, tomó* con empeño nuestro 
Adelantado Velázqüez habilitar nueva armada que pa- 
sase á establecer las poblaciones que culpaba á Grijal^ 
ba haber cometido. Solicitó embarcaciones y preme- 
ditando á que persona confiaría la expedición que 
llenase sus intenciones en Ik ejecución, cedió a la con^ 
sulta de los confidentes y amigos. El primero en 
quien puso la mira filé Baltasar Bermudez por sus 
condiciona y paisanaje, como natural de Cuellar, pero 

(1) Herrera^ Década 2, lib. III^ cai>. XL 


196 * TEATRO CUBANO. 


éste, que se dibiyaba de altos pensamientos y sobrada 
vanidad, pidió condiciones que desagradaron y resis- 
tieron al Gobernador separarse de su elección, y con 
este motivo, pretendieron la comisión Antonio y Ber- 
nardino Velázquez, parientes inmediatos del Goberna- 
dor, Vasco Porcailo y otros caballeros que había en 
la Isla (1) capaces de aspirar á mayores empleos, en- 
tre los cuales prefería con justicia el común sentir á 
Juan de Grijalba. 

II. Hacía oficios á favor de Hernán Cortés, Ama- 
dor de Lares Burgales, primer Contador del Rey y en 
quien se admira una viveza y penetración tan natural 
y grande, que pudo merecerle y desempeñar este en- 
cargo no sabiendo leer ni escribir. Conspiraba al 
mismo fin el Secretario Andrés Duero y como por el 
Real interés debia ser Conjuez aquel, y éste intervenía 
en los despachos, arrastraron por persuasión y respe- 
to la inclinación de Velázquez, á favor de su recomen- 
dado que luego se declard Aceptó y reconoció 
Hernán Cortés la confianza que de él se hacia. En- 
comendósele la armada que constaba de diez embar- 
caciones de ochenta a cien toneladas y en cuya com- 
pra y habilitación habia gastado el Gobernador veinte 
mil ducados, y comenzaron á formalizarse las últioias 
disposiciones (2) para su salida, haciéndose pública la 
resolución. Continuaba Cortés en el empleo de Al- 
calde ordinario de la villa de Santiago, en cuyo ejer- 
cicio se habia hecho amar, y con este antecedente fué 
bien recibida del Común la elección del Gobernador. 
Solo los rivales llenos de envidia contra el electo, mi- 
raban y reprobaban la suerte. 

ni. Hacian presente á Velázquez lo mucho que 


(1) SólÍBy lib. I, partida 1% cap. IX. 

(2) Véase al final del capítulo la nota A. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. * 197 


confiaba á un hombre poco arraigado y de quien habia 
tenido que sentir en las pasadas inquietudewS de Bara- 
coa. Recomendaban como estudiada y poco segura 
su reconciliación, sospechosa su liberalidad y dobles 
sus obsequios hasta llegar ocasión, y dando toda la 
ponderación á lo grande de la empresa y costos ero- 
gados en ella, acusaban de ligera la confianza. Para 
más persuadirle, se cree haber inducido á un iruan 
llamado Francisquillo á quien el Gobernador celebra- 
ba, á que una tarde en que pasaba acompañado de 
Cortés y otros muchos á reconocer el trabajo de los 
bajeles le dijese (como dijo) mira no hayamos de ir á 
mantear íi Cortés; de cuyo dicho (que algunos gra- 
duaron por vaticinio después de vistos los efectos) no 
hizo Velázquez otro aprecio que celebrarlo con el mis- 
rao Cortés. Sobre estos antecedentes varían los his- 
toriadores en los pasos inmediatos, porque Herrera y 
los que le siguen (1) quieren que desde aquí comen- 
zase el Gobernador á pensar en separar á Cortés del 
encargo, pero Solis no asienta que su desagrado tu- 
viese principio antes de salir la armada del puerto de 
Santiago. 

IV. Siguiendo pues a éste (2) por hallar su conti- 
nuación más verosímil, asentamos que el Gobernador 
sostuvo su resolución contra los influjos de los rivales 
de Cortés, continuando sin novedad en el despacho y 
fomento de la armada. Enarboló Cortés su estandar- 
te poniendo en él por empresa la señal déla cruz, con 
una inscripción latina cuya traducción decía: Sigamos 
la cruz, que con esta señal venceremos; ostentó en ga- 
la y gasto el nuevo empleo, y comprando con su cau- 
dal y el que recogió de los amigos, las provisiones de 


(1) Herrera, Década 2, lib. III, cap. XII, 

(2) Solis, lib. I, cap. X. 


19* TEATRO CUBANO. 


boca y guerra que quiso sobresaliesen á las prevenid- 
da^ por Velázque%, alistó en pocos dias liasta trecien- 
tos soldados, contando^en ellos muchos de honor y 
sobresaliente espíritu. Hizo su embarque con bando 
y llamada pública y despedido con afectos y signos 
de amistad del Grobernador y demás amigos, le acom- 
pañó aquel á bordo la mañana del diez y ocho de No- 
viembre en que disparaba la pieza de ceba. Le fueron 
del puerto las ultimas anclas y salió de él la armada á 
la vela. 

V. Sentimos hallar embarazo en la siguiente rela- 
ción del elocuente Solis, porque no quisiéramos ser 
correctores de tan insigne obra^ pero la verdad y ne- 
cesidad lo exijen, debiendo presuponerse que es solo 
de la Divinidad y no de la humanidad no errar en 
algOi Dice pues (1) que costeando (esta armada) la 
\Ú9íP&r la banda del Norte hacia el Oriente^ lleg($ en 
pocos dias á la villa de la Trinidad, debiendo asentar 
que por la banda del Sur hacia el Poniente. Por- 
que los puertos de Santiago y Trinidad^ están si- 
tuados ambos á la costa del Sur, aquel del Oriente 
y éste al Occidente, y esta situación hace increíble 
aquella navegación, para la cual era necesario ro- 
dear toda la Isla, siendo la que subrogamos la na- 
tural y usada. 

VI. Antes de llegar la armada a Trinidad, dicen 
los Herreristas (2) que tocó en el puerto de Macaca, 
quince leguas á Occidente de Cuba, donde se proveyó 
de casabe, carne y viandas de una hacienda que tenia 
allí el Rey. También asientan, que tomó la provisión 
de víveres que conduela un navio de Jamaica, para 

1| Solis lib. I, cap. XI, al pimcipio. 

[s) Herrera, Década 2, lib. III, . capi XII, y T^irqneskada Ubro IV, 
capítnlo VI. 


Ignacio j. de ürrütia. 1&9 


vender en Cuba y las que traía otro para los tratxya- 
dores de las minas de Jagua; único incidente por el 
cual deducimos que se continuó el cultivo de las mi- 
nas descubiertas en las inmediaciones del rio Arímao 
de aquella provincia y cuyo silencio hace creer que 
no fueron de la mayor atención, mediante á que no 
se hubiera omitido su i'ecomendacion si correspondie- 
se al lucro. 

VIL Llegado en fin, á Trinidad, se hizo públi- 
ca la empresa, recogió Cortés un considemble, refuer- 
zo de gente y bastimentos para la armada. Juan de 
Escalante, Pedro Sánchez Tarsan, Gonzalo Megía, 
Alonso Dávila, Pedro Gonzalo, Gómez, Jorge y Juan 
de Alvarado, hermanos, con otros muchos, se alistaron 
en sus banderas y habiendo trascendido la noticia a 
la vecina villa de Sancti Spfritus, vinieron de ella con 
el mismo destino Alonso Hernández de Portocarrero, 
Gonzalo de Sandoval, Rodrigo Rangelo, Juan Veláz- 
quez de León y otras pereonas de calidad; con este re- 
fuerzo de gente noble, otros cien soldados que se jun- 
taron de ambas villas y los caballos, armas, municiones 
y víveres que se habian agregado, se hallaba Cortés 
coraplacido, cuando sobrevino un motivo de disgusto 
<^apaz de turbar todo el contento. 

Vil!. Habian continuado el influjo sus émulos 
para deponerle del concepto de Velázqnez y levanta- 
do la voz en su ausencia, con las ventajas de indefen- 
so, rindieron el ánimo del Gobernador hacia la des- 
confianza. Hfzole ésta remitir dos correos a Trinidad 
con orden a su cuñado Francisco Verdugo, Alcalde 
mayor de ella, para que detuviese la Armada, por 
haber ya revpcado los poderes de Cortés. Compren- 
diéndolo éste y valiéndose hábilmente de los amigos, 
consiguió suspenderla, bajo los especiosos* fundamen- 
tos de su inalterada ñdelidad y del justo recelo con 


200 TEATRO CUBAKO. 


que debía temerse algún ¡Qsulto de la gente de la 
armada, si se tocaba á un General á quien veneraban: 
y volviendo uno de Iim correos con esta respuesta y 
cartas de Cortés al Gobernador, se aceleró el despa- 
cho y apronto de la armada^ que salió para el puerto 
de la Habana. 

IX. Tenemos desenvuelta (1) la confusión que 
aquí podia causar la navegación que se supone por el 
Sur de la Habana, y sobre este pié, asentamos que 
Cortés con la armada vino á la villa de San Cristóbal 
|H>r dentro de la costa y la isla de Pinos. Pedro de 
Alvarado, pasó por tierra recogiendo gente y con- 
duciendo los caballos y á Escalante se mandó que 
fuese con un navio por la banda del Norte. Tocó la 
Capitana una noche en los jardines, bajíos peligrosos 
de esta navegación y no pudiendo notarlo los demás 
en la oscuridad, siguieron sin ella, hasta que la luz del 
dia hizo visible su falta. Retardóse algunos por la 
necesidad de alijar hasta que navegase, y volver á in- 
troducirle la carga y aunque esta tardanza la hizo 
temer perdida, continuó felizmente su rumbo, hasta 
incorporarse con la armada en la citada villa de San 
Cristóbal. Desembarcó en ella la gente y pasando a 
la Habana con la corta travesía de catorce leguas que 
hay en la cintura de Norte á Sur por Ba tábano, co- 
menzaron a recoger nuevos socorros. Para ellos y 
para apartarle de sí, envió Cortés á Diego de Ordaz 
con un navio, á que en un pueblo de indios que esta- 
ba en la punta de Guaniguanico (hoy cabo de San 
Antonio) cargase de casabe y carne, aguardando allí 
á la armada. 

X. Hospedado Cortés en la casa del Teniente de 
Gobernador Pedro de Barba, llegaron á ella Alvarado 

(1) Véase el capítulo VI, § VUI, de este libro. 


IGNACIO J. DE ÜRRtJTIA. 201 

y Escalante, con los caballos y gente, y pregonada la 
jornada, aumentaron el número de sus tropas, Fran- 
cisco de Montejo, Diego de Soto, Ángulo Garcicaro, 
Sebastian Rodríguez Pacheco, Rojas, Santa Clara, dos 
hermanos Martínez, Juan de Cedeño, Juan de Narrera 
y otros que ayudaron con su caudal al apresto de la 
armada. Repararon la artillería y armas, hicieron 
repuesto de guerra y boca, formáronse rodelas hincha- 
das de algodón para defensa de las flechas y se enten- 
día en la última preparación como postrero puerto 
amigo á que podia llegarse. 

XI. En esta situación vino á la Habana nuevo 
correo del Adelantado Velázquez, por el cual, preve- 
nía á su Teniente Pedro de Barba, que privase á Cor- 
tés de la armada y se lo enviase preso á buen recaudo, 
haciéndole mero ejecutor y recomendándosele la im- 
portancia de la ejecución y su desagrado con Verdugo 
por la falta de ella. Noticioso Cortés de esta nove- 
dad y resentido yá de la obstinada desconfíanza de 
Velázquez, unid á los suyos y dándose por entendido 
de su persecución, trató de sostenerse sobre sus ofre- 
cimientos, pero comprendido por Barba, desarmó la 
fuei*za con la debilidad, asegurándole que no ejecuta- 
ría la comisión. En prueba de ello retornó el expre- 
so, respondiendo á Velázquez, que ya no era tiempo 
de detener á Cortés, porque se habia hecho superior 
en fuerza á las de la Villa, cuyo vecindario podia pa- 
decer en el intento. Aquietáronse los ánimos con 
esta resulta y dando la última mano al apresto de la 
armada (1) salid Pedro de Alvarado del Puerto de 
Carenas de la Habana, en el navio San Sebastian 

(]) Recopilamos en esta sncínta relación á Solis, libro 1^, cap. 10, 
basta el 14. Herrera Década 2% libro 3?, cap. 12 y 13, — y Torquemada 
libro 4?, cap. 6 y siguientes: por no contraemos con fatídico *á menudencias 
qne en ellos paeden verse. 

Tomo II. 26 


202 TEATRO CUBANO. 


á solicitar ei de Ordaz en el cabo de San Antonio, é 
incorporase ambos allí con la armada, que estaba y 
habia de ir por la costa del Snr, y pasando á ésta poi' 
tierra Cortees con su gente y provisiones, levaron las 
anclas el diez de Febrero de 1519 dejando la Isla de 
Cuba. 


Nota A.— PAg. 196. 
INSTRU CCION 

(¡ue (lió el Ckipitan Diego Vdázquez en la isla Femandina en 23 de Octubre 
de 1518 aZ Capitán Hernando Cortés, á quien con una armada enriaba 
al socorro de la que llevé Juan de Crr^alva, vecino de la isla de la Trini- 
dad; con derrotero á las islas de Santa Cruje, Cozumel y Santa María 
de los EetnediúSj por otro nombre Ulua, Punta llana de la tierra que nue- 
mniente descubrió Grijalca,hasta llegar á la Bahía de San Juan y San- 
ta María de las Nieves, d:^., sondando y reconociendo todos los puertos, 
entradas y aguadas de las dicims tierras: todas descubiertas por el expre- 
sado Grijnlva, 


YjXx la ciudad de Santiago del Puerto de esta isla Fernandina, jueves 13 
dias del mes de octubre año del nacimiento de nuestro Salvador Jesu Crísto 
de 1519 años, ante el muy virtuoso Sr D. Diego de Duero, alcalde en la 
dicha ciudad por sus Altezas, é en presencia de mí Vicente López, escrília- 
no público del número de la dicha ciudad, é de los testigos y uso escnptos, 
pareció presente el muy magníñco Señor Diego Velázquez, adelantaao é 
gobernador de las islas é tierras nuevamente por su industria descubiertas é 
descubrieren, alcalde, ó capitán, c repartidor de los caciques é indios de 
esta isla Femandina del mar occéano por sus Altezas, é teniente en ella por 
el señor Almirante, é dijo: que por cuanto al tiempo que él envió por capí- 
tan en la flota é navios que por él en nombre de SS. AA. fueron á poblar 
las tierras é islas de San Juan de Ulna, é Cozumel, é otras que Juan de 
Grijalva, capitán, que primeramente fué por el dicho Sr. Adelantado en 
nombre de SS. AA. descubrió á Femando Cortés el cual iba por el dicho 
señor Adelantado en nombre de SS. AA. á poblar las dichas islas é tierras, 


IGNACIO J. DE ÜURÜTIA. 203 


é á descabrír otras^ é al t¡eiii|N> que se parti() ú lo susodicho, el dichi» señor 
Adelantado le dí<5 una instniccion íimiada de su nonitu-e^ en <|ue se contiene 
ó declara la forma é manera que el dicho Fernando Cortés habia de tener 
en ^1 «licho viaje é cargo que llevaba, por lo cual se hacia de seguir y hacer 
lo que en ella se contiene; el cual dicho Hernando CVu*tés llevó consigo la 
dicha instniccion al tiempo (pie se paitió con el <licho cArgo, <le la cual que- 
dó un registro en esta dicha ciudad; é porque al presente él tenia necesidad 
de un traslado, 6 dos ó mas de la dicha instrucción é capítulos della, para la 
enviar é presentar á donde su merced quisiese, ó jM)r bien toviese: por tanto 
que pedia é pedió al dicho señor alcalde mandase sacar de la dicha instruc- 
ción un traslado, ó dos ó mas, los cuales en pública foiTiui, signados de uií 
el dicho escribano, é filmados del nombre de dicho señor alcalde, se los 
Tuandase dar para -los presentar según é como ]>or su meix*.ed era dicho. 

E luego el dicho señor Adelantado dijo: que hacia é fízo presentación de 
la dicha instrucción, la cual el dicho señor alcalde tomó é mandé) á mí el di- 
i-ho escribano sacase é fíciese sacar della un traslado, ó dos (í mas, los que 
su merced menester hobiese, su tenor de la cual, íimiada del nombre del «li- 
dio señor Adelantado; según jior ella parece, es este que se sigucí. 

Por cuanto yo Diego Velázquez, alcalde, é capitán general, é repartida ir 
«le los caciques é indios de esta isla Femandina por sns Altezas ¿^", envié 
los dias pasados en nombre é servicios de sus Altezas &* á ver é hojar 
la isla de Yucatán, Santa María de los Remedios que nuevamente halna 
descubierto, é á descobrir lo demás que Dios nuestro Señor fuese servido, y 
en nombre de sus Altezas tomar la posesión de todo, una aunada con la 
gente necesaria, en que fué é nombré por capitán della á Juan de (írijalv.-i, 
ve^in(í «le la villa de la Trinidad de esta isla, el cnal me envió una carabela 
«le las que llevaba porque le hacia mucha agua, é en ella cierta gente «pie 
los imiios en la dicha Santa María de los Remedios le habian herido, é otros 
a<lulecido y con 1& razón de todo lo que le habia ocun'ido hasta otras islas é 
tiendas «jue de nuevo descubrió, que la una es una isla que se dice Cozumel é 
le puso por nombre Sant^ Cruz, y la otra es una tierra grande que parte «le- 
11a se llama Ulna, que puso por nombre Santa María de las Nieves, desde 
donde me envió la dicha carabela é gente, é me escribii) como iba siguiend«) 
sil demanda, principalmente á saber si aquella tierra era isla ó tierra firme; 
como ha muchos dias que de razón habia de haber sabido nueva del, de que 
se presume, pues tal nueva del hasta hoy no se sabe, «pie debe de tener «> 
estar en alguno ó extrema necesidad de socoito; é asimesmo p«)rque ima <'/a- 
rabela que yo envié al dicho Juan de Grijalva desde el puerto de esta ciu- 
dad de Santiago para que con él é la armada que lleva se juntase en el 
puerto de San Cristóval de la Habana, porque es muy mas proveido de to- 
do, é como al servicio de sus Altezas convenia fuese, cuando llegó donde 
pensé hallarle, el dicho Juan de Grijalva se habia hecho á la velaé era ido 
con toda la dicha armada, puesto que dejó aviso del viaje que la dicha c>a- 
rabela habia de llevar; é como la dicha carabela en que iban ochenta «> no- 
venta hombres no halló la dicha armada, tomó el dicho aviso y fué en se- 
gniraiento del dicho Joan de Grijalva, y segnn parece é se ha sabido por 
información de las personas heriaas é dolientes que el dicho Juan de Grijal- 
va me envió, no se habia juntado con él, ni della había habido ninguna nue- 
va, n¡ los dichos dolientes ni heridos la supieron á la \nielta, puesto que vi- 


204 TEATRO CUBANO. 


nieron inncha parte del viaje costa á costa de la isla de Santa María de lot; 
Remedios por donde habían ido, de que se presume que con tienqto forzoso 
(K>dria decaer hacia TieiTa Firme, ó llegar á alguna parte donde los dichos 
ochenta «> noventa hombres espaííoles corran detrimento por el navio ó por 
ser pocos 6 por andar perdidos en husc^a del dicho Juan de Grijalva, puesto 
que iba muy bien pertrechado de todo lo necesario: ademas desto porque 
después que con el dicho Juan de (Irijalva envii' la dicha armailu, he sido 
informado de muy cierto por un indio de los de la dicha isla de Yucatán, 
Santa María de los Remedios, como en poder de ciertos caciques principales 
della están seis cristianos captivos, é los tienen }>or esclavos é se sirven 
dellos en sus haciendas, que los tomaron muchos dia^s ha de una carabela 
que con tiempo por allí diz que aportó perdida, que se cree que alguno de- 
llos debe ser Nicuesa capitán quel católico Rey don Fernando de gloriosa 
memoria mandó ir á Tierra Firme á redimirlos, seria grandísimo servicio do 
Dios nuestro Señor é de sus Altezas; por todo lo cual pareciéndome qr^e al 
servicio de Dios nuestro Señor e de sus Altezas convenia enviar así en se- 
guimiento é socorro de la dicha armada quel dicho Juan de Grijalva llevó, 
y busca de la carabela, y tras él en su seguimiento fué como á redimir, si 
posible fuese, los dichos cristianos (jue en poder de los dichos indios están 
captivos, acordé, habiéndolo muchas veces pensado é pesado, é platicado 
con personas cuerdas, de enviar como envío otra armada tal é también bas- 
tada é aparejada, ansí de navios é mantenimientos como de gente é todo 
lo demás para semejante negocio necesario, que si por caso de la gente de la 
otra primera annada, ó de la dicha carabela que fué en seguimiento, luill ase 
en alguna parte cercada do inñeles, sea bastante para los socorrer é descer- 
car, é si ansí no los hallare, por sí sola pueda seguramente andar é calar en 
su busca todas aquellas islas é tierras, é saber el sustento del las y facer to- 
do lo domas que al servicio de Dios nuestro Señor cumpla é-al de sus Alte- 
zas convenga* para ello he acordado do la encomendar á vos Fernando Cor- 
tés é os enviar por capitán della por la experiencia que de vos t^ngo del 
tiempo que ha que en esta isla en mí compañía habéis servido á sus Altezas, 
confiando que sois persona cuerda y que con toda prudencia é zelo de su 
Real servicio, daréis buena razón é cuenta de todo lo que por mí en nombro 
de sus Altezas os fuere mandado acerca de la dicha negociación, y la guia- 
réis é enoaminaiéis como mas al servicio de Dios nuestro Señor é de sus 
Altezas convenga; y porque mejor guiada la negociación de todo vaya, lo 
que habéis de facer y tratar, é con mucha vigilancia y deligencia inquerir ó 
saber, es lo siguiente. 

Primeramente el principal motivo que vos é todos los do vuestra compa- 
ñía habéis do llevar, es y ha de ser para que en este viaje sea Dios nuestro 
Señor servido y alabado é nuestra santa fee católica ampliada, que no con- 
sentiréis que ninguna persona de cualquiera calidad ó condición que sea, 
diga mal de Dios nuestro Señor, ni de su Santísima Madre, ni á sus santos 
ni diga otras blasfemias contra su Santísimo nombre por alguna, ni de nin- 
guna manera, lo cual ante todas cosas les amonestareis á todos; é á los que 
semejante delito cometieren castigarloshéis conforme á derecho con toda la 
mas rigorídad que ser pueda. 

ítem: porque mas cumplidamente en este viaje podáis servir á Dios 
nuestro Señor, no consentiréis ningún pecado público, ansí como amanceba- 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 205 


dos piiblicatnentt*, ni íjne ninguno de los cristianori españoles de vuestra 
compauía liaya aceso ni ayunta «tamal con ninguna inuger fuera de nuestra 
ley, porque es pecado á Dios muy odioso, é las leyes div^inas é humanas lo 
prohiben j é procederéis ímíu todo el rigor contra el que tíil pecado ó delilo 
círtnetiere, c; castigiirlohéis conforme á derecho por las leyes que en tal caso 
hablan é disponen. 

Itpui: i)onpie en semejantes negocios toda concordia es muy útil é pro- 
vechosa, y por el contrario las disensiones y discordias son dañosas, y de los 
jaegos de dados é naipes suelen resultar muchos esoéndalos é blasfemias de 
Dios (' de sus santos, trabajaréis de no llevar ni llevéis en vuestra compa- 
ñía pereona alguna que sepáis cpie no es muy celoso del sei'vicio de Dios 
nutístro Señor é de sus Altezas, é se tenga noticia que es boUicioso c amigo 
de novedades, é alborotador, y defendon'^is que en ninguno de los navios 
(pie llováis haya dadlos ni naipes, é avisaréis dello, asi li la gente de la mar 
C4>mo (le la tierra, imponiéndoles sobre ello recias penas las cuales ejecuta- 
réis en las personas que lo c5ontrario hisieren. 

ítem: después de salida el armada del puerto de esta ciudad de Santia- 
go teméis mucho aviso é cuidado de que en los puertos que en esta isla 
Fernandina saltáredes, no faga la gente (pie con vos fuere, enojo alguno, ni 
tome cosa contra su voluntad á los vecinos é moradores é indios della; é to- 
das las veces ipie en los dichos puertos saluíredes los avisareis dello con 
apercibimiento (|ne serán muy bien castigados los (pie lo (M>ntrario hicieren, 
é si lo hicieren castigar loshéis conforme á justicia. 

ítem: después que con el ayuda de Dios nuestro Señor hayáis recibido 
* los bastimentos é otras cosas (jue en los dichos puertos habéis de tomar, é 
hecho el alarde de la gente é armas que llováis de cada navio por sí, mi- 
rando mucho en el registrar de las armas no haya los fraudes que en seme- 
jantes casos suelen facer, preátán<h)solas los unos á los otros para el dicho 
alarde, é dada toda buena ()rden (m los dichos navios é gente con la mayor 
l>reveí.1ad (jue ser pueda, os partiréis en en el nombro de Dios á seguir vues- 
tro viaje. 

ítem: antes que os fagáis á la vela, con mucha diligencia miraréis todos 
h»s navios de vuestra conserva é iuípiiriréis é faréis buscar por todas las 
vias qne pndiéredes si llevan en ellos algún indio 6 indios de los naturales 
de estA isla, é si alguno falláredes, lo entregad á las justicias, para (pie sa- 
bidas las personas en que en nombre de sus Altezas están depositados se 
los vuelva, é en ninguna manera consintiréis (pie en los dichos navios vaya 
ningún indio. 

Itera: después de haber salido á la mar los navios, é metidas las barcas, 
iréis con la barca del navio donde vos fuéredes, á cada uno dellos por si, 
llevando con vos un escribano, é por las copias tomaréis á llamar la gente 
qua cada navio llevare, para (lue sepáis si falta alguno de los contenidos en 
las dichas copias (pie de (iada navio hoviéredes fecho, por([UO mas cierto 
sepáis la gente que lleváis: é de cada copia daréis un traslado al espitan 
que pnsiéredes en eada navio; y de las personas (jne falláredes que se asen- 
taron con vos, y les habéis dado dineros, y se quedaren, me enviad una 
memoria para que acá se sepa. 

ítem: al tiempo que esta postrera vez visitáredes los dichos navios, man- 
daréis c apercibiréis á los capitanes que en cada uno de ellos pnsiéredes, é 


206 TEATRO CUBANO. 


á los maestres c pilotos quo en ellos van v fuereu, t' á caila uno por 8Í, é 
todos jnntoS) tengan eti})ecial caidado de segnir c? aconijuiñar el navio en 
«[ue vos fnércdeBy é que por ninguna via é fomia se aparten de vos, en ma- 
nera que cada dia todos vos hablen, 6 á. lo menos lleguen á vista é compás 
de vuestro navio, |)onpie con ayuda de Dios nuestro Señor lleguéis todos 
juntos á la isla de Cozumel, Santa Crnz, donde sera vuestra derecha dernv 
ta é viaje^ tomándeles sobre ello ante vuestro esciíbano juramento, i^ po- 
niéndoles grandes 6 graves penas; é si por acaso, lo que Dios no penuiia, 
acaesciese que por tiempo forzoso ó tormenta de la mar que sobreviniese 
fuese forzado que los navios se apartasen é no pmliesen ir en la conserva 
arriba dicha, é allegase primero que vos á la dicha isla, apercibirleshéis <• 
mandaréis, so la dicha pena, que ningún capitán, ni maestre ni otra penai- 
na alguna de las que en los dichos navios fueren, sea osado ele salir dellits, 
ni saltar en tierra por ningtm via ni manera, sino que antes siempre se ve- 
len é estén á buen recabdo hasta que vos lleguéis: porque podría ser que 
vos ó los que de vos se apartasen con tiempo, llegasen de noche á la dicha 
isla, mandaresleshéis é avisaréis á todos, que á las noches faltando algún 
navio hagan sus faroles, porque se vean é sepan los unos de los otros, é asi- 
mismo vos lo faréis si primero llegáredes, y por donde por la mar fnéredes. 
porque todos os sigan é vean é sepan por donde vais; é al tiempo que desta 
isla os desabrazardes^ mandaréis é faréis que todos tomen aviso de la derro- 
ta que han de llevar, é para ello se les dé su instrucción é aviso, porque en 
todo ha va buena orden. 

ítem: avisaréis é mandaréis á los dichos capitanes é maestres é á todas 
las otras personas que en los dichos navios fueren, que si prímcro que vos 
llegaren á alguno de los puertos de dicha isla, é algunos indios fueren á 
los dichos navios, que sean dellos muy bien tratados y recií>idos, é que |H»r 
ninguna via ninguna persona de ninguna manera é condición que sea, sea 
osado de les facer agravio, ni les decir cosa de que puedan recebir sinsabor, 
ni á lo que vais, sino como os están esperando, y que vos les diréis á ellos 
la oabsa de vuestra ida; ni les demanden, ni interroguen si saben de los 
cristianos que en la isla de Santa María de los Remedios están captivos en 
])oder de los indios, porque no les avisen y los maten, é «obre ellos poméis 
muy recias é graves penas. 

ítem: después que en buena ora lleguéis á la dicha isla de Santa Crvz, 
siendo informado que es ella, así por información de li>s pilotos asi como 
Melchior indio natural de Santa María de los Remedios, que con vos lleváis, 
trabajaréis de ver é sondar todos los mas puertos, é entradas, é aguadas 
que pndiéredes por donde fuéredes, asi en la dicha isla como en la de San- 
ta María de los Remedios, é Punta llana, Santa María de las Nieves; é todo 
lo que falláredes en loe dichos puertos faréis asentar en las cartas de los pi- 
lotos, é á vuestro escribano en la relación que de las dichas blas é tierras 
hábeifi de facer, señalando el nombre de cada uno de los dichos puertos é 
agnadasy é de las provincias donde cada uno estoviere, por manera que 
todo bagáis muy complida é entera relación. 

ítem: llegado qne con ayuda de Dios nuestro Señor seáis á la dicha is- 
la de Goznmel, Santa Cruz, iablaréis á los caciques indios qne pndiéredes 
de ella, y de todas las otras islas é tierra por donde fuéredes diciéndoles co 
mo vos is por mandado del Rey nuestro Señor á los ver é visitar, é ilar- 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 207 


leshéis á entender como e^ un Rey muy poderoso cuyos vasallos é súditos 
nosotros é ellos somos, y á qnien obedecen muchas de las generaciones de 
este mundo, y qne ba sojuzgado é sojuzga muchos paitidos é tierras, de la 
una de las cuales son estas partes del mar occéano donde ellos é otros mu- 
chos están, é relatarleshéis, los nombres de las tierras é islas, o^oñviene á 
saber, toda la costa de Tierra firme hasta donde ellos están, é la isla Espa- 
ñola, é San Juan é Jamaica, é esta Femandina, 6 las que mas supiéredes, 
é qne á todos los naturales ha hecho é face muchas mercedes, é por esto en 
cada una dellas tiene sus capitanes é gente, é yo por su mandado estoy en 
esta isla, é habido información de aquellas donde ellos están en su nombre 
os envió para que les habléis é requeráis se sometan debajo de su yugo é 
servidumbre é amparo Real, é que sean ciertos que faciéndolo así, é sirvién- 
dole bien é lealmente, serán su Alteza, é de mi en su nombre, muy. remu- 
nerados, é favorídos é amparados contra sus enemigos; é decirleshéis como 
todos los naturales de estas islas ansi lo facen, é en señal de servicio le dan 
é envían mucha cantidad de oro, piedras, perlas, é otras cosas que ellos tie- 
nen, é asimismo su Alteza les face muchas mercedes: é decirleshéis que ellos 
Ensimismo lo fagan, é le den algunas cosas de las susodichas, é do otras qne 
ellos tengan, para que su Alteza conozca la voluntad que ellos tienen de 
servirle e por ellos los gratifique. También les diréis como sabida la bata- 
lla quel capitán Francisco Hernández que allá fué con ellos ovo, á mí me 
pesó mnchof y porque su Alteza no quiere que por él ni por sus vasallos 
ellos sean maltratados, yo en su nombre os envió para que les fableis é 
apacigüéis, é les fagáis ciertos del gran poder del Rey nuestro Señor, é que 
si de aquí adelante ellos pacíficamente quisieren darse k su servicio, que los 
españoles no teman con ellos batallas ni guerras, antes mucha conformidad 
é paz, é serán en ayudarles contra sus enemigos, é todas las otras cosas que 
á vos os parecieren que se les deben decir para los atraer á vuestro propó- 
sito. 

ítem: por que en la dicha isla de Santa Cruz se ha fallado en muchas 
partes della, é encima de ciertas sepulturas y enterramientos, cruces las cua- 
les diz qne tienen entre sí en mucha veneración, trabajaréis de inquerir é 
saber por todas las vias que ser pudiere é con mucha ailigencia é cuidado, 
la significación de porque las tienen, é si las tienen porque hayan tenido ó 
tengan noticia de Dios nuestro Señor y que en ella padeció hombre alguno, 
y sobre esto poméis mucha vigilancia, y de todo por ante vuestro escribano 
tomaréis muy entera relación, así en la dicha isla como en cualesquiera otras 
que la dicha cruz falláredes por donde fuéredes. 

ítem, teméis mucho cuidado de inquerir é saber por todas las vias é for- 
mas qne pndiéredes si los naturales de las dichas islas ó de algunas della» 
tengan alguna seta, ó creencia, ó rito, ó ceremonia en que ellos crean, ó en 
quien adoren, ó si tienen mezquitas; ó algunas casas de oración, ó ídolos, ó 
otras cosas semejantes, é si tienen personas qne administren sus ceremonias, 
así como alfaquíes ó otros ministros; y de todo muy por extenso traeréis an- 
te vuestro escribano muy entera relación, que se le pueda dar fee. 

ítem: pues sabéis qne la principal cosa que sus Altezas permiten que 
86 descubran tierras nuevas, es para que tanto número de almas como de 
inumerable tiempo acá han estado é están en estas partes perdidas fuera de 
nuestra santa fee, por falta de quien della les diese verdadero conocimiento; 


208 TEATRO CUBANO. 


trabajaréis por todas las raanems del inundo, si por caso tanta conversación 
con los naturales de las islas é tierras donde vais, tuviéredes, para les poder 
informar della, como conozc^an, á lo menos faciéndoselo entender por la me- 
jor orden é vía que pudiéredes, como hay un solo Dios Criador del cielo é 
do la tierra, y de todas las otras cosas que en el cielo y en el mundo son; y 
decirleshéis todo lo demás que en este caso pudiéredes, y el tiempo paiu ello 
diere lugar, y todo lo que mas y mejor os pareciere que al servicio de Dion 
nuestro Señor é de sus Altezas conviene. 

ítem: llegado que á la dicha isla de Santa Cruz seáis y por todas las 
otras tierras donde fuereis, trabajareis por todas las vias que pudiéredes do 
inquirir é caber alguna nueva del armada que Juan de Grijalva llevó, por- 
que podrid, ser que el dicho Juan de Grijalva se oviese vuelto á esta isla, é 
tuviesen ellos della nueva é lo supiesen de cierto, é que estoviese en alguna 
parte 6 puerto de la dicha isla, é asimismo por la dicha orden trabajaréis de 
saber nueva de la carabela que llevó á cargo Cristóval de Olid que fué en 
seguimiento del dicho Juan de Grijalva, sabréis si allegó á la dicha isla, é 
si se saben qne derrota llevó, ó si tienen ó sepan alguna nueva do á donde 
está é como. 

ítem: si dieren nuevas ó supiéredes de la dicha annada que está por allí, 
trabajaréis de juntaros con ella, é después de juntos si se pudiere haber sa- 
bido nueva de la dicha carabela, daréis orden y concierto para que quedan- 
do todo á buen recabdo, é avisados los unos de los otros de á donde os po- 
dréis esperar é juntar, porque no os toméis á derramar, é concestaréis con 
mucha prudencia como se vaya á buscar la dicha carabela é se traiga á don- 
de conoertáredes. 

ítem: si en la dicha isla de Santa Cruz no supiéredes nueva de que el 
armada haya vuelto por allí, ó está cerca, y supiéredes nueva de la dicha 
carabela, iréis en su busca, y fallado que la hayáis la ti-abajaréis de buscar 
é saber nueva de la dicha armada que Juan de Grijalva llevó. 

ítem: fecho que hayáis todo lo de arriba dicho según é como la oportu- 
nidad del tiempo para ello os diere lugar, sino supiéredes nueva de la dicha 
armada ni carabela que en su seguimiento fué, iréis por la costa de la isla 
de Yucatán, Santa María de los Remedios, en la cual están en poder de cier- 
tos caciques principales dellas seis cristianos, según é como Melchor, indio 
natural de la dicha isla, que con vos lleváis, dice é os dirá, é trabajaréis por 
todas las vias é maneras é manas que ser pudiere por haber á los dichos 
cristianos por rescate ó por amor, ó por otra cualquier via donde no inter- 
venga detrimento dellos, é ni de los espigóles que lleváis ni de los indios; é 
porque el dicho Melchor, indio natural de la dicha isla, que con vos lleváis 
conoce á los caciques que los tienen captivos, haréis que el dicho Melchor 
sea de todos muy bien tratado, é no consintiréis que por ninguna via se le faga 
mal ni enojo, ni que nadie hable con él sino vos solo é mostrarlehéis mucho 
cariño é amor, é facerleshéis todas las buenas obras que pudiéredes, porque 
él os le tenga y os diga la verdad de todo lo que preguntárcdes é mandare- 
des, é os enseñe é muestre los dichos caciques, porque como los dichos iu- 
dios en caso de guerras son mañosos, podria ser qne nombrasen por caciques 
otros indios de poca maña para que }>or ellos fablasen, y en ellos tomasen 
ispiríencia de lo que debían facer j>or lo que ellos les dijesen; é teniéndolos 
el dicho Melchor buen amor, no consentirá que se os faga engaño, sino án- 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 209 


tee OB avisará de lo qae viere^ y si por el contrarío m de otra manera con él 
se hiciere. 

ítem: teméis mucho aviso é cuidado de que á todos los indios de aque- 
llas partes que á vos vinieren, así en la mar como en la tierra donde esto- 
viéredes, á veros é hablaros, 6 á rescataros ó á otra cualquier cosa, sean de 
vos é de todos bien tratados é recibidos, mostrándoles mucha amistad é 
amor, é animándolos según os pareciere que al caso 6 las personas que á 
vos vinieren lo demandan, é no consintiréis so grandes penas que para ello 
poméis, que le sea fecho agravio ni desaguisado alguno, sino antes traba- 
jaréis por todas las vias é manera que pudiéredes como cuando de vos se 
partieren vayan muy alegres é contentos é satisfechos de vuestra conversa- 
ción é de to<los los de vuestra compi^ía, porque de facerse otra cosa Dios 
nuestro Señor y sus Altezas podrían ser muy deservidos, porque no podría 
haber defecto vuestra demanda. 

ítem: si antes que con el dieho navio de Gríjalva os juntáredes, algunos 
indios quisieren rescatar con vos algunas cosas suyas por otras de las que 
vos lleváis, porque mejor recabdo haya en todas las cosas del rescate, é de 
lo que dello se oviere, llevaréis una arca de dos ó tres cerraduras, que seña- 
laréis entre los hombres de bien de vuestra compañía los que os pareciere 
que mas zelosos del servicio de sus Altezas sean, que sean personas de con- 
fíanza, uno para veedor, otro para tesorero del rescate que se oviere é res- 
catáredes, así de oro como de perlas, piedras preciosas, metales, é otras 
cualesquier cosas que oviere; é si fuere el arca de tres cen-aduras, la una 
llave daréis que tenga el dicho veedor, é la otra el tesorero, é la otra toméis 
vos 6 vuestro mandado, é todo se meterá dentro de la dicha arca é se resca- 
tará por ante vuestro escribano que dello dé fee. 

ítem: porque se ofrecerá necesidad de saltar en tierra algunas veces, así 
á tornar agua y leña, como á otras cosas que podrían ser menester; cuanao la 
tal necesidad se ofreciere, para que sin peligro de los españoles mejor se 
puede facer, enviaréis con la gente que á tomar la dicha agua é leña fuere, 
ana persona que sea de quien tengáis mucha confianza y buen concepto, que 
es persona cuerda, al cual mandaréis que todos obedezcan, y miraréis que la 
gente que así con él envíáredes, sea la mas pacífica é quieta, é de mas con- 
fianza é cordura que vos pudiéredes, é la mejor armada, é mandarleshéisque 
en sn salida y estada no haya escándalo ni alboroto con los naturales de la 
dicha isla, é miraréis que sea é vaya muy sin peligro, é que en ninguna ma- 
nera duerma en tierra ninguna noche, ni se alejen tanto de la costa de la 
mar, que en breve no pueda volver á ella, porque si algo les acaesciere con 
los indios puedan de la gente de los navios ser socorrídos. 

ítem: si por caso algún pueblo esto viere cerca de la costa de la mar, y 
en la gente del viéredes tal voluntad que os parezca que seguramente por 
sn voluntad é sin escándalo dellos é peligro de los españoles podéis ir á ver- 
le é os deteraiináre^es á ello, llevaréis con vos la gente más pacífica é cner- 
da y bien armada que pudiéredes, y mandarleshéis ante vuestro escribano 
con pena que para ello les poméis, que ninguno sea osado de tomar cosa 
ninguna á los dichos indios de mucho ni poco valor, ni por ninguna via ni 
manera, ni sean osados de entrar en ninguna casa dellos, ni de burlar con 
sus mugeres, ni de tocar ni llegar á ellas, ni las fablar, ni decir, ni facer 
otra cosa de que se presuman que se puedan resabiar, ni se desmanden ni 

Tomo II. 27 


210 T£ATRO CUBANO. 


«fMurten de vos por ninguna via ni manera, ni por cosa que se les ofrezca, 
aunque los indios salgan á vos facer que vos le mandéis lo que deben y han 
de UceCf segnn el tíempo é necesidad en que os falléredes é viéredes. 

Itetn: porqne podría ser que los indios por os engañar é matar os mos- 
trasen bneaa volantad é os incitasen á que fuésedes á sns pueblos, teméis 
móofao estudio é vigilancia de la manera que en ellos veis, ^ si fuéredes 
ireb siempre muy sobre aviso, llevando con vos la gente arriba dicha, y las 
anaaa muy á recabdo, é no consentiréis que los indios se entremetan entre 
los eqiafloles, á lo menos muchos, sino que antes vayan é estén por su par- 
te, &eiéndoles entender que lo facéis porque no queréis que ningún espaüol 
le» fiíga ni diga cosa de qne reciban enojo; porque metiéndose entre vosotros 
mitchoB indios, pueden tener celada pata en abrazándose los unos con voso- 
tros salir los otros, é como muchos (1) podrfades correr peligro y perecer; y 
dejaréis muy apercebidos los navios, así para que elios estén á buen recahdu 
eemo para que si nece^dad se os ofreciere podáis ser socorridos de la gente 
qne en ellos dcgais, y dejarleshéis cierta seña, así psira que ellos fagan si 
necesidad se oviere, como para que vos la fagáis si la toviéredes. 

ítem: habido, qne placiendo á Dios nuestro Señor, hayáis loe crístiauon 
qne en fa dicha isla de Santa María de los Remedios están captivos, y bun- 
cado qne por ella hayáis la dicha armada é la di<sba carabela, siguiréis vet$- 
tro viaje á la Ponta llana, que es el principio de la tierra grande que agoru 
nuevamente el dicho Juan de Grijalva desoubritl, y correréis en su busca 
por la costa della adelante, buscando todos los ríos é puertos deUa fasta 
Ilegal* á la bahía de San Juan y Santa María de las Nieves, qne es desde 
donde el dicho Juan de Grijalva me envió loi» heridos é dolientes, é me e^- 
eríbió lo que fasta allí le habia ocurrido, é si allí le falláredes juntaroshéis 
ex>n él; y parque entre los españoles que lleváis y allá están no haya dife- 
rancias ni disenciones junto que seáis, cada uno tenga cargo de la gente 
que consigo lleva, y entrambos juntamente é muy conformo consultaréis to- 
do aquello qne viéredes que mas é mejor al ser\icio de Dios nuestro Señor é 
de sus Altezas sea, conforme á las instrucciones que de sus paternidades é 
mercedes el dicho Juan de Grijalva llevó, y esta que en nombre de sus Al- 
tezas agora yo os doy: y juntos, que placiendo á Dios nuestro Señor, se^is, 
si algon rescate ó presente oviere de valor por cualquier via, recíbase en 
presenciji de Francisco de Peñalosa veedor nombrado por sus pat'Cmidades. 

ítem: trabajaréis con mucha diligencia é solicitud de inquerir y saber el 
secreto de Ifis dichas islas é tierras, v de las demás á ellas comarcanas v 
que Dios nuestro Señor haya sido servido que se descubran é descubrieren, 
así de la maña é üonvei*sacion de la gente de cada una dellas en particular, 
<x)mo de los árboles, frutas, yerbas, aves, animalías, oro, piedras inreciosas, 
perlas, é otros metales, especiería, é otras cualesquier cosas que de las di- 
chas islas é tierras pudiéredes saber é alcanzar, é de todo traed entera re- 
lación por ante escribano: é sabido que en las dichas islas é tierras hay oro, 
sabréis de donde é como lo han, é si lo oviere de minas y en parte qne vos 
lo podáis haber, trabajar de lo catar é verlo para que mas cierta relación 
dello podáis fa«er, especialmente en Santa María de las Nieves de donde el 
dicho Grijalva me envió ciertos granos de oro por fondir é fondidos, é sa- 

(I) QoÍl&: ( con mueho9. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA 211 


hiléis si aquella» cosatí de oro labradan, se labran allí entre ellos, 6 las 
traen 6 rescatan de otras partes. 

ítem: en todas las islas qim se descubrieren, saltaixMs en tieiTa ante 
vnestro escribano y mnchos testigos, y en nombre de hiis Altezas toiuareis 
y aprenderéis la posesión dellas con toda la mas solemnidad qne ser pned^, 
faciendo todos los antes é diligencias que en tal caso se i*equieren é mAe 
facer, y en todas ellas trabajaréis por todas las vias que pudiéredes y con 
buena maneta y orden, de haber lengua de «¡nien os podáis informar de otras 
islaa é tierras, y de la manera y calidad de la gente della, ó ironjue diz que 
hay gentes do orejas grandes y anchas y otras que tienen las cai'as como 
}»eiTos, y ansimismo donde y á que parte están las amazonas que dicen estos 
indios qne con vos lleváis, que están cerca de allí. 

ítem: porque demás de las cosas de suso contenidas y que se os han en- 
cargado é dado por mi instrucción, se os pueden ofrecer otras muchas á que 
yo como ausente no podría prevenir en el medio é remedio dellas, á las cua- 
les vos como presente é persona de quien yo tengo esperíencia y confianza 
que con todo estudio é vegilancia teméis el cuidoso cuidado que convenga 
de las guiar, mirar, y encaminar é prever como mas al servicio de Dios nues- 
tro Señor é de sus Altezas convenga, proveeréis en todas según é como ma« 
sabiamente se puedan v deban facer, é la oportunidad del tiempo en que o^ 
halláredes para ello os diere lugar, conformándoos en todo lo que ser pudie- 
re con las dichas intmcciones arriba contenidas, é de algunas personas pru- 
dentes é sabias de las que con vos lleváis de quien tengáis crédito é con- 
fían za, é por esperiencia seáis cierto que son zelosos del servicio de Dios 
nuestro Señor é de sus Altezas; é que os sabrán dar su parecer. 

ítem: jwrque podria ser que entre las personas que con vofr fuesen ile es- 
ta isla Fernandina, oviese algunos que debiesen dineros á sus Altezas, tra- 
l»ajaréis por todas las vias que pudiéredes en todos los puertos que en esta 
isla tiKjárades, y gente quisiere ir con vos, sí alguno della debe por cual- 
(juier via en esta isla dineros algunos á sus Altezas, é si los debiere fagáis 
que los pagne, é sino los pudieren pagar luego, que den fianzas en la isla 
bastantes que los pagará por tal persona, é smo los pagare é diere fianzas 
que por él los pague, no le llevaréis en vuestra compañía ]M>r ninguna via 
ni manera. 

ítem: trabajaréis después que hayáis llegado á Santa María de las Nie- 
ves, ó antes, si antes os pareciere ó viéredes fallado el armada 6 carabela, 
de con toda la más brevedad que fuere posible de me enviar en un navio 
del ípie menos necesidad toviéredes, y qne bueno sea, toda la razón de todo 
lo que os oviere ocorrido, y de lo que habéis fecho y pensáis facer, y enviai- 
raehéis todas las cosas de oro, é perlas, é piedras preciosas, especieiia é ani 
raalías, é frutas, é aves, é ti>días las otras cosas que pudiéredes aver habido, 
f>ara que de todo yo pueda facer entera y verdadera relación al Rey nuestro 
Señor, y se lo envíe para que su Alteza lo vea y tenga muy entera é cum- 
plida relación de todo lo qne hay en las dichas tieiTas é {lartes, é tengáis no- 
ticia <|ne hay ó puede haber. 

ítem: en todas las cosas ansí civiles como criminales que allá entre unas 
personas con otras, 6 en otra cualquier manera se ofrecieren ó acaecieren, 
conoceréis dellas y en ellas conforme á derecho é jnsticia, é no en otra ma- 
nera: que para todo lo susodicho é para cada una e-osa é parte del lo, é para 


212 TEATRO CUBANO. 


todo lo á ello anexo é conexo, é dependiente^ y en nombre de sus Altezas 
vos doy é otorgo poder cumplido é bastante, como é según que yo de sus 
Altezas lo tengo, con todas sus incidencias ó dependencias, anexidades é 
conexidades: é en nombre de sus Altezas mando á todas é cualesquier per- 
sona de cualquier estado, calidad é condición que sean, caballeros, hidalgos, 
pilotos, cómitres, é maestres, é pilotos, contramaestres, é marineros, ó hom- 
bres buenos, así de la mar como de la tierra, que van ó fueren (5 estuvieren 
en vuestra compañía, que hayan 6 tengan á vos el dicho Femando Cortés 
por BU capitán, é como á tal vos obedezcan ó cumplan vuestros mandamien- 
tos, é parezcan ante vos á vuestros llamamientos é consultas, c á todas lan 
otras cosas necesarias é concernientes al dicho vuestro cargo, é que en todo 
é para todo se junten con vos, é cumplan é obedezcan vuestros mandamien- 
tos, é os den todo favor é ayuda en todo é para todo so la pena ó penas que 
vos en nombre de sus Altezas les pusiéredes, las cuales o cada una dellas 
vos las poniendo agora por escrito como por palabra, yo desde agora para 
entonces é de entonces para agora las pongo é por puestas, y serán ejecuta- 
das en sus personas é bienes de los que en ellas incurrieren, 6 contra lo su- 
sodicho fueren, ó vinieren, 6 consintieren ir ó venir, ó pasar, 6 dieren favor 
é ayuda para ello, é las podados ejecutar é mandar ejecutar en sus personas 
é bienes. Fecho en esta cibdad de Santiago, Puerto de esta isla Feman- 
dina á 23 de octubre de 1518 años. — ^Capitán Diego Velazquez. 

E feeho é sacado el dicho traslado de la dicha instrucción original en la 
manera é forma que susodicha es, el dicho señor alcalde dijo: que- mandaba 
é mandó á mí el dicho escribano, que signada de mi signo é firmada del 
nombre de dicho señor alcalde, en manera que hiciese fee, la viese é entre- 
gase al dicho señor Adelantado, según é de la manera que por su merced 
era pedido é demandado: á lo cual fueron presentes por testigos el bachiller 
Alonso de Parada, é Alonso de Escalante, escribano público en la dicha 
cibdad: é yo el dicho Vicente López, escribano público del niimero de la di- 
cha cibdad susodicho, que á todo lo que dicho es presente fui con el dicho 
señor alcalde, que aquí firmó su nombre— Diego de Duero^fice escribir el 
dicho traslado de la dicha instrucción original, segund é de la manera que 
en él se contiene, el cual va cierto é concertado con el dicho original é va 
escrito en esas cuatro hojas de papel con esta en que va mi signo, é en fin de 
cada plana va señalado de la señal acostumbrada, en fee de lo cual fice aquí 
mi signo atal. — ^En testimonio de verdad. — ^Vicente López escribano público. 

H&Uase original en el archivo general de Indiaa de Sevilla, entre loi papelea enviadop 
de Slmanoai, legigo 5.^ de los rotulados "de Relaciones y Descripciones." — Memorias de la 
Sociedad Bconómioa, tomo XVI, página 161 y siguientes. 


IGNACIO J. ÜE ÜRRUTIA. 213 


CAPITULO XII. 

Habilita Velazquez mayor armada para ir perso- 
nalmente CONTRA Cortes: oponese la Real 
Audiencia a que salga de Cuba y la confia a 
Panfilo de Narvaez, quien en Nueva España es 
vencido y preso por Cortes, 


I. Quedó Velazquez sumamente desazonado con 
la ida de la armada bajo el mando de Hernán Cortés, 
y asentando su alzamiento a lo menos por los últimos 
disgustos, concluyó en la necesidad de solicitar por 
dos medios su deposición. Acrecentaba este cuidado 
las noticias de la felicidad con que su rival iba ade- 
lantando sus conquistas, las riquezas que adquiría y la 
ninguna memoria que hacia de su armador. Queja 
justa y que pudiera haber satisfecho Cortés con algún 
reconocimiento, debido a la mano que puso en la su- 
ya los principios de su exaltación; pero queja que ya 
no caia en los rigurosos términos de justicia, por ha- 
ber su desconñanza obligádole a renunciar el mando 
en manos del cabildo secular de Villa rica, recuperán- 
dole de él a nombre del Rey y no de Velazquez. Con 
todo, rumeaba este en su interior y tomaba bastantes 
medidas sobre el medio de recuperar su pérdida. 

II. Pocos adelantos podrían experimentar los pue- 
blos de la isla de Cuba con estas atenciones foráneas, 
que le sustraían, no solo la principal de su gobierno, 


Íl4 TEATRO CUBANO.* 


í<ino tHinbien los hombres, frutos y animales de su fo- 
mento* Por tanto, solo se hace mención de ella en 
este afto, para sentar (1) que de sus ocho villas, en las 
seis trataban sus vecinos de solicitar y recoger oro, y 
en la habana de hacer grangería y crianza de ganado 
por ser sus tierras menos montuosas. Sus morado- 
res, inquietos con las noticias de las riquezas de Nue- 
va Kspafía, de que pasaban ya algunas por la vieja 
Kspaña, residían con desabrimiento en sus casas y con- 
ceptuando mejor fortuna en seguir a Cortés, se des- 
membraban y embarcaban a buscarle, de suerte , que 
iban dejando despoblada a Cuba. Velázquez que sen- 
tía y notaba esta desolación, hubo de resolver entran- 
do ya el año de 1520 á habilitar nueva armada, en 
que capitaneando personalmente (2) esta gente, reco- 
brase la que babia confiado á Cortés y no creia se ne- 
gase á su subordinación. 

III. Habíase restituido á Cuba Panfilo de Narvaez, 
con el título de Adelantado y capitulaciones que he- 
mos dicho ^enció en la Corte para Velázquez, y con 
esta autoridad y legitimidad, tenía más cuerpo la re- 
solución del Gobernador fervorizándose en la ejecu- 
ción. Pero comprendida por la Real Audiencia de la 
Española, ya creada para el mando superior de estas 
islas, (3) no juzgó conveniente la ausencia de Veláz- 
quez y remitió para impedirla al Ldo. Líica^ Vázquez 
de Aillon, uno de sus Oidores. Este hizo presente al 
Adelantado la falta que su persona causarla en la Isla 
para el fomento de los pueblos y pacificación de los 
indios, con quienes se había grangeado tanto séquito. 
(4) la despoblación en que quedaria. arrastrando su 

(1) Herrera^ Década 2% libro V, cap. III. 

m Henreía, Década 2% libro IX, cap. XVIU. 

(3| Véase al final del capítulo la uota A. 

(4) V^ase la nota B al final do este capCttilo, 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 215 


persona todos los españoles que le amaban y el des- 
agrado que por estas razones debia su resolución k 
S. A.; concluyendo por persuadirle confiase á otto la 
nueva expedición: conspiraban al mismo fin Vasco 
Pórcallo, Baltasar Bermudez y Panfilo de Narvftez, 
con toda aquella persuasión que los ministraba lá es- 
peranza de ocupar su lugar en el comando de la expe- 
Aeion y á la fiíerza de tanto combate cedió la condi- 
ción suave del Adelantado. 

IV. Ocurrióle primero nombrar para ello á Balta- 
sar Bermudez a quien siempre se inclinó por pariente 
y paisano, pero llegando á declarar la elección recayó 
en Vasco Pórcallo de Figueroa que siendo el princi- 
pal poblador de la villa de San Juan de los Remedios 
se hallaba con caudal y estimación. Comprendiólo 
éste y la aceptó y estimó. Mas Velázquez escarmenta- 
do en las anteriores ocurrencias de Cortés, temía con 
fundamento del acierto de su elección, obra difícil, de- 
cisión ardua en que el mismo Dios infalible en sus 
juicios y científico en los futuros, no juzgando por ellos 
sino por la presente providencia, manda ungir por 
Rey de Ismel á un Saúl, que corriendo por el mejor 
hombre del pueblo desde los primeros pasos merece 
su reprobación. (Que hará un juicio creable y falible 
donde el divino increado é infalible nos ministra tales 
ejemplos). Comprendió Pórcallo esta duda y para 
quedar con aire en el temido desaire se presentó a 
Velázquez y en presencia de otros le dijo: Que la em- 
presa de deponer á Hernán Cortés^ no era tanjñcü de 
conseguir como de proyectar^ porque era sujeto de va- 
lor y conducta bastante para hacerse sostener. Que á 
ello conspirarían los que le seguían y amaban^ y que 
sobre estos principios convenían que el que fuese con 
igual comisión tuviese todo el valm* necesario á su 
mugnihíd. ^e habia comprendido que 710 se háéta 


216 TEATRO Cubano: 


entera satisfacción de H para este fin y para que se 
encomendase a quien la mereciera^ renunciaba el cargo. 
Volvió con denuedo la espalda y dejó al Adelantado 
en consternación y sin atreverse á responderle. 

V. Ocupó nuevo asiento la duda y pulsada madu- 
ramente la elección, tuvo más presente en ella la con- 
tíanza del electo que el deseo de conseguir la empre- 
sa. — Panfilo Narvaez prevaleció en ella obteniendo 
nombramiento formal para el mando de la armada. 
No podemos desconocer que el mérito de Narvaez en 
el auxilio que trajo de Jamaica, las comisiones que 
ejerció en la Isla y la agencia del Adelantamiento en 
la Corte, le hacian en absoluto mas benemérito que 
sus competidores y acreedor a toda la confianza del 
Adelantado, pero en la cualidad era el menos apto 
para el comando, porque su natural confiado y tardo, 
experimentado en las incidencias de Bayamo y del 
pueblo de Caonao lo hacian inepto para contraponer- 
se á la vivosa y pericia militar de un Cortés y mucho 
más para aprehenderlo. — Con todo, prevaleció la con- 
fianza y á Narvaez se entregó la armada que consta- 
ba de once navios y siete bergantines con poderes del 
Adelantado, títulos de Gobernador de Nueva España 
é instrucciones y órdenes de remitir preso á Cuba á 
Hernán Cortés. 

VI. Hallábase ya sobre un ancla la armada cuando 
volvió al puerto de Santiago el Oidor Lúeas Vázquez, 
que restituido á su Real Audiencia, después que resis- 
tió á Velázquez de ir personalmente contra Cortés, le 
hizo S. A. volver á evitar esta armada aún bíyo de 
otro mando. Requirió al Adelantado sobre la incerti- 
dumbre del éxito de ella y mucho más del de la guer- 
ra contra Cortés, las consecuencias fatales que podiau 
traer la conquista de Nueva España^ una guerra civil 
entre los mismos europeos, y que ami quedando Ve- 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 217 


lázquez en la Isla, se despoblaba ésta con la salida de 
cuantos componían dicha armada, siendQ éste uno de 
los principales peí juicios que trataba de evitar 8. A. 
desde su primera venida. Pero el Adelantado que ya 
habla hecho empeño en la expedición, no accedió en 
su despacho, respondiéndole que la inobediencia de 
Hernán Cortés no terminaba en su persona, sino tras- 
cendía al respeto de la Majestad y no podia quedar 
sin escarmiento: y que pues por obsequio a S. A. sus- 
pendió ir personalmente á ejecutarlo, no permitiese 
que demás de los costos que había erogado y perdía, 
sufriera el deshonor de perder también la posesión 
del Adelantamiento que por Reales despachos se le 
había concedido. Exforzó últimamente Narvaez este 
intento ofreciéndose de la amistad de Cortés y depen- 
dencia de su gente, y las buenas intenciones que lle- 
vaba componerlo todo sin los obstáculos que se pre- 
veía, concluyendo resueltamente en que aquello con- 
venia y que dentro de dos horas se haría a la vela. 
Viendo el Oidor tan irremediable la expedición, deli- 
beró marchar en ella ofreciéndose mediar en los lan- 
ces que ocurriesen y aunque no agradó mucho su 
compañía á Narvaez, tuvo que admitirlo y salir con 
él y la armada del puerto de Santiago. 

VII. Navego con algún infortunio hasta la isla de 
Sacrificios en que halló tres soldados españoles que 
cuidaban una existencia, y por ello fué informado de 
la formación y situación de Villa rica, en que 
residía Gonzalo de Sandoval, a nombre de Cortés 
que a la sazón se hallaba en Méjico y que solo tenía 
la Villa setenta soldados, los que fácilmente se rendi- 
rian a su devoción (1). Con esta noticia mandó Nar- 
vaez que Juan Ruiz de Guevara, Presbítero, con un 

(1) Herrera, Décadas, lib. II; cap. XYIII. 

Tomo II. 28 


218 TEATRO CUBANO. 


escribano y dos hombres, llevasen á Sandoval una car- 
ta en que le requería la obediencia con protesta de 
instruirle de la legitimidad de su despacho: y acercan- 
do los bajeles a la costa de Zempoala, determinó de- 
sembarcar en ella, echando en tierra a fines de Abril 
ochenta y cinco caballos, ochocientos infantes y doce 
piezas de artillería; Sandoval recibió agriamente las 
arrogancias del clérigo Guevara y dio con él y sus 
compañeros en Méjico, á donde fueron bien recibidor 
y tratados de Cortés en cuya noticia puso cuanto 
ocurría. Aposentó Narvaez su ejército en Zempoala 
donde su Cacique lo regaló y dio noticias de la gran- 
deza en que se hallaba Cortés, y allí mismo recibió 
un gran presente que le remitió Moctezuma, instruido 
de su llegada, y ofreciéndole su amistad a que coitcs- 
pondió reconocido. 

VIII. Informado Cortés por Guevara y su socio 
del número de hombres, fines é instrucciones de aque- 
lla armada, y previendo de cuantos peijuicios sería al 
progreso de la conquista, embarazarse en guerra con 
los suyos, volvió á remitir su gente á Narvaez previ- 
niendo á ésta le informasen de las grandezas y estados 
de aquella tierra, dándole las cartas que le hacía. En 
éstas le ofrecía Cortés y los suyos su amistad, intei-e- 
ses y la buena correspondencia si se unian al servicio 
del Rey, y hacia presente el peijuicio de éste y del de 
Dios, que en su discordia era necesario siguiese: y pa- 
ra mas pei'suadirlo vino en persona desde Méjico 
Fray Bartolomé de Olmedo, Religioso de virtud y 
prudencia a hacer las partes de Cortés con instruc- 
ciones de éste y cartas para Narvaez, Andrés Duero y 
el Oidor Vázquez, acompañando algunos presentes y 
muchas promesas: con esta diligencia comenzó a di- 
vidirse en opiniones la gente de Narvaez; y aunque 
éste pesaba mucho dejar sin satisfacción el agravio de 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 219 


Velázquez, la razón del servicio de Dios y del Rey y de 
la paz, fueron levantando tanto el partido de ella, que 
se llegó a requerir á Narvaez sobre la perdición del 
Reino, (1) si le perturbaba haciendo guerra á Cortés 
y el Oidor Vázquez, tomando el venerable nombre de 
su Real Audiencia, lo requirió so pena de muerte y 
perdimiento de bienes, que no fuese á Méjico sin ver- 
se ni acordarse primero con Cortes. 

IX. Para desembarazarse Narvaez, dispuso que se 
habilitase una carabela, y en ella remitió para Cuba á 
dicho Oidor y otros de su facción, bajo el pretesto de 
que no hiciera falta en su Audiencia, pero avisando 
á Velázquez de la verdadera causa (2) y del estado 
en que habla hallado á Cortés, a cuyo favor notaba 
grandes simpatías. Convino a los demás del ejército 
eon graves penas, si hablaban en favor de Cortés (a 
cuyo favor notaba muchas inclinaciones) publicó guer- 
ra contra él, ofreciendo premio a quien los prendiese 
ó matase, y con esto se disgustó nmcho su gente que 
comenzó á pasarse á la Villa rica. Trató de separar- 
se del Padre Olmedo y escribió con él Cortés, que 
Diego Velázquez se hallaba con provisiones Reales 
que le concedían el Adelantamiento de aquella tier- 
ra, y que llevaba sus poderes y títulos para ocuparlos, 
y así le requería que se la dejase en paz, pues no le 
pertenecia y de lo contrario le iría muy mal. Y co- 
mo Cortés no tenía la mayor satisfacción de los títu- 
los eon que procedía, después de apurar las súplicas, 
escribió a Narvaez pidiéndole que se viesen solos con 
poca gente, a cuyo fin iría a donde le señalase, y que 
si no la aceptaba le dejaría á Méjico, y quedándose 


(1) Herrera, dicho libro capitnlo XX. 

(2) Signe Herrera al capítulo XXI y siguientes hasta el III del libro 
X; y Solís, libro V, capítulos IX y X. 


320 TEATRO CUBANO. 


con trescientos hombres se iría á conquistar otra 
tierra. 

X. Obstinado Narvez en no admitir partido, obli- 
gó á que saliese Cortés de Méjico con parte de su gente 
dejando resto de ella. Tomó algunos indios en Thascala 
y acercado á Zempoala, apuró los medios de la conci- 
liación, que fueron igualmente inútiles. No por ello se 
olvidó de las prevenciones de gueriu, antes, como cuer- 
do y avisado se valió de la satisfacción con que el con- 
trario la menospreciaba para ganar terreno hacia su sitio 
y avenüy ar en la industria, lo que no podia en el núme- 
ro desigual de solo doscientos soldados^ mientras 
Narvaez, necio y descuidado le imitaba con su ter- 
quedad y animaba con su descuido. Llegó éste a tan- 
to grado, que hallándose con su enemigo a las pueitas, 
dormia sobre su necia satisfacción, y la de una noche 
tempestuosa, cuando sin detenerse Cortés en esta cua-* 
lidad le acometió, venció y apresó perdiendo en la 
resistencia un ojo, que no lo necesita el Oenei*al á 
quien no sirve para velar, aún después de deberlos te- 
ner mucho más despiertos con la memoria de lo ocurrí- 
do en la provincia de Bayamo de la isla de Cuba. El 
ejército de su contemplación, cedió con poca resisten- 
cia á el de Cortés a que estaban desde antes, muchos 
de sus ánimos, y procurando ganarlos todos, se quedó 
con este ventajoso refuerzo, que bien lo necesitaba 
para seguir su conquista. Este fín tuvo la ruidosa 
expedición de Pánñlo Narvaez, comprobando los altos 
juicios de Dios, con que dá salud y fomento por ma- 
nos de aquellos enemigos que más lo aborrecen. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 2^1 


Nota A.— PAg. 214. 
CREACIÓN DE UNA AUDIENCIA EN SANTO DOMINGO, 

LA PRIMEKA QUE SE ESTABLECIÓ EN LOS DOMINIOS ESPAÑOLES DE AMERICA. 

Priineraiuente sus Altezas proveerán fasta en número de tres oidores qne 
sean las personas qne fueren servidos de nombrar, con tal que tengan algún 
grado onjure civil é que no pasen ni bajen de tres en número, los cuales 
hayan siempre de estar y residir en la ciudad de Samo Domingo, para que 
iodos los días de la semana se junten con el Almirante, es á sal)er: los lunes 
á entender y platicar las cosas tocantes á. la gobernación de aquellas partes, 
y el sábado en las cosas do la hacienda, y todos los otros dias en las cosas 
de la justicia. 

ítem todas las cosas que fueren propuestas <^ j)lat¡cadas en las dichas 
juntas, serán proveidas y despachadas según que los más votos acordaren, 
para lo inial cada oidor tema tan solamente un voto, y el Almirante por el 
consiguiente otro. Pero si por ventura se ofreciese caso en ípio los votos 
estuviesen parejos, en tal caso so pornian en efecto acpiello de cuyo voto é 
parecer fuese el dicho Almirante,* y fuera de las dichas juntas v sin sor vo- 
tado como dicho es, ninguna cosa so podrá dotenninar ni proveer do cual- 
-quier grado ó calidad que sea. 

ítem que por los dichos votos se elija uno ó dos secretarios del audiencia 
(pie tengan tres libros: el uno para las cosas de la gobernación, otro para la 
justicia y otro para la hacienda en que en suma escriba lo que en cada au- 
diencia fuero propuesto y lo que sobre ello fuere determinado, al fin de lo 
cual firmarán aquellas personas por cuyo voto se determinó, para que sus 
Altezas puedan sor mejor informados de lo que so hiciere, y para evitar par- 
ticulares y falsas informaciones que se podrían hacer diciendo ó negando 
haberse proveído por su voto la tal cosa, mayormente que por esta via im 
sempitemum habni razón y memoria do lo que en acpiellas partes fué con- 
sultado y proveído. 

ítem (jne para todos é cada cual de los oficios, así de gobernación y re- 
gimiento como de cualquier otra calidad c forma que sean que en aquellas 
partes agora ó en algún tiempo sea necesario proveer, el dicho Almirante y 
oidores elijan tres personas, ó sus Altezas nombres y provean el uno dellos 
<pio más fueren servidos, que tenga el tal oficio, ecepto que sus Altezas po- 
drán proveer libremente de obispados é dignidades eclesiásticas, y los di- 
chos oidores y jueces de residencia, y fundidores y mercaderes y alcaides y 
teíororos y contadores y fatores y veedores, y el dicho Almirante podrá asi 
mismo libremente proveer ó poner sus lugartenientes é oficiales para la ad- 
ministración de la justicia civil é criminal, así en la tierra por razón de Vírey 
é Gobernador, como en las costas tocantes á la mar por razón de Almirante, 
sin que haya ni pueda haber otra justicia algima ordinaria ni de cualquier 
otra forma, salvo el dicho Almirante y oidores y los que como dicho es él 
así criare. 

ítem que los dichos Almirante y oidorea podrán repartir tierras y sola- 
res é aguas á los vecinos é gentes quo en aquellas tierras estuvieren, y así 


222 TEATRO CUBANO. 


mismo si se hobiere de hacer re|>arti miento de indios los repartirán por la 
forma é modo qae sns Altezas lo enviaren á mandar, ó no otra persona al- 
guna. £ si sus Altezas por especial mandamiento v cédula quisieren hacer 
gracia ó merced á algunas [lersonas, así de tierras como de indios ó oíicios ó 
otras cualesqnier cosas, han de ir las tales mercedes dirigidas á los dichos 
Almirante y oidores para que ellos en su Real nombre pongan en )K>sesion 
de la dicha merced á la tal persona, y el secretario de la audiencia tomará 
razón y asentará en un libro todas las dichas cartas de merced y dará una 
provisión de los dichos Almirante é oidores á la tal ])erBona para que sea 
puesto en la posesión incor]K)rando en ella la dicha carta de merced que sus 
Altezas hobieren hecho, la cual irá sellada con el sello de que el dicho Al- 
mirante tiene hecha merced. E si ^i caso sus Altezas enviaren á otras 
islas é tierras de no estuviere la dicha audiencia, algimos mandamientos <* 
cartas de merced, que en tal caso vayan dirigidas al dicho Almirante y oido- 
res ó al lugarteniente de la tal isla ó provincia y no á otra persona alguna, 
el cual obedecerá y cumplirá la tal merced ó mandamiento: y si fuere mer- 
ced, aquel á quien fuere hecha será obligado dentro de un año á la ir á re- 
gistrar, d traer una provisión del dicho Almirante y oidores, expedida por 
la forma que fue dicha, é donde no la trajere, el tal teniente le podrá quitar 
la posesión fasta tanto que la traya; é si fuere mandamiento, así mesmo el 
dicho teniente lo obedecerá y cumplirá, é con el primer navio que de la tal 
tierra para Santo Domingo partiere enviará un traslado autorizado para que 
se ponga en el dicho libro de las mercedes y mandamientos, y para que sf)- 
bre ello el Almirante y oidores provean lo que vieren ser servicio de sus 
Altezas. 

ítem que todas y cualesquiera personas que en las dichas Indias tienen 
acción 6 posesión é merce<l de algún solar ó tierra (> heredamiento, ó otea 
cualquier posesión ó merced de oñcio ó beneficio, sea obligado dentro de un 
afio después de la notificación desta carta en la cibdad de Santo Domingo 
fecha, á sacar una carta de confirmación por la forma en el supra próximo 
capítulo contenida, so pena de perdimiente de tal oficio ó heredamiento que 
quedará á merced de sus Altezas. 

ítem que si los dichos mandamientos é cartas é mercedes que sus Alte- 
zas enviaren é fioieren, pareciere al dicho Almirante y oidores que deben 
de ser obedecidas é no cumplidas fasta no consultar con sus Altezas é fasta 
tanto que hayan sobrecarta dello, dada en respuesta de las causas é razo- 
nes que les movió á lo consultar con sus Altezas, que lo puedan, hacer, y 
por el consiguiente los dichos tenientes de las otras islas é tierras podrán 
obedecer é no cumplir fasta haber enviado al dicho Almirante é oidores las 
razones que á ello les mueven, lo cual han de enviar con el primer navio 
que fuere á Santo Domingo para que le envien á decir lo que le cumple al 
servicio de sos Altezas que se haga. 

ítem que si al dicho Almirante é oidores pareciere que conviene al ser- 
vicio de sus Altezas ir el dicho Almirante ó alguno dellos á visitar alguna 
isla ó tierra fuera de la dicha isla Española, que la tal persona que raeré 
haya de llevar una instrucción del dicho Almirante y oidores por la cual se 
haya de regir, é si viese que en algo cumple esceder ó menguar de lo en ella 
contenido, que lo pueda hacer con tanto que con el primer navio lo haga sa- 
ber al dicho Almirante y oidores para que sobre ello acuerden por sns votos 


lONAClO J. DE ÜRRÜtlA. ^23 


y provean lo que mas fuere servicio de sus Altezas, y lo mesmo será y se 
entienda que han de hacer cualesquier tenientes de Gobernador que hobiere 
en todas aquellas islas é tierras. 

ítem que los oñcíales de SS. AA. así como tesorero é contadores, factores 
y veedores, se juntarán cada sábado con el dicho Almirante y oidores para 
platicar é dar cuenta, cada cual de lo tocante á su oficio, y pornán en efec- 
fecto aquello que por el dicho Almirante é oidores les fuere dichoj é los 
otros oficiales que estuvieren en las otras islas é tierras fuera de la Española 
serán obligados á juntarse una vez cada semana con el teniente de la tal isla 
ó tierra para entender é platicar en lo mesmo, é con cada navio que de la 
tal isla ó tierra á la Española viniere serán obligados de juntamente con el 
dicho teniente escribir al dicho Almirante é oidores todas las cosas que en 
la hacienda hobieren sucedido para que ellos envíen á proveer lo que vieren 
ser servicio de sus Altezas, y lo mesmo del escribir fara el dicho teniente en 
lo tocante á su oficio de justicia é gobernación porque de todo el dicho Al- 
mirante é oidores tengan entera noticia y pnedan hacer relación á sus 
Altezas. 

ítem que el dicho Almirante é oidores no puedan oir de primera instancia 
salvo que las apelaciones que se interpusieren de los alcaldes vayan á los 
tenientes del dicho Almirante, é de aquellos vayan al dicho Almirante é 
oidores, los cuales puedan llevar á debida ejecución lo que do justicia halla- 
ren é determinaren sin que haya apelación otra alguna por evitar dilación, 
ecepto que si el condenado quisiere el traslado autentizado de su proceso, 
que le sea dado para que se pueda presentar con él ante sus Altezas 6 Real 
Consejo por via de denegada justicia para que sus Altezas puedan ver si 
fné agraviado é mandallo remediar como su servicio fuere 

. ítem que cada y cuando que á sus Altezas pareciere ser necesario é 
cumplidero á su servicio, puedan enviar á tomar residencia á los dichos oi- 
dores é tenientes é otros cualesquier oficiales del dicho Almtrante, escepto 
á su persona por la dignidad de su oficio de Virey, al cual no se podrá sus- 
pender la ejecución de su oficio y preeminencias, ecepto que le puedan po- 
ner demandas de cosas mal llevadas 6 de lo que sin acuerdo de los oidores 
hobiese hecho; y durante la dicha residencia que á sus oficiales se tomare, 
él podrá poner otros oficiales en lugar de los que hicieren la tal residencia 
por ser sus oficios perpetuos; y el que la fuere á tomar no tema mano en 
las cosas de la gol)emac¡on ni jurisdicción ordinaria, mas de proceder con- 
tra las dichas personas á quien la toma, y la ejecución de sus sentencias 
cometellas á los otros oficiales que el Almirante habrá puesto. Pero si sus 
Altezas fueren servidos (pe el dicho juez de residencia con otras dos perso- 
nas Bucudan en el lugar de los dichos oidores que hicieren residencia, é que 
juntamente con el dicho Almirante prosigan en las cosas de gobernación y 
administración de justicia, que esto quede á voluntad y mandamiento de 
SS. AA. con que las tales personas sean por la forma é calidad que en el 
primer capítulo fué dicho que habian de ser las oidores, é procedan según 
que ellos habian de proceder. 

ítem que ninguno de los dichos oidores pueda tener el dicho cargo más 
de tres anos, ni pueda del ser otra vez proveído hasta que pasen otros tres 
fü&os después de haberlo d^ado, salvo con expresa merced de SS. AA. y 
con consentimiento del dicho Almirante. 


224 TEATRO CUBANO. 


Iteui que todos los dicbos ayantamientos se hayan de hacer en casa del 
dicho Almirante por la dignidad de Virey, é qne siél por ocupación ó aa- 
Hcncia ó enfermedad ú cualquier otra cansa que se le ofreciere por do no se 
püCiUi hallar prei>eute con los oidores á los dichos aynntamienlos v cGost- 
jos^ que pueda poner é señalar una persona en su lugar, el cual tenga aqoel 
lugar V autoridad y voto y to<lai* las otras preeminencias qne temia la per- 
sona del dicho Almirante si presente fuese, las cuales dichas gracias y pree- 
minencias (pie al dicho Almiíante se han de guardar, demás de las espre- 
smlaif serán aquellas que tienen 6 tovieren los Vireyes de Castilla y 
Presidentes del Ueal Consejo de SS. AA. 

ítem que si alguno ó algunos de los dichos oidores enfermare de enfer- 
UHMlad que no pueda entender en negocios, 6 muriere, que en tal caso el Al- 
mirante pueda con el que quedare ó que<laren proseguir en el uegodo ó ne- 
f rocíos que en est^) asiento se consierta hasta que SS. AA. provean otn>s en 
ugar de los muertos, 6 los (pie estuvieren enfermos sanen. 

I tem (|ue todas las provisiones é mandamientos qne se despacharen por 
el dicho Almirante ú oidores digan: Yo Don Diego Colofi Almirante^ Vüvif 
é Gobernador de las Indias por SS, AA. con acuerdo y parecer de su Beal 
Audiencia que en esta ciudad de Santo Domifigo residen^ en el dicho nombre 
dr SS, A A, mando etc. Las cuales irán firmadas del dicho Almirante y re- 
frendadas del secretario de la audiencia y selladas con el sello de sus Al- 
tezas que el dicho Almirante tiene, siendo primero vistas y señaladas en las 
espaldas de unos de los oidores y del que tuviere el registro en que han de 
quedar asentadas todos; é si el Almirante estuviere enfenno firmarían todos 
los oidores y el teuieute del dicho Almirante. Y así mismo las provisiones 
y cédulas O cartas é iiierC'edes que SS. AA. á aquellas dichas partes envia- 
ren, dirán: A D, Diego Colon nuestro Almirante^ Vircy y Gobernador de las 
Indias f y á los de la nuestra Audiencia que residen en la ciudad de Santo 
Domingo, 

ítem que todo lo dicho y contenido en este pacto y sentencia no solo se 
entiende que ha de ser fecho y esecutado en la isla Espigóla y en las otras 
comarcanas, mas en todas las islas 6 tierras que estÁn al occidente de una 
raya «¿ue pasa cien leguas sohre las islas de los Azores y del Cabo Verde de 
sententrion (1) en austro, de polo á polo, la cual so limita ó señala en un 
pi^evillejo dado i)or los Cat<Slicos Ileyes Don Femando y Doña Isabel qne 
en gloria sea, al primero Almirante, en la ciudad de Barcelona año de no- 
venta y tres (2) y confinnado en Burgos año de noventa y siete. (3) 

ítem que el (ficho Almirante haga y tome la d(Scima parte de todo el oro 
d plat4i y joyas 6 mercaderías é especerías é rentas é otras cosas é provechos 
que SS. AA. por cual<|uier via é forma bebieren, y en todas las dichas tier- 
rm dentro de los dichos límites contenidas les perteneciere, sin eoeptar ni 
sacar cosa alguna, ecepto de las penas de la cámai'a (* diezmos é primicias 
eclesiásticas. 

ítem así mismo el dicho Almirante h^ya de tomar y llevar la ochava 
parte qne¿lo pertenece por sus privilegios de todo el oro, plata é joyas ó es- 

(1) Asfelnií. 

(2) 1493. 

(3) 1497. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 226 


peceñas y mercaderías, y rentas y provechos é otras cosas que SS. AA. por 
cualquier vía 6 forma hobíeren é les pertenecieren en todas las dichas tier- 
i-as dentro de los dichos límitcB contenidas sin eceptar ni sacar cosa alguna 
como dicho es en el superior capítulo 

ítem que el dicho Almirante pueda contribuir cada é cuando que quisie- 
re en la ochava parte de todos los gastos, armazones é mercaderías é tratos 
que se le llevaren é contrataren é hicieren en las dichas Indias, así de las 
libres como de las reservadas á SS. AA., cada y cuando que las mandaren 
cargar 6 hicieren merced que las carguen otras personas. 

ítem el dicho Almirante pueda llevar y lleve todos los derechos é sala- 
ríos que le peitenecen por su ofício de Almirante dentro de los límites del 
dicho su almirantazgo por la forana y manera que lo han llevado y llevan 
los Almirantes de Castilla, pues le pertenece por sus privilegios. 

ítem que al dicho Almirante se le hayan de señalar salarios para sus lu- 
garestenientes que en cada isla ó provincia fuere necesario ponerse como en 
sus privillejos se contiene, los cuales dichos salarios les hayan de señalar el 
dicho Almirante é oidores habiendo consideración á las tieiTas donde esto- 
vieren y á los gastos que en ellas hicieren porque no tengan causa de so- 
bornar ni robar con los dichos oficios, los cuales dichos salarios le sean pa- 
gados por sus tercios de las rentas que SS. A A. tuviei'eii en las islas 6 
provincias ó tierras donde residieren. 

ítem que al dicho Almirante demás del salario que le está señalado pa- 
ra sn persona, le sean pagadas por la fornm é manera que hasta aquí se le 
pagaba, la gente de caballo é de pié que él tenia para honra é compañía de 
su persona, é autoridad de los oficios qiie por SS. AA. tiene. 

ítem que le senu vueltos los indios (pie le estaban señalados y agora le 
quitaron en las islas Española é Cuba, é Jamaica ú San Juan, que para 
ayuda de los grandes gastos que en a^piellas partes hay, tenia: y que si los 
indios no se le volvioren, que se haga información en cada isla de lo que 
podrían rentar cada auo I oh dichos indios y acpiello le sea situado por sus 
tercios. 

ítem que los ofíciales de la casa de la contratación de Sevilla 6 cuales*, 
quier otros que en la flicha ciudad ó en otro lugar de estos reinos de España 
entendieren en la negociación de las Indias y en lo tocante á los pleitos y 
(*Husa6 {)or el tal comercio é trato emanadas, no puedan entender en cosa de 
hacienda ni oir ó librar pleito ni causa alguna, ni llevar é poner en esecn- 
non cosa de ello, sin (pío esté juntamente con ellos una persona puesta por 
la mano y en nombre del dicho Almirante, el cual tenga igual voto é pare- 
cer en todas las dichas cosas en que entendieren como cada cual de los di- 
chos ofíciales é como si por mano de SS. AA. fuere puesto é proveido. 

ítem por razón v fuerza del presente contrato é sentencia desde el día 
(pie en Santo Domingo fuere leida y pregonada, el dicho Almirante é oido- 
res podrán remover é quitar todos los oficios de (pie arriba es fecho men- 
ción é proveerlos por la forma que está dicha, é lo mesmo farán SS. A A. y 
el dicho Almirante en los (pie particularmente les fueron reservados. 

ítem (|ue si ademas de lo aquí contenido, expi'esado é declarado y seo* 
teuciado hobiere ocurrido alguna cosa que pertenezca á SS. A A. 6 al dicho 
Almirante por razón de sus privillejos, que quede el derecho de ambas las 
partes á salvo para le poder en todo tiempo y sazón sin que se pueda 

Tomo II. 29 


226 TEATRO CUBANO. 


decir ni alegar que ha prescrípto ¡lor falta de )>oscsion 6 diligencias de Jure 
necesarias con tanto qne no sea en peijuicio ni qnebrantamiento de lo en 
esta sentencia contenido, por cuanto todo ello y C4ida cosa é parte del lo La 
de ser rato y válido im sempit/rnum: é todos los descendientes é snoetitore.^^ 
de SS. AA. é del dicho Almirante son é serán obligados á guardar é poner 
en efecto todo lo suso contenido para siempre jamas, sin que pueda ir ni de- 
cir ni alegar cosa contra ello ni parte de ello. 

Bt documento que si gu<*, copia4(i por D. Martín Fernandet Nararrete del arehiro del 
Kxcmo. Sr. Duque de Veraguas, parece minutA de uo aiiienlo entre el Almirante D. Dieg'i 
Colon y el Rey C»t4Slico para qne «e creare una audiencia en la isla EspaHola, y para otra? 
coeaa tocantes á dicho Almirante. 


REAL CÉDULA DE FERNANDO V. 

dada en Burgos á fí de octubre de 1511, creando una audiencia ett Sfinto 
Domingo, 

Don Femando por la gracia do Dios Rey de Aragón é de las dos Se- 
(nlias, de Jerosalen, de Valencia, de Mayorcas, de Cerdeña, de Córeíega, 
i'onde de Barcelona, Señor de las Indias, islas c tieiTa finne del mar Oocéa- 
no, Dnque de Atenas é de Neopaíria, Conde de Rnisellon v de Cerdania, 
Marqués de Oristan é de Gociano. Al príncipe I). Garlos mi muy caro y 
muy amado hijo é nieto, é á los Infantes, duques, perlados, condes, mar- 
queses, ricos ornes, maestres de las órdenes, é á los del Cousejo, oidores de 
las audiencias, alcaldes de la casa é corte é chanci llenas, 6 al vos el nuestn» 
Almirante mayor de las Indias, é á todos lus consejos, corregidores, asisten- 
tes, alcaldes é otros jueces ajusticias cualesquier, ausi de las dichas Indias 
como de las otras cibdades v \nllas é lugares destos reinos é señoríos, é h 
cada uno é cuahjuier de vos eu vuestros lugares é jurisdicciones, á quien esta 
mi carta fuere mostrada ó su traslado signado de escnbano público, salud y 
gracia. S^pades «pie yo entiendo ser cumplidero á mi servicio d la buena 
administración de la mi justicia en las dichas Indias, é por escnsar los muchos 

fastos é expensas que los vecinos é moradores é estantes en las dichas In- 
ias han fecho hasta acjuí en venir eu grmlo de apelación por cualquiera can- 
tidad que fuese, é los qne farían si no se remediasej queriendo reme<liar y 
proveer sobre ello de manera «pie nuestros siibditos alcancen cumplimiento 
de justicia é no gasten sn tiem^M» é faciendas en pleitos, mi merced é volun- 
tad es que en las dichas Indias haya un juzgado é audiencia en la cual estén 
é residan en cuanto mi merced é voluntad fuere, tres buenas personas qne 
sean letrados é de muy buena conciencia, los cuales así en lo ordinario como 
en lo decisorio tengan é guarden la forma y orden siguiente. 

Primeramente ordeno y mando que en las dichas Indias estén é residan 
eu la dicha audiencia las dichas tres personas, las cuales por agora é eu 
cuanto mi merced é voluntad fuere sean los Licenciados Marcelo de Villalo- 
bos é Juan Ortiz de Matienzo é Lúeas Vázquez de AJyon, los cuales se lla- 
men é intitulen jueces de la audiencia y juzgado qne están é residen en las 
dichas Indias, é estos residan en la villa de Santo Domingo ó en otra parte 


IGNACIO J. DE URRÜTIA 227 


de la dicha isla Española donde á ello8 inej(»r vi^tn Inere stíguii las oonciir- 
rencias de los negocios. 

Otrosí ordeno y mando «jiie los dichos jueces se hayan de juntar é jun- 
ten a hacer audiencia todos los dias ijue no fueren fiestas, é estén haciéndola 
todo el tiempo que vieren que hay necesidad para despachar los pleitos é 
cabsas (pie ante ellos vinieren, sobre lo cual les encargo sus conciencias, é 
«lue tollos tres se junten á lo susodicho; pero si alguno dellos estuviere ab- 
senté ó justamento impedido, mando tjue los dos dellos siendo conformes é 
no menos pnedan despachar 6 despachen definitivamente los pleitos, nego- 
cios c cabsas que ante ellos estuvieren pendiente.'>, pero que el uno dellos 
si los otros estovieren absentes ó legítimamente impedidos pueda hacer los 
autos de los dichos procesos é causas fasta la conclusión dellas. 

Otrosí ordeno é mando que los dichos jueces hayan de despachar é des- 
pachen las cartas ejecutorias que dieren, é otras cartas (pie son postrimeras 
en qne se fenecieren los pleitos é cabsíis que entre (1) ellos estuvieren pen- 
dientes, ^r Don Fenumdo é Dami JuanUy é ipie vayan selladas con nuestro 
f=^elh> que mandaremos poner en las dichas Indias, é (pie las otras cartas é 
mandamientos que los dichos nuestros jueces dieren que no fueren de la ca- 
lidad sobredicha, se despachen poniendo en la cabeza de las dichas cartas é 
mandanjientos: Nos los jueces de la Audiencia é juzgado que está é reside en 
las dichas Indias efe. Esto mismo mando ípie haga el nuestro Almirante 
qne es <> fuere en las dichas Indias, sin embargo de cualquier costumbre 
que fasta aquí haya tenido de librar é ponerlo de otra manera 

( )tro8Í ordeno y mando que los pleitos sobre servicios <' cosas peiiueñas é 
semejantes destas los dichos jueces é las otras justicias de las diííhas Indias 
procedan sumariamente según la calidad de la cabsa lo requiere, é que en 
los casoB que fueren de otra calidad los dichos jueces de la audiencia de las 
dichas Indias procedan por via ordinaria C4m)o jueces ordinarios guardando 
así en lo ordinario como en la decisión é determinación de las (;absas la ma- 
yor é mas brevedad que ser pueda. 

Otrosí ordeno y mando que los dichos mis jueces puedan conocer é co- 
nozcan de todos los pleitos, así civiles conit» cnminales que Sím 6 fueren so- 
bre ca«> de corte por primera instancia. 

Otrosí ([oe los dichos mis jueces de la dicha audiencia puedan conocer 
en grado de apelación de todas las cabsas criminales de las dichas Indias é 
determinar en ellas en el dicho grado de apelación lo que fuere justicia, é 
que si de lo que los dichos jueces sentenciaren en las dichas causas cnmi 
nales fuere apelado ó suplicado, que haya lugar la dicha apelacien é supli- 
cación para ante ellos mismos, é que lo que por ellos ó por los dos de ellos 
siendo conformes fuere determinado en grado de revista se guarde é c umpla 
é ejecute sin embargo de cualquiera otra apelación ó supHenciou <pie dello 
se interponga. 

Otrosí <pie los dichos jueiies de la dicha audiencia puedan conocer é co- 
nozcan en el dicho grado'de la apelación de todas las causas civiles que 
ante ellos vinieren de cnalesquier jueces é justicias de las dichas Indias, é 
í|oe la sentencia ó sentencias que los dichos jueces diei-en en los tales neg<í- 


(l) Tñl reí: ante ello». 


228 TEATRO CUBANO. 


cioB, 8Í fueren confínnatorias de lo que los jueces inferiorefl bnbieren deter- 
minado, sean habidas por sentencia en grado de revista; pero que si fueren 
revocatorias de las sentencias dadas por los dichos juei*>es inferiores 6 de lan 
que fueren dadas por ellos en las cansas que pnedan conocer en primera ins- 
tancia, que pueda haber 6 haya de ellas snplicacion para ante los dichos 
mis jueces, los cuales pnedan conoscer é conozcan de la tal oabsa en grado 
de revista. £ mando que de las sentencias é determinaciones que los di> 
choB jneces de la audiencia de las dichas Indias dioren en el dicho grado de 
revista, seyendo de cien mil maravedís abajo, «pie no haya Ingar á apela- 
ción bí suplicación ni otro remedio ni recurso alguno; é si fuere de cien mil 
maravedís arriba, agora hayan conoscido en primera instancia (> en grado 
de apelación, que la parte qne se sintiere agraviada pueda apelar si quisiere 
para ante los del Consejo Real destos reinos de Castilla 6 no para ante otro 
jnez alguno. 

Otrosí ordenó é mandó que el termino que los dichos jneces dieren para 
probar en cnalesquier cansas qne ante ellos pendieren en que se hobiere de 
hacer la probanza en las dichas Indias, sean arbitrarías, con t«uto que no 
exedán de lo que está mandado por las leyes c ordenanzas destos reinos; pe- 
ro que si la probanza hobiere de ser en estos dichos reinos ó en otros extra- 
ños fuera de las dichas Indias, que el ténnino que se hobiere de dar para 
la dicha probanza sea de diez meses con tanto (¿ue los dichos mis jueces ha- 
gan depositar á la parte que pidiere el dicho término, las costas é pena, ó 
ñicer el juramento que conforme á las leyes destos reinos é ordenanzas de- 
Uos deben facer aquellos á quien se concede el término nltramaríno, é que 
el dicho término de los dichos diez meses sea habido por término perentorít» 
é ultramarino é no se pueda mas prorogar é alargar, é que esto mismo guar- 
den los dichos jueces é justicia de las dichas Indias cada y cnando hobieren 
de otorgar término ultramarino. 

Otrosí ordeno y mando que en la dicha audiencia haya un escríbano de- 
lta cual Yo é la Serenísima Reina mi hija para ello depntáremos é nombrá- 
remos, ante el cual é no ante otro alguno pasen todas las causas, procesos é 
autos tocantes al dicho ofício, el cual haya é lleve los derechos á su oficio 
pertenecientes por el arancel de estos reinos, creciendo por cada maravedí 
el dicho arancel cinco maravedís. 

Otrosí ordeno é mando que en la dicha audiencia haya é resida nn pn)- 
curador de pobres, el cual haya de ayudar é ayude á todas las personas po- 
bres que quisieren pleitar, así en la dicha audiencia como en las audiencias 
de los otros jueces é justicias de las dichas Indias donde la dicha audiencia 
residiere, el cual haya de salario cada año veinte mil maravedís, los cuales 
mando que se le pagen de las penas de la cámara (pie en la dicha andien- 
oia se condenaren. 

Otrosí ordeno é mando que cada y cuando que los dichos jueces vieren 
qne conviene para alguna causa traer un ejecutor para que cumpla é ejecute 
sus mandamientos; en los dichos casos que lo puedan hacer con tanto que 
no tengan ni críen alguacil ninguno general. 

Otrosí por cuanto según las leyes é pregmáticas destos reinos el que di- 
jere p^se á Dios é otras palabras ¿ofendidas en las dichas leyes é pregmá- 
ticas ha de estar en la cárcel treinta dias, é porque si la dicha pena se eje- 
cutase en las dichas Indias sería echar á perier á muchas personas porque 


IGNACIO J. DE XJRRÜTIA. 229 


todas ellas viven por su trabajo é perderían sus haciendas; por ende ordeno 
é mando que cuando por la causa sobredicha alguna persona hobiere de es- 
tar en la cárcel los dichos treinta días, que en las dichas Indias le hayan de 
poner una conna al pi(^ ó la traiga los dias que al juez de la causa pareciere 
é las otras [K)rsonas que fueren de calidad á quien no se deba echar la dicha 
conna, que pague cada uno cuatro mil maravedís ó mas como al juez que 
conosciere de la causa paresciere según la calidad de la persona que en la 
dicba pena incurríere, los cuales sean para obras públicas de las dichas 
Indias. 

Otrosí por cuanto las penas pecunarias (^ue están impuestas por las leyes 
é f)regmaticas de estos reinos, según la calidad do la tierra () la abundancia 
de oro <pie en ella hay si se hobieson de pagar como en Castilla, son peque- 
ñas; ordeno é mando que los dichos jueces é las otras justicias de las dichas 
indias guarden en el condenar de las dichas penas pecunarias las leyes é 
pregmáticas destos reinos, creciendo cinco maravedís por cada maravedís de 
la dicha condenación, é que no arbitren las dichas penas ni las muden mi 
mas que lo que el derecho manda 6 dispone. 

Otrosí ordeno y mando que los^dichos jueces de la dicha audiencia, ó á 
lo menos los dos de ellos, vesiten el sábado de cada semana la cárcel 6 cár- 
celes de la ciudad, villa 6 lugar donde residieren, é sepan como se hace é 
administra la justicia á las personas que estuvieren presas en ellas, é provean 
é reme<lien como la justicia se administre brevemente á los dichos presos é 
no se les haga agravio alguno. 

Otrosí por cuanto según las leyes de estos reinos no se puede hacer re- 
partimiento alguno que suba de tres mil maravedís arriba en ninguna ciudad 
villa ni lugar sin mi licencia é mandado, é porque la dicha cantidad es pe- 
queña para las dichas Indias; ordeno é mando que el consejo de cualquier 
ciudad, villa 6 lugar pueda repartir sin mi licencia ó mandado, habiendo pa- 
ra ello necesidad, cincuenta mil marave-dís en lugar de h)s dichos tres mil 
maravedís: é porque podrá ser ipie hobiese tal necesidad ([ue fuesen menes- 
ter mas, é por no los poder repartir sin mi licencia é por el mucho tiempo é 
costa que se recresc^ria en venilla á |)edir, podria venir nmcho dapno en la 
dicha isla; por ende é por la presente doy poder é facultad á vos los dichos 
jueces de apelación para (¡ue constándoos'tener necesidad^los pueblos de 
mas repartimiento de los dichos cincuenta mil maravedís, podáis darles en 
mi norabre^licenoia f>ara repartir otros cincuenta mil maravedís sobre los 
otros cincuenta mil cpie yo les doy licencia por este capítulo. 

Otroflí ordeno ó mando /|ne el , dicho nue?tro'*Al mirante de las Indias é 
los otros nuestros jueces é justicias dellas guarden é cumplan'é'hagan guar- 
dar é cumplir, así en el conoscimiento de 1 as^l i chas ^causas ^ como en la ^eje- 
cacion de la justicia, todo lo contenido en esta nuestra carta é ordenanzas 
sin embargo de cualquier po^ler^tjue vos el dicho nuestro Almirante^ tengáis 
de otra manera, é de cualquier uso é costumbre ciuo en contrario tengáis de 
e«to. 

Porque vos mando á todos é á cada uno de vos que veades las dichas or- 
denanzas que de suso van incorporadas é cada una de ellas, é las gnardedes 
é camplades é ejecutedee é fagades guardar é cumplir é eseoutar en todo é 
por todo según que en ellas é en cada una se contiene, cada uno en lo que 
le toca é atañe, é libredes é determinedes los dichos pleitos é causas é negó- 


380 TEATRO CUBANO. 


cioB que de aquí adelante ante vosotros viniei'en en lat» dichas indias, asi en 
lo ordinario como en lo decisorio é en la ejecución dello, por el tenor é dis- 
posición de las dichas ordenanzas é de cada una dellas, ó contra el tenor 
dellas ni de ninguna dellas no vayades ni pasades ni consintades ir ni pasar 
eo tiempo alguno por alguna manera. E porque venga á noticia de todos, 
meando que se ponga un traslado de estas^ mis onlenanza'; en la casa de la 
andiencia é juzgado donde vos los dichos nuestros jueces estuviéreíles. E 
los unos ni los otros non iagades ni fagan ende al \}oy alguna nmnera so pe- 
na de la mi merced é de cincuenta mil maravedís para la mi cámara á cada 
uno por quien fíncare de lo así facer é cumplir. Dada en ciudad de Bur- 
gos á cinco dias del mes de octiibre año del nascimiento de nuestro Salva- 
dor Jesu Cristo de mil é quinientos é once años — Yo el Rey — Yo Lope 
Cnnchillos secretario de su Alteza la fice escribir jior su mandado— Alférez 
— Liceutiatus Zapata — Licentiatus Mugica — Dm'tor Carvajal — Fernandus 
Licentiatus — Licentiatus de Losa. 

En las espaldas de la dicha carta original estaban los nombres siguien- 
tes: Registrada — Oviedo — Oviedo })or Chanciller. 

Copiad» por D. Martin Fernandea Navarrete da an manuscrito de letra coetánea, qae •« 
halla en el arahiro del Exemo. Br. Daque de Veregaas. 


Nota B.— PAg. 214. 


PARECER 

que dio el Licenciado Afilón en la ishi Fernandina al adelantado Diego Ve 
lazquez sobre el armnda que habiu aprestado ¡Hira enviar contra Fernan- 
do Cortés, 

El parecer que yo el licenciado Aiyon di en la isla Fernandina al ade- 
lantado Diego Velazqnez de lo que se debia hac«r de la armada que tenia 

presta para Femando Cortés, después de haber mandado como ( 1 ) 

lo qne por la relación que á V. M. se envia^ verá, es el siguiente. 

Por cnanto paresce que de se deshacer esta armada que estaba, el ade- 
lantado recibiría mucho daño é pérdida: que tiene gastada mucha sama de 
dineros, así en sueldos como en navios é bastimentos é otras cosas, é 8. M. 
del Emperador nuestro Señor no es servido que lo gaste do manera que lo 

f mierda, sino qne tenga muy aprovechado, especialmente pues con tanta vo- 
untad ha gastado é gasta en su Real servicio todo lo que tiene, é también 
porque por la mayor parte han gastado muchos de los que vienen para ir 

(1) Haj aquí unas palabras borradas qae no ee pueden leer. 


1 


Ignacio j. de ürrutíá. 231 


en el annada, .parésceme que quedándose la gente necesaria en la Isla é los 
indios de ella, é cumpliéndose lo demás segund é como en el mando que al 
adelantado hice se contiene, se debe hacer lo siguiente. 

Lo primero que el dicho adelantado envió si quiere, dos o tres navios á 
la dicha tierra donde está Hernando Cortés con bastimentos con sola la 
gente que fué ( 1 ) menester para marinar los dichos navios é vender é re- 
partir los dichos bastimentos. En enviar los dichos bastimentos se hace 
servicio á su Alteza porque aquella gente no pase necesidad, pues está cla- 
ro que teniéndola lo han de tomar á los indios, é de esta se ha de seguir al- 
teración de los dichos indios 6 por consiguiente otros muchos daños é incon- 
venientes; é los dichos bastimentos se venderán c aprovecharán. E así 
mismo me parece que no será inconveniente que en los mismos navios el di- 
cho adelantado envíe si quisiere una 6 dos personas muy cuerdas con poder 
suyo é las provisiones que de S. M. del Emperador tiene, para que de parte 
del adelantado hablen á Femando Cortés y á algunos de los que con él es- 
tán, lo que paresdere, é pacíficamente presenten las dichas provisiones Rea- 
les é pidan que sean obedescidas é resciban el cumplimiento 6 respuesta 
de ellas, é fagan todo aquello que al dicho é justicia del dicho adelantado 
convenga sin aclaración ninguna, pues sino lo obedesciere, para entonces ó 
muy en breve su Alteza habrá proveído. 

Otrosí que el dicho adelantado envié los navios que le paresciere con la 
gente que en la Isla no ha de hacer falta, conforme á lo susodicho, á des- 
cubrir por la dicha tierra adelante todo lo que se pudiere descubrir, é que á 
esto propósito demás de enviar muchos mantenimientos envié una persona 
por capitán, muy cuerda y muy sabia é de confianza (2), para que lo que 
descubriere procure de lo dejar muy pacífico, é traiga toda la relación é 
muestras que ser pueda, é haga bastecer de mucha clavazón é jarcia é esto- 
pa é de calafates, de algún caqiintero de ribera, porque por falta de los na- 
vios no se deje de descubrir, antes se descubra si conviniere, aunque los na- 
vios estén mal acondicionados, pues con el aparejo suso dicho podrán hacer 
navios de nuevo para la vuelta, necesario siendo, y esto es cosa en que S. M. 
del Emperador nuestro Señor se le hará muy grand servicio y el adelantado 
acrescentará mucho en las mercedes que su Alteza le tiene fechas, é le hará 
otras dfi nuevo, é será quitar la ocasión á algunos que han empezado á que- 
rer continuar á descobrir por la dicha costa é tierras, é descobrirsehá todo 
por una mano sin que haya diversidad de capitulaciones é jurisdicciones é 
cargos, de lo que su Alteza será mas servido, é se excusarán daños é incon- 
venientes adelante. E por cuanto para el tiempo que la dicha armada ven- 
ga de descubrir, ya en lo de la tierra do está Fernando Cortés, S. M. habrá 
mandado proveer lo que su servicio será, 6 ya el adelantado estará en pose- 
sión pacífica de sus mercedes, parésceme que se le debe mandar al dicho 
capitán é gente cuando vol viere de descubrir, vuelvan á la dicha tierra do 
a^ora está Femando Cortés y á la sazón estará el dicho adelantado ó tema 
proveído é mandado lo que han de hacer, porque si conviniere la gente que 
viniere de descobrir se quede allí á poblar con los que en la dicha tierra es- 
tarán, y envien al dicho adelantado la relación é muestra del dicho vi^je 

(1) SÍB dii<U:/M«re. 

(2) El original lolo dtee; £ eonfianua. 


232 TEATRO CUBANO. 


para qae pueda informar á sn Alteza é proveer lo que á su Beal serricío le 
paresciere qne conviene. Y tal tierra é aparejo paeden topar los qae fue- 
ren á descubrir, qne si al capitán pareciere que allí debe empezar á poblar 
é conven^ hacerse, lia de llevar comisión para lo hacer é enviar con pres- 
teza la relación porque se sepa e le provean de lo necesario. 

Otrosí porque al presente están ochenta hombres en la isla de Cozumel 
que uno de los navios de esta aunada, que con la tormenta se departieron, 
que aportó á la dicha isla, dejó en ella, si paresciere que algunos de aquellos 
pues se dice que tiene principio de pueblo y están á voluntaii de los indios, 
deben quedar á poblar en la dicha isla habiendo de que se mantener sin que 
á los indios hagan daño, que conserven su amistad; parésceme que convida 
que quedasen allí, é aunque se hiciese una fuerza, pues en la tierra hay 
aparejo {)ara lo hacer los indios, é aprovecharía esto mucho, aunque la isla 
es pec|ueña y no se sal>e que en ella* hay riquezas, por estar de barlovento 
de las otras islas é tierra, donde los «pie fuesen é viniesen harian escala, é 
también aprovecharía para com^uistar é pacificar desde allí la Isla de Yuca- 
tan que está comarcana é rebelada , é se tiene noticia que sea buena tierra 
é ríca. 

Pit>veido lo susodicho, quedarán pocos bastimentos de esta armada é po- 
cos navios: de lo que quedare, me paresce i^ue se debe hacer esto, cjne é 
algún navio fuere grande é para navegar á Castilla, se en\de allá para esr 
crebir á S. M. desde aquí é para qne siga el viaje de ir é venir á esta Isla 
ó para^ otras tierras como otros navios hacen, é así no se penierá; é los navios 
petjueSos pueden llevar los Itastinientos que sobraren á los pueblos de esta 
Isla que están puerto de mar s^und los que en cada pueblo fueren menes- 
ter, é se gastarán é allí se venderán é aprovecharán; é los dichos navios pe- 
queños son bien menester para la contratación de la costa de esta isla Fer- 
nandina, é asi los navios é bastimentos se ponen á recabdo é no se perderán 
antes su Alteza será ser>^ido de lo que con ellos se proveyere é hiciere. 

Con esto se hace é provee lo que al servicio del Emperador nuestro Se- 
ñor conviene muy por entero, é el dicho adelantado añade, mucho en sos 
servicios, é se excusaran muchos daños que se pudieran recrescer, é se en- 
tretenía el negocio hasta que el Emperador nuestro Señor mande en todo 
proveer, pues se espera que será muy en breve ó que está ya proveído. — El 
Licenctauo Aiyon. — Al atlelantado Diego ATelázquez en la isla Fem an- 
dina. 


DOS CARTAS 


escritas á S, M. par el Lietnciado Aiyon can fecha de S de Enero ¡^Ade 
Marzo de 1520, dando cuenta tn la primera de hoiierle m^mhradn la 
audiencia de ¡a Española para que fuese á la isla Fernandina á proveer 
que el armada que júntala el Adekmtado Diego Velágques para ir contra 
Hernando Cortés no cerificase su salida; ¡^ enla segunda de haber acor- 
dado con el mismo adekmiado que no pasaría con ella á la tmrade Ülúa 
donde estaba Hernando Cortés^ sino que quedando en la isla Fhuandtna 


lONACIO J. DE ÜRRUTIA. 2d3 


enviaria ¡a armada á descubrir otra tierra nombra/ndo por capitán de éUa 
á Panfilo de Narvaez, 

PKIMSBA. 

Muy alto é may poderoso inviotíaiino Emperador católico Príncipe |^ey 
y Señor nuestro —Yo estaba de camino paia ir á besar los muy Reales pies 
y manos de V. M., y mi ida por et presente cesó ó se dilata por baberse 
ofrecido nn negocio de vuestra Cesárea Magostad en el Ldo» Figaeroa jaez 
de vuestra Alteza y 4 los jueces de la abdiencia y (aciales de Y. M. qoe en 
esta isla residen, les pareció que yo debia ir á servir, y es que despees que 
Diego Velazquez gobernador de la isla Femandina descubrió las islaa y 
tierra de la parte del poniente de aquella isla para saber el secreto do la 
tierra y descubrir en adelante, ^ivió y preveyó una armada y por capitán 
de ella á un Hernando Cortés vecino de aquella isla^ el cual fué, y habi^-r 
do pasado muchos meses que del no se sabia segund por información de 
cartas de Diego Velazquez en esta isla, agora hemos sabido diz que el 
Hernando Coités ha hallado tirara muy rica en aquellas partes, la rdCftcion 
y muestra de lo cual en un navio de los que llevó, envió á V. M. sin dar 
parte de ello ni haber escrípto al Di^o Velazquez: y escriben que en aque- 
llas partes estaban muy fortalecidos: lo cual sabido por Diego Velazquez, 
hizo un armada de todos los navios que pudo haber y la gente que do \j^ 
isla pudo sacar para enviar ó ir en aquellas partes contra el Hernando Cor- 
tés. Visto esto por nos, y deste ayuntamiento de gente y armada se po- 
drán seguir escándalos y muertes y mucho daño para la población 
de la una tierra y de la otra, y que pues Hernán Cortés habia enviado 
el oro y muestra de la tien'a á vuestra Alteza, y estaba en ella en su servi- 
cio, y V. M con una provisión Real podrá mandar proveer y remediar en 
lo susodicho, no convenía que Diego Velazquez con gente fuese ni enviase 
á ello, ni que entre los vasallos de vuestra Cesárea Majestad hobiese, guer- 
ra ni debates, y que por tanto que habia necesidad que fuese una persona 
con poderes desta Real abdiencia para desarmar el ayuntamiento de gentes 
que hnbiese hecho, y para pacificar y poner en sosiego todo lo necesario y 
proveer en todo lo que al Real servicio de V. M. conviniese; y para ello 
fui yo señalado para que en su Real nombre ñiese este viaje. Y como yo 
no desee otra cosa mas principalmente que ofrecerse en que pueda vivir y 
morir sirviendo á V. M. como siempre lo he hecho á la corona Real de sus 
reinos, acepté de ir á servir con aquella voluntad y deseo que he dicho y 
para ellos me embarco en este puerto, placiendo á Dios nuestro Señor, de 
aquí á dos dias, de donde llegado que sea haré relación muy cumplida de 
todo. Humildemente suplico á V. M. mande recebir la voluntad con que 
me ofrezco á servir en esto y la que me queda de gastar el tiempo de la vi- 
da en aquello que V. M. fuere servido. Nuestro Señor lajnuy alta y muy 
esclarecida Persona de V. M. con acrecentamiento de mayores reinos y se- 
ñoríos prospere y guarde como su muy Real corazón desea. De Santo Do- 
mingo del Puerto de la Española 8 de enero de 1520. — S. C. C. M. — Hu- 
milde siervo y vasallo Q. S. R. P. y manos besa. — El Licenciado Ayllon. 

Tomo II. 30 


234 TEATRO CUBANO. 


SB6inn>A. 

May alto y muy poderoso invictísiino Emperador católico Bey y Señor 
nuestro. — ^Desde la isla EspaSola escribí haciendo reladon á vaestra sacra 
Majestad de como al Licenciado Figneroa su juez de la dicha isla, con acuer- 
do de los jueces y ofídales de V. M. y de otnis personas de consejo, le ha- 
bia parescido que yo debia venir con los poderes de la abdiencia Real á esta 
isla Pemandina y á la tierra nuevamente descubierta por Diego Velazquez, 
adelantado é gobernador della, para atajar el debate é rotura que se temia 
entre la gente del armada (I) quel dicho Diego Velaxquez enviaba ala tier- 
ra nueva, y la que allá está con Hernando Oortés, alzada contra el dicho 
Dieeo Velazquez é con voz de Y. M. Después de lo cual yo vine y hallé 
á Diego Veliusquez con la gente y armada en cabo de la isla á la parte del 
poniente donde son las dichas tierras, é hablé con él diciéndole lo mucho 
que V. M. se creia que seria deservido si contra el dicho Hernando Cortés 
enviase, y el grande escándalo y alteración é dafio que dello se seguiría, 
y defendfle so graves penas que no lo hiciese, sino que esperase lo que vues- 
tra Magostad Oesárea mandaba proveer en el negocio, pues de todo le esta- 
ba fecha relación y se esperaba que sería con brevedad proveido; é que an- 
tes que la dicha armada partiese para ninguna parte, qtiedase en la isla la 
gente que era necesaria, porque quedaba muy poca y los indios de ella muy 
alterados, y se temia que se alzarían ó no querrían servir 6 harían otro yerro 
mayor, que dello habia habido muchas muestras y sospechas después que 
vieron que el dicho Diego Velazquez é tanta gente quería salir de la isla. 
Demás de lo cual, porque me paresdó que deshacer la dicha armada de to- 
do punto no era servicio de V. M., pues que con la gente que quedase pro- 
veida esta isla se podia descubrir mucha tierra, y estaban á la mitad del ca- 
mino en estar en cabo desta bla, y tenian los navios é bastimentos prestos, 
é porque no era razón aquel dicho Diego Velazquez que tan bien ha servi- 
do y se espera que servirá á V. M., peraiese lo mucho que en esta armada 
ha gastado, pues se podia aprovechar, yo le di parescer por ante escríbano 
de como rúe páresela que cumpliendo con la población desta isla y no yen- 
do contra Hernando Cortés y gente que con él está, podia encaminar esta 
negociación en mucho servicio de vuestra Alteza y pro suyo sin que perdie- 
se nada de lo gastado, antes lo aprovechase. Parescióle bien lo uno y lo 
otro y dijo que lo quería seguir y hacen después de lo cual ofrecióse que 
ciertas personas de poco consejo que aquí tiene, le alteraron y. remontaron 
con decirle que era mengua suya quel adbiencia Beal le enviase á enmen- 
dar lo quel hacia é que no tenia poder la dicha abdiencia para me haber en- 
viado y que era peiiudo suyo, y á este propósito me hizo dertosrequerímien- 
tos, %in embargo de los cuales de paite de la dicha abdienda mandé lo 
mandado; é por no dar ocasión á que se estorbase la príndpal negociadon 
á que vine é hobiese competenda de jurísdidones, temporicé con el dicho 
Diego Velazquez poniándole delante el servido de V. M. é otras cosas que 
me paresdó. E como él sea muy deseoso de acertar en todo lo del servicio 
de V. M., tovo por bien de se quedar en la isla é no ir con la dicha annada, 
y que así mismo se quedasen muchos vednos é otras gentes de trabajo por 

(1) El original diee: cí* armada. 


IGNACIO Ji DE URRUTIA. 235 


lo qae toca á la seguridad é población desta ÍBla, y envía la otra gente y 
con ella por capitán á nn Xarvaez, hombre cuerdo y de espirencia y servi- 
dor de V. M., á que pacíficamente requiera á Hernando Cortés y á la gente 
qne con él está con los poderes y mandamientos que de V. M. tiene de go- 
bernador é capitán de la dicha tierra; y si le recibieren, pneble allí y de no 
(1) se pase á poblar adelante, y qne envié ciertos navios á descubrir, y otras 
cosas según me mostró por la instrucción que le da, en la cual en mucho se 
conforma con el parescer que le di. Pero porque yendo allí el capitán y 
gente se podían ofrecer cosas 6 ocasiones por donde bebiesen de pelear los 
unos con los otros, aunque los de acá lleven propósito de no lo hacer, pa- 
rescióme que pues yo principalmente vine á estorbar que no hobiese deba- 
tes V escándalos, que debia seguir mi camino hasta los dejar pacíficos, y 
así 10 pongo por obra. Pasado qne sea el dicho capitán de donde el Her- 
nando Cortés está, me volveré y haré entera relación á V. M. de todo lo 
que á su Real servicio convenga. Guarde nuestro Señor la muy esclareci- 
da Persona de vuestra Sacra Cesárea Majestad con acrecentamiento de 
mayores reinos y sefioríos. De esta isla Femandina en el puerto de Gua- 
nignanico cuatro dias del mes de marzo de 1520 a&os. — ^De vuestra Sacra 
Cesárea Majestad muy humilde siervo que sus muy Reales pies y manos 
besa. — El Licenciado Ayllon. 

HáUsiiM orígÍDales en el arohiro genenl de Indias de SeTÜU entre lot papeles envia- 
dos del de Simanoas legi^o 1.° de «Cartas de Indias». — Memoria t dé la Sociedad Eeonómi- 
ca, tomo XVI, pág. %Ó j siguientes. 


(1) El original áloe; y do no. 


336 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO XIII. 

Manda Velazquez con Pedro de Barba y Rodrigo 

MOREJON socorros A NaRYAEZ Y SE APREHENDE 

POR LA DE Cortes. Viene el Ldo. Zuaso con re- 
sidencia A Cuba: dase comisión a Cristóbal de 
Tapia, la que se obedece y no ejecuta, y muere 
Juan Ponce de León. 


I. Antes que Diego Velázquez fuese informado 
del infeliz ejército de Narvaez, le envió un navio con 
trece soldados, dos caballos y algunos bastimentos y 
municiones al cargo de Pedro de Barba, su Teniente 
Gobernador en la Habana, suponíale vencedor de 
Cortés y conquistando la Nueva España, y en este 
concepto le ordenaba que se mantuviese á toda costa 
en la conquista á cuyo fin le ofrecía grandes socor- 
ros, y también le prevenía que si no habla muerto á 
Cortés, se lo remitiese luego á buen recaudo, porque 
tenia expresa orden del Obispo de Burgos para en- 
viarle preso á la Corte. Llegó Barba felizmente al 
puerto de 8. Juan de Ulúa (1) y pasando al bordo de 
su bajel Pedro Caballero á cuyo cargo estaba el cui- 
dado de aquella costa, le saludó y comprendió el des- 
tino que llevaba á favor de Narvaez. Supúsole cau- 
telosamente que éste se hallaba vencedor y Cortés 

(1) Solis en dicho libro Y., cap. Y. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. ^7 


fugitivo por los campos, y sobre esta seguridad salta- 
ron Barba y su gente á la Veracruz, donde descubier- 
to el engaño, quedaron sin violencia presos y fueron 
remitidos á la presencia de Cortés que se hallaba en 
segura de la frontera, siguiendo las aguas del bajel de 
Barba. Remitió Velázquez otro, al cargo de Rodrigo 
Morejon de Noguera con ocho soldados, una yegua y 
cantidad considerable de armas y municiones, y el 
mismo destino y órdenes para Narvaez: llegó a San 
Juan de Ulüa ocho dias después que aquel y aprehen- 
didos el Capitán y gentes por Pedro Caballero con el 
propio ardid (1) fueron igualmente remitidos a Cor- 
tés, celebró éste el socorro y sobre todo la presencia 
de Pedro de Barba, á quien estimaba y reconocia los 
buenos oficios que le debia en la Habana, y en fé de 
ellos, le dio luego una Compañía de ballesteros: con 
ésta siguió sirviendo valerosamente habiéndose seña- 
lado en la peligrosa retirada de la montaña de Suchi- 
milco (2) de que b^ó maltratado, y destinado última- 
mente a uno de los bergantines que auxiliaron la pos^ 
trer entrada de Méjico, quedó gravemente herido en 
la defensa de las emboscadas de las piraguas, y de sus 
resultas murió á los tres dias (3) haciendo Cortés no- 
tables demostraciones de sentimiento con su pérdida, 
porque le faltó en él un amigo igualmente seguro en 
todas fortunas y un soldado valeroso sin achaques de 
valiente y cuerdo sin tibieza de reportado. 

II. Estas y otras atenciones contra Cortés ocupa- 
ron todo el año de 1520 y presente de 1521 pero en- 
trado éste, ocurrieron varias al Adelantado Velázquez: 
porque el Almirante D. Diego Colon que se hallaba 
en la Corte tomó la resolución de nombrar (como 


(1) SolÍB en dicho libro V., cap. V. 
2) Solís libro V., cap- XVII, 
Solís libro y^, cap. XXII. 


íi 


238 TEATRO CUBANO. 


nombró) por Juez de residencia para la isla de Cuba 
al Ldo. Alonso de Zuaso quien con esta comisión pa- 
só á Cuba y comenzó a sindicar a Velázquez. A las 
primeras providencias de ellos privó a Manuel de Ro- 
jas del repartimiento de indios que gozaba (1) con la 
expresa causa de ser deudo de Velázquez, pero el 
buen concepto que este Gobernador tenia en la Corte 
hizo expedir Orden Real para que Zuaso no continua- 
se en la residencia, negando al Almirante la facultad 
de nombrarlo y al Juez la de poderlo ser antes que 
la diesen los empleos y encargos que habia obtenido. 

IIL Se mandó restituir á Rojas en la encomienda, 
concediéndole término para traer su muger, y que en 
caso de ausencia de Velázquez gobernase Gonzalo 
Nuñez de Guzman. Pasó el precitado Manuel de Ro- 
jas á Castilla con los fínes de conducir su familia á 
Cuba y con poderes de Diego Velázquez para estable- 
cer sus quejas contra Hernán Cortés y presentadas en 
el Consejo de Indias, abrió la puerta á su buen despacho 
el haber merecido grata audiencia de su Presidente Juan 
Rodríguez de Fonseca; porque aunque no faltaba 
partido á Cortés, cuya felicidad ya sabida le atraia has- 
ta los menos conocidos, no podian desvanecer la justi- 
cia con que Rojas fundaba por Velázquez la usurpa- 
ción de una conquista que habia costeado y emprendido 
con Reales títulos y confiado al mismo Cortés. 

IV. Se resolvió en el Consejo que ni el Almiran- 
te, ni la Real Audiencia de Santo Domingo (2) proce- 
diesen contra Panfilo Narvaez preso aún en Veracruz, 
y contra quien se habia fulniinado causa por la remi- 
sión del Oidor Vázquez, que sin tocar en Cuba llegó 
á su Audiencia, disponiendo que se pusiese en liber- 


[1} Henera Década 3% libio I., cap. XIIII. 

[2) Henem Década 3% libio I., cap. XIIII y XV. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 239 

tad. Que á. Diego Velázquez se devolTiesen cuatro 
mil ducados que por las costas de esta dependencia se 
le habian exigido. Que el veedor Cristóbal de Tapia 
que residía en la Española, pasase a Nueva España y 
tomando su Gobierno por el Rey, diese satisfacción á 
Diego Velázquez sobre los intereses que demandaba, 
y nombrase Juez que conocería de lo ocurrido entre 
Cortés y Narvaez. Libráronse los despachos en Bur- 
gos á favor de Cristóbal de Tapia, y se le remitieron 
á la Española donde se hallaba; recibidos, comenzó á 
prepararse para su ejecución, pero la Real Audiencia 
y el Almirante que conocían como presentes los dis- 
turbios que de ella debian esperarse en el Reino de Nue- 
va España, persuadieron á Tapia suspendiese por 
entonces este viaje, y tomando otro semblante las 
cosas quedaron siri actual ejecución. 

V. Llegó también derrotado en este año á la isla 
de Cuba, el célebre Juan Ponce de León, que como 
hemos dicho, descubrió la provincia de Florida el año 
de doce. — Había obtenido del Rey su Adelantamiento 
y conquista, y habiendo armado á su costa para ella 
dos navios en la isla de San Juan de Puerto Rico, des- 
pués de muchas calamidades que suínó en la navega- 
ción, experimentó mayores en tierra. — Porque apenas 
pisó la dicha Provincia, cuando resistido de los indios 
con pérdida de mucha gente, (1) se retiró á Cuba con 
el resto de eUa y varias heridas de que padeció, y fa- 
lleció. — Cárdenas Cano, que refiere también este suce- 
so, añade que en su sepulcro se puso este epitafio (2). 

Mole sub hac fortis requiescunt ossa Leonis 
Qxá vicit factis nomina magna suis. 


(1) Herrera Década 3% libro I., cap. XUII. 

(2) D. Gktbriel de Cárdenas Cano en su Ensayo cronólc^co de la his- 
toria general de la Florida^ a&o de 1521. 


240 TEATRO CUBANO. 


£1 cual tradujo en espaftcl el Ldo. Juan de Caste- 
llanos asf: 

Aqueste lugar estrecho 
es sepulcro del varón 
que en el nombre fué León 
y mucho más en el hecho. 

Gradúe el lector la fé que á él deba, mediante á 
que por los incendios y hostilidades que han padecido 
los pueblos de la Isla, carecemos de fundamento con 
que probarlo ó reprobarlo. 

VI. Entre tanto, Cristóbal de Tapia, que por su 
propia utilidad y por satisfacer á los encargos del Obis- 
po de Burgos, cuyo criado habia sido, deseaba ejecu- 
tarlos, fué proporcionando suave y. sigilosamente su 
avio y consiguió ejecutar el viaje á fin de este año. — 
Llegó entrando el veinte y dos felizmente á Veracruz, 
presentó sus provisiones á su Ayuntamiento por quien 
le f\ié respondido, que, la mayor parte de los vecinos 
estaban en Méjico sirviendo al Rey, y que por esta 
causa aunque las obedecían, era necesario diferir su 
cumplimiento hasta la vuelta de los ausentes. Desa- 
brido Tapia de esta respuesta, escribió á Cortés ha- 
ciéndolo también al Consejo, y que aquel con sagaci- 
dad dispuso que le tratasen como convenía, mientras 
pasaba á verle, mas comenzando á prepararse por 
esta jomada se la impidió el Cabildo de Cuiocan^ 
porque no estando aún bien establecidas las cosas po- 
dria causar su ausencia graves turbaciones en ellas y 
el ejército. — Ofreciéronse para ir á Veracruz y tratar 
con Tapia lo que más importase al servicio del Rey, 
y pareciendo lo más oportuno, dispuso se uniesen en 
Veracruz los diputados de los pueblos ya establecidos 
con otras personas de respeto que tratasen lo que más 
conviniese. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 241 

VIL Fuéronse uniendo dichos diputados en la 
Veracniz, y Cristóbal de Tapia, esforzando con ellos 
el derecho que le asista al cumplimiento de sus Reales 
disposiciones, (1) pero habiéndose finalmente incor- 
porados, vistos y premeditados, acordaron que convenía 
suplicar de ellas y mandaron á Gonzalo de Sandoval 
que como Alguacil mayor notificase a Cristóbal de 
Tapia lo acordado, y que se embarcara y se fiíese de 
la tierra y no haciéndolo lo prendiese por convenir 
así á la quietud publica y servicio del Rey: hizo sus 
protestas que le fueron rechazadas, y viendo que nin- 
guna diligencia le aprovechaba, volvió a embarcarse y 
reparar la navegación a la isla Española donde el Al- 
mirante y la Real Audiencia, reprendieron su inobe- 
diencia, con que desesperado, resolvió pasar a la Cor- 
te a establecer su queja contra Cortés. 

VIIL Bramaba Diego Velázquez al ver los ardides 
y cautelas con que Hernán Cortés dejaba eludidos 
cuantos medios intentaba para su reintegro, y obstina- 
do en la venganza, resolvió últimamente embarcarse 
á tomar personalmente satisfacción de sus agravios 
confiado en los amigos que tenia en la Corte y es- 
forzaban su justicia. Comenzó á reunir las embarca- 
ciones, gente y pertrechos que pudo, y consiguió ar- 
mar hasta siete navios bien equipados y proveídos. 
Embarcóse (2) y llegó á salir del puerto de Santiago 
de Cuba, pero el Ldo. Parada que iba con él y era 
hombre de letras y persuasiva, tomó a su cargo disua- 
dirlo de la empresa: hacíale continuamente presente 
los inconvenientes que hablan de nacer de aquella 
Jornada, así por su falta en la isla de Cuba, como por 
las resultas de su ida á Nueva España, que Cortés no 

(1) Herrera Década 3% libro III., cap. XVI.^ y Salazar en bu justicia 
de Méjico, libro I., cap. Vil. 

(2) Herrera Década 3% libro III., cap. XVIII. 

Tomo II. 31 


242 TEATRO CUBANO. 


dejaría Toluntariamente la provincia sino á fuerza de 
sangre: que no le era fócil alcanzarla por este medio, 
porque aquel estaba posesionado y querido de muchos 
que serrian á sus órdenes, y contra los cuales era muy 
poca la gente que lleyaba; y finalmente, que no era 
cordura empeñarse en una empresa, de la cual se tenía 
moral certidumbre, que no habia de salir con honor. 
Convencióse Velázquez á tan fiíertes razones, y recor- 
riendo las quillas lo que habian surcado*, volvió á en- 
trar en Santiago de Cuba, nó abandonando por ello su 
derecho contra Cortés, sino solo el medio de ir en 
persona á disputarlos. 


CAPITULO XIV. 


Varían de semblante en las Cortes los asuntos de 
Velázquez y Cortjés^ recusan al Obispo de Bur- 
gos Y SE DECIDE LA JUSTICIA, SOSTENIENDO EN L.\ 
CONQUISTA Y SUS DERECHOS A HeRNAN CoRTÉS. CON 
RESERVA DE LOS INTERESES EROGADOS POR VeLAZ- 
QUEZ. 


I. Habian corrido hasta el año de 1520 las preten- 
siones de Diego Velázquez contra Hernán Cortés, con 
toda la felicidad que se ha apuntado*, y llegaron con el 
auxQio del Obispo de Burgos á poner á sus contrarios 
en estado de no atreverse aún á reclamar su justicia, 
pero en él consiguieron Martin Cortés, Alonso Her- 


IGNACIO J. DE URRÜTIA 243 


nandez Portocarrero y Francisco de Moiitejo grata au- 
diencia del César, atrájose éste su Real benevolencia, 
pues no pudiendo administrarles justicia por sí, a cau- 
sa de las atenciones con que le ocupaba el inmediato 
viaje a Alemania, la cometió S. M. con particular re- 
comendación al Cardenal Adriano, Gobernador del 
Reino en su ausencia. Terminaron las inquietudes de 
éste, que causaron suspensión a todo asunto foráneo, 
y á este tiempo llegaron á la Corte, con las últimas 
quejas, Panfilo Narvaez y Andrés Duero, por Diego 
Velázquez, Diego de Ordaz y Alonso de Avila de 
Mendoza, por Hernán Cortés. 

II. Calmaron los disturbios interiores, y la gente 
de Cortés obtuvo una audiencia del Cardenal Gober- 
nador, en que informando el estado de la conquista de 
Nueva España, los derechos de su causa y la oposición 
que reconocian en el Obispo de Burgos, pidieron y se 
les concedió licencia para recusarlo é inhibirlo de su 
reconocimiento. (1) Expresáronse y se justificaron 
las causas con aquella moderación que era debida á 
su carácter y dignidad, y tenidas por bastantes las con- 
sultas del Consejo, le dio por recusado el Cardenal 
con orden para que se abstuviese de intervenir en los 
asuntos entre Velázquez y Cortés. Recomendó la 
importancia de la atención á éste, cuya gratitud conti- 
nuó desde la Tiara á que fué prontamente ascendido. 
Restituido en Italia el Emperador, dio su Soberano 
oido á esta causa luego que serenó algunos embarazos 
de su Reino: ratificó la recusación del Obispo de Bur- 
gos y para la última determinación de asuntos tan 
graves, mandó formar una Junta de los más doctos y 
justificados Ministros del Reino. 

(1) Solís libro V, cap. VII y siguiente: Herrera Década 3", libro 1, 
cap. III, Salazar latamente en ((ú Jnsticia <le Méjico, libro I, cap. VIII y 
sigaientee. 


244 TEATRO CUBANO. 


III. Vióse la causa con la madurez que requería 
su naturaleza é importancia, su Real recomendación y 
la calidad de los Jueces, y careados los informes y Pro- 
curadores para separar los hechos de las falsas vesti- 
duras con que desfigura el amor propio, pudieron ha- 
llarse oxidadas la verdad y la justicia. Consideróse 
alguna desobediencia y destemplanza de parte de Cor- 
tés en los primeros pasos de la jornada, pero que de- 
bía condonarse por su justa irritación y los grandes 
servicios y efectos que de ella hablan resultado, en 
cuya continuación convenia sostenerlo y asistirlo para 
que perfeccionase lo adelantado. Que no habia título 
justo en Diego de Velázquez para que allá se apropia- 
se las conquistas, solo por haber gastado algunos inte- 
reses en la expedición y confíádola á Cortés, así por- 
que éste costeó también parte de la armada, como 
porque carecía de legítima facultad, cuando libró los 
despachos, y también porque con su revocación, habia 
perdido cualquier derecho que en su despacho se le 
considerase. Y últimamente culpado como ambición 
desordenada, en orden a recuperar la conquista de 
Nueva España contra la previsión de la Real Audien- 
cia y atropellando los graves inconvenientes que de 
ellos pudieron resultar. 

IV. Conforme este parecer de la Junta y consulta 
al Emperador, se pronunció la sentencia que fué: (1) 
declarar por buen Miniftro y fiel Vaffallo de fu Ma-- 

jefiad á Hernán Cortés: honrar con la mifma e/tima- 
don ü fus Capitanes y Soldados: imponer perpetuo fi- 
lencio á Diego Velázquez en la pretenfion de la 
Conquifta; mandarle con graves penas que no la em- 
harazaffe por fl ni por fus dependientes^ y dexarle fu 
derecho áfalvo en quanto á los maravedís^ parq. que 


(1) Copia literal de Solís, lib. V^ cap. Vni. 


IGNACIO J. DE XJRRÜTIA. 245 

pudiere verificar fu relación y pedirlos donde convi- 
nieffe a su derecho. Este expediente de justicia me- 
reció la causa, en que algunos consideraron haber me- 
diado razones de Estado, reservándose á S. M. Cesárea, 
las gracias á Cortés y reprensión á Velázquez. Tor- 
náronse los despachos llenando de honores á Hernán 
Cortés, mandando á Diego Velázquez que alzase las 
manos en todo avsunto de conquista y reprendiéndo- 
le con alguna severidad, y firmado por el Emperador 
en Valladolid á 22 de Octubre de 1522, se entregaron 
á los Procuradores de Cortés, para que marchasen 
con ellos. 

V. Al mismo tiempo que se contendía en el Con- 
sejo la justicia y derecho de Cortés y aún ya declara- 
da se intentaban usurpar sus conquistas en Nueva Es- 
paña. Francisco de Garay, Gobernador de Jamaica, 
en confianza de unos Reales despachos que habia ob- 
tenido subrepticiamente emprendió la de Panuco y for- 
mado su armamento salió con él de dicha Jamaica el 
ano de 1523. Llegó por el mes de Junio (1) al puer- 
to de Jaragua de la isla de Cuba, á coila distancia de 
Santiago, donde se le informó que ya Cortés tenia po- 
blado á Panuco y pacificada su tierra, á cuya empresa 
asistió personalmente. Sintió Garay esta novedad y tra- 
tando la materia con Diego Velázquez y el Ldo. Zuaso 
(que desde la residencia parece se situó en Cuba) le 
persuadieron procurase concertar algún partido con 
Hernán Cortés. Inclinado á ello, deseó le acompaña- 
se el Ldo. Zuaso. pero las pendientes resultas de su re- 
sidencia no se lo permitieron entonces, y aunque des- 
pués se embarcó con este pensamiento, lo llevaban á 
otro destino las contingencias del mar; (2) siguió al fin 

(1) Herrera, Década 3*, lib. V, cap. V, y Salazar, parte II, cap. VI, 
V Cárdenas Gano año de 1523. 

(2) Henera, lib. Y, cap. Y, y Salazar, part. II, cap. X. 


246 TEATRO CUBANO. 


Garay con su intento y sin conseguirlo después de al- 
gunos sinsabores, se concertó con Cortés (1) como lo 
habia persuadido Velázquez. 

VI. Suavizó éste y otros amargos, el magnánimo 
espíritu de Hernán Cortés, con la feliz llegada á Nue- 
va España de su querida consorte Doña Catalina Sua- 
rez: habia permanecido en la villa de Santiago de 
Cuba donde dejamos ya celebradas (2) sus bodas^ 
mientras los empeños de la guerra pennitian alguna 
situación permanente y luego que la franqueó la paci- 
ficación de Méjico, se embarcó con su hermano Juan 
Suarez y otros castellanos a continuar la indisoluble 
unión de su matrimonio. Surcó la nave los primeros 
dias con satisfacción de los vientos, pero en los últi- 
mos, la oposición de ellos no le permitieron tomar el 
puerto de San Juan de Ulúa, y se hizo necesario arri- 
bar al rio de Guayalco (3) allí fué recibida por Gonza- 
lo Sandoval, que comandando las más inmediatas 
pacificaciones, tuvo noticia de su arribo y pasó a obse- 
quiarle con atenciones y con las mismas salió á 
Méjico, donde continuó disfmtando las mayores de 
aquel Reino. 

VII. Finalmente adoptó Velázquez este año otro 
motivo de disgusto con Cortés, que la casualidad trajo 
á sus puertas. Dispuso que Cristóbal de Olid saliese 
con una armada á descubrir por la mar del Norte, y 
conquistar la provincia de Hibueras, tomando con es- 
cala en la Habana la gente, caballos, armas y bastimen- 
tos que hubiesen preparado los Alonso de Contrem y 
Llerena, con cantidad de siete mil pesos (4). Halló 


(1) El citado Herrera, Década 3% lib. V, cap. VI. 

¡2) Al cap. III, niím. 4 de este libro. 

3) Salazar, Justicia de México, parte II, cap. lY. 

(4) Herrera, Década 3*, lib. V, cap. VII, y Salazar part. II, capítnlo 
XVII. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 247 


en efecto algunos, aunque no tantos como esperaba, 
porque el tiempo y continuadas extracciones, en vir- 
tud de Real licencia para que de las Islas se pudiesen 
llevar ganados con que poblar á las tierras firmes, 
habían carecido tanto las cosas de Cuba, que valia dos 
pesos la hanega de maíz, cuatro la de frijoles, nueve la 
de garbanzos, tres pesos la arroba de aceite, cuatro 
la de vinagre, nueve la de velas de sebo, otro tanto 
la de jabón, dos pesos una ristra de ajos, tres un pu- 
fial, cien una escopeta, un cuero de vaca doce y equi- 
valentemente las demás, de que provenia ganar un 
maestro de embarcación ochocientos pesos de mesada 
y á BU respecto la demás tripulación, y se consumió 
aquella cantidad en menos sustentamiento del que se 
esperaba. 

VIII. Aquí dice Herrera que Andrés Duero, Juan 
Ruano, el Bachiller Parada y el Provisor Moreno, co- 
nociendo en Olid descontento hacia Cortés, le acaba- 
ron de confirmar en la opinión de desobedecerle; pe- 
ro Salazar amplía más la persuasión. Asienta pues 
que llegando Velázquez á la Habana, persuadido Olid 
con razones y ofertas á que faltase á la confianza que 
debia á Cortés, prometiéndole el aumento de muni- 
ciones, víveres y soldados que necesitara para hacer 
la conquista con calidad y condiciones de que fuese 
partido entre los mismos Velázquez y Olid: accedió 
éste prometiéndose interiormente á hacer á ambos 
respectos mientras la suerte declarase cual convenia 
seguir á la descubierta, y logró por entonces auxilios 
de Velázquez. Lo cierto es, que entre los dos se díó 
motivo, con más ó menos causa á Cortés para que 
apease de la comisión á Cristóbal de Olid, subrogan- 
do en ella á Francisco de las Casas y á que increpase 
en la Corte las quejas contra Diego Velázquez. 

IX. Habían prohibido desde los principios del 


248 TEATRO CUBAKO. 


descubrímiento de Indias, que se coodujesen negros 
á ellas, pero la escasez de los naturales y la ocupa- 
ción de los castellanos en descubrimientos y conquis- 
ta«. hizo preveer su necesidad para labor de las tierras 
y principalmente de los ingenios de azúcar. Conce- 
dióse el primer asiento y permiso de introducirlos al 
Mayordomo mayor del Emperador, Lorenzo de Garre- 
bot, para el número de cuatro mil de ambos sexos, en 
el término de ocho años, y cumplidos é introducidos 
se le prorogd por otros ocho años. Clamaron los 
Procuradores de la isla por el daño que debia temer- 
se, á causa de que algunos negros hablan comenzado 
á tener inquietudes, entre las cuales fué notable, por 
haber causado algunas muertes, la que se padeció en 
la isla Española (1) el año de 1522, y con este moti- 
vo revocó S. M. (2) este siguiente de 1523, la proro- 
gacion concedida á Garrebot, permitiendo solo que se 
introdujera por entonces mil y quinientos a la Espa- 
ñola, trescientos á la Femandina de Cuba, quinientos 
á la de San Juan de Puerto Rico, trescientos á la de 
Jamaica y otros quinientos á Castilla de Oro, con 
prevención de introducirlos con tal orden, que siem- 
pre hubiese las dos terceras partes de negros cristia- 
nos y una de bozales, para poderlos botaren cualquier 
movimiento. 


(1) Herrera, Década 3* lib. IV, cap. XIX. 

(2) £1 mismo Herrera, lib. V, cap. VI. 


IGNACIO J. ÜE URRUTIA. 249 


CAPITULO XV 


Es ELECTO POR TERCER ObISPO DE CuBA Fr. JüAN DE 

White: erije sü Catedral en la ciudad de San- 
tiago DE Cuba, con el auto y bulas de que se 

TRAE COPIA. 


Es considerable la confusión que causa la poco 
calificada noticia de los historiadores, sobre el tiem- 
po y lugar en que fué primeramente electa la Iglesia 
Catedral de la isla de Cuba, porque unos quieren que 
fuese en el año de 1518, en la antigua ciudad de Ba- 
racoa, (1) y otros que en la de Santiago en el de 
1538; (2) y asentando que fué su primer Obispo Fr. 
Bernardo de Me/a quien llegó en dicho año y arma- 
da del Adelantado Hernando de Soto, y como diremos 
(3) no podia considerarse anterior á la erección de su 
Catedral. 

11. Lo que creemos es que el año de 1516 se 
cred este Obispo, librándose las Bulas Pontificias 
para la erección formal de su Catedral. Qué á este 


(1) Aírate cap. XXXI, refiriéndose á las tablas cronológicas, (página 
372 de nuestro primer tomo,) pero con la e<|aivocacion de que para compro- 
bar el Obispado de Fr. Bernardo de Meza, año de 1536, cita Cárdenas Ca- 
no én su ensayo de Florida, fóL 3 y éste habla ahí en el año de 1516, de 
Fr. Bemardino que fué el primer electo. 

(2) González en sn Teatro Eclesiástico, cap. XVII. 
• (3) En el libro IV, cap. II, de esta obra. 

Tomo II. 32 


250 TKATRO CUBANO. 


fin se presentó y aprobó por su primer Obispo á Fr. 
Bernardino de Meza, Religioso dominico, natural de 
Toledo y confesor del Rey, quien debió hacer la erec- 
ción de la iglesia: pero no llegó á ir á ella, se- 
gún Herrera, á quien hemos seguido. (1) Tampoco hi- 
zo la erección de la iglesia su segundo Obispo Fr. Ju- 
lián Garcés, electo en 1518, porque tampoco pasó á la 
isla de Cuba por habérsele conferido el Obispado facto de 
Cozumel y después el verdadero de Tlascala (2) de que 
es manifiesto que aún que estuviese erigido Obispado 
de Cuba desde 1516 hasta el presente año, no lo ha- 
bia sido su Iglesia por dicha causa. 

III. Pendiente, pues, la erección de Catedral en 
la isla Fernandina de Cuba, hallamos asentado por el 
Cronista Antonio de Herrera (3) que porque en las 
Bulas que se concedieron de este Obispado, se mandó 
eregir la Catedral en la villa de la Asunción (esto es 
de Baracoa) y que porque el lugar no era sano ni con- 
veniente, le suplicó al Pontífice Adriano Sexto que 
diese licencia para que la iglesia Catedral se erigiese 
y pasase á la ciudad de Santiago, por ser la más prin- 
cipal de la isla Fernandina, y su Santidad lo habla 
concedido interviniendo para ello el conocimiento 
Real y S. M. atento a las dichas causas, lo tuvo por bien 
y dio paradlo licencia. Y aún que esta noticia nos deja- 
ba en poca menos oscuridad de su erección, la pro- 
videncia del Altísimo ha querido preservar una copia 
del auto y Bula de ella, que conserva la misma Cate- 
dral, en que se hallan más noticias y cuyo fiel te- 
nor es: 


(1) Cap. VIII, núiii. íj (le este libro. 

Í2) Lo dijimos al cap. XX, iiúm. 3 de este lilno. 
3) Antonio HeiTera en sn historia de Indias, Décaila 3, ühro IV, ea- 
último. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 251 


Erección de la Santa Iglesia Catedral de la isla de Cuba. 

IV. Fray Juan de White por la gracia de Dios y 
de la Santa Sede Apostólica, Obis[)0 du la Iglesia de 
Santiago, de la isla Fernandina, que otras veces se 
llama Cuba, de las Indias del mar Occéano, á todos 
presentes y futuros, y á cada uno de por sí, salud per- 
petua en el Señor. Como los Serenísimos y Podero- 
sísimos Príncipes Fernando é Isabel, Rey y Reina 
de Espafia, de las dos Sicilias, de Granada &;c., &e., 
ya difuntos, abrazados del fuego del amor divino y 
ardiendo en el celo de la casa de Dios, y atendiendo 
siempre á la propagación de la fé católica, después de 
haber librado muchos Reinos y Señoríos de los infie- 
les y haberlos ilustrado con la luz del Evangelio, hu- 
biesen propuesto en su ánimo cuando estaban en esta 
vida, buscar y rodear islas, provincias y tierras firmes 
fuertes y no conocidas que están en el mar Occcano 
de las Indias, y no halladas por otros hasta aquellos 
tiempos para reducir los vecinos y habitadores de ellas 
al verdadero culto de Dios y Redentor nuestro y 
abrazar la fé católica, y habiendo señalado y dirigido 
hacia el Occidente para la ejecución de estos negocios 
al noble varón Cristóbal Colon y á otros peritos en el 
arte de navegar, con una armada muy apareja- 
da, muy bien fabricada nó sin muy grandes trabi\jos, 
expensas y peligi'os: finalmente ayudados de la vo- 
luntad y gracia divina, después de haber navegado 
por varias partes por el dicho mar llevados á partes 
muy lejas, hallaron algunas islas, tierras muy remotas 
de nuestra región y tierras firmes,fuertesy nunca vis- 
tas por otros, en las cuales habitaba muchísima gen- 
te que vívian pacíficamente, las cuales coiho ignora- 
ban del todo la doctrina de la fé católica, y vivian con 
Costumbres mny bárbaras y groseras. Los dichos 


252 TEATRO CUBANO. 


Príncipes siguiendo las costumbres de sus progenito- 
res, y queriendo extender la fé de Cristo, procuraron 
que fuesen leyantadas, dotadas v ordenadas muchas 
iglesias y obispados en las dichas islas y tierras, para 
que los dichos habitadores fueran reducidos por los 
Pastores y Prelados de ellos á la católica doctrina, y 
pudiesen ser enseñados é instruidos en ella más fácil- 
mente. Y habiendo muerto la Reina D^ Isabel, de 
inmortal memoria, y el invictísimo D. Fernando, Rey 
Católico de Aragón, de las dos Sicilias, &c., y también 
por la Serenísima D^ Juana, Reina de Castilla y de 
León, hija suya Gobernadora y Administradora gene- 
ral de los dichos Reinos, deseando proseguir sus afec- 
tos religiosos y los de la misma Isabel que era enton- 
ces su compañera, continuó felizmente lo comenzado 
mientras vivid; pero después que el invictísimo Car- 
los, Rey gloriosísimo de los Romanos y España &., 
habiendo sido elegido Emperador, alcanzó con muy 
feliz sucesión los cetros de los Reinos, siguiendo las 
muy piadosas y muy loables pisadas de sus progeni- 
tores, sujetó semejantemente á su Imperio muchos es- 
pacios de tierra en las mismas partes con armada, 
armas y grandes gastos. Y porque en la isla Fernan- 
dina que otras veces se llama Cuba, no se habia halla- 
do hasta ahora ni levantado alguna iglesia, ni se ha- 
bia instituido obispado por los dichos sus antecesores; 
León X, deseando proveer de remedio debido á la 
dicha isla, levantó, cred é instituyó una iglesia con la 
invocación de la Asunción de la Santísima Virgen 
María en el lugar del mismo nombre de la Asunción, 
para Catedral á ruego del referido Rey Carlos, y en- 
nobleció el lugar de la Asunción con el título de ciu- 
dad, como en Letras del dicho dadas acerca de esto, se 
contiene más plenamente y de consentimiento del 
mismo invictísimo Rey Carlos, eligió á Nos el dicho 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 253 


Fray Juan White por Obispo y Pastor de la misma 
iglesia en la isla de Cuba, y nos dio facultad para la 
erección de las Dignidades, Canonicatos, Prebendas 
y Beneficios eclesiásticos, con Cura y sin Cura y otras 
cosas cometidas á Nos, por la facultad de lasdichas Le- 
tras. Y como no hayamos podido acudir á la dicha 
ejecución por haber estado impedidos hasta ahora 
en algunos negocios y ocupaciones, y deseando 
cumplir como tenemos obligación, la dicha facul- 
tad a Nos concedidas, y no teniendo al presente copia 
de lasdichas Letras Ai)ostólicas á Nos concedidas, a- 
cerca de dicha creación y facultad porque las había- 
mos enviado á la dicha isla de Cuba, rogamos al 
M. 8. S. S. N. Adriano, Papa sexto moderno se dig- 
nara de confirmarnos por su Letra, la dicha facultad á 
Nos concedida, inserta en las dichas Letras Apostóli- 
cas, y también de quitar y extinguir la iglesia Cate- 
dral, erigida en la dicha ciudad de la Asunción como 
queda dicho, y levantar é instruir el pueblo de Santia- 
go en ciudad y su iglesia parroquial en Catedral, el 
cual queriendo acudir á nuestros ruegos, concedió la 
misma facultad por sus Letras, en forma de Breve, 
debajo del Anillo del Pescador a Nos dirigidas y las 
dichas Letras así claras, y en realidad de verdad, sanas 
y enteras y no viciosas, ni chanceladas, ni sospecho- 
sas en alguna parte de ellas; pero antes careciendo de 
todo vicio y sospecha, fueron a Nos presentadas de 
parte de S. M., las cuales recibimos con aquella reve- 
rencia que convino, cuyo tenor de verbo ad verbum es 
tal como sigue. 

V. Ál venerable Fr. Juan White, Obispo de Cuba, 
Adriano Papa VI, al venerable hermano, salud y ben- 
dición Apostólica. Teniendo en la tierra b\ régimen 
de la Iglesia universal, por la Divina Misericordia, 
volvimos la luz de la consideración para aquellas co- 


264 TEATRO CaSANO. 


sas por las cuales pueda ser aumentado el auto divino 
en todas las iglesias y lugares para la alabanza y glo- 
ria del Dios Todopoderoso: muy felizmente León, Papa 
X, antecesor nuestro, á ruego del muy amado en Cris- 
to, Carlos, hijo nuestro, entonces suyo, Rey católico 
de los Romanos y España etc.: exijió, levantó é insti- 
tuyó con la autoridad Apostólica, entre otras iglesias 
erigidas en las islas nuevamente halladas en el mar 
Occéano, el lugar de la Asunción que esta en la isla 
Fernandina, otras veces de Cubo, para ciudad, y la 
Iglesia parroquial que está en el mismo lugar, para 
iglesia Catedral, que fuese nombrada la Asunción, con 
Obispo de Cuba, que predicara la palabra de Dios y 
la dicha iglesia, y su ciudad y obispado, y convirtiese 
á los habitadores infíeles de ellas, al católico culto de 
la fé, y convertidos los instruyese en ella, y se la en- 
señase y conlirmase. y les comunicase las gracias del 
bautismo^ é hiciese las demás cosas que los otros ca- 
tólicos Prelados están obligados y deben hacer de de- 
recho y costumbres en las respectivas iglesias que go- 
biernan, y para la dicha iglesia así erigida, consultó 
con la dicha autoridad acerca de vuestra pei-sona, y 
os eligid para Obispo y Pastor de ella, cometiéndoos 
plenariamente el cuidado y administración de la dicha 
iglesia, en las cosas espirituales y temporales, con fa- 
cultad de erigir é instituir Dignidades, Canonicatos y 
Prebendas y otros beneticios eclesiásticos, con Cura y 
sin Cura, así en la referida iglesia como en la ciudad 
y obispado de Cuba, y con facultad de sembrar otras 
cosas espirituales, como viéradeis que convenía al au- 
mento del culto divino y á la salud de las almas de 
los vecinos y habitantes de la ciudad y obispados di- 
chos, como más plenamente so contiene en las Letras 
acerca de ésto dadas; empero como la dicha ciudad 
de la Asunción está muy incómoda para estar en ella 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 255 


la dicha iglesia Catedral, y sí suprimida en la dicha 
ciudad, fuese mudada al lugar de Santiago, que está 
en la Isla de Cuba, y la parroquial de dicho lugar de 
Santiago fuera erigida é instituida para iglesia Catedral 
en la misma manera y forma que la misma iglesia fué 
erigida en el lugar de la Asunción, con aquesto en 
realidad de verdad, se miraría mucho por el consuelo 
de los fieles de Cristo que habitan en dicha isla: por 
lo cualNos rogaste humildemente nos dignase proveer 
al bien de la benignidad Apostólica en las cosas dichas. 
Por tanto Nos inclinados a los justos y honestos rue- 
gos en esta parte, suprimimos y quitamos la iglesia 
Catedral que está en la dicha ciudad de la Asunción, 
allegándose para esto y las demás cosas infrascriptas 
el consentimiento del dicho Rey Carlos y levantamos 
é instituimos de la misma manera el lugar de Santia- 
go para ciudad y su referida iglesia parroquial para 
Catedral, debajo déla invocación de la Beatísima Vir- 
gen María, para un Obispo de Santiago en la misma 
manera y forma, y con el privilegio, gracias, preroga- 
tivas, facultades y exenciones con que fué erigida la 
dicha iglesia de la Asunción, y queremos y ordenamos 
que la provisión y elección hecha en vuestra persona, 
para la misma iglesia de la Asunción, y las Letras 
arriba dichas, y el proceso de como se habia de haber 
dado por ella de consentimiento de todos los dichos, 
valgan y tengan plena firmeza para en cuanto á la di- 
cha iglesia de Santiago, y os ayuden en todo y por 
todo como si desde el principio se hubiera proveído 
de vuestra persona para la misma iglesia de Santiago, 
y hubieren sido elegido para ella. Y os damos plena 
y libre facultad de erigir é instituir en la iglesia y ciu- 
dad últimamente erigidas, y en su obispado, Dignida- 
des, Canonicatos y Prebendas, y otros Beneficios ecle- 
siásticos con Cura y sin Cura, y de hacer y conseguir 


266 TEATRO CUBANO. 


todas las demás cosas que en las sobredichas ó acerca 
de ellas fueren necesarias, y en cualesquiera manera 
oportunas; sin embargo de las constituciones y oi'de- 
naciones Apostólicas y todas aquellas cosas que el di- 
cho León, antecesor nuestro, en la dicha Iglesia^ quiso 
que no obstasen ni otras cualesquiera ó contrarias. 
Dada en Zaragoza debajo del Anillo de San Pedro, á 
28 de Abril de 1522, en el primer año de nuestro 
Apostolado. 

VI. Y después de la presentación y recepción de 
las dichas Letras Apost(51icas como queda dicho atrás, 
fuimos rogados con debida instancia por parte del 
mismo señor nuestro Carlos, que levantáramos é ins- 
tituyéramos en la dicha nuestra iglesia Catedral, fabri- 
cada en la dicha isla de Cuba, en ejecución de las Le- 
tras Apostólicas y de las cosas contenidas en los mis- 
mos procesos, á honor de la Asunción de la Virgen, 
Dignidades, Canonicatos, Prebendas, Eaciones y otros 
Beneficios y oficios eclesiásticos, cuantos y como me- 
jor viéramos que convenía así en la dicha ciudad, co- 
mo por todo el obispado. Por tanto Nos, el dicho 
Juan de White, Obispo y Comisario Apostólico, aten- 
diendo á que semejante petición sería justa y confor- 
me á razón, y queriendo como verdadero hijo de 
obediencia, poner en ejecución como tenemos obliga- 
ción con reverencia, los mandatos Apostólicos á Nos 
enderezados, exceptuamos la dicha comisión, y con la 
misma autoridad Apostólica de que gozamos en esta 
parte, á instancia ó pedimento de la misma Magestad 
en la dicha iglesia Catedral de la ciudad de Santiago 
de Cuba, á honor de Dios Nuestro Señor Jesucristo y 
de la Virgen su Madre, en cuyo y debajo de cuyo tí- 
tulo se erigió la dicha Catedral, por dicho Santísimo 
Señor Nuestro, por el tenor de las presentes levanta- 
mos, creamos é instituimos el Decanato, la cual dig- 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 257 

nidad esté en la misma iglesia, la primera después de 
la pontiñcaJ, el cual cuide y provea el divino oficio y 
las otras cosas que pertenecen al culto de Dios, así en 
el coro como en el altar; y que en las procesiones y 
Capítulo donde quiera que las Juntas y Capítulos se hi- 
cieren, se hagan con silencio, tionestidad y modestia, 
bien y rectamente, á quien pertenecerá también el dar 
licencia por causa expresa, y no de otra manera á 
aquellos á quienes conviene por alguna causa salir de 
coro. Y el Arcedianato de la misma ciudad, á quien 
pertenecerá el examen de los clérigos que se hayan 
de ordenar, y la administración de la ciudad, orde- 
nándolo el Prelado solemnemente en la visita del 
Obispado si se le encarga por su Prelado, y ejercer 
otras cualesquiera cosas que de derecho común le 
competen. La Cantoria para lo cual ninguno pueda 
ser presentado, sino es que sea docto y perito en la 
música, por lo menos en el canto llano, del cual será 
oficio cantar en el facistol y enseñar á cantar los sir- 
vientes de la iglesia, ordenar, correjiry enmendarlas 
cosas que pertenecen al canto en el coro y en otra 
cualesquiera parte, y esto por sí y nó, por tercera 
pei*sona. La Escolatría á la cual ninguno sea presen- 
tado, si no es que sea Bachiller en alguno de los Dere- 
chos ó en las Artes, graduado en alguna insigne Uni- 
versidad á quien tocará enseñar por sí y nó por otro 
la GiamáticH á los clérigos y servidores de la iglesia, 
y á todos los del Obispado que quisieren oiría. La 
Tesorería á quien pertenecerá cerrar y abrir la iglesia, 
hacer tocar las campanas y guardar todas las cosas 
del uso de la iglesia, cuidar de las lámparas y lumbre, 
proveer del incienso, candelas, pan y vino y délas de- 
mas cosas necesarias para celebrar, de los réditos de 
la fábrica de la iglesia, que han de ser expuestos á 
voto del Capítulo. La dignidad y oficio del Archi- 
ToMo !!• 33 


258 TEATRO CUBANO. 


presbítero ó Rector que ejercite el cuidado de las al- 
mas en la dicha iglesia Catedral, y presida á los demás 
Rectores de la ciudad y Obispado. Y también diez 
Canonicatos y Prebendas las cuales determinamos, 
que ninguna vez puedan ser tenidas juntamente con 
alguna dignidad: a los cuales Canónigos pertenecerá 
celebrar cada dia, fuera de las fiestas de primera y 
segunda dignidad de las que el Prelado, ó estando ini* 
pedidos algunas de las dignidades celebrare la misa. 
Instituimos también seis Raciones enteras y tres me- 
dias y seis Acolitados, las cuales enteras Raciones 
las han de tener Diáconos y las medias, Sub-diáconos; 
y los seis inferiores acólitos ejercerán el oficio de 
acolitado, en el ministerio del altar. Ademas de es- 
tos seis Capellanes, los cuales así en los nocturnos como 
en los diurnos, y también en las solemnidades de las 
misas estén personalmente para el facistol en el coro 
y á celebrar en cada un mes veinte misas cada uno, 
sino es que estuviere impedido con justa enfermedad 
ó impedimento. Ademas de este oficio, el de Sacris- 
tán, quien perteneciere ejercer aquellas cosas que to- 
can al oficio de Tesorero, estando presente por su 
comisión, y en su ausencia el voto del Cabildo. Y 
también el oficio de oi^anista, el cual tocará los órga- 
nos en las festividades, y también el oficio de perti- 
guero, cuyo oficio será ir delante, ordinariamente del 
Prelado en las procesiones, y delante del Presbítero 
Diácono y Sub-diácono, y delante de los demás que 
ministran en el altar, la sacristía ó coro. El oficio 
de Mayordomo ó Procurador de la tabrica y hospi- 
tal el cual presidirá á los maestros de la fabrica, á los 
allmfkiles y también á los carpinteros, y á los de- 
mas oficiales que se ocupan en edificar las iglesias, y 
también tendrá obligación de cojer y expender por si, 
y por tei^oera persona, los réditos y rentas de cada 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 259 


año ó cualquiera ganancia ú obvenciones pertene- 
cientes en cualesquiera manera á la dicha fábrica y 
hospital, habiendo de dar cuenta cada afio de lo co- 
jido y consumido al Obispo y Capítulo, y á los oficiales 
señalados especialmente para e8t4)5y también el dichb 
Mayordomo ha de ser erijido y removido á voluntad 
de los dichos Obispos y Capítulo. El oficio de Chan- 
ciller ó Notario de la iglesia y Capítulo, el cual estará 
obligado a recibir en su protocolo y escritura cuales- 
quiera contrato entre la iglesia, Obispado, Capítulo y 
otros cualesquiera, y escribirlos autos capitulares, y 
anote y escriba las donaciones, posesiones, censos, 
feudos, y precaria, hechos por los mismo» Obispo y 
Capítulo é Iglesia, ó á ellos mismos los que se hayan 
de hacer adelante y reparta a los Beneficios las partes 
de las rentas y también dé cuenta y las reciba. El 
oficio de perrero, que eche los perros de la iglesia to- 
dos los Sábados, y en las vigilias de cualesquiera fies- 
ta que las tenga, y otras veces limpiará la iglesia, don- 
de y cuando le fuere mandado por el Tesorero. 

Vil. De todas las cuales cosas conviene á saber, de 
las seis Dignidades, diez Canonicatos, seis enteras 
y tres medias Raciones, seis Capellanes y seis acólitos, 
y de los dichos oficios porque de presente, los frutos, 
réditos y rentas, y de las décimas no son suficientes, 
suspendemos por ahora en la dicha ejecución, cinco 
de los Canónigos y tres de los Racioneros enteros, y 
los tres medios, y también los seis acólitos, y seis Ca- 
pellanes, organista y pertiguero, mayordomo, nota- 
rio y |)errero; pero de tal suerte, que cuando, querien- 
do Dios, los frutos y réditos de la dicha nuestra Iglesia, 
vinieren a mayor fortuna, cuanto á lo primero si se 
aumentase para el dote de una canongía, creciendo 
adelante los frutos, se añada un Canónigo, el cual 
Canonicato se dé á aquella persona que fuere nombrada 


860 TEATRO CUBANO. 


Ó presentada por las dichas, Cesárea y Católica Ma- 
jestad, sin otra nueva creación, ni erección, y la mis- 
ma forma sea guardada en los siguientes hasta que el 
número de los dichos Canónigos sea aumentado suce- 
sivamente hasta el número de diez, el cual lleno de 
la misma manera, sean aumentadas las dichas Racio- 
nes enteras, desde tres al número de seis, y luego las 
tres medias, y finalmente, de los réditos que crezcan, 
ademas de esto, los seis acólitos, en otros por seis tan- 
tos Clérigos que estén ordenados de órdenes menores 
y ejercit-en el oficio de acólitos en el ministerio del 
altar, y las seis capellanías por seis Cai)ellanes dichos, 
y también el oficio de organista y pertiguero, mayor- 
domo, notario y perrero sobre dichos, sean aumenta- 
dos en el dicho número sucesivamente conforme a la 
orden de atrás literalmente sin algún intervalo, por- 
que todas las dichas Prebendas y oficios que por las 
presentes letras suspendemos, determinamos que sean 

eryídas y creadas desde ahora, sin alguna nueva crea- 
ción. 

^'''- Y porque según el Apóstol el que sirve al 
altar, debe sustentarse del altai', disputamos y seña- 
lamos a cada uno y á todas las Dignidades ó persona- 
jes, Canónigos, Prebendados y Racioneros enteros, y 
medios, a log Capellanes, mozos de coro ó acólitos, y 
á los demás oficios y oficiales declarados conforme al 
número sobredicho, todos y jcada uno de los frutos, 
réditos y rentas, así de la donación Real, como del 
derecho de los Diáconos, ú otras veces los que les per- 
tenezcan en cualesquiera manera ahora ó después, 
conviene á saber, al Dean, Arcediano, Cantor, Maestre- 
Escuela, Tesorero y Archi-Presbítero, á los cinco Ca- 
nónigos, á los tres Racioneros y al sacristán, desde 
ahora se lo señalamos en la manera siguiente: convie- 
ne á saber, al Dean, ciento cincuenta libras, llamadas 



IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 261 


en aquellas partes vulgarmente pesos, de las cuales li- 
bras, cada una tiene un castellano de oro, que vale 
485 maravedís de la moneda usada en Espafta, y to- 
das las ciento y cincuenta libras hacen 73,875 marave- 
dís semejante á los dichos. Al Arcediano 130: al 
Cantor, Maestre Escuela, Tesorero y Archi-Presbíte- 
ro, otras tantas: á cada uno de los cinco Canónigos 100 
y a cada uno de los Racioneros 70: y también 30 al sa- 
cristán; todo lo cual será por prebenda y salario, y á 
los cinco Canónigos suspendidos y á los tres Uacione- 
ros enteros y a los tres medios, á los seis acólitos, otros 
tantos Capellanes y a los demás oficiales, conviene á 
saber, organista, pertiguero, mayordomo, notario y 
perrero, arriba nombrados y de presente suspendidos, 
cuando fueren nombrados por la misma Ueal Majes- 
tad, por las dichas Canongías desde ahora creadas y 
suspendidas, creciendo los frutos en adelante, en la 
manera y orden declarado, les aplicamos y señala- 
mos ordenadamente de los dichos frutos, réditos y ren- 
tas, al respecto como fueren creciendo á los Canónigos 
y Raciones, otro tanto cuanto a los Canonicatos y Racio- 
nes sobredichas, y también a cada una de las tres me- 
dias Raciones, treinta y cinco: y a los Capellanes veinte: 
á los acólitos doce: al organista diez y seis: al pererro 
doce libras de oro semejantes, que tengan derechos 
tantos castellanos y maravedís, lo cual aplicamos y se- 
ñalamos desde ahora como desde entonces, cuando 
los frutos réditos y rentas crecieren, guardando el or- 
den á la letra como está declarado, y que como queda 
dicho, por el oficio se dá el Beneficio, queremos y 
apretadamente mandamos, en virtud de santa obedien- 
cia, que los dichos estipendios sean distribuciones cuo- 
tidianais, señaladas y distribuidas á los que se hallen 
cada dia en todas las horas nocturnas, y juntamente á 
las diurnas y á los ejercicios de los dichos oficios y así 


262 TEATRO CÍJBA50. 


desde el Dean. ba>ta el acólito nicliisiTanieote: aqoel 
qoe no ^ haUare en el coro alguna hora, no habiendo 
le^timo impedimento sea prÍTado y carezca de la pa* 
c^ j dirtrihucion de ar|uel]a hora, y el oficial que fid- 
tare en el ejercicio ó ejecución de ^u oficio, á las» iHMras 
j tiempos oportuno;^, sea penado semejantemente en 
cada Tez. por la rata del salario. 

IX. Iteni: Queremos v con la mt^ma autoridad or- 
denamos^ y mandamos, que todos j cada uno de las 
Dijpiidades. Canónisros v Racioneros de la dicha nues- 
tra i^esia Catedral, estén obligados á residir j serrir 
en la dicha nuestra iglesia Catedral diez meses conti- 
nuos ó salteados, r de otra manera No$ ó nuestros su- 
cesores que en adelante fiíeren. ó el Capítulo en Sede 
vacante, estén oblij^ados. hatñendo sido el tal primero 
llamado j oido. sino tuviera v aleare justa y razonable 
causa, de la ausencia á pronunciar la Dignidad. Canoni- 
cato y Ración por vaca, y á proveer de ella á las perso- 
nas idóneas, á la presentación de dicha Católica Ma- 
jestad. T declaramos en esta parte, por justa causa 
de ausencia, la enfermedad, con tal que el tal Benefi- 
ciado esté enfermo en la ciudad, volviendo aparejado 
de volver á ella, con tal que esto conste por proban- 
zas lejitimas. y cuando por mandato del Obispo y 
Capitulo justamente y por causa y utilidad de la Igle- 
sia estuviese ausente v así estas tres cosas concurran 
con la licencia ó ausencia. 

X. Queremos ademas de esto y de consentimiento 
de dicha Cesárea Majestad, y con la misma autoridad 
Apostólica, establecemos, determinamos y mandamos, 
que los frutos, réditos y rentas de todas las décimas, 
así herédales como personales, así de Catedral como 
de las dichas iglesias de la dicha ciudad y Obispados, 
sean divididos en cuatro partes iguales, de las que la 
una cuarta tengamos Nos y nuestros sucesores Obis- 


IGNACIO J. DE ÜRRDTIA. 263 


pos, sin alguna disminución ni engaño enteramente, 
por nuestra mesa Episcopal en los tiempos presentes 
y ñituros. y por causa de sustentar el honor del hábito 
Pontifical, y para que más decente podamos sustentar 
nuestro estado, conforme lo pide tal oficio. ítem, el 
Dean y Capítulo tengan otra cuaita parte en la mane- 
ra dicha V se ha de dividir entre ellos, de las cuales 
partes, aunque por concesión Apostólica y por el uso 
y costumbre aprobada de lai-go tiempo, la dicha Cató- 
lica Majestad ha acostumbrado haber y recibir ente- 
ramente la tercera parte llamada en España vulgar- 
mente tے*cias. queriendo entender para con Nos la 
diestra de su liberalidad y hacer preferidos á Xos y á 
los Obispos sucesores y Capítulos sobredichos, como 
más deudores de tan gran don, y como tenemos obli- 
gación de hacer oraciones por la misma Majestad y 
por sus sucesores, quiso que de aquí adelante fuése- 
mos libres y exentos en nuestra cuarta parte de las dé- 
cimas y en el Capítulo de dicha nuestra iglesia. Y las 
dos cuartas partes restantes, determinamos que se ha- 
yan de dividir otra vez en nueve partes, de las cuales 
las dos aplicamos, determinamos y declaramos que se 
haya de cojer y sacar perpetuamente para la misma 
Serenísima Majestad, en señal de superioridad y del 
derecho del Patronazgo, y por razón de la adminis- 
tración de las dichas iglesias, y de las siete partes restan- 
tes, hemos determinado que se haya de hacer división 
en dos partes: conviene á saber, cuatro partes, que han 
de ser aplicadas á los Rectores y Beneficiados de las 
iglesias parroquiales, en la manera siguiente, es á sa- 
ber, que en cualesquiera pueblo ó lugar erijimos una 
iglesia Parroquial á quien la adjudicamos en señal de 
iglesia Parroquial, en la cual haya dos Beneficios, uno 
con Cura y otro sin Cura por dos eclesiásticos, cuyo 
Rector ó el que tenga el Beneficio con Cura, hayan de 


264 TEATRO CUBANO. 


éstas cuatro partes, la una entera por razón de la di- 
cha Rectoría y por la carga de la administración de 
los Sacramentos que á él mismo toca; y después las 
tfes partes restantes se dividan igualmente entre el 
mismo Rector y el otro Beneficiado que tenga el Bene- 
ficio simple. Tenga ademas de esto el Rector la pri- 
micia de todas las décimas de toda la Parroquia, de las 
cuales primicias, el sacristán de la dicha Iglesia, haya 
la octava paite, la cual desde ahora le aplicamos, y las 
demás ofrendas v obvenciones de los fieles, determina- 
mos que se han de dividir por iguales partes, entre los 
dichos Rector y Beneficiado. 

XI. Semejantemente las tres partes restantes de 
las siete, sean divididas otra vez en dos partes iguales, 
de quien la una es, á saber, la mitad de las dichas tres 
partes, aplicamos a la fábrica de cualquiera iglesia de 
los dichos lugares, y la otra parte, conviene á saber, la 
segunda mitad pendiente de las tres partes sobredi- 
chas, señalamos á los hospitales de cualesquiera lugar, 
de la cual mitad ó parte aplicada á los dichos hospita- 
les, tengan obligación los dichos hospitales de pagar 
la décima al hospital principal, que esté donde estu- 
viese en la iglesia Catedral. Aplicamos también, con 
la dicha autoridad para siempre, a la fabrica de la di- 
cha nuestra iglesia de la Asunción, todas las décimas 
y cada una de por sí, de un parroquiano de la misma 
iglesia y de las oti-as iglesias de dicha ciudad, y de to- 
do el Obispado que ha de ser elejido cada año por el 
Mayordomo de la fábrica, con tal que el tal parro- 
quiano elejido no sea el primero ó el mayor ó más 
rico de la dicha iglesia Catedral y de las otras iglesias 
de todo el Obispado; pero sea elejido el segundo, des- 
pués de él, por el dicho Mayoi*domo de la fabrica. 
Aplicamos también para siempre, á la misma fábrica 
de nuestra dicha iglesia Cateá-al, y á la fábrica de las 


IGNACIO J. DE ÜRRDTIA. 265 


Otras iglesias de nuestro Obispado, todas y eualesquie- 
m décimas de cal, ladrillo y tejas, asi de la ciudad 
como de todas y cualesquiei*a lugares de nuestro Obis- 
pado, y para que más apta y cómodamente puedan ser 
edificados, prohibiendo con la misma autoridad y con 
la dicha vista y consentimiento Real, y más apretada- 
mente inhibiendo debajo de anatema á nuestros suce- 
sores y á los muy Venerable nuestro Dean y Cabildo 
de nuestra dicha Iglesia y Rectores, y á los otros Be- 
neficiados de nuestro Obispado, que de presente ni 
de fiíturo, en ningún tiempo se entrometan ni procu- 
ren intervenir, quitar ni llevar las dichas décimas por 
sí y por cualesquiera persona, con cualquiera color. 

XII. Ordenamos también, que el oficio diurno, asi 
en la misa como en las horas, se haga siempre según 
la costumbre de la iglesia Hispalense, y siempre en el 
canto usen de la costumbre de la dicha iglesia Hispa- 
lense. 

XIII. Queremos también ademas de ésto y de ins- 
tancia y pedimento de la misma Majestad, ordenamos 
que los Racioneros tengan voz en Capitulo, en las co- 
sas espirituales y temporales, fiíera de las elecciones 
y otros casos por derechos proliibidos. 

XIV. Queremos también y de instancia de la mis- 
ma Majestad, ordenamos, que en la dicha nuestra igle- 
sia Catedral, se celebre en cada dia dos misas, (fiíera 
de en los dias festivos) en los cuales se celebrará 
solo una misa en la hora de lercias de las cuales launa 
en la hora de prima, en los primeros dias de Viernes 
de cada mes, sea hecho anivei-sario por el Rey Católi- 
co y Reina ante dichos, y también por todos los Reyes 
de Castilla diñmtos, pero los dias de Sábados sea cele- 
brada la dicha misa en honor de la Virgen gloriosa, 
por la incolumidad y salud de los dichos Reyes, elegi- 
do en Emperador y Reina su Madre; empero en el 

Tomo II. 34 


266 TEATRO CUBANO. 


primer dia de la luna, de cualesquier mes, la misma 
misa sea dicha por las Animas que están en el purga- 
torio, y en los demás dias la dicha misa de prima, pue- 
de ser celebrada á la voluntad y disposición de cuales- 
quiera persona que quiera dotarlo y los dichos Obispos 
y Capitulo, puedan recibir cualesquiera dote, ofrecido 
a ellos por cualesquiera persona, para la celebración 
de la dicha misa. Y la segunda misa, será celebrada 
á la hora de tercia de la ñesta ó feria ocurriente, según 
el estilo de la iglesia Hispalense. 

XV. Y cualquiera que celebrare la misa mayor, 
gane la paga tres doblada que á cualesquiera hora del 
dia, ademas de la distribución asignada, ó que se haya 
de asignar á todos los que intervinieren á la dicha 
misa y el Diácono doblada y el Sub-Diácono sencilla, 
y cualesquiera que no estuviere presente á la misa 
mayor gane la tercia y sexta de aquel dia, sino es que 
estuviere ausente con justa ó razonable causa, ó con 
licencia del Dean, ó de otro, que por tiempo presida 
en el Coro: acerca de lo cual, encalamos la concien- 
cia del que pide la licencia, y del que la da, y que 
cualesquiera que estuvieren presentes á las horas ma- 
tutinas y á las laudes ganen tres doblado, que se gana 
á cualquiera hora del dia y á más de esto la paga de 
prima, aunque no se hallen á ella. 

XVI. Queremos ademas de ésto y ordenamos á 
instancia y pedimento de la dicha Majestad, que se 
tenga Capitulo dos veces á la semana, conviene á sa- 
ber, en la feria sexta y en la feria tercia, y que en la 
feria tercia, se trate en el mismo lugar acerca de los 
negocios que se ofrecen; pero en la feria sexta, no se 
trate de otra cosa alguna, sino es de la corrección y 
enmienda de las costumbres, y de aquellas cosas que 
para celebrar debidamente el culto divino, y para con- 
servar la honestidad clerical en todas y por todas co- 


lONACIO J, DE ÜRRUTIA. 267 


sas, así en la iglesia como fuera de ella, y que en nin- 
gún otro dia se haga Capítulo. 

XVII. Ademas de esto, con la misma autondad v 
con beneplácito de la misma Majestad Católica, orde- 
namos y declaramos que cualesquiera clérigo de pri- 
ma tonsura de dicha nuestra Iglesia y Obispado, para 
que pueda gozar del privilegio clerical, traiga corona 
del grandor de un real de plata, moneda usual de Es- 
paña, y ti*asquile los cabellos dos dedos solos abajo de 
ios oidos, prosiguiendo la trasquiladura desde atrás; y 
se vista con vestidos honestos, conviene á saber, con 
sotana y manteo ó capa, que vulgarmente se llama lo- 
ba ó nianteo cerrado u abierto largo hasta un palmo 
de la tierra no de color vermejo ni amarillo, pero de 
otro color honesto de los cuales use así en los vestidos 
superiores, como en los inferiores que aparecen. 

XVIII. Ademas de esto con la misma Autoridad 
Apostólica de consentimiento y determinación de los 
mismos Emperadores y Reina, deputamos y señala- 
mos á la dicha iglesia Catedral de la Beata Virgen, 
erijida en la dicha ciudad de Santiago, las casas, habi- 
tadores y vecinos que habiten de presente ó de futuro, 
así dentro de la ciudad como los que habiten debajo 
de los límites de ella para parroquianos de la dicha 
iglesia de la Asunción de la Beata Virgen, á quien 
también sean obligados pagar los derechos de la Igle- 
sia pan'oquial, diezmos y primicias y ofrecer obliga- 
ciones, y recibir del Archi-Presbítero ó Rector los Sa- 
cramentos de la eucaristía, confesión y otros. 

XIX. Y damos juntamente facultad á los dichos 
Archi-Presbítero y Rector de dar los Sacramentos di- 
chos, y á los parroquianos de recibirlos y también es 
nuestra voluntad, que esto mismo sea hecho en todos 
los lugares y aldeas de la dicha isla, que de presente 
hay y de fiíturo ha de haber, así cuanto á los derechos 


268 TEATRO CUBANO. 


paiToquiales que han de pagarse á los Rectores, como 
para la comanicacion y recepción de los Sacramentos 
según queda dicho, todos los cuales Beneficios, y cada 
uno de ellos así con Cura como sin Cura, que están 
en toda la ciudad y Obispado, queremos y con la mis- 
ma autoridad Apostólica determinamos y mandamos 
que después de este primer nombramiento, todas las 
reces que acontezca proveer acerca de ello, estando 
vacantes en cualquier manera sean proveídos y pro- 
movidos (preciso el examen y oposición conforme á 
la manera guardado en el Obispado é Iglesia de Falen- 
cia entre los hijos patrimoniales), tan solamente á 
los hijos lejítimos y moradores que en tiempos pasa- 
dos, pasaron de España a la dicha Isla ó á otras que 
acontezca pasaren adelante á vivir á ella y á los des- 
cendientes de ella; empero no a los hijos de los natu- 
rales de las dichas islas, antes que los cristianos las 
hubiesen habitado, hasta que los dichos Reyes Católi- 
cos, determinaron otra cosa acerca de esto, con tal que 
los dichos hijos patrimoniales, así proveídos de bigo 
afto y medio, después de la provisión hecha en ellos 
por la misma Cesárea Majestad Católica, ó por sus 
sucesores presentaren la declaración y aprobación de 
las dichas colaciones de los dichos Beneficios, ante el 
Teniente ó Gobernador de las dichas Islas, ó de los 
Jueces de apelación que en este tiempo estén en la 
dicha Isla, sean obligados á presentarla y en otra ma- 
nera por estos mismos los dichos Beneficios, se ten- 
gan por vacos y las dichas Cesárea ú Católicas Ma- 
jestades ó sus sucesores, puedan presentar otras cua- 
lesquiera personas calificadas en la forma sobredicha 
para los dichos Beneficios así vacantes. Todas las 
cuales cosas y cada una de ellas de instancia y pedi- 
mento y consentimiento de los dichos nuestro Sr. Rey 
Cáíios, elejido en Emperador y de la Reina Juana su 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. SS69 

madre, con la misma Apostólica autoiidad sobredidm, 
de que gozamos en esta presente y con los deshechos 
mejores, modo via y forma que podamos, y de derecho 
debemos, las erijimos, instituimos, creamos, dispone- 
mos V ordenamos con todas, y cada una de las cosas 
necesarias y opoitunas, no obstante cualesquiera oon- 
trarios, y principalmente aquellas que el Muy Santísi- 
mo Padre, nuestro Señor sobre dicho, quiso que no 
obstasen en sus Letras atrás insertas, y todas estas co- 
sas y cada una de ellas las estimamos é insinuamos á 

m 

todos y cada uno de los presentes y futuros de cual- 
quier estado, grado, orden, preeminencia ó condición 
que fueren, y lo hacemos y queremos que sea htícho 
saber por la presente para que venga á noticias de to- 
dos, y mandamos con la sobredicha Autoridad en vir- 
tud de santa obediencia, á todos y cada uno de los 
sobredichos que guarden todas estas cosas y cada .una 
de ellas de la manera que ha sido por Nos instituida, 
y en fé y testimonio de todo lo cual y de cada cosa-de 
por sí, mandamos é hicimos que de ahí fuesen sacadas 
las presentes ó instrumento público, Armado de mano 
propia, y que fuese rubricado por el Notario público 
infrascrito, y que se publicase y fuese fortalecido con 
la apension de nuestro sello. Dado y hecho en el lu^r 
de Valladolid del Obispado de Falencia en el afto del 
nacimiento del Señor de 1523 á 8 del mes de Marzo, 
en el primer año del Pontificado del sobredicho San- 
tísimo Señor nuestro Adriano Papa Sexto, estando 
presente en el mismo lugar el Reverendo en Ori«to, 
Padre Luis Vaca, Obispo de Canarias y el Venerable 
hermano Valdovino, del orden de Predicadores, Cape- 
llán de la Serenísima Señora Reina de Portugal, y Cris- 
tóbal de Torres y el Bachiller Antonio de Aranda, cléri- 
gos del Obispado Bremiense y Segoviense (Notario 
público), testigos habidos y rogados por esto — Obispo 


270 TEATRO CUBANO. 


de Cuba. Y porque yo Jerónimo López, clérigo Se- 
gOYiense, Notario público por autoridad Apostólica, 
estuve presente á todas las cosas dichas y á cada una 
de por sí, por tanto escribí este instrumento con mi 
propia mano, y lo signé con mi signo y nombre acos- 
tumbrados juntamente con el nombre, suscripción y 
apension del Sello de dicho Señor Reverendo Obispo 
de Santiago de Cuba, en fé y testimonio de lo sobre 
dicho, rogado y requerido. — Jerónimo López, Nota- 
rio Apostólico. 

XX. In Dei nomine Amen. Yo Francisco Borre- 
mans, Clérigo del Obispado Mchlinsense Notario pú- 
blico por autoridad Apostólica y residente de la Curia 
del Ilustrísimo y Reverendo Sr. Decio Carrafe Nun- 
cio y Colector general Apostólico en los Reinos de 
España, doy fé y certifico: que yo correjí y concerté la 
copia y traslado atrás inserto con sus verdaderos ori- 
ginales, los cuales estaban sanos y no sospechosos en 
algo, y hallo en todo y por todo que concordaban con 
los sobredichos originales. En Madrid del Obispado 
de Toledo en el año del Señor de 1607 años a 16 del 
mes de Octubre en el tercer año del Pontificado del 
muy Santísimo Señor nuestro Paulo, por la Divina 
Providencia Papa V. estando presente por testigos, 
Dionisio Cálese, Capellán del Ilustrísimo y Reverendí- 
simo Nuncio, y el maestro Comelio Potiers y Bartolo- 
mé González, residentes en la dicha ciudad, llamados 
y rogados para lo sobredicho. Por tanto, rogado y 
requerido, signé y firmé este traslado escrito por otra 
mano. En testimonio de verdad, Francisco Borre- 
mans, Notario Apostólico, 


IGNACIO J. DE URRÜTIA,. 271 


CAPITULO XVI. 

Trata de otras providencias sobre la Catedral, 
del título de ciudad y armas de la villa de san- 
TIAGO, SENTENCIA DEL PLEITO ENTRE CoRTÉS Y Ve- 

lízquez, muerte y mérito de este. 


L Aunque con la noticia del Gobierno eclesiásti- 
co de Cuba, (obra postuma del lUmo. Morell) hemos 
protestado contraernos solo á lo secular, por no trans- 
cribir lo escrito, como aún no hemos merecido verla, 
y es tan propio del fomento de la Isla, la erección de 
su Catedral, y su auto, un monumento tan digno de 
conservación, tuvimos á bien colocarlo en el Capítulo 
antecedente, y aún Hacer en éste algunas prevencio- 
nes para su mayor inteligencia. 

II. Consta de dicho auto haber sido proveído en 
la ciudad de Valladolid, del Obispado de Falencia, y 
por consiguiente, aún no transitado el Illmo. Sr. White 
á la isla de Cuba. De aquí desciende, que aún hecha 
la erección, no podamos afirmar por ella, que este se- 
ftor Diocesano fuese el primero que vino á esta Isla. 
Esta duda la aumenta Antonio Herrera, ^1) que te- 
niendo S. M. noticia de que este Pastor asistía, fuera 
de su iglesia (sin* expresar donde) y que por ello se 

(1) Heirera década 3^ libro VI^ cap. I, al principio. 


Ü7Ü TEATRO CtJftANO. 


faltaba á la regular administración de los Sacramen- 
tos, mandó que residiese en ella. 

IIL Por otra parte, nos dice el mismo autor (1) 
que su falta de asistencia en la Catedral, había ocasio- 
nado una perturbación en el Cabildo eclesiástico que 
facilitó la introducción de algunas pei*sonas en el inde- 
bido goce de Dignidades, Canónigos y otros Benefi- 
cios, sin la previa presentación a S. M. ni colación de 
su Obispo, obligando a éste á solicitar remedios, y que 
no bastando sus providencias pidió y obtuvo orden de 
S. M. afecto de que el Gobernador y Oficiales Reales 
de la Isla le diesen el auxilio y brazo BeaL que pidie- 
se y necesitase para evitar y castigar estos excesos. 
Y de aquí parece que debe ya conceptuarse en la isla 
de Cuba, y que de ella misma exijió los auxilios. 

IV. Hecha pues la creación de la Iglesia, y forma- 
lizado el Obispo de Cuba, se declaró sufragáneo del 
Arzobispado de Santo Domingo en la isla Española, 
(2) y para su fomento, expidió el Rey algunas provi- 
dencias. Encargó a los Genei^ales de las ordenes 
dfi S. Francisco y Santo Domingo que enviasen á ella 
Predicadores para la conversión de sus naturales, (3) 
hjizo merced a los Dominicos de una casa que perte- 
necía a su Real haber en la Villa de Santiago, á efecto 
de que fuese Seminario de Religiosos que saliesen a 
la predicación por las tierras descubiertas, lo que en- 
tóc^ees no tuvo efecto a falta de fondos con que sub- 
sistir. Impetró igualmente de su Santidad, el jubileo 
pjenario para los que muriesen en el Hospital de di- 
cha Villa de Santiago, recomendando pai-a su obten- 
cipn los gastos del Erario Real y trabajos de los espa- 


(1) El mismo Henera, década 3^ libro lY, capítulo úitímo su fíu. 

(2) nimo. Barbosa de post epi separ I, tít. I, cap. VTI, cerca del fin 
Moreri verb. Ceuba. 

(3) Dicbo Herrera, Década 3, libro VI, cap. I, al principio. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 373 

fióles en la propagación del Evangelio sobre este Nh?- 
vo mundo, y la necesidad de los naturales. 

V. Y para facilitar que la fábrica de la iglesia 
Catedral, casas episcopales y de Iqs demás Ministros 
de ella fuesen en asiento, y adornasen con m^^yor 
decencia, se dignó S. M. hacerles gracia por el tiempo 
de su voluntad, de las tercias decimales (1) qiie le 
pertenecian. Y mandar que para ella, se pagara di^^* 
nio de la teja y ladrillo que hacían los alfareros, y de 
otro cualesquier materiales que se trabajen, ordenp al 
propio fín que á los Canónigos nuevamente creados 

. y a los Clérigos de la villa de Santiago^ se le diesoQ 
solares inmediatos á la iglesia Catedral, para qve en 
el^os edificasen siis casas y viviesen coa más unión, 
decencia y separación del secularisimo. 

VI. Atendiendo igualmente á haberse erijidp la 
iglesia Catedral en la villa de Santiago; le conce- 
dió S. M. por Real cédula de 28 de AbrU de 1523, el 
título de ciudad con goce de todos los honores, exen- 
ciones, fueros y privilegios, que por Leyes del Reino es- 
tán concedidas a todas las de Castilla. No se halla 
esta Cédula, y solo por noticias asignamos su fecha. 
Tampoco se sabe sí por ella ó por otra se concedie- 
ron á la ciudad de Santiago las armas que dqjamos 
asentadas é. favor de la Isla, (2) pero hallamos que ^s 
usa por costumbre inmemorial, y consideramos sobre 
la alusión que traen con la mutación de Catedral de- 
dicada á Nuestra Señora de la Asunción (que ocupa 
el primer cuartel de ellas y ser su santo titular San- 
tiago, figurado en su segundo cuartel) que le coiupe- 
ten propiamente. 

Vil. Comenzó también á distinguir entre los 


(1) Herrera década 3, libro 4, cap. XXI y fioal, párrafo último. 

(2) En este libro cap. VIH, ntüm. 6. 

Tomo II. 35 


274 TEATRO CUBANO. 


Otros cultivos Útiles de la isla de Cuba el de los ¡iiffe 
mos de azúcaiN y esperando S. M. que con su aumfn"- 
to lo rechina dicha Isla y que por lo considerable de 
sus costos, se dificultaba á algunos que los emprendían 
llevarlos a estado de perfección, abriendo su pateraal 

1523 "^"iN^nnr-? '''""' ™""^^ "" '^ mismo afio de 
1523, (1) que a las pei-sonas mas honradas que quisie- 
sen hacer los dichos ingenios se prestasen 4 000 n^os 
de la Real Hacienda, dando á cada uno según la ^Z 
sidad que tuviese, y tomasen fianzas de que gastarían 
en tal etccto y volverían la cantidad dentro^ de dos 
anos. Nombro finalmente el Rey al Licenciado Al- 
tanurano por Juez^ de i^sidencía para la isla Feraan- 
diua de Cuba, su Gobernador y demás justicias com- 
prendiendo expi-esamente al Licenciado Alonso Zua- 
so (2) que desde que viiio á ella con igual comisión 
na ejercido algunos encargos en su ten-itorio: y pare^ 
ce que fueron favorables las resultas de este juicio, 
luediante a que por ellas se le confirió una plaza de 
Oidor. ^ 

y III. Entre tanto que se arreglaban estas cosas de 
la isla Fernandina de Cuba, los apoderados de Hernán 
Cortesa quienes hemos dicho que se entregaron los 
despachos de su dependencia con Diego Velázquez, se 
habilitaron en Castilla para conducirlos á Nueva Es- 
paña, con aquella actividad que es connatural á quie- 
nes sobre el afecto en causa que patrocinan, lisonjea 
la esperan/a con la de considerables albricias por 
victoria. Destináronse para conductores de ellas á 
Rodrigo de Pa/, al Licenciado Nuñez y á Francisco 
de Casas, (picdando los demás en espera de Reales 
instrucciones que so formaban para el arreglado go- 

(1) Uerrorn décml» :i, libro 4, cap. último. 

(2) Herrera dícoda 3, libro 6, cop. I, y siguiente. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA 275 


bierno de Nueva España y embaicados aquellos si- 
guieron navegando felizmente hasta arribar á dicha 
isla de Cuba. 

IX. En ella se desembarcaron (sin decirse en que 
puerto) con todas las satisfacciones y orgullos de ven- 
cedores. Intimaron á su Gobernador Diego Veláz- 
quez, las adversas á él y las favorables a Cortés, y no 
contentándose con promulgarlas en conversaciones y 
corrillos, se dice (1) que lo eiectuaron a toques de mi- 
litares instrumentos, formalidad verdaderamente ajena 
á la decisión de un pleito entre partes. Refrescaron 
allí su rancho y aguada, y salieron con esta mayor 
satisfacción para S. Juan de Ulúa. 

X. No manifestó Velazquez en este vaivén de for- 
tuna, aquella magnanimidad de religión y heroísmo 
en que deben hallar igual semblante lo próspero y lo 
adverso. Se dejó dominar de un humor melancólico 
y señoreado de sus afectos, le fué postrando la salud, 
y condiyo á una cama en que pagando el débito uni- 
versal a la Parca, falleció sin otro conocido antece- 
dente. Fué sentido en la Isla como padre común de 
ella, y único auspicio de europeos y naturales, quie- 
nes lloraron su muerte á correspondencia de la esti- 
mación que se había granjeado en catorce años de su 
pacífica conquista y población. Y con igual sentimien- 
to, concurso y fausto, se dio sepultura á su cadáver en 
la iglesia Catedral de Cuba. Antonio Herrera (2) ha- 
ce mención de su fallecimiento desde el año de 1524, 
y no como actual, sino como pretérito, pero creemos 
que en ésto padeció equivocación, porque por las no- 
ticias con que vamos comprobando de este historiador 
y la sucesión de Manuel de Rojas en el Gobierno inte- 


(1) Salazar en bu justicia de Méjico, Part. 2, cap. IV. 

(2) Herrera década 3, libro 6, cap. X. 


276 TEATRO CUBANO. 


riño, tenemos por indubitable que acaeció entrado el 
de veinte y cinco. 

XI. Cuando el Rey tuvo la noticia de su muerte, 
hizo memorable sentimiento por ella, (1) expresando 
4tie se tenía por muy servido de Diego Velázquez, y 
á su persona en mucha estimación (2). Funeral ho- 
norífico y verdaderamente grande por la máxima ex- 
celencia que gozan entre, los mayores panegíricos, las 
expresiones de sus Soberanos á favor de un vasallo fiel 
(3); pero honor debido á la lealtad, celo, prudencia y 
actividad con que nuestro Gobernador sirvió al mismo 
Soberano y adelantó sus vastos y dilatados dominios y 
estados, digno de honoríficas exequias: y confiesa 
Solís (4) Á favor de Yelázquez, su calidad, su talento 
y su valor, que de uno y otro dio bastantes expe- 
riencias en la conquista de Cuba, pero agrega, que 
en otro caso erró miserablemente en los principios, y 
se dejó precipitar en los medios con que perdió los fi- 
nes y vino á morir de su misma impaciencia. 

XII. Con todo, no puede desconocerse la primera 
y principal parte, en la conquista de Nueva Espa- 
ña, porque si se atiende al tiempo y medios que fa- 
ciHtd para ella, so hallará que de ninguna otra parte, 
pudieron darae entonces, tan proporcionados y efec- 
tivos, mediante á que la isla Española aún no fué 
bastante a mantener sus propias pacificaciones, y que 
de Castilla eran muy tardíos y costosos. Y si se hubie- 
ran diferido, deberían esperarse los que ha acreditado 
el lamentable sepulcro de la nación Española y pro- 
vincia de Florida. Juan Ponce de León, Hernando 

(1) Henera década 3, libro 6^ cap. X, 

(2) Aoceptns est regi minister intelligens. iracundiam eius inntilis 8U8- 
tinebit, Caput XIV—35. 

(3) Ilustrado de Solorzano en sus Pras. honoralas núm. 102 bas- 
ta 111. 

(4) Solís tomo 3, historia de Méjico, libro 5, cap. VIII. 



IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. ^77 

de Soto y Pedro Menendez de A-vilés, no fueróta tñe- 
ñores héroes que Hernán Cortés, sin hacef mench»! 
de otros, que como ellos, antes y después, etaptetidieiPOii 
su conquista. Sus historias, hechos y trabajos, á wo 
los adelantan, ies igualan en la pnidencia, gagacrdsiíél 
valor, sufrimiento, y demás prendas neeesaiíái^ áím 
conquistados. Solo la fortuna los distmgue ert los efec- 
tos, y cuando no se halla causa para está desig^'áld^d 
en los agentes, debe más buscarla en otíras ocurren- 
cias- Conocerlas de Heno para afirniarlas dé positivo 
es solo dado á la Divinidad: si se reflexiona q^ o«a 
tan mínima, (cual fué herir con la saeta sólá, t¥e& ve- 
ces lá tierra, no seis ó siete) declaró d Profet* Eli- 
seo (1 ) haber consistido el no subyugar Joas ti)da la 
Siria, que de solo levantar Moisés las rnaüos, depen- 
dió el vencer Israel á los Amalecitas, (2) ^tíe dstiido 
procesionalmente una vuelta al rededor de la dudad 
de Jericó, se derriban sus soberbios muros, que toda la 
fúeraa de Sansón estuvo ligada é. sus cabellos, y que á 
la débil vara de Moisés concede el Omnipotente, la 
virtud de hacer prodigios, con todo, presutniíi»^ á 
juicio prudente es concedido á la humanidad. 

XI 11. Por las reglas de ésta, creemos haber consis- 
tido el todo de la anticipación de la conquista* Estaño 
permitió que los soldados destinados para ella!, dobla- 
sen la rodilla en este Nuevo Mundo, á efecto ée g<^ár 
del agua de sus delicias, sino solo que la lamiesen en 
pié, para imitar en esto á los pocos, que por igual 
sino, destinó el Altísimo para triunfar contra los Am- 
monitas y que mereciesen igualmente la victoria. Esta 
fué una grande disposición de parte de los agentes, 

porque conservaban aún el espíritu que los arrastré 

■ 

(1) Si percnsslses qolnqnies, aut sexies, sive septies, peretoBÍsses Sjríam 
nsqne ad congtónptionem 4, &eg. 13, — 19. 

(2) Gnmqae levaret Moyses manus, vincebat Isifaél. Kkod 17. 


278 TBATRO CUBANO. 


del Wk^o al Nuevo Mundo, sin haberse amilanado en 
las delicias de un arraigo, que en los trabajos de la 
conquista recordaré, como á Vasco Porcallo y otros 
de la Florida (1). La misma anticipación, atrajo ha- 
llar Cortés á los Mejicanos en la natural incultura de 
sus principios, con ánimo indiferente y sin más que la 
propia defensa, cuando los de Florida hablan adquirido 
cualidades muy diversas en la demora, injurias y cono- 
cimientos de los españoles, auxilios y luces de los ex- 
tranjeros con quienes lidiaban al mismo tiempo sus 
conquistadores (2). Y esta favorable estación que 
preocupó á Yelázquez y atrajo la conquista de Nueva 
España y su facilitación, fué únicamente debida á su 
celo y propio mérito. 

XIV. Los Europeos y naturales de la Isla de Cuba, 
lloraron, aunque mudamente, más que todos, la muerte 
de Yelázquez. Se verá en lo sucesivo de esta y 
á los inmediatos pasos de ella, alejados los indios, fugi- 
tivos en los buques, imitando al infeliz Judas, ahor- 
cados en los árboles, siendo pasto sus cuerpos, de aves 
y animales, y finalmente, exterminados de la Isla 
Femandina de Cuba, dejando solo cenizas, que recuer- 
dan haber existido, como Troya y Numancia, y estas 
cenizas serán el mejor encomio de las de nuesbx) pri- 
mer ínclito Gobernador é infeliz Adelantado, Diego 
Yelázquez. 


(1) De que hacemos mendoa en el libro 4, cap. 7 de esta época. 

(2) yéaase en la historia de Florida del Ynoa Gkutsilaso y el Ensayo 
cronológico de ella por D. Grabriel Cárdenas Gano, sobre qne tocaremos bas- 
tante en el discurso de esta obra. 


LIBRO TERCERO. 


De lo acaecido en la Isla Fernandina de Cuba desde 1525 hasta 1538 
bajo los Gobiernos de Manuel de Rojas y Gonzajo de Guzman. 


CAPITULO I. 

Nombra S. A. para el Gobierno interino a Manuel 
Rojas, proveense algunos puntos de su gobierno, 
inquietanse los naturales y padece un gran in- 
CENDIO LA Ciudad de Santiago* 


L Aunque habia mandado el Rey, conforme te- 
nemos dicho, (1) que las faltas ó ausencias de Diego 
Velázquez las supliese en el Gobierno de Cuba, Gon- 
zalo Nuftez de Guzman, hallamos que en su vacante 
no se cumplió esta orden, porque la Real Audiencia de 
la isla E}spañola, confirió ésta interinamente á Manuel 
de Rojas, (2) sugeto de estimación y de calidad, natu- 
ral de Cuellar y vecino de Cuba. Tenía en la ciudad 
de Santiago aquella encomienda de indios, de que ex- 
pusimos (3) haberle privado la residencia del Licen- 

1) £n esta época 1% libro 2, cap. XII. 
[si Herrera década 3, libro 6, cap. X. 
(3) Herrera década 3; libro 5, cap. XIII. 


280 TEATRO CUBANO. 


ciado Alonso de Zuazo, y que le mandó restituir el 
Rey. Habia ya conducido á ella á su mujer y familia, 
y siendo aquella, Magdalena Velázquez consanguínea 
inmediata del difunto Gobernador, se hizo mucho lu- 
gar y estimación en I» Isl^. También hallamos asen- 
tado, que aún viviendo Diego Velázquez en el año de 
1524, gobernaba Manuel de Rojas en la Isla Fernán- 
djinA de Cuba, (1) de que inferimos que lo hacía como 
su Teniente Gobernador, y que sobre esta situación 
continuó él interino por disposición de S. M. Aprobó 
S. M. (2) este nombramiento, entretanto lo hacía de 
Gobernador propietario, y al mismo tiempo confirió 
á Hernando de Castro, el estimable empleo de Factor 
en la Isla FernancMna de Cuba. 

II. Iban requiriendo los asuntos de justicia y or- 
den formal conocimiento, porque la falta de él en- 
gendra confusión muy pegudicial á la quietud públi- 
cíi, y para establecerlo mandó S. M- (3) que todas las 
apelaciones que se interpusiesen de los Gobernadores 
y otros cualesquier, Jueces y Justicias, hasta quinien- 
tos pesos de oro, y desde abajo se conociesen ante los 
mismos Gobernadores ó Jueces de residencia. Que 
la^ causAS que se apelasen desde los quinientos pesos 
de qro arriba, fuesep con dicho grado ante el Presi- 
de^^te y Oidores de la Beal Audieiicia de la Isla Es- 
piañola, y que de las sentencias que se dieren (mra la3 
Jusfticias mayores hasta en cantidad de veinte mil ma- 
ravedís, ó desde abajo se apelase á los Cabildos, con 
inhibiqion de los demás Tribunales. Y aunque esta 
H^ determinación, fundada directamente para diri- 
mir Iqs embarazos que se ofrecían en Tierra firme, 
por 141^ igualdad de razón y conformidad de los ter- 


(1) Herrera década 3, libro 6, oap. XIII. 

(2) Herrera década 3^ libro 7, ^ap. íll. 
(3} Herrera década 3, libro 7, cap. II* 


IGNACIO J. DE VRBÜTIA. 2&1 

ritorios subordinados á dicha Real Audiencia, comen- 
zó á practicarse en la isla Fernandina de Cuba, sien- 
do el origen á que se hallan arreglados los cono- 
cimientos de que en otros lugares haremos mendon. 

II [. La libertad ó sujeción de los indios por ^1 
medio de las encomiendas que tantas disputas habia 
causado y que aun pendía, volvió este año á suscitar- 
se, y S. M. Cesárea deseoso de lo mejor, renovó ws 
consultas. Entre tanto, tuvo á bien expedir órdenes 
Reales a Fray Reinaldo Montesino, Yiciirio dq la or- 
den de. Predicadores y á Fray Pedro Mqjías de Tri- 
llo, Provincial de S. Francisco, ambos residentes en la 
isla EspaQola (1) p^ra que los indios que actualmente 
se hallaren vacos y vacaren en adelante, se pusiesen én 
libertad, imponiéndoles solo el servicio y el tributo 
que en su conciencia hallaren arreglado, con extensión 
de esta facultad á los de la isla Fernandina de Cuba. 

lY. Hablan comenzado á inquietarse éstos en tan- 
to grado, que su Gobernador Manuel de Rojas se vio 
necesitado a dar cuenta de ello á la Real Audiencia, 
solicitando auxilios para sujetarlos (2) y sosegarlos 
porque se hallaba escaso de espafioles, á causa de que 
los muchos que a los principios poblaron la villa de 
Santiago y demás de la Isla las habían dqjado, lleva- 
dos de las conquistas y riquezas de Nueva España, 
Tierra firme y Perú. Escribid también a S. M. infor- 
mándole del estado en que se hallaba la Isla, medios 
de que se valía para la población de ella y pacífícacion 
de los indios y de algunos particulares que necesita- 
ban de Real determinación para su arreglo, y aunque 
no se refieren individualmente las circunstancias don 
que se manejó en el Gobierno, conocemos por lo 


(1) Herrera década 3, libro 8^ cap. X. 

(2) Herrera década 3, Ubro 8, cap. X. 

Tomo II. 36 


282 TEATRO CUBANO. 


consiguiente que tuvo sus embarazos en Cabildo, pero 
acierto y aceptación en lo demás. 

V. Porque entre las órdenes que para el buen 
régimen de las Indias expidió S. M. en este año, se 
dignó mandar que los Gobernadores de ellas no asis- 
tiesen álos Cabildos como lo habian hecho sus anteceso- 
res, sino que los presenciasen los Alcaldes ordinarios. 
Y porque los dichos Gobernadores, particularmente 
de Cuba, impedían á los Cabildos el uso de sus facul- 
tades, proveyó también que cuando en el Regimiento 
se tratase asunto (1) tocante alguno de los presentes, 
saliese éste fuera de la Sala para que con libertad 
se pudiese conferir la materia: que se dejase a los 
Alcaldes ordinarios usar de su jurisdicción, y que par- 
ticularmente en esta Isla Fernandina de Cuba, no 
tuviese su Gobernador más que un Teniente, el cual 
entrase con los Regidores en Cabildo. Resolución á 
que atribuimos no hallar continuados los nombra- 
mientos que en los antecedentes hizo Diego Yelázquez 
en las villas de Trinidad y la Habana, aunque tam- 
bién conocemos que el tiempo y los infortunios que 
padecieron cuasi todas las poblaciones de la Isla, con- 
tribuyeron á esta falta de noticias, que no tocaron las 
historias generales. 

VI. Pero en lo que respecta al demás ministerio 
de Gobierno y atención, con que Manuel de Rojas pro- 
curaba reducir á los naturales, extrayéndolos de los 
buques a que se retiraban siempre que les venian á 
la memoria sus hoyas de Egipto, lo acredita el asiento 
y Real aprobación, y á más una Real carta que debió á 
S. M. Cesárea, y cuyo tenor por breve y de tantas reco- 
mendaciones, hemos tenido á bien trasuntar de Antonio 
Herrera que la trae (2) en esta forma. — El Rey. — 


(1) Dicho Herrera década 3, libro 30, cap. IX. 

(2) Herrera en cap. X, libro 10, década 3. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 283 


((Manuel de Koxas nuestro criado. Vi vuestra carta 
de 8 de Marzo del presente año, y tengoos en servicio 
el cuidado que tuviste de me avisar é informar del 
estado de esa isla Fernandina, y cosas de ella, es- 
pecialmente del estado y materia de los indios natu- 
rales, y seré servido que siempre le continuéis, tenien- 
do por cierto, que en lo que huviere lugar, tendré 
voluntad y memoria para vos hacer merced. Las 
cosas que ahora decís, mandaré ver y se proveerá en 
todo lo que convenga al servicio de Dios Nuestro 
Señor, y nuestro y al acrecentamiento y población de 
la Isla, á la cual yo tengo voluntad de favorecer. En 
todo lo que el nuestro Gobernador de nuestra parte, os 
diíjere y mandare, aiudad como de vos confio. De Gra- 
nada á 14 de Setiembre de 1526 años.-^Yo el Rey. — 
Por mandado de S. M. Francisco de los Cobos, Señalada 
del Obispo de Osma, Presidente de Consejo: del Obis- 
po de Cantirias: del de Ciudad Rodrigo y del Licen- 
ciado Beltran del Consejo de las Indias.» 

VII. Concluyó Manuel de Rojas su Gobierno 
interino con la dolorosa vista de un grave incendio que 
á principio de este año de 1526, padeció la ciudad de 
Santiago, consumiendo y devorando, nó solo la nueva 
iglesia Catedral, más también la mayor parte de sus 
casas y habitaciones de sus vecinos, cuyo número se 
había computado por el de dos mil. Esta desgracia 
movió al Católico celo de S. M. Cesárea á que no solo 
mandase reedificar la Iglesia, (1) ayudando con diver- 
sos medios á su fábrica, sino también áque auxiliando 
á lo vecinos con el título honroso de corresponder al 
celo con que estos hablan salido á los descubrimien- 
tos de Nueva España y otras provincias sujetas ya á 
su Real Corona, y atendiendo á que de la misma Isla 

(1) £1 citado Herrera década 3, libro 10, cap. IX. 


384 TEATRO CUBANO. 


flor SU situación y proporciones se habían de con- 
tinuar y conservar diehos descubrimientos y pobla- 
biones, mandare que se cuidara con principal esmero 
de su fomento. 

Yin. En el año de 1525 naufragó en el cabo de 
San Antonio un navio en que remitía Cortés para 
Bnnopa algunos españoles, pereciendo en el naufragio 
su capitán Juan de Avalos, dos Religiosos y treinta 
personas. Padecieron los demás muchas necesidades 
(1) en tierra, comiendo yerbas de que murieron otros 
cincuenta. Salieron quince vivos á las estancias de 
Guaniguanico, ue llegaron este afto á la Habana y otros 
navios, también dependientes de Cortés, arribaron á 
la villa de Trinidad de donde llevaron ropas, carnes 
vivas y muertas, gran cantidad de vestimentos y di- 
versas plantas de cultivo, para fomentar en la nueva 
población de Trujillo. 


CAPITULO II. 

Reciben á. Gonzalo de Güzman por segundo Gober- 
nador DE Cuba, y se le confieren varias órde- 
nes SOBRE libertad Y TRATO DE LOS INDIOS, Y EL 
MEJOR RÉGIMEN DE LA ISLA. 


I. Era consiguiente á la Beal gracia que tenía 
Gonzalo de Guzman para las vacantes del Gobierno 

(1) Hezrera década 3) libto 8, c^)* IV. 


IGNACIO J. DE ÜRRüTIA. 285 

de Cuba, la sucesión en él por muerte de Diego Veláz- 
quez y en esta virtud, aunque por el pronto se dio el 
interino á Manuel de Rojas, tuvo S. M- á bien de ele- 
gir para i)ropietario sucesor de ella al dicho Gonzalo 
de Guzman. Era natural de Portillo (1) y sujeto en 
quien concurrían las prendas y calidades correspon- 
dientes al desempeño de tal encargo, Librarónsele 
los títulos, y se le dieron las instrucciones concer- 
nientes á su manejo, entre las cuales particularmente 
se le encargó que no asistiese á los Cabildos, ni les 
limitase sus facultades, conforme á lo que hemos di- 
cho. Se determinó en el año antecedente el que solo 
pudiese nombrar un Teniente de Gobernador en la 
Isla, También se le cometió la residencia del Licen- 
ciado Altamirano, con prevención de que para ella 
tomase Asesor letrado por no serlo Guzman. No nos 
consta individualmente el dia en que le posesionó el 
Cabildo de la ciudad de Santiago, pero estamos cierto 
de que ló fué a fines de dicho año de 1526 ó princi- 
pios de 1527, aunque se le libraron los Despachos á 
mas de mediados el de 1525. 

II. Habían declinado por este tiempo las consul- 
tas Reales, á favor de la libertad de los indios, y adop- 
tándolas la piadosa Soberana intención, expidió órde- 
nes generales á este fin. Dirijierónse particularmente 
para su ejecución en la islas Española y Fernandina 
de Cuba, á Fr. Pedro de Trillo, Provincial de San 
Francisco en ellas (2) y comenzó á tratarse de su cum- 
plimiento, pero ocurrieron razones en su ejecución, 
que obligaron á nueva consulta de 8. M. Se consideró 
que si la multitud de indios que habia en Cuba, (por 
las causas que dejamos expuestas) se ponían en la li- 


! 


1) El citado Herrera, década 3, libro 8, cap. XIV, párrafo 1* 

2) Dicho Herrera década 3, libro 10, cap. X. 


286 TEATRO CUBANO 


bertad que se mandaba, uniéndose algunos que per- 
manecían alzados en sus montes, no solo volverían á 
sus idolatrías y vicios, negados á la Religión y buenas 
costumbres, mas también podrían matar á los espa- 
ñoles dominando la Isla, y haciéndose de más difícil 
sujeción. Que desposeidos dichos españoles de sus 
encomiendas, principal lucro que gozaban en dicha 
Isla, la acabarían de despoblar buscando en otras tier- 
ras lo que en aquella les faltaba. Que la situación de 
la referida Isla, la hacia preciso cruces y necesaria es- 
cala de las navegaciones de Nueva España y Tierra 
firme, y en ella tomaban las flotas y bajeles sueltos, 
provisiones bastimentos, y los descubridores surti- 
mientos de ellos y de caballos y otras cosas necesa- 
rias aquel fin. Y últimamente, que la inaplicación y 
rusticidad de los indios tenían acreditado, que sin di- 
chas encomiendas y sujeccion no se allanarían á la 
religión, vida y labor necesario al servicio de Dios y 
del Rey. 

III. Hicieron peso estas reflexiones en la Real 
consideración, y aunque estaba inclinada a favor de 
la libertad de los miserables naturales, prescindiendo 
maduras consultas sobre este particular, se dignó S. M. 
responder á Fr. Pedro Mejía de Trillo. Que con 
mucha diligencia sq informase del número de indios 
que habia vacado de seis meses a aquella parte, y en 
adelante vacasen (1) y á los que los juzgase capaces de 
vivir en unión con el pueblo, orden y disposición de 
doctrínarlos y admitir la religión, los hiciese situar y 
poblar en la forma que á el Gobernador Gonzalo de 
Guzman pareciese, proveyéndolo de personas religio- 
sas y Clérigos de honesta vida que los doctrinasen y 

(1 ) Dábase «n este tiempo las enoomiendas ad-mitum amovibles ó cuan- 
do más por la vida de los encomenderos. Solorzano. en sn Polftica, libro 
3y cap. 17, A. 1. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 287 

diesen k entender que S. M. los atendía en aquella 
disposición, por la particular estimación que de ellos 
hacia, advirtiéndoles que si conservaban la unión, re- 
ligión y buenas costumbres, serian amparadas en 
ellas por su Soberana autoridad, como vasallos, pero 
de lo contrario, serian castigados y privados de la li- 
bertad de que abusaban. 

IV. Que á los que después de un maduro examen 
constase que para sacarlo de sus vicios y á fín de su 
mejor instrucción y salvación, convenia encomendar- 
les á los vecinos, lo hiciere como hallara convenir, de 
acuerdo con el Gobernador, en quienes descargaba su 
Real conciencia, con la calidad de que siempre fuesen 
libres y no esclavos, tratados como tales y encomen- 
dados (cuando fuere indispensable) á personas honra- 
das, y vecinos arraigados, con la intención de perma- 
necer en la Isla y que les tratasen como cristianos y 
libres dándoles el alimento, vestuario y trabiyo ligero, 
sin que alguno los pudiese tener en trabsyos forzados, 
pena de privación de la encomienda y confiscación de 
bienes. 

V. Con tales órdenes se comenzó a dar mejor tra- 
to á los indios en la Isla Fernandina de Cuba, pero 
ellos que solo se acomodaban con sus antiguas cos- 
tumbres, abandonaban los pueblos y doctrinas cuando 
menos se esperaba, y se retiraban á los montes, don- 
de vivian como brutos. Habíanse esmerado Manuel 
de Rojas con el cuidado y pacificación de éstos natu- 
rales, durante su gobierno interino, como se ha dicho 
y continuaba después de él con séquito y aceptación 
de ellos, siendo el qué con más modo y gracia habia 
grangeado tal aliciente, que los sacaba de las serranías 
y reduela á sus pueblos, pero ningunos permanecían en 
ellos, cansándose la paciencia donde no tenia término 
la veleidad^ y algunos se obstinaron en los montes 


288 TEATRO CUBANO. 


mat^nflo á los Españoles que podían haber a sus ma- 
nos, y causando á los demás todas las posibles extor- 
siones. 

VL Sobre éstos últimos dispuso el Rey que se les 
enviase aquellas personas religiosas y legos de quien 
tuviesen mejor aceptación, para que les persuadiesen 
su restitución á la Real obediencia (1) y 4 sus pue- 
blos, cesando de conturbar á los que vivian en ella, 
bajo de ofrecimiento inviolable de ser bien tratados. 
Que cuando en esta forma se hubiesen hecho muchas 
diligencias y no bastasen, se les procesase judicialmen- 
te, para justificar la causa y en ella y con ella se les 
repitiesen tres requerimientos en forma, y si dentro 
de sus términos no obedeciesen, permitía se les pudie- 
se hacer guerra como a vasallos rebeldes y tomarlos 
por esclavos. Pero sin embargo de estas órdenes, 
previno el Rey al Gobernador que trabajase en atraer- 
los con el menor daño que fuese posible, y encargó á 
la Real Audiencia el buen trato de estos indios y ob- 
servancia de estas órdenes, descargando en ella su 
Real conciencia. 

VIL También dispuso S. M. que la Real Audien- 
cia de la isla Española, no se introdujese en los asun- 
tos de conceder vecindades y encomiendas de indios 
en la Isla Fernandina de Cuba y demás de Barloven- 
to, dejando el libre uso de estas facultades á sus Go- 
bernadores á quienes competía. (2) Y por el infor- 
me de Manuel de Rojas y de otros Gobernadores de 
estas Islas, habían hecho presente su despoblación á 
causa de inquietarse los pobladores con los muchos 
descubrimientos, dejando lo cierto por lo dudoso^ man- 
dando así mismo el Rey se publicase en las dichas 


(1| Herrera dicho, cap. X, pérrafo último. 
(2) Herrera década 3, libro 10, cap. XI. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 289 

Islas que ningún vecino de ellas, so pena de la vida y 
pérdida de bienes, pudiese dejar su vecindad, para 
pasar a nuevos descubrimientos ó población, salvo 
que pasando por la Isla algún descubridor ó poblador, 
por asiento con 8. M., pudiese permutar el vecino de 
ella para llevarlo á su descubrimiento ó población, 
dejando otro en su lugar. Con esta prohibición se 
aquietaron algo los ánimos alborotados, y atendiendo 
cada vecino con más sosiego al fomento de sus CMA» 
y haciendas, fueron perfeccionándose las poblaciones, 
crianzas y labranzas de la isla. 

VIII. En este año fué electo el Maestro Df. Fr. 
Juan Flandes por Obispo de Cuba, á conseciiencift de 
haberlo renunciado en el antecedente D. Fr. Juan de 
White. Era el electo, flamenco de naeion y religioso 
del drden de Predicadores, pero habiéndosele al mismo 
tiempo destinado para confesor y capellán mayor de 
la Reina Doña Leonor, hermana del Emperador Car- 
los V, que pasó a Francia con su marido Francisco I, 
se le mandó (1) dejar el Obispado, y no vino á é!. 


(1) El lUino. Morell| en sa manuscrito, año de 1726. 

Tomo II. 37 


290 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO III. 

Llega a Cuba PanfiIíO Narvaez, Adelantado de 
Floróla, con sü armada: presentase para cuar- 
to Obispo de esta isla a Fr. Miguel Ramírez: 
pierde un na vio aquella, en un fuerte huracán 

QUE DERRIBÓ LA VILLA DE TrINIDAD, Y S. M. EXPI- 
DE VARIAS PROVIDENCIAS PARA EL RÉGIMEN Y AUMEN- 
TO DE LA ISLA. 


L Panfilo Narvaez, que después de las tragedias re- 
feridas, obtuvo de S. M. el Adelantamiento y conquista 
de Florida, y salió de San Lúeas el 17 de Junio de es- 
te año de 1526 con cinco navios de armada, gente y 
pertrechos para ella: llegó á la ciudad de Santiago de 
Cuba en solicitud de hombres, armas y caballos. Cár- 
denas Cano, (1) hablando de esta armada dice, que en 
ella iba Fr. Juan Suarez, por Obispo de aquel distrito; 
pero Antonio Herrera (2) solo asienta, entre otras co- 
sas, que juntamente con el Obispo de la Nueva España, 
fué presentado para el Obispado de la isla Fernandina, 
Fray Miguel Ramirez, del orden de Santo Domingo, 
predicador del Rey, por renunciación de Don Juan 
White. Padeció sin duda engaño el curioso Cárde- 
nas, así en el nombre como en la venida de su Illma. en 

(1| Cárdenas en bu Inca. Ensayo de Florida, año de 1527. 
(2) Herrera, Década 4, lib. 2, cap. V. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 291 

— -■■»' ^ '■ ' - ■ — ■ ■ II 

la armada de Narvaez, porque efectivamente no pasó 
a su Obispado hasta el siguiente año de 1528. Pudo 
provenir la equivocación de hallar tocada en Herrera 
su presentación al mismo tiempo que trata de la sa- 
lida de Narvaez y le diferencia en el nombre, lapso 
de pluma, 6 error de imprenta; pero hemos juzga- 
do de nuestro cargo advertirlo, para evitar confusio- 
nes á los que lo leyeren, y dar en este Teatro el debido 
crisol á la verdad. 

II. Narvaez después de haberse proveído en la 
ciudad de Santiago de alguna gente, armas, caballos 
y bastimentos, salid de su puerto con toda la armada, 
dirigiéndose al de la villa de Trinidad, donde le habla 
ofrecido Vasco Porcallo proveerle de carne y comesti- 
bles de sus haciendas. Llegó con todos los navios 
hasta el cabo de Cruz y desde él remitió uno a Trini- 
dad por dicha provisión, quedando los demás en su 
espera á el ancla: arribó aquel á dicho puerto y pasa- 
ron a tierra su Capitán Pantoja y Vasco Porcallo, 
para recibir y entregar los bastimentos con la anti- 
cipación que pedia su peligrosa mansión: mas al 
amanecer el siguiente dia, sobrevino un huracán de 
los más formidables que ha experimentado aquella 
costa. 

III. Comenzó á sacudir una recia lluvia y á in- 
quietarse el mar, con cuyo motivo bajó á tierra el Te- 
sorero de la armada, Alvaro Nufiez Cabeza de Vaca, 
que venia en dicho navio; continuaron embravecién- 
dose las olas en tanto grado, que ni las lanchas ó bás- 
teles se atrevían a venir á tierra, ni se pudieron atra- 
car á ella los navios para salvar la gente y los caballos, 
pues que contrarios los tiempos y soplando fuerte- 
mente el Norte, apenas pudieron resistir aquel dia al 
ancla. Fué siempre en aumento la borrasca, que pa- 
sando á tormenta en el mar, tuvo en tierra todos los 


292 TEATRO CUBANO. 


efectos de huracán. Derribó las casas é iglesias; 
arrancó los árboles de raíz, y ^ra necesario que se 
abrazasen siete ú ocho personas encadenadas para 
impedir que los levantase y precipitase la furia del 
viento; sufrían su inclemencia y la del agua en los va- 
lles, por librarse de las ruinas de los edificios en los 
pueblos; y del golpe de los árboles en los montes. 
Ed la noche á cuya sombra creció más la fuerza de 
los elementos, se oía gran ruido, que figurando voces 
y sonidos de cascabeles, flautas y tambores, amedren- 
taba los ánimos llenándolos de confusión. 

lY. Calmd la ira al amanecer del siguiente dia, y 
á la luz de éste, se hallaron solo ruinas en lugar de 
los edificios que hermoseaban la villa de Trinidad y 
estancia de su comarca. Túvose á mal pronóstico ó 
aciago principio de la expedición de Narvaez, y co- 
menzaron á desconfiar de su feliz éxito, cuantos ob- 
servaron la poca fortuna de sus anteriores pasos. 
Después de amanecer bajaron los vecinos cuidadosos 
del puerto donde no hallaron los navios, y notando 
solo las boyas de las anclas, los juzgaron perdidos y 
comenzaron á reconocer las costas, por si hubiesen 
varado en eUas: vióse en esa una barquilla puesta so- 
bre unos árboles, y más adelante dos hombres muer- 
tos y tan disfigurados de los golpes de las peñas, que 
no se pudieron conocer, halláronse otros fragmen- 
tos que hicieron más cierta la pérdida de los navios, 
en los cuales habia setenta personas y veinte caballos, 
salvándose solo treinta hombres que hablan boyado á 
tierra. 

V. A este infortunio se siguió el de la escasez de 
bastimentos en dicha villa de Trínidfd, porque los que 
estaban hechos se perdieron con la humedad de las 
aguas no habiendo quedado almacenes en que custo- 
diarlos de ella. Los montes quedaron quemados por 


IGNACIO 3. DE ÜRRÜTU. 293 

.■ 'n . .-.-v: .77— ■■■■■■ ■ ■ .. ■•■■—■■■■ . ■■ , - ■-.- - ■ -- 

la furia de los vientos, desnudos de hojas los árboles, 
podrida y asolada la yerba, y con su falta perecieron 
muchos ganados que hablan quedado quebrantados 
por el tiempo. Permanecieron en Trinidad los de la 
armada que libraron del naufragio, apreciando melan- 
cólicamente el éxito de Narvaez y sus cuatro bajeles 
perdidos en la fuerzade la borrasca: pero aunque alcan- 
zó parte de ella al lugar de la costa en que se hallaban, 
pudieron abrigarse en lugar seguro y escapar del peli- 
gro. Después de él llegaron al puerto de Trinidad el 
dia 5 de Noviembre y como la gente habia quedado 
atemorizada no atreviéndose á seguir la navegación en 
el invierno, obtuvieron del Adelantado que lo pasare 
allí, asegurando los navios en el puerto Sagua que dis- 
ta solo dos leguas del de Trinidad. 

VI. En este año concedió S. M. que se introduje- 
sen en la isla Fernandina de Cuba, mil negros es- 
clavos, para que fuera menor el trabajo de los indios 
en ella: prohibió su comercio é introducion de indios 
sin Real licencia^ y bajo la pena de confiscación, se 
mandaron restituir a dicha Isla todos los indios que 
de ella se hablan extraído, no queriendo de su libre y 
expontánea voluntad permanecer en los que se halla- 
sen: y ordenó que Fray Pedro Mejía de Trillo so- 
breseyese en la comisión que se le habia conferido 
para poner en libertad los indios de las encomiendas, 
que vagasen hasta que, llegando a la Española el Li- 
cenciado Ramírez, Oidor de Granada, y que fué pro- 
veído por el Obispo y Presidente de Santo Domingo, 
se pusiesen de acuerdo en lo que convenía hacer. 

VIL Se recibió también en la ciudad de Santiago 
de Cuba la plausiUe noticia del feliz nacimiento del 
príncipe D. Felipe, hijo prifiíojénito del Emperador 
y Rey de las Españas D. Carlos V, y se celebró con 
aplauso en ella y demás pueblos de la Igdia. Y porque 


294 TEATRO CUBANO. 


desde el incendio padecido en la ciudad de Santiago 
de Cuba durante la interinatura de D. Manuel de Ro- 
jas, no habia podido reedificarse su Catedral, cuyo 
reparo exijía la Real atención, suplicó S. M. á la San- 
ta Sede (1) se dignase dispensar el que se gastase en 
su fábrica y reparo, dos mil ducados que el Goberna- 
dor Diego Velázquez habia dejado por su testamento 
para que se distribuyesen en obras-pías. Y finalmente, 
anhelando el aumento y propagación de la fé católica, 
pidió S. M. á los Generales de las órdenes de Santo 
Domingo y San Francisco que para en adelante • se 
diese licencia á todos los Religiosos que quisiesen pa- 
sar á las Indias, a efecto de que pudiesen hacerlo sin 
impedimente alguno, ni limitación en el número, y ob- 
tuvo de ellos letras concesorias. 


CAPITULO IV. 


Refiere la salida y éxito de la expedición de Nar- 
vaez: varias provmencias para el gobierno de 
LA Isla y salida del señor Diocesano D. Fr. Mi- 
guel Ramírez, y se da noticia del chapapote y 
piedras redondas. 


I. Durante el invierno reparó Panfilo Narvaez los 
quebrantos de su expedición, más allá de su deseo, 

(1) Herrera en el citado cap. década 4, libro 12. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTlA. ^^5 

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compró en Trinidad un bergantín, que llegó a su puer- 
to y un navio que arribó a la costa del Sur de la Ha- 
bana, y llevó en ellos a Jagua por el mes de Marzo 
de este ano, de veinte y ocho, cuarenta hombres y do- 
ce caballos: numerando en aquellos al piloto Diego 
Minelo, práctico de la costa del Norte, y Alvaro de la 
Cerda, Capitán de navio. Hizo alarde de su gente en 
Jagua, y se hallaron cuatrocientos, y ochentas caballos 
(1) de que tomó mucha parte en la Isla, y los embar- 
có en los cuatro navios y bergantín, saliendo incorpo- 
rados de este puerto. 

II. Al pasar esta armada por los bajos del Ca- 
narreo, entre la isla de Cuba y de Pinos, dieron 
sus quillas con fondo, quedando varada quince dias, 
después de los cuales pudieron nadar con plea mar 
que introdujo en ellos una tormenta del Sur. Sufrie- 
ron otras dos borrascas en cabo de Corrientes, y cer- 
ca del cabo de San Antonio, que doblaron á los tres 
dias, y acercándose á la Habana con ánimo de hacer 
escala en su puerto, se lo impidió un viento Sur que 
los arrojó á la costa de la Florida. No fué en ella 
menos infeliz, pero no siendo parte de nuestra histo- 
ria lo ocurrido fuera de la Isla, baste decir al curioso, 
que después de inmensos trabajos y necesidades en 
que llegaron los españoles unos con otros, (2) pere- 
cieron miserablemente en la Provincia de la Florida 
(3) é isla de Malhado, saliendo pocos de ellos después 
de nueve años, al nuevo Méjico, de donde pasaron al 
viejo. 

III. Celebró 8. M. este año, nuevo asiento para la 
introducción de negros en las Indias, en los almacenes 

(1) Herrera década 4^ libro 4, y Cárdenas Cano, año de 1527. 

(2) Herrera década 4, libro 4^ cap. Vil. 

(3) Herrera ubi snp lib. 5 y siguientes en la década 6, libro 1; desde 
el cap. Illy hasta el 8 y Cárdenas afio de 1528 y siguientes. Y el Tnca 
Garcilaso en su historia de Florida, libro 1?; cap. IIL 


296 TEATRO CUBANO. 


de Enrique Ciguer y Gerónimo Sayller, concediéndoles 
que en cierto tiempo introdujesen cuatro mil cabezas 
de esclavos, (1) que supliesen la falta de operarios que 
se iba experimentando en las Islas. Prohibió que las 
Audiencias enviasen Jueces pesquisidores á los luga- 
res de sus distritos, á menos que fuere á pedimento 
de los Gobernadores ó Jueces, y sobre casos que ellos 
no pudieran remediar por sí, y les concedió la facul- 
tad de decidir las competencias de jurisdicción entre 
los Gobernadores, con otras facultades convenientes 
al recto régimen y gobierno de estos Tribunales. 

Hallábanse aún en Sevilla los Obispos de la Espa- 
ñola y Cuba, Licenciado D. Sebastian Ramírez y F. 
Miguel del mismo apellido, que en el año pasado de- 
jamos electos, y porque se exijian en sus sUlas, mandó 
S. M« saliesen para la Iglesia con la mayor anticipación. 
Pedían los maestres de navios precios excesivos por sus 
pasiyes, y filé necesario acudir al Rey por (2) 
se puso en la moderación y prelacion de ellos. Com- 
prendió el Diocesano de Cuba que sus antecesores ha- 
blan tenido embarazos en los Maestros de la Real 
Hacienda en eUa (3) porque les impedían el libre uso 
de su jurisdicción, y que por conservar la quietud pú- 
blica, no hablan usado de sus armas en la imposición 
de censuras. Para evitar iguales embarazos por una 
y otra parte lo hizo también presente al Rey, pidiendo 
el remedio oportuno, y S. M. se dignó mandar á los 
oficiales Reales, se abstuviesen de perturbar la juris- 
dicción Eclesiástica, y dejasen á los Obispos de la isla 
de Cuba usar de las mismas facultades que ejercían 
los de la Española. 

V. Entendió el Rey su innata piedad á prevenir 


Íl) Herrera década 4, libro 4^ cap» XI. 
2| Hay na blanco en el onginaL 
Herrera década 4, libro 5, cap.. X, 


IGNACIO J. DE URRTJTIA. 297 


en esta ocasión que de todas las haciendas y granje- 
rias Reales, se pagase el diezmo de las Iglesias: por- 
que teniendo 8. M., en cuanto a la obligación espiri- 
tual y respecto a Dios Nuestro Señor, como uno de 
los vecinos más obligado a su Divina Magestad, 
por los mayores beneficios que de su Poderosísi- 
ma mano recibía; quería sin excepción alguna, dar el 
mejor ejemplo en su paga. Concedió igualmente que 
los vecinos de dicha villa, no pagasen por esta vez, 
derechos del almojarifazgo, por los ornamentos para 
iglesias vestidos para sus personas y criados, y otras 
cosas que llevan. Y habiendo de antemano hecho 
merced de la mitad de las rentas vacantes de dicho 
Obispado de Cuba, para la fábrica de la iglesia Cate- 
dral, sita en su ciudad de Santiago, concedió ahora la 
otra mitad de dicha vacante, al nuevo Obispo Fr. Mi- 
guel Ramírez, para ayuda de costos de su viaje. 

VI. Reducidos los indios de la Isla Femandina de 
Cuba, volviendo á sus pueblos y estancias, sin guerra 
ni violencia, sino solos atraídos del buen trato, comen- 
zaron á habitar en sus pueblos. Dióse cuenta de ello 
al Rey, y gozosísimo de esta reclusión, encargó su 
atención y libertad á los nuevos Obispos de ella y la 
Española, recomendándoles como se habia logrado por 
medios suaves lo que no facilitaron los ásperos; y 
cuanto convenía continuar por el mismo tenor, para 
que fuesen atraídos al conocimiento de nuestra Santa 
Fé Católica. Para este fin mandó que la comisión 
que primitivamente habia conferido a Fr. Pedro Me- 
gía de Trillo, Provincial de San Francisco, para la 
protección de los indios, se entendiese adjunta (1) con 
los lUmos. Obispos y el Gobernador de la misma Isla 
Femandina, Gonzalo de Guzman. Y que en premio y 

(1) Herrera década 4, libro 5, cap. II. 

Tomo II. 38 


298 TEATRO CUBANO. 


satisfacción de los encomenderos y personas que ha- 
bían servido en esta pacificación, fuesen en lo sucesivo 
sus encomiendas hereditarias a sus mujeres é hijos, 
aunque éstos no fíiesen legítimos. 

VIL Se descubrió por este tiempo en la Isla Fer- 
nandina de Cuba, una fuente ó mina que naturalmente 
manaba pez, y los Oficiales Reales de ella remitieron 
a Sevilla una bota de dicha pez, a fin de que se hicie- 
se experimento, si podia servir para brear los navios. 
Y porque ya hemos tocado otra vez esta especie de 
pez, (1) sin manifestar cual sea la calidad, por no ha- 
cerlo el historiador Herrera, para satisfacer á los cu- 
liosos, asentamos, que se dan varías minas ó vetas de 
ellas, principalmente en el territorio que corre desde 
la villa de Santa Clara, Sancti Spíritus y Puerto del 
Príncipe. Clue se nombra provisionalmente chapa- 
pote, cuya materia resinosa y semejante a la brea, 
corre con los rayos del sol. Pero aunque recibe com- 
bustibilidad, ha manifestado la experiencia que no 
puede suplir las efectos de la brea, en el servicio de 
bajeles a causa de que después del fuego no pega con 
la subsistencia de la brea, ni queda tan sólido por con- 
sumirle el dicho fuego las partes más líquidas. Por 
lo cual, aunque Herrera no refiere los efectos de el 
experimento que se hiciese en Sevilla, creemos haber 
tenido iguales resultas, mediante á no dársele aquel 
uso á dicho chapapote. 

VIII. Dice también Herrera que en este ano avi- 
saron los oficiales Reales de la isla de Cuba, haber en 
el rio del Bayamo gran número de piedras redondas, 
de diversos tamaños, que podrian servir para balas de 
artillería, y que el Rey mandó que se condujesen can- 
tidad de ellas, de todos tamaños, por lastre, en los na- 

(1) En el libro 2, cap. 5, párrafo 10. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 299 


vios que iban á Castilla, para que pudiesen servir á 
todas las piezas. Pudo verificarse la existencia de al- 
gunas de estas piedras, en el rio nombrado Cauto, que 
es el de dicha villa de Bayamo, pero no subsisten de 
la calidad que se expresan; y sobre este asunto nos 
remitimos a lo que en otro lugar dejamos expues- 
to, acerca de estas piedras redondas, y de la equivoca- 
ción con que se dicen llevadas á España de la isla 
Fernandina de Cuba, dándose en el Reino de Nueva 
España. 


CAPITULO V. 

Comunícase Real Orden a el. Gobernador Gonzalo 
de guzman, para que examine la capacidad de 
los indios, y los reduzca a libertad y vida so- 
CIAL, LO EFECTÚA Y DESTINA PARA SU CaPELLAN Y 

Director al Pbro, Francisco Guerrero. 


I. No hacen los historiadores mención alguna de 
lo ocurrido en Cuba en los años de 1529 y 1530 has- 
ta el de 1531. Sentimos no poder suplir esta falta en 
la época de que tratamos, por la expuesta causa de 
no haber dejado movimiento de ella el tiempo y los 
insultos; pero nos consolamos de hallar algo con que 
continuar el hilo de la historia, hasta salir a tiempo 
en que podremos trabajar sobre otros cimientos. 

II. Repitiéronse pues, las órdenes más amplias so- 


aOO TEATRO CUBANO. 


bre la libertad de los indios en dicho año de 1531, no 
solo á los Obispos, mas también a todos los Goberna- 
dores y Ministros de las Indias. Dirijiéronse especial 
á nuestro Gobernador Gonzalo de Guzman, (1) para 
que hiciese experiencia de la capacidad en los natura- 
les de la isla Fernandina de Cuba, sin duda por la opi- 
nión que se había levantado en todos tiempos, de que 
los indios no eran hombres capaces de la religión cris- 
tiana, hasta intentar algunos, que por accidente, se for- 
marían los primeros de ellos, de la putrefacción de la 
tierra, (2) ayudado del calor del sol. Este error lle- 
gó á necesitar decisión de la Santa Sede, que dio el 
Papa Paulo III, a representación de I). Fr. Julián Gar- 
cés. Obispo electo de Cuba y que lo era ya de Tlasca- 
la, declarando en la Bula dada en Roma a 4 nonas de 
Junio de 1537, ser verdaderos hombres y capaces de 
la fé. Y aún después para desarraigarlo, convino que 
el primer ConcUio Mejicano (3) así lo ratificase, Gon- 
zalo de Guzman, interesado en cumplir fielmente la 
Real orden, solicitó y proporcionó ocasión oportuna 
en que hacerlo, vacó en la isla Fernandina de Cuba un 
repartimiento ó encomienda que tenia Pedro de Mo- 
rón en la provincia de San Salvador del Bayamo, y el 
Gobernador mandó venir á su presencia a los indios 
de ella: hízoles entender por el intérprete Pedro 
Rivadeneira, previo su juramento de fidelidad, la or- 
den del Rey dirigida (4) á que si los hallaba con habi- 
lidad y capacidad para ello, «les diese libertad diferente 
de la que hasta entonces hablan tenido, á fin de que 
yiviesen como labradores de Castilla, sin estar enco- 
mendados por navorías, ni repartimientos a castella- 

/l) Solórzaao en bu política, libro 1, cap. Y, núm. 15 y siguientes. 

/2) Rivadeneira en su Pasatiempo; alio de 1520 nota. 

/3) Rivadeneira en bu Pasatiempo afio de 1520, nota. 

(4) Herrera en la citada década 4, libro 1; cap. Y. 


I 


í 


IGNACIO J. DE ÜHRÚtIA. 301 

nos, y que para que mejor se hiciese y ellos viviesen 
como cristianos y tomasen sus costumbres, se habían 
de ir á vivir junto a San Salvador ú otra villa de cas- 
tellanos, para hacer por si sus labranzas, y tener su 
pueblo aparte con un Capellán que los instruyese en 
las cosas de la fé; que habían de cultivar, criar gana- 
dos y sacar oro, pagando al Rey lo que le pertenecie- 
se de su tributo como sus vasallos, y que de lo que 
ganasen y multiplicasen sus ganados, se ha1)rian de 
vestir y sustentar, y á sus mugeres é hijos. Y final- 
mente, que mientras cumpliesen esto, el Gobernador 
los ampararía y proveería de lo que hubiesen menes- 
ter; pero que no cumpliendo, les apercibía desde en- 
tonces que los volvería á encomendar como habían 
estado antes.» 

III. Oyeron los naturales con atención y compla- 
cencia esta proposición que les explicó el intérprete, 
y aunque mostraron agrado á ello, les concedió Gon- 
zalo de Guzman un día de término (1) para que la 
premeditasen y eligiesen. Retiráronse a sus casas, y 
en el resto de él y noche subsecuente, trataron y con- 
firieron entre sí aceptar la libertad: con esta resolu- 
ción, se presentaron en el siguiente al Gobernador, los 
del pueblo de Guaminico, y tomando la voz uno de 
ellos, nombrado Diego Ramírez, dijo, «que todos los de 
su lugar se querían ir á la vUia de Bayamo, cerca de 
los castellanos y fimdar allí para servir a Dios y a su 
Santa Madre, y pagar diezmos y sacar oro para servir 
al Rey.» Lo mismo respondió el indio Cacique del 
pueblo de San Lúeas, a quien llamaban San Juan, y 
otro principal del pueblo de Manzanillo, á los cuáles 
hizo entender el Gobernador su benevolencia y que 
dispondría de su atención y cuidado. 

(1) Herrera en la citada década 4^ libro 10, cap. V. 


302 TEATRO CUBANO. 


IV. Ocurrió entre los demás, uno de los habitan- 
tes del dicho pueblo de Manzanillo, á quien nombra- 
ron Anaxa, y el cual deseoso de manifestar su obse- 
quio hacia los castellanos, expuso al Gobernador que 
porque el dicho pueblo ccera paso de los castellanos, que- 
ría estar en compañía de ellos para hospedarlos.)» Pe- 
ro Gonzalo de Guzman, deseoso que en ningún modo 
se oscureciese la intención del Rev. le hizo entender 
cjue no se les pedia hospedaje para los españoles, sino 
que viviesen en vecindad, trabajando como libres, para 
servir á Dios y al Rey, y alimentar á sus mugeres é 
hijos, sin estar siyetos a otra persona. A lo cual res- 
pondió Anaxa haberlo comprendido y quedar confor- 
me. Hízose entender lo mismo a los demás indios, 
que respondieron en igual disposición. 

V. En virtud de ésta, les asignó y entregó el Go- 
beiTiador los pueblos que hablan elegido para su resi- 
dencia. Dio las providencias convenientes al efecto, 
de que pudieran sustentarse mientras adelantaban sus 
labranzas y crianzas, y les previno las reglas que ha- 
blan de observar para su sociedad, paz y justicia. 
Nombró y destinó para el gobierno é instrucciones es- 
piritual de dichos pueblos, á Francisco Guerrero, clé- 
rigo á quien designó congi*ua de sustentación, á fin de 
que 8e dedicase enteramente á la consecución de las 
Reales intenciones, con que comenzaron los indios de 
la isla Pernandina de Cuba* á disfrutar en parte la li- 
bertad que dispuso S. M. 

VI. Probamos por los efectos, haberlo tenido favo- 
rable esta disposición Real y diligencia de Gonzalo 
Guzman. Porque en el distrito de la ciudad de San- 
tiago y en el de la villa del Bayamo, permanecen va- 
rios pueblos de estos indios, cuya subsistencia persua- 
de de los buenos principios de sus poblaciones. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 303 


CAPITULO VI. 

Refierense varias consuiíTas que había hecho Ma- 
nuel DE Rojas, para fomento de i>\ Isla y Real 

RESOLUCIÓN DE ALGUNAS DE ELLAS. 


I. duíen leyere sin reflexión en este año de 
1532, al Cronista Antonio Herrera (1) creerá (como 
creíamos) que volvió en él á gobernar la Isla Ma- 
nuel de Rojas, porque habla de éste, como si efectiva- 
mente gobernase. Pero reflexionando seriameYíte que 
dejamos en el Gobierno á Gonzalo de Guzman, y que 
lo vemos continuar en él con el mismo historiador 
y otros, hasta su entrega á Hernando de Soto, se co- 
nocerá que las piigvidencias que refiere y vamos á 
exponer, aunque recibidas en este año no fueron con- 
sultadas en él, sino cuando gobernaba interinamente, 
como apuntamos (2) y reseñó S. M. en Real carta de 
14 de Setiembre de 1526. Habia pues hecho presen- 
te á S. M., la decadencia en que iban los habitantes de 
Cuba por la muerte ó ausencia de los naturales, y por- 
que los europeos abandonaban sus domicilios, tras- 
portándose á los Reinos del Perú, cuyas conquistas y 
riqueza daban ya admiración y pasmo al universo, sin 

(1) Heirera década 5^ libro 2, cap. Y. 

(2) Al capitulo 1? d0 «ste libro. 


304 TEATRO CUBANO. 


que bastase con este atractivo, las estrechas y Reales 
prohibiciones que dejamos expuestas, y para solicitar 
remedio oportuno á este desorden y medios con que 
adelantar la Isla, propuso varios puntos concemien- 
á ello. 

II. Pidió en primer lugar que S. M. le diese ayu- 
da para acabar la fábrica de la iglesia Catedral de la 
ciudad de Santiago: que porque habia en la Isla mu- 
chos indios alzados, y la ciudad de Santiago, y demás 
villas carecían de Propios, por lo cual no podian ha- 
cer gastos contra ellos, le parecía conveniente que 
S. M. fuese servido de permitir que las personas que 
los siguiesen y aprehendiesen, los pudiesen tener por 
esclavos. Pero aunque el Rey y a su Supremo Con- 
sejo pareció oportuno este medio para conseguir la 
sujeción de los indios, previniendo la sencillez'y sim- 
plicidad de los de dicha isla Fernandina de Cuba, y 
que si se concediese, podría abusivamente extenderse 
á los que no merecieran esta pena, tuvo a bien de 
negarla previniendo se procurase extraerlos por otros 
medios suaves. 

III. Representó asimismo Manuel de Rojas que le 
parecía ser cosa muy perjudicial para la población de 
la Isla, los tributos y censos que en aquellos princi- 
pios hablan comenzado á acostumbrarse; porque por 
cien personas se echaba la mitad de tributo, y que 
cuando pareciese que se debian de echar, fuese apre- 
cios moderados, como á 8 por 100, porque se hablan 
establecido tantas, que casi las ciudades y villas esta- 
ban atribuidas, y los acreedores se llevaban en tribu- 
tos más del caudal; por lo cual, todos los vecinos es- 
taban adeudados y algunos perdidos, y como no los 
podian redimir, quedaban los heredamientos enage- 
nados en poder de los acreedores. Esta instancia me- 
mereció la aprobación del Rey y su Consejo, y en su 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 305 


consecuencia mandó S. M- (1) que se moderasen los 
censos hasta el 10 por 100. 

IV. También informó al Rey, que porque todas 
las personas que cogían oro, sentían mucho se les lle- 
vase el quinto del derecho Real por el mucho costo 
que tenian, habiéndose encarecido los bastimentos y 
todas las cosas. S. M. se debía contentar con el 
diezmo como antes se hacia, porque así acudiría gen- 
te, habría mucho comercio y las Rentas Reales crece- 
rían, donde nó, la tierra se despoblaría, porque los 
hombres siempre se van tras del provecho, y así era 
cierto que habian de desamparar aquellas islas: agre- 
gaba que impedia mucho la población de ellas, el ser 
solteros la mayor parte de las personas que las asis- 
tían, por lo cual, al tiempo de su muerte, no dejando 
herederos forzosos, tenian á sus cabeceras Clérigos ó 
Frailes, que se habia visto forzarlos algunas veces a 
hacer testamento, instituyendo á su Monasterio por 
heredero en cuantías excesivas. De suerte, que des- 
pués de la muerte de ellos, no quedaba memoria de 
sus casas, ni moradores en ellas, á cuya causa las Villas 
y Lugares de la Isla se iban consumiendo, y los bienes 
de los difuntos incorporándose en los Monasterios, sin 
esperanza de que en los tales bienes sucediese otro 
vecino; lo cual era de muy grande inconveniente para 
tierras nuevas y que debían poblarse. 

V. Para remedio de este daño propuso (y lo hicie- 
ron también otros Cxobernadores y la Real Audiencia 
de la isla Espaflola) que después de dos mil años y 
más de población en los Reinos de Castilla, se sintió 
el mismo inconveniente por lo cual se hizo sobre ello 
Ley, en tiempo del Rey D. Juan el II, y convenía aho- 
ra se mandase en aquellas partes, que ninguna perso- 

(1) Herrera década 5, libro 2, cap. Y. 

Tomo II. 39 


306 TEATRO CUBANO, 


na sujeta á la jurisdicción Real pudiese enagenar nin- 
guno de sus bienes á personas ausentes, Colegios ni 
Universidades. Y que se añadiese, que como aquella 
Ley habla de bienes raices, se extendiese también á 
muebles y semovientes, que eran los más que habia 
en aquella Isla: y que puesto que por la extrema ne- 
cesidad, que la tierra tenia de población, como á per- 
sona privilegiada, si algún escrúpulo se sintiese por 
tocar en la libertad eclesiástica, se podía proveer de 
tal remedio temporalmente, por 30 ó 40 años, hasta 
que la tierra se poblase, porque habiendo bienes de 
los tales difuntos iban los parientes a residir en ellas 
y se poblarían, 

VI. Finalmente pidió al Rey, que pues los diez- 
mos de aquella isla Fernandina de Cuba, eran, pocos 
para sustentar un Obispado, diese 3. M. orden de 
que se hiciese Abadía conforme lo era la isla de Ja- 
maica. Estas últimas pretensiones no tuvieron reso- 
lución por entonces, á causa de su gravedad, hallarse 
el Rey en Flandes y haberlas reservado su Consejo y 
Grobernadores, hasta resolverlas con su Real consulta. 
Pero entrando el año de 1533, no restituyéndose el 
Rey á la Corte, é insistiendo los males, por remedio, 
hubo de tomar el Consejo Supremo de Indias algunas 
resoluciones sobre éstos y otros puntos. 

VIL Ordenó entre otras cosas, que para evitar 
costas y gastos á los vecinos, pudiesen apelar para los 
Regimientos, de las sentencias de los Gobiernos y otras 
Justicias, siendo la condenación de sesenta mil mara- 
vedises; y que se estableciesen arcas con tres llaves, 
para custodiar en ellas toda la plata y oro pertene- 
ciente á la Real Hacienda (1). Instó la Audiencia 
de la Isla Española sol)re remedio contra los eclesiás- 

(1) Herrera década 5, libro 5; cap. XI. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 307 


ticos, que por todas vias solicitaban adquirir los bie- 
nes de los moribundos para sí y sus Monasterios, con 
perjuicio y agi^avio de sus herederos, y se ordenó á la 
misma Real Audiencia y á su electo Presidente, el 
Licenciado. Fuemayor (1) que con particular dili- 
gencia acordara y proveyera lo conveniente, á fin de 
que los enfermos otorgasen con libertad y sin opre- 
sión sus testamentos y últimas voluntades; pero nó 
nos consta que S. A. tomase resolución alguna. 


CAPITULO VIL 

Insultan a las Indias los piratas franceses, saquean 

LA VILLA UE LA HaBANA Y TIENE UN BARCO DE 
ELLOS EXTRAÑA BATALLA CON OTRO ESPAÑOL, DEN- 
TRO DEL PUERTO DE SANTIAGO. 


Envidiosas las naciones de los descubrimientos 
de las Indias y de las muchas riquezas que de ellas se 
conducian para España, desearon ser por cualquier 
medio partícipes de su abundancia, y comenzaron á 
inundar los mares con piratas. Dispuso S. M., que 
para su remedio se formase en Cádiz la armada de 
Averías (2) que saliendo á perseguirlos obligó a que 
dejasen aquellos mares, acercándose más á éstos. Ha- 

(1) Herrera, década 6, libro 5, capítulo último al fin. 

(2) Herrera nbi supra. 


308 TEATRO CUBANO 


hiendo pues, resuelto un número considerable de fran- 
ceses, salir de su isla San Cristóbal con unas gabarras 
ó barcos luengos, bien proveídos de víveres y muni- 
ciones, navegaron así al Poniente con el designio de 
describir y poblarse en alguna tierra: llegaron a la 
isla Española, y aunque la hallaron hermosa y pro- 
veida, sabiendo que estaba muy imblada de castella- 
nos, temieron situarse en ella, Hiciéronse á la mar 
y arribaron á otra isla que los españoles nombraron 
de la Tortuga por la similitud que tiene la figura de 
su terreno, con el animal de este nombre. 

II. Sitúase esta isla al Norte de la Española, en- 
tre ella y la Tierra firme, ala altura de veinte grados; 
y siendo como de siete leguas de longitud, ofrece al- 
gunos puertos regulares, y no escaso ni desabrido ter- 
reno. Hallaron en ella solo doce castellanos, (1) 
que no atreviéndose á resistirlos, vivieron algunos 
meses con ellos: aquí deliberaron los franceses situar 
sus reales, proveyéndose según su calidad de lo que 
robasen en la Española, y los pocos castellanos que 
habitaban con ellos, determinaron retirarse á ésta, don- 
de darian cuenta de lo ocurrido. Armaron en ellas 
unas gabarras con que pasando algunos más á la de la 
Tortuga, obligaron á los franceses á que se retirasen 
a los montes, pero restituida la mayor parte de los 
nuestros á la Española, fueron insultados los restan- 
tes por nueva invasión de franceses, que dominando la 
Isla, la fortificaron é hicieron puntos de armamentos 
de piratas, comenzando á insultar desde ella los puer- 
tos y pueblos de las Indias. 

TIL Unas de las primeras hostilidades que hicieron 
en nuestra isla Fernandina de Cuba, fué la que pade- 


(1) El librito anónimo titulado Piratas de América^ Part. 1^ cap. 11^ 
describe más ampliamente esta Isla y la situación de los franceses 


IGNACIO J. DE ÜRRDTIA. 309 


ció la villa de San Cristóbal de la Habana, á fines del 
año de 1537, ó principios de 1538, gobernando como 
Teniente de Gonzalo de Guzman, Juan de Rojas, noble 
prudente y virtuoso, que peruianeció en ella hasta 
la llegada de Hernando de Soto, (1) y éste le continuó 
en el mismo encargo. Hallábase aun la Villa con po- 
cos habitantes y sin fortaleza alguna que la defendie- 
se, cuando acometiéndola furtivamente algunas barcas 
de piratas y saltando en sus playas, saquearon la po- 
blación sin perdonar el templo, antes, como obstina- 
dos herejes y ciegos ladrones, trataron las sagrada 
imágenes con el desacato propio de su despecho. Lue- 
go que aprovecharon el saqueo, incendiaron (2) la 
Villa, y dando pábulo al fuego en sus edificios, quedó 
casi reducida á cenizas. No se dice lo que hicieron 
sus vecinos en tan doloroso trance, pero se hace ve- 
rosímil, que no siendo bastantes á resistir la fuerza, se 
retirasen á los bosques, desde donde serían testigos de 
su ruina, y después de ella tratarían de reparar sus 
efectos. 

IV. En el año de 1535 según nuestro lllmo. Mo- 
rell (3) fué electo Obispo de Cuba, D. Fr. Diego de 
Sarmiento, naturul de Burgos y Religioso Cartujo. 
Vino á la Isla el siguiente de 1536, y la visitó en lo 
espiritual y temporal de orden del Rey. Vuelto á la 
Corte, renunció el Olñspado, se retiró á su Convento 
de Santa María de las Cuevas de Sevilla, y murió el 
de 1547. 

V. Mediado el mes de Mayo del siguiente de 


(1) £1 Inca Garcilazo en la Historia de la Florida, libro 1?, cap. XIII 
y iiltimo. 

(2) Hace mención de este saqueo é incendio el Inca Garcilazo en sn 
historia de Florida, libro 1, cap. XII, y Herrera década 6, libro 7, capítu- 
lo 3 y 2. • 

(3) £1 lUmo. Horell en las vidas de los Obispos en dicho aílo. 


310 TEATRO CUBANO. 


1538 (1) entró en el puerto de Santiago de Cuba, una 
embarcación corsaria 6 pirata, mandada por un fran- 
cés, cuyo nombre no pudo averiguarse, pero que se 
tuvo por cierto, fué dirigida al saqueo de la ciudad, 
así por su calidad y armamento, como por las continua- 
das hostilidades que ejecutó esta nación en las más 
plazas de las Indias: mas notando en su bahía otra 
igual embarcación española, que mandada poi' Diego 
Pérez en corso y meicancía, habia entrado en ella, 
tres dias antes, deliberó rendirla sin emprender otra 
acción: Pérez, que era hombre de espíritu, y que reco- 
noció por la bandera ser el buque enemigo, resolvió 
igualmente abordarle, por lo que levantando las anclas 
se acercaron recíprocamente con un intento. Comenza- 
ron a jugar la artillería y ballestería, trabándose una 
batalla naval dentro del puerto, que con asombro de 
los vecinos duró en lo más sangriento hasta puestas 
del SoL 

VL Divididos por la oscuridad de la noche y á 
poco rato de usar las armas, se remitieron mutuos pre- 
sentes de vino, dulces y frutas, con expresiones que 
desmentían la calidad de enemigos; porque asentaron 
que siéndolo en el dia conservarían amistad y buena 
fé de noche, y que suspendiendo el fuego de la arti- 
llería, que solo destruirla ambas naves, dejándolas 
inútiles al servicio del vencedor, usarían de armas 
blancas, en cuya decisión se vinculaba la prueba del 
valor, porque los arcabuces y ballestas era invención 
de hombres de poco ánimo. Sobre esta convención 
descansaron en la noche, no sin el cuidado de centine- 
las, que aseguren la justa desconfianza que ha de te- 
nerse en palabras de enemigos. Amaneció el dia y 


(1) Refíérole el Inca Garcilazo en su historia de Florida, libro 1, ca- 
pítulo IX y X. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 311 


atracaron los costados, peleando obstinadamente con 
las armas blancas, hasta que el cansancio y la nece- 
sidad de alimentar los cuerpos, los separó algún tre- 
cho y rato. Tomaron aliento y esfuerzo y volviendo 
á pelear, duró sin reconocerse ventaja, hasta que la os- 
curidad de la noche les obligó á separarse. Repitié- 
ronse los oficios de urbanidad ofreciéndose medicinas 
para sus heridos y ratificaron lo mismo pactos, pasán- 
dola también á buena centinela. 

VII. En esta noche envió el Capitán Diego Pérez 
un recado á la Ciudad de Santiago. Recomendába- 
le lo que á su vista estaba practicando, sobre rendir 
aquel enemigo para libertarla de su insulto, y que 
aún no habia podido conseguirlo por hallar mucha re- 
sistencia. Ofrecía continuar hasta vencerlo ó morir 
á sus manos, pero que suplicaba á la ciudad que en 
remuneración de este servicio le ofreciese indemnizar 
á él ó á sus herederos, lo que su embarcación podria 
valer con rebaja de un mil pesos, cuya recompensa 
exijía por ser pobre y sin otros bienes, pues en caso de 
vencer, no pedia premio alguno. Negó enteramente 
la ciudad la indemnización que se solicitaba, y aun- 
que desagradó esta ingratitud á Pérez, esforzó su ánimo 
continuar en lo comenzado por solo su propio honor. 

VIII. Al tercero dia volvieron á la pelea con el 
mismo esfuerzo y denuedo que en el anterior. To- 
maron cortas treguas para el alimento y descanso, y 
restituidos al combate, duró con el mismo espíritu 
hasta la noche, en que se separaron, regalaron y visi- 
taron como en las antecedentes, arrojando á el mar 
los muertos que resultaron sobresalientes en la bata- 
lla de este dia. No se hablaba en la ciudad de San- 
tiago más que admirando el espíritu y valor de estos 
dos Capitanes guerreros, que con tanta soberbia y cor- 
tesanía persistían en una lid, cuyas resultas no les 


312 TEATRO CUBANO. 


ofrecía equivalente utilidad á su quebranto. Era la 
diversión diaria del vecindario, acudir á la playa á 
admirar un espectáculo tan funesto á la espectacion 
de la ciudad, y el éxito de sus resultas ya comenza- 
ba á temerse, sí favorables al enemigo por esta calidad, 
y sí á el amigo, por el desafecto que debia atraerles su 
ingratitud. 

IX. Saludáronse los beyeles al cuarto dia con una 
ruidosa salva de artillería, y atracando los costados 
volvieron al uso de las armas. Halláronse ya debilita- 
dos de una y otra parte por haberse escaseado la 
gente muerta y herida y estar cansados los vivos, pero 
esforzándose con igual espíritu que los antecedentes, 
continuáronla todo el dia con sola igual corta tregua. 
Retiráronse con la oscuridad de la noche, y recono- 
ciendo el español Diego Pérez que las fueraas del 
enemigo estaban ya muy debilitadas, se ofreció y li- 
sonjeó la victoria, pero temió que el francés pudiera 
escapársele aquella noche, receloso de su vencimiento, 
y amparado de las tinieblas de ella. A iin de preca- 
verlo, lo desafío de nuevo requiriéndole la palabra de 
su fenecimiento, y obsequiándole con presentes á que 
contestó el enemigo aceptando el nuevo desafío .con 
ostentaciones de regocijo, y ofreciéndole su perma- 
nencia en el puerto por cuantos dias fuesen necesarios 
á concluirlo, porque se hallaba con igual deseo de 
ver el fín de la batalla. Y para mayor disimulo de 
la intención que recataba, contrarrestó de su parte 
requiriéndole a que no fuese aquella nueva requita ar- 
tificiosa para ponerse en salvo bajo la confianza de 
ella. 

X. Creyó Pérez las arrogancias francesas, pro- 
curando en el resto de la noche solo el descanso 
de su gente para esforzar el último golpe á la victoria 
en la acción subsecuente. Mas el francés que conocía 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 313 

» « '- ■ . ■ . ■ . I ■ , 

8U debilidad, y tenía por moralmente cierto su ven- 
cimiento, procuró suplir la fuerza con la industria, y 
cuando más en sosiego observó á su enemigo y le 
ofreció su oportunidad la oscuridad de la noche, pi- 
cando los cables de las anclas con el más posible si- 
lencio, dejó el puerto y la victoria á Pérez. Notaron 
los españoles algún rumor de éste movimiento y preo- 
cupados de las arrogancias con que se les habia res- 
pondido, depusieron todo recelo. Cuando los pri- 
meros rayos de la aurora manifestaron la fuga de su 
competidor, no se dio por satisfecho Pérez con ella, y 
levando igualmente las anclas, flameó las velas y salió 
del puerto en solicitud de su competidor, no cesan- 
do de mirarle y admirarle los vecinos hasta que le 
perdieron de vista. 


CAPITULO VIII. 


Quedan temerosos 1.08 cubanos y toman precaucio-* 

NE8 PARA LAS RESULTAS. LlEGA LA ARMADA DE 

Hernando de Soto, su Gobernador y en ella el 
Obispo D. Fr. Hernando de Mesa: peligra la 
Capitanía a la entrada y desembarcan en el 

PUERTO. 


I. Quedaron la ciudad de Santiago de Cuba, su 
Gobernador Gonzalo de Guzman y todos los vecinos 
de ella, temerosos de experimentar dentro de breves 

Tomo II. 40 


314 T£ATRO CUBANO. 


días algunas resultas adversas, con motivo de la ocur- 
rencia entre Diego Pérez y el corsario francés. Por 
que como los mares adyacentes se hallaban inundados 
de piratas de esta nación, que causaban hostilidades 
en los pueblos y acababan de saquear á la Habana, 
presumieron que unido el fugitivo con algunos de su 
flucción, volvieran a tomar satisfacción de Diego Pé- 
rez, y por su falta de la ciudad, careciendo aún de toda 
fortaleza aquel puerto, y no pudiendo resistir en el 
temido evento la fuerza con la fuerza, procuraban va- 
lerse de la sagacidad, para lo cual doblando sus centi- 
nelas en él, quedaron el Gobernador y todo el vecin- 
dario en su expectación. 

II. Diez dias después de la salida de Diego Pérez, 
se dejó ver al frente del puerto, una armada compues- 
ta de igual número de velas (1) cuya novedad no pre- 
vista, renovó el temor, y puso sobre las armas el cui- 
dado. Creció éste á impulsos de la dirección que se 
reconoció en los buques, porque haciendo para el 
puerto su Capitana entraba ya en él, seguido de los de- 
mas. En este conflicto, dispusieron los de tierra que 
se presentase en sus playas un hombre a caballo, el 
cual corriendo hacia su boca y dando grandes voces a 
los del navio Capitana, repítese con esfuerzo y persua- 
siva la voz marítima "ó babor^ á babor.'' Los mari- 
neros de la nave, que notaron el empeño y percibieron 
la voz, y en su común inteligencia la prevenían car- 
gasen el buque hacia la mano derecha, creyendo de 
buena fé el aviso, y dirigido a libertarles de algún pe- 
ligro que ignoraran en puerto tan poco frecuentado, 
dieron al timón la dirección que se les asignaba. 

III. Pero era muy contraria la intención de los 
prácticos, porque temiendo fuesen enemigos los baje- 

(1) £1 citado Inca Garcilaso en su hÍBtoria de Florida, libro 1, capí* 
tulo VIII. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 315 


les, se valieron de aquella industria para precipitarlos 
sobre unos bfgoa y peñas muy peligrosas, que tiene 
aquel en el lugar á que lo dirigían. Surcaba ya la 
Capitana sobre ellos cuando el cubeño, que habia da- 
do las voces, reconoció por los trajes é idioma, ser la 
embarcación de amigos, y para reponer su engaño, vol- 
vió á exclamar con mayor esfuerzo "á estribor^ á estri- 
bor^'' acompañando retóricas demostraciones de la 
necesidad de tomar el rumbo contrario, y con la efica- 
cia de su clamor, el peligro que habia en continuar 
aquel. Mas por pronto que se acudió á la maniobra y 
eficaz diligencia que puso su tripulación, nó pudo evi- 
tar que la quilla diese tan grande golpe en itna peña, 
que todos creyeron haberse perdido la nave. 

IV. Se ocurrió prontamente á la bomba, qué pro- 
dujo, mezclado con alguna agua, vino, vinagre y miel, 
a causa de que con el golpe que recibió, se habían ro- 
to dentro de su bodega, las vasijas en que llevaban es- 
tos licores. Conceptuóse por estos efectos, ilo haber 
recibido mayor daño el buque, y á expensas de evita- 
do el más grave, gozó g^yes de felicidad eí menor 
quebranto: con todo, se echó el bote al agua, y en él 
pasaron á tierra las Señoras, que sorprendidas del 
susto, desearon salir del peligro. Hiciéronlo algunos 
hombres por acompañarlas, aunque hubo tantos que 
conceptuando mayor el ri&sgo, quisieron ponerse á 
salvo, que fué necesario contener el desorden para que 
no zozobrase el bote. Hernando de Soto que venía 
en ella de General de la Armada, Adelantado de Flo- 
rida y electo Gobernador de Cuba, se mantuvo inmu- 
table á bordo, é hizo reconocer el buque y no hallán- 
dosele daño mayor, continuó su entrada hasta la 
inmediación de la ciudad, distante dos leguas de la bo- 
ca del puerto. 

V. Siguieron las demás nave^ hasta el mismo si- 


316 TEATRO CUBANO. 


tic y el Gobernador Gonzalo de Guzman, con los prin- 
cipales del país, acompañaron á las Señoras hasta 
hospedarlas en la ciudad. Pasaron después á bordo 
á cumplimentar a Hernando de Soto, y para satisfa- 
cerle del peligro en que le habían puesto su navio 
Capitana, le refirieron pormenor de cuanto queda ex- 
puesto de la batalla de Diego Pérez, y justos temores 
con que habian quedado. Admiro Soto la extrañeza 
del caso, y mucho más la correspondencia del vecin- 
dario hacia sus libertadores, afeándoles que no le hu- 
biesen auxiliado, para que quedase vencido é intemi- 
ble el enemigo, pero se dio por satisfecho de la causa 
y comenzó á tratarse de su desembarco. 

VI. Se cumplimentó igualmente al limo. Sr. D. 
Fray Bernardo de Mesa, Religioso dominico, que ve- 
nía en la misma armada electo Obispo de la iglesia 
Catedral de Cuba, y porria en opinión de varón santo- 
Pero se engañó el Inca Garcilaso, cuando escribe que 
fué el primer Prelado que en ella pasó (1) porque la 
serie de los que tenemos nombrados y comprobados 
en esta historia, hace manifiesto que fué el quinto elec- 
to para ella, y que ya habia erigido su Iglesia y residido 
en la ciudad de Santiago, el limo. Fr. Juan de. White. 
Llenóse de alborozo y júbilo la ciudad, así por hallarse 
libre del temor de los piratas y corsarios con la podero- 
sa armada que veía en su puerto, como por la llegada 
de dos personajes de tanto carácter y estimación, cabe- 
zas de sus gobiernos eclesiástico y secular, fuera de los 
otros muchos hombres que le acompañaban, y se de- 
dicó á obsequiarlos con el mayor esmero. 

VIL Comenzaron á pasar á la ciudad en los botes 
y falúas de la armada, que habian acudido de tierra, 
y cuando se practicaba con la mayor satisfacción, 

(1) En BU historia de Florfda, libro 1, cap. XI. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 317 


sobrevino un accidente que la conturbó y pudo atraer- 
le dolorosas resultas. Pasaba Su Sría. lima, de la es- 
cala del navio á poner el pié en el bote, cuando el 
movimiento de la marejada desatracó éste del costado 
de aquel, y aunque quiso extender el pié a su alcan- 
ce, lo impidió la estrechez del hábito que vestía; con 
que quedando en vago, é impulsado de la declinación 
del cuerpo, fué inevitable caer al agua. Hacían los 
marineros fuerzas con el espiche y manos para atra- 
car el bote y consiguiéndolo después de estar el sagra- 
do cuerpo en el agua, resultó oprimirle entre uno y 
otro costado, recibiendo un grave golpe en la cabeza 
con que produciéndole alguna privación, se vio en 
manifiesto peligro de su vida. 

VIH. Pero acudiendo todos al remedio de su Pas- 
tor, le sacaron del agua é introdujeron en el bote- 
Mezclóse la risa con el llanto y clamó este accidente 
el regocijo, entre tanto se le ocurrió con algunos espí- 
ritus. Mas recuperándose el 8r. Diocesano, volvió á 
ocupar su puesto la alegría. Llegaron todos á la 
ciudad, se les dio su hospedaje debido y comenzaron 
á disponerse las solemnidades correspondientes á la 
posesión de la Silla y Gobierno, con que concluyendo 
el propietario de Gonzalo de Guzman, pone fin á este 
libro para que llenen los huecos del siguiente, los pro- 
gresos del nuevo Gobernador y Adelantado Hernando 
de Soto. 


\ 


LIBRO CUARTO. 


Relaciona lo ocurrido en el gobierno de Hernando de Soto, 
tercer Gobernador de la isla Femandina de Cuba, y Adelantado de Florida, 

desde 1538 hasta 1544. 


CAPITULO I. 

Toma posesión be l.a silla el Ilustrisimo D. Fray 
Bernardo de Mesa, y del Gobierno de Cuba el 
Adelantado Hernando de Soto, y se da noticia 

DE su MÉRITO Y VIAJE HASTA ELLA. 


I. Dejamos al fin del afío anterior desembarcados 
en la ciudad de Santiago de Cuba al lUmo. Sr. D. Fr, 
Bernardo de Mesa, electo Diocesano de ella, y a Her- 
nando de Soto, igualmente electo Gobernador de la 
isla Fernandina de Cuba. Dióseles posesión por sus 
respectivos Cabildos con todas aquellas solemnidades 
y muestras de aplauso que corresponden á iguales 
actos, y entregando a éste, Gonzalo de Guzmau la in- 
signia de justicia que honoríficamente habia obtenido 
y desempeñado, comenzó a ejercerle el nuestro Go- 
bernador. Presentámosle en el Libro anterior repen- 
tinamente aparecido con su armada delante del puerto 


320 TEATRO CUBANO. 


de Santiago de Cuba, y no siendo justo desnudar la 
historia de aquellas noticias que hacen ver el méri- 
to, pasos, y antecedentes de los Gobernadores de la 
Isla (en cuanto pudiésemos alcanzar) referiremos 
compendio las de éste para que recaigan con más 
conocimientos sus progresos, remitiendo al curioso á 
la que escribió el Inca Garcilaso, titulada Historia 
de Florida, si quiere instruirse con extensión. 

II. Fué Hernando de Soto natural de Villanueva 
de Barcarraota, hidalgo de todos cuatro costados, y (1) 
uno de los que ilustraron la conquista del Perú, en 
que ayudó á la prisión del tirano Atahualpa, siendo el 
primero que lo vio, y le habló y de cuyos bélicos des- 
despojos ó rescates y otras adquisiciones, juntó mas 
de cien mil ducados de caudal. Retirado con ellos á 
Castilla en consorcio de otros muchos é iguales con- 
quistadores, no quiso comprar heredades y situarse 
en descanso, sino proporcionar honoríficos laureles á 
su fama, con la impetración de mayor y propia em- 
presa y como se habia descubierto, y pendía la con- 
quista de la vasta provincia de Florida, cuyas memo- 
rias hemos tocado, pidió al Emperador Carlos V 
licencia para emprenderla á su costa y riesgo. Se la 
concedió S. M. con título de su Adelantado, Goberna- 
dor Capitán General, y de Marqués, que vincularía en 
el territorio de treinta leguas en largo, y quince de 
ancho, que eligiese en la provincia: y al propio tiem- 
po le hizo merced del Gobierno de Cuba por la con- 
tinuación de auxilios, que con este respecto debia 
esperar de la Isla, á favor de su subsistencia y Ade- 
lantamiento en Florida. 

III. Publicada en toda España la empresa á que 
se dedicaba Hernando de Soto, como sobre su calidad 

(1) Garcilaso en su historia de Florida, libro 1, cap. I. — Antonio Her- 
rera década 6, libro 7, cap. IX y siguientes. 


IGNACIO J. DE URRDTIA. 321 

y valor acreditado en el Perú, le vieron tan rico, hon- 
rado de las mercedes y títulos Reales, y haciendo 
grandes preparativos á su costa, se movieron muchos 
(1) á seguirle. Fuerónsele presentando nobles y va- 
lientes soldados, y entre ellos seis ó siete de aquellos 
que en su misma primer carrera del Perú, habian acre- 
ditado su valor y adquirido algunas riquezas. Distri- 
buyó sus órdenes para la compra de bajeles, pertrechos 
y provisiones de boca y guerra, con eficacia y fran- 
queza; y como deseaba el fin y se hallaba con el me- 
jor medio de proporcionarlo, que era el caudal en mo- 
neda, se fiíeron facilitando brevemente cuanto apeteció. 
Concurrieron con igual eficacia muchos de aquellos 
que quisieron seguirle, y a impulsos de tanto esfuerzo, 
se halló todo pronto, a poco más de un año de libra- 
dos sus despachos. 

IV. Uniéronse en S. Lucar las naves preparadas y 
llegado el plazo de su embarque lo hicieron también 
las tropas que debian conducirse en ellas. Pasóse 
alarde á la gente y se hallaron 950 españoles de guer- 
ra, fuera de la marinería, todos voluntarios y robustos 
porque no parecía entre ellos alguno que pintase en 
canas, ocho Clérigos, dos Religiosos dominicos, uno 
franciscano v otro trinitario. Socorrió francamente 
á los que pareció necesitarlo y llegando el dia del em- 
barque se hizo este en siete naves grandes y tres pe- 
quefías de que se componía la armada. Tomó para 
sí, su mujer y familia, la capitana nombrada S. Cristo- 
hal^ dio la segunda, llamada la Magdalena Nufío 
Tovar, uno de los conquistadores del Perú y á quien 
liabia nombrado Soto por su Teniente General y dis- 
tribuyó en las demás aquellas personas de mayor con- 
fianza. Se incorporó a esta armada otra de veinte 

(1) £1 citado Inca libro 1, cap. V y Herrera ubi Sup. 

Tomo II. 41 


:Í22 TEATRO CUBANO. 


navios, que iba para el puerto de Veracruz subordina- 
da a Hernando de Soto, mientras siguiesen las mismas 
aguas, quedando después al mandado de Gonzalo de 
Salazar. 

V. Hiciéronse á la vela de dicho puerto de S. Lucar 
las treinta embarcaciones a los seis de Abril de 1538 
(1) con felicidad y magnifícencia. y en la primera no- 
che tuvieron su embarazo, porque en la que venia 
Gonzalo de Salazar se adelantó a la Capitana y las 
guardias de ésta le hicieron fuego, que maltrató las 
obras mueitas, desconociendo el inimbo que debia se- 
guir, clamaron los de ella manifestando ser de la con- 
serva, pero despertando Hernando de Soto al ruido 
del canon y resentido de que se le hubiera adelantado, 
mandó acercarse á ella, y se hizo con la violencia que 
trac anexa la ira, siendo tanta, que a fuerza de indus- 
tiia pudo evitarse chocasen los costados mas no que 
encadenadas las jarcias, pusiesen en peligro á ambas 
naves. Rompió la Capitana con la fuerza del viento 
los obenques de la otra y se evitó el naufragio que- 
dando el Adelantado muy resentido de Salazar, cre- 
yendo que pudo voluntariamente y para ostentación 
baberle granjeado la aguas. (2) 

(l) El ciíaílo lucii ubi Biip. cap. VI T y VIH, Cárdenas Cano en su 
Knpayo de Florida, año de 38, y Hcirera deseada 7, libro 7, cap. IX. 

(3) \ai primera noobe de fu navegación fe adelantó con fu Nao ia Ar- 
mada, como á tiro de Canon, baciendode Capitán General, i con poc^ref|H*- 
to del (pie* llevaba á fu cargo el Armada, i dando mal exeraplo á la c^nfer- 
va i A la oliediencia que fe debe tener, por lo qual al primer cañonazo le 
atrafefMiron de Popa á Proa todas las Velas, i al fegando llevamn las obras 
muertas <le vn bulo. Y oiendofe, (pie la Gente, á grandes voe^s pedia m¡- 
fericordia, alborotada con el OAfo, como toda el Armada cargaba fobre la 
Nao «le Saladar i ella fe iba de viento por eftar rotas las Velas, cai<) fobre 
la C'apitana, que la iba fíguiendo, i los de vn Navio, coñifos y medrofos, i 
los del otro alborotados, por el defacato, llegaron á enbeftirfe por vn lado, 
i por no |)erderfo facaron muchas Picas, i las pufíeron al encuentro, que fue 
tuii grande, (pie todas fe rompieron; i aunque ofte remedio fue provechofo, 
con todo efto fe trabaron con los aparejos de manera, que eftnvieron para 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 323 


VI. Llegaron con feliz viaje á la isla de la Gome- 
ra, una de las Canarias, a los quince dias de navega- 
ción, y en ella fué recibido Hernando de Soto con 
obsequio y benevolencia por su Conde y Sr. de ella: 
(1) refrescaron allí tres dias, y en ellos pidió Soto al 
Conde le diese una hija natural que tenía, de edad (le 
17 años, muy hermosa, nombrada 1)^ Leonor de Bo- 
badilla, por que quería llevarla para que hiciese com- 
pañía á su mujer D^ Isabel de BobadiÍIa,y cansándola 
hacerla gran Sra. de su nueva conquista. Accedió el 
padre á la súplica y entregándola a W Isabel, le pidió 
le admitiese, mirase y doctrinase conio á hija, de que 
ambas recibieron agrado y con esta nueva prenda sa- 
lió la armada de dicha Isla de la Gomera a continuar 
su destino. 

VII, Logró navegar con entera felicidad hasta 
aquella altura, en que considerándose ya inmediata á 
la isla Fernandina de Cuba, debieron separarse las 
veinte embarcaciones que seguían a Veracruz. Hicie- 
ron así, tomando los divei-ses rumbos que quería su 
derrota, y continuando con favorables vientos la de 
nuestro Gobernador se presentó a los doce dias delan- 
te del puerto de la ciudad dé Santiago, en cuya entra- 
da y hasta su posesión hemos dicho lo que ocurrió, y 
volviendo ahora á tomar el hilo, seguiremos lo acae- 
cido después de ella. 

VIH. Posesionados el Obispo y Gobernador, se 
convirtió la ciudad en tiesta y parabienes, les hicieron 

pei^erfe; pon]ne la grita de la Gente, en el peligro y la «ícurida<l He la 
noche no daba Ingar á los Marineros, para entenderfe. Pero en etta turba- 
ción la Capitana de Hernando de Soto, con la Navajas de las Entenas, cor- 
tó la Xarcia á la otra, oon lo qual y el viento profpero que corria, }Mido 
apartarfe. Qnifo Hernando de Soto cortar la cabe<;a á Saladar, fabido qne 
lo hecho fne por ambición, pero las fumifíones idifoulpas i las muchas iu- 
tercefiones le falvaron. Decada VI, Libro Vil, Cap. IX Herrera. 

(1) El Inca ubi sup. cap. VIII 


324 TEATRO CUBANO. 


danzas, saraos y máscaras, procurando aventajare 
unas á otras. Jugaron cañas y toros y se corrieron 
sortijas en que ademas del honor de la ventaja se in- 
teresaron joyas de oro y plata, seda y brocados por 
premio a los victoriosos, con el vilipendio y mofa a 
los vencidos y cuyas resultas hicieron más plausible y 
victoriosas las fiestas: como particular, gustó á la mul- 
titud, el brío y hermosura de los caballos, porque 
ademas de ser de muy buena raza la saca que comun- 
mente tenian para las conquistas de Méjico y Perú, 
atrajo tan particular atención de ellos en la Isla, que 
habia vecino que conserva 30 y hasta 50 en caballeiiza. 
Mezcláronse en las fiestas los recien llegados en obse- 
quio de su Adelantado, por lo que tomó tal prolonga- 
ción la celebración que duró casi tres meses. 


CAPITULO II. 

Visita el Gobernador los pueblos comarcanos, man- 
da AUXILIAR LA RUINA DE LA HaBANA, NOMBRA A 

D^ Isabel de Bobadilla para el Gobierno de la 
Isla, y a Gonzalo de-Guzman por su Teniente, y 
por Teniente General de la conquista a Vasco 
porcallo. 


L Mientras duraron los parabienes y festividades, 
el Gobernador visitó á los pueblos inmediatos á la ciu- 
dad de Santiago, y les proveyó de cuanto consideró 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 325 


conducente á su aumento y pacificación. Compró 
muchos caballos para la jornada de Florida, haciendo 
lo mismo su gente, a quien proveyó de las cantidades 
necesarias para su compra. Y habiendo los de la Isla 
presentádole muchos y buenos, porque como hemos 
dicho gastaban esmero en su crianza y estaba la Isla 
abundante de ellos, juntó en breve una lucida monta 
para su tropa. 

II. Tuvo noticia del incendio y saqueo que habia 
padecido la villa de San Cristóbal de la Habana, por 
los corsarios franceses, y destinó a un Capitán llama- 
do Mateo Aceituno, (1) caballero natural de Talavera 
la Reina, para que pasase con gente por mar á repa- 
rarla de sus ruinas: manifestando el Adelantado y to- 
da su gente, grave dolor por esta desgracia, y particu- 
larmente por el menosprecio con que los herejes 
habian tratado el Templo y las imágenes de los san- 
tos. Dióse á la reflexión y cuidado de cuanto necesi- 
taba de sus prevenciones en aquel gobierno, como 
quien habia de salir de la Isla a mayor atención, que 
le impediría ésta, y quería dejar preocupados sus asun- 
tos y expidió sobre todos las órdenes que juzgó opor- 
tunas. 

III. Con este objeto nombró por su Teniente de 
Gobernador para que en su ausencia administrase jus- 
ticia en la ciudad de Santiago y su comarca, a Gonza- 
lo de Guzman, confiado que continuaría con el mismo 
celo y buen crédito que lo habia hecho hasta enton- 
ces. Y para los negocios superiores del gobierno de 
la Isla y auxilio que necesitase en la jornada de 
Florida, dejó sus veces y autoridades a su mujer dofla 
Isabel de Bobadilla, Señora de particular expedición é 
hija del Gobernador del Darien, Pedro Arias Dávila. 

(1) £1 Inca Garcil^so en su historia de Florida, libro 1, cap. XII; E. 3. 


326 TEATRO CUBANO. 


El Inca GarcUaso (1) llama en este pasaje Francisco 
á Gonzalo de Guznian, pero como agrega que antes 
que el General llegara á esta Isla la gobernaba, y el 
que lo hacía era Gonzalo del mismo apellido, tenemos 
por cierto que equivocó el nombre. 

IV. Prevenidos los asuntos del Gobiemo en la ciu- 
dad de Santiago, volvió la mano Hernando de Soto a 
su expedición de Florida. Trataba en ella con todo 
el fer\'or que exijia la calidad de principal destino, 
cuando Vasco Porcallo de Figueroa y de la Cerda se 
le presentó en la ciudad de Santiago, á que habia pa- 
sado con el justo motivo de obsequiarle. Era Vasco, 
caballero noble, deudo muy cercano de la distinguida 
casa de los Ferias, (2) poblador de la villa de S. Juan 
de los Remedios y principal hacendado de la de 
Sancti-Spiritus y Trinidad (3). Habia servido con 
honra y crédito en Indias, España é Italia y como tal 
ocurrió con el boato correspondiente al obsequio de 
su Gobernador: cumplimentóle en los términos debi- 
dos y le obsequió con algunos presentes, en que lo 
hizo de buenos y vistosos caballos de que abundaba. 
Mantúvose algunos dias en la ciudad de Santiago, y 
en ella fué enai'decida su sangre sexagenaria a seguir 
al Adelantado en la conquista de Florida, á que veia 
preparada una noble y lucida tropa, é inquietos á los 
más vecinos de Cuba, y elevando el espíritu marcial á 
la parte corpórea y pesada, resolvió seguir la empresa. 
Se presentó al Adelantado con deliberación y le pidió 
lo admitiese en su tropa: celebró Hernando de Soto 
su resolución, considerándola nacida de un corazón 


(1) El Inca eu la historia de Florida part. 1, libro 1, cap. XIII. £. 
último. 

(2) El Inca Garcilaso. Historia de Florida^ part. 1, libro 1, capítulo 
XII, párrafo 3. 

(3) Como hemos dicho en el libro 2, cacp, VI, núm. 8, 


IGNACIO i. DE URRUTIA. 327 


honrado, que menospreciado los aftos, riquezas y des- 
canso de que gozaba en la Isla, lo arrastraba con espí- 
ritu belicoso á las empresas arduas de la guerra. 
Habia dispuesto del honorífico empleo de Teniente 
General de sus tropas á favor de Ñuño Tovar a quien 
lo confirió su salida de Europa, como hemos dicho, 
dándose por causa de su caida el haberse casado 
sigilosamente y sin su consentimiento con D^ Leonor 
de Bobadilla, aquella hija natural del Conde de la Go- 
mera, que tomó en su Isla cuando llegó a ella: y con 
esta ocasión confirió a Vasco Porcallo el mismo ho- 
norífico empleo de su Teniente General. 

VL Reconocido éste á tal honor, comenzó a osten- 
tar en gratitud y magnificencia, distribuyó entre los 
oficiales de mayor distinción, más de cincuenta caba- 
llos hermosos y de la mejor raza; proveyó al ejército 
de mucho maiz, carne, pescado, casabe y de cuantos 
bastimentos abundaba la Isla, traian las armadas y pro- 
ducían sus haciendas. Arrastró con su ejemplo á 
muchos avecindados á que siguieran á el Adelantado 
y falicitó algunos medios para habilitar la expedición, 
que sin su auxilio hubiera padecido dificultades y es- 
caseces; haciéndose finalmente memorable el tren que 
dispuso para su persona, (1) porque llevó solo para su 
servicio treinta y seis caballos, excesivo número de 
criados españoles, indios y negros con magnífico me- 
naje de casa y servicio y los competentes bastimentos. 

VII. Con tan abundante auxilio se concluyó en 
breve la provisión de la armada y gente de guerra 
poniéndose en estado de marchar para la Habana. 
Hizo alarde el Adelantado de toda la infantería y colo- 
riendo ya los últimos dias del mes de Agosto de 1538, 
dispuso su embarque y salida para dicha villa y puer- 

(1) £1 Inca libro 1, cap. XII, párrafo 4 j sigaieBtes. 


328 TEATRO CUBANO. 


to de la Habana. Levó las anclas la armada y con 
propicio viento salió del puerto de Santiago, quedando 
en su ciudad el Adelantado para marchar por tierra 
con la caballería y alguna gente, visitando y prove- 
yéndose en los pueblos de lo que necesitase. 


CAPITULO III. 


Sale el Adelantado para la Habana, ahorcanse 
muchos indios y se dan provisiones para su ali- 
vio é instrucción sobre los negros. 


I. Poco después que la armada, salió Hernando 
de Soto por tieiTa con los caballos y resto de tropas 
de la ciudad de Santiago para la villa de la Habana á 
fin de proporcionar los hospedajes del camino, que no 
sufrirían sin incomodidades, unido el número de tres- 
cientos cincuenta caballos, y gente que los conduelan, 
para lo cual dispuso que le siguiesen con algún inter- 
valo de dias, en tropas de cincuenta cada uno. No 
expresan particularmente las Historias, que providen- 
cias diese en los pueblos para su gobierno, pero es 
regular creer que lo habría hecho en la ciudad de 
Santiago y sus contornos y que lo efectuara después 
en la Habana. Daría á las Justicias de ellos todas aque- 
llas saludables instrucciones que considerase oportu- 
nas para conservarlos en paz y justicia, durante su 
ausencia. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 329 


II. También lo es, que previniese en particular, 
la debida atención á los indios naturales, su libertad 
y buen acogimiento para evitar la desgracia que ha- 
bia comenzado á experimentarse, porque según refie- 
re el Inca Garcilaso, hostigados de que se les hacia 
trabajar más de aquello á que estaban acostumbrados, 
obligándoles á sacar oro, halló en ellos cabida la ace- 
chanza infernal, y dieron en ahorcarse en estos tiem- 
pos. Expone que lo haciaii con tanto exceso, que 
hubo dias de amanecer cincuenta casas juntas de in- 
dios ahorcados con sus mujeres é hijos de un mismo 
pueblo, que apenas quedó en él hombre viviente, que 
era la mayor lástima del mundo verlos colgados de 
los árboles como pájaros zorzales cuando les arma- 
ban lazos: y no bastaron los remedios que los espa- 
ñoles procuraron é hicieron para estorbarlo: con esta 
plaga tan abominable se consumieron los naturales 
de aquella Isla y sus comarcas de que hoy casi no 
hay ninguno. 

III. No creemos que en solo este tiempo y con el 
expuesto estrago se aniquilasen todos los indios de la 
isla Fernandina de Cuba, aún que conspirando á ello, 
y tal vez sobre su noticia afirma el Padre Torquema- 
da, (1) que cuando escribió ya no habia indios algunos 
en ella. Asentimos sí, á que en él y por dicha causa 
se minoraron mucho; pero aún quedaron no pocos de 
que se hará mención en lo sucesivo. Con todo, estas 
resultas llamaban continuamente la Real atención, 
que en este año hizo repetir a la Beal Audiencia de 
Santo Domingo (2) y de Panamá las más estrechas 
órdenes, sobre su libertad y servicio. 

IV. Mandó S. M. que á los Prelados eclesiásticos 


(1) Torquemada en sa Monarquía Ind. 
2) Herrera en sn historia general de Indias, década 6, lib 5, cap. IV. 

Tomo II. 42 


i 


330 TEATRO CUBANO 


se diese todo el auxilio que necesitasen para su ins- 
trucción, que se tn?iese cuidado de que TÍviesen en 
sociedad y buenas costumbres; y que no pagasen más 
tríl^utos á sus encomenderos, que los que contríbuian 
á S. S. y Caciques, antes de sus conquistas. Previno 
que se hiciesen acuerdo para poner tasa fija a este 
tributo, de suerte que quedase n6 solo reducido á el 
que pagaban á sus Caciques, mas también determi- 
nado á las especies que criaban y cnltiraban para su 
más fácil solución, y en calidad de inalterable para 
los encomenderos, haciéndose saber á éstos y á los 
indios, la tasa que se observase para su debida obser- 
vación. Y para más afianzar su cumplimiento, se 
impuso a dichos encomenderos que no excediesen de 
lo tasado, bajo la pena del cuatro tanto por la prime- 
ra vez, y perdimiento de la encomienda y mitad de 
SI18 bienes para el Real Fisco por la sesuda. 

V. Prohibió al mismo tiempo el Rey que se pn- 
diesen echar indios al trabajo de minas, mandando que 
para éste se trajesen negros, que los encomenderos no 
los pudiesen arrendar á otros, por ser este contrato 
opresivo de la libertad. Y porque ya comenzaban á 
tocarse embarazos, en que los Gobernadores y Oficia- 
les Reales, tuviesen encomiendas de indios, mandó 
8. M. que las Reales Audiencias le informaran sobre 
el particular lo que hayasen convenir. Y finalmente, 
dispuso el Rey que los negros esclavos de que ya co- 
menzai)an abundar la Isla se enviasen a las iglesias 
á la llora asignada, para que se les instruyera en la 
doctrina cristiana. 

VI. Con estas Reales órdenes creemos se aliviaría 
el trato y atendería á la libertad de los indios, y aflo- 
jando la opresión cesaría la deliberación desesperada 
de ahorcarse á que es regular conspirase el natural 
benigno del Adelantado y la Gobernadora, ello es que 


IGNACIO J. DE URRDTIA. 3-íl 


en lo sucesivo de su Gobierno, no hallamos otra noti- 
cia de estos infortunios, y que habiendo [)r¡nc¡|)iado 
el mal ejemplo no era regular se cortase su ejecución 
sino por unos medios activos y eficaces, que deben 
suponerse en la ejecución de los Reales mandatos. 

VII. Si en algún tiempo pudo ser verosímil la 
célebre especie que trae Moreri, (1) nos parece que 
debió serlo en éste. Refiere pues, que un encomen- 
dero (que llamaban Intendente) sabiendo que susindios 
habían resuelto ahorcarse en hora y paraje determina- 
do, se anticipo á ellos, y viéndolos llegar les salió al en- 
cuentro diciéndoles, que ninguna de sus ideas se le 
ocultaban, y que comprendida aquella, que iba a ahor- 
carse con ellos a fin de atormentarlos en el otro mun- 
do, cien veces más que lo habia hecho en éste: cuya 
amenaza hizo á los indios volver á sufrir su trabajo y 
servicio para evitar el mayor; pase i)or chiste aunque 
no neguemos su posibilidad. 


(1) DicQÍ<m«río de Moreri let. C. verb. Coba al ñn. 


332 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO IV. 

Manda el Adelantado reconocer las costas de 
Florida y se comienza en la Habana el casti- 
llo DE LA Fuerza, por su primer castellano 
Mateo Aceituno. 


I Con corta diferencia de dias fueron llegando á 
la Habana el ejército terrestre y la armada, aunque 
ésta tardó más, por la necesidad de montar la Isla por 
uno ú otro cabo á causa de quedar la bahía de San- 
tiago á la costa del Sur, y deber pasar á la del Norte, 
en que se sitúa la de la Habana, fronteriza á la costa 
de Florida. Recibióse el Adelantado Grobernador, por 
su Teniente Juan de Rojas y el Regimiento de la Vi- 
lla, con toda aquella estimación que correspondía á 
su carácter y prendas, pero con el manifiesto gran 
dolor y pena de ver la ruina que había causado á esta 
Villa el saqueo de los piratas 6 franceses corsarios. 
Socorrió franeamente con su propia hacienda á los 
vecinos y moradores de ella, para que pudieran reedi- 
ficar sus casas y dedicó su principal atención á repa- 
rar según su posible las iglesias, altares é imágenes (1) 
maltratados. 

H. Desde la Habana dispuso el Adelantado que 
Juan de Afíasco, natural de Sevilla, que llevaba en su 

(1) El Garoilaso en dicha historia de Florida, cap. XIII, párrafo 1. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 333 

ejército, el empleo de Contador de Real Hacienda, y 
al mismo tiempo era gran marino, cosmógrafo y astró- 
logo saliese con dos bergantines, y conla gente de mar 
práctica que entre los suyos liabia, á reconocer las 
costas de Florida, descubriendo, sondeando y demar- 
cando los puertos y bahías que en ellas hallasen, para 
que sirviese de previa noticia y derrotero ala navega- 
ción de la armada. Se le habilitaron los bajeles y 
salió Añasco en ellos á su comisión, quedando el Go- 
bernador ocupado todo en la atención de la Habana 
y apronto de su expedición: dispuso en aquella que 
Mateo de Aceituno, á quien como dijimos envió desde 
la ciudad de Santiago al reparo de esta villa, constru- 
yese una fortaleza que sirviera de defensa al puerto y 
Villa, y á resistir los insultos de los piratas; y para 
más interesarlo en su conclusión, le hizo primer Al- 
caide de ella (1). Hecháronse las primeras líneas y 
cimientos á este castillo en la orilla ó labio del mar 
que queda al fin del canal y boca del puerto de la 
Villa, y frente de la Cabana, de suerte que desde él se 
descubre francamente la entrada, y por la calidad de 
su canal han de venir precisamente las embarcaciones 
á desembarcar bajo de sus fuegos. 

III. Dispuso su fábrica cuadrilátera con cuatro 
baluartes, uno en cada ángulo, aunque de poca exten- 
sión, de mucha fortaleza, por ser sus murallas dobles, 
de idtura de 24 á 25 varas, y sus terraplenes de bóve- 
das, circunvalándose un foso capaz y batido de la 
marea. Diósele el nombre de Real Fuerza y fué el 
primero que se construyó en la Isla y el segundo de 
las Indias, porque solo precedió el de la isla Española 
de Santo Domingo: y aunque entonces solo se delineó 

m 

(1) £1 Inca Garoilaso ea la historia de Florida^ parte 1% lib. 3, oapí- 
talo XXIV^ párrafo 6, 


334 TEATRO CUBANO. 


y comenzó, quedó su continuación á cargo de su Al- 
caide Aceituno, quien la cumplía con ardor y llegó á 
poner en breve tiempo en estado de defensa. 

IV. Corridos dos meses de la salida del Contador 
Añasco, volvió éste á la Habana con algunas noticias 
de las costas de Florida, y dos indios de ella que ha- 
bia apresado y condujo para su mejor informe. El 
Gobernador estimó la diligencia, pero no tuvo por 
bastante las noticias por no descubrirse con ellas, 
puerto alguno de seguridad á que pudiese dirigirse la 
armada, sin andar costeando con peligro de sus bu- 
ques, y le mandó que volviese á reconocer con nuevas 
ordenes é instrucciones, (1) y salió segunda vez con 
los mismos bergantines. 

V. £n este viaje estuvieron algún tiempo perdi- 
dos sobre un cayo, donde pasaron muchas necesidades 
y con éste motivo cuando se restituyeron á la Haba- 
na con tres meses de viaje, fueron de rodillas desde 
la playa a la Iglesia y celebraron en ésta una misa de 
acción de gracias, por haberlos libertado el Altísimo 
de aquellas miserias. Pasó después Añasco á dar 
cuenta al Gobernador de lo descubierto, y quedó éste 
satisfecho de su buena diligencia y noticias con que 
comenzaron á esforzarse las providencias para salir á 
la conquista luego que se reuniese el ejército. 

VI. Pero teniendo noticia el Adelantado, de que 
el Virey de Nueva España D. Antonio de Mendoza, 
levantaba gente para emprender la conquista de Flo- 
rida (2) y previendo que la concurrencia de ambas á 
un mismo destino pudiese causar embarazos, como lo 
habia habido entre otros conquistadores, determinó 

1) £1 Inoa Gaxoilaso en libro 1, cap. XIII, párrafo 2. 

[2) El Inoa Grarcilaso en el logar citado y Cárdenas Gano hacen men- 
ción tle las prevenciones y efectos de esta deliberación del Yirey en los 
aSos de 1539 y 1540. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 336 

participar el Virey las Reales órdenes y título de Ade- 
lantado de Florida que S, M. se había dignado con- 
cederle para que se abstuviese de poner la mano en 
asunto tan altamente prevenido. Destinó para ello 
a un soldado gallego nombrado Sanjuijo que por su 
habilidad y diligencia pareció apropdsito; y habilitado 
de embarcación y demás necesario á esta comisión 
pasó á ella. 

VIL Dentro de breves meses volvió Sanjurjo tra- 
yendo respuesta del Virey, en que manifestaba a el 
Adelantado su complacencia por el honor que había 
merecido del Rey; su disposición a auxiliarle en cuan- 
to le fuese facultativo, y el ninguno embarazo que 
podian tener una unas y otras tropas, á causa de diri- 
girse á diversos terrenos, siendo tan vasto y dilatado 
el de la provincia de Florida, que quedaba campo para 
todos sin peligro de embarazos. Con esta satisfac- 
ción quedó el Gobernador y Adelantado reconocido á 
las ofertas del Virey, y seguro de que no se ofrecería 
impedimento por aquella parte, siguió las disposicio- 
nes de su marcha. 


336 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO V. 

De las ultimas disposiciones para salir á Florida, 
nombramiento de teniente de gobernador de 
LA Habana en Juan de Roxas, llegada á ella 
DE Hernán Ponce, y lo que con éste ocurrió. 


I. En los preparativos y atenciones que dejamos 
expuestos, pasó el resto del año hasta entrado el de 
1539, en que aún se reunian las tropas en la villa de 
la Habana, porque la distancia de doscientas treinta 
leguas que hay por tien*a desde la ciudad de Santiago 
a ella, obligaba á que las jornadas fuesen cortas: en 
que se llevaba también el objeto de que los caballos 
llegasen y se pudiesen embarcar sin quebranto, para 
entrar con esfuerzo en la conquista á que se dirigían. 
Por esta razón no llegó toda la caballería á la Habana 
hasta principios de Abril, y á mediado de éste, están- 
dolo todo el armamento y siendo estación la más pre- 
ciosa de la Primavera para seguir la navegación á 
Florida, dio el Adelantado las últimas disposiciones 
para el apresto de su armada. 

H. A fin de desembarazarse de una vez de los 
cuidados del Gobierno y ocuparse enteramente en los 
de su Adelantamiento, nombra por su Teniente en 
dicha villa y su comarca á Juan de Rojas (1) que co- 

(1) El Inca Garcilaso libro 1, cap. XIII, párrafo último. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 337 


m O se ha dicho la regía con esta calidad desde el an- 
terior gobierno de Gonzalo de Guzman, y como había 
corrido con tan buena armonía y disposición con el 
referido Guzman, a quien dejaba en la ciudad de San- 
tiago y sus partidos, y hallo en la Habana tan buen 
nombre de su prudencia y justicia, quiso que continua- 
se en ella durante su ausencia á Florida. Comprd el 
Adelantado una hermosa embarcación llamada Santa 
Jhin^ que á la sazón llegó al puerto de la Habana, 
viniendo del de Veracvuz y aprontó lo demás necesa- 
rio para su embarque. 

IIL Estando próxima la armada a salir del puer- 
to, entró en él una nave que cruzando de Nombre de 
Dios para Castilla se vio en necesidad de arribar á él 
por el mal tiempo; venía en ésta por principal carga- 
dor Hernán Ponce, natural del Reino de León, que 
habiendo servido con Hernando de Soto en el Perú, 
fueron grandes amigos é hicieron compañía de todos 
sus bienes presentes y futuros: y al salir Soto para 
Castilla, dejó en la administración de Ponce, conside- 
rables intereses, y sus encomiendas de indios, hacien- 
do juicio de volver al Perú. Habia adelantado Ponce 
mucho con el repartimiento de Soto, y cobrado algu- 
nos créditos de éste, y pasaba para Castilla rico y 
próspero, y aunque con noticia de hallarse en la Ha- 
bana Soto, rehusó cuanto pudo entrar en su puerto, 
(por lo natural que es al deudor, huir la cara a su 
acreedor) no le fué posible vencer la necesidad con 
que el tiempo le puso. 

IV. Tuvo inmediatamente el Gobernador noticia 
de su llegada, y le envió á visitar y cumplimentar, 
ofreciéndole su casa y facultades, nó solo en fuerza 
de su hospitalidad y política, más también como expre- 
sión de la fraternidad y sociedad general que habia 
observado. Detrás del recado fué el Adelantado en 

Tomo II. 43 


338 TEATRO CUBANO. 


pei^sona á visitarle, lo que no agradó á Ponce, quien 
aunque lo disimuló en la urbanidad de las palabras, 
se negó á bajar por entonces a tierra, (1) protestando 
el quebranto con que se hallaba, por las malas no- 
ches que le habia hecho padecer la tomenta en la mar, 
ofreciendo ejecutarlo al siguiente dia. El Goberna- 
dor aceptó la excusa, aunque receloso de sus inten- 
ciones, dispuso espías que observasen en el resto de 
la noche sus movimientos. 

V. Ponce, receloso de que el Gobernador pudiese 
obligarlo, luego que la oscuridad de la noche le ofre- 
ció su negro manto, hizo conducir a tierra dos cofre- 
citos que contenían en oro, perlas y piedras preciosas, 
más de cincuenta mil pesos, dejando abordo solo la pla- 
ta para manifestarla como único caudal. Pero ape- 
nas pusieron los conductores el pié en tierra, cuando 
sorprendidos de los espías, dejaron los cofres en sus 
manos y huyeron á el navio, unos en el bote y otros á 
nado* Los aprehensores condujeron su presa á ma- 
nos del Gobernador, quien quedó tan complacido de 
ella, cuando sentido de lámala conducta de Ponce. 

VI. Pasó éste la noche que debe presumirse, y á 
la mañana siguiente bajó á la casa del Gobernador, 
disimulando su pena. Eecordaron y confirieron sobre 
lance, intereses y asuntos antiguos, y refiriéndose Soto 
á el de la anterior noche, le afeó su conducta y codi- 
cia y la desconfianza con que habia procedido, muy 
distante de sus intenciones. Manifestóle éstas, tan 
iguales en la continuación de su universal sociedad 
que habia aceptado, que estaba dispuesto a partir con 
él todos los títulos, honores y lucros del Adelanta- 
miento dé Florida: le ofreció sus facultades como 
Gobernador de aquella Isla, y haciendo conducir á su 


(l) El mismo Inca, libro 1. cap. XIV. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 339 


presencia los cofrecitos, se los hi/o entregar, conclu- 
yendo en que viese si faltaba algo en ellos, para pre- 
venir su reintegro porque estaba muy distante de 
cebarse en interés. 

VIL Con el rostro encendido y balbucientes pala- 
bras (signo nocesario de su rubor) dio Ponce gracias 
al Gobernador de lo que lo honraba, pidiéndole per- 
don de su error. Ratifícó la sociedad y deseo de que 
continuase, persuadiendo que estimaba más el título 
de companero con que lo honraba, que todos los inte- 
reses de la conquista, aunque, admitía continuase en 
ella la sociedad corriendo a cargo del Adelantado (1) 
mientras el pasaba á España, y con reserva de partir 
después en ella los lucros que resultasen de una y 
otra industria. Y en signo de esta aceptación, le pi- 
dió permiso para dar á la Sra. D^ Isabel de Bobadilla, 
su nmjer, diez mil pesos en oro y plata para auxilio 
de la conquista, mediante á que por la sociedad le 
pertenecía la mitad de cuanto traía del Perú que era 
mucho más. 

VIII. Acepto Hernando de Soto las ofertas de su 
compañero, entregarónsele los diez mil pesos, y se ra- 
titicd la sociedad universal por nuevas escrituras que 
otorgaron de conformidad. 

IX. Se mantuvieron con esta todo el más tiempo 
que el Gobernador estuvo en la Habana, haciendo que 
en público y secreto se diesen á Ponce los mismos ho- 
nores y tratamientos que á su propia persona y de- 
jando ordenado que en su ausencia se practicase lo 
mismo. Dio la última mano á las disposiciones de su 
armada, á fin de lograr el tiempo oportuno que ofre- 
cía la estación del año. 


(l) Continúa el Inca al cap. XV. 


340 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO VI. 

Embarcase la tropa y caballería; hale la armada 

PARA LA PROVINCIA DE FlORIDA Y DEMANDA HER- 
NANDO PoNCE A EL Adelantado. 


I. Era ya entrada la Primavera, y asomados los 
primeros dias de Mayo del mismo año de 1539, cuan- 
do el Adelantado mandó embarcar los bastimentos y 
rancho de su armada: constaba ésta de ocho navios, 
una carabela y dos bergantines, los tres primeros de 
porte y los restantes menores; y luego que recibieron 
los bastimentos, fueron haciéndolo de los caballos, 
poniéndose en sus bordos hasta el número (1) de 350 
que para esta sola jornada proveyó francamente nues- 
tra Isla Fernandina de Cuba. 

II. Hizóse alarde de la gente, y se hallaron hasta 
un mil hombres de armas, con muchos de la Isla y 
exclusa la marinería, todos de disposición y valor, y 
tan bien armados que corrió por la mejor y más luci- 
da expedición que hasta entonces habia visto este 
Nuevo Mundo (2) para conquista de sus indios. 
Consta particularmente haber ido de la Isla de Cuba, 
Vasco Porcallo de Figueroa con toda su familia ex- 
puesta. Gómez Suarez de Figueroa, hijo natural de 
dicho Vasco, habido con una india de la villa del Ba- 


u 


1) Según el Inoa Garcilaso en dioho cap. XV. 

De tal la gradúa el Id. en dicho cap XV, párrafo 3 al fin. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 341 


yamo, de quien se recomienda á más de ser gran na- 
dador (1) la particularísima gracia de ventar y sacar 
por el rastro la situación ó camino de los indios, cuyo 
conocimiento sirvió para evitar muchos peligros en 
Florida: y Diego de Oliva asi mismo mestizo de Cuba 
y compañero de Morón. También llevó de la Isla de 
Cuba mas de treinta cabezas de cerdos (2) para ali- 
mento y crianza de Florida. 

I II. Llegó la hora de embarcarla y se efectuó con 
aplauso y satisfacción, porque sobre tan lucido núme- 
ro de hombres y caballos, fueron abundantísima las 
provisiones de víveres, armas, herramientas y demás 
utensilios que pudieron escogitai^se necesario y pro- 
ficuos para la empresa. A los doce de Mayo de di- 
cho año se hizo a la vela la armada, saliendo con fa- 
vorable viento del puerto de la Habana, y acompañan- 
do á su Gobernador y Adelantado las personas de 
distinción de ella hasta fuera de su puerto, de donde 
se retiraron á la playa observando las naves hasta per- 
derlas de vista. 

IV. Quedó la villa de la Habana en aquella sole- 
dad que padece todo lugar á quien se extraen más 
habitantes que los que le quedan, y su Teniente de 
Gobernador Juan de Rojas dedicó su atención á con- 
solarla y conservarla en paz y justicia. Esforzó y 
adelantó la obra del castillo de la Fuerza, que como 
hemos dicho dejó el Adelantado á cargo de Mateo 
Aceituno, su primer Alcaide y principal constructor. 
Volvió á animar á los vecinos al reparo de sus arrui- 
nadas casas, y puso la mano en cuanto sobre su an- 
tiguo conocimiento halló necesario para el fomento y 
quietud de la villa. 

(1) El Inca, lib. 2?, Parte 2% cap. VII. 

(2) Dícelo el mismo Inca en el lib. 3 de la HÍ8t. de Florida^ cap. 11, 
§ último. 


342 TEATRO CUBANO. 


V. No dejó alejar mucho la armada de Soto su 
compañero Hernán Ponce, para dar al público el do- 
lor que interiormente conservaba por la entrega de 
las diez mil pesos, que en la necesidad brindó como 
voluntarios. A los ocho dias de la salida de aquella (1) 
presentó libelo judicial al Teniente Juan de Rojas de- 
mandando al Adelantado: asentó en él haberle entre- 
gado diez mil pesos, no, porque se los debiese, sino 
porque hallándole revestido del gobierno de la Isla, 
temió que valido de esta autoridad, le despojase del 
todo de su hacienda, y se vio en necesidad de elegir 
el menor mal por evitar el mayor y usando de la ac- 
ción de indébito, concluyó en que se mandase á Do- 
ña Isabel de Bobadilla, muger del Adelantado, y á 
quien los habia entregado se los devolviese, protestan- 
do de lo contrario, elevar su queja al trono de S. M. C. 

VI. Tenía el Juez ciencia privada de cuanto ha- 
bia ocurrido sobre el particular que se deducia en su 
Tribunal, pero obrando como en él, hizo enterar á la 
Sra., de la demanda; contestó ésta, que entre el Ade- 
lantado, su marido, y el demandante había pendientes 
muchas cuentas antiguas y modernas, que estaban por 
liquidarse, según constaba de escrituras públicas é 
instructivas de la compañía que hablan celebrado y 
continuaban. Que estos mismos instrumentos justi- 
ficaban deber Hernán Ponce a Hernando de Soto mas 
de cincuenta mil ducados, por mitad del gasto hecho 
en la expedición, para conquistar la Florida, conclu- 
yendo en pedir (con algún aire de precepto por la 
cualidad de Gobernadora con que se hallaba) que se 
aprehendiese á Ponce, teniéndose á buen recaudo has- 
ta liquidar las cuentas, que ofrecía dar incontineate a 
nombre de su marido. 


(1) El Inca en dicho cap. XV. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 343 


VIL Pero Hernán Ponce que había propuesto su 
inteneion, arrastrado de la codicia y con bastante re- 
celo de experimentar en ella los efectos que producen 
todas las que se establecen contra persona de autori- 
dad, comenzó á temerlos y trató de precaverlos. Pro- 
curó por medios de amigos preocupar la respuesta, y 
consiguiendo entenderla antes que el Teniente Juan 
de Bojas la recibiese 6 hiciese uso de ella, temeroso 
de ser alcanzado con graves sumas y verse con mayo- 
res peligros que los pasados, se puso á bordo de su 
raabarcacion. levó las y anclas y dejó el puerto de la 
Habana. 


CAPITULO VIL 


LliEGA LA ARMADA A FliORmA, PADECE VaSCO PoRCA- 

llo en los primeros encuentros y se retira a la 
Habana. Reconoce el Adelantado la tierra 

HACIA ApALACHE Y VIENE GoMEZ ArIAS A LA HA- 
BANA. 


1. Con feliz, aunque dilatado viaje, llegó la arma- 
da a los diez y nueve dias de navegación a la costa de 
Florida, anclando sus bajeles en la bahía que llamaron 
del Espíritu Santo. El 1^ de Junio comenzaron el 
desembarque, y al amanecer del 3 fueron acometidos 
por una tropa de indios, que poniendo en consterna- 


344 TEATRO CUBANO. 


cion á los de la tierra, necesitó el auxilio del Teniente 
General Vasco Porcallo, con infantería y caballos. 
Mantuvieron alguna resistencia contra éstos, pero al 
fin se retiraron, muriendo el caballo de Vasco, por la 
penetrante herida (1) con que una flecha pasó las co- 
razas de la silla, profundizando más de una tercia por 
las costillas. 

II. A los siguientes encuentros que se tuvieron 
con el Cacique Hirrihiagua^ volvió á empeñarse Vas- 
co Porcallo en la solicitud de penetrar una ciénaga, 
que impedía su alcance. Entró por ella hasta que 
hundiéndose el caballo y sujetándole con su peso una 
pierna, estuvo muy cerca de ahogarse (2) y saliendo 
de ella con harta dificultad y desengaño de no poder 
penetrarla, se hizo necesaria la retirada. Estos dos 
infortunios acaecidos al Teniente General á los prime- 
ros pasos de la conquista, le hicieron recordar su edad 
avanzada, caudal y comodidades que dejaba en la is- 
la Fernandina de Cuba, y el descanso en que podia 
pasar su vejez sin continuar en tan pesadas aventuras, 
de que por las muestras, ofi'ecía muchas la conquista. 

III. Con estos pensamientos, enmascarados en el 
discurso de la retirada, resolvió volverse á su casa de- 
jando los trabajos para quienes los necesitasen. Lle- 
gó á la presencia del Adelantado, y dando cuenta de 
lo acaecido, le pidió licencia para su retiro, y esta se 
la concedió con la misma liberalidad con que le habia 
recibido, franqueándole el galeoncillo nombrado San 
Antonio para su navegación. Porcallo distribuyó sus 
caballos y armas entre los Oficiales del ejérciío, dando 
la mayor parte á Gómez de Figueroa, su hijo natural, 
á quien mandó siguiese en el servicio del ejército, co- 


(1) £1 Inca GarcilasO; lib. 1^ cap. X. 

[2) £1 citado Inca, lib. 2, parte 1% capt XI. 


IGNACIO J. DEURRUTIA. 34$ 

mo lo hizo con más honor que su padre; — y el resto 
de los cuantiosos bastimentos y demás utensilios que 
habia llevado para el servicio de su familia lo condo- 
nó á beneficio común del ejército. 

IV. Habilitado el galeón, embarcó en él tod^^ su 
familia, que como hemos dicho, era numerosa de 
criados blancos, indios y negros, y salió gustosamente 
para la Habana a donde parece llegó con felicidad. 
Fué mal vista esta conducta de PorcaUo, dando mar- 
gen a muchas críticas en Florida y Cuba: porque el 
que le libertó de la nota de cobarde, no pudo lavarle 
de la de inconstante. Túvose a ambición la empresa 
de seguir la conquista en su edad y comodidades (1) 
y a inconstancia dejarla, faltándole en una y otra 
acción la prudencia con que debería haber premedita- 
do para incorporarse lo que después reflexionó para 
separarse. 

V. El Adelantado, vencido el paso de la ciénaga 
grande, continuó reconociendo el interior de la tierra 
de Florida. Repasó con pérdida de gente las provin- 
cias de Jlcuera, Ocali^ Ochile^ Vitachuco y Osachile 
con otras poblaciones, siguiendo siempre en diligencia 
de llegar á la de Jlpalache (2) cuya fertilidad y pro- 
porciones marítimas juzgó muy aptas para sus inten- 
tos. Pacificada ésta con algunas hostilidades, hizo 
reconocer sus costas y bahías, y entrando ya el mes 
de Octubre de este ano, mandó al Contador y Capitán 
Juan de Afiasco, con treinta hombres, volviese á la 
bahía del Espíritu Santo, donde habia quedado la 
armada y alguna gente en tierra. Se ordenó que 
tomando en ella los dos bergantines fuese costean- 
do el Poniente hasta la bahía de Jlute en dicha 

(1) El Inca, lib. 1, parte 1, cap. XII. 

(2) Véase latamente en el Inca por toda la parte 1* del libro 2, histo- 
ria de Florida. 

Tomo II. 44 


346 TEATRO CUBANO. 


provincia de Apaiache que el mismo Afiasco habia 
reconocido y marcado por tierra, (1) que el Capitán 
Pedro Calderón volviese por tierra á Apaiache con el 
resto de la gente, y con los comestibles y utensilios 
que hablan quedado en aquella costa, y que se grati- 
fícasen los indios amigos: finalmente le previno, que 
Gómez Arias pase á la Habana con la carabela, á par- 
ticipar á D^ Isabel de Bobadilla, su mujer, los adelan- 
tos de la conquista. 

VI. Vencidas inmensas dificultades por Añasco y 
los suyos llegaron con felicidad, a la mencionada bahía 
de Espíritu Santo, donde ñieron recibidos con regoci- 
jo, por los venturosos ejércitos del Adelantado. Co- 
municó las órdenes que traía y las que debia observar 
Pedro Calderón en su retomo, distribuvó los basti- 
mentos y utensilios habiendo encaminado a los que 
debían marchar por tierra, y salió con los dos bergan- 
tines para la bahía de Aute. 

VII. Gómez Arias á quien se mandó pasase en 
una carabela á la Habana a participar a la Goberna- 
dora y pueblo de la Isla, los felices pasos de la con- 
quista, habilitó la nave, y poco después de despedidos 
los demás de la bahía de Espíritu Santo, levó las anclas 
y alzó las velas. Llegó en pocos dias al puerto de 
S. Cristóbal de la Habana, donde fué recibido con 
aplauso. Comunicó los progresos del Adelantado, y 
llenos de regocijo la Gobernadora y vecinos, los cele- 
braron con fiesta (2) porque Soto se habia ganado los 
corazones de sus subditos. 

VIII. Hablan también llegado u la isla de Cuba, 
los Reales despachos en que el Rey hacía merced á 
Hernando de Soto de un hábito de Santiago, ilustran- 

(1) Id. libro 2, parte 2^ cap. XVIII. 

(2) £1 Inca en la historia de Florida, libro 2, pait, 2% oap. XVII. 


IGNACIO J. DE URRiniA. 347 


•_" ■' '■"■ 


do su casa y premiando sus servicios; y como todo 
conspiraba á felicidad, crecía su estimación y la Go- 
bernadora deseaba ocasión de comunicarle la noticia 
de esta .Soberana merced, (1) que nunca llegó a saber 
ni disfrutar como diremos adelante; pero entretanto 
se pensó y disponía que Gómez Arias volviese á Flo- 
rida, cuando fuese tiempo opoituno con algunos auxi- 
lios y los citados despachos. 


CAPITULO vm. 

Ddescubrese el puerto de Achusí, que delibera 
POBLAR EL Adelantado: manda a Diego Maldo- 
NADO A LA Habana. Reconoce varias provincias 
Y recibe una fuerte batalla en la de Tascalu- 
ZA. Vuelve Maldonado a Achusí y no halla al 
Adelantado, por haberse internado. 


I. Luego que llegaron el Capitán Juan de Añas- 
co con los dos bergantines a la bahía de Aute, y Pedro 
Calderón por tierra con el resto de la gente á la pro- 
vincia de Apalache, dispuso el Adelantado que Diego 
Maldonado, Capitán de infantería, que habia servido 
con acierto, entregara su Compañía y saliera con di- 
chos bergantines á reconocer la costa, hasta cien le- 

(1) El Inca en libro 4, part. 1, cap. VII. 


94% muran cnB^vün, 



MtW^M' íé^ l^»>'«/^r4V:'^ y ^rar la zi^nre ^'n necip>«isMl de 
j^$04m^^ iJMr 1*^^41 íu^ t^tís^'upu tf^r'í^tifp d Adelantado 
mMi^^i» í(*i^fK pfff rtiríjír^r '•<i* ¡ntí-nfí^ á fomiar una 
|Mjrfrfa^:i^j^^ ítvMífUiííi^ A^mAíz afianTando el comercio t 
HHxWíh p^ff tíííi^r^ pHiVu'y!4* prof eepífr de Uido lo necesa- 
rio á r\ í^ro y p^^rÍf^4jíMm de la conquista, y con e:>tas 
uúrm^ ri'M4A%V9 dar príndpfo a ella. 

111/ A fiíM?^ di; VizUrtíTo dí^^piLso que Maldonado 
|mit»^^ 4 la Hallaría r:^>ri Uh dr>H tiergantines que tenía 
h m mr^o^ y ^ imitando á nu e«^(K>?a. 1)^ lsal>el de Boba- 
dilla^ ht rlh^^T cuenta de tmlo lo que por mar y tierra 
haldari ar^lailo y víhUk y lo participase también á las 
v\ui\mU*n y villan de la Inla: que para el mes de Oc- 
tubre volvfeMt al puerto de Achusí con los dos ber- 
KttiitifieHf la earaliela que llevó Gómez Arias, y los mas 
iiavloK que mi ImlliiMcn á comprar, y en ellos trajesen 
toda la provÍMÍofi de guerra que se facilítase^ zapatos, 
lilpurKiitaK y otran inucliaH cosas (1) deque necesitaba 
el eJíTcIfo y hc le dieron en minuta, ofreciéndose el 
Adeliiti(a4lo que en este tiempo babia rodeado por 
tlerm Ici necemirlo & llegar á la costa de Achusí. 

IVi Halló Maldonado con estas órdenes y llegando 
A Im llidmiui íl felix \\¡\]i\ fue recibido de la Goberna- 
dora y nuetdo con toda la alegría que correspondía á 
MU eotnfatoiK (>elebi*6 con públicos regocijos la con- 

rl) lltmHtm tlf^OMlii 7, libro 1, cap. XI y el Inca on su Historia de 
•^'IwWa, \\\n\^ a. |>m1. a, cap. XX y XXI. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 9^9 


tinuada prosperidad del Adelantado, y mostraron los 
afectos, cuanto reinaba en los corazones de sus subdi- 
tos. Compráronse tres navios, muchas armas y mu- 
niciones, porción de ropas para vestuarios del ejército 
y gratificación de los naturales, zapatos y alpargatas, 
carnes y demás bastimentos para la manutención de 
gentes, y ganados y simientes para dar principio a la 
crianza y cultivo, por que el ánimo del Adelantado, 
era establecer como se ha dicho, población en Achusí 
y tierras de Apalache (1) y á este fin se recojieron 
todos los demás muebles y necesarios. Contribuye- 
ron mucho las ciudades y villas en común y los hom- 
bres ricos en particular, esforzándose todos á sobresa- 
lir por el amor á su Gobernador, y esperanzas del 
premio. 

V. Pocos dias después de navegar Maldonado pa- 
ra la Habana y á los fines de Marao (2) salió el Ade- 
lantado con un ejército de la provincia de Apalache 
dirigiéndose á recorrer lo interior de la tierra hacia el 
Norte. Reconoció las provincias de Jlltapaha, Jicha- 
laque^ Cofa, Cofaquí y otras en que fué bien recibido 
y hospedado, principalmente de la Señora Cofachi- 
quí, hallando en su provincia y la de Xuala muchas 
y muy gruesas perlas. Mas pasando á la de Tascaluza, 
deliberaron sus Caciques y Consejo, dar muerte á los 
españoles. Diéronles con efecto una sangrienta bata- 
lla, que durando con ardor nueve horas continuas, les 
dejó la victoria a costa de salir de ella heridos el Ade- 
lantado, y casi todos los Capitanes y soldados, porque 
sacando cada uno muchos golpes, dice el Inca, (3) que 
solo se curaron mas de mil seiscientas setenta heridas, 

(1 ) Herrera década 7, libro 7, cap. XI, y el Inca ubi sup. part. 2, li- 
bro 2, cap. XXII y XXIII. 

(2) Herrera en dicho libro 7, cap. XII j el Inca allf. 

(3) En el libro 3, cap. XXXI. 


350 TEATRO CUBANO. 


murieron más de setenta españoles, con algunos Capi- 
tanes y más de once mil indios (1) é indias con des- 
tracción del pueblo de Mauvila^ que devoraron las 
llamas, consumiendo los víveres de los españoles y 
los ornamentos sagrados. 

VI, Antes del mes de Octubre, estando ya todo 
pronto en la Habana, dispuso Diego Maldonado el em- 
barque de tropas y carga. No consta de los historia- 
dores el número de hombres de que se componía este 
refuerzo, pero supuesto que condujo algunos de armas, 
y que se tripularon los tres navios, dos bei^antines y 
la corbeta, se conoce ajuicio pradente que no ñieron 
pocos los que extrajo de la isla Fernandina de Cuba. 
Hiciéronse á la vela con alegría y feliz viento, pues 
aunque llegaron al puerto de Achusí no hallaron en 
él gente, órdenes ni noticias del Adelantado. Costea- 
ron solícitos todas las inmediaciones á barlovento y 
sotavento de dicho puerto, inquiriendo señas y solici- 
tando noticias, que por ninguna parte las halla- 
ron (2). En todas hicieron señales en los árboles y 
en tierra que fuesen testigos de su venida. Escribie- 
ron carta dando razón de él y ofreciendo repetirlo al 
siguiente verano, y las dejaron ocultas en los troncos, 
de suerte que reservadas de las lluvias pudiesen ser 
halladas, y habiendo gastado en esto algunos meses, 
comenzaron á temer el peligro de los Nortes y se reti- 
raron tristes á la Habana. Coiiió por toda la Isla esta 
infausta noticia, y empezó á apoderarse de la Gober- 
nadora y demás vecinos un humor melancólico que 
presagiaba la infelicidad de los Floridanos. 

Vn. Desde que el Adelantado llegó á Tascaluza, 
tuvo noticias por los indios de haberse visto los baje- 

(1) Beoopilamos lo preciso de cuanto refieren latamente el citado Inca 
libro 3y c^. I hasta III y Henera libfo 7, de la 7! década. 

(2) Henera nbi snp. y el Inca, libro 6, cap. XX. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 351 

^ ^^ — - — — — II,-- 

les españoles en las costas de Achusj y se certificó de 
ello más, por las que dieron algunos prisioneros (IJ 
que quedaron en la batalla de Mauvila. Esto le llenó 
de consuelo entre tantas amarguras, creyendo poder 
llegar en breve tiempo a Acliusí, cuya distancia se le 
informaba ser de menos de treinta leguas, pero la de- 
cadencia en que quedó su ejército y necesidad de cu- 
rarlos y repararlo, le obligó a hacer alto por algunos 
dias. 

VIII. Esta noticia trascendió a el ejército y hallán- 
dose cansados los ánimos de sufrir tantas marchas, 
trabajos y hostilidades sobre que era muy reciente y 
grave la de Mauvila, comenzaron á levantar facción. 
Miraban como incompetente tanta fatiga por la con- 
quista de una tierra en que no hallaban las riquezas 
que en Méjico y Perú. Que yéndose á cualquiera de 
estos dos Reinos, gozarían de las que otros hablan afian- 
zados, y si continuaban aquí, perecerían todos como 
hablan acabado ya muchos: y con estos intentos, resot 
vieron á abandonar al Adelantado, luego que llegasen 
á Achusí y marchar en las embarcaciones para Nueva 
España ó Perú. Llegó á comprenderlo Hernando de 
Soto, y Ueno de cuidado procuró acecharee hasta cer- 
tificarse de la realidad, como lo consiguió, oyéndolo 
pactar á algunos de sus Capitanes. 

IX. Desde entonces decayó su animo y degene- 
rando en cierta especie de desesperación, resolvió 
dejar la marcha que llevaba hacia la costa, é internar- 
se á la tierra a dentro (2) donde no hubiese otro me- 
dio que morir ó conquistar. Horas aciagas en que 
negándose al mejor discurso los medios de la pruden- 
cia, parte obstinado por los de la desesperación. Siguió 

(1) El Inca, libro 3, cap. XXXI. 

(2) El mismo Inca, Hbro 3^ cap. XXXIII. 


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CAPITULO IX. 

áÍAN4ft M/ l^l'l'/MTK l#K KUHAHQ ¥ h§¡, KECOKOCEJÍ OTBAS 
f'«l«/VI^' U». ff I f'.lll'' Kl^ AllEI^AlíTADO^ CCTA PESSO- 

i lí'MÍ'éh Hl/I»l AMl l#ON lEUAJlíOM MaLUOKADO, T EH 
AMMUl^ VI M/^K i lyA IIaMANA^ MN MABEE DE ¿L. 


h CiiiiIríMiM'NrH iiiV(*riiuroii Ioh enpanoles en la 
jiroviiMin Hr (-hirM/ii, hiiIVU^ihIo todas la^ noches los 
iuHiilloM ih'- NiiH iMitiinilrH, iiijch aunque entos menosca- 
Imnm rl rjnrrilo no puilioron hacer decünar al Ade- 
hiillado t'ii MU rrHohu Ion i\v inUsmarne. A principios 
de AImII ihd uho de IMl nicu'ioHUHtropavSy a poco más 
de i'ualro h'KUtiH^ dít^on eou un tuerte de estacadas 
ipie Ihuiuu'iMí ih^ .Uéhuma^ y hahhin formado los indios 

uuuli^ruH, (U^ uuu que regular disposición, v con 


de 


IGNACIO J. DE URRUTU. 363 

retirada a un río (1). Pareció al General acometerle 
y castigar la intención con que los naturales lo cons- 
truyeron para impedir el paso, y antes que pudiesen 
precaverse más, y adoptándolo los Capitanes, se resol- 
vió su ataque en el mismo dia de su descubrimiento. 
Diéronse las órdenes y marchó el ejército en colum- 
nas a forzarlo y destruirlo. 

IL Era su construcción dirigida principalmente á 
impedir que operase la Caballería, á cuyo nn cerrado 
en cuadro, solo tenia tres puertas bajas, por las que 
no podían entrar los iniantes sin agacharse, y los na- 
turales que ya habían reconocido en los anteriores 
lances ir los españoles armados de la cintura arriba, ' 
dirigieron sus flechas á herirlos de ella á abajo. Con 
este motivo ñieron tantas las que aprovecharon en las 
piernas y muslos de los Capitanes y soldados, que 
antes de tomar las primeras puertas del fuerte, esta- 
ban heridos los más, y muchos muertos. Forzáronlo 
en fín, matando mas de dos mil indios, pero el gércí- 
to quedó con tantos heridos que tuvo necesidad de 
parar por algunos días á curarlos. 

III. Estos continuados golpes, y las enfermedades 
que padecieron por falta de ssJ, de que murieron mu- 
chos, iba debilitando considerablemente el ejército, 
pero el Adelantado continuó su internación en la tier- 
ra, perdiendo siempre gente, sin más adelanto que 
pasear y reconocer las provincias, y pasó cómodamen- 
te este invierno en la de Utiange. No estaba esta tier- 
ra sujeta á una cabeza, como Nueva Espafia al Empe- 
rador Moctezuma, y el Perú á su Inca, y así no debía 
prometerse subyugarla con un solo vencimiento. Ca- 
da Cacique mandaba en su provincia, y era necesario 


(1) £1 InoA en el libro 4, de la Historia de Florida, cap. I y siguien- 
tes y Herrera década 7, libro 1, cap. X y siguientes. 

Tomo II. 45 


354 TEATRO CUBANO. 


vencerlos todos, y ocupar sus tierras, para lo cual 
era poca la gente, y en este concepto, las caminatas 
y guerras de Hernando de Soto, solo podían ofrecer 
el exterminio de su ejército. Con todo, continuó en 
ellas sin fruto alguno el resto del ano. 

IV. En él y á los principios de su verano volvie- 
ron á salir del puerto de la Habana, Diego Maldona- 
do y Gómez Arias con los bajeles y prevenciones que 
liicieron el anterior. Reconocieron todas las costas 
de Jlpalache^ Jlute y Jlchusí^ sin hallar orden, seña, 
ni noticia del Adelantado y su ejército. Siguieron 
inquiriéndolas hasta tierras de Méjico y Nombre de 
Dios, y se internaron muy cerca de las de Bacallao 
(1) y no hallando rastro, ni noticia de lo que busca- 
ban, se volvieron á la Habana con su melancolía. 
Este segundo golpe causó mucha tristeza a la Gober- 
nadora y á toda la Isla, por que la falta de noticias 
en dos años, les alejaba mucho las esperanzas de que 
viniese. 

V. Entrando el Abril del siguiente año de 1542, 
continuó el ejército sus marchas en igual reconocimien- 
to de siete provincias pequeñas, después de las cuales 
llegó á unas considerables que llamaban de Jlnilco y 
Guachoyn. Hallábase en ésta á los veinte de Junio, 
cuando fué acometido el Adelantado de una pequeña 
fiebre, que agravándose al tercer dia (2) le obligó á 
prevenirse como católico. Hizo su testamento, unió 
sus Capitanes, y nombrando á su presencia por suce- 
sor en el marido del ejército á Luis de Moscoso de Al- 
varado, le hizo reconocer por tal, y se despidió por 

(1) Herrera década 7, libro 7, cap. XII, § último: el Inca en el lib. 6, 
cap. XX y Cárdenas Cano en este año de 1541. 

(2) El Inca el libro 5, part. 1* cap. Vil: y Herrera década 7. libro 7, 
refiere esta muerte el afio de 1543. 


IGNACIO J. DE T7RRÜTIA. 355 


parte de todos reeiicargándoles la paz, obediencia, 
religión y fídelidad á su Rey y Señor natural. 

VI. Al séptimo dia, agravada la fiebre, entregó 
su alma al Criador, con afectos y protestas católicas, 
siendo de 42 años y dejando cubiertos de luto los co- 
razones de sus Capitanes y soldados. Diéroiile sepul- 
tura en un hoyo que habían abierto los naturales cer- 
ca del pueblo, á fin de sacar tierra para sus edificios, 
y cubriéndole con ella, pero aunque le sepultaron de 
noche y con precauciones, para que los indios igno- 
rasen su situación, temieron que descubierto, venga- 
sen en su cadáver, lo que no pudieron en su persona. 
Por esta razón después de algunos dias, desenterraron 
el cadáver, y cortando un grueso tronco de encina le 
formaron una concavidad capaz de acomodar el cuer- 
po, y bien colocado en ella, le arrojaron (1) de noche 
en lo mas hondo del rio que llamaban el Grande^ para 
que descansase en las diez y nueve brazas de hondo 
de su agua, quien no tuvo lugar bastante en toda la 
tierra de España, Perú y demás Indias que anduvo. 

A^II. Se bosqueja la persona del Adelantado Her- 
nando de Soto, de más que mediano cuerpo, airoso á 
pié y á caballo, diestro en el manejo de ambas sillas, 
alegre de rostro, de color moreno, pacientísimo en los 
trabíyos con que esforzaba el sufrimiento de sus sol- 
dados, venturoso en sus jornadas, severo en castigar 
los delitos de malicia, al paso que benigno en perdo- 
nar los de fragilidad, honrador de sus tropas, valiente 
y esforzado en las batallas, hasta estimarse las ventajas 
de su lanza, por tanto como otras diez de su ejército. 
Cuantas veces entrd en batalla, hacía con ella amplio 
lugar á los que le seguían, en los rebatos de dia fué el 


(1) El dtado Inca en el cap. VIII de la parte 1^, libro 5, Historia de 
Florida. 


356 TEATEO CirBANO. 


primero, d á lo menos el s^^aodo que tomaba el ar- 
ma, y en los noctarnos siempre el primero. Asienta* 
se en ñn, qoe de coantas lanzas pasaron a la conquista 
de Indias, fué generalmente graduado por la segunda 
(1) la de nuestro Gobernador y Adelantado Hernando 
de Soto, por que solo se le concedió la primacía á la 
de Gonzalo Pizarro. 

VIH. Inquietos los ánimos de la Gobernadora y 
subditos de Cuba con la falta de noticias del Adelan- 
tado, hicieron que volviese en el verano de este ano 
Diego Maldonado. A su solicitud salió en efecto del 
puerto de la Habana con algunos bucles y llegando 
prósperamente á la costa de Florida, se dedicó con 
el mayor esmero á su reconocimiento. Siete meses 
gastd Maldonado en inquirir por todas ellas, noticias 
de su Gobernador y Adelantado, (2) pero después de 
ellos, haciéndose inútiles las más exquisitas inquisicio- 
nes se restituyó á la Habana, donde y en toda la Isla 
se llenaron de luto los corazones, decayendo cada vez 
más de la esperanza de su vida. 


fl| El citado Inca en el cap. VII de dicho libro 5, parte 1*. 
(2) Hárrmk dfeada 7, piztafo tütbxio. £1 Inca ea el libro 6, cap. XX 
7 Oáraenas Gano en este afio de 1542 al fin. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 357 


CAPITULO X. 

Los PIRATAS SAQUEAN Á SaNTA MaRTA Y CaRTAOSNA, 
PERO ACOMETIENDO A LA HaBANA SON RECHAZADOS. 
VüEliVB MAltDONADO EN SOLICITUD DEL ADELANTA- 
TADO, HALLA Y TRAE NOTICIA DE Sü MUERTA, Dfc 
QITE RESULTA LA DE SU MUJER Y CONCLUYE ESTE 6o-> 
BIEBNO, 


I. Había roto la Francia con nuestro Emperador 
y Rey de España desde el año pasado de 1542 la 
tregua que tenía celebrada, y con este ihotivo se inun- 
daron más los mares de Indias de corsarios y piratas 
de su nación (1). Aprehendían éstos muchos bajeles, 
que con las riquezas del Nuevo Mundo transitaban á 
España, y al mismo tiempo hostilizaban las islas de 
Barlovento y costas de Tierra firme de Indias, y aun- 
que S. M. mandó restablecer la armada de Avería^), 
que limpiase los mares de esta parte del comercio, 
cuanto ahuyentó aquella de los inmediatos á Etiix^pa, 
tanto más cargaron á los adyacentes á las Indias. Eran 
en éstas, continuas y graves sus hostilidades, y k prin- 
cipios de este afío quemaron y saquearon á Santa 
Marta (2) y Gsui;agena. 

(1) Herrera década 7, libro 4, cap. fin. La historia general del Beino 
de ómada; part. l^Hbro 10, cap I. 

(2) Dicho Herrera década 7^ lib. 7, cap. XIIX y dicha Ustorfá ib!8eift. 


358 TEATRO CUBANO. 


II. Aunque estos insultos debieron tener en ex- 
pectación al Gobierno de la Habana, para no desabri- 
gar su puerto de los bgyeles que pudieran auxiliarle, 
ni exponer a estos fuera de él, los ánimos inquietos 
con la falta de noticias de su Gobernador, pospusie- 
ron todo respecto a el de su solicitud. En el princi- 
pio de la Primavera de este año hicieron salir a Diego 
Maldonado con los bajeles de su cargo en ])rosecucion 
de su demanda, é inquisición del Adelantado, y éste 
la emprendió con recta determinación de no volver 
al puerto, sin traer pruebas de su vida ó muerte por 
que juzgaba que si la tierra no sehahia tragado aquel 
ejéi*cito^ debían salir sus reliquias a algún paraje de la 
Marina donde las hallaría. Con este designio, conti- 
nuó su reconocimiento hasta entrado el Octubre, en 
que llegando á Veracruz (1) halló las noticias déla 
muerte del Adelantado y de haber salido á Méjico muy 
pocos españoles de su ejército, después de sufrir y ven- 
cer inmensos trabajos en su caminata terrestre. 

IIL Entre tanto el francés Roberto Baal, Coman- 
dante de una armadilla corsaria, compuesta de cuatro 
navios de guerra y un patache, dejando saqueada á 
Santa Marta y Cartagena, arribó sobre el puerto de 
ia Habana con el mismo objeto. No se atrevió a in- 
troducir los bajeles dentro de su bahía, porque defen- 
día ya su entr^a el castillo de la Fuerza, que como 
hemos dicho construyó su primer Alcaide Mateo 
Aceituno, de orden de Hernando de Soto y se hallaba 
ya con alguna artillería con que resistirlos. Con este 
motivo anclaron los navios en la boca del puerto, á 
donde no alcanzaban los tiros de la Fuerza^ y desem- 
barcaron sus tropas hacia la costa de la ciudad en las 


(1) £1 Inca libro 6, oap. XXI y siguientes, Antonio Herrera en di 
oha década 7, libro 7, oap. XII. 


IGNACIO J. OE URRUTIA. 369 

playas en que hoy se halla situado el castillo de la 
Punta. 

IV. Desde ella marcharon á la inmediata Villa, 
cuyos vecinos los esperaban prevenidos y al abrigo 
de la Fuerza. Dióse la batalla y recibiendo los fran- 
ceses mucho daño del ardor de los vecinos y del fuego 
del castillo, se vieron necesitados á retirarse. Deja- 
ron en el campo quince 6 treinta muertos (1) llevan- 
do muchos hondos, que con sus vidas y sangre paga* 
ron en la Habana, lo que delinquieron en Santa Marta 
y Cartagena. Volvieron á tomar sus buques y par- 
tieron á lamentar su desgracia en los cayos del canal 
de Bahama, quedando los nuestros con el honor de la 
victoria y satisfacción de no haberles costado vida 
alguna. 

V. Nuestro Regidor D. José Arrate asienta con la 
autoridad de Píedrahita dHistoria del nuevo Beino de 
Granada» (2) que al expuesto lance gobernaba la villa 
de la Habana el Ldo. Juan de Avila y con este moti- 
vo le numera entre sus Gobernadores. No hemos vis- 
to este Piedrahita, solo en la Historia general de di- 
cho Beino, (3) hallamos después de referidos los sa- 
queos de Baal en Santa Marta y Cartagena, que se 
hicieron á la vela poniendo las proas a la Habana, don- 
de apenas llegados arrojaron á tierra la gente, por la 
parte que hoy llaman la Punta, cuando heridos de la 
artillería y acorralados de los nuestros, fueron recha- 
zados con tal ardimiento, que muertos treinta de los 
más sefialados, y puestos en desorden los demás con 
el espanto y miedo que concibieron, trataron de em- 

(1) Hacen mención de este lance. Heirera en la década 7; libro 1, 
cap. Allí al fin: y la Historia del Nuevo Beino de Granada, cap. X, libro 
1, folio 387. 

[2) Véase la página 85 del primer tomo de esta obra. 
[3} Historia general de Oranada, par. 1, libro 10, eap. I, 


i 


M0 TSaTBO C0BAJK>. 


baiearae eoA tal eonfeooQ q«e á KS«irios 
gente eon la misma o%sAíai qae loa habla rebatMb. no 
fwéaría ínmet% eon ▼ida. Con toda no tenemos em- 
imnao en que lo hicíetie como Tenimte del Adeinn- 
tado Heraando de Soto, cu jo gobíemo aon eootinna- 
ba par ígnorane en la isla de Caba m fallecimieatOL 
Ptado hacerlo, ó porque la Gobernadora D^ Isabd de 
BobadiHa le noiiri>rara en lugar de Jaan de Bo|a& ó 
poaqoe aweote éste, quedase eon aos rtees. Vtíro de 
AÍi^fnna Merte como pwpío Gobernador que meresca 
numerarlo en el catálogo de ésío^ de que por esta ra- 
i4m lo exdaímoe* (1) 

VI* A espaldas del pasado gasto, se hizo más sen* 
«lUe la pérdida y muerte de Hernando de Soto, con 
cuya noticia llegó al puerto de la Habana á fines de 
este año IM^o Maldonado. Perdió el sufrimiento la 
pena, y saliendo de los corazones al s^nblante y tnye, 
se clej6 ver la Ma vestida de lato. Habían labrado 
mocho en el de la Crobernadora los tres afios de con- 
tinuada pena, por no saber de su querido esposo, y 
hallándola rendida la de su cierta muerte, careció de 
espíritus vitales con que resistirla. Se postró en una 
cama, y sin otro accidente conocido (2) poso fin á sus 
diftS; y acompañó en el sepulcro, á quien habia se- 
guido hasta un Nuevo Mundo. 

Vil. Este fln ponen las historias á la de nuestro 
Gpbernador Hernando de Soto, sin describirnos los 
pasos sucesivos del Gobierno de la Isla. Debemos 
prudentemente creer que continuaron rigiéndolas co- 
mo sus Tenientes, en la ciudad de Santiago, Gonzalo 
de Guzman, y en la Habana Juan de Rojas, hasta el 

( J) Luft clsuuia kiitoríMlore«| oousigiuui á Joan de Avil» ó Jaan Dáyi- 
U üumu Qobornador. Véaso al flnal de este oapítolo la nota A. 

lU) El tnoa e& el libro 6| oap. 3ÜUy.pátr¿9 1 y Hernia « la década 
7, libro 7, oap. XXI al An. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 361 


el Real nombramiento de su cuarto Gobernador, en 
cuya oscura era vamos á entrar, por la necesidad de 
dar el preciso hilo á esta historia, hasta que con algu- 
nos propios comprobantes pueda ampliarse lo que 
hasta aquí apenas ha podido coordinarse con algunas 
noticias foráneas. Con todo, creemos que lo relacio- 
nado y que se diga basta para principio de esta, pues 
si bien conocemos que poco se trata de la Isla con las 
atenciones á que propendían sus principales Goberna- 
dores, hallamos que por lo mismo no pudo haber en 
ella mas asuntos propios que referir, ni deja de ser la 
mayor gloría que puede atraerle su historia, la de ver- 
la tan en su cuna, consumiendo con ardor y lealtad 
sus débiles fuerzas, en adelantar y conquistar tan vas- 
tos Reinos a nuestros ínclitos y augustos Soberanos, 
bajo cuyo católico, suave y justo yugo, deseamos la 
conserve el Altísimo. 


Nota A.— PAg. 360. 

No8 Borpreiulo tjiie un liistoríador tan minucioso, como el Doctor Umitia, 
no consigne el gobierno de I). Juap de Avila ó Juan Dávila, justificado por 
documontoH fehacientes y entre ellos la (M>rrespondencia que medió entre él 
y el Emperador, que se conserva en el Archivo de Indias. 

Se sabe que llegó á Santiago de Cuba el 2 de Febrero de 1544 en una 
Hota que salió de Cádiz, conductora también de otros funcionarios y de im- 
portantes disposiciones. 

Durante su mando nombró á Juan de Aguilar por su Teniente en San- 
tiago de Cuba, visit<! las diversas comarcas de la Isla, y trasladándose á la 
Habana fund<) un hospital, el (pie estableció en una casa particular y sostu- 
vo con los fondos que producian una derrama entre los Regidores y el ve- 
cindario: interpuso también su intlnencia para que el Emperador autorízase , 
la cxDndiiccion á esta ciudad del agua del río Casignaguas (Chorrera ó Al- 
mendares): después solicit<> su relevo, carta de 31 de Marzo de 1545 Colee, 
de Muñoz LXXXIV. En la Historia de la Isla de Cuba por el Sr. Don 
Jacobo de la Pezuela, so transcribe una carta suya <iue comienza. Llegue el 
2 de Febrero &:c. l'omo 1, ^lág. 178. 

Hemos creido conveniente salvar con esta ligerísiuia nota la omisión del 
Dr. Urrutia en su Teatro. — ^. C 

Tomo II. 46 


LIBRO QUINTO. 

Trata del cuarto' Gobernador Licenciado Antonio dé Chavez, 
y de como comenzó la villa de la Habana á atraer la atención de sus 

Gobernadores, por oportuna escala 
á la nueva navegación de Europa, desde 1543 hasta 1548. 


CAPITULO I. 


DeSCÜBICRTO El^ CANAL DE BaHAMA Y SU YEÑTAJÓSA 
NAVEGACIÓN POR LAS CAUSAS QUE SE EXPONEN, LLA- 
MA LA ATENCIÓN Y PRESENCIA HEL GOBERNADOR LA 
VILLA DE LA HaBANA. 


!• Entramos en un goblemo en que cuanto ihás 
nos acercamos á ta luz clara db esta Historia; táhto 
más se oscurecen los hechos de éi^ & dttlilitud de 
aquellas dolencias que eü las vísper&s de stis cif^is, 
aumentan la gravedad por üititno esfuerzo de su rha- 
licia. Por qtie dejándonos en esta era lás historias 
de que hemos mendigado las noticias con qué fotmá- 
mos los anteriores libros, aún rió háíldmds dbbume ti- 
tos bastantes en casa con que cbnfíntiar láí séri^ dk 
ésta. Pero con táhtá osfcuiidad (qué obliga al Hllb á 


*5'1 tbatro chbano 


^^ríicrtf; pi'ocurarAinoíi dar á tientas. s4>Io aquellos pa- 
^>«* /jn« p#Klamos fijar y .^ean neceHario» á hi iranj^í- 
cíon fie ella, 

lí. XncHiroH lal>oriosoH Morell y Arrate, fíjanm en 
la entrada de CHt(» sfoluerno una memorable época «fe 
ftHta hÍHt^iría. Halló el primero indubitable í^ue de*— 
fie él habían mudado de resídenciu h)ft Grol>erna<lores 
de la fnla de la ciudail de Santiajíoá la villa de la 
ffabana, y como aeaban toda» lan noticias con la 
inuert/^, de í)^ f^abel de Bobadilla, <jue dio fin al Sfo- 
bierno aíiteendente, en enta comienzan á tocarse los 
efectOí^ de la aí^inteneia de lo^s Gobernadores. 

ííí, Tii^oel ftí-íjrimdo por cierto que el descubri- 
miento del eanal de flahnpna, y que su ventajosa na- 
fre^raeíon fu^: eausa motivada de esta novedad. La 
ma/Iiire/ y prudeneia de ambos, que conocimos y tra- 
iñíum, no« persuadió k creer por algún tiempo qne no 
nientirían ít ello sin poderosos fundamentos, aunque 
no lojii o.xnresasíín por lo sucinto de sus apuntaciones. 
\h*.mnn iu^ esto, hallamos en una Real cédula de 
ti di? iunio de I7í?7 rpie representando el Gobernador 
y (yal»H<lo de la ciudad do Hantiago contra la subordi- 
nación aclarada, en la d(; 28 de Diciembre de 1733, 
dcHpucH de alKtinas razones, concluyeron pidiendo se 
cryícHC nípuíl Gobierno en Capitanía General, como 
lo \\\0^ arito» del dcHCubrimiento del canal de Bahama 
Y aúneme cláusula so lee en lo relativo su deducción 
á el Hobcrano solio, por lo rjue no pudimos creer se 
hidcNC niíi graves fundamentos y menos la repetición 
déosla especie en el preámbulo de dicha Real cédula, 
lo que nos hl/o asentar (i su dictamen: mas como con- 
tinuando la hif^toria hemos tocado (y expondremos), 
quonunque oslo (lolicrnador y su sucesor Ángulo, re- 
sidieron el más tiempo en la Habana, fueron posesio- 
nados on Hantiago, no queremos usurpárselos, sí solo 


i 


IGNACIO J. DEÜRRÜTIA. 365 


asentar que por estos tiempos hicieron dichas causas 
y la del comercio y concurso que cargó á la Habana, 
que fuesen prefiriendo su residencia hasta radicaría 
voluntariamente con la recepción y permanencia que 
constituye la época anterior á la creación de Capita- 
nía General. 

IV. El descubrimiento del canal de Bahama lo hi- 
zo en el ano de 1516 6 1519, el piloto Antón de Ala- 
minos, siendo el primero que se refiere (1) haberlo 
navegado. Después de él lo cruzaron varios barcos, 
y finalmente, en la primera navegación que hizo la 
armada del Adelantado Hernando de Soto, y retorno 
de Gómez Arias á la Habana, y Diego Maldonado al 
puerto de Achusí y de Apalache, se fué tomando co- 
nocimiento de su amplitud y proporción para el más 
breve y feliz retorno de las flotas que con caudales 
del reino de Nueva España, se restituyen á Cádiz. 

V. La navegación de todo el seno Mejicano y ma- 
res adyacentes á las islas de Barlovento, para retorno 
á Europa, se hacia en los primeros tiempos por las 
costas del Sur en dichas islas y la de Cuba; pero las 
brisas que vientan comunmente en las islas de Barlo- 
vento, soplando por la proa, cuando se restituyen á 
Europa, hacian muy dilatado el retorno. Llámase 
brisa todo viento oriental, con sus respectivas cuar- 
tas, el que es muy fijo y firme en dichos mares, por- 
que se causa del movimiento del primer móvil (2) 
que dándole á los demás orbes superiores, é impul- 
sando á el aire, le hacen seguir el movimiento del dia, 
yendo de Oriente á Poniente, con una fijeza, y fuerza 
difícil de vencerse por las naves. A esta dificultad 

(1) Antonio Herrera en la descripción de las Indias, cap. III. 

(2) Herrera en la descripción de las Indias^ cap. 2: y explica mas lata- 
mente estos movimientos^ Manuel Gedillo en sn Cosmografía, libro 1, cap. 
III de los vientos generales.. 


366 TEATRO CUBANO. 


se agregaba que las aguas del golfo salen comunmen- 
te del seno Mejicano, por entre las costas de Yucatán y 
Cuba, retornando por las del Norte de ésta y sus cana- 
les, (1) de suerte que cuantos son contrarios los vien- 
tos y aguas para navegar á Oriente desde el seno Me- 
jicano por la costa del Sur, tanto son favorables para 
ejecutarlo por las del Norte. 

VI. Todo el espacio de mar que corre á la costa 
de dicho Norte de la isla de Cuba, y desde la Españo- 
la de Santo Domingo hasta las de las provincias de 
Florida, está embarazado de isletas, cayos y bajíos, 
que dificultan el tránsito por él desde el golfo al seno 
Mejicano: era solo conocido para esta navegación el 
canal viejo, que costeando la isla de Cuba desde la 
bahía de Ñipe, y estrechándose en cayo Romano, des- 
emboca en punta de Hicacos, sobre el puerto de Ma- 
tanzas, pero tan sondable y ocupada de impedimentos, 
que no solo hace peligrosa la navegación de embarca- 
ciones mayores, mas también expuesta y pesada la de 
baixx)s menores. Por ella reconoció el primer Almi- 
rante D. Cristóbal Colon aquella costa de la Isla hasta 
llegar al cayo Romano, y por la misma bojeó Sebas- 
tian de Ocampo toda la Isla, el afiode 1508, como de- 
jamos notado. 

VIL El canal de Bahama corre más al Norte por- 
que costea la provincia de Florida y algunos cayos 
adyacentes, dejando por fuera el Tumbado, la isleta 
de Bahama, (de que tomó nombre) los mimbres y ar- 
recifes de las del Espíritu Santo, y otros embarazos 
menores. Es aunque no enteramente libre de peli- 
gros, más limpio y amplio, con capacidad y fondo pa- 
ra buques de todos portes, y por estas causas de más 

(1) Hecrera en el cap. VIH de dicba descripción de Indias y lo espe- 
cificamos en el libro I, sap. VIII de esta ^poca. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 367 


franca navegación que el viejo. Demás de esto como 
carga y declina siempre al Norte, puede navegarse con 
brisas, y dirye su desemboque á mayor altura en dis- 
posición de alcanzar, con proporcionados vientos, la de 
las islas (1) délas Azores, y tomada ésta con más ó 
menos grados, según requiere la estación del invierno 
6 verano, se recala con facilidad sobre las costas de 
España. 

VIII. A las flotas y embarcaciones que salen de 
Veracruz y todo el seno Mejicano, es también más fá- 
cil navegar con las brisas hacia la costa del Norte de 
Florida, montando el bajío del Negrillo, y yendo á re- 
conocer la sonda de Tortuguilla, que cruzar contra 
viento y corriente el estrecho entre Yucatán y cabo 
de Cruz. Y tomando aquel barlovento, corresponde 
con ventsgas la navegación por delante de la Haba- 
na hasta el canal de Bahama, y por él á Europa. To- 
do este beneficio se debió á la invención de dicho 
canal, que posteriormente descubierto, conserva la 
denominación de nuevo, y con el objeto de utilizarlo, 
cargó la navegación de Europa á esta costa. 

IX. Y son tan conocidas y palpables las ventajas 
de esta navegación, que hasta las embarcaciones que 
salen de la isla de Jamaica ú otro puerto al Sur, para 
Europa, la prefieren á la que directamente podrían 
seguir por el mismo Sur: y navegando á Occidente 
hasta montar el cabo de S. Antonio, vuelven á Orien- 
te en solicitud del repetido canal de Bahama, porque 
todo lo que pierden en los primeros pasos, lo recom- 
pensan en los siguientes, á causa de la altura y pro- 
porción en que como queda dicho van á desembocar. 


(1) Antonio Herrera en la citada descripción de las Indias cap. II. 


36% TEATRO CUBAÜO. 


CAPITULO II. 


E<»TABI.E€:inA I.A MAVEGACIOBí POR DICHO CANAI. BE Ba- 
HAMA, »E HAC:E NECESARIA E8€:AI^ LA HaBANA POR 
íillJ ^ITI/ACION Y CALIDADES QUE SE EXPRESAN. 


L Conocidas pues, las proporciones de la navega- 
ción de flotas y armadas en el retorno de Nueva Es- 
paña á Europa por la costa del Norte de Cuba y canal 
nuevo de Bahama, y establecida sn carrera, fué con- 
siguiente 8U arribo y escala de ellos al puerto de la 
Habana^ aumentando su tráfico y comercio, y deca- 
yendo el de la ciudad de Santiago. La situación de 
ésta á la costa del Sur habia proporcionado escala á 
dichas armadas y flotas cuando retomaban por ella, 
pero variada la carrera perdió la oportunidad de aquel 
importante servicio que el de la Habana, su puerto y 
calidades, franquearon con vents^jas. 

II. Sitúase dicho puerto y villa de San Cristóbal 
de la Habana á la costa del Norte de la isla de Cuba 
en la altura de 23 grados (1) 15 minutos. Dista 20 
leguas á Occidente del puerto de Matanzas, frente del 
cual hemos dicho qué toman uno y otro canal las em- 
barcaciones que navegan á Europa y desembocan las 
que vienen al seno M^ícano. Desde esta situación 
hficia el Poniente se amplía el mar, entre Cuba y Fio- 

(1) Orejón ExcolendaB del Arte Militar, cap. LXIII, fólio 110. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 369 

rida, limpio ya de escollos y comunicable á todo el 
seno Mejicano de que es garganta capaz, aún que li- 
mitada á la necesidad de avistar ambas costas todo 
bajel que la cruza. 

III. Por estas causas cae en una aptitud para es- 
cala de la navegación, que el que desemboca á su 
barlovento toma breve y oportunamente su puerto, 
para reparar los quebrantos de tan dilatado viaje, y 
los que van á embarcar, reciben en él el mismo bene- 
ficio y el de esperar en seguro la oportunidad del 
tiempo con que atravesar este estrecho paso, sin el 
peligro de ser impelidos á él 6 dejados importuna- 
mente de su boca, por la variable violencia de las cor- 
rientes que se aumenta en su angostura. 

IV. Las cualidades del puerto de la Habana cons- 
piraron al mismo beneficio. Porque su boca al Norte, 
tiene de latitud medio cuarto de legua y siete brazas 
de agua en el canal, con que dá fondo á las embarca- 
ciones de mayor porte, corre su bahía (Ij de Norte á 
Sur, y de éste hace un recodo al Oeste, dejando como 
un istmo de media legua entre el margen del Sur y la 
costa, y dentro de este terreno de évalo imperfecto, 
se hallaba situada la Villa. Es la extensión de la 
bahía de tres leguas de bojeo y una de latitud en lo 
más ancho, resguardada casi á todos vientos, porque 
aunque está abierta su boca al Norte, puestas las em- 
barcaciones al socaire de la serranía oriental, deno- 
minada la Cabana, quedan abrigadas y sin peligros, 
ofreciendo capacidad para más de mil buques, y final- 
mente, las riberas de esta bahía son tan sondables que 
pueden dar fondo cerca de ellas, navios, de alto bordo, 
haciendo menos costosas sus descargas y carena. (2) 


Íl) Arrate: primer tomo detesta obra pág. 74. 
i - - - ^ 


[2) El Sr. D. José María Gómez Colon en su interesante Memoria so- 
bre ¡a conservación del puerto de la Habana, publicada en Santiago de Cuba 

Tomo II. 47 


á70 TEATRO CUBANO. 


en 1852, cap. 3, pág. 45, dioe: "En 1743, 49, 73 y 83 se sondeó el pnerto 
de la Habana, y como en 1739 se volviese á ejecutar nneva sonda, hubo de 
reconocerse por la comparación de estos trabajos, haber perdido en el perío- 
do de 47 años la babía 50 varas horizontales y 1|^ á 2 brazas en los place- 
res y veriles; empero sin sufrir sensible disminución el fondo en lo propia- 
mente dieho canal. Por otra operación análoga se sabe que en 1723 midió 
la entrada del puerto entre la Cabana y San Telmo 3J0 varas de anchura: 
-^ne en 1783 se redujo esta ostensión íi 335 varas: — que en 1803 á 304: — 
y ea 1812 á 225:-*-re8ultando de todo ello haber en 69 ^os perdido la ba- 
hía ¡H>r esa parte 95 varas, ó sea mas de la coarta parte de su anchura. 
Pérdida que atendidos los efectos de las mareas, solo se esplica sabiéndose 
que era una ciénega esa parte de la costa ahora llamada San Telnxo. Esto 
respecto á sondas Iqísnas; si bien es verdad que las mas próximas no dan 
resultado á examinarse con minuciosidad y detenimiento. Véase si nó la 
operación verificada á fines del siglo próximo pasado. De 8 á 10 brazas 
de agua se encontraron en el cansS. De 5 á 6 en el fondo medio del placer 
de la bahia; de 1 á 3 en la ensenada de Guasabacoa; de 1 á 2 en la de 
Atares, y de 4 á 6 en la de Regla. De 1 á 2 brazas de agua se encontra- 
ron sobre el bajo de San Telmo, de 1 á 2 igualmente en el de Begla, y de 1 
á 2 también en toda aquella parte obstruida á lo largo de la costa en toda 
su sinuosa estensiou. Por último, esa parte del fondo disminuida ó ence- 
nagada allí en la continuidad de las orillas, alejábase solo de ellas un tercio 
cable paralelamente; mientras el bajo de Begla se adelantaba 4 décimos de 
milla hacia N. £." No ignoramos el origen de estos datos, pero no pode- 
mos admitirlos del todo, porque en primer lugar no comprendemos como no 
habiéndose ejecutado desde 1730, por lo menos, otra obra en la er^bwUi del 
puerto mírela Ccibam y San TéltnOy que la de la cortina de Valdéi^ fon 
1842^ robando unas 12 ó 14 varas al mar, y no habiendo sufrido alteración 
alguna la banda opuesta, haya podido verificarse reducción alguna de dicha 
entrada por ese punto: la cual por otro lado no aparece del escelente plano 
del puerto levantado y publicado en 1798 por el muy entendido capitán de 
fragata D. José del Rio, ni del que trae el Portulano, comparados con el 
levantado y publicado en 1854 por el Depósito Hidrográfico; salvo la indi- 
cada de la cortina de Valdés. En se^gundo lugar comparados los datos so- 
bre sondas que presenta con los oficiales que damos al fin de este capítulo, 
aparece la bahía en el dia con el mismo y aun con mas fondo que á fines del 
siglo pasado; pues dice, por ejemplo que de 8 á 10 brazas se halliurou en- 
tonces en el canal, y en 1854 tenia éste de 7^ á 10¿ brazas: de 5 á 6 brazas 
en el fondo medio del placer de la bahía y hoy cuenta hasta 7 brazas (jun- 
to al punto de salida de los vapores de Regla, de la antigua empresa); de 1 
á 2 en la ensenada de Atares, que hoy cuenta hasta 3: de 4 á 6 en Regla 
donde boy se cuentan hasta 6 brazaSy y de 2 á 3 en la ensenada de Guasa- 
bacoa, donde hoy existe el mismo fondo. En el pianito del puerto que se 
vé en el adjunto de la ciudad, ofrecemos la sonda (en pies castellanos) que 
le dá el Portulano de América de 1804. La parte interior de la ciudad está 
tomada de uno de los plaftios antiguos que publica el Sr. La Sagra, y la <le 
estramuros de varios planos de fines del siglo pasado. Además de la indi- 
cada obra del Sr. Gómez Colon merece leerse una Memoria escrita por Don 
José de Arazoza en 1816 sobre el mismo asunto. — J, M. déla Torre, 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 371 

V. A la situación y proporciones del puerto y ba- 
hía, se agregaba la defensa de los bajeles por el res- 
guardo que ofrecía su castillo de la Fuerzo^ ya temible 
a los enemigos desde la resistencia del pirata Baal, y 
el mayor auxilio de víveres y maderas para eí reparo 
de las naves: porque esta parte de la Isla al paso 
que agiganta sus bosques, franquea muchos prados (5 
sabanas, tanto á la parte oriental como á la occiden- 
tal. Los montes abundan en frutas para la crianza 
de cerdos y dan las mejores maderas para construc- 
ción y carenas, y las sabanas mucho pasto para la 
crianza de ganados vacuno y caballar. Dé suerte que 
estos auxilios de que es escasa la ciudad dé Santiago 
sobreabundaban en la Habana. 

VI. No era el agua la más proporcionada para 
surtirse las flotas, porque aunque derrama en la bahía 
al Sur el rio del Luyanó y un arroyuelo, no son abun- 
dantes ni sus aguas se tienen por las mas saludables. 
Pero como a dos leguas por la costa del Poniente 
desagua el caudaloso rio de la Chorrera (de que tra- 
taremos adelante) y con las lanchas y barcos meno- 
1 es, se conducía de él a los navios toda la que necesi- 
taban, para reponer y refrescar sus aguadas, con que 
a costa de esta sola dificultad tenian las armadas cuan- 
ta podían necesitar y apetecer para su reparo. 

VIL A fin de no hacernos más menudos 6 moles- 
tos en esta recomendación que podia tenerse por pa- 
sión y amor á la patria, daremos tres pruebas grandes 
de las veut^ijas de este puerto y escala. La primera 
remitiendo al lector á la obra que dio á la prensa el 
Gobernador, Maestre de Campo, D. Francisco Dávila 
Orejón, titulada Excelencias del arte militar en que 
hallará por un testigo práctico (1) de su calidad tan- 

(I) Testigo Aírate, en so prólogo al lector. 


375i TEATUO COBANO. 


tas recomendaciones de lo átü qne es este poerto á 
la Corona, por lo esencial á la conserTacion de estas 
Indias, que H^a á afírmar, que sin sos anxlKos »e 
haría muy difícil j trab^osa, cuando nó imposible 
esta navegación. 

VIR La segunda prueba la darnos con la fieal 
cédula de 2 de Jolio de 1716 en que para recomendar 
S* M. al Gobernador de la Habana, la atención con 
que debía cumplir las disposiciones que le comunica, 
dice en el preámbulo. Deseando por cuantos medios 
sean posibles, atender a la mas as^urada defensa de 
esa plaza j presidio, como tan importante al resguardo 
y conservación de mis dilatados dominios &c. T final- 
mente con la recuperación tan costosa, que el mismo 
Soberano ha hecho de esta plaza, en el tratado de paces 
firmadas en Fontainebleau a 3 de Noviembre del año 
pasado de 1762 (1) en que la dominaron lamentable- 
mente los ingleses; pues, la estimación de las costas se 
regula por el cuidado con que se conservan j las ex- 
pensas con que se recuperan perdidas. 


(1) AriíoulolS. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 373 


CAPITULO III. 

El Rey manda saludar el castillo de la Habana y 
que no se dé vino á los negros; y concede a pe- 
DIMENTO DEL Gobernador Licenciado Antonio 

DE ChAYEZ, (1) qUE PARA TRAER A ELLA EL AGUA 

DE LA Chorrera, se establezca el arbitrio de 
SISA DE Zanja, 


I. Conocida por las expuestas causas la necesidad 
y útirescala del puerto en S. Cristóbal de la Habana, 
fué consecuente el concurso de embarcaciones á él, y 
que este atrajese regla para su gobierno y subsisten- 
cia. El Alcaide de la Fuerza, Mateo Aceituno, fué el 
primero que quiso gozar los fueros de tal, exijiendo 
de toda embarcación el saludo debido al castillo Beal 
de su mando. Parece que se le negó á solo el reque- 
rimiento político, pero ocurriendo al Rey se dignó 
S. M. ordenar (2) que todos los navios de armada que 
llegasen á él, hicieron salva á dicho castillo del mis- 
mo modo que la hacian á la fortaleza de Santo Do- 
mingo de la Isla Española. 

II. Con el mismo comercio empezó á excitarse la 
gula entre indios y negros en el exceso de la bebida 
hasta prohibir hacer vino de raices (3) y que no se 
les vendiese el de Castilla. Este vino de raices en- 

(1) Véase nuestro tercser tomo, — nota al Grobiemo de Juan de Rojas. 
(2] Heirera década 7, libro 10, cap. XVIII al fin. 
(3) Herrera década 1, libro 10; cap. XVIII al fin. 


874 TEATBO CUBANO. 


tendiendo 8er el veycosí que hacían los indios del agua 
de yuca como hemos dicho (1) y creemos que por 
esta prohibición se extinguiese su uso en la isla, por 
que no hemos podido hallar noticia de que hiciesen 
otro vino de raices, ni del modo con que fermentaban 
éste. 

¡11. En este tiempo y estado de cosas, debemos 
suponer (por las consecuencias) que fué Gobernador 
de la isla de Cuba el Ldo. Antonio de Ghavez. No 
consta con que título, ni por cual Ayuntamiento se 
le dio posesión del Gobierno, pero habiéndolo sido los 
anteriores con Reales despachos y en la ciudad San- 
tiago, no queremos disputarle en duda su posesión, 
aunque el Illmo. Morell, que hemos referido, hace 
mueha prueba de que no lo ñié en ella. Permaneció 
algún tiempo en esta ciudad de Santiago y parte 
oriental, y pasó á visitar toda la provincia y particu- 
larmente á la Habana. 

Vi. Padecía esta villa, como se ha dicho, alguna 
escasez de agua porque prefiriendo sus primitivos po- 
bladores la inmediación del puerto, á la provisión de 
este necesario simple^ la situación no gozaba cercano 
y proporcionado manantial. Entretanto que proveía 
al corto número de sus vecinos y la arribada de algu- 
na embarcación, pudo remediarse con el agua de un 
corto arroyo que desagua en la bahía por el estero del 
Jigüey, á la opuesta ribera de la población, condu- 
ciéndolas en canoas. Pero éste que aún entonces no 
era tan abundante que d^ase de necesitarla atención 
del Cabildo para su limpieza y cuidado (2) tné insu- 
ficiente para las mayores atenciones. (3) 

V. La presencia del Gobernador tocó esta dificul- 

(1) En el libro 1, c^p. IX, nüm. 5 de ecs^tA epoo*^ p¿^. 1^. 

Í2) Como consU de vmíos celebnul(« en 1ck>^ t ló^'^S. 
3) En un infoime que {Mne«entuii«« el «fio de 1$74 á U Keál Aeide 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 37Ó 

' „,T — ■■ ■ ■ ' -^.. . , ■■■ ■ ■ - . 

tad, y premeditando lo necesario que era proveer de 
aguadas á los vecinos, ya aumentados, y á las armadas 
y flotas que llegaren, extendió la atención al rio de 
la Chorrera llamado de los indios Casiguaguas. (1) 
Nace éste á la costa del Sur y dirigiendo su cui'so al 
Oeste, recibe varios manantiales que aumentan sus 
aguas (entre los cuales es el mayor y más conocido el 
de Almendares) y viene a derramar en la costa del 
Noi*te, al Poniente de la Habana, con boca y agua que 
recibe barcos menores. Forma en efecto un semicír- 
culo al territorio de la Villa, que distando dos leguas 
(más 6 menos) de ella, baña sus terrenos con abun- 
dancia y utilidad, de unas aguas delgadas y saluda- 
bles. (2) 

VI. A la boca de este rio ocurrían las lanchas de 
los bajeles y flotas á hacer sus aguadas, que conducían 
á sus buques surtos en el puerto, pero sufriéndose algu- 
nos quebrantos, particularmente con los Nortes del in- 
vierno por ser bravia la costa intermedia, hulK) de 
pensarse en conducir parte de dicha agua á la Villa 
por una sangría que trajese permanentemente por 
tierra la necesaria. Se proyectó represar la madre 
natural del rio, con un husillo, que violentando las 
aguas, las hiciese retroceder á una necesaria altura 

mia de Ciencias médicas, ñsicas y naturales de esta ciudad, y que aprobado 
se publicó en '^Los trabajos de la Comisión de Medicina legal é Higiene 
pública'', expusimos, al hacer la historia de nuestras aguas potables, que la 
elección de otra que reemplazara la que proporcionaba el rio Lnyanó ó Ji' 
gúeVf no dependió de lo insuficiente de ella, y nos apoyábamos en que un 
río que permitia su navegación y transporte por medio de botes que la iban 
á buscar á alguna distancia, por ser salobre la cercana á su desembocadura, 
revelaba una inasa de agua más que abundante para las exigencias de la 
Habana de 1544; creyendo por lo tanto, que las mejores condiciones de las 
del río Casignagas, conocido después con los nombres de Chorrera y Al- 
mendares, ñaeron los móviles de su proyectado y realizado viaje. — B, C. 

(1) Aírate, tomo 1 de nuestra obra, pág. 145. 

(2) £sta pública información, por parte de un historiador tan concien^ 
zndo, como el Dr. Urrutia, forma el mejor elogio de esa agua potable.-JB. C* 


3t6 TJSATRO CUBANO. 


desde la cual se pudiese conducir por zanja ó cañería 
y hallándose posible la operación, solo se dificulto la 
paga de su costo por la escasez de Propíos que tenía 
la Villa. 

VIL Para proporcionarlo, ocurrió el Gobernador 
a S. M. manifestando la necesidad y medio de salvar- 
las, á que se le respondió en Real cédula de 11 de 
Febrero de 1547 (1) y en lo que decís cerca de la 
necesidad que hay de darse orden como se traiga á 
la Tilla de la Habana una fuente de agua: «os mando 
que luego concertéis con la persona ó personas que os 
pareciese que os traigan la dicha agua á la dicha Vi- 
lla, de la parte donde estuviere en mejor comodidad 
y el precio en que lo han de hacer, é deis orden como 
se entienda en ello con toda brevedad y se traiga, y lo 
que costase lo hechareis por sisa en los mantenimien- 
tos y otras cosas que en la villa de la Habana se vendie- 
ron lo más sin peí juicio que ser pueda, y avisarnos 
de como lo cumplís.» 

VIH. Este fué el orijgen del arbitrio que aún per- 
manece con el distintivo de sisa de la zanja^ y que desde 
luego parece se impuso sobre los comestibles, pues 
con su producto comenzó á trabtyarse en la zanja pa- 
ra traer el agua á la Habana. No hallamos el aran- 
cel ó reglas con que se inició esta exacción, pero en la 
continuación de ella y de esta obra se dieron pautas 
para su debido cobro, de que haremos mención en sus 
respectivos tiempos. 

IX. Este año de 1547 tuvo la isla de Cuba el do- 
loroso golpe del fallecimiento de su Obispo Diocesano, 
D. Fray Diego Sarmiento cuya memoria nos conservó 
el Maestro Gil González. 

(1) Esta Real Cédula no se halla, pero se hace mención de eUa y sn 
resolacion por estos términos en la de 16 de Mayo de 1548, que traemos ín- 
tegra al capitulo sigaiente. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 377 


CAPITULO IV. 


Traense varias órdenes y la Real cédula de 16 de 
Mayo de 1548 sobre libertad de indios de Cu- 
ba, TRABAJO DE SUS MINAS DE COBRE Y AGUA DE LA 

Chorrera. 


I. Desde el año pasado de 1543, había expedido 
el Bey diversas providencias, para el arreglo del go- 
bierno del Consejo de estas Indias, y Reales Audiencias 
de estos Reinos, declarando las causas y grados de 
que debían respectivamente conocer (1) y concedien- 
do á las Audiencias el de revista para evitarlos costos 
de ocurrir al Consejo, estableciendo el orden de éstos 
y de las cartas y provisiones con que debían despa- 
char, y cuanto más pareció oportuno en aquella esta- 
ción al buen régimen y adelanto de las Indias, con es- 
tas se promulgaron á favor de la libertad de los indios, 
entre otras varias las siguientes. 

II. 20. — Que por ninguna cauja de Guerra, ni otra, 
ni fo título de Rebelión, ni refcate, ni de otra manera, 
no fe pueda hacer Ezclavo Indio alguno, fino que fean 
tratados como Vaf alias Reales de la Corona de Cajli- 
lia, pues lo fon. 

III. 21. — Que ninguna Perfona fe pueda fervir 


(1) Herrera década 7, libro 6, cap. V. 

Tomo II. 48 


378 TEATRO CUBANO. 


de los Indios^ por via de naborías, ni de otro modo 
alguno^ contra fu voluntad. 

IV. 22. — Que las Jludiencias llamadas las Partes 
fin tela de juicio^ fola la verdad fabida pongan en liber- 
tad a los Indios que fueran Ef clavos^ fi las Personas 
que los tuvieren no moftraren Título^ como los pofeen 
legítimamente: i que las Jludiencias pongan Perfonas 
de diligencia^ que hagan la parte de los Indios i la pa- 
guen de Penas de Cámara. 

V. 23. — Qiie los Indios no fe carguen^ ifi en algu- 
na parte no fe pudiere efcufar^ sea la carga moderada^ 
fin peligro de fu vida i f alud que fe les pague su traba- 
jo i lo hagan voluntariamente. 

VI. 24. —Que ningún Indio libre fe lleve á las Pef 
quenas de las perlas^ f o pena de muerte, contra fu vo- 
luntad, i que el Obijpo y Juez de Veneficia, ordenen 
que los Efcfavos i Negros que andan en la Pefqüérin, 
fe conferven fin peligro de muerte, i que file ÑfMere 
cefe la Pefquería. 

Vil. 26. — Que los Fiforeies, Governadores, fUs Te- 
nientes, Oficiales Reales, Prelados, Monafterios, Reli- 
giofos, Hof pítales i Cofradías, Cafas de Moneda, Tefo- 
rerlas i Oficíales de la Real Hacienda, no tengan Indios 
Encomendados, i que los que tuvieren, luego feanpuef 
tos en la Corona Real i que aunque digan que quieran 
dexar los oficios y quedarfe con los Indios no les valga. 

VIII. 26. — Que a todas las Perfonas, que tuvieren 
Indios, fin tener Títulos, fino que por fu autoridad, fe 
han entrado en ellos, fe los quiten i pongan en la Coro- 
na ReaL 

IX, 29. — Que por ninguna vía, ni caufa, ningún 
Viforrei, Audiencia ni otra Perfona^ pueda Encomen- 
dar Indios, por ninguna via, ni en ninguna manera, 
fino que en muriendo, la Perfona que tuviei*e los dichos 
Indios, fean pueftos en la Corona Real: i que las 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 379 


Jitidiencias enhien relación de la calidad de los Indios 
i de los servicios del Muerto^ para proveer lo que le 
corresponda; y que Ji entretanto^ pareciefe que conve- 
nia dar á la Muger é Hijos^ algún fuftent amiento^ lo 
puedan hacer las Jludiencias^ de los tributos que paga- 
ren los Indios. 

X. 30. — Que las Audiencias tengan mucha cuenta^ 
que los Indios que fe quedaren i vacaren fean bien tra- 
tados i doctrinados en las cofas de Nuestra Santa Fé 
Católica. 

XI. Estas y otras contemporáneas disposiciones 
(de cuya justificación trata nuestro Solorzano (1) fue- 
ron generalmente mal recibidas en la Indias, por que 
los españoles se quejaban, de que por atender á la li- 
l)ertad de los indios, no se le renumeraban los servi- 
cios hechos á la Corona á costa de tantas vidas, peli- 
gros y trabajos padecidos en la conquista de tan ricos 
Reinos. Oyéronse las primeras en el Perü (2) con 
l)astante libertad y se comunicaron á Nueva España 
(3) con algún color de respeto. En la isla de Cuba 
se fundó el reclamo contra ellas, sol)re la razón de ha- 
ber comprado los indios, en tiempo que eran permi- 
tidas sus ventas, y tener pagado á los Oficiales Reales, 
el quinto de ellas, que por derechos correspondían á 
S. M: de suerte que se vid el Gobernador Antonio 
de Chavez en la necesidad de temperar de algún mo- 
do su qjecucion hasta consultar á S. M. 

XIL El trab^'o de las minas de cobre también 
aparece que se fomentaba útilmente en la Isla y que 
para su cultivo habia S. M. hecho asiento con Juan 
Tesel, de nación alemán, perito en su benefícjo! quien 


(1) Solorzano en su política Indiana, libro 3, cap. XXX, especialmen- 
te núm. 26. 

(3) Herrera década 7, libro 6, cap. X. 
(3) Herrera ubi sup. cap. XI. 


*■ * 

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í'f »A f/,<< ^^A\uri^ de '^^í» Ha^ ^ asmtrUiu ffe qie ^e 
a|^/ i^fA \^ ÍAy. f\'^^' (K*r ^ M^ e-ítA het^h;^ acerta d« la 

\f*ft f\u^> ñí^Aff hA\p^f\(r^ c^/rnpraflo cu tíemp> que se 
p^tUfd'íá f^^Uf hn/Af íU ellr/^ 7 ^ pa^o el quinto á los 
O^if/ifrl/'*» /Ia M. M/ y lo d^rííiaí* que ftobrc ello escribió, 
f f/^ /(M/'^ A/4 \fHfí^4A% que en e«^U> debéis hacer, es que 
rtííf/ 4 imhm i4mim^ n\u CHjK^rar rna« probanza, ver otro 
UUi^ i\U\Ui ftlK<lrH^ Mn r.mbargo de- cualesqaier pose- 
n]iiu /|MM \my\i, dir M'rvidiimbre, ni que estén herrados, 
«MMMHH^In poc DliritM toduM la» mujeres de cualquiera 
hdNd y l/Odf^ \m viironuM, quo eran de 14 años para 
mIm^JH NÍ IrinintMi ijiin Ion Icitiiaron, quo se hayan toma- 
dn Mi MiM,l(|imM'i(. KHdrmt mitradas ó rancherías, y que 
MI* hiivH Imm lio iMi (Irrní do Indios amigos ó enemigos, 

\\\ \M)\ jliml ii^iIhU i»k lit pitinom mío no halla on ol libro 1? de ks 
iImI ilidilhUtM ilh Ih llMtmMH itn«i|im'H do nfifuniMi inoordinadas de Ortizaday 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 381 

por que estos no se pudieron hacer esclavos, aunque 
fuese por ocasión de rebelión. Cuanto á todos los 
demás, si el poseedor no probase que el indio que 
tiene por esclavo, fué habido en guerra justa, y que 
se guardó y cumplió en ella las diligencias y formali- 
dades por 8. M., darlos, ois, por libres aunque no se 
pruebe por indios cosa alguna, por manera que car- 
guéis la probanza al poseedor, y no al Indio aunque 
esté herrado y tenga carta de compra u otros títu- 
los los poseedores de ellos, porque estos por la pre- 
sunción que tienen de libertad á sil favor son libres 
como vasallos de S. M. 

XV. Y si estos indios conforme á ésto hubiere 
alguno que del quinto de S. M. se hubieren vendido 
y cobrado el precio por sus oficiales, y constándonos 
que se hizo cargo de ellos en sus libros, le hará justi- 
cia, llamada la parte del Fiscal de S. M. que para ello 
hallareis y averiguado ésto, haréis que de la Hacienda 
de S. M. se devuelvan á la parte lo que conforme á 
justicia y S. M. hubiere obligación de pagar. 

XVI. Visto lo que decís que Juan Tesel, alemán, 
con quien mandamos tomar hoy asiento sobre el be- 
neficio del cobre de esa Isla, no quiere enseñar el se- 
creto de hacerlo dulce, sino se obligan de darle per- 
petuamente de todo lo que fundieren la sexta parte, 
os mando enviar con ésta el traslado del asiento y ca- 
pitulación (1) que con él mandamos tomar sobre ello 
y la obligación que hizo de cumplir dicho asiento, lo 
cual todo va firmado de Juan de Samano, Secretario 
de S. M., y proveeréis que se cumpla el dieho asiento 
en todo partido eomo de él consta. 

XVn. Y en lo que decís cerca de la necesidad que 
hay de darse érden como se traiga á la villa de la Ha- 

(1) No hemos hallado este asieuto en la Cédala ni en otra parte. 


382 TEATRO CUBANO. 


baua una fuente de aguas, como habréis visto por car- 
ta de once de Febrero del año pasado do 1547, os en- 
vié á mandar que luego concertásedes con la persona 
ó personas que os pareciese que trajesen la dicha 
agua a la dicha villa, de la parte donde estuviese en 
mejor comodidad, y al precio en que lo hablan de ha- 
cer y diésedes orden como entendiesen en ello, con 
toda brevedad, y se trajese y que lo que se costase, lo 
echásedes por sisa en los mantenimientos y otras co- 
sas que en la dicha villa de la Havana se vendiesen, 
lo más sin perjuiciu que ser pudiese. Agí lo haced y 
avisarnos, oís, como lo habéis cumplido. De Valla- 
dolid a 16 del mes de Mayo de 1548 años. — Yo el 
Príncipe. — Por mandado de S. A., Juan de Samano. 
XVIII. Esto es cuanto hemos podido adquirir del 
Gobierno del Ldo. Antonio de Chavez, cuarto Gober- 
nador de la isla de Cuba, debiendo solo á la anterior 
Real cédula y nominación que por ella se hace en al- 
gunos Cabildos posteriores la conservación de su me- 
moria. Creemos con todo, que ésta basta para la co- 
pulación de la historia, entre los términos en que nos 
dejan los autores, y mientras logramos pruebas caseras: 
y que no son menos apreciables los puntos que toca 
dicha Real cédula, principalmente el del origen de 
sisa de zanja, por la permanencia de este arbitrio. 


LIBRO SEXTO. 


Comprende lo ocurrido en la Isla Fernandina de Cuba, 
durante el Gobierno del Dr. Gonzalo Pérez de Ángulo, su quinto 

Gobernador, desde 1548 hasta 1555. 


CAPITULO I. 


-RescÍbese en la ciudad de Santiago por Gobcrna^ 
DOR DE LA Isla, al Dr. Gonzalo Pérez de An 
GULO. Pasan por la Habana los mártires I^^ray 
Luis Cáncer y sus compañeros. Viene a ella el 
CITADO Gobernador y se dan providencias sobre 

lEL VALOR DE LA MONEDA Y OTROS ASUNTOS. 


I. Aunque entre los rayos, que como aurora, van 
acercando al claro dia de esta historia hallamos al 
Dr. Gonzalo Pérez de Ángulo, por sucesor del Ldo. 
Antonio de Chavez, en el Gobierno de la isla Fernan- 
dina de Cuba, no hemos podido adquirir razón cierta 
de su título y lugar en que fué posesionado de él. Te- 
nemos por cierto que lo fuese en la ciudad de Santia- 
go. Por que habiéndole requerido (1) el Regidor y 

(1) En el cabildo de 5 de Noviembre de 1552. 


384 TEATRO CUBANO. 


Alcaide de la Fuerza^ Juan de Lovera, á que diese 
las debidas fianzas, para responder en la residencia, 
satisfizo que las tenia otorgadas en dicha Ciudad, y 
es legítimo y natural dar esta comisión, en el mismo 
acto y Cabildo en que presentan el titulo y se les da 
posesión. Y por que hallamos asentado por el Ca- 
bildo de la Habana (1) que en el año siguiente de 
1550, ñié cuando paso á ella este Gobernador, como 
venido de la ciudad de Santiago. De suerte que por 
estas razones y los hechos que sucesivamente expon- 
dremos, fijamos el juicio de haberse recibido en dicha 
ciudad como sus antecesores: siendo el último que 
puede apropiársele aún en la duda y calidad expues- 
ta, por su preciso recibimiento, pues tuvo la mayor 
residencia en la Habana. 

II. Por esta razón y la iálta de documentos anti- 
guos en ello, á causa de los incendios y saqueos que 
ha padecido, tampoco podemos fijar el año de su en- 
trada al Gobierno, teniendo por bastantemente vero- 
símil que lo fuese en este de 1548 y que permaneció 
allí hasta el de 1550 en que pasó á la Habana. Por 
la misma causa se nos ocultan sus hechos en ella y 
también lo ocurrido en la Habana, donde no se halla 
otro documento ni Cabildo (que la expuesta Real cé- 
dula) hasta entrado el citado de cincuenta. 

III. También enmudecen en estos años las histo- 
rias, por lo perteneciente á Cuba sin que hayamos 
podido sacar de ellas más que la venerable memoria 
de haber felicitado á la Habana con su presencia (2) 
los mártires de Cristo, Fray Luis Cáncer de Barbas- 
tro, natural de Zaragoza, Fray Diego de Peñalosa ó 

íl] El de 1? de Enero de 1553. 

(2) La traen Cárdenas Cano en sn Ensayo cronológico de Florida, año 
de 1546, hasta 1549, Antonio Herrera, década 8, libro 5, cap. XIII y XIY, 
año de 1547. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 385 

Tolosa y el donado Fuentes del orden de Predicado- 
res, salieron de Veracruz con Fray Gregorio de Bateta 
y Fray Juan García, encendidos del celo de la reli- 
gión Católica, y con Real licencia a emprender la con- 
quista espiritual de Florida, y en este año de 1548 ó 
principios de 1549, llegaron á la Habana recomenda- 
dos á su Gobernador por el Virey de Nueva España. 
Fueron en ella bien recibidos y habilitados de cuanto 
necesitaban pasaron á la Florida. Desembarcaron en 
la bahía del Espíritu Santo, Fray Diego de Peñalosa 
y el donado Fuentes, é internados en la tierra, recibie- 
ron el martirio de sus naturales. Comprendido por 
los demás, que permanecian á bordo de la embarca- 
ción, se llenó Fray Luis de santa envidia y bajó á tier- 
ra (venciendo la resistencia de los compañeros) y á su 
vista predicando el Evangelio, participó de la misma 
corona, descansando en el Señor, con cuya resulta, se 
retiraron los demás á San Juan de Ulúa. 

IV. Por estas mismas causas solo podemos pene- 
trar en cuanto a lo interior de la isla, que la amplitud 
de comercio y escaseces de minerales, habia dado a la 
moneda, mayor estimación que la intrínseca que por 
sí gozaba, pues corría el real de plata por 40 y 44 ma- 
ravedises, y al respecto la demás; y como esto cedia 
en grave peijuicio público, luego que llegó á noticias 
de S. M. tuvo á bien prohibirlo por esta (1) Real cé- 
dula. 

V. D. Carlos por la Divina clemencia, Emperador 
siempre augusto de Alemania, D^ Juana su madre y 
el mismo D. Carlos por la misma gracia. Reyes de 
Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de 
Jerusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de 

(1) Esta Cédala se halla inserta en sii Beal sobrecarta que máa ade- 
lante insertamos y concuerda con la Ley 4% títnlo 24, libro 4, de la Reco- 
pilación de Indias. 

ToHO 11. 49 


386 TfiAfRO CUBANO. 


Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cer- 
defia, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de 
los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Indias, 
é islas y tierra firme del mar Occéano. Conde de 
Flandes y de Tirol, etc. Por cuanto por Nos está 
mandado que en las Casas de la moneda délas nues- 
tras Indias, se labren reales sencillos y de a dos, y de 
á tres, y de a cuatro, y de á ocho y medio reales y 
cuartillos, la cual dicha moneda tenga el valor de la 
que se labra en estos Reinos, según más largamente 
se contiene en la orden que sobre ello tenemos man- 
dado, y ahora somos informados que en el puerto de 
la Habana, algunas personas, no teniendo la dicha mo- 
neda de valor cada real más de á 34 maravedises, cb- 
mo lo tiene en los dichos Reinos, y los otros reales al 
respecto, hacen tomar el real á 40 maravedises, de 
que los mercaderes y personas que contratan y veci- 
nos de dicho puerto de la Habana, reciben daño, y 
visto por los de mi Consejo de las Indias queriendo 
proveer en ello, fué acordado que debíamos mandar 
esta nuestra carta en la dicha razón, y Nos tuvímosla 
por bien, por la cual queremos y mandamos que aho- 
ra, y de aquí en adelante, la moneda que corre y se 
hubiere labrado en las dichas casas de la moneda, de 
las dichas nuestras Indias, porra y valga en la isla de 
Cuba y puerto de la Habana, por la ley que tuviere 
que es cada real 34 maravedises, y al respecto la de 
á dos, y de a tres, y de á cuatro, y los de á ocho y los 
medios reales y cuartillos, y no más; y por la misma 
se tomen los que hubiere en la dicha isla y puerto de 
la Habana se labraren ó hubieren labrado en las Casas 
de la moneda de estos nuestros Reinos. Por cuanto 
nuestra voluntad es que la dicha moneda no valga 
más que por su valor según como vale en estos Rei- 
nos, y así la tomen todos y cualesquiera persona en 


IGNACIO J. DE tJRRÜTlA 387 


dicha Isla, en pago de cualesquiera cosas que se le die- 
ren, y no por más, so pena que el que no la tomare 
por su valor, incurra en pena por ello de diez mil ma- 
ravedises para la nuestra Cámara y Fisco, y manda- 
mos al nuestro Gobernador y otras Justicias de la di- 
cha Isla y del dicho puerto, que guarden y cumplan y 
hagan cumplir y guardar esta nuestra carta y lo en 
ella contenido, y ejecuten la dicha pena en las perso- 
nas y bienes de los que contra ellos fueren y pasaren. 
Y porque lo susodicho sea público y notorio á todos, 
y ninguno de ellos pueda pretender ignorancia. Man- 
damos que esta nuestra carta sea pregonada en las 
gradas de la ciudad de Sevilla y en el dicho puerto de 
la Habana, por pregonero y ante Escribano público. 
Dada en la villa de Valladolid á dos dias del mes de 
Setiembre de 1549. Maximiliano. (1) La Reina. — Yo 
Juan de Samanó, Secretario de sus Cesáreas Magesta- 
des, la hice escribir por mandado de SS. AA., en su 
nombre. — El Marqués. — El Ldo. Vicente Visco. — Re- 
gistrada. — Ochoa de Luyando. — Por Chanciller, Mar- 
tin de Román. 

VI. Habia pasado ya a la Habana entrado el afío 
de 1550 el Gobernador Dr. Ángulo y recibiendo esta 
Real cédula no tuvo por conveniente su práctica, pe- 
ro para más autorizar su suspensión procuró interesar 
en ella á la Villa. Citó su Ayuntamiento á Cabildo, 
y proporcionó con su persuacion ó respeto que cons- 
pirasen á que se obedeciere, y no (2) ejecutase, pre- 


(1) Adviértase para que no se extrae, que esta fíriua de Maximiliano 
68 del Bey de Bohemia de este nombre, que por ausencia del Señor Don 
Carlos V en Bruselas, con el. Príncipe D. Felipe su hijo, gobeniaba á Es- 
paña con la Beina, de qne hace mención Cárdenas Cano en el año de 1550 
y en la historia de España en el mismo. 

(2) Estos Cabildos qne son los primeros, se hallan tan diminutivos y 
oscuros que á penas podemos entenderlo, aún con las noticias que dan las 
Cédalas. 


388 TEATRO CUBANO. 


testando que perjudicaba la público. Y con efecto, por 
uno celebrado á fines de Junio se acoi*dó publicar or- 
den para que los vecinos y moradores diesen razón 
del todo de los cuartos y ochavos, con que se halla- 
ban, lo que cumplido se tomó la correspondiente en 
el 10 de Julio y deliberó obedecer y no ejecutar la 
Real disposición, dando cuenta de ello a S. M. 

VIL Constaba en este año el Cabildo de la Haba- 
na de dicho su Gobernador Dr. González Pérez de 
Ángulo, titulado de magnífico Sr. Gobernador, de Juan 
de Hinestrosa su Teniente, de Juan de Rojas y Pedro 
Blasco sus Alcaldes y de Antonio de la Torre, Diego 
de Soto y Francisco Gutiérrez sus Regidores, siendo 
su Escribano Francisco Pérez de Borroto. Estos que 
no fiíeron libres en el acuerdo expuesto y temieron ó 
desearon precaver sus resultas acreditando su obe- 
diencia, destinaron a Juan de Oribe para que con di- 
ligencias que formalizaron informara a S. M. no ha- 
ber dimanado de las villas de la Isla, la falta de cum- 
plimiento á sus Soberanas resoluciones, sino de propia 
acción del Gobernador, quien yendo contra su tenor, 
habia hecho publicar de nuevo que los reales y tosto- 
nes de Nueva España valiesen en dicha isla de Cuba, 
á razón de cuarenta y cuatro maravedises, siendo en 
per juicio délos pueblos y vasallos, y concluyeron en 
pedir sobrecarta pam su debida ejecución. 

VIIL En el resto del año se trató sobre los asuntos 
que exijía el fomento de la villa de la Habana (1) y 
su debido abasto: se acordó el de carne de puerco ó 
cerdo, por nieda formada á este efecto, y que se pesa- 
se la de vaca en carnicería ^2) con la intervención del 
Comisario, y bajo la pena ae 20 pesos de oro para la 

(1) De algunos suceBivos Cabildos salteados y diminativos que se con- 
servan de este año. 

(2) Cabildo de 12 de Agosto y 10 de Octubre. 


IGNACIO J. DEURRÜTU. 389 


Cámara y obras públicas; y porque la carnicería de- 
bió de ser de paja y horcones, se mandó hacer una de 
tapia, pregonándose la postura (1) de su obra, bajo las 
condiciones y calidades que se acordasen con Juan de 
Rojas y Antonio de la Torre; cuyo remate se verificó 
en el mismo Juan de Rojas, á quien posteriormente (2) 
se acordó abonarle doce pesos más por algún adelan- 
to proyectado después de él. 

IX. Fomentábanse también las fábricas de la Parro- 
quial y Hospital á que ayudaban los vecinos con li- 
mosnas, y para su recta distribución se nombró por 
Mayordomo de ellas al propio Juan de Rojas, (3) cu- 
yo encargo pasó por enfermedad de éste á Alejo de 
Aguilar (4) ó Aguiluz, disponiéndose que con el inte- 
rés existente se comprasen negros (5) que sirvieran á 
dicha fábrica y quedasen á beneficio de la misma 
Iglesia. 

X. Se confirió en el Ayuntamiento sobre la con- 
ducción del agua de la Chorrera para el abasto de la 
Villa, sus vecinos, armadas, flotas y bajeles. Asenta- 
ban la necesidad de esta obra (6) pero se dificulta- 
ban los medios, porque aunque se tuvo presente la 
gracia que S. M. habia hecho por un capítulo de la 
Real cédula de 16 de Marzo de 1548, dirigida al Ldo. 
Gobernador Antonio de Chavez, se habia ya tanteado 
el costo de la conducción que expuso pasar de cinco 
mil pesos, y que en muchos aflos no podia producirlos 
el arbitrio de sisa^ concedido sobre los comestibles 
que se vendieren en la Villa. No consta que se resol- 
viese por entonces otro medio por estar defectuosos 

(1) En el de 31 de Octubre. 

(2) En el de 21 de Noviembre. 

(3) En el de 22 de Agosto. 

(4) En el de 10 de Octubre. 
Í5) En el de 21 de Novietobre. 
(6) En cabildos de 22 y 29 de Agosto y 1 2 de Setiembre. 


390 TEATRO CUBANO. 


los acuerdos, pero parece que con aquel se trabajaba 
en el principio de la Zanja. 

XI. Se proveyó la limpia y aseo del camino y 
campo que habia desde la Punta al castillo de la Fuer- 
za (1) para el mejor uso de su artillería: que los ne- 
gros no coitasen cedros ni caobas (2) por lo impor- 
tante que era la conservación de estas maderas. Y 
fínalmente que a los esclavos no se vendiese vino (3) 
ni permitiese traer armas, con otros puntos dirigidos 
al bien y quietud pública. 

XII. Era este aflo Alcaide de la Real Fuerza Juan 
de Lovera, á quien S. M. hizo la merced de un oficio 
de Regidor de dicha villa de la Habana, y presentán- 
dose con el Real título en el Ayuntamiento (4) fué 
recibido á su uso y ejercicio. No hace nuestro Regi- 
dor Arrate (5) mención de este Alcalde de la Fuerza^ 
pero lo hallamos indubitablemente tenido y titulado 
como tal, siendo el segundo en este empleo y sucesor 
de Mateo Aceituno. 



En cabildo de 10 de Octubre. 

En el qne sigue al del 12 de Setiembre y Be halla sin cabeza ni 

En el de 22 de Agosto.* 

Cabildo de 5 de Setiembre, y 10 de Octubre. 

Aírate; tomo 1? de esta obra, página 218, 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 391 


CAPITULO II. 

Da noticias deIí orden con que se elejian en los 
Lugares de la Isla, Alcaldes, Regidores, Ofi- 
ciales Reales, Jueces de difuntos y demás Mi- 
nistros DE República para gobierno del año. 


I. Menos impeifectos los monumentos del afio de 
1551, podemos manifestar al curioso, el orden ante- 
rior con que las villas de la Isla se reglan y fomenta- 
ban por estos tiempos. Suponemos que era uno en 
todas, y que por las reglas de la Habana se deducirían, 
más ó menos imperfectas las operaciones de las otras, se- 
gún la asistencia del Gobernador, Comercio y Civilidad. 
Se unian el primer dia del afto los vecinos de cada 
Villa, y en las Casas capitulares hacian sus elecciones 
de Alcaldes y Regidores para el gobierno del año, y 
para que sea mas diáfano el orden y sencillez de los 
actos, transcribimos á la letra los celebrados en este 
año en dicha Habana. 

II. En la villa de S. Cristóbal de la Havana de es- 
ta isla Fernandina del mar Occéano en Jueves, primer 
dia del mes de Enero, é primero del mes y afto del 
nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de 1551 
años: este dicho año, habiendo sido ayuntados en su 
Cabildo ó Ayuntamiento los Señores Justicias é Regi- 
dores de esta Villa, conviene á saber, el mismo mag- 


392 TEATRO CUBANO. 


niñeo Sr. D. Gonzalo Pérez de Ángulo, Gobernador 
de dicha Isla é los dichos Sres. Regidores que han si- 
do el afto próximo pasado en esta dicha Villa, ó la 
mayor parte de ellos en presencia de mí Francisco 
Pérez, Escribano público é de Cabildo de esta dicha 
Villa, para elegir é hacer las elecciones de Alcaldes c 
Regidores que han de ser en este presente año en esta 
dicha Villa é sus terrenos. En la cual dicha elección 
salieron para Alcaldes de esta dicha Villa el Sr. D. Pe- 
dro Velázquez é Alonso de Aguilar vecinos de ella é 
por Regidores Pedro Blasco é Diego de Soto, de los 
cuales é de cada uno de ellos para en los dichos sus 
oficios, fué tomada é recibida la solemnidad del ju- 
ramento que en tal caso se requiere, los cuales é cada 
uno de ellos le prometieron de usar é ejercer bien é 
fielmente, é en todo guardarán lo prevenido por S. M, 
é administración de su fiel justicia c bien é pro de esta 
Villa, sin excepción de personas algunas: firmado. — El 
Dr. Ángulo, Alonso de Aguilar, é con tres rúbricas al 
pié. 

III. Del Gobernador, de estos Alcaldes y Regido- 
res que habia en cada villa, nombrádose por el Rey 
(como se ha dicho que lo filé el afio próximo pasado 
Juan de Lo vera, y en éste consta (1) haberlo sido An- 
tonio de la Torre,) quedaba formada la Justicia y Re- 
gimiento de cada una. Comprendemos que la elección 
anual de estos Regidores, que por esto llamaban a/ío- 
jos^ y de que hay recientes ejemplares en la ciudad de 
Baracoa se legitimaba en la falta de ellos con Real 
nombramiento y que así lo era subsidiaria y concedi- 
da á la necesidad: sobre cuyos principios es de saber 
que completa la Justicia y Ayuntamiento de la vUla 


(1) Consta del Cabildo de 1? de Enero en qae presentó el Real Título 
y fué recibido. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 393 

en la dicha forma, quedaba en ella la autoridad públi- 
ca, para dar y distribuir los demás oñcios de república, 
y á este fin continuaban sus Cabildos en las siguientes. 

IV. En la villa de 8. Cristóbal de la Havana de 
esta isla Femandina, en Sábado tres dias del mes de 
Enero, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesu- 
cristo de 1551 años, este dia se ayuntaron en consulta 
el Cabildo según lo han de uso y costumbre, convie- 
ne á saber: magnífico Sr. Gonzalo Pérez de Ángulo 
Gobernador por S. M. de esta dicha Isla, é el Sr. Pe- 
dro Velázquez Alcalde Ordinario é Juan de Lo vera é 
Pedro Blasco é Antonio de Torres é Diego de Soto, 
Regidores de dicha Villa, en presencia de mi Francis- 
co Pérez, Escribano público de Cabildo, para entender 
é platicar lo que conviene al servicio de S. M. é buen 
giro de esta dicha Villa en el cual dicho Cabildo filé 
acordado lo siguiente. 

V. Fué acordado: que los Oficiales de S. M. que 
tienen cargo de su Real Hacienda, han cumplido 
el afío: que sus mercedes nombran ó señalan por Ofi- 
ciales de S. M., por este presente afio, para que ten- 
gan cargo é cuenta de la Hacienda de S. M. é tomen 
cuentas a los del año pasado, a Alonso de Aguilar, Al- 
calde, á los Sres. Juan de Lovera é Antonio de la Tor- 
re, que presentes estaban: é el Sr. Gobernador les tomó 
é recibió juramento en ft)rma so cargo del cual pro- 
metieron usar bien y fielmente de los dichos oficios é 
procurarán el servicio de S. M. é de su Real Hacienda 
é firmáronlo de sus nombres. 

VI. En este dicho Cabildo filé nombrado y elegido 
por los dichos Señores Justicia y Regidores de es- 
ta Villa, por Procurador de ella Juan Gutiérrez, vecino 
de esta dicha ViUa, el cual lo aceptó de ser Procura- 
dor del año, é su merced el dicho Sr. Gobernador to- 
mó é recibió juramento en ft)rma de derecho so cargo 

Tomo IL 50 


394 TEATRO CÜfiANO. 


del cual prometió de ser tal Procurador de esta Villa 
é de usar bien é diligentemente del dicho oficio é de 
procurar el bien é prd de ella é hacer lo que buen 
Procurador es obligado hacer, sin excepción de per- 
sona alguna. E sus mercedes los dichos Señores en 
nombre de esta dicha Villa, vecinos é moradores de 
ella, le dieron poder cumplido, tal que en derecho se 
requiere para que pueda pedir 6 pida todas aquellas 
cosas é casos que al bien é pro é utilidad de esta Vi- 
lla convengan, é sobre ello puede parecer en juicio 
ante todas é cualquier Justicia, Alcaldes ó Jueces de 
cualquiera fuero é jurisdicción que sean é hacer todos 
los autos, pedimentos é requerimientos necesarios 
que los Procuradores deben y son obligados á hacer, 
é para habei' lo que por firme obligaron los Propios é 
rentas de esta Villa. 

VIL En este dicho Cabildo fué proveído por Di- 
putado éfiel ejecutor, el Sr, Pedro Blasco, Regidor, el 
cual Lo aceptó é prometió de usar el dicho cargo. 

VIII. Eligieron para tenedores de difuntos á los 
Sres. Alonso de Aguilar, Alcalde, é Antonio de la Tor- 
re é firmaron sus mercedes. — Rubricado. — Pasó ante 

.mí: Francisco Pérez. — Escribano publico. 

IX. Sobre estos particulares conviene advertir, 
que el encargo que se hacía á uno de los Alcaldes y 
dos Regidores para que corriesen con el cobro y dis- 
tribución de la Real Hacienda, no era igual en todos 
los Lugares, por que donde había Tesorero con nom- 
bramiento Real (como se ha dicho lo habla en la ciu- 
dad de Santiago) corria aquél con la administración 
Real. Mas como la distancia y lo reciente de las po- 
blaciones, no habia dado tiempo á arreglar en todas 
ellas los Ministerios correspondientes, usaban sus 
Cabildos de aquellas facultades naturales que se le 
reconocen en derecho hasta para nombrarse Gober- 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 395 


nadores en caso de faltarles los proveídos por el So- 
berano. 

X. Pero la elección del Juzgado de difuntos cor- 
i'ia por otras reglas. Por que siendo informado el 
Rey desde el principio de la ploblacion de estas Indias 
que los bienes de los europeos que fallecian en ella, 
no llegaban con la prontitud é integridad debida á 
manos de sus herederos, con grande daño de estos, dis- 
puso: (1) que todo castellano que llegare á cualquier 
lugar de ellas, registrase ante el Escribano del Con- 
sejo su nombre, apellido y lugar de su naturaleza, 
para que sucediendo su muerte se supiese donde se 
habían de hallar los herederos. Que la Justicia ordi- 
naria con el Regidor más antiguo y Escribano de Ca- 
bildo tuviesen conocimiento de los bienes de estos 
difuntos, poniéndolos por inventario ante Escribano y 
testigos, con expresión de sus deudas activas y pasi- 
vas. Que los bienes, oro y plata se vendiese en al- 
moneda, con fé de Escribano, y su producto se pusiese 
en una caja de tres llaves que tuviesen Juez, Regidor 
y Escribano y siendo necesario se les nombrase de- 
fensor y Procurador. Que dicha Justicia tomase cuen- 
ta á todos los que tuviesen cai-gos de bienes de di- 
funtos y cobrase los alcances, sin embargo de apela- 
ción, poniéndolos en la caja, y finalmente que 
muriendo testados con herederos ó ejecutores presen- 
tes, no obrase este juzgado más que para tomar razón 
de quienes fueron los herederos. 

XI. Estaba igualmente prevenido que este tribu- 
nal enviase á la Casa de contratación de Sevilla (y 
después de Cádiz) los caudales de estos difuntos, con 
nombre, apellido, lugar ó naturaleza é inventario de 
cada uno y sus bienes, para que allí se entregasen á 

(1) Herrera en la descripción de estas Indias, cap. XXIX al principio. 


396 TEATRO CUBANO. 


SUS herederos. Que tomándose la cueata á los que 
hubieren tenido caudal de difuntos, se remitiese laque - 
lia con claridad al Consejo de Indias. Que estas Jus- 
ticias inquiriesen, si los tenedores de bienes hacian 
fraude ó perjuicio á ellos y diesen cuenta al Consejo. 
Y los tenedores dieran á estas Justicias cuentas con 
pago. Y finalmente que cada año se diera cuenta, y 
mostrase al Gobernador de la provincia la memoria 
de los difuntos que hubiesen habido en él y de los 
bienes que tenian para que se enviasen a Sevilla y se 
entregaran á sus herederos. 

XIL Este era el conocimiento que competía a los 
Jueces, que designaban anualmente los Cabildos de la 
Isla para el de difuntos, y para defensores y deposita- 
rios de los bienes hacían el segundo nombramiento 
que queda expuesto, por no habei* entonces Regidor 
que gozase la calidad de Depositario general. Pero 
para los distritos gobernados por Reales Audiencias 
estaba matidado (1) que cada año fuese Juez de di- 
funtos un Oidor sucesivamente por turno, el cual en- 
viase por el distrito sus Comisarios á tomar cuenta á 
los tenedores, y que se hiciese cargo a los Oidores en 
las visitas, si hubiera omisión en ello. El Procurador 
y Diputado que igualmente nombraban ejercían las 
mismas funciones que hoy, con respecto á la diversa 
cultura y proporciones de aquellos y estos tiempos. 


(1) El mismo Herrera allí. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 397 


CAPITULO III. 


Vuélvese a tratar del valor de la moneda y se 
TRAE LA Real sobre-carta del asunto, y de la 

PREVENCIÓN Y DEFENSA, CON MOTIVO DE LA GUERRA 
Y piratas: y OTROS ACUERDOS, CON LA ELECCIÓN DEL 

Illmo. Urango. 


I. Desde los principios del mismo año do 1541, 
volvió á embarazarse el Ayuntamiento de la Habana 
sobre el valor de las monedas. En el Cabildo de 31 
de Enero, movió el Gobernador este punto, como si 
hubiese quedado irresoluto, y los Alcaldes y Regido- 
res expusieron abiertamente el dictamen de tener por 
justo y útil al Común, que se cumpliese la orden So- 
berana y arreglase la moneda a razón de treinta y 
cuatro maravedises el real. 

II. No movia el asunto el Gobernador con el de- 
bido objeto de buscar la verdad que ignoraba, sino 
con el malicioso de descubrir el acuerdo del Ayunta- 
miento, ó de poner lo justo en cuestión para hacer du- 
doso lo cierto. Y como halld á favor de la justicia 
todo el Cabildo, procuró oscurecerla con razones. Di- 
jo pues: que admitido este menos valor de la moneda, 
sería causa de que se pusiesen muy caros los mante- 
nimientos, porque en la Isla, no se sacaba oro ni pla- 
ta. Que corriendo en Cartagena y demás islas á ra- 


398 TEATRO CUBANO. 


zoii de cuarenta y cuatro marayedises el real, si en la 
de Cuba se ponía por treinta y cuatro, extraerían de 
ella los comerciantes toda la moneda para lucrar en 
su conducción á dichos parajes los diez maravedises 
que tenia de aumento y de faltar el dinero se seguiría 
mucho daño á los pobres, por cuyas razones era de 
sentir quedase corriendo por los cuarenta y cuatro 
maravedises que hasta entonces. 

III. Mas como el común de votos era decisión al 
cumplimiento de la orden de S. M., parécenos que se 
accedió á ello, aunque no consta de estos Cabildos, 
porque en otro posterior (1) se halla representado 
por el mismo Gobernador: que á causa de correr á ra- 
zón de treinta y cuatro maravedises el real, los tran- 
seúntes compraban á este respecto el oro y plata que 
había en la Isla, y lo conducían á donde tenia mas va- 
lor, con lucro particular y dafio del Común que que- 
daría exhausto de oro y plata. Y con este motivo se 
acordó prohibir y prohibió la extracción de estos me- 
tales en bruto ni amonedados, sin previa licencia del 
Gobernador, cuyo conocimiento podia evitar el daño 
cuando lo preVíese. Quedó en fin cerrado este asun- 
to á principios del año siguiente, con la recepción de 
la Beal (2) sobrecarta, cuya letra es: 

IV. «D. Carlos por la Divina clemencia, Empera- 
dor siempre augusto, Rey de Alemania, D^ Juana su 
madre y el mismo D. Carlos por la misma gracia; Re- 
yes de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, 
de Jerusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de 
Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cer- 
defta, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de 
los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas 


íJi 


En el de 10 de Mayo de 1557. 

Be recibió en el Cabildo de 14 de Mayo de 155^, 


Ignacio j» de urrutia. 399 

Canarias, de las Indias, Islas y Tierra firme del mar 
Occéano, Conde de Flandes y de Tirol, &^ A vos el 
Dr. Ángulo, nuestro Gobernador de la isla de Cuba, ó 
á vuestro Lugarteniente, en la villa y pueblo de San 
Cristóbal de la Habana de la dicha Isla, y otro cual- 
quier nuestro Gobernador ó Juez de residencia, que 
es ó fuere de la dicha Isla, y á vos los Alcaldes ordi- 
narios y Justicias, asi de la dicha villa de la Habana 
como de los otros pueblos de la Isla, y cada uno de 
cualquiera de vos, á quien esta nuestra carta fuere 
demostrada, salud y gracia: Bien sabéis ó debéis sa- 
ber como Nos mandamos dar y dimos una nuestra 
Carta y Provisión Real, sellada con nuestro sello y li- 
brada de los del nuestro Consejo de las Indias, su te- 
nor de la cual es este que sigue: — D. Carlos, &^ 
(Aquí se inserta la Real cédula de dos de Setiembre 
de 1549, supra expuesta y sigue.) Con la cual dicha Pro- 
visión incorporada parece que mistéis requerido vos el 
dicho Dr. Ángulo, Gobernador déla dicha Isla y vasallos 
y Regidores de la dicha villa de la Habana, estando 
juntos en Cabildo y respondisteis que la ^obedecíades, 
y en cuanto al cumplimiento de ella, veríades lo que 
mas conviniese a nuestro servicio y bien y pro de la 
dicha villa de S. Cristóbal de la Habana y hariades lo 
que fuese justicia, cerca de lo contenido en la dicha 
Provisión: después de lo cual, por vos el dicho Dr. 
Ángulo parece que fué mandado á los dichos Alcal- 
des y Regidores que sobre ello diesen sus votos y pa- 
receres como mas viesen que convenia á nuestro ser- 
vicio y bien de la dicha Isla, y en cumplimiento de 
ello, los dichos Alcaldes y Regidores de la dicha Vi- 
lla, dieron ciertos votos y pareceres, diciendo que de 
b£gar los reales á treinta y cuatro maravedises cada 
uno, venia gran dafio y perjuicio á esa dicha Isla, ma- 
yormente á la gente pobre y necesitada, porque ba- 


400 TEATRO CUBANO. 


j&iidose la moneda se subirían los mantenimientos; y 
que valiendo en Santo Domingo y en Cartagena y en 
otras partes los dichos reales á cuarenta y cuatro ma- 
ravedises, sería ocasión para que no quedase real en 
esta tierra y que se sacarían de ella, y que los trae- 
rían por via de trato y grangería los que quisiesen 
hacerlo y que demás de esto era en perjuicio de nues- 
tro Almojarifazgo, y que por esta causa y otras conte- 
nidas en los dichos votos eran de parecer que lo su- 
plicase dicha Provincia, y siendo todo visto por vos 
dicho I)r. Ángulo y expresando otras causas mandas- 
teis sobreseer la ejecución y cumplimiento de ella, 
hasta tanto que nos fuésemos informado de lo que 
pasaba, y que visto y entendido lo que se decía sobre 
ello, si nos fuésemos servidos de mandar otra cosa, 
aquello estaríades pronto de mandar y cumplir según 
y como os fuese mandado, como todo ello nos cons- 
tó por el testimonio de las dichas vuestras respuestas 
y pareceres de que ante Nos en el nuestro Consejo de 
las Indias fué hecha presentación; y ahora Juan de 
Oribe, en nombre de la dicha villa de S. Cristóbal de 
la Habana y de los otros dichos pueblos de la dicha 
isla de Cuba, nos ha hecho relación que no solamente 
no habéis querido guardar, ni cumplir lo contenido en 
la dicha nuestra carta, pues yendo contra lo por ella 
dispuesto y mandado, hicisteis pregonar de nuevo que 
los reales y tostones, y medios tostones de la Nueva 
España valiesen en esa Isla, á. razón de cuarenta y 
cuatro maravedises, como así mismo constaba por 
el dicho testimonio, lo cual era total destrucción de la 
dicha Isla, y en perjuicio de nuestros subditos, y con- 
tra las Leyes y pragmáticas de nuestros Reinos supli- 
cándonos, vos mandásemos que sin embargo de lo 
susodicho y sin poner otras excusas, guardásedes y 
cumpliésedes lo contenido en la dicha nuestra Provi- 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 401 

sion SUSO incorporada, mandándole dar nuestra sobre 
carta de ella con mayores penas, ó como la nuestra 
merced fuese: lo cual visto por los del dicho nueiftro 
Consejo, juntamente con el testimonio de lo que han 
sí respondisteis á la dicha nuestra Provisión, fué acor- 
dado, que sin embargo de la dicha vuestra respuesta, 
debíamos mandar esta nuestra sobrecarta para vos é 
la dicha razón, y Nos tuvímoslo por bien, por la cual 
vos mandamos á todos é á cada uno de vos, según di- 
cho es que veáis la dicha nuestra carta que de suso va 
incorporada é la guardéis, é cumpláis é ejecutéis, é 
hagáis guardar, cumplir é qjecutar en todo é por todo 
como en ella se contiene é declara é contra el tenor 
é forma de ella, ni de lo en ella contenido, no vais, ni 
paséis, ni consintáis ir, ni pasar en manera alguna, so 
pena de nuestra merced é de cien mil maravedises 
para la Cámara: dada en la villa de Valladolid á 20 
dias del mes de Julio de 1661. — ^Yo la Beina. — ^To 
Juan de Somanó, Secretario de sus Cesáreas y Cató- 
licas Magestades la hice escribir por mandado de 
S. A. é en su nombre. — Rubricada. 

y. Continuábase el fomento de las villas, y la de 
la Habana, trataba particularmente de concluir su 
Iglesia parroquial. H izóse cargo de su albaftilería el 
alarife y cantero Miguel de Águila, contratando la pa- 
ga de sus manos por cantidad de 376 pesos y hacien- 
do obligación auténtica (1) para su cumplimiento. 
Nombró el Gobernador por su Teniente en el Gobier- 
no á Juan de Rojas (2) y por los unos y otros se con- 
sultaron y proveyeron los demás asuntos menores del 
bien público. 

VI. Con motivo dé haber declarado en Bruselas 


(1) Consta del Cabildo de 6 de Febrero de este año. 

(2) Consta del Cabildo de 26 de dicho mes. 

Tomo II. 61 


402 TfiATKO CUBANO. 




S* M. Cesárea y Ci^ólica, la fierra eoaira 

en este mismo año se vcrfvierM» á imiadar 

de Europa é Indias ele taatoe eorsarios y 

ceses, que oibligd á que d Príneípe B. F^ipe 

(1) yiniese á la Corte de Sspafta á proveer < 

dio. Libaron los iosidtos qtte eemeént ett faidiM 

la notícía del Goberoadw de la Habasa, ^Mt fe o 

inumeó a su Cabildo (2) y se acard6 fortiinir e^ptte 

to, aprontar gente de á eatMdlo, doUsr 

en el castillo de la Fuersa, y que ^i el pange 

brado el Morro (punto de ú&ttñ e» qaé d h a p u e g ae 

conrtruyó el castUlo de su Rolftbre) se p ua t eo eír W- 

jias. 

Vli. TaooMen se dispuse que en la {ilaya frflfMe- 
riza á dicho paraje del Morro, que ya se detMMiiiMílNt 
la Punta (aunque tampoco teitfa fbrtaleMt^ se teviir- 
tesé baatiOB coronado de la posible artiHeriá^ ptir ser 
pars^ sondable, y en (foe ya se teuia la experienietaí 
de haber dado fondo y desembdrcado el afior d6 iM9, «I \ 

corsario Roberto Baal. Par» este fin se eMif)l<arM^á 
Juan de Rojas cuatro /lOMmurM coir sus eáttaras eii^ 
cantidad de cien pesos todos (3) y con ello* se fortifí- 
c6 dicho bastión, quedando eompetentement^s res- 
guardada la Villa y su puerto. 

VIH. Pero cuando se aseguraba de los enemas 
extraftos, parece que no podía defenderse de los pro- 
pios, porque el Gtobemador peijudieaba al Coman' con 
sus providencias y pasiones, y la guerra qufif tétñiú 
por fuera se hizo civil entre éste y el Cabildo, labran^ 
do desde este afio en sus pechos, los IneendiW qi» 
brotaron al siguiente y vamos á exponer. 

• 

(1) Cárdeima Cano^ ensayo de Florida, año de 1551. 

(2) En el Cabildo de 30 de AbríL 

(3) Consta del Cabildo de 26 de Agoeto de 155S en qneáe i^maoridan 
pagar. 


i 


ignacio j. de urrütia. 403 

í: 

^f iX. fiatre tanto conviene advertir que por la re- 

n jwaaa que 4iabia^echo deÜ Obispado de Cuba el limo. 

I Ar. Emy Diego Sarmiento, fué electo á él en este año, 

^ id Or. ^. Faenando de Frange, natural de Azpeitia 

p €11 iGwfiu^coa. ¥ino este <8eftor efectivamente á su 

SWa, y en ^a proveyó el remedio de muchas cosas 
^ ^%iifi iLo'iMcesitaban y de que daremos a>lguna8 noticias 

y ^en Jidcdante, üemitiéndonos en lo demás á las que en 

«u rada ^vefíere nuestro limo. Morel. 


CIAPITOLO IV. 

Trata del cobrq de diezmos, de lo quE el Cabildo 
i>E LA Habana informó a la Real Aupi^ncia con- 
tra EL Gobernador, y del establecimiento de 

AJPIBITRIOS ,PAHA PROPIOS, SOBRE CARGAS Y DESCAR- 
GAS DE EMBARCACIONES. 


I. Aun no desembozados los sentimientos interio- 
re», concurrieron uniformes á Cabildo el Gobernador, 
Jystícia y Reg^niento, el día 1^ de este afío de 1552, 
y qpn fisistencia de votos del .pueblo, elijieron (como 
en el anterior) por Alcaldes ordinarios a Francisco 
de Yevenes y á Diego de Soto; y por Regidores año- 
jos al Ldo. Almendaris y á Pedro -Blaiscp; ^n el suce- 
ftiyp ^^^Idp 4^ l^.de^erp, se ;iombr<5 poi- Procura- 
dor general & ^tíoMO d¿ R(^, por (Oficiales Reales al 


404 TEATRO CUBANO. 


Alcalde Diego de Soto y Regidor Pedro Blasco, y pa- 
ra el Juzgado de difuiítos & los mismos Soto y Blasco. 

II. Corría el remate y cobro de los diezmos de 
toda la Isla, & cargo de los Oficiales Reales que aún 
residian en la ciudad de Santiago, como principales 
nombrados por el Rey y ramo de su Real Hacienda, 
en virtud de la donación Pontificia, que exornaron 
graves de nuestros autores (1) pero omisos aquellos 
en el cumplimiento de este cargo, habían dejado sin 
rematar el año próximo pasado los correspondientes á 
el partido de la Habana. Y con este motivo, incita- 
do el Cabildo por el Cura y Provisor de ella, Francis- 
co de Ledemus acordó (2) con su ascenso, que el mis- 
mo Provisor, asociado del Regidor Pedro Blasco (que 
como se ha dicho hacia de Oficial Real) procurasen 
igualarlos y cobrarlos como mejor se pudiese, & cuyo 
fin los autorizó con su nombramiento y facultades. 

III. Entre tanto que pasaba esto públicamente, 
y los semblantes desmentian el interior, trató el Ca- 
bildo de capitular secretamente á su Grobemador, unié- 
ronse los Alcaldes y Regidores, nó en la casa de dicho 
Gobernador, ni en la de su Teniente, en que era cos- 
tumbre hacerlo, sino en la de Pedro Velázquez (3) pa- 
ra tratar con libertad el asunto. Aquí representó el 
Síndico del Común, Alonso de Rojas, que el Dr. Ángu- 
lo, su Gobernador, hacia muchos agravios y peijuicios 
a los vecinos, porque se servia indebidamente de 
indios é indias, impedia la libertad de celebrar sus Ca- 
bildos & la Justicia y Regidores, y disimulaba impunes 
los excesos de su Alguacil Calixto Calderón, conclu- 
yendo: que para remedio común se pidiese á la Real 


(1) Abren, sobre vacantes. 

En el GabQdo de 29 de Enero. 

Lo oonfesó así Jnan de Llovera en el Gabildo de 5 de Noviembre 
de este afio^ en qne se expresa lo demás qne referiremos. 


U IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 405 


Audiencia del distrito, Juez de residencia contra el 
Gobernador; confirieron los Capitulares este asunto 
como de nuevo y acordaron nombrar á Francisco Ló- 
pez, vecino de la Villa, para que pasase con poder é 
instrucción a la isla Española, á solicitar de bu Real 
Audiencia las convenientes providencias: y habilitado 
de lo necesario salió a su cumplimiento. 

lY. Mientras daba fuego esta mina y la que pen- 
día en la Corte acerca de la Real sobrecarta, en cuan- 
to al valor de las monedas (aún no recibida) como era 
preciso expensar á sus gentes, Juan de Oribe y Fran- 
cisco López, y la Villa estaba escasa de Propios, trató 
el Cabildo de adelantarlos. A este fin común (reser- 
vado el particular) se confirieron con asistencia del 
Gobernador los medios de proveer de Propios á la Vi- 
lia, porque cuando necesitaba hacer algunos gastos le 
era preciso echar repartimiento á los vecinos. Y en 
el celebrado á 14 de Febrero de este afío, se acordó 
lo siguiente. Ponérnoslo á la letra, porque proveemos 
importar ésta, para facilitar la noticia de arbitrios, 
menos gravosos á los vecinos y útiles al Común y sus 
Propios, que puedan suscitarse con este conocimiento: 
dice pues. 

V. Fué acordado que se arriende el cargo y des- 
cargo de los navios que vinieren á este puerto por 
tiempo y espacio de un año que corra y comience des- 
de 1^ de Marzo de este presente año (1) los 
años y lo más en que se arrendaren sean para Propios 
del Cabildo de esta dicha Villa á la manera que lo es 
el cargo y descargo de la plata de la ciudad de San- 
tiago, por Cédula y merced que de S. M. para ello 
tiene y las condiciones con que se ha de arrendar la 
dicha renta del dicho cargo y descargo, y el arancel 


(1) EbIí roto el originnAl, 


406 TEATRO CUBANO. 


por donde ha de cobrar los derechos el artreadad«ir 
son las siguientes. 

VI. Primeramente que las mercaderías .que Iob 
vecinos de esta dicha Villa trigeren, teniendo el^ 
vecino, negros propios suyos con que lo fpued^t dea- 
cargar ó cargar, que lo pueda hacer libreüneote, y ei 
no los tuviere, que cargue ó descargue con el airoo- 
dndor, con las condiciones de este arancel. 

VIL ítem es condición que si algunos veciuQsde 
esta Villa, tuvieren compañía con algún hombre xiue 
uo fuere vecino de esta Isla que trajere mercadc^ífi: 
que la gente que fuere de tal compañero forastero seft 
obligado ^ la carga y descarga con la gente del arcen- 
dador conforme al arancel. 

VIII. ítem: es condición que los )maestros .4|ue 
quisieren cargar bastimentos para pro visión de sus na- 
vios, y si con su gente no lo hicieren, que sea con la 
del aiTQndador, y no con otra y pague conforime á es- 
te arancel. 

IX. ítem: es condición que los vecinos de «ata 
Villa no sean osados con sus bestias ni negros, ni de 
de otra manera a cargar ni descargar cosa «ninguna de 
los que a este puerto vinieren, si no fuere las suyas y 
propias, CQmo dicho es, so pena que todo dQ que se 
le diere por la tal carga y descarga, lo vuelva al araen- 
dador con el doble, y si lo llevare sin permifio, IKM" 
cada carga pague un peso al lal arrendador, y ai aigun 
negro sin la de su amo lo hiciere, vuelva lo que le 
dieron al arrendador y le sean dados doscientos azo- 
tes, los cuales le sean perdonados, si el tal amo {Hisie- 
re el doble al tal arrendador j^omo dicho es. Y ilos 
dd'Qohos que se han de llevar son los siguientes. 

X. Primeramente de una pipa de vino: cuatro r^ea- 
les y ha de ir a riesgo del arrendador é dalla arru- 
mada. 


IGNACIO J. DBÜRRÜTlA. 407 

XI. ítem: de una pipa de harina, tre? frates é dailtt 
aiVQBlada» 

XH. ítem: Por un barril quintalano de vizco- 
dM é^ jabón, 6 de pasas, ó higos ú otra que sea merca- 
dería de peso de un quintal, un real de plato. 

XIII. ítem: por un cuarto de tonelada de harina 
ó vizcocho ú otra cualquiera mercadería, real é medio. 

XIV. ítem: por una caja de siete palmos de cual- 
quiera mercadería, cuatro reales, é si fuere la tal caja 
de ocho palmos para arriba, cinco reales. 

XV. Por la caja de cinco palmos, hasta seis, tres 
reales. Por una petaca de ropa ó de vizcochos, real 
y medio. Por una cama de un c<rfchon é frazada é 
almohada de un hombre, un real, é si fuere de dos 
cokhones dos reales. 

XVI. Por cualesquier carga que la pueda llevar 
un- negra, un real. 

XVII Por cuatro botyas de aceite, un real, é en- 
tiéndase que se han de llevar a riesgo del arrendador. 

XVIII. Por una botija perulera llena, un real é ha 
de llevarse á riesgo del arrendador. 

XIX. ítem: por llevar un fardo ó de rúan, ó de 
ai^éo, ó de otro cualesquiera lienzo, dos reales. 

XXw Por cada cuero vacuno, chico ó grande^ un 
cuartílle de real de plata. Y fecho por su merced, el 
dicho Sr. Crobemador, é Justicia y Regidores, las di- 
chas condiciones é arancel de suso contenido, lo fír- 
maroa de sus nombres. — Dr. Ángulo. — Juan de Ro- 
jafli — ^Ante mí^ Francisco Pérez de Borroto<, Eseribttno 
de Gobierno. 

XSL Parece que se puso en ejecución el remata 
de este arbitrio por diligeifcias separadas, porque no 
eeáfite dé los Cabildos inmediatos resulta a^na de 
ék €en tódo; hallamo» repetidamente arrendado este 
avMtito en muchos afios sucesivos^ hasta que cesa sin 


408 TEATRO CUBANO. 


saber la causa. Juzgamos útil su reyivencia, porque 
rindiendo á los Propios, sin daño emergente de alguno 
arregla al mismo tiempo los derechos, evitando que 
los cargadores sean extorsionados á voluntad de los 
peones, como ahora lo son. 


CAPITULO V. 

Aumentase la discordia entre Gobernador y Ayun- 
tamiento, CON EL RECIBIMIENTO DE LA ReAL SOBRE- 
CARTA Y Reales provisiones de la Audiencia, de 

QUE SUPLICA EL GOBERNADOR, Y SE REFIERE LO OCUR- 
RIDO ENTRE ESTE Y UN CaBILDO. 


L Dejamos apuntado que en el Cabildo de 14 de 
Mayo de este año, se recibió la Real sobrecarta que 
mandaba observar en la Isla, el intrínseco valor de la 
moneda, aunque la colocamos en el antecedente por 
no disdregar más su materia. Recibida pues, y obe- 
decida, se mandó unánimemente observar, pero como 
el Gobernador Dr. Ángulo tocó patentemente en ella, 
el informe que contra su proceder hablan hecho los 
Regidores á S. M. quedó interiormente resentido de 
ellos. 

II. Sobre esta preparación recayeron las Provisio- 
nes de la Real Audiencia que obtuvo Francisco López, 
y se fueron intimando por el Escribano de Cabildo 


IGNACIO J. DE ITRRÜTIA. 409 

i¿ - ' ■ - - - T 

(1) y ante testigos, una sobre otra ai mismo Goberna- 
dor. En la primera le mandaba S. A. que inmediata- 
mente que se le notificara saliese de la villa de la 
Habana, dejando en quietud a sus vecinos, y se fuese 
á residir á la ciudad de Santiago, cabecera de su Cabil- 
do, sin que lo difiriese con recurso ni pretesto alguno, 
so pena de dos mil pesos para la Real Cámara, y aper- 
cibimiento de que en su inobediencia enviaría S. A. 
Juez de la Audiencia, para que se le tomase residen- 
cia, y ejecutase la pena pecuniaria. Con esta, avisó al 
Cabildo su apoderado Francisco López y el Licenciado 
Estevez, Fiscal de la Audiencia, que ésta se habia de- 
tenido en mandar desde luego Juez de residencia, por 
hallarse con alguna noticia de haberlo nombrado ya 
el Supremo Consejo de Indias. Y ello es cierto que 
por estos tiempos gozaban las Reales Audiencias esta 
facultad de despachar Jueces de residencia (2) contra 
los Gobernadores, pero el nuestro Dr. Gonzalo Pérez 
de Ángulo, respondió á su intimación que suplicaba 
de ella, sin embargo de la delegación de recursos y 
quedó residiendo en la Habana. 

III. Se le notificó igualmente la segunda Provisión 
Real, en que S. A. le ordenaba que no se sirviese de 
indios ni de indias, naturales, ni forasteras, bajo de 
igual pena. A esta expuso también que suplicaba, 
mediante habei'se obtenido con el vicio de obrepción ó 
falsas presas, pues lo era, el que se sirviese de tales 
indias. 

IV. Siguiéronsele intimando la tercera, en que se le 
prohibía tratar y contratar en el distrito de su Gobier- 

(1) Consta de la relaeíon qne bicieron los Regidores en el Cabildo ce- 
lebrado á 5 de Noviembre de este ano pero qne las Reales Provisiones, no 
se bailan. 

(2) Constará de los becbos sncesivos de esta bistoría y lo trae Antonio 
Herrera en la general de Indias, década 7, folio 11, columna 2. 

Tomo II. 62 


410 TEATRO CUBANO. 


no mandándole rescindir las compañías que tenía para 
venta de mercaderías. La cuarta, en que se le orde- 
naba dejase a la Justicia y Regidores celebrar libre- 
mente sus Cabildos. La quinta, que le prevenía no 
dejase salir de la Isla á su ministro, Calixto Calderón, 
hasta que fuese residenciado, sobre los agravios que 
le atñbuian. Y la sexta, para que no incomodase á 
los Capitulares, por haber dirijido este recureo a S. A. 

V. Estos repetidos golpes irritaron el ánimo del 
Gobernador, pero no le hicieron cumplir por entonces 
todos los preceptos, por que aunque ofreció no tra- 
tar, continuó en las mismas negociaciones y dejó en 
los propios desórdenes á su ministro. Los Capitula- 
res celebraron en aquellos dias muy pocos Cabildos 
lo que hace presumir que el Gobernador estaba aira- 
do, y excusaban las ocasiones de preséntamele: pero 
adelantándosele los dias hasta el 5 de Noviembre y 
viendo que el Dr. Ángulo no ejecutaba cosa alguna de 
lo mandado por S. A. procuraron tomar acuerdo. 

VI. Para ello se unieron á Cabildo en la Cárcel 
pública el dia 5 de Noviembre el Alcalde Diego de 
Soto y los Regidores Juan de Llovei-a, Antonio de la 
Torre y Ldo. Almcndariz con el Síndico Alonso de 
Rojas y el Escribano del Ayuntamiento. Allí comen- 
zaron á referir cuanto dejamos expuesto, iniciando un 
Cabildo que extendía el Escribano con dicha rela- 
ción en estilo de preámbulo para descansar y legiti- 
mar sobre el la resolución ó recurso que conviniese. 
Pero antes de llegar á el acuerdo, el Gobernador (que 
debía tener espías de sus movimientos) noticiado de 
éste se les enti'ó repentinamente en la pieza de la 
Cárcel, en que conferían, y los halló en el acto, que 
no pudieron disimular. 

Vil. Acompañaban al Gobernador su Teniente 
Juan de Rojas y el otro Alcalde ordinario Francisco 


IGNACIO J. DE ÜRRUTU. 11 1 


Yevenes (que dcbia de ser de su contemplación) su 
alguacil Calixto Calderón y Alonso Toledo vecino: y 
precedidas las correspondientes cortesias, sentados los 
que debian y tomando la voz el Gobernador, dijo: (e 
hizo escribir a continuación de lo que asentaron los 
primeros.) Que los precitados Diego de Soto, Alcal- 
de, Juan de Llovera, Antonio de la Torre y el Ldo. Al- 
mendaris. Regidores, se juntaban a hacer Cabildos en 
lugares que no era costumbre, ni donde se usaba ce- 
lelirarlos, y que actualmente lo practicaban en la Cár- 
cel de que se recrecían muchos inconvenientes y des- 
pués de esta novedad más alborotos, por cuanto se 
acostumbraban celebrar dichos Cabildos en la casa del 
mismo Gobernador, por lo cual les mandaba so pena 
de las vidas y de perdimiento de sus bienes, aplicados 
á la Cámara de 8. M., que para todos los Cabildos 
que se hubieran de hacer, se juntasen en su casa, como 
siempre lo hablan acostumbrado y se solia hacer, 
so dicha pena, lo cual firmó de la mano y autorizó 
de Escribano. 

VIII. *Los celebrantes del Cabildo respondieron al 
Gobernador (escribiendo igualmente.) Que ya les 
constaban las providencias de S. A. que se le hablan 
notificado, y que por ellas le mandaba dejase celebrar 
sus Cabildos á la Justicia y Regidores, lo que no ha- 
bia obedecido, antes quebrantaba en la prohibición 
que ahora les imponía. Que ademas de ésto habia 
también mandado la Real Audiencia por otra provi- 
sión, que siempre que el Cabildo lo recusara, fuese 
obligado asociarse, y si apelara, le oyese las apelacio- 
nes contra cuyo tenor obraba igualmente, pues ha- 
biéndole recusado el Procurador general de la Villa, 
procedía por sí solo á imponerles la mencionada pro- 
hibición y pena que por esta causa padecía el vicio de 
nulidad: demás de que lo que los Juepes que obraban sin 


412 TEATRO CUBANO. 


conocimiento de causa, era también nulo. Que aquel 
Cabildo lo celebraban en la Cárcel que era paraje pú- 
blico y no escondido, y por tener recusados al Gober- 
nador y al Alcalde Francisco Yevenes, entre tanto 
que no se acompañasen, como estaba mandado, no 
los conocían por sus Jueces. Concluyendo en reque- 
rir al Gobernador, se asociase según derecho y harian 
lo que fuese de justicia, y á ñn de que los dejase aca- 
bar el Cabildo comenzado, por convenir al Real ser- 
vicio y tratarse en él asuntos tocantes al mismo Go- 
bernador, á que no podía según derecho estar presen- 
te, pidieron al Escribano extendiese esta diligencia 
y la firmaron de sus nombres. 

IX. No dándose por satisfecho el Gobernador re- 
plicó: que no impedia la libre celebración de Cabildo, 
sino la calidad de hacerlos fuera del lugar acostum- 
brado por los inconvenientes que de ello resultaban; 
mediante lo cual siempre que quisiesen ayuntarse lo 
podian hacer en las casas de su morada ó por su au- 
sencia en las de su Teniente, conforme lo habían acos- 
tumbrado, por no haber otras deputadas panfello, que 
haciéndolo así les dejaría libremente celebrar aquel 
Cabildo y demás convenientes, y protestaba salir de 
ellos en caso que por derecho hubiese lugar, que no 
habia tal provisión de S. A. que mandase lo que los 
Regidores decían. Y en cuanto á su recusación dijo, 
que era general y procedía de malicia, y que para las 
cosas de Cabildo, no era recusable generalmente su ca- 
beza, como Gobernador y Juez principal, cuyos gages 
gozaba. Por lo que no la admitía sobre el concepto 
de que siendo facultado extender cada uno su voto en 
el libro de Cabildo, si acaso hiciera lo que no debiese, 
le castigaría S. M., lo que confiaba en Dios que no ha- 
bia hecho, ni haría, y que en esta virtud, sin embargo 
de lo expuesto, repetía y ordenaba lo que tenia man- 


IGNACIO J. DE tJRllüTIA. 4Í3 


' »tX 


dado, con apercibimiento de ejecutar las penas en sus 
personas y bienes. 

X. Concluida, extendida y ürmada esta réplica, 
mandó que el Alcalde Diego de Soto, hiciese la cruz, 
y recibídole juramento conforme a derecho, le pre- 
guntó en que parajes se acostumbraban hacer los Ca- 
bildos, a que dijo: que en las casas de los Goberna- 
dores ó sus Tenientes, y algunas veces en las de los 
Alcaldes ó Regidores. Repreguntado ¿porqué tiempo 
se hablan celebrado en las de los Alcaldes ó Regido- 
res? respondió que no se acordaba. Interrogado, con 
qué causas se hablan hecho en las de los Alcaldes? 
expuso que por enfermedad de éstos ó inmediación de 
ellas. Vuelto a interrogar si habia acaecido ésto es- 
tando presente el Gobernador? concluyó en que no 
hacia memoria. Continuó el Dr. Ángulo las mismas 
diligencias con los Regidores Juan de Llovera y Anto- 
nio de la Torre, quienes contestaron con Diego de 
Soto, expresando abiertamente Llovera: que no habia 
concurrido a otro Cabildo fuera de las casas del Go- 
bernador ó su Teniente, que al celebrado en la de 
Pedro Velázquez, á fin de pedir á la Real Audiencia, 
Juez de residencia contra el mismo Gobernador. En 
vista de todo mandó éste al Escribano que pusiese á 
continuación testimonio de la Real provisión de que 
se trataba sobre celebración de Cabildos y lo firmó. 
Pero no se puso el testimonio para que pudiésemos 
instruirnos mejor de él. 

XL Los Capitulares que no supieron ó no se atre- 
vieron á duplicar con razones, se hicieron al partido 
de ratificar lo expuesto, protestando no entrar en Ca- 
bildo alguno, pues el Gobernador les impedia la liber- 
tad, y que así lo pedían por testimonio, a lo que res- 
pondió el Dr. Ángulo, que no impedia la libertad de 
celebrar Cabildos, como tenía dicho, y que á los que 


414 TEATRO CUBANO. 


no quisiesen concunir los compelería como a»í lo 
mandaba. Con lo cual se puso entonces fín á la con- 
troversia. Pero antes de salir de la Cárcel dijo el 
Rej^idor Juan de Llovera, que tenía noticia de que el 
Gobernador queria hacer viaje á Santo Domingo, y 
que no había dado las fíanzas de su cargo, para ve^ 
ponder en la residencia, por lo cual [>edía que las die- 
ra antes de ausentarse. A esto respondió el Gober- 
nador que las tenía dadas en la ciudad de Santiago, 
cabecera de esta isla, y que no era obligado á dar 
otras. Con que se concluyó el Cabildo, saliendo de 
él como se debe considerar. 


CAPITULO VI. 

pRBNue Ri. Gobernador al Alc: al.de y a losRegido- 

REf4, Í4E ArSRNTA A PrERTO RlCO PROHfBIENBO NFE- 
rA% ELECCIONES DE AlCALJ)E8. ReCLAMALO EL 

PUBLICO Y Cabildo requiriendo al Teniente pro- 
ceda A ELLAS. 


I. Las consecuencias próximas que tuvo la ante- 
rior decisión, entre el Gobernador y el Cabildo secu- 
lar de la villa de la Habana, fueron el haber puesto á 
aquel en prisión al Alcalde, Regidores y Síndico que 
le hacian aire, con que cesó la celebración de acuerdos. 
Pero temiendo el Gobernador las resultas de estos 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 415 

procedimientos los puso en libertad, y á fines del afio 
antecedente se embarcó en una carabela de que era 
maestre Luis de Garbajal, llevando consigo la mayor 
parte de sus bienes y navegó para la isla de S. Juan de 
Puerto Rico. 

II. Quedó la Villa en paz hasta el 1^ de Enero del 
siguiente año de 1553 en cuyo dia se juntaron en la 
Iglesia del Hospital de S. Felipe y Santiago (ya con- 
cluida y en la cual se celebraban los divinos oficios, por 
no estar aun fenecida la Parroquial) asistieron a él, el 
Teniente Juan de Rojas y la Justicia y Regidores del 
año anterior, para las elecciones anuales que acostum- 
braban hacer con asistencia del Común. Dieron votos 
para Regidores que se asociasen a los dos perpetuos, 
y salieron electos Diego de Soto y Pedro Blasco, a 
quien tomado el debido juramento recibió por tales 
el Cabildo. 

III. Pero tratándose de continuar la elección de 
Alcaldes ordinarios, entregó el Teniente Juan de Ro- 
jas al Escribano de Cabildo, un auto del Gobernador 
autorizado de Diego de Espinosa, Escribano Real con 
prevención de que lo leyese é intimase; hízolo así y se 
expresó prohibir por él que se continuasen las elec- 
ciones de Alcaldes ordinarios en el Cabildo de la vi- 
lla de la Habana, por que de ello se seguían graves 
inconvenientes; previniendo á su Teniente Goberna- 
dor que fenecido el año recogiese las varas de justicia 
de los que la hablan ejercido el anterior. Y luego 
que fué leido le dio cumplimiento Rojas por su parte, 
tomando de Francisco de Yevenes y Diego de Soto, 
las que debían entregar como Alcaldes anteriores, y 
así lo pidió por testimonio. 

IV. Confirieron los Regidores este asunto y acor- 
daron se instruyese de él al Común, que estaba pre- 
sente, para lo cual, requerida su atención, se leyó en 


n: 


416 T£ATRO CUBANO. 


altas é inteligibles voces, el auto del Gobernador. Es- 
te, así que lo hubo entendido, clamó contra él pidien- 
do que se apelara y guardara la costumbre de elejir 
Jaeces ordinarios, procediéndose á ellas sin embargo: 
y que para su apelación y respuesta al Gobernador, 
dallan al Cabildo la más amplia y bastante comisión 
que necesitasen. 

V. A vista de esto los Regidores como Cabildo 
que representaba la Villa y en virtud de la comisión 
particular de ella, dijeron: que el Gobernador no era 
parte legítima 6 Juez competente para impedir las 
elecciones de Alcaldes. Lo primero porque el funda- 
mento que deducía por la cláusula de su título de Go- 
bernador en que S. M. le daba facultad para tomar 
las varas de los Jueces, se entendía y debia entender 
para suspenderlos del ejercicio de jurisdicción, mien- 
tras le tomaba residencia y no perpetuamente, como 
intentaba. 

VI. Lo segundo, porque en la Villa había Beai 
provisión de S. M. que facultaba á su Cabildo estas 
elecciones, dando la forma de ellas y el Gobernador' 
no podia derogar esta Eeal orden, obedecida y cum- 
plida como justa. Lo tercero porque desde que la 
Villa estaba poblada en donde se hallaba y en otras 
partes donde primero lo fué, que habria 40 aftos más 
ó menos, usaron y guardaron el Cabildo y vecinos es- 
tas elecciones de Alcaldes según la orden de S. M., 
que como tal y buena, debia antes que derogar, guar- 
dar y hacer guardar el Gobernador y su mandamiento 
contra ella. 

VIL Lo cuarto, porque habia expedido el auto sin 
conocimiento de causa, que siendo conminatorio pade- 
cía nulidad por falta de aquel requisito: la cual se es- 
forzaba por haberlo pronunciado el Gobernador por 
sí solo, estando recusado como lo estaba por el Pro- 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA, 417 

curador de la Villa para todos los negocios de ella, 
con el juramento necesario y justa causa de procurar 
á sombra de su autoridad asolar la Villa, aflijiendo sus 
vecinos con las negociaciones de géneros de mercería 
que celebraba, y extorsiones que á éstas seguían para 
enriquecerse. 

VIII. Lo quinto, porque en lo que mandaba proce- 
día apasionado del odio y venganza que había conce- 
bido contra la Villa, por haber pedido á S. M. y A., 
Juez de residencia, y por las demás Reales provisio- 
nes que habia obtenido contra él á las que aunque le 
fueron notificadas, no dio el debido obedecimiento, 
antes, puso en prisión á los Alcaldes, Regidores y Pro- 
curadores que las impetraron. 

IX. Lo sexto, porque el repetido Gobernador, te- 
miendo las resultas de estos y otros excesos que tenia 
cometidos, se habia embarcado en la nao de Luis 
Carbajal, que salió para la isla de San Juan de Puerto 
Rico, llevándose lo más estimable de su hacienda á 
partes remotas de donde no podría ser habido, y de- 
jando aquel mandamiento para privar al público de 
la distribución de justicia, por el medio de A4caldes 
que tenia adoptado, y bajo de la cual fué mejor go- 
bernada la Villa, pues cuando estuvo en ella el Go- 
bernador hacia mal á todos y andaban descontentos y 
tristes, y después que salió de ella, estaban alegres y 
se habian reconciliado las enemistades, viviendo en 
paz y justicia. 

X. Lo séptimo, porque con la prohibición de su 
auto despojaba al Cabildo y pueblo de hecho y 
contra derecho de la facultad de elejir, en cuya pose- 
sión estaba y no debiendo hacerlo conforme á dere- 
cho, se lo podían resistir, como á mal servicio de 
S. M. y escandalizador de su público y vasallos. 

XL Lo octavo, porque ademas de ser nulo el 
Tomo II. 53 


418 TEATRO CUBANO. 


roandamientOy contenia la cláosola de sin embargo 
de cualesquiera apelación que se interpusiera la cual 
no podía surtir efecto alguno, porque era tiránica y 
usurpadora de los derechos, recursos y obediencia de- 
bida á S. M., á que se agregaba ser contra leyes y ór- 
denes Reales, y costumbres públicas, y observadas en 
toda la Isla é Indias, cuyo manifiesto agravio lo hacia 
apelable por derecho divino y natural, aunque fuese 
auto interlocutorio y con la exclusiva de este recurso. 

XII. Lo nono, porque el mismo Gobernador estu- 
vo presente á las anteriores elecciones de los años de 
1551 y 1552 y las aprobó: y ahora en venganza de lo 
que habían escrito á S« Al y A., trataba de reprobar- 
las é impedirlas. Y finalmente, porque se habia au- 
sentado d^ando la gobernación, sin pedir liceQcia al 
Cabildo, ni manifestarle causa que le justifícase, sin 
cuyos requisitos de derechos, no podía salir de su Go- 
bierno, sino siendo un hombre que procedía tan mal. 

XIII. En fiíerza de todo, concluyeron en que el 
mandamiento del Gobernador era nulo ipsojure, y no 
digno de respuesta, salvo si el propio Gobernador, su 
Teniente, ú otro alguno, se hallaban con orden Real 
para que no se elijiesen los Alcaldes, que en tal caso, 
produciéndola en el Cabildo, estaban prontos á hacer 
lo que S. M. mandase; pero que no teniéndola y pre- 
sentándola requerían á su Teniente Juan de Rojas á 
que no embarazase, ni perturbase la elección, antes 
la asistiese y diese su voto, como S. M. lo mandaba 
y se habia acostumbrado. Protestando en caso con- 
trario, dar cuenta á S. M. de cuanto pudiesen y de- 
biesen con derecho, y que por ello no dejarían de con- 
: ínuar su elección, teniendo por más conforme y de- 
oido dar cumplimiento á las órdenes de S. M. que al 
injusto auto del Gobernador. 

XIV. Hicieron últimamente cargo a Rojas que si 


IGNACIO J. DE URRTJTIA. 41 Í9 

r ■ ■ — ■ - ■ . - , ■ ■ 

por impedir las elecciones resultaban mayores escán- 
dalos, seria responsable de ellos, y no el Cabildo ni ve- 
cinos, pues lo hadan en cumplimiento de las ordénes 
Soberanas y observancia de la costumbre inmemorial 
y justa de que estaban en posesión, y que apelabah y 
apelaron del mandamiento del Gobernador para ante 
S. M. y A., bajo cuyo amparo ponían sus pei^sonas y 
bienes. T le requerían á que pues estaba ausente el 
Gobernador, con cuyo motivo no podían interponer 
esta instancia ante él, y aquí era uno su Tribunal y 
el de su Teniente, les otorgase la apelación volvien- 
do á protestar que su negativa la tendrían por noto- 
ria violencia y agravio, añadiendo fuerza á fuerza y 
agravio á agravio; y repetían la apelación del nuevo 
gravamen, pidiendo los (1) para seguirla con 

todas las protestas convenientes, y la firmaron los Re- 
gidores. 


CAPITULO VIL 


JcAN DE Rojas rehusa dar voto, y el Cabildo y pue- 
blo HACEN Alcaldes a quienes entregan las 

VARAS de JUSTICIA Y SE DA NOTICIA DE OTROS ACAE- 
cimientos y de los principales vecinos de la 
Habana. 


I. Es muy regular concebir que esparcida por la 
Villa la noticia de la pendiente disensión en el Gabil- 

(1) Hay Tin blanco en el manuscrito. 


420 TEATRO CUBANO. 


do, creciese el concurso de sus vecinos al Hospital de 
San Felipe y Santiago, teatro de esta competencia, y 
que con el susurro de la misma disputa estuviese en 
continua expectativa de sus i-esultas. Y taml)ien lo 
es que el Ldo. Leonardo Al mendariz que acababa de 
ser uno de los Regidores discordes al Gobernador (por 
cuyas cualidades le consideramos autor de esta defen- 
sa,) con los demás del Cabildo procurasen por todos 
medios atraer á su partido al Teniente del Goberna- 
dor para que accediendo á su pretensión, procediesen 
de mejor acuerdo a las elecciones. 

II. Pero Bojas (cuyos empleos, confianzas y obras, 
dan bastantes pruebas de ser hombre prudente y mi- 
rado) no asistid á tomar partido contra el precepto 
de aquél, cuya Lugarteniencia ocupaba. Por tanto en 
preciso cumplimiento de su ministerio, respondió, 
que no daba voto alguno para tales elecciones, porque 
no debia ir contra lo que el Gobernador determinaba. 
Que tampoco podia otorgar ni negar la apelación, á 
causa de no juzgarse Juez competente para ello. Y 
que volvia á requerir al Cabildo a que diese el debi- 
do cumplimiento al auto de su Gobernador y lo 
firmó. 

III. Los Ilegidores repitieron sus recursos y pro- 
testas, y espeeialmente la de acojerse á la Beal Pro- 
visión que les facultaba la elección. £1 Común de 
veeinos presentes acaloró la observancia de la costum- 
bre, y que no se consintiese la interrupción de ella: 
con que hubo de procederse de hecho a la votación 
por Regidores y vecinos. Salieron electos por plura- 
lidad de votos el Ldo. Leonardo Almendariz y Juan 

Gutiérrez v recibiéndoles el Cabildo los iuramentos 

. «I 

de estilo, quedaron posesionados de la jurisdicción 
ordinaria, cerrando el Cabildo que firmaron todos me- 
nos Juan de Rojas. 


IGNACIO 3. DE URRÜTIA. 421 


IV. La votación que sucesivamente se hizo en el 
Cabildo que acabamos de referir constó de 33 vocales. 
Regidores y principales vecinos de la Habana que fue- 
ron. Juan de Llovera y Antonio de la Torre, perpetuos. 
Pedro Blasco y Diego de Soto Regidores anuales, Pe- 
dro Velásquez, Vasco Rodríguez, Baltazar Dávila, Mi- 
guel de Cuevas, Francisco de Aguilera, Nicolás Nicar- 
do, Gonzalo Recio, Diego de Córdova, Pedro Andrés, 
Martin de Ordas, Ambrosio Hernández, Bartolomé 
García Freiré, Junn de Robledo, Juan Gutiérrez, Fran- 
cisco López, Diego López Duran, Cristóbal Veláz- 
quez, Antonio Ruiz, Juan Fernandez del Moral, Alon- 
so de Reina, Mateo Diaz, Ldo. Leonardo Almendariz, 
Juan Diaz, Francisco de Rojas, Francisco Alonso de 
Freiré, Juan de Baona, Rodrigo Martin y Juan Sán- 
chez y Hermoso; todos vecinos. 

V. Hemos tenido por debida su denominación, 
])orque cuando mendigamos noticias menos justitíca- 
das de la antigüedad, creemos que nos sería imputa- 
ble la omisión de ésta, que por medio tan auténtico 
justifica los más de los primeros y principales funda- 
dores de la Habana. Dijimos los más de los prime- 
ros y principales, porque no creemos que todos los 
principales asistiesen, por los varios accidentes que 
pudieron impedirlos, ni que á estos actos concurrie- 
sen los que ejercían oificios sórdidos, ó fuesen inferio- 
res por su calidad. 

VL De cuyo principio puede deducirse un pru- 
dente juicio acerca del estado de la población de la 
Habana, que la supere del número de un mil habi- 
tantes. Porque aunque el total de vecinos exc^iese 
poco más de setenta, pueden computarse las personas 
de sus familias en quinientos. Y como puerto de tanto 
comercio, dedicado á la agricultura y crianza con abun- 
dancia de esclavos, según consta de otro Cabildo 


422 TEATRO CÜBASO. 

/ 1 ; no podía d^ar de contar otras quinientas perscmas* 
rendentes en la Villa j sos contomos. 

VIL Ademas de estos, debe numerarse el de in- 

s 

dios asi naturales como forasteros, pues aunque se ha- 
liian menoscabado consideraUemente, consta que aún 
existían algunos naturales, ▼ el hecho de prohibirse 
su servidumbre al Gobernador Dr. Ángulo^ supone 
que los había. Ademas de que es tradición que adop- 
ta como fundado nuestro Regidor Arrate (2) que el 
Imrrío que aun en la Habana conserra el nombre de 
Campeche (y es el mas inmediato al Arsenal), recibió 
esta denominadon de ser habilitado por los indios, 
que se trajeron hurtados de la Provincia de Campe- 
che ó islas de los Guanajos. 

VIH. Hecha, pues, la elección de Alcaldes ordi- 
narios, calmaron las competencias de Cabildo á lo 
menos en lo que de sus acuerdos aparece; porque so- 
lo se halla que en el principio de este año (en que 
celebraron muy pocos) nombraron por Síndico Procu- 
rador general á Francisco López, el mismo que habia 
ido con poder de la Villa á impetrar las providencias 
de la Real Audiencia, contra el Grobemador, y distri- 
buyeron como los años antecedentes los cargos de Ofi- 
ciales Reales y Juzgado de difuntos. 

IX. En el mes de Marzo hubo noticias de anclar 
los «franceses piratas, saqueando las costas de indios; 
con cuyo motivo, se hicieron algunos acuerdos (3) en 
que se trató de finalizar el bastión 6 trinchera que se 
habia levantado cu la Punta, para defender este puer- 
to: se ochó repartimientos de negros entre los vecinos, 
para que con las herramientas correspondientes acu- 


(i) Cabildo de 9 de Enero. 

(2) Arrate primor tomo de esta obra. 

(3) Cabildos de 15 y 22 de Abril. 


IGNACIO J. DEURRUTIA. 423 

diesen á su trabajo, y de personas que debían custo- 
diarlo por turnos. Se acordó comprar dos pasamuros 
ó pedreros para coronarla, completando el numero de 
seis, que se tomase la pólvora necesaria y lo demás 
conducente- a la buena defensa; y con estos acuerdos 
que acabaron en el mes de Abril, cerró el afio sin que 
podamos discernir, si sea por que no se celebraron 
más, ó por que se hayan dislocado del libro (bien de- 
teriorado) que de ellos se conserva, aunque por los su- 
cesivos presumimos que restituido a la Habana su 
Gobernador, se abstendría el Cabildo de toda concur- 
rencia que pudiera renovar sus discordias. 

X. Hizo escala este año en el puerto de la Haba- 
na una riquísima flota en que remitía el Virey de 
Nueva Espafia D. Luis de Velazco, considerables inte- 
reses á S. M. C. para desempeño de su Erario. Sur- 
tida en la Habana de cuanto necesitó para tan dilata- 
da navegación, dejó en puerto con bonanza, y al 
entrar en el canal de Bahama, fué impelidas de las 
corrientes y vientos contrarios hacia la costa de la 
Florida. En ella perecieron todos sus buques salván- 
dose solo uno pequeño que llevó la noticia á Vera- 
cruz (1) y tres que llegaron á Sevilla. Tomaron tierra 
trescientos hombres de los náufragos, pero en ella 
después de inmensos trabajos, perecieron á manos de 
los indios, escapando solo milagrosamente Fray Mar- 
cos de Mena, lego Dominico, que llevó por Támpico 
á Méjico tan infausta noticia: al siguiente año mandó 
el Virey á Ángel de Villafafie á buscar las riquezas 
de la flota de que recuperó algunas, recogiendo á Fran- 
cisco Vázquez uno de ella que habia permanecido 
oculto en aquella costa. 


(1) Refiérelo Cárdenas Cano en sn Ensayo de Florida aSos de 1553' 
y 1664, 


424 TEATRO CUBANO. 


CAPITULO VIII. 

Vuelto el Dr. Ángulo a la Habana gana su Cabil- 
do HASTA CONSEGUIR QUE PIDA AL ReY PRÓRROGA 
DE SU GOBIEENO, SAQUEAN LOS FRANCESES 1 6UA- 
NABACOA Y LLEGA DiEGO MaSARICROS. 


I. Restituido 6, la Habana el Dr. Ángulo en el 
año próximo pasado, fué instruido de cuanto habia 
ocuiTido en su ausencia. Tocó los agravios y deni- 
grativas expresiones que contra su proceder se hablan 
vertido, y perpetuado en los Libros Capitulares, co- 
noció la necesidad en que se hallaba de indicarlos y 
restaurar su honor. Para ello tenia la autoridad del 
Gobierno, pero aprendiendo ya en la experiencia pro- 
pia, cuanto importa unir á esta el arte y modo de 
obrar, procedió con mejoi' cautela á proporcionar el 
fín. 

II. El primer paso en que lijó su restauración fué 
el de excluir del Regimiento de la Habana á sus ému- 
los, é introducir y actuar la representación de sus 
aliados. Celebró su primer Cabildo de este año 1554 
con solo los Regidores perpetuos Juan de Lovera, 
Antonio de la Torre y el pueblo, y logró en él que se 
elijiesen Regidores anuales á sus ñeles amigos Juan 
de Rojas y Juan Gutiérrez. Rojas se excusó de acep- 
tar este nombramiento, sin que se exprese la causa 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 425 

que atribuyó á solo, sus ocupaciones, aunque se hace 
verosímil que fué por no tomar el partido del Común, 
contra el Gobernador, ni de éste contra aquel. Hízo- 
le intimar el Dr. Ángulo que obedeciese b^o la pena 
de un mil pesos (1) á que respondió que era obedien- 
te, pero que no podia aceptar, y viendo su renuncia 
le mandó el Gobernador preso á su casa, con pena de 
quinientos pesos si salia de ella. 

III. Continuada la elección con este Cabildo y 
pueblo, salieron electos para Alcaldes ordinarios, Pe- 
dro Blasco y Juan de Inestrosa, de los cuales aceptó 
y juró el primero, pero el segundo hizo renuncia, pro- 
testando haber tenido otros empleos de Justicia de 
que aún no habia dado residencia. El Gobernador 
le mandó y comunicó a que aceptase y jurase, y aun- 
que permanecía arrestado en su casa, llamándole á 
Cabildo, después de cinco dias (2) obedeció y aceptó. 

IV. Esta renuencia y en la que persistid Juan de 
Rojas (quien nunca aceptó el Regimiento) nos per- 
suade á creer que los acuerdos y disposiciones que se 
proyectaban en aquel año, a favor del Gobernador, 
eran perjudiciales al público. Porque solo esta justa 
atención, pudo detener á Rojas é Inestrosa en aceptar 
unos encargos que por aquellos tiempos casi no sa- 
llan de sus manos: principalmente, cuando se intere- 
saba en ello un Gobernador, a quien debian la grati- 
tud de haberlos distinguido, nombrándolos por sus 
Tenientes. Y según presumimos de las faltas úe Ca- 
bildos en el resto del año antecedente, no haber asisti- 
en el de elecciones de éste, los Alcaldes que fínaliza- 
ban: haberse ausentado de la Villa el Ldo. Leonardo 
Almendariz, uno de ellos y de los principales émulos 


(1) Cabildo de 1? de Enero de 1554. 

(2) £n el de 5 del mismo Enero. 

Tomo II. ' 64 


426 TEATRO CUBANO. 


del Grobemador; y hacer resistencia los dichos Rojas 
é laestrosa, á tener voz algana en el gobierno de 
aquel año; nos parece que dá bastante margen a 
creer que este Gobernador, luego que se restituyó á 
la villa de la Habana, usando el despotismo á que 
propendía el mal uso de sus facultades, en una distan- 
cia de tan difíciles recursos al Soberano y tardos á 
S. A., depuso á los Alcaldes que se hablan elegido 
contra la prohibición de su auto, y trató de confundir 
á los émulos y de alzarse con los que desmintiesen 
por el medio de su adulación, la verdad y justicia, ar- 
bitrio torpe, pero que tiene muchos ejemplares en es- 
tos Reinos. 

V. Perseguido Almendaiiz y sus parciales, delibe- 
ró aquel pasar por remedio á la Real Audiencia de la 
isla Española, donde estableció su queja, y creyendo 
aún sostenido su partido en la Habana, escribió á 
su Cabildo tener facilitado, se despachase Juez de re- 
sidencia contra el Gobernador. Llegó esta noticia a 
principios de Abril, y como habia variado el teatro 
componiéndose el Ayuntamiento de dependientes del 
Dr. Ángulo, se trató sobre ella en Cabildo (1) y acor- 
dó nombrar á Juan de Herrera, para que fuese con 
poder del Ayuntamiento (que se le confirió) á contia- 
decir en la misma Real Audiencia la pretensión de 
Juez de residencia, y representando á S. A. que ya el 
Gobernador estaba muy bueno y todo muy pacífico. 

VI. No paró en esto la pretensión del Dr. Ángu- 
lo, pues á pocos pasos del año, obtuvo que el Ayunta- 
miento de la Habana acordara (2) remitir poder á la 
Corte para que Juan de Oribe pidiera á S. M. en nom- 
bre de la Villa (entre otras cosas) se dignase pror- 


(1) En el CabUdo de 10 do Abril de 1564. 

(2) En el Cabildo de 22 de Jnnío de esto año. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 427 


rogar al repetido Dr, Ángulo, el tiempo de su Gobier- 
no con residencia en la Habana, por el buen estado 
de defensa en que la habia puesto, y por lo mucho 
que protejia á los indios. Así quedó desairado y fue- 
ra de su casa el Ldo. Leonardo Almendariz, siendo el 
primer individuo que entre los muchos que tocará en 
lo sucesivo esta historia, nos da ejemplo para no hacer 
trente contra las justas 6 injustas determinaciones de 
los Gobernadores, sino imitar la prudencia de Juan 
de Rojas, sufriendo más bien una prisión doméstica, 
por no tomar partido entre la justicia y Superior que 
padecer persecuciones por lo que no hay facultades 
ni proporción de remediai*. 

VII. En el resto de este año de 1554 solo se tra- 
tó (digno de memoria) en fortificar el puerto de la 
Habana, obedeciendo la Real cédula que se expuso (1) 
haberse dirigido a la Villa para este fin. Sobre la 
disposición en que andaban los indios después que el 
Rey les habia concedido entera libertad, sin pueblo, 
religión ni política, que el Gobernador los.habia man- 
dado unir, y para este fin se hacía necesario asignar- 
les terreno, donde pudiesen con comodidad tener 
pueblo y estancias y se acordó (2) reconocer cual fue- 
se mas apropósito y conveniente para ello, con cuya 
instrucción se proveería. 

VIII. Tampoco se halla en el siguiente año de 
1555 otra cosa digna de memoria, que la invasión pa- 
decida por piratas franceses. A fines de él se unie- 
ron el Gobernador Juan de Inestrosa, y Juan Gutiér- 
rez (Alcaldes del año) con los Regidores de la Habana, 
y encabezando Cabildo (3) en el pueblo de indios de 
Guanabacoa, asentaron haberse padecido saqueo de 

(1) En el de 18 de Mayo. 

(2) En el Cabildo de 12 de Diciembre de 1555. 

(3) En el Cabildo de la misma fecha. Véase el tercer tomo. 


428 TEATRO CUBANO. 


piratas franceses, aunque lo hacían sin individuar si 
en la Habana^ ó en el citado pueblo de Guanabacoa: 
por las circunstancias, creemos que fuese en éste. 
Acordaron, pues, que respecto á hallarse en el pue- 
blo de Matanzas unos navios que pasaban para Euro- 
pa, se diese cuenta de este infortunio a S. M. á fin de 
que se dignara proveer de remedio nombrando el 
Alcalde Inestrosa para que dirigiese la carta. 

IX. Inició y llenó el Dr. Ángulo el afto 1546, obte- 
nido del Cabildo la elección de Alcaldes á favor de sus 
confidentes, cuando repentinamente se presentó en el 
puerto de la Habana una embarcación que conducía 
a Diego de Mazariegos, su Juez de residencia y suce- 
sor del Gobierno. Recibido con la urbanidad y polí- 
tica correspondientes saltó en tierra, produjo sus des- 
pachos y posesionado del Gobierno en el Cabildo de 
5 de Marzo de este año le entregó Ángulo la vara de 
justicia. 

Desde el citado Mazariegos continuaron los Go- 
bernadores recibiéndose y residiendo en la Habana, 
según consta indubitablemente de sus archivos: Esta 
involuntaria mutación por memorable lo considera- 
mos causativa de propia época. 


RELACIÓN 


DE LOS CASOS NOTABLES EN QUE EL PRIMER NUMERO 
INDICA EL LIBRO, EL "Ür EL CAPITULO Y EL 3^ EL 
PÁRRAFO» 


A.- 

Adelantado^ el primer título de tal á D. Bartolomé 
Colon, 1, 5, 2. 

Adriano^ Cardenal Gobernador de España, 2, 14, 1. — 
Fué ascendido á la Tiara, 2. — Concedió la crea- 
ción de Catedral en Cuba, 2, 15, 3. 

Aquijoiial, rio de Cuba, 1, 8, 7. 

Aguas ó lluvias continuas en Cuba, 1, 9, 4. — La que 
gozaba la Habana en sus principios, 5, 3, 4. — Su 
provisión del rio, 5 y siguiente. — La conducción 
de ella de la Chorrera a la Habana, 7. — Real cé- 
dula para traerla, 5, 4, 16. — Trabajo de su zanja 
y lo que valia, 6, 1, 10. 

Alcaldes ordinarios^ que piysencien los Cabildos, 3, 1, 5. 

Algodón, fértil y abundante eri Cuba y uso de los na- 
turales, 1, 2, 8. 

Alejandro VI^ se congratula del descubrimiento de las 
indias en su Pontificado, 1, 3, 4. — Expide á favor 


430 TEATRO CUBANO. 


de S. M. la Bula ínter cetera, 5. — Confirma la 
posesión de Indias dividiéndolas del portugués 6. 

Jllejandro Macedonio^ fatigado por conquistas, 1, 1, 7. 

Jllíbamo^ fuerte de indios en Florida, 4, 9, 1. 

Jllmas grandes cria Dios para obras iguales y para la 
conquista de las Indias las de Colon, Velázquez, 
Cortés y Pizarro, 1, 1, 2. — Su inmortalidad la « 
confiesan los naturales de Cuba, 1, 4, 9. 

Jllmendaris^ paso del rio de la Chorrera, 5, 3, 5. 

Jllmidon^ se hace en Cuba de la yuca, 1, 9, 5. 

Jllmirante^ que importe su denominación, 1, 1, 8. 

Mmqjarifazgo^ no pagan los vecinos de Cuba, 2, 4, 6. 

Alonso Sánchez de Htielva^ corre una tempestad, llega 
á las Indias que no reconoce, vuelve á la isla de 
Madera donde muere, y deja á Colon sus der- 
roteros, 1, 1, 3. 

Jilonso de Ojeda^ viene- á las Indias de descubri- 
dor, 1, 5, 3. — Lo hace de la provincia de Vene- 
zuela, de allí arriba á Sagua, en Cuba, sus traba- 
jos, mas deja la devoción de María Santísima 
1, 6, 6 y siguientes. 

Alonso de Reino^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Alonso González^ clérigo, 2, 9, 1. 

Alonso Hernández^ apoderado de Hernán Cortés, 2,14, 1. 

Alonso Dávila^ apoderado de Cortés, 2, 14, 1. Capi- 
tán de barco, 2, 9, 5. 

Alonso de Aguilar^ electo Alcalde ordinario, 6, 2, 2. 
Oficial Real, 5. 

Alonso Dávila^ 2, 11, 7. 

Alonso Hernández de Portocarrero^ 2, 11, 7. 

Alonso de Zuazo^ Juez de residencia conti*a Veláz- 
quez, 2, 13, 3, se manda residenciar, 2, 16, 7. 

Alonso de Rqjas^ Procurador general, 6, 4, 1. 

AUamirano (Ldo.) nombrado Juez de residencia para 
Cuba, 2, 16, 7: se somete a Guzman, 3, 2, 1. 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 431 


Alvaro Nuñez^ Tesorero de Narvaez, baja á Trini- 
dad, % 2, 3. 

Alvaro de la Cerda^ Capitán de NaiTaez, 3, 4, 1. 

Amador de Lares^ primer Contador del Rey, 2, 

11, 2. 

Ambrosio Hernández^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

^mérico Vespucio, viene a las Indias con Ojeda, se 
atribuye su descubrimiento y les da el nombre 
de América, 1, 5, 3. — Vindica esta usurpación el 
Sr. Solorzano, y nosotros en el 2, 9, 10. 

Anaxa^ indio, su respuesta, 3, 5, 5. 

Anaxarco^ su filosofía hacia posibles otros mundos, 
1, 1, 6. 

Andrés Duei^o^ pasa con Velázquez á Cuba, 2, 1, 4. — 
Primer criador de ganado de Bacuranao, 2, 2, 2. 
— Se interesa por el perdón de Cortés, 2, 3, 5. — 
Hace a favor de éste, 2, 11, 2. — Llega á la Cor- 
te, 2, 14, 1. 

Ángel de Villafañe, viene á recoger los efectos de la 
flota, 6, 7, 10. 

Ángulo y García Caro^ siguen á Cortés, 2, 11, 10. 

Animales, que hay en Cuba, 1, 9, 10. 

Ánimos grandes, crecen a vista de la magnitud de lo 
que emprenden, 1, 1, 5. 

Antidiluvianos, no fueron los indios, 1, 10, 8. 

Antigona, isla que descubre Colon, 1, 3, 7. 

Antón de Alaminos, descubre el canal de Bahama, 

5, 1, 4. 

Antonio íSofé^, corrígesele una errata con dolor, 2, 11, 5. 

Antonio de la Torre, Regidor de la Habana, 6, 1, 7. — 
nombrado por el Rey, 6, 2, 3; asociado del Ofi- 
cial Real, 5.— Uno de los vecinos de la Habana, 

6, 7, 4. 

Antonio de Chavez, su recibimiento a el Gobierno de 
Cuba, 5, 3, 3.-^Dá cuenta al Rey de varios asun« 


432 TEATRO CUBANO. 


tos, 5, 4, 12; recibe Real cédula para su deci- 
sión, 13. 

Antonio Ruiz^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Jlntonio Felázquez, 2, 11, 1. 

Jlntonio Lema^ dio algunas noticias á Colon, 1, 1, 5. 

Jlnundó el Altísimo en los indios la introducción de 
la ley de gracia, 1, 1, 1. 

Apelación a la Real Audiencia, llegada de sus Jueces 
a Santo Domingo, 2, 3, 2. — Se practicaba este 
grado de los Alcaldes al Gobernador, lo usó Cor- 
tés, 5. — Distínguense las cantidades porque se 
hacia á la Real Audiencia, el Cabildo y al Gober- 
nador, 3, 1, 2. — Que no se introduzca sobre en- 
comiendas de indios de Cuba, 3, 2, 7. — Se les pro- 
hibió envien pesquisadores y se les concedió la 
decisión de competencias, 3, 4, 3.-Que la apelación 
de Cabildo sea por 60,000 maravedises, 3, 6, 7. — 
Concédesele el grado de revista, 5, 4, 1 — Se encar- 
ga el cuidado de los indios, 2 y siguientes. 

Arbitrios^ sobre carga y descarga de embarcaciones, 
6, 4, 5 y siguientes. 

Arboles y montes elevados^ útiles y frondosos de Cu- 
ba, 1, 9, 6 y siguientes. 

Jlreitos^ llamaban en Cuba a los bailes, 1, 6, 7. 

Arimao^ rio de Minas de Cuba, 1; 8, 7. — Lo manda re- 
conocer Velázquez, 2, 6, 2. — Su cultivo se hace 
ver que se continuó, 2, 11, 6. 

Aristóteles^ culpan su incipienencia los indios, 1, 10,6. 

Armamento^ para la conquista de Méjico, 2, 11, 2. 

Armas concedidas á la isla de Cuba, 2, 8, 6. — Porque 
le competen, 2, 16, 6. 

Atahualpa^ tirano del Perú, 4, 1, 2. 

Alcistas, condenaban los indios esta secta, 1, 10, 6, 

Atienza, trajo la caña dulce de Espafía, 1, 9, 5. 

AveSj predijeron la venida de europeos á las Indias, 1, 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 133 


1, 1; abundantes y particulares de Cuba, 1, 9, 9. 
Arrate, (José Martin) su pensamiento en cuanto al 
Gobierno de la Habana, 5, 1, 2 y 5. 


B. 

Baile, estilo con que se hacian los de Cuba, 1, 7, 5, 
(véase Areitos). 

Baltasar Dávila^ vecino de la Habana, 6, 7, 8. 

Baltasar Bermudez, 2, 11, 1. 

Bamhiallas^ llamaban los indios á los faisanes, 1, 9, 9. 

Baracoa^ rio que halló poblado y reconoció Colon, 1, 
2, 4; modo con que se reconocieron sus natu- 
rales, 6; reconoce Colon sus costas, 6; vuelven 
los españoles con indios y lo que informan y vie- 
ron, 7 y siguientes; su puerto, 1, 8, 6; su situa- 
ción, 1, 9, 2; era ¡provincia de indios con este 
nombre, 1, 10, 2; pasan á ella los españoles y ha- 
cen primera población, 2, 2, 2. — Inquiétanse los 
españoles contra Velázquez, 2, 3, 1; deliberan, 
nmndar á Cortés a Santo Domingo, reparte Ve- 
lázquez sus indios, 2, 6, 1; concédese Obispado 
con residencia en ella y título de ciudad, 2, 8, 5, 

Bartolomé Garcia^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Bartolomé Colon^ viene a la Española, 1, 5, 10; queda 
de Gobernador en ella y se le da titulo de Ade- 
lantado, 2. 

Bartolomé Olmedo^ comisionado por Cortés para 
NaiTaez, 2, 12, 8. 

Bartolomé de las Casas^ sale con Velázquez á el reco- 
nocimiento de Cuba, 2, 3, 8; le deja con Narvaez, 
9; intercede por los bayameses, 11; quiere per- 
mutar la imagen de Nuestra Señora á un Caci- 
ToMO II. 65 


'434 TEATRO CUBANO. 


que, 2, 4, 4; bautiza párvulos y procura evitar da- 
ftos, 5; estimula los indios y los exhorta, 6; re- 
media el atentado de los españoles en Caonao, 8; 
le busca un indio, 9; lo recibe y por él á los deí 
pueblo, 10; bautiza más indios, 2, 5, 1; comprende 

haber cautivas en la Habana y las manda á bus- 

» 

car, 2; casa las cautivas, 5; opónese á la prisión 
de los indios de la Habana, 7; le dá Velázquez 
repartimiento cerca de Sagua, 2, 6, 3; se ausenta 
de Trinidad, 2, 8, 1; le dá el Rey título de Defen- 
sor de Indios, 4. 

Bayarno^ su situación y terreno, 1, 9, 2; era provincia 
de indios con este nombre, 1, 10, 2. —Llegada de 
Narvaez con su gente, 2, 2, 3; sus siete mil indios 
se unen contra los españoles, 4; les acometen de 
noche, 5; huyen asombrados de la yegua con cas- 
cabeles, 6; vuelven á pedir perdón, que obtienen 
y quedan en su pueblo, 11; su población y repar- 
timiento, 2, 6, 4. 

'Benito Marin^ Capitán de Velázquez, 2, 10, 1. — Infor- 
man al Obispo de Burgos allí. — Pretende la Aba- 
día de San Juan de IJlua, 3. 

Bernardo Velázquez^ 2, 11, 1. 

Bemardino de Meza^ V Obispo. 

Brisa^ qué es, y por qué reina en la Habana, 5, 1, 5. 

Bula^ ínter cetera divine mafestatis y otras confírma- 
torias del dominio sobre las Indias, 1, 3, 5 y si- 
guientes. 


c. 

Caballos^ muchos y buenos en Cuba, 4, 2, 1. 
Cabildo^ sus apelaciones^ 3, 1, 2; que no asistan á ellos 


IGNACIO J. DE URKUTiA 48i5< 


los Gobernadores, 5; que se hace hasta de sesen- 
ta mil maravedises, 3, 6, 7; sobre abasto de car- 
nes, 6, 1,8; sobre valor de la moneda, véase Gon- 
zalo Pérez de Ángulo; y sobre otros casos Harbana. 
Hacen Cabildo en la Cárcel y se entra el Go- 
bernador, 6, 5, 6; protesta su facción con penas, 
7; piden al Gobernador se acompañe y los deje 
proceder, 8; respuesta del Gobernador, 9^ y si- 
guientes. 

Cabildo^ cclébranlo los Regidores, 6, 6, 2. — Rojas to- 
ma la vara de los Alcaldes, 3; el pueblo le acla- 
ma y da su poder al Cabildo, 4; reclaman los Re- 
gidores con los Alcaldes, 6, 8, 2; y siguientes 
porque no admitieron 4. 

Cabo de San Antonio^ cabo occidental de Cuba, 1, 6, 2. 

Cabos^ reconoce Colon el de Cruz, 1, 4, 4; lo que dis^ 
ta de San Antonio, término occidental de Cuba, 
de la Isla de Pinos, 1, 4, 5; en el de Cruz se en- 
senan los navios de Colon y pasa trabajos para 
sacarlos, 1, 4, 7. 

Cabo de Cruz^ su situación y figura, 1, 8, 3. 

Cabo Co7TÍente^ 1, 8, 3. 

Cabo Catoche^ por qué se llama así, 2, 9, 1. 

Caimanes y Cocodrilos de Cuba, 1, 8, 8. 

Calixto Calderón^ alguacil del Ur. Ángulo, 6, 4, 3. 

Cayo Villa^ San Juan de los Remedios. 

Cayos^ al de doce leguas llamó Colon Santa Maita, 

1, 4, 4; el de San Antonio es término occidental 
de Cuba, 1, 8, 1; muchos circundan la isla de Cu- 
ba, 2. 

Casa-harta, en el pueblo de Carahate, 1, 10, 2. 
Camacho, indio cristiano de virtudes, 2, 4, 9. 
Camagüey, provincia de indios y hoy Puerto del Prín- 
cipe, 1, 10, 2; se acojen a ella los bayameses, 2, 

2, 6 y siguientes; despiden á aquellos por falta de 


436 TEATRO CUBANO. 


alimentos^ 2. 3, 11: llegada y recibo de Nar?aez 
V del Padre Casas, 2. 4. 5. 

Campeche, por qué le llamaron así. 2. 9, 2. 

Canales^ viejo y nuevo de Bahama, su situación y des- 
cubrimiento, 1. 8« 2: lo fue por Alaminos, 5, U 4: 
su conocimiento, 6; cual de los dos es mejor, 7: 
su mayor navegación, 8 y siguientes. 

Caña dulce^ se cultiva en Cul>a, quienes la trajeron á 
ella, 1, 9, 5. 

Caníbales^ indios^ porque se llamaban así, 1, 4, 10, en 
la nota. 

Canoas^ enterizas y de magnitud que usaban los in- 
dios, 1, 2, 10. 

Caonabo^ Cacique de la isla Española, le castiga Co- 
lon, 1, 3, 8. 

Caonao^ provincia de indios en que hoy se halla la 
villa de Sancti Spíritus, 1, 10, 2: llegan á ella los 
españoles y son bien recibidos, 2, 4, 7; mantan 
muchos de sus indios, 8. 

Carabelas^ llamadas la Niña y la Pinta compradas pa- 
ra descubrir las Indias, 1, 1, 8. 

Carahate, pueblo abundante de indios que reconocen 
los españoles, 2, 5, 3. 

Carnicería^ de la Habana, 6, 1, 8. 

Cartagena^ es saqueada de piratas, 4, 10, 1. 

Casabe^ pan de yuca que se hace en Cuba, su fábrica 
y servicio, 1, 9, 5 y 1, 5, 5. 

Casas^ arquitectura de las de los indios de Cuba y pa- 
ralelo entre estas y las de teja, 1, 10, 3. 

Casiguagas^ llamaban los indios el rio de la Chorre- 
ra, 5, 3, 5. 

Cacique^ de la parte Occidental de Cuba, manda- 
ba por señas, 1, 4, 5; andaba vestido como 
sacerdote, 9; uno de la parte Oriental exhorta 
& Colon á que no les haga daño, 1, 4, 9; otro 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 437 


de la Habana entrega un Capitán, 2, 5, 2. 

Catalina^ (Santa) llama Colon á un puerto grande á 
que arribó, 1, 2, 11. 

Catalina Suarez^ á quien llama Moreri Francisca, que- 
rida de Cortés, 2, 3, 4; hablando con ella le pren- 
de un Alguacil, 5; casa con Cortés y tiene un 
hijo, 6; pasó a Méjico arribando al rio Guayalto, 
1, 14, 6. 

Catedral^ si la hubo en Baracoa, 2, 15, 3; su creación 
á la letra 4; Bula para su creación en Santiago, 5; 
dignidades y oficios creados en ella, 6; suprímese 
algunas hasta que haya renta, 7; su vsueldo y pér- 
dida, 8; concurran al coro, no teniendo excepción 
legítima, 9; cóbrense diezmos y su distribución, 
10, 11: canto que ha de usar, 12; voto de los ra- 
cionistas, 13; misas que se han de decir, 14; pagas 
que se ganan ó pierden: ténganse dos Capellanes 
cada semana, 16; fíeles que se disputan, 18; cali- 
dad de los que deben elegirse para Beneficios, 19; 
su erección, 2. 15, 1; su incendio, 3, 17; véanse 
Obispos. 

Cedros^ árboles útiles de Cuba, 1, 9, 6. 

Cédulas^ de 28 de Abril de 1523, título de ciudad de 
Santiago, 2, 16 6; de 14 de Setiembre de 1526 
sobre propuestas de Manuel de Rojas, 2, 1, 6; las 
de 9 de Julio de 1737 v 28 de Diciembre de 
1739, 5, 1, 3; la de 2 de Julio de 1716 sobre 
atención de la Habana, 5, 2, 7; origen de la guia 
para traer el agua á la Habana de 1 1 de Febrero 
de 1547, 5, 6, 7; la de 16 de Mayo de 1548 so- 
bre indios, cobre y agua de la Chorrera, 5, 4, 13 
y siguientes y 6, 1, 10; sobre reducción del valor 
de la moneda de 2 de Setiembse de 1549, 6, 1, 5; 
sobrecarta acerca del valor de la moneda de 20 
de Julio de 1551, 6, 3, 4; Censo mandando el 


438 TEATRO CUBANO. 


Rey moderar el 10 p§ el que se cobi-aba con ex- 
ceso en Cuba, 3, 6, 3. 

Cera^ hallada en Cuba, % 5, 10: la lleva Colon á Es- 
pana» 1, 2, 11. 

Chapapote^ véase l^ez, su materia, % 5. 10; su niina^ 
fuente y explicación, 3, 4, 7. 

Chicaro^ provincia de indios, 4, 9, 1. 

Cristóbal Velazquez^ vecino de la Habana, 6. 7, 4. 

Cristóbal de Tapia, orden que pase á Nueva España, 
2, 13, 4; llega á ella, 6; no es recibido y se vuel- 
ve á la Española, 7. 

Cristóbal de Olid^ padece temporal, 2, 9, 9; sale con 
otra expedición de Velázquez, 2, 14, 7; pei"sua- 
dido de Velázquez contra Cortés y éste lo apea 
de la expedición, 2, 14, 8. 

Cristóbal de Cuellar, viene electo Tesorero de ella, 
2, 3, 9. 

Chorrera^ rio de este nombre dos leguas de la Haba- 
na, 1, 8, 7; sus aguas y nacimiento, 5, 6, 5: se 
hacía en el la aguada de los navios, 6: su con- 
ducción á la Habana, 7 y siguientes; sus arbitrios 
5, 4, 16. 

Clérigos^ su vestuario honesto, 2, 15, 17; que se les 
den solares en Cuba, 2, 16, 5. 

Coco, fruta que dá que comer y beber, 1, 9, 8. 

Crates Tebano^ anega las riquezas porque no las am- 
biciona, 1, 7, 5. 

Crianza^ de animales, fecunda en Cuba, 1, 9, 8; sus 
primeros criadores Andrés Duero y Hernán Cor- 
tés, 2, 2, 2. 

Cocuyos^ los hay en Cuba muy gi-andes y de mucha 
luz, 1, 9, 10. 

Cristóbal Colon, lo crió Dios para el descubrimiento 
de Indias, 1, 1, 2; recibe en la isla de la Madera 
los derroteros de Alonso Sánchez, 3; su patria, 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 439 


profesión y vecindario, 4; lo que había alcanza- 
do por su estudio y con los de Sánchez resuelve 
descubrirlas, 5; propónelo á Genova, a Portugal, 
á Inglaterra, Francia y otras y lo desprecian y 
ocurre a España, 6: también lo desprecia, pero 
lo acepta después con congruencias de inspira- 
ción, 7; es habilitado por la Reina D^ Isabel, 
compra dos carabelas y un navichuelo y capitula 
con los Reyes de España sobre descubrir las In- 
dias, 8; sale del rio de Saltes, se amotina su gen- 
te y ofrece volverse, 9; pero descubre una luz 
que lo llena de alegría, y al amanecer la isla de 
Guanahami que llaman San Salvador y después 
la Española de que saltando en tierra toma pose- 
sión, 10; bojea la Isla, gratifica á los naturales y 
reconoce otra Isla, 11; tiene noticia de Cuba, la 
solicita y descubre, 1, 2, 1; reconoce sus costas 
y entra en un rio y le nombra Juana^ 2; procura 
tratar á los naturales y huyen y llega á otro 
rio, 3; pasa él al tercero y deseoso de hallar oro 
y perlas, manda gente a tierra, 4; manda á Ro- 
drigo Xerez y Torres, con dos indios, instrucciones 
y rescate, 7 y 8; reconoce el rio de Baracoa, lo 
que le informan Xerez y Torres; toma doce indios 
de Cuba para llegar á España, 9; el Norte le im- 
pide para volver para la Española y arriba á una 
costa que llaman Puerto del Príncipe, vuelve 
arribar al primero y lo que le sucedió hasta lle- 
gar á la Española, 11; pierde la Capitana, hace 
un fuerte de estacas y deja 38 hombres, 1, 3, 1; 
aiTiba á Portugal, llega á España, refiere lo des- 
cubierto y pide auxilios para continuar, 2; lo 
honra S. M. dándole el título de Almirante, lo 
habilitan con mayor armada, vuelve á las Indias 
y hace nuevos descubrimientos, 7; llega á la Es- 


440 TE\TRO CUBANO. 


paftola y halla mueita su gente, castiga á Gaonao, 
funda la Isabela y el fuerte de Santo Tomás y de- 
ja á su hermano D. Diego en su Gobierno; 8: 
vuelve a reconocer las costas de la Española, 1, 
4, 1; pasa á reconocer á Cuba, 2; continúa por 
el Sur hasta isla de Pinos, 3 hasta 6; retorna para 
la Española con trabajo, 7; salta en Cuba y oye 
misa y lo exhorta un Cacique, 8 y siguientes; res- 
ponde al Cacique de Cuba la orden que llevaba 
de su Rey, se vuelve a Jamaica y á la Española, 
1, 5, 1; quéjanse de él y viene de Juez de pes- 
quisa Juan de Aguado, y resuelve volver a Es- 
paña: allí deja á su hermano Bartolomé el go- 
bierno de la Española, va a España,* se descarga 
y vuelve a India con navios y más facultades, 2; 
vuelven á quejarse de él y viene de pesqiiisador 
Francisco BobadíUa, I,' 5, 3; prende al Almiran- 
te y con grillos lo remite á España donde el Rey 
lo desapruet)a y nombra en lugar de Bobadilla á 
Nicolás de Ovando, 4: hace otros descubrimien- 
tos y puebla á Veraguas, donde y en Jamaica, pa- 
sa muchos trabajos y se le amotinan los Por- 
ras, 5; vuelve á Castilla donde no bien aten- 
dido muere, 6; deja dos hijos Don Diego y 
Don Fernando y éste escribe su historia, 7; 
descríbrese la persona y mérito del Almiran- 
te, a 
Colon. (D. Fernando) hijo del Almirante, Clérigo, y 
escribe la historia de su padre, 1, 5, 7. 

Colon^ (D. Diego) hijo y heredero de las glorias del 
Almirante, 1, 5, 7; sucede en el Gobierno de la 
Española y nombra á Diego Yelázquez para la 
conquista de Cuba, 1, 7, 6 y 2, 1, 1; nómbrale 
Juez de residencia, 2, 13, 3; hace suspender á 
Tapia la ida al Reino, 4. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 441 

Concilio mejicano^ el primero, declara á favor de los 
indios, 3, 5, 2. 

Comendador^ véase Macaca. 

Concepción^ descubre Colon esta isla, 1, 1, 11. 

Cuba^ tiene Colon noticia de una tierra así nombrada, 
1, 2, 1; cuando la descubrió y puso el nombre de 
Juana, 2; reconoce sus costas y ríos, manda dos 
castellanos á tierra, 3, 4, 5; su punta oriental 
dista 18 leguas de la Española, llamábanla los in- 
dios Bayatiquiíi, y Colon la nombra alfa y omega, 
y comienza á reconocerla por el Sur, y sus natu- 
rales le visitan, 1, 4, 2 y siguientes; un indio 
práctico de ella dice que es Isla y que su Caci- 
que occidental mandaba por señas, 5; dícese en 
ella la primera misa y donde, 7; un indio Caci- 
que asiste y exhorta á Colon, 8 y 9. — Manda 
el Rey que se reconozca, y el Comendador Ovan- 
do destina para ello a Sebastian de Ocampo, 1, 
6, 1; quien la reconoce y halla ser Isla, 1, 6, 2 y 
siguientes; su conquista debia denominarse po- 
sesión pacífica, 1, 7, 1; pasa a ella el Cacique 
Hatuey; vé Hatuey el orden y estilo de sus bai- 
les, 1, 7, 5. — De que semblante se hallaba cuando 
fué nombrado Velázquez para su conquista, 1, 
7, 6; porque se omite su descripción en esta 
obra, 1, 7, 6; su situación, costas, cayos, movi- 
mientos del mar, peces, puertos, bahías, ríos y 
salinas, 1, 8, 1 y siguientes; nada le falta para 
vivir según naturaleza, 9; su longitud, latitud, 
terreno, fertilidad, montes, frutos, aves y anima- 
les, 1, 9, por todo; sus campos dan dos cosechas 
al año como lo regado del Indo, 1, 9, 5; allí siem- 
pre se ven verdes sus campos, y como se visten, 
1, 9, 6; su crianza es doble como la de los prados 
del Nilo, 1, 9, 8; origen de su población, religión, 

Tomo II. 56 


442 T£ilTRO CUBANO. 


gobierno, costumbre de sus indios, 1, ] Q, por to- 
do; si fué continente con las otras islas, 1, 10, 1^ 
— Destina el segundo Almirante al Capitán Die- 
go Yelázquez para su pacificaebo, y pasa a ella, 
2, 1, 1 y siguientes; Diego Velázquez le dá el 
nombre de Fernandina, cuya etimología se re- 
comienda, 2, 6, 6; su aumiento de población y 
cultivos, 2, 10^ 2; privilegios concedidots á sus 
pobladores, 8; liace igual pretensión á Santo Do- 
mingo, 9; motivos de la despoblación de Cuba, 
2, 11, 2; su carestía de dectos por las conquistas, 
2, 14^ 7; el incendio que padeció, 3, 1, 7; famoso 
combate de Diego Pérez en la bahía de Cuba, 3, 
7, 5 y siguientes; teme las resultas, 3, 8, 1; ar- 
mada de Hernando de Soto y precaución de los 
cubanos, 2 y siguientes; fiestas a su recibimien- 
to, 4, 2, 8. 

Cubana can, dicción compuesta que significa en me- 
dio de Cuba, 1, 2, 9. 

Cueibá, llegan á éste puerto Narvaez y su jente, 2, 
4, 2; el Bachiller Casas intenta permutarle las 
imágenes de Nuestra Señora que les dejó €^eda, 
2; no le acepta el Cacique y huye con ella al 
monte, 3; y aunque le ofrecen seguridades no 
vuelve|hasta la retirada de los españoles, 4. 

Cueiha^ provincia de Cuba á cuyo pueblo salió 0|eda y 
en que tuvo el s^undo templo de Nuestra Seño- 
ra, 1, 6, 7 y siguientes; su situación, 1, 10, 2; véase 
indios Cuyaguat^e* 

Cuyaguateje, rio de Cuba, 1, 8, 7. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 443 


D. 

Diego Felázquez, definición de las cosas que debe pre- 
ceder á su tratado 1, 7, 6. Diego Velázquez, de 
alma, creada con extraordinarias dotes para la 
conquista deludías, 1, 1, 2; nómbralo el segundo 
Almirante para la conquista de Cuba, 1, 7, 6 y 2, 
1,1; BUS circunstancias y méritos, 2; el que hizo en 
la EspaBoIa, 3; su gente y salida para Cuba, 4; se 
inquieta el Cacique Hatuey á quien vence, y preso 
manda quemar, 5 y siguientes; tráele socorro 
Narvaez, 2, 2, 1; pasa su jente á Baracoa, donde 
puebla la primera Villa, 2; manda á Narvaez con 
gente a reconocer lo interior de la ls)a, 3; se le 
inquieta Baracoa y procesa al Capitán Morales, 2, 
3, 1; prende á Cortés, descubierta la conspira- 
ción, 3; apela Cortés á él y lo perdona, 5; se re- 
concilia con Cortés y le bautiza un hijo, 2, 3, 6; 
sale con 50 hombres á reconocer la tien'a; tiene 
notieia del arribo de Ocampo a Jagua y lo manda 
buscar, 8; y de la llegada á Baracoa de Cristóbal 
y D* María de Cuellar, su esposa, y vuelve á esta 
villa, 9; celebra su matrimonio, y continúa el 
fomento de Baracoa, 2, 6, 1; sale a reconocer el 
territorio y llega á Jagua, 1 y 2; su repartimien- 
to, 3; se retira á poblar á Santtatgo, 5; el crédito 
de su gobierno, 2, 8, 2; remite el mapa de Cuba 
al Bey y logra su Real correspondeneia, 3; obtu- 
vo orden de gobernar con independencia de Colon, 
1, 9^ 4; habilitará Juan de Grijalba, 5; manda en su 
bufica y auxilio' á Cristdbal de Olid, 9; se alegra 
con las noticias de Alvarado é incómodo con 
Grijalba, 9; recomendación de sus méritos y ser- 


444 TEATRO CUBANO. 


vicios, 10; escribe á la Corte sus descubrimien- 
tos, 2, 10, 1; concesión de poblar por los particu- 
lares que siguen, 5, 6; gracias que le concedió el 
Rey. 7; piensa á quien confíar la conquista'del Rei- 
no de Méjico, 2, 11, 1; encárgala á Cortés y descon- 
fía después de él, 2 y siguiente; dá orden de pren- 
derlo en Trinidad y la Habana, 8 y 11; trata Ve- 
lázquez de vengarse de Cortes, 2, 12, 1; resolu- 
ción de ir contra Cortés, 2, 11, 2; motivos porque 
la confío á otros, 1 hasta 5; respuesta que dio al 
Oidor de Santo Domingo y salida de la armada 
que confió a Narvaez, 6 y siguientes; remite a 
Pedro de Barba con socorro á Narvaez, 2, 13, 1; 
y á Rodrigo Morejon, 2; nómbrale Juez de resi- 
dencia y se suspende, 3; obtiene orden contra 
Cortés, 4; se embarca contra Cortés y vuelve á 
persuasiones de Parada, 8; vuelven a suscitarse 
sus quejas en la Corte, 2, 14, 1 y siguientes; su 
sentencia con Cortés, 4; otro disgusto que tuvo 
con Cortés, 2, 14, 7; publícase la pérdida de su 
causa con Cortés, 2, 16, 9; muere de pena y se 
sepulta en Cuba, 10; recomiéndase su mérito, 15 
hasta el fin; pídese permiso á Su Santidad para que 
2,000 pesos dejados por Velázquez, se convier- 
tan en la fábrica de la Catedral, 3, 3, 7. 
Diego Jlrana^ queda de Capitán de 38 hombres en la 
Española, 1, 3, 1; le halla muerto Colon en su 
segundo viaje por los indios del Cacique Caona- 
bo, 8. 

Diego Masariegos^ electo Gobernador de Cuba, llega 

a ella, 6, 8, 9. 
Diego de Córdova, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 
Diego de Peñahsa ó Tolosa, martirizado en Florida^ 

6,1,3. 
Diego de Soto^ Regidor de la Habana, 6, 1, 7; sigue á 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 445 

'-'•■■ ■ ■ . ■■ . ■ ■ — 

Cortes, 2, 11, 1; electo Regidor, 6, 2, 2; Alcal- 
de, 6, 4, 1; uno de los vecinos de la Habana, 
6, 7, 4. 

Diego Meruelo^ rescata en Florida, 2, 8, 9; Piloto de 
Narvaez, 3, 4, 1 . 

Diego Ordaz^ remitido por Cortés á que cargase casabe 
y carne, 2, 11, 9; pasa á España de apoderado de 
Cortés, 1, 14, 1. 

Diego Ramírez^ indio principal, su respuesta, 3, 5, 4. 

Diego Pérez, su valor, combate dentro la bahía de Cu- 
ba, 3, 7, 5 y siguientes. 

Diego de Oliva^ pasa á Florida, 4, 6, 2- 

Diego Ij)pez Diiran^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Diego de Espinosa, Escribano Eeal, 6, 6, 3. 

Diego Maídonado^ sale á reconocer la costa, 
4, 8, 1; lo que informa, 2; órdenes que le dá el 
Adelantado, 3; su llegada á la Habana, 4; sale 
en busca de Soto y no le halla, 6; vuelve á salir 
de la Habana con igual solicitud, 4, 9, 4; repite 
su inquisición y no halla noticia, 8; adquiere en 
A^eracruz la de la muerte del Adelantado, 4, 10, 2, 
vuelve ^ la Habana con ella, 6. 

Diezmos^ su cobro y distribución como los novenos 
Reales, 2, 15, 10, pagúese de la teja y ladrillo, 2, 
16, 5; de las grangerias del Rey, 3, 4, 5; acuerdo 
sobre su cobro en la Habana, 6, 4, 2. 

Diluvio universal^ recordado de los indios. 1, 10, 6. 

Dios^ remunerador^ reconocian los indios de Cuba, y 
está signado en todo hombre, 1, 4, 9, le confesa- 
ban primera causa y criador, 1, 10 6, ilumina á 
todo viviente y no puede darse ignorancia posi- 
tiva de su existencia, 1, 10, 9, 

Domingo^ (Santo) pide el Rey al General de esta orden 
de Religiosos, licencia para que pasen á Indias, 3, 
3, 7; véase Religiosos Dominicos- 


446 TEATRO CUBANO. 


Duques de Medina Celi y Mediría Cidonia^ desprecian 
la propuesta de Colon sobre descubrir las In- 
dias, 4, 1, 6. 


E. 

Eclipse de luna, se vale Colon provechosamente de 
él contra los jamaicanos, 1, 5, 5. 

Encomiendas^ que fuesen hereditarias, 3, 4, 6. 

Epidemia^ que trae á Cuba la retardación de las* llu- 
vias, hacen poco robustos sus habitantes, 1, 9, 4. 

Equinocial^ atraviésala Vicente Llanes, 1, 5, 3. 

Esfera, estaba navegada su mayor parte antes del 
descubrimiento de Indias y que horas de sol ha- 
bla, 1, 1, 5. 

España^ llega Colon á ella con la propuesta de descu- 
brir las Indias, 1, 1, 6; la desprecian sus Reyes 
por las causas que se exponen, y se les inspira 
su empresa, 7; estaban pobres, empeftaa joyas 
y celebran las capitulaciones para el descubri- 
miento, 8. 

Espafiola^ llama Colon a la primera isla que descubre, 
4, 1, 10; deja en ella 38 castellanos, 1, 3, 1; les 
da muerte su Cacique Caonao, 8; fúndase en 
ella la primera ciudad Isabela y el fuerte Santo 
Tomás, 8: sus indios se inquietan, y á queja de 
los españoles viene á ella pesquisidor, quedando 
de su Gobernador Bartolomé Colon, 1, 5, 1; rei- 
teran la queja los españoles y viene de segundo 
pesquizador Bobadilla, 1, 5, 3. 

Españoles, lo que dice de ellos Hatuey, 1, 7, 4; tres- 
cientos vienen á la pacificación de Cuba, 2, 1, 4; 
meditan su población, 5; los inquieta Hatuey, 6; 


IGNACIO J. DE ÜRRUTIA. 447 

le prenden y queman, 7 y siguientes; pueblan 
á Baracoa, 2, 2, 2; salen á reconocer lo interior 
de Cuba, 3; son sorprendidos de los indios del 
Bayamo, 4; huyen éstos y aquellos los siguen, 5 
y siguientes; se unen hasta 100 con Narvaez y 
siguen & Cuba, 2, 4, 2 y siguientes; pasan al Ca- 
inagüey, 5; como siguieron el reconocimiento de 
Cuba, 6; almuerzan en un arroyo, amuelan las 
espadas y entran en Caonao, 7; matan sin causa 
muchos indios de este pueblo, 8; llegan á otra 
población y la hallan sin gente, 9; adquieren no- 
ticia de que en la Habana habla dos mujeres y 
un hombre español cautivos y los mandan buscar, 
2, 5, 2; llegan al pueblo de Carahate á quien lla- 
man Casa-harta, 3; recuperan las dos mujeres, 
quienes les dan razón de su cautiverio, 4 y 5; por- 
qué no vino el cautivo, 6; siguen á la Habana y 
hallan sus pueblos solos, 7; se recupera el cauti- 
vo y de sus circunstancias, 8 y 9; siguen recono- 
ciendo la Habana^ 10; aprehenden oro é indios, 
2, 9, 8; casi despueblan á Cuba, 3, 1, 4; se les 
prohibe salir de ella, 3, 2, 7; mueren muchos en 
Florida, 4, 8, 5; se quejan de las órdenes k favor 
de los indios, 5, 4, 10. 

Esquines, Filósofo, lo que sintió de lan riquezas, 1, 7, 5. 

Esteves, (Ldo,) Fiscal de Santo Domingo, lo que avi- 
sa, 6, 7, 2. 


F- 

Feí'jiafido é Isabel, (S8. MM.) capitulan con Colon, 

1, 1, 8. 
Fernandina, llama Colon a una Isla de los cayos, 1, 


448 TEATRO CUBANO. 


1, 11; se dá este nombre á la isla de Cuba, 2, 6, 
6; la recomendación que merece por él y fertili- 
dad de Cuba, 1, 9, 4 y siguientes. 

Flamencos^ á quienes llamaron grullas encarnadas: 
aves de este color que hay en Cuba, 1, 4, 4 y 
1, 9, 9. 

Florida^ la descubrió Juan Ponce de León en 1512, 1, 
8, 2; dista 29 leguas de Cuba, 1, 8, 2. 

Flotas^ una. perdida en Florida, 6, 7, 10. 

Francés^ sitúanse con otras naciones en la isla Tortu- 
ga, 3, 7, 1; situación de éstas, expulsión y res- 
tauración de los franceses, 2; hostilidades que 
hacen desde ella, 3 y siguientes; inundan los ma- 
res de Indias, 4, 10, 1. 

Francia^ su Rey Carlos VIII, desprecia a Colon sobre 
el descubrimiento de las Indias, 1, 1, 6. 

Francisco de YeveneSy electo Alcalde ordinario de la 
Habana, 6, 4, 1. 

Francisco Hernández de Córdova^ poblador de Sancti- 
Spíritus, sale á descubrir, 2, 9, 1; vuelve a Cam- 
peche donde pierde la mayor parte de la gente y 
es herido, 2; pasa a Florida y le vuelven á herir 
y llegado á Sancti Spíritus muere, 2, 9, 3, 

Francisco Roldan^ queda de Alcalde mayor en la Es- 
pañola, se subleva contra D. Bartolomé Colon y 
lo apacigua el Almirante, 1, 5, 2. 

Francisco de Bohadilla^ viene de pesquisidor contra 
el Almirante, 1, 9, 3; aprehende al Almirante y 
sus hermanos y los remite a Espafía: el Rey des- 
aprueba sus hechos y le repone, 4. 

Francisco López, vecino de la Habana, 6, 4, 1; nom- 
brado por el Cabildo para pasar á Santo Domingo, 
6, 4, 3; las Reales Provisiones que ganó, 6, 5, 2 y 
siguientes; electo Procurador general, 6, 7, 8. 

Francisco de Morales, Capitán que á las órdenes de 


IGNACIO 3. DE ÜRRUTIA. 449 

Diego Velázquez, pasa & Cuba, 2, 1, 4; ñié el pii- 
mero en la inquietud de Baracoa, y lo procesa * 
Velázquez y remite preso á España, 2, 3, 1. 

Francisco de Garay^ Gobernador de Jamaica, empren- 
de la conquista de Panuco, y últimamente se 
concierta con Cortés, 2, 14, 5. 

Francisco de Rosas^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Francisco de Ledesmus^ Cura y Provisor de la Haba^ 
na, 6, 4, 2. 

Francisco Jllonso de Freiré, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Francisco Gutiérrez^ Regidor de la Habana, 6, 1, 7« 

Francisco de las Casas^ subrogado por Cortes en lu- 
gar de Olid, 2, 14, 8; viene con la^ resultas del 
pleito, 2, 16, 8; la publica en Cuba, 9« 

Francisco Vázquez, como escapó delosindios,6,7,'10. 

Francisco de Aguüera, vecino de la Habfuia, 6, 7, 4« 

Francisco Montejo^ Capitán de embarcación, 2, 9, 5; 
sigue á Cortés, 2, 11, 10; es su apoderado eo la 
Corte, 2, 14, 1. 

Francisco Verdugo^ Teniente de Gobernador de Trini- 
dad, 2, 10, 2; recibe orden de Velázquez para 
aprehender á Cortés, 2, 11, 8. 

Francisco Guerrero, Clérigo, Cura de Indias, 3, 6^ 6. 

Francisco Pérez Borroto^ Escribano de la Habfúia, 
6, 1, 7. 

FrancisquiUo^ so&pechñ contra Cortés, 2, 11, 3« 

Frutas^ regala un indio algunas de Cuba á Colon, 1^ 
4, 8; multitud y calidad de las que hay en Cuba, 
1, 9, 7 y siguientes. 

Fuego^ lo usdiNin los indios y sacaban con dos made- 
rosi, 1, 2, 7. 

Fuentes^ donado de Santo Domingo, martirizado en 
Florida, a, 1, X 

Fuertes^ cottstmye Cokm e& la Española el primero 
de las Indias, y nombra Santo Tomás, 1, 3, 8. 

Tomo II. 67 


450 TEilTRO CUBANO. 


Fuerza^ el castillo de este nombre, su construcción, 4, 
4, 2; su calidad: manda el Rey que se salude, 5, 3, 1. 


G. 


Gabriel Cabrero^ reconocido por un indio, 1, 10, 3, 

Garcilaso, su engaño acerca del quinto Obispado de 
Cuba, 3, 8, 6. 

Genova, su República desprecia la propuesta de Colon 
sobre descubrir las Indias, 1, 1, 6. 

Gerónimos, Padres, primeros Jueces de Santo Domin- 
go, 1, 8, 4. 

Gregorio Beteta, pasa a Florida, 6, 1, 3. 

Grijalba, (Juan) véase porque se denominó así el rio 
de Tabasco, 2, 9, 6. 

Golfo de las perlas, lo descubre Colon, 1, 5, 2. 

Gómez Arias, vuelve á la Habana, 4, 7, 5; llega á ella 
y su recibo, 7. 

Gómez Suarez, va á Florida con Soto, 4, 6, 2; lo que 
le regaló Vasco Porcallo, 4, 7, 9. 

Gonzalo Mejia, 2, 11, 7. 

Gonzalo de Sandoval, 2, 11, 7; residía en Villa Rica, 2, 
12, 7; notifica á Tapia, 2, 13, 7. 

Gonzalo Pizarro, primacía de su lanza, 4, 9, 7. 

Gonzalo Recio, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Gonzalo Guzman, apoderado de Velázquez, 2, 10, 4; 
orden para que gobierne a Cuba en falta de Ve- 
lázquez, 2, 13, 3 y 3, 1, 1; repítensele ói^enes 
sobre indios, 3, 5, 3; su respuesta, 4; la que dio 
Anaxa, 5; su resolución, 6; concluye su gobierno, 
3, 8, 8; nómbralo por Teniente de Cuba Hernan- 
do de Soto, 4, 2, 3; continúa en el Gobierno de 
Santiago de Cuba, 4, 10, 7. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 451 

Gonzalo de Zalazar, Comandante de Armada, 2, 1, 4. 

Gonzalo Pérez de Ángulo^ quinto Gobernador de Cu- 
ba, donde se recibió, 6, 1, 1; afio de su recibi- 
miento, 2; hace que el Cabildo convenga en re- 
clamar la Cédula sobre moneda, 6; el Cabildo 
acuerda hacerlo presente al Rey, 7; vuelve el Go- 
bernador y el Cabildo se niega, 6, 3, 1; procura 
que corran los maravedises como antes, 2; lo que 
resultó, 3; Real cédula en contrario, 4; disputas 
con el Cabildo, 8; su resentimiento, 6, 5, 1; que 
se vaya a residir a Cuba, 2; que no se sirva de 
indios, 3; que no tratase y dejase al Cabildo cele- 
brarlos y retuviese su ministerio, 4; sin embargo 
no toma resolución, 5; penetra en la Cárcel cuan- 
do se hacía Cabildo, 6; contradi celo y comunica 
con penas, 7; reconviniéndolo, 8; responde, 9; to- 
ma declaraciones de los Regidores, 11; requié- 
renlo sobre fianzas y su respuesta, 12; pone en 
prisión á los Alcaldes y se ausenta, 6, 6, 1; vuel- 
ve a la Habana, 6, 7, 9; toca la necesidad de de- 
fenderse, 6, 8, 1; hace las elecciones a su agrado, 
2; llega su sucesor, 6, 8, 9. 

Gobernadores de Cuba^ fueron el primero el Capitán 
Diego Velázquez que vino a poblarla en 1511, su 
gobierno se contiene en el lib. 2; el segundo Ma- 
nuel de Rojas, interino y propietario Gonzalo de 
Guzman, 3, 1, 1 y siguiente; se manda que no 
asistan á los Cabildos, 5; calidades de Guzman, 
sus títulos y su sucesión, 3, 2, 1; el tercero Her- 
nando de Soto, lib. 4 por todo; el cuarto Ldo. An- 
tonio de Chavez, lib. 5 por todo; el quinto el Dr. 
Gonzalo Pérez de Ángulo, lib. 6 id. 

Guanabacoa^ pueblo de indios, saqueado por piratas, 
6, 8, 8. 

Guadiana^ rio de Cuba, 1, 8, 7. 


41^ TEATRO CUBANO. 


=>: 


Guadalquivir^ llama Colon á un rio de la Española, 

1, 4, 4, 
Guadalupe^ ida que descubrió Colon, 1, 3, 7. 
Guaeanagarí ó Guacanarico , recibe de amistad a Co- 
lon, 1, 3, 1; no puede impedir la mueite de los 

es^ñoles, 8. 
Guaftahaní^ ¿? se Uamaba la isla Española que descubrió 

Colon, I, 1, 10. 
Guan^JoSj prisión y fuga de los indios de esta Isla, 2, 

8, 7; segunda fuga, 8. 
Guan^uanica o Haniguanicos^ provincia Occidental 

de Cuba, 1, 10, % 
Gnniquinages^ llamaban los indios á cierta especie de 

perrillos que comían, 1, 9, 10. 
Guantáuamo^ puerto de mar de la isla de Cuba, 1,8,6. 
Guaurabo^ iio de Cuba, 1, 8^ 7. 
Guerra^ única que costó la población de Cuba, 2, 1, 8. 


H. 


Hakana^ puerto de Carenas y la Habana, se Uainó así 
por haber carenado en él Sebastian de Oeampo, 
1, 6, 2; su bello puerto, 1, 8^ 8; era provincia en- 
tre los indios, 1, 10, 2; no consta el tiempo que 
S9 fundó, 2, 6, 7; &i cidiñcativa distindon de cuan- 
do se com^izó á poblar, y por qué se ttania San 
Cristóbal, 2, 7, 1^ hubo dos poblacionra^ y la de 
S^ Cristóbal se unió á la del puerto de Carenas, 
2 y 3; su mutuacion, 4; primitivo asiento de San 
Cristóbal, 5; fundamento de Antonio de Herrera, 
6; hubo dos Habanas que se unieron, 7; su anti- 
gua población, 8; motivo de poblarse la Habana 
al Norte, 9; pobladores dedüb, 10; su Temeiite 


IGNACIO J. DB ÜRRÜTU. 453 


de Gobernador Pedro de Barba, 2, 10, 2; llega á 
ella Cortés, 2, 11, 10; la orden de Velázqüez pa- 
ra sü resistencia, 11; celebra el nacimiento del 
Príncipe, 3, 3, 7; es incendiada y saqueada por 
piratas, 3, 7, 3; lo es por franceses, 4, 2, 2; llega 
Soto y la socorre, 4, 3, 1; su castillo de la Fuer- 
za, 4, 4, 3 y siguientes; es acometida por el pira- 
ta francés Roberto Baal, 4, 10, 3; se le obliga á 
retirarse con el amparo de la Fuerza, 4; tránsito 
del Gobernador & ella, 5, 1, 2; si fué primero su 
Capitanía general, 3; hácese escala, conocido el 
canal de Bahama, 5, 2, 1; situación de la Habana, 
oportuna para escala, 2; calidades de su puerto y 
situación, 3; de su terreno, 4; su aguada, 5, tres 
circunstancias para su atención, 6 y 7; rio que la 
circula y dá aguas^ 5, 3, 5; su prohibición de 
aguas, 7; establecimiento de su Zanja, 8 y 5, 4, 16; 
extraordinario valor de la moneda, §, 1, 4; Cédu- 
la para su reducción, 5; explícase su orden anti- 
guo de elecciones, 6, 2, 1; de Alcaldes, 2; orden 
de proceder, 3; de Oñciales Reales, 6 y siguien- 
tes; fortificación de sus puertos por noticias de 
la guerra, 6, 3, 6 y 7; contiendas entre el Cabildo 
y Gobernador, 8; acuerdo de ocurrir á la Real 
Audiencia, 6, 4, 3; otro sobre ar1>itrios, 4 y si- 
guientes; su comunicación^ 5; sus vecinos princi- 
pales, 6, 7, 4 y 5; su numero de vecinos, 6 y 7; 
fortiíkacíon de su puerto, 6 y 7. 

Harinas^ sus derechos. O, 4, 11. 

Hamacas^ camas de los indios, 1, 10, 4. 

Hatney, Cacique de la provincia Guahaba en la isla 
Española, se pasa con su gente á la de Maisí de 
Cuba, 1, 7, 2; sistema político de su estableci- 
miento^ y tiene noticias de pasar & ella \m espa- 
ñoles^ 3; dice 6 los suyos que el Di»» de los es- 


454 TEATRO CUBANO. 


pañoles era el oro y lo hace festejar, 4; hace 
arrojar el oro al agua como Erales, 5; uiquieta á 
Diego Velázquez y a sus españoles, 2, 1, 5; háce- 
le guerrilla, 6; le prende y manda quemar Veláz- 
quez, 7; sus indios se rinden, 8. 

Hernán Cortés^ fué dotado de extraordinarios dotes 
para la conquista de indios, 1, 1, 2; pasa con Ve- 
lázquez a Cuba, 2, 1, 4; primer criador de gana- 
do en Baracoa con Andrés Duero, 2, 2, 2; es elec- 
to por los sublevados de Baracoa para su recurso 
á Santo Domingo, 2, 3, 3; hácele aprehender Ve- 
lázquez y peligra su vida en la fuga, 3; su retrai- 
miento á la Iglesia y afección á Catalina Suarez, 
4; sale á hablar con ella, le aprehende un Algua- 
cil, condenan los Alcaldes y el Gobernador lo 
perdona, 5; continúa sus amores con la Suarez, 
se casa, tiene un hijo y lo bautiza Velázquez re- 
conciliado, 6; modo distinto con que refiere el 
P. Torquemada estos hechos, 7; es electo Alcal- 
de ordinario de Santiago de Cuba, 1. 6, 5; su des- 
tino á la conquista de Nueva España, 2, 11, 2 y 
siguientes; su salida de Cuba y navegación, 4 y 6; 
lo que le sucedió en Trinidad, 7; sale de Trinidad 
para la Habana, 8, 9, 10; modo con que se des- 
embaraza de su prisión, 11; requiérelo Narvaez, 
y lo que pasa, 2, 12, 7 y siguientes; lo que ocur- 
rió con su visitador Tapia, 2, 13, 6 y 7; nuevo 
semblante de su causa con Velázquez, 4; tuvo 
otro disgusto con Velázquez, 2, 14," 7. 

Hernando de Castro^ Factor de Cuba, 3, 1, 1. 

Hernán Ponce, su arribo á la Habana y cuentas con 
Soto, 4, 5, 3 y siguientes; las reclama, 4, 6, 5 y 
siguientes. 

Hernando de Soto, viene de Gobernador de Cuba, 3. 
8, 2 y siguientes; su peligro á la entrada, 4; se 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 455 

satisfacen refiriendo la causa, 9; su recibimiento 
en Santiago de Cuba, 4, 1, 1; fué uno de los que 
rindieron a Atahualpa, 2; Adelantado de Florida 
y Gobierno de Cuba, — Allí prepáranse a su con- 
quista, 3; número de su armada y gente, 4; en- 
cuentro de dos navios, 5; llega a Islas Canarias y 
lo que en ellas hace, 6; llega a Cuba, 7; su reci- 
bimiento en ella, 8; visita la Isla y compra caba- 
llos, 4, 2, 1; manda a Mateo Aceituno a reparar 
la Habana, 2; se prepara para Florida, 4, 2, 4; 
marcha para la Habana por tierra, 4, 2, 7 y- 4, 3, 
1; avisa al Rey sus despachos, 4, 3, 7; su respues- 
ta, 8; últimas disposiciones para la marcha á Flo- 
rida, 4, 5, 1 y 2; sus cuentas con Ponce 3 y si- 
guientes; número de caballos que embarcó de 
Cuba, 4, 6, 1; de su gente, 2; su salida de la Ha- 
bana, 3; su llegada y encuentro de Florida, 4, 7, 
1; su guerra y continuación, 5 y siguientes; con- 
cédele el Rey hábito de Santiago, 8; manda reco- 
nocer las costas, 4, 8, 1; informe que recibe, 2; 
órdenes que dá para marchar a Achusi, 3; famo- 
sa batalla que dio á los indios, 5; detiénese a descan- 
sar su gente, 7; comprende que ésta quiere írsele, 
8; resuelve internarse y tiene guerras, 9; recono- 
ce otras provincias y enferma, 4, 9, 5; muere y 
es dos veces sepultado, 6; bosquéjase su persona 
y calidades allí. 

Hernando ó Bernardo de Meza^ 2, 15, 1; Religioso 
Dominico y 5^ Obispo de Cuba ^por lo que es pre- 
ciso seguh') 6; cae al agua y peligra, 7; es librado 
del peligi-o, 8; su recibimiento en Santiago de 
Cuba, 4, 1, 1. 

Hirrihigua^ Cacique de Florida, sus encuentros, 4, 7, 2. 

Historia^ la del compendio de España se impugna en 
parte, 2, 9, 10; no las hay de Cuba por lo que es 


466 TBATRO CUBANO. 


preciso seguir estacón lo que se halle, 3, 5, 1; 
medio para continuarla, 5, 1, 1; causa y por qué 
se divide. 

Hombres^ cuantos vinieron á descubrir las Indias, 1, 
1, 9; en la segunda vienen mas de mil, 1, 3, 7. 

Hospitul de Cuba^ tiene indulgencias plenarias, 2, 16, 
4; fábrica del de la Habana, 6, 19; su conclu- 
sión, 6, 6, 2. 


I. 


Ibarra^ Juez de residencia, 2, 8, 1. 

IbuerUj hibuera ojiguera, calabaza en figura de escu- 
dilla, 1, 4, 8. 

ídolos^ predijeron la venida de la Ley de gracia, 1,4,8. 

¡gumías^ animales que comian los indios de Cuba, 
1, 9, 10. 

Indios, se pre])aran á resistir la entrada de la Ley de 
gracia, 1, 1, 1; los de la isla Española ocurren de 
paz á las naves de Colon, 11; usaban los de Cu- 
ba de canoas ahuecadas con pedernal, y cual era 
su alimento, 1, 2, 10; uno de Cuba se acoje á los 
españoles, 1, 4, 3; socorren á Colon, 1, 4, 5; el 
Cacique occidental habla por señas: allí otro 
exhorta á Colon con un Dios remunerador de las 
almas inmortales, 9; los de la Española se inquie- 
tan por la población de europeos, 1, 5, 1; se pa- 
san muchos á Cuba, 1, 6, 6; los de la provincia 
de Carahate reciben la devoción de María Santí- 
sima, 1, 6, 3; su Cacique se bautiza y nombra Co- 
mendador, 5; los de Cueibá reciben de Ojeda una 
imagen de Nuestra Señora á quien hacen tero- 
pdb; frtitos que cultivaban en Cuba, 1, 9, 5; ñutos, 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 457 

aves y animales que comían, 6 y siguientes; de 
donde vinieron los de Cuba y demás islas, 1, 10, 1; 
sus costumbres y provincias, 2; tenian sus pue- 
blos y casas en que vivian unidos, 3; su manejo 
y gobierno, 4; su natural baile y vestuario, 5; su 
religión viciada, 6; notici^, que tenian los de Cu- 
ba del diluvio universal y de Noé, 7; a quien atri- 
buían su desnudez, 8; lo que uno reconvino á 
Cabrera, 9; su falta de templos y religión y de 
sus Behiques y Agüeros, 10; de que se alimenta- 
ban y si eran sediciosos, 11; los de Hatuey pri- 
sioneros se reparten en los españoles, 2, 1, 7; los 
de Bayamo sorprenden á los españoles y espan- 
tados de una yegua huyen al Camagüey, 2, 2, 4 y 
siguientes; vuelven á pedir perdón y lo obtienen, 
2, 3, 11; bautiza innumerables el Padre Casas en 
Camagüey, 2, 4, 5; lo estimaban como á sus Be- 
hiques, y admiraban la comunicación por escrito, 
6; en Caonao estaban 2,500 y se asombran de la 
yegua, 2, 4, 7: destrozos que hacen los españoles 
en ellos, 8; se huyen a los montes por esta causa 
y uno viene a buscar al Padre Casas, 9; por este 
se ofrece seguridad á los demás, y vuelven á sus 
pueblos, 10; son bien tratados y bautizados, 2, 5, 
1; tenian los de la Habana dos españolas y un es- 
pañol cautivos, 2; que se den encomiendas, 2, 8, 
1; suscítase esta duda, 3, 1, 3 y siguen lo que se 
dice de los de Cuba á favor de ella, 3, 2, 1; mán- 
dase intimarle su sosiego, 3 y siguientes; no se 
consigue, 5; resolución Real, 6; que se restituyan 
los extraídos de Cuba, 3, 3, 6; su quietud y órde- 
nes dd Rey, 3, 4, 4; repítense órdenes, 3, 5, 2; 
que son descendientes de Adán, los declaran la 
Santa Sede, 3, 5, 2; son exhortados á su arregla- 
do manejo y lo que responden, 3, 5, 3 y siguien- 
Tomo II. 58 


468 tJBATRO CUBANO. 


tes; permanencia de sus pueblos, 3, 5, 7; ahórcan- 
se los más, 4, 3, 2; si se acabaron en Cuba, 3; que 
üe dé todo auxilio á su instrucción, 4; órdenes 
particulares para ello, 5; sus efectos, 6; chiste so- 
bre el particular, 7; Arias se trae dos de Florida, 
4, 4, 5; se le prohibe la bebida, 5, 3, 2; órdenes 
á su favor, 5, 4, 2 y siguientes; los que favorecen 
su libertad, 13 y siguientes; que el Gobernador 
no se sirva de ellos, 6, 5, 3; los que habia en la 
Habana, 6, 7, 7; su estado, 6, 8, 7. 

Inglaterra^ su Rey Enrique VII desprecia la propues- 
ta de Colon á descubrir las Indias, 1, 1, 6. 

Ingenios de azúcar^ el Rey manda fiar negros y dine- 
ro para su fomento, 1, 16, 7. 

Isabel^ Reina de España^ empeññ sus joyas para el des- 
cubrimiento de Indias, 1, 1, 8. 

Isabel de Bohadilla^ mujer de Hernando de Soto, vie- 
ne con él, 4, 1, 6; le deja Hernando sus veces so- 
bre Cuba, 4, 2, 3; demandada por Ponce, 4, 6, 5 
y siguientes; le manda noticias su marido, 4, 7, 5; 
jas recibe y celebra, 7; y la noticia del hábito de 
Santiago, 8; avísale el Adelantado sus descubri- 
mientos, 4, 8, 3; compra tres navios y otros efec- 
tos, 4; se conturba con la falta de noticias de su 
marido, 4, 3, 8; su muerte con las noticias del 
Adelantado, 4, 10, 6. 

Isabela^ nombra Colon á una isleta de los Cayos, 
1, 1, 11. 

Isabela^ llama Colon a la primera ciudad d« europeos 
que fundó en la isla Española, 1, 3, 8. 

hla de Pinos^ la reconoce el Almirante en su segundo 
viaje y Uama del Evanjelista distante 80 leguas 
del cabo de S. Antonio, 1, 4, 6; su situación, 1, 8, 3. 

hla de la Trinidad^ la descubre el Almirante Colon, 
1, 5, 2. 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 459 

Islas Canarias^ llega á ellas Cristóbal Sánchez, 1, 1, 3; 
era casado en ellas Colon, 4; llega á ellas Co- 
lon, 9. 

isla de Barlovento 6 Antillas^ si fueron todas un con- 
tinente, 1, 10, 1- 

Metas graciosas^ adyacentes á Cuba, 1, 4, 4. 


j. 

Jamaica^ isla que descubre y recorre el Almirante, 
4, 3; vuelve á ella el Almirante, 1, 5, 1; sus na- 
turales niegan á Colon los socorros y los consigue 
valido industriosamente de un eclipse de luna, 5; 
sublévanse los Porras ibi. Dista veinte leguas de 
Cuba, 1, 8. 2. 

Jagua, bahia de la isla de Cuba á que llega Ocampo, 
1, 6, 2; arriba á ella Ojeda, 1, 6, 6; su frente es 
limpia, 1, 8, 3; su puerto el mejor del mundo, 
1> 8, 6; provincia de los indios con este nombre, 
1, 10, 2; la reconocen Velázquez, 1, 6, 2. 

Jardín de la Reina^ llamó Colon á unas graciosas isle- 
tas, 1, 4, 4 y 1, 8, 3; del Rey llamó á otros cayos 
del Norte,' 1, 8, 2- * . 

Juan de Coloma, vecino ante quien pasaron las capi- 
tulaciones de los Reyes Católicos con Colon^ 

. 1, 1, 8. 

Juan de JJguada^ viene de pesquisidor contra el Al- 
mirante, 1, 5, 1. 

Juan de Esquivel, Gobernador de Jamaica, socorre á 
Ojeda, 1, 6, 8; permite á Narvaez socorra á Ve- 
lázquez, 2, 2, 1; poblada la Isla, 2, 8, 4. 

Juan Ponce de León, descubrid la Florida, 1, 8, 2 y 4 
y siguientes; y epitafio en Cuba, 2, 13, 5. 


460 TEATRO CUBANO. 


Juan^ el Príncipe de este nombre muere, 2, 6, 6. 
Juan de Baona, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 
Juan Selvagio^ pretendió poblar las Indias con flamen- 
cos, y aunque se le concedió no tuvo efecto, 

2, 9. 4. 

Juan Escudero, Alguacil que prende á Cortés, 2, 3, 5. 

Juan de Jlñasco^ sale á reconocer la Florida, 4, 4, 2; 
vuelve con noticias, 6; le manda Soto: vuelve con 
noticias y es mandado segunda vez, 5; su pérdi- 
da y noticia, 6; le manda Soto volver á la mar, 
4, 7, 5; llega á la bahía de Aute, 4, 8, 1. 

Juan de Grtjalva^ sale con Velázquez á reconocer la 
tierra, 2, 3, 8; le deja Velázquez con gente para 
seguir á Narvaez, 9; sale por mar á reconocer 
tierras, 2, 9, 5; su continuación y llegada al rio 
de Tabasco, 6; pasa al de Banderas, de cuya fe- 
ria sacan más de 150 pesos: pasa á San Juan de 
Ulúa, donde comienza á volver á Cuba, 8; llega 
á Matanzas y enojo de Velázquez sin causa, 9; 
es común sentir que se le prefiera para la con- 
quista de Nueva España, 2, 11, 1. 

Juan Tesel^ asentista de minas en Cuba, 5, 4, 11; reso- 
lución sobre el 15. 

Juan de Avalos^ muere en el cabo de San Antonio, 
3, 1, 8. 

Juan Cedaña y Juan Nagera^ siguen á Cortés, 2, 11, 10. 

Juan Castellanos, su traducción, 2, 13, 5. 

Juan Fernandez del Moral^ vecino de la Habana, 6, 7,4. 

Juan de Lovera ó Llovera^ Alcaide de la Fuerza, 6, 1, 
1: Begidor por el Rey, 6, 1, 7: Oficial Real, 6, 2, 
5: uno de los vecinos de la Habana^ 6, 7, 4. 

Juan de los Remedios^ (San) villa, su población, 2, 
6, 7 y 8. 

Juan de Robles^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Juan de Jllvarado^ 2, 11, 7. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 461 


Jmm Gutiérrez^ vecino de la Habana, 6, 7, 4; es elec- 
to Alcalde, 6, 8, 7. 

Juan de Escalante^ 2, 11, 7. 

Juan de Felázquez, 2, 11, 7. 

Jna?i Diaz^ Presbítero, 2, 9, 5. 

Juau Salcedo^ 2, 10, 9. 

Juan de Ulúa, (San) porqué se llamó así, 2, 9, 8. 

Jua7i Gutiérrez^ Procurador de la Habana, 6, 2, 6: es 
electo Alcalde ordinario, 6, 7, 3. 

Juan Ruiz de Vergara^ lleva a Sandoval una carta de 
Narvaez, 2, 12, 7. 

Juan Garata^ (Fray) pasa á Florida, 6, 1, 3. 

Juan Suarez^ cuñado de Cortés, navega con su her- 
mano a Méjico, 2, 11, 6. 

Juají de Oribe ó Uribe^ destinado por S. M. con cuen- 
ta del Cabildo, 6, 1, 7: lo es por el Gobernador y 
el Cabildo, 6, 8, 6. 

Juan Diaz^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Juan Indio^ Cacique, su respuesta, 3, 5, 4. 

Juan Sánchez, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Juan de Herrera, nombrado por Cabo para ir á la 
Audiencia, 6, 8, 5. 

Jua?i de Avila, si gobernó ó no en la Habana, 4, 10, 5. 

Juan de Inestrosa, electo Alcalde ordinario, 6, 8, 3. 

Juan de Rojas, Teniente de Gobernador de la Habana, 
3, 7, 3; recibe al Gobernador, 4, 4, 1: es electo de 
Teniente en la Habana, 4, b, 2: procura adelan- 
tarla, 4, 6, 4: demanda de Ponce, 5 y siguientes: 
continúa en el Gobierno de la Habana, 10, 4, 7: 
Alcalde ordinario de la Habana, 6, 1, 7: Nombra- 
do Teniente de Gobernador, 6, 3, 5: su disputa 
con el Cabildo, 6, 6, 3 y siguientes: sus requeri- 
mientos, 13 y 14: su respuesta, 6, 7, 2: es electo 
Hegidor y no acepta, 6, 8, 2. 

Juez de apelaciones, llegan á Santo Domingo, 2, 3, 2. 


463 TEATRO CUBANO. 


Juana, nombra Colon á Cuba en obsequio del Prínci- 
pe D. Juan, 1, 2, 2. 

Jueces de difuntos^ se representó que los Religiosos se 
hacían herederos y convenia hubiese quien mira- 
se por los bienes de difuntos, 3, 6, 4; su limita- 
ción, 5; que la Audiencia acordara remedio, 7; 
comisión á los Alcaldes y lo que obraban acom- 
paüftdos, 6, 2, 10 y 11; como se llevaba este co- 
nocimiento donde había Audiencia, 12. 

Julián Garcés^ (^^y) adquiere noticias de Cuba, 2, 
10, 3; se le da el Obispado de Tlascala, id. id. 


L. 


Latitud y longitud^ de Cuba, 1, 8, 1 y 1, 9, 1. 

Lebrón^ Juez de residencia, 2, 8, 1. 

Leonor de Bobadilla^ hija del Conde de la Gomera, 4, 
1, 6; casa con Nuflo Tobar, 4, 2, 5. 

Leonor^ hermana del Emperador Carlos V, casada con 
Francisco I de Francia, 3, 2, 8, 

Ldo. Leonardo Jllmendariz, electo Regidor, 6, 4, 1; 
considérase autor de la defensa del Cabildo, 6, 7, 
1; es electo Alcalde ordinario, 3; fué vecino de la 
Habana, 4; pasa á la isla Española y lo que es- 
cribe, 6, 8, 3; su éxito y ejemplo, 6. 

Lorenzo de (7arr6^6oí, asentista de 4, 000 negros, 2, 14, 9. 

Luis de S. Jlngel, dá 16,000 ducados para la conquis- 
ta de Indias sobre las joyas de la Reina, 1, 1 8. 

Luis de Velasco^ Virey de Nueva España, remite cau- 
dales en flota, 6, 7, 10. 

Luis Cáncer de Barbastro^ (P^^y) martirizado en Flo- 
rida, 6, 1, 3. 


IGNACIO J. DÉ ÜRRÜTÍA. 463 

Luis de Torre^ destinado á reconocer la tierra de Cu- 
ba, 1, 2, 5; y lo que vio é informó, 7, 8, 9. 

Luis Carbajal^ patrón de naos, 6, 6, 8. 

Luis de Moscoso y Alvarado^ sucesor de Hernando de 
Soto en el ejercicio, 4, 9, 5. 

Ldo. Lucas Vázquez de Ayllon^ Oidor de Seaito Domin- 
go, comisionado por Velázquez, 2, 12, 3; vuelve 
con igual comisión por Velázquez y se embarca 
con Narvaez, 6; es requerido por Cortés, 2, 1, 28; 
lo remite Narvaez a Cuba, 9. 

Luna^ llama Colon al segundo rio de Cuba á que 
arribó, 1, 2, 3. 


M. 


Macaca, provincia de Cuba, cuyo Cacique adopta por 
un marinero la devoción de María Santísima, 1, 
6, 3; se hace bautizar este Cacique y llama Co- 
mendador, 1, 6, 5; recibe de paz á Ojeda, 8. 

Magdalena Velázquez j 2, 1, 1. 

Maderas, útiles de Cuba, 1, 2, 6. 

Maiz, le cultivan los indios de Cuba, 1, 9, 5. 

Maisí, punta Oriental de Cuba, 18 leguas de la Espa- 
ñola, la llamaron los indios Bayatiquirí y Colon 
Alfa y Omega, 1, 4, 2. 

Manatí, pez particular con tetas, 1, 8, 5; rio de este 
nombre, 1, 8, 7; matan uno los españoles y su fi- 
gura, 1, 2, 10. 

Manimani, rio de Cuba, 1, 8, 7. 

Manuel de Rojas, privado del repartimiento de indios, 
1, 13, 3; le confiere la Real Audiencia el gobier- 
no interino de Cuba, 3, 1, 1; lo aprueba S. M. ibi: 
d¿ cuenta á la Audiencia del movimiento de in- 


464 TEATRO CUBANO. 


dios, 4; Cédula que obtuvo, 6; buen manejo que 
tenia con los indios, 3, 2, 5; su informe sobre 
ellos, 3, 2, 7; puntos que había representado á 
Corona, 3, 6, 12 y siguientes. 

Mar, sus movimientos en las costas de Cuba, 1, 8, 4 
y 5, 1, 5, embarazado de isletas allí, 6. 

María Santísima^ introduce su devoción en las Indias 
de la provincia Manaca un marinero español, 1, 
6, 3; se le hace el primer templo en ella, 4; A.lon- 
80 de Ojeda conduce a Cuba una imagen de 
Nuestra Señora á quien debe su vida, 6; la da al 
Cacique de Cueibá, quien le hace segundo tem- 
plo, 7; elogios á su primer templo de Cuba, 8; el 
Cacique de Cueibá resiste cambiar su imagen, 2, 
4, 8 y siguientes. 

Marigalante^ isla descubierta por Colon, 1. 3, 7. 

María de Cuellar^ viene con el Teniente Cristóbal, su 
padre, á Cuba á casarse con Velázquez, 2, 3, 9; 
se casa y muere al séptimo dia, 10. 

Marien, puerto de Cuba, 1, 8, 6. 

Margarita^ esta isla la descubre Colon, 1, 5, 2. 

Marqués de la Regalía^ hace casado á Colon en la 
isla de la Madera, 1, 1, 4; recomienda la con- 
gruencia de ser inspirado el descubrimiento de 
Indias, 7. 

Martin de Ordaz^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Martin de Bohemia y Martin Vicente^ dieron algunas 
noticias á Colon, 1, 1, 5. 

Martin Alonso Pinzón^ con dos naves se aparta de 

Colon en solicitud del oro, 1, 2, 11. 
Martin Cortes^ apoderado de Hernán, 2, 14, 1. 
Marcos de Mena^ escapa de la flota perdida, 6, 

7,10. 
Matanzas^ puerto de la isla de Cuba, su situación, 1, 

8, 1; calidad de su bahía, 6; su rio, 7; toma de- 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 4Q5 


• t ; . » 


nominación de la matanza de espafioles que hi- 
cieron los indios en su bahía, 2, 5, 5. 
Mntj^p Jiceituno, va á reparar la Habana, 4,2, 2; cons- 
truye la Fuerza, 4, 4, 2; es Castellano ^e ella, 

5, 3, 1. 

J/flíw Díaz, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Mayor de Fonsecay(iy^) sobrina d^l Obispo de bur- 
gos, 2, 10, 4. 

MMicos^ G\idle% usaban los indios, 1, .10, 1^0. 

Miguel Pasamonte^ Tesorero de la isla Dspañpla, in- 
forman á favor de Velázquez, 2, 8, 2. 

Miguel de Jlguila^ encargado de la íSbrica de la par- 
roquial de la Habana, 6, 3, 5. 

Miguel de Barrios^ octava suya, alusiva á ^Ij^iinos pa- 
sajes de esta historia, 1, 4, 11. 

Miguel de Cuevas^ vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Minas^ denegfi^o.s los indios para su irábajo, 3, 2i 4; 
que no se pagase de ellos el 5^ sipo el diezmo, 3, 

6, 4; su explotación en Cuba, 5, 4, 11; resplucion 
contra Tesel, su asentista, 15. 

Misa, la primei-a que se dyo en Cuba, 1, 4, 7; asist;e á 

ella un jndio Cacique, 8. 
Moctezuma, regala a Narvaez, 2, 12, 7. 
Monedas, véase Gonzalo Pérez Ángulo. 
Monserrate, isla que descubre Colon, 1, 3, 7. 
Mujeres^ cautivas de indios, 2, 5, 4 y siguientes. 


N. 

^aeionesj procuran situarse en las Indias y lo hac^n 
en la isla Tortuga, 3, 7, 1 y siguientes. 

Naturales, los de Cuba se ocultan a ver las naves, y 
los castellanos, 1, 2, 3 y 4; lo que de sus pueblos, 

Tomo U. 69 


466 TEATRO CUBANO. 


casas y uso, informan Jerez y Torres, 7 y 8; to- 
ma Colon doce que lleva á España, 9; encarga el 
Rey que se envíen predicadores para su conver- 
cion, 2, 16, 4. 

Navegación, de las Indias, sus dificultades, 5, 1, 5 y si- 
guientes. 

Naufragio^ que padeció un barco en el cabo de San 
Antonio, 3, 1, 8. 

Negros^ su necesidad y provisión para la labor é inge- 
nios, 2, 14, 9; su levantamiento en la Española é 
introducción en las islas: allí los manda fíar el 
Rey para los ingenios, 2, 16, 7; permiso de en- 
trar 1,000 en Cuba, 3, 3, 6; nuevo asunto con los 
alemanes, 3, 4, 3: que se les instruya en la doc- 
trina cristiana, 4, 3, 5; no se les venda vino, ni 
traigan armas, 6, 1, 11. 

Nicolás Ovando, electo Gobernador de la Española y 
órdenes que se le dieron, 1, 5, i; llega á ella con 
su gente, 5. 

Nicolás Nicardo, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Nipe^ bahía de este nombre en Cuba, 1, 8, 6. 

Noé, noticia que del diluvio y de su embriaguez tuvie- 
ron los indios, 1, 10, 7. 

Novenos^ los del Rey en los diezmos, 2, 15, 10; hace 
el Rey gracia de ellos á la Iglesia de Cuba para 
su fábrica, 2, 16, 5. 

Kueva España^ porqué se llama así, 2, 9, 5. 

Nuevo Mundo^ su descubrimiento, 1, 1, 2 y siguientes; 
su partición entre España y Portugal, 1, 3, 6. 

Ntiñez^ (Ldo.) viene con las resultas del pleito de 
Cortés, 2, 16, 8. 

J^uño Tovar, depuesto por su casamiento, del afecto 
de Soto, 4, 2, 5. 


IGNACIO J. DE URRÜTIA. 467 


O. 


Ovando^ Comendador de la isla Española, manda re- 
conocer á Cuba, 1, 6, 1. 

Obispado de Cuba^ su institución, 2, 8, 4; su concesión 
en Baracoa, 5; su mutuacion á la villa de San- 
tiago y su creación, 2, 16, 4; se pretende que se 
haga Abadía por los pocos diezmos, 3, 6, 6. 

Obispo de Burgos^ se le informa a favor de Diego Ve- 
lázquez, 2, 10, 1; su deseo de casarlo con su so- 
brina y concesión que le hizo, 3 y siguientes; su 
recusación por Cortés, 2, 14, 2. 

Obispo de Cuba^ primero presentado Fr. Bernardino 
de Meza, quien no erijió la Catedral, 2, 8, 5, Fr. 
Julián Garcés, 2, 10, 3; Fr. Hernando ó Bernardo 
de Meza, 2, Í5, 1; Fr. Bernardino de Meza, 2, 1, 
5; erección de su Catedral por Fr. Juan de Whi- 
te allí, 4; Mándale el Rey que resida en su Obis- 
pado, 2, 1, 6; parece que lo hizo 3; Fr. Juan 
Flandes electo por renuncia de White y no viene, 
Fr. Miguel Ramirez (y no Fr. Juan Suarez) su- 
cesor de White, 3, 3, 1 : su salida á España y or- 
den Real para Cuba, 3, 4, 4; Fr. Diego de Sar- 
miento visita su Obispado y lo renuncia, 3, 7, 4; 
Fr. Hernando ó Bernardo de Meza llega a Cuba, 
3, 8, 5 y siguientes; es electo el Dr. D. Femando 
de Urango, 6, 3, 9. 

Origen de los indios^ decian los de Cuba ser del hijo 
maldito de Noé, 1, 10, 8. 

Oi^o y peíalas, los solicita Colon, 1, 2, 4; lo que infor- 
maron sobre él Jerez, Torres y los indios, 1, 2, 
9; le llama Hatuey Dios de los españoles, y lo 
obsequia, y lo hace arrojar al mar como algunos 


4^é . TEATRO CUBANO. 

filósofos, 1, 7, 4 y 5; su valor en Cuba, 6, 3, 3 y 
siguientes. 


P. 

Pájaros de canto y color, los que hay en Cuba, 1, 9, 9. 

Palabras que nó pasan dé los dientes se hacen miste- 
riosas, 1. 10, 10. 

Palomas, sus varias especies en Cuba, 1, 9, 7. 

Panfilo Á'arvatz, sus circunstancias y socorro que dio 
á Velázquez, quien le hace Capitán, 2, 2, 1; sale 
de Baracoa con treinta castellanos á reconocer 
ló' interior de Cuba y llega al Bayanio, 3; su des- 
cuido dá margen á. que los indios le aconietan, 4; 
recibe &e ellos una. pedrada y montando en la 
yegüá con un pretal de cascabeles, corre y los 
anúdenla, 5; perdona á los bayameses que se le 
húmiillan, 2,3, 11; sigue con socorro de gente y 
llega á Cueibá, 2, 4, 1; llega al Camagüey, 5, y 
si^úc descubriendo hasta la Habana, 5 por todo: 
Velázquez le manda seguir, 2, 6, 5; se hallaba en 
líí Corte, 2, 10, 4; su restitución á Cuba, 2, 12, 3; 
es electo para la expedición contra Cortés, 5; sa- 
le con la armada, 6; lo que le pasa con Cortés, 7 
hasta 10: resuelve el Consejo que ninguno proce- 
da contra Narvaez, 2, 13, 4; llega á la Corte, 2, 
14, 1; viene é. la conquista de Florida, 3, 3, 1: 
pasa por Trinidad, 2; tormenta, que sufrió alli, 
perdió un navio, 3 y siguientes: vienen los de- 
mas y aseguran Ibs navios en Jagua, 5; sale á. la 
expedición con aumento, 3, 4, 1; su éxito in- 
feliz, 2. 

PflraifO, llamaban los indios al maíz, 1, 2, 8. 


IGNACIO J. DE TJRRÜTIA. 469 

Pantoja, en Trinidad, 3, 3, 2. 
Papagayos^ abundantes en Carahate, 2, 5, 3. 
Papaya, fruta de Cuba, pare sin macho, 1, 9, S. 
Parada, (Ldo.) disuade á Velázquez, 2, 13, 8. 
Pan de cera, hallado en Cuba, 1, 2, 11; otro en la pro- 
vincia de la Habana, 2, 5, 10. 
Parras de Cuba, lo que decian los españoles de ellas, 

1, 9, 7. 

Parroquial de la Habana, su fábrica, €, 1, 9; aún no 
concluida en 1553, 6, 6, 2. 

Pedro de Ordaz, pasa de Cuba á Jamaica, 1, 6, 8. 

Pedro de Rentería, le da Velázquez re])arñmiento en 
Jagua, 2, 6, 3. 

Pedro de Jllbarado, Capitán de embarcación, % 9, 5; 
vuelve á informar á Velázquez contra Grijalba, 9; 
sü ida a Méjico, 2, 1 1, 7; pasa pot tierra á Cuba 
recojiendo gente y caballos, 9. 

Pedro Morón, encomendero de indios, 3, 5, 3; exami- 
na el Gobernador los indios de sa etfcomienda, 

o, o, 0« 

Pedro Mejias de Trillo, (Fray), comisionado sobre In- 
. dias, 3, 1, 3; lo que informa al Rey, 3, 2, 2; cesa 

en la comisión, 3, 3, 6. 
Pedro Jlndris, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 
Pedro Velázquez, electo Alcalde ordinario, 6, 2, 2; jún- 

tanse los Regidores en su casa, 6, 4, 3; uno de los 

vecinos de la Habana, 6, 7, 4. 
Pedro Blasco, Alcalde ordinario de la Habana, 6, 1, 7; 

diputado y ftel ejecutor, 6, 2, 7; Regidor, 6, 4, 1 

y 6, 2, 2. 
Pedro Sánchez, 2, 12, 7. 
Pedro Arias Dávila, Gobernador del Dañen, 2, 9, 1 

y 4, 2, 3. 

Pedro de Barba, Teniente Gobernador de la Habana, 

2, 10, 2; hospeda á Hernán Cortés, 2, 11, 10; re- 


470 TEATRO CUBANO. 


cibe orden de Velázquez para prender á Cortés, 
11: pasa á Méjico, 2, 13, 1: preso por Pedro Ca- 
ballero V remitido á Cortés, su heroicidad v 
muerte, 2. 

Pedro Jigustin Morel de Santa Cruz^ (limo.) su pen- 
samiento en cuanto á la historia de Cuba, 5, !• 1. 

Pedro Caballero, prende a Barba, 2, 13, 1; y á Mo- 
rejon, 2. 

Pedro Ribadeneira, intérprete de indios, 3, 5, 3, 

Pedro Calderón^ mandado por tierra á Ápalache, 4. 7, 
5; se le comunican las órdenes. 6: llega á Aute. 
4, 8, 1. • 

Penas grandes^ traen buenas consecuencias, 2, 1, 8. 

Peñalosa, Proveedor, 2, 9, 5. 

Perdices, abundantes en Jagua, 1, 6, 2. 

Perros particulares^ que no ladran yhalladosenCuba, 
1, 2, 3 y 8; y 1, 10, 11: donde los llamaban guani- 
quinages. 

Pesquisidores^ primero contra Colon, Juan de Agua- 
do, 1, 5, I: segundo, Francisco de Bobadilla, 3; 
Nicolás de Ovando, 4. 

Pez ó resina^ que se halla en la provincia de la Haba- 
na, 2, 5, 10. 

Peces^ abundancia de ellos y sus especies en las cos- 
tas de Cuba, 1, 4, 4 y 1, 8, 5; los que viven en 
agua dulce, 8. 

Piedras^ redondas como balas, que se dice haber en 
Cuba, es equivocación y donde las hay, 1, 9, 3; si 
se dan en Bayamo, 3, 4, 8. 

Pina de Cuba, reina de las frutas, 1, 9, 8. 

Plano^ sobre el que se va a operar se debe antes des- 
cubrir, 1, 7, 6. 

Plátano^ fruto provísimo de Cuba, 1, 9, 8. 
Portugal^ su Rey desprecia la pretensión de Colon so- 
bre descubrir las Indias, 1. 1, 6; Arriba Colon á 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 471 


él, 1, 3, 2; derechos sobre las Indias y de Es- 
paña, 6. 

PoiTüSj se amotinan contra Colon y éste los vence, 
1, 5, 5. 

PHmavera^ goza de dos Cuba, 1, 9, 4. 

Provincias en que tenian a Cuba divididas los indios, 
1, 10, 2. 

Pueblos de indios^ en Cuba, 1, 10, 3; y número de sus 
habitantes, 4. 

Puerto del Príncipe^ nombra Colon a una bahía de la 
Isla á que arriba, 1, 2, 10; y pone en ella una 
cruz, 11; hoy llamado Nue vitas, 1, 8, 6. 

Puertos de Cuba^ su noticia, 1, 8, 6. 


R. 


Ramírez^ (Ldo.) electo Arzobispo de Santo Do- 
mingo, 3, 3, 6. 

Real Hacienda^ que se hiciesen arcas de tres llaves 
para custodiar el caudal de la Real Hacienda, 3, 
6, 7; los Cabildos nombraban quien la adminis- 
trase donde no había, 6, 2, 9. 

Regalías, se reservan á S. M. como tales el oro, pla- 
ta, brasilete y metales, 1, 5, 2. 

Reinaldo Montesinos^ (Fray) comisionado sobre In- 
dias, 3, 1, 3. 

Religiosos Franciscos, vienen diez con el Comendador 
Ovando para fundar en la Española, 1,5, 5; en- 
carga el Rey se envien á Cuba para la conversión 
de sus naturales, 2, 16, 4. 

Religiosos Dominicos^ encarga el Rey se envien á Cu- 
ba para la conversión de sus naturales, 2, 16, 4 y 
les da una casa. 


472 TEATRO CUBANO- 


Revés^ pez que agarra fíiertemepte, I9 4, 4« 
Reyes y Repúblicas, á quienes ocurrió Colon en auxi- 
lio para el des<;i)^rimieoto del ]^He¥o Mun^o, 1, 

1, 6; los de España lo adoptan por inspiración, 7; 
lo auxilia la Católica ^D^ I^hel y capitiila solare 
el 4esciibi^fa|entp, 8; le recjlien.con mi^i^ifíQeii- 
cia a su primer retorno de Indias, 1, 3, 2; el de- 
recho qpe ^dqukren pcH* ^ descui)riniiento: re- 
conocimiento al Altísimo, 3; ocurren á la Sede 
Apostólica por confinnacion, 3; la obtiepen por 
la Bula Ínter cetera, 4; lo que respondieron á los 
descargos del Almirante, 1, 5, 2. 

Ríos, que nombró Colon S. Salyjaclor y .Luii^: vé^pse 
en estos nombres, el que Uamó de los Mares, 1, 

2, 4; es Baracoa, 6; arriba Colon á otro grande 
y hermoso y lo que vio en él, 11; los mayores 
de Cuba, 1, 8, 7; el de la Chorrera, su situación 
y agua, 5, 3, 5 y siguientes. 

Riquezas, arrqjadas por los indios y filósofos ppr los 
peligros que traen, 1, 7, 5. 

Roberto Baal, pirata francés que acomete |l U Haba- 
. na, 4, ,10, 3. 

Rodrigo de Jerez, destinado á reconocer la tierra de 
Cuba, 1, 2, 6; lo que vio é informó, 7, 8, 9. 

Rjodrigo Aiartin, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Rodrigo Rangel, 2, 11, 7. 

Rodingo Morejon, pasa, al Reino de Mqjicp cpp otro 
bajel de Velázquez, 2, 13, 2. 

Rodrigo de Paz, trae las noticias de la causa de Cor- 
tés y Velázquez, 2, 16, 8. 


Sabanas, llamaban m Cuba á la tler^.abierjUh I9 9, 2. 


IGNACIO J. DE ÜRRÜTIA. 473 

Sacrificios^ islas de este nombre, 2, 9, 8. 
Sagua^ dos ríos de este nombre en Cuba, 1, 6, 7. 
Sal^ es la mejor la de Guantánamo y punta de Hica^ 

eos, 1, 8, 9. 
San Cristóbal, descubre Colon la isla de ese nombre, 

1, 3, 7. 

San Salvador, llamó Colon primero á la isla Españo- 
la, 1, 7, 10; primer rio en que entró en Cuba, 1, 

2, 2. 

Sancho Pardo, bajio de su nombre, 1, 8, 3. 

Santiago de Cuba, figura de su puerto, 1, 8, 6; su si- 
tuación, 1, 9, 2, véase Cuba; su población por Ve- 
lázquez, 2, 6, 4; su adelanto á más de dos mil 
vecinos, 2, 10, 2; erección de Catedral en Cuba, 
2, 16, 3 y siguientes; le concede S. M. título de 
Ciudad, 1, 16, 6; si fué Capitanía General, 5, 1, 
3; la Habana es más provista que Santiago, 5, 2, 4. 

Sancti Spíritus, villa de Cuba, era la provincia de 
Caonao, 1, 10, 2; su población, 2, 6, 4. 

Sasa, rio que sirve de puerto á Sancti Spíritus, 1, 8, 7. 

Santa María, con cuanta razón se llamó así la Capi- 
tana que vino á descubrir las Indias, 1, 1, 8. 

Sebastian de Ocampo, reconoce y bojea la isla de Cu- 
ba, 1, 6, 1 y siguientes: arriba á Jagua y lo man- 
da buscar Velázquez, 1, 3, 8. 

Sebastian Rodríguez, sigue á Cortés, 2, 11, 10. 

Sisa de la Zanja, su origen, 5, 3, 7; con los anteriores y 
siguientes, véase Habana. 

Solorzano, (D. Juan) vindica la usurpación de Améri- 
. ca por Vespucio contra Colon, 1, 5, 3; su equivo- 
cación sobre piedras redondas de Cuba, 1, 9, 3. 

Suazo ó Zuazo, (el Ldo.J su navegación en busca de 
Garay, 2, 14, 5. 

San Francisco, un religioso de su orden acompañaba 
á Narvaez y le anima contra los bayameses, 2, 
Tomo II. 60 


474 . TEATRO CUBANO. 


2, 5; pide el Rey á su General licencia para que 
sus Religiosos pasen á Indias, 3, 3, 7. 

Santa Marta^ cayos de doce leguas, es saqueado de 
sus piratas, 4, 10, 1. 

San Nicolás^ puerto de la Española, en que estuvo Co- 
lon, 1, 4, 1. 


T. 


Tabasco^ rio, su descubrimiento, 2, 9, 6. 

Tihuron^ pez grande, 1, 4, 4. 

Talaberaj disgustado con Ojeda, 1, 6, 6. 

Temperamento benigno de. Cuba, 1, 9, 4. 

Tempestad, una en la costa de África, arroja de ella la 
nave que descubre las Indias^ 1, 1, 2. 

Tenedor de bienes de difuntos, nombraba el Cabildo, 
6, 2, 8. 

Teniente de Gobernador, Pedro de Barba, Teniente de 
la Habana, 2, 10, 2; Francisco Verdugo, Teniente 
de la Trinidad, allí, que el Gobernador no tuvie- 
se más que uno, y entrase en Cabildo, 3, 15; que 
no haya más que un Teniente ibidem. 

Terrenos de Cuba, sus serranías y llanuras, 1, 9, 2. 

Tesorero Real, Miguel de Pasamonte fué el primero 
que cuando Diego de Velázquez pasó a poblar á 
Cuba, trigo este encargo, 2, I, 4; Cristóbal de 
Cuellar, segundo Tesorero de Cuba, 1, 5, 11: 
2, 3, 9. 

Tiempo, en que se descubrieron las Indias llamadas 
Nuevo Mundo, 1, 1, 1- 

Tierra Jirme, la descubre Colon, 1, 5, 2. 

Tordecillas, convención que hicieron en ella los Reyes 


IGNACIO J. DE URRUTIA. 475 


Católicos y de Portugal, sobre división de las In- 
dias, 1, 3, 6. 

Tormenta^ que padece un bajel de Porcallo, 3, 3, 2 y 
siguientes. 

Tórrida zona^ su intemperie inquieta á la tripulación 
de Colon, 1, 1, 3. 

Tortugas^ grandes y muchas en la costa de Cuba, 1, 
4, 4; su tamaño y calidad, 1, 8, 5. 

Trigo^ no se coje en Cuba, 1, 9, 5. 

Trinidad^ su población y situación, 2, 6, 4; su Tenien- 
te de Gobernador Francisco Verdugo, 2, 10, 2^ 
arriban á ella navios mandados por Cortés, 3, 1, 
8; Tormenta que padeció, 3, 3, 2 y siguientes. 


V. 


Vasco Rodríguez, vecino de la Habana, 6, 7, 4. 

Vasco Porcallo^ poblador de San Juan de los Reme- 
dios, 2, 6, 8; pretende la conquista de Nueva Es- 
paña, 2, 11, 1; pero propuesto, Velázquezse ex- 
cusa, 1, 11, 3; ofrece a Narvaez proveerle su 
escuadra, 3, 3, 2; su calidad y presentación á So- 
to, 4, 2, 4; sigue la conquista de Florida de Te- 
niente general, 5; hace presentes á sus gentes y 
ejército, y lleva un excesivo tren a Florida, 4, 2, 
6; pasa á Florida, 4, 6, 2; Mátanle el caballo en 
Florida, 4, 7, 1; atollase y comienza a pensar en 
. su comodidad, 2; pide y obtiene licencia de reti- 
rarse, 3; hácelo a la Habana y se critica, 4. 

Veneno^ no lo tiene ninguno de los animales de Cu- 
ba, 1, 9, 10. 

Velosa^ (Bachiller) trajo la cana dulce de España, 
1, 9, 5. 


476 TEATRO CUBANO. 


Veycosi^ vino ó bebida que hacían los indios del agua 
de yuca, 1, 9, 5; su prohibición, 5, 3, 2. 

Villa de San Juan de los Remedios^ su poblador Vasco 
Porcallo, 4, 11, 4. 

Fino, no se coje de uva en Cuba, 1, 9, 5; derechos 
que habían de pagar sus pipas, 6, 4, 10. 


Y. 


Yerbas^ de los pastos de Cuba, 1, 9, 8. 

Yegua, la de Narvaez asombra a los indios, 2, 2, 3; 

se vale de ella con pretal de cascabeles para 

ausentarlos, 5. 
Yucatán^ lo que dista de Cuba, 1, 9, 8. 
Yumui% rio, 1, 8, 7. 


z. 

Zona^ todas cinco son habitables, 1, 1, 5. 




BARACOA. 


BARACOA. 


Anheloso el Almirante D. Cristóbal Colon, de re- DeMubrimiento. 
conocer los dírersos lugares de la tierra que costeaba, 
descubrió el 26 de Noviembre de 1492, & las orillas 
de un rio, un pintoresco puerto que denominó Santo. 
Situábase dicho puerto en la provincia indiana de Ba- 
racoa^ y el rió que en su ensenada desembocaba lla- 
mábanle los naturales Toa7\ Colon admiró entusias- 
mado dicho puerto, expresando: «que si á otros habia 
alabado á este alababa más.» Detúvose en él á repa- 
rar naves, á esperar los comisionados enviados á tier- 
ra, y seducido por la hermosura y grandiosidad del 
expléndido panorama que ante su vista se presentaba, 
y tomando un bote, reconoció las márjenes del puer- 
to y rio, manifestándole á los que le acompañaban 
erque para hacerte relación a los Reyes de las cosas 
que vian no bastaban mil lenguas á referillo ni su ma- 
no para lo escribir que le parecía que estaba encan- 
tado.» 

Así se consideraba el ilustre genovés en medio de 
una vegetación atlética y fastuosa, en que muchas ra- 
mas mecian sus hojas, abrian sus broches y cuajaban 
sus frutos en alturas que solo nubes alcanzan, vegeta- 


480 HISTORIA DE BARACOA. 

cion de caracteres, tipos y formas enteramente nue- 
vos á sus ojos; en que la altiva palma columpiaba su 
enroscado penacho, capitel de arqueado follaje, sobre 
la recta y bien proporcionada columna que artística- 
mente le sostiene; en el que las ramas de la hercúlea 
ceiba tan ó más extensas que su tronco, al dilatarse en 
horizontales lineas, parecían bendecir con sus abier- 
tos brazos la inmensa distancia que domina 6 la no 
menos corta zona que su proyectada sombra dibuja, 
en donde el útil cedro^ la luciente caoba^ el ébano^ la 
incorruptible Jttrfl^í/a y otras solicitadas maderas de 
construcción ó ebanistería, mostraban su coipulencia 
y eran tan abundantes como el césped de los prados, 
donde canoras aves con más ó menos coloreadas li- 
breas, entonaban armoniosas cantinelas, himnos de 
salutación y de tiernísimos adioses á los rayos de la 
aurora y á los crepúsculos de la tarde, -trinos y gorjeos 
que el aura y la misteriosa Eco repetían desde las er- 
guidas crestas de elevadas montañas, cuyos pies ser- 
peaban bulliciosas madejas de plata que ya lamian 
verdes y florecidas orillas 6 ya rodaban conchas de 
perlas, ó granos de oro y ópalo, en sus poéticas des- 
embocaduras. 

Reconocimiento Baracoa cstaba poblada cuando el Almirante llegó 
del Almirante. ^ ^jj^ ^ ^^^^ ^j puuto Y la comarca quc halló mejor 

asistida, revelando al propio tiempo mayor cultura y 
una civilización más adelantada. 

Al llegar las carabelas, notaron que algunos indios 
usaban penachos, y otros, plumas en sus cabezas, lle- 
vando dardos de diferentes clases, y teñidos sus cuer- 
pos y rostros de diversos colores, observando igual- 
mente que se le presentaban con aire marcial y acti- 
tud hostil, la que bien pronto cambiaron en generosa 
y hospitalaria, comprendida que fué la que traian los 
castellanos. 


HISTORIA DE BARACOA. 481 


Allí encontró y visitó el Almirante una hermosa ^^ ^^■•''' 
casa, edifício que encerraba, son sus frases, obras ma- 
ravillosas^ como cámaras hechas por una cierta mane- 
ra que no lo sabría decir y colgados al cielo de ellas 
caracoles y otras cosas^ lo que le hizo presumir que 
sería un templo consagrado á sus ídolos, ignorando 
que los pacíficos indios de Cuba solo adoraban á Dios 
de la manera que más tarde supo por boca del Caci- 
cique de Hatibonico. Bien pronto desechó Colon la 
idea de que pudiese ser un templo al ver la prodigali- 
dad con que le ofrecian cuanto ella contenia. Tam- 
bién hallaron un pan de cera amarilla, que ha motiva- 
do serias conjeturas por creerse que de la clase 
aludida no se producía en esta Isla. Los marineros 
refirieron haber visto una costilla conteniendo una 
cabeza humana, la que estaba colgada de un poste. 
Igualmente observó el Almirante conchas que le in- 
dujeron á creer la existencia de perlas y objetos de 
oro, que atestiguaban la abundancia de ese metal. 

Entre los diversos objetos que tanto el país como 
su industria presentaban á la contemplación de sus 
exploradores, los que más cautivaron su atención 
fíieron los avíos de pesca, y entre ellos las piraguas 
de que se servían, canoas, que rivalizaban en grandor 
y hermosura, guarecidas cuidadosamente de la intem- 
perie, las que estaban á flote y baradas, por medio 
de hábiles enramadas, que no solo interceptaban la 
acción del Sol, sino que impedían les penetrase al in- 
teríor el agua llovediza. Estas piraguas eran por lo 
regular de caoba, cedro ó ceiba, sorprendiéndoles su 
capacidad, pues las habia para un solo remero, hasta 
la mayor de 95 palmos de longura^ de un solo made- 
ro^ muy hermosa^ y que cabrían y navegarían ciento 
cincuenta personas. 

El Almirante se detuvo allí hasta el 4 de Diciem- ^^^ ^•^ ^' 
Tomo II. 61 


482 UIRTORU DE BARACOA. 


bre, en que prosiguió viaje en pos de nuevos descu- 
brimientos, conservando siempre un agradable re- 
cueitlo del puerto Santo que tanto le había entusias- 
mado. 
Mayor ooitnra Hemos dícho anteriormente que encontró allí ma- 
yor cultura, y en la necesidad de dar las pruebas, creo 
que bastarán/ en primer lugar, el gran número de 
terrenos labrados que encontrara, la clase de cultivo 
hallada, y más que todo, el haberse descubierto des- 
pués en aquella comarca un monumento, que á todas 
luces demuestra, no solo más conocimientos arquitec- 
tónicos, sino el de otros medios de construcción di- 
ferente á los usados generalmente en todas las otras 
provincias, y que como sabemos consistian en la pen- 
ca de guano para cobijar y la yagua para tabiques y 
puertas. £1 monumento á que nos venimos refirien- 
do se halló en la provincia de Maisí, perteneciente 
hoy y perteneciente entonces, á la jurisdicción de Ba- 
racoa, pues Bayatíquiri y Maisí le eran dependientes, y 
consiste en las ruinas de un gran edificio, revelado 
por los extensos cimientos de un gran cuadrilongo 
de 300 varas de frente por 100 de costados, los que 
por sus divisiones parecen ser restos de algún gran 
templo. 

Pudiera objetársenos que siendo la única obra ha- 
llada de mampostería, podría ser construcción de los 
primeros pobladores, mucho más, cuando por esa lo- 
calidad filé su entrada, pero a esto contestaremos, que 
conocidos los pasos de los primeros colonizadores, 
nada se dice de él, y mas que todo que las obras de 
barro fetiches^ grandes osamentas y otros objetos sa- 
cados de sus escavaciones, le dan un origen indiano. 

Cuba, á pesar de haber sido de les primeras des- 
cubiertas, no obtuvo de los es|>afioles la atendon que 
después recibiera, habiendo sido preciso que el Mo- 


HISTORIA DE BARACOA 483 


narca en severa y eDéijica disposición ordenara su re- 
conocimiento, sorprendiéndole que á pesar de ser la 
mayor (según decir) no estuviese aún bojeada ni po- 
blada- 
Consecuente con el mandato de que se da noticia 
en el pári*afo anterior, fué designado para emprender 
su colonización Diego Velázquez, desembarcando en 
el puerto de Palmas en Noviembre de 1511, con 300 
hombres, y eligid para fundar la primera villa, el 
puerto que en la costa N y en las desembocaduras del 
Tbar, Miel y Macaguanigua, había sido tan elogiado 
por el Almirante. 

No pueden esconderse las poderosas razones que ?*«»^í^«« ^* í* 
eu esa época le inducirían a esta elección, siendo las 
más principales, la necesidad de una población marí- 
tima y que estuviese próxima á la Española, residen- 
cia del Comendador y único órgano en aquella fecha 
para comunicarse con la nación y recibirse las cosas 
de Indias. 

Señalado el punto, la denominó con el título de la i>enommBoioii. 
Jlsuncion^ él que á pesar de sus deseos no pudo 
perpetuarle por haber prevalecido el de Baracoa, 
nombre de la provincia indiana en que se erigiera. 

Fijada en Baracoa la residencia de Velázquez y de Prímeros «difi. 
los colonizadores, uno de sus primeros cuidados fué ^*^" 
levantar un castillejo, que artilló con unos pedreros 
en sus troneras y del que le nombró el Rey su Cas- 
tellano con 200,000 maravedises anuales. Hoy se 
ignora el punto donde estuvo situado, sabiéndose 
únicamente que cuando se trasladó el Gobierno, fué 
transformado en vivienda. 

Habituado Velázquez en esta clase de empresas, j^«'^j«»^«ve- 

experiencia adquirida en las fundaciones de Satoa- **^"*'' 
tierra de la Sabana^ Yaquino^ S. Juan de la Maguaría 
y Azua^ en la Isla Española, fácil le fue realizar la de 


484 HISTORIA DE BARACOA. 

Baracoa dotándola en el ramo de guerra^ con la for- 
taleza de qne hemos hecho mención, en el de gober- 
nación^ con un Ayuntamiento, que tiene por esto el 
honor de ser el más antiguo de la Isla y en cuyo seno 
depositó la justicia civil y ordinaria, en el de cultos^ 
con una pequeña iglesia que á los seis años (1518) se 
elevó á Catedral, y en el de fomento^ estableciendo 
fundición de granos de oro y repartiendo terrenos y 
encomiendas de indios. 

EnaomUadM. j^ reslstcucia y hostilidad que encontró en el Ca- 
cique Hatuey y sus afiliados le proporcionó prisione- 
ros, tomando también en este concepto á los pacíficos 
de Maisí y Bayatiquirl, los que distribuyó en enco- 
miendas entre los primitivos pobladores; mas habien- 
do tenido los afectos mayor influjo en estos repartos, 
que la justicia y aún la equidad, dio origen á multi- 
tud de descontentos y resentimientos de los que bien 
pronto tendremos que ocuparnos. 

Progrtfof di Baracoa no podia menos que adelantar encerran- 

^^*^ ' do en su seno una población acostumbrada al traba- 
jo, sedienta de medrar y dispuesta á ese fin, así es 
que bien pronto se levantaron casas, se acotaron 
tiendas, y las crianzas y las labranzas obtenidas fueron 
abundantes y en aumento. 
Hononi. Dcscoso el Monarca de honrar la primera pobla- 
ción establecida en Cuba y de crear un foco de luz 
evangélica, que al mismo tiempo esparciese sus rayos 
civilizadores, le otorgó en primer lugar el titulo de 
ciudad y logró de la Santidad de León X, que se eri- 
giese una Catedral, cuyo Obispado haría sufragáneo 
del de Sto. Domingo. 

CftoiM dt Btt Cuna Baracoa del poder civil, militar y eclesiásti- 
myor dewro- ^ preludiaban para ella no lejanos dias de apogeos, y 

asi también se lo auguraban las repetidas emigracio- 
nes que recibía tanto de la Española como de Jamai- 


HISTORIA DE BARACOA. 485 

■ ' ■ ■ . ■ . ■ I , !■. *■ J. j 1 J , , . -■ ■■ * V. - 

I 

ca, emigracioneB que estableciéndose allí, aumentaban 
su producción, favorecían su engrandecimiento y 
atraían á nuevos aventureros, alucinados con las ven- 
tajas que Cuba brindaba, ventajas en realidad de ver- 
dad no dudosas, y de las que Baracoa como capital 
era la primera en utilizar. Entre estas emigraciones 
la historia recuerda la de Panfilo Narvaez, con 30 fle- 
cheros, saliendo después al reconocimiento del Baya- 
mo, donde comenzaron para este poco afortunado 
Capitán la serie de desgracias que siempre le acom- 
pañaron en todas sus empresas. 

La parcialidad de Velázquez, de la que hemos da- ?««•«>• die- 

, \. ... ^ • % 1 . t turbios en Ba- 

do una ligera noticia, protegiendo en el reparto de en- raooa. 
comienda más a sus deudos y á sus afectos, que á 
los méritos, aptitudes y posibilidades de los solicitan- 
tes, le atrajo no pocas enemistades, entre ellas, la de 
Morales á quien remitió preso á España, y en virtud 
de ellas, principió a darse á conocer el carácter re- 
suelto y decidido de Hernán Cortés, carácter, que le 
sirvió de base para inmortalizar su nombre en la glo- 
riosa jornada de la conquista de Méjico. 

Avecindado Cortés en Baracoa y hacendado de 
ella, se ofreció á ser el portador de las quejas de los 
vecinos, brindándose á correr el riesgo de salir furti- 
vamente y de llevar los documentos á los Jueces de 
apelación, corriendo igualmente el inmenso peligro 
de atravesar en una canoa el mar que media desde 
esta costa á la Española. 

Por este ofrecimiento pudo haber sido Baracoa la 
tumba del inmortal Cortés, porque descubierto su 
proyecto, lo condenó el Adelantado, á ser ahorcado, 
ejecución que no se llevó á efecto por las súplicas y 
ruegos de la amistad. Afortunadamente, en lugar de 
haberle tocado este infortunio, recibió de él los votos 
de ventura, que en dulce himeneo, ofreció á D* Cata- 


486 HISTORIA DE BARACOA. 

lina Suarez, cuyas bodas y epitalamios se celebraron 
y cantaron en esta ciudad. 
Deoa4«DOf». ^q satísfecfao Vclázquez de los adelantos que rea- 
lizaba en la Isla de Cuba, en la que ya habia fundado 
& Santiago de Cuha^ á S. Salvador del Bayamo^ Santí- 
sima Trinidad^ Sancti-Spíritus, Sta. María de Puerto- 
Príncipe y S. Cristóbal de la Habana, en alas de una 
ambición desmedida, la que en las horas de las con- 
trariedades le abrió las puertas de su sepulcro, anheló 
extender más su influencia y dominios, emprendiendo 
nuevas conquistas. Para poderlas llevar á efecto, hi- 
rió de muerte á la poblada Baracoa, arrebatándole en 
instantes sus justificadas aspiraciones de mayor pro- 
greso, su prestigio de capital, y reduciéndola en 
fin, y tal vez para siempre, á que la primera ciu- 
dad en el orden cronológico, fijese la última en el 
gerárquico. 
cwiMi de if Más conocidos los mares del S- los creyó Veláz- 
oobienio. qucz mcjores para la realización de sus empre- 
sas, y con tal fin determinó pasar el Grobierno á la 
villa de Santiago de Cuba, de antemano fundada, 
(1514) en la que halló la proximidad que le convenía 
a la Española, ser también población marítima y su 
mejor situación por hallarse al S. Animábale tam- 
bién á abandonar la ciudad, los desagradables recuer- 
dos que ella le ofrecia, goces, placeres é ilusiones per- 
didas por haber fallecido en ella su mujer, arrancán- 
dosela la muerte tan repentinamente que bien pudié- 
ramos decir imitando otros historiadores, que casi al 
mismo tiempo que se despojaba de las galas nupciales; 
fué al sétimo día de su matrimonio. 

Despobtoeion. La traslacíon del Gobierno á Santiago de Cuba, co- 
mo natural consecuencia, hizo que tras él se marchase 
casi todo el vecindario, quedando reducido el de Bara- 
coa á solo 50 personas, que no arrastró también, porque 


HISTORIA DE BARACOA. 487 

■ ' ■ 

las atenciones de sus haciendas y crianzas se lo impi- 
dieron. 

Al antiguo y orgulloso Castellano de Baracoa, ya Jjjjl^*^" ^•^ 
Adelantado de la isla de Cuba, no le pareció bien que 
donde el residiera no estuviese también el Obispado, 
y á pesar de estar erigida la Catedral y Cabildo en 
Baracoa, influyó con el Obispo electo, aunque no po- 
sesionado, para que su mitra radicase en Santiago, 
mereciendo que Adriano VI por Bula de 28 de Abril 
de 1522 autorizase dicho traslado, cuya ejecución se 
llevó ¿ efecto el 8 de Mai*zo y se copia en la página 
251 de este tomo. 

Algo difícil, si no imposible, es continuar la histo- DifioniudM en 
ria de Baracoa porque su abandono llegó á tal extre- Jif*^ ^* ^^"*" 
mo que ni siquiera su nombre se ve figurar en las re- 
laciones de Indias, y que el P. Fi\ Bartolomé de las 
Casas pidiese su demolición en 1520, demandada por 
8i)s continuas sublevaciones de indios, y por nó haber 
sacerdote que quisiese ir por la poca renta que pro- 
ducía. £1 año de 1530 se hizo notable por el núme- 
ro de tumultos. Retirados sus más ricos y numero- 
sos pobladores se sirvieron de ellas los piratas y cor- 
sarios como punto de refugio y de depósito de sus 
presas. La débil población comprendió la imposibi- - 
lidad de luchar con sus invasores, y con esta certi- 
dumbre se limitaban á huir á los montes y bosques 
en cuanto aparecían, para volverla á ocupar restau- 
rándola en cuanto se ausentaban: roas no pudiendo 
continuar así y no esperando tampoco protección que 
los libertara de tan repetidos insultos, pactaron amis- 
tad con los piratas; y el puerto de Baracoa, el de la 
primera ciudad española de Cuba, se transformó en 
una guarida, en una escuela y en un bazar de contra- 
bandistas y piratas. 

£n 1602 (dice Pezuela en su Diccionario Geográ- 


•• 


488 HISTORIA DE BARACOA. 

fíco é Histórico): cccuando el Maestre de Campo :D. 
Pedro Valdés venia de España al gobierno de la Ha* 
baña dando en su rumbo caza á los corsarios, habien- 
do aportado á Barecoa, fué allí cumplimentado por 
el P. Carmelita y Vicario Fr. Alonso de Guzman uno 
de los mayores rescatadores^ con herejes y enemigos 
que habia en todas las Indias^ según se expresa el mis- 
mo Yaldés.D £1 afio de 1652 tuvo lugar una invasión 
y perseguidos los habitantes hasta los montes, donde 
se refugiaron, los invasores mientras tanto robaron 
toda la población incluso los vasos sagrados. 

Consta también que el afio de 1683, fué desterra- 
dp a esta ciudad el Gobernador de Santiago de Cuba 
D. Gil de Correoso, localidad que se le designó para 
más angustiarle su vida, pues amante de los goces y 
placeres, no era Baracoa la que pudiera proporcionár- 
selos. Se cuenta que era tan jovial y tan burlón que 
asistiendo á una loa de pésimos cómicos á que coo- 
curria mucha gente, mandó hacer la señal de enemi- 
gos para disipar la reunión. 

Viviendo Baracoa del contrabando, lo que no era 
de extrañarse, pues otro tanto pasaba en el Bayamo 
y en Santiago de Cuba, sufría visitas de investigación, 
pero bien por avisadas, por cohechos 6 por eludicion 
de los comprometidos, el caso era que en cuanto se 
ausentaban los investigadores, volvían a continuar sus 
contrabandos, sin que el Gobierno tuviese fuerza mo- 
ral ni material con que impedirlo. 

La ruptura de relaciones entre España é Inglater- 
ra, y el temor de insultos por aquella localidad, le hi- 
zo comprender al Capitán General Guemes Hor^^asi- 
tas, no solo la necesidad de ponerla en pié de defensa, 
sino la importancia militar de esa población, para lo 
cu^lf}eteripini(5. construir un reducto sobre la eminen- 
cia más cercana á lo poblado: temeroso también el 


HISTORIA DE BARACOA. 489 


Grobemador de Santiago de Cuba de un asalto por 
allí, auxilió los trabajos de fortificación y envió en 
Junio de 1742, seis Compañías del regimiento de Alman- 
sa, recien llegado, las que se replegaron sobre Santia- 
go en Cuba, desi)ues que tres navios guipuzcoanos 
batieron en sus aguas á otros tres navios ingleses, que 
preparaban una sorpresa á la población. 

Felizmente después de este suceso nada sufrió, li- 
bertándose igualmente de las hostilidades de 1762, 
1779, 1783, 1794 y 1804. 

Los desgraciados acontecimientos de Santo Do- ^^•^^ <*• p«- 
mmgo, favorables fueron a su progreso, porque hu- uto. 
yendo de sus desastres la mayor parte de la población 
blanca, laboriosa y acomodada del Mole de San Ni- 
colás y de otros puntos, se refugiaron allí y en sus 
partidos, introduciendo mejoras en el cultivo de mul- 
titud de productos, principalmente en los del jenjibre^ 
añil^ vainiüa^ tabaco y en el del cafe^ que alcanzaron 
poco después una estimación y desaiTollo extraor- 
dinario. 

En este período sirvió su puerto de amparo, abri- 
go y mercado á los corsarios españoles y franceses, 
que vendían allí sus presas: y fué visitada por el Viz- 
conde de Noailles y 700 hombres del cuerpo del ejér- 
cito de Leclerc, que el Gobernador alojó á distancia, 
partiendo por tierra á unirse con el acampado en 
Santiago de Cuba, en el cayo Smith. 

^^Bablendo los ingeses de Providencia que existia 
en Baracoa en 1807 algún depósito de presas, resol- 
vieron sorprenderla; pero no reservaron su proyecto 
lo bastante para que no lo descubriese á tiempo don 
Prudencio Sotomayor, rico emigrado de Santo Do- 
mii^o en Santiago, y se lo comunicara sin demora al 
gobernador Don Sebastian de Kindelan, que se lo hizo 
saber precipitadamente al Comandante de armas de 

Tomo U. 62 


4ÍI0 fflSTO^TA DE Baracoa 


Baraeoau doa Jo$)é RepQado. E^te reeibió el ariao el 
27 de júVio de lá07. horas antes de qae se prescotaseii 
á la TKita on nario iie áSd. una fra^tta j ua jabeque. 
Tomaron al momefito b» amiaá 20 hombres del re- 
gimiento de la Habana. 60 mílieiano» t 80 emigrados 
franeeiie$iL mientras la maror parte del recindario eor- 
ría á eritar el fiíei^ en 1» altnras de •Iftamiru. Pero 
basta la maAana del 20 no desembarcó fuerza enemi- 
ga, j MÁo 100 hombres del jabeque saltaron a la ¡riaja 
de Miel á la derecha de la poUacion. Allí fonnaron 
en batalla y se encaminaron hacia el caserío, pero 
lentamente, y como esperando refuerzos del naiio. 
Hobre él dirígian sus fuegos las baterías de tierra con 
bastante acierto^ y le obligaron á retirarse sin que 
consiguiese desembarcar ninguna gente. Repilado. 
desde la misma entrada de la población dirigió á los 
desembarcados úo Tiro fuego de fusilería que resistie- 
ron y contestaron los inTasores con bravura. Pero 
riéndose i^in el apoyo de los buquesque se separaban 
de la costa, y amenazados por una fíierza que reunía 
la ventaja de la posición á la del número, rindieron 
las armas después de una pérdida de 13 muertos y 20 
heridos, sin que pereciese más que uno solo de los de 
Repilado, que pelearon abrigados por árboles y tapias/' 
Va\ esta jornada se distinguió un hábil artillero nom- 
brado Bimon Bevet, que por sus certeros fuegos apa- 
gó los del navio Chischester y pudo que el Goberna- 
dor apresase al Capitán Gitegerald que los comandaba. 
Las hostilidades con Francia el año de 1812, obli- 
gó á que los emigrados franceses se les mandase re- 
tirar, pero Armada la paz el año de 1814, volvieron 
á sus antiguas posesiones. 

tt!?''" **• Confina al O. con la de Guantánamo, al E. con el 

paso de MaisI y al N. y 8. con el Occéano Atlán- 
tico. 


HISTORIA DE BARACOA. 491 


De E. á O. desde la punta de Maisí hasta los BxtentioD. 
términos de la hacienda de Toar, jurisdicción de Cu- 
ba, mide 21 leguas provinciales y unas 19 en su ma- 
yor anchura, desde las desembocaduras de Cabanas 
costa N. V el Sabanalamar al S.. midiendo un total 
de 210 leguas. 

Su territorio es el más elevado de la Isla, lleno de Alípedo. 
terrenos áridos y fértiles, de escabrosas sierras, altos 
montes é inaccesibles puntos, habiendo multitud de 
localidades en que aún no han pisado plantas hu- 
manas. 

Pertenecen al grupo Sagua Baracoa: las principa- Momaflie. 
les son las cuchillas de Toa y Baracoa^ el notable 
cerro del Yunque a 1,000 varas de altura, y en cuya 
cúspide se observa una profundidad en forma de crá- 
ter, que le haría considerar como un volcan apagado 
si su terreno no lo desmintiera, y las de Frijol^ Imias, 
Moa^ Cupey^ Maya y otros. 

La costa N. principia en el frontón de Maisi^ pro- ^''¿'^■j; v^^no% 
visto de un faro sobre la punta Hembra^ y como á 50 ^ 
brazas tierra adentro, está situada la torre de luz fija 
de color natural, elevada 39 metros sobre el nivel del 
mar y alcance de 15 millas. Los costeros conocen 
esta punta con el nombre de Canto del Pintado^ sigue 
después la de Guanal y'prosiguiendo se notan las de 
los Salados^ Hicaco, Mangle^ la desembocadura del 
rio Maisí el que tiene á tres cables . de la playa un 
manantial que proporciona aguada, y demora dos mi- 
llas al N. 7" O. 

A más se ven las puntas Azules^ de los Puertos de 
la Rasita^ de Bagá del Fraile^ y el elevado paredón 
del Guanal^ que entra directamente en la Aiar sin te- 
ner costa baja al pié, y la desembocadura del Yumurí. 

La parte de costa comprendida desde Bagá á la 
del Silencio^ es muy limpia, no encontrándose fondo 


493 HISTORIA DE BARACOA. 


con 100 brazas á 05 milla de la costa, en este espacio 
dá buena aguada el río Yumurí. 

A los puntos ya indicados agriaremos Piedra 
redonda^ río Rarigüita y el puerto Mata^ de fácil entra- 
da en tiempo de brísas: su establecimiento es de 6^ 
49™' y la diferencia de marea de la zizigias de 2 pies 
9 pulgadas. Puerto Bona^ constituido por la desem- 
bocadura del río de su nombre, punta Majana^ fondea- 
dero de playa Miel, formando la punta de Doña Dolo- 
res^ Estevez y Matahamhre; puerto Sigua^ observándo- 
se las puntas de Camello^ de la Cabeza^ del Cerro y de 
Duaba que recibe al río que le dá nombre, aunque en 
tiempo de lluvias abre boca por el Jibaracon^ y playa 
Toar^ á la desembocadura de este río. 

A más citaremos los puertos Maravi^ Jiguacate^ 
Cueva^ con su caserío del Güin, ensenada de Bay^ ba- 
hía de Naguarague^ puerto Navas^ Cayaguateque, 
Mapurusi^ Taco^ Jaragua^ (punto en que Uegó Garay 
cuando pensó conquistar á Panuco), punta de Chiarico 
y el de Moa. 

Al S: punta Negra^ de la Caleta^ conocido también 
por cueva del rio Jauco, Ovando surgidero del Jofó en 
cuya playa está una piedra fuera del agua conocida 
con el nombre del Sombrero^ punta Imia^ su sui^de- 
ro y playa, y punta Yacabo y Ocoa. 

El total de esta costa mide 25 leguas. 
ríos. Los más príncipales son el Tbar, con una corrien- 
te del O. á £. El Moa^ con una dirección de S. á £. 
El Sabanalamar^ que desemboca en la costa S. limi- 
tes jurisdiccionales con Guantánaino, ademas al N. el 
Cabanas^ Gupey, Yamaniguey^ YumuH y Maiííj y al 
S. Jauco^ Salado, Imias, Yacabo, Macamba y Maya^ 
y en el puerto el Miel y el Macaguanigua. 
prodvodones. jjn el rciuo zoológico: cl dc cerdos, bien esti- 
mados por su carne, el vacuno, de que se sirven como 


HISTO&IA DE BARACOA.. 493 

caballeria para algunas escursiones, y es muy proba- 
ble que entre las breñas y lugares incultos, y aún no 
visitados, se encutren ejemplares de los mamíferos 
que describierota los descubridores y cuyas especies se 
creen perdidas: foméntase también el ganado caballar 
y lanar y en aves, reptiles, insectos y crustáceos, los 
propios de esta fauna que seria prolijo repetir. 

Inmensos pinares, excelentes maderas de construc- vegeuiee. 
cion y ebanistería (cuyos ébanos mereció especial 
mención del Cronista Herrera,) las que se hacen secu- 
lares por la dificultad de extraerlos. Obsérvanse tam- 
bién multitud de incorruptibles jaraguas, extensísimos 
cocales, base de una industria (estraccion y refinación 
de su aceite, conocido con el nombre de manteca de 
coco), grandes naranjales y platanales que se exportan 
sus frutos, como igualmente los cocos^ que se reputan 
como los mayores y mejores de la Isla: inútil es decir, 
que se encuentran todas las especies de la Flora cu- 
bana. 

Poco podremos decir que no sea en el terreno Minerales. 
conjetural, en razón de no estar bien estudiado su sue- 
lo, con todo, se han hecho registros de cobre, hullas, 
mármoles, betunes, y el establecimiento de una fun- 
dición hecha por Velázquez, indica que encontraron 
granos de oro. En las bocas del rio Miel se han cojido 
hermosos ópalos, y D.José M^ de la Torre, uno de nues- 
tros más inteligentes geógrafos é historiadores, poseia 
un bellísimo ejemplar ¿/d/zo6/^, cojido en diclio rio, que 
media 2 centímetros de largo por Ü de diámetro, sien- 
do de clase superior: también nuestro sabio maestro 
Poey el Decano de la Facultad de Ciencias y de los 
naturalistas españoles, indica en su tratado de Minera- 
logía la existencia de este cuai-zo en dicha localidad. 

En todos los diversos partidos de esta jurisdicción cawnas. 
se observan en mayor ó menor número, debiéndose 


494 HISTORIA. DIC BARACOA. 

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señalar como la más digna de visitarse, una del parti- 
do de Maisí, por los objetos que en ella se descubren, 
restos al parecer de artefactos y utensilios de la pri- 
mitiva raza que por allí habitara, y que tal vez en sus 
antros viviera; las hay, dice Pezuela, «tan vastas y ex- 
tienden sus galerías con tanta simetría, que podrían 
tomarse por palacios subterráneos, las que en muchas 
épocas han servido de palenque y refugio de prófugos 
y malhechores;» otro de los accidentes naturales que 
se presentan en esta jurisdicción, es el grotesco y pro- 
longado túnel, donde después de recojer algunos 
anuentes el Moa^ reaparece á las 3 leguas, más cauda- 
loso y rápido, formando una cascada en el punto co- 
nocido con el nombre del Saltadero. 

Partidos. A.ntes poseia 14, llamados Duaba^ á 2 leguas de 
Baracoa; Mnya^ cuyo puerto era Mata, á 14 leguas; 
Jauco^ con su surgidero; Caguabe^ á 5 leguas de la ca- 
becera; Mabujabo^ á una legua de Boma y dos y me- 
dia de Mata; Cabacú^ á 2 leguas de Baracoa; Güinia- 
do^ t una legua de la capital; San Salvador^ á un 
cuarto de legua del puerto Maraví; Mata^ á media le- 
gua del puerto de su nombre; Santa Cruz^ á 2 leguas 
de Boma y Mata; Jaimayabon^ á 3 leguas de la ciudad; 
Cupeu^ á 200 varas del puerto Navas y del de Yagua- 
neque; Jq/ó, cerca de la desembocadura del rio de su 
nombre, aunque se vale del embarcadero de Batiqui- 
rí á 6 leguas; Imias^ que también se vale del anterior 
desembarcadero. 
FinoM. Ei^ ig39 (Memorias de la Real Sociedad, tomo 8, 
pág. 62) tenia 8 ingenios, 41 cafetales, 170 haciendas 
de crianza, 321 sitios de labor; y en 1861 (Pezuela) 
7 ingenios, 20 cafetales, 20 potreros, 348 sitios de la- 
bor y 12 vegas; de lo que resulta un total de 540 en 
1839 y 407 en 1861. 

Fébiwion. Véase al final. 


HISTORIA DE BARACOA. 495 


Situada en la costa N. de la Isla al extremo seten- ^»"^*^ ^® Ba 
trional, á los 20, 20' 50" de latitud y á los 68, T 15" "'"' 
de longitud de Cádiz. 

Fué como hemos dicho el primer poblado que es- Fundación. 
tablecieron los españoles, debiéndose su creación á 
Diego Velázquez, auxiliado de Manuel de Rojas, Vas- 
co Porcallo, Andrés Duero, Francisco Morales, Her- 
nán Cortés y otros: y se creó Tenencia de Gobierno 
el afto de 1760. 

La figura de la ciudad es larga y estrecha, sin que Aspecto. 
por la parte de tierra se vea horizonte; sus calles son 
paralelas de cerca de 1,500 varas de largo, cruzadas 
sin orden ni igualdad de distancia por unas 12 ó más, 
de las que algunas no llegan á 100 metros de ex- 
tensión. 

Las principales son las de Mercaderes y la Real, caius. 
Está la ciudad 12 pies sobre el nivel del mar: con to- 
do, en el huracán que sufrió el 13 de Setiembre de 
1821 éste invadió la población y se llevó muchas 
casas. 

Las brisas refrescan su ambiente, aunque se notan Temperatura. 
tan marcadas oscilaciones en la columna termométri- 
ca, que se hacen sensibles esas variaciones: pero á 
pesar de esto se registran casos de longevidad: su 
temperatura media es de 76 de F. 

Posee algunas plazas, pero las mejores son las de piaxaa. 
la Carnicería y de la Iglesia. 

Está dividida en 5 barrios: Cocal^ que podrá po- Barrios. 
seer unas 70 casas, el de la Punta^ con 160, el de Ma- 
tachín^ con 110, el de Cuartel francés^ separado al O. 
y fomentado por la emigración dominicana, con 80, y 
el de la Iglesia que es el más numeroso con unas 
220. 

Los principales son sus tres cuarteles y el hospital Edificios. 
militar, formado por dos casas contiguas, la mayor 


4d6 Hr9T<nuA Dft bjuucoa. 



piarfi^ ríe la?í vÍTÍerntasi «on de 

maehñíK eii bíertd» con t^mmaní j no poca» de 

ii(4inHfMft<t. R^fü ppot^^adofi la hacen maadubre la» nnfiropn- 
mente Hamadaí^ laj^na^ que tiene en su cáseo j que 
verdaderamente non pantanos, tales como la del tíar- 
rio def Cocal^ de la l^es^ia. de Qaintero r de D. Qni- 
rU'.0i nu de<i96ca^nr>n sería un prorechoso medio de me- 
joramiento hí^ériíco. que haría desaparecer las fid>res 
palfideas tan frecuentes allí. 

r^vfff^iwirt^í» Kl cd«itíÍlo de Baracoa ó Santa Bárbara, que se ele- 
ira ít*Z vara» sobre el nÍTel del mar j dista unas 100 
de la eiudail5 el prímítÍTo se desmoronó por haberse 
derruido la eonfa en que se levantó: la iKiteria de la 
Vuuiu^ de fluirá semicircular, cerrado por la gola con 
Ufi tamlior y uii muro aspillerado, está situado al ex- 
tremo NO. de la población y sobre 8 varas del nivel 
del mar: y la l)ateria de Matachín ó Puerta de tierra 
que se estableció en 1801 y se reformó después, junto 
(í lii extremidad H. K., «esta batería es muy insdubre 
por loH bt\jioH 6 cí^inaKas inmediatas.» — (Pifia, Topo- 
Kntllíii). 

AguK t)oifttit9. Ho la proporciona el Parada, afluente del Miel y 

el MucnKHuniKua. 
iiiiMntiti. Ki,4 renUlencia del Teniente Gobernador de la juris- 
dleel(Hu y en ella bay establecidas Comandancias de 
Artillería e Ingenieros, como igualmente Administra- 
eiones de rentas terrestres y marítimas, Juntas de Sa- 
nidad (' instrueeion publica, Subdelegaciones de Me- 
dleina y Kurnuieia. Uepende del Gobierno del Depar- 
tamento Oriental. 
Nírwh^iiHiuwiw. ^)\ ^^u|^ iiiitiji^iio de la Isla y se compone de un Al- 
calde, í IVnientes de Alcalde, 10 Regidores y un Mu- 
dlctK tH>n las otloinas de Secretaría y Contaduría. 

.u!)tl»^K^r^^^ Ha} ^^^^ ^^^^^ ^^ primera instancia de la categoiia 


HISTORIA DE BARACOA. 49? 

de ingreso, un Promotor ñscal y dos Escribanías, crea- 
dos los primeros en virtud de la Real cédula de 30 de 
Enero de 1855. 

Hay dos escuelas municipales para varones y hem- imituccíoil 
bras y un colero privado. 

La iglesia parroquial es de mediana arquitectura templos. 
pero decentemente servida, ha sido destruida tres ve- 
ces por los frecuentes huracanes y en 1833 por una • 
descarga eléctrica; hay además una ermita al lado del 
Cementerio. El Cura es de término y Vicario forá- 
neo de la jurisdicción, en la que hay otras dos par- 
roquias. 

Se abre á Sotavento entre dos puntas de piedra. Puerto. 
dejando un espacio de 350 varas, ensanchando al inte- 
rior, circuido de un bajo de arena y guarecido de los 
vientos del segundo y tercer cuadrante, pero muy 
desabrigado del primero por la forma de concha que 
tiene: de 6 cables de extensión de NO. á SE., y de 3 
de NE. á SO., pero como toda la costa despide pla- 
cer queda reducida la capacidad á 4 cables, en la pri- 
mera dirección y á 2 en la segunda. Como á 18 brazas 
al NO. de la punta interior de la entrada, hay una pie- 
dra aislada que vela en bajamar, llamada el Burén y 
que es el único peligro de él. 

Para tomar puerto se promediará á la boca y se Derrotero. 
irá metiendo poco á poco al S. á pasar 0,5 cable de 
la punta de barlovento, en lo que se dará resguardo 
del Burén y se navegará sobre 9 á 11 brazas. Al te- 
ner enfilado el Burén con dicha punta inferior de bar- 
lovento se gobernará al S. 15"" O., hasta que ángulo 
NO. del fuerte de la Punta demore al N. 60^ E. punto 
en que se dará fondo y que se llama la Poza. Para 
más detalles y noticias, puede consultarse el Derrote- 
ro de las Antillas, del que hemos tomado los datos 
marítimos que consignamos. 

Tomo II. 63 


498 


HISTORIA DE BARACOA. 


Comercio. 


Poblfteion. 


Aceite de coco, cera, tabaco, café, frutas y made- 
ras, y en otros tiempos añil y jenjibre: el azúcar que 
produce la comarca se consume en ella. Para dar 
una ligera idea de las oscilaciones porque pasa es- 
te mercado bastará indicar que ha tenido años de 
producir las importaciones $ 90,188 (1852) mientras 
que por el mismo concepto el de (1857) solo se obtu- 
vo $ 6,461. Otro tanto ha pasado en el de exporta- 
ción, pues arrojando el de 1842 un producto de pesos 
116,273, al otro afio (43) solo rindió $ 77,373, habien- 
do habido algunos como el de 1857 en que no llegó 
más que á $17,336. 

El censo de 1744 le daba a esta ciudad 2,222 ha- 
bitantes: el de 1792 subió á 2,376: en 1827 se le con- 
taron 2,790 en esta forma: 921 blancos, 1,211 libres y 
658 esclavos. En 1846 la población no llegaba á 
2,000: la estadística de 1858 le asignó 2,496, y en la de 
1861 aparecen 3,176. 

Su población en 1870 comprendiendo la de sus 
partidos, es la siguiente: (Almanaque mercantil de 
Reinen.) 



í 

POBLACIÓN. 

PARTIDOS. 

BUneos. 

Libres. 

BscUto.. 

Totales. 

Baracoa. 

812 
1369 
1272 
397 
210 
630 

1155 
1372 
840 
174 
530 
728 

397 

340 

199 

2 

40 
493 

2364 

Cabaoú 

3081 

GüÍDÍao .• 

2311 

M ai sf 

573 

Joíó 

780 

V W|W ••••••••■••.• • • 

Maboíabo 

1751 



Totales 

4690 

4799 

1471 

10860 


DiltMldM. 


A' la Habana 286 leguas, á Puerto Principe 125, a 
Santiago de Cuba, 61. 


HISTORIA DE BARACOA. 499 

Para la formación de estas notas históricas, geo- 
gráficas y estadísticas, se han puesto en contribución 
las Décadas de Hen-era, el Teatro Cubano del Dr. 
Urrutia, el Diccionario geográfico de D. Jacobo de la 
Pezuela, la Topografía del Dr. Pifia (Ramón) y el Cen- 
so publicado en el tomo 8 de las Memorias de la Real 
Sociedad Económica. 

El poco mérito del trabajo, confesado por el autor, 
unido á lo ligero de él, son los motivos porque apa- 
rece anónimo. 


BAYAMO. 


EL BAYAMO. 


La villa del Bayamo es la población mas antigua 
después de Baracoa y Cuba, situada en la Zona-tór- 
rida, bajo el trópico de Cáncer, y en razón de su dia 
máximo corresponde al 3"" clima de hora: su longi- 
tud occidental por el meridiano de Cádiz 70° y 26'; 
su latitud setentrional 20"" y 2T: dista de la ciudad 
de la Habana en línea recta por el rumbo O. N. O. 
4° N. O. 202 leguas, y de la ciudad de Cuba por el 
£* S. E. 4r S. E. 32 leguas: sus límites son por el N. 
el puerto de Manatíes y jurisdicción de Holguin: por 
el S. el mar á barlovento del cabo de Cruz: por E: 
los límites de la jurisdicción del pueblo de Jiguaní, 
que es el rio de Cantillo y por el O. el rio de Jobavo 
desde su embocadura á la mar, donde se denomina 
Tana tomándolo en dirección inversa, cuyos límites 
son con la ciudad de Puerto-Príncipe. Esta porción 
de terrenos se demuestra en un polígono exágono 
irregular comprensivo de 998 leguas de supeiiicie 
cuadrada* 

£1 capitán de estas milicias blancas D. Pedro del 
Prado en su libro genealógico, señala á la fundación 
del Bayamo al año de 1512, pero en varios acuerdos 


504 NOTICIAS SOBRÉ BAYAMO. 

capitulares celebrados sobre la solicitud de la villa, 
hoy ciudad de Trinidad, queriendo ser más antigua 
que esta del Bayamo se alega, que nuestra actual si- 
tuación es más moderna que la que tuvo con el nom- 
bre de Nueva Sevilla en la provincia de Macaca, don- 
de hasta hoy se conoce una especie de sabana con el 
nombre de Pueblo viejo. El año 1511 fué donde por 
disposición de la Real Audiencia de Sto. Domingo se 
trasladó para evitar los desórdenes que se esperimen- 
taban en el pueblo de indios nombrado las Ovejas si- 
tuado Rio en medio, del lugar que hoy al presente 
ocupa esta villa. 

De los conquistadores 6 pobladores de esta parte 
de la Isla habla repetidas memorias en los archivos, 
entre los cuales la hago de los capitanes Juan Rodrí- 
guez, Francisco Gutiérrez Quexigo, Esteban y García 
de Lagos y Salepas, Pedro Pinajero y Rodrigo de Ta- 
mayo, á quienes por haber sido de los primeros po- 
bladores se les repartieron tierras dentro de los tér- 
minos jurisdiccionales y que gozó en lo sucesivo el 
Bayamo de N. á S. desde puntas de Muías al Cabo de 
Cruz, que son 50 leguas de mar á mar, y 48 del £. á 
O. desde los Palos picados al rio de Jobabo, cu3ra bas- 
ta estension comprende los mejores criadores de ga- 
nado y terrenos imponderablemente feraces en todo 
género de cultivo, siéndolo vasta las cercanías que 
los circundan. 

El terreno es llano y montuoso y por el cálculo 
que más se ha podido aproximar, está el 1^ con el 2^ 
en razón de seis á una. Aquel comprende sabanas y 
saos dilatados de escelentes y abundantes pastos y 
grandes bosques donde se crían muchos miliares dé 
vacunos, cerdos, caballos, mulares y algunos asnales, 
lanares y cabríos en que consiste la gran riqueza del 
país. Las selvas y bosques son susceptibles por su 


MEMORIAS DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA. 606 

feracidad de plantíos de caña criolla y forasteras de 
todas clases de bellísima condición, de lo que resulta 
que el azúcar, & pesar del poco conato que se tiene para 
elaborarla, puede competir en calidad y blancura con 
las de los mgores ingenios de la Isla, donde se le ha 
dado el último fomento á esta producción de nuestro 
suelo. El cafe, cacao y algodón abrevian en estos 
terrenos su vegetatílon, y el fruto es de muy buena 
calidad: el aftil se cria silvestre, y los inteligentes en 
el cultivo de este vegetal, aseguran que es tan su- 
perior, como el de Costafirme y Guatemala. El maíz, 
frutas y raices de la Zona-tórrida, se logran en cose- 
chas aun sin mejorar el trab£yo y terreno. En las 
colinas, declive de las montañas, valles y orillas de 
de los rios, se esperimenta la misma fertilidad que en 
la tierra llana para los frutos, crianza de cerdos y al- 
gunos vacunos y caballares: y en las lomas altas de 
peftascos, en las grietas y covachas que forman las 
piedras se aposentan infinidad de ejambres de abejas 
de donde se saca porción de arrobas de cera y boti- 
jas de miel, sin mas cultivo que el trabsyo de buscar- 
las y castigarlas. 

He visto varios testamentos otoi*gados en el pue- 
blo de las Ovejas, entre otros el de una María Agus- 
tina, india hija natural del capitán Rodrigo Tamayo. 
Yo estracté un cuaderno que debe existir en Cuba y 
que se le remitió al gobernador D. Nicolás de Arre- 
dondo, donde estaban todos los papeles relativos á 
los indios, en el cual se halla una Real Provisión de 
la Audiencia de Sto. Domingo, en que por continuaf 
los desordenes del pueblo de las Ovejas, se dispuso 
que este se dividiese en dos, de los cuales el uno se 
situaría a la parte arriba del nuestro español, donde 
decían Canelles arribas y el otro á la parte de abajo 
llamado Güaísabana Canelles abajo, y consta que así 
Tomo II. 64 


506 NOTICIAS SOBRE BATAMO. 


se verificó. May también un despacho del gobierno 
de Cuba, en el cual por habérsele noticiado que en el 
pueblo de Güaísabana no habia parroquia, mandaba 
al Cabildo que siendo cierto hiciera trasladar á los in- 
dios sus habitantes a Canellas arriba donde estaba la 
que hoy existe con el nombre de San Juan Evangelis- 
ta. A continuación sigue el acuerdo del Ayuntamien- 
to en que fueron nombrados para la vista ocular los 
Regidores Diego Marrón de Santiesteban y Clemente 
de Agrámente, los cuales habiendo salido á evacuar 
su comisión, encontraron al Alcalde de Güaísabana 
Rodrigo González que les confesó no tener tal Parro- 
quia, pero que suplicaba al Sr. Gobernador le diese 
dos años de plazo dentro de los cuales ofrecía tener- 
la corriente, lo que cumplió al año y medio edificán- 
dola con la advocación de Ntra. Sra. Sta. Ana. Con- 
tinúa el enunciado cuaderno con una Real cédula en 
que ordena S. M. á este Ayuntamiento que se absten- 
ga de hacer más mercedes por la parte del N., dejan- 
do los terrenos no mercedados á beneficio de los in- 
dios, y últimamente solo en varios despachos de los 
Alcaldes & pedimento de los Párrocos, se nombraban 
comisionados que entrasen á sacar para el cumpli- 
miento de la Iglesia á los indios que introducidos en 
los espresados terrenos del N. que por la citada Real 
cédula se les habian asignado, no llenaban tal obli- 
gación. Esta providencia anual de los Alcaldes cesó 
con motivo de haber María de las Nieves Rodríguez 
de Aldana fundado en su hato de Holguin una Iglesia 
que fué eregida en curato y adonde ocurrían los in- 
dios de aquella parte del N. á cumplir con los debe- 
res de cristianos, haciendo algunos de ellos allí sus 
parajes, primer cimiento de la que hoy es ciudad de 
Holguin, aumentando tanto su población la numerosa 
descendencia de las Nieves, nombrada por ellos la 


MEMORIAS DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA. 507 


Eva de Holguin, que el año de 1649 última visita de 
ordenanza que practicó el Regidor D. Juan Lorenzo 
Muñoz en la lista que presentó á este Ayuntamiento 
se contaron 175 personas procedentes y enlazadas 
con su familia, y ella todavia viva. — Aunque el nú- 
mero de indios que se situaron en Holguin y también 
en Jiguaní fué considerable, no obstante quedaron 
muchos en ambos pueblos de Canelles arriba y Güai- 
sabana, especialmente aquellos que blasonaban de ser 
descendientes de los Caciques y de otros troncos res- 
petables, ó que tenian hacienda en propiedad, tanto 
que hasta mediados del siglo pasado hubo una com- 
pañía de milicias de ellos en Canelles abajo y otra en 
Canelles arriba, y que al fin el continuo trato y rela- 
ciones con los españoles los convirtieron y reputaron 
por blancos. 

Con referencia á Jiguaní diré, que aunque sus ter- 
renos no son los de la parte del ^. concedidos á los 
indios, una parte de los que disfrutaban, levantaron 
sus parajes allí con motivo de haber logrado el Pres- 
bítero D. Nicolás Jerez, que el indio Miguel Rodrí- 
guez dueño y señor del corral de cerdos nombrado 
Jiguaní arriba, ya anciano y sin sucesión, cediese aque- 
lla hacienda para que en ella se recogiesen los indios 
que quisiesen poblarla, edificando iglesia con título de 
Parroquia en 1701, cuyo primer Párroco filé el enun- 
ciado Presbítero Jerez, y á pocos años se erigid en 
pueblo de indios, sujetos á los Alcaldes ordinarios de 
esta villa, y defendidos por el protector que tenian 
los de aquí. Por lo dicho se convence que tanto el 
pueblo de Holguin como el de Jiguaní, se fundaron 
dentro délos términos jurisdiccionales del Bayamo, y 
que por lo tanto deben ser reputados como hijos de 
éste, compuestos de una parte de su vecindario y ter- 
renos, como lo filé hasta el año de 1751, en que go- 


508 NOTICIAS SOBRE BAYAMO. 

bernando en Cuba D. Alonso de Arcos y Moreno, ob- 
tuvo Holguin el título de ciudad, cuya Real gracia he 
visto con motivo de haber necesitado su inspección 
para el cumplimiento de una de las comisiones de la 
Real Audiencia del distrito que he ejercido en la re- 
ferida ciudad, y á consecuencia de ella el expresado 
Gobernador le señaló por términos jurisdiccionales 
una inmensidad do terreno, que aunque el Procura- 
dor general D. Juan Infante contradijo, se llevó ade- 
lante sin que después nadie se haya atrevido á esta- 
blecer su nulidad. Lo mismo se practicó en Jiguaní 
señalándole por términos los rios Cantillo y Contra- 
maestre, pero éstos han sido aprobados por la Real 
Audiencia del distrito, de modo que del rio Cautillo 
para esta parte, es territorio del Bayamo, lo mismo 
que del de Contramaestre hasta Palos picados. El 
mismo Gobernador erigió á Jiguaní en pueblo, nom- 
brándole desde luego seis Regidores vitalicios, de los 
cuales se titulaba uno Alférez mayor, otro Alguacil 
mayor, otro Alcalde mayor provincial, otro fiel ejecu- 
tor y dos llanos, con facultad de elegir los Alcaldes 
ordinarios (pero pedáneos) y dos de la Santa Herman- 
dad, creándole otro protector con residencia en Cuba, 
para que allí se tratasen y evacuasen los negocios de 
dicho pueblo ante el propio Gobernador, con inhibi- 
ción para ellos de los Alcaldes de esta villa, mas como 
bajo este sistema se experimentaban escandalosos dis- 
turbios en las elecciones concejiles, dispuso la Real 
Audiencia de Puerto-Príncipe que el Gobernador de 
Cuba nombrase persona dotada de prudencia y capa- 
cidad que pasase á Jiguaní el día 1^ de cada año á 
presidir las indicadas elecciones, y en su consecuencia 
el Gobernador D. Sebastian Kindelan me honró con 
esta comisión que siguid continuada por sus sucesores 
hasta el de 1819 en que se estableció con aprobación 


MEMORIAS DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA. &09 

de S. M., un Teniente de Gobernador que lo fué el Ca- 
pitán de la compañía de caballería ligera de esta villa 
D. Juan Luis de Estrada, nombrado por el Goberna- 
dor D. Eusebio Escudero. 

Hubo en esta villa desde el principio como lo com- 
prueba el capítulo 22 de las ordenanzas municipales 
de la Isla, un Teniente Gobernador, de los cuales te- 
níamos constancia en los protocolos que ya no exis- 
ten y de haberlo sido los Capitanes Juan de Tovar, 
Andrés Estrada y Estrada y Pedro Vázquez Valdes 
de Coronado, que como tal intervino en el inventario 
del Capitán Francisco de Parada. Posteriormente se 
suplicó y obtuvo del Rey, que el dicho Teniente Go- 
bernador fuese letrado, por ser el Bayamo el lugar de 
más contrataciones y pleitos y estar más en comar- 
ca que los otros pueblos, y en su virtud obtuvieron 
nombramiento de 8. M. los Licenciados Hernan- 
do de Santiesteban Valderas, Hernando Ortiz de 
Roca Montejo, Juan Velázquez y Alonso Alva- 
rez de Toledo, sin saberse por qué se suspendió 
esta disposición, pues después de muchos años se en- 
cuentra al Capitán Antonio Arias Maldonado muerto 
de una puñalada por Inés de Aguilar con motivo de 
haberse procesado criminalmente á su marido, y nin- 
gún otro hasta el año de 1684 en que el gobierno de 
Cuba nombró para dicho empleo al Capitán D. An- 
drés de Cisneros y Estrada, sobre cuya recepción hu- 
bo un gran debate entre los capitulares, y habiendo 
hecho salir de la Sala al Regidor alguacil mayor D. 
Francisco Vázquez Valdes Coronado, Alférez Real 
D, Fernando de Santisteban Valderas y al Regidor 
D. Andrés de Estrada Tovar por parientes inmedia- 
tos de dicho Teniente Gobernador nombrado, se acor- 
dó no recibirlo por no ser letrado ni despachado por 
el Rey, cuyo acuerdo sostuvieron los vocales apelando 


510 NOTICIAS SOBRE BATAlIO. 


del auto conminatorio del enunciado Grobernador de 
Cuba, recibiéndolo por último á consecuencia de re- 
solución de la Real Audiencia de Sto. Domingo, y 
aunque ocurrieron á S. M. mandó el Supremo Conse- 
jo de las Indias cumplir la determinación de la Au- 
diencia, pero con prevención de que no se proveyera 
otro en lo sucesivo, constante todo de dicho Cabildo 
de 1684, de los tres 8Íguientes y de las respectivas 
Real provisión y Cédula, cuyas fechas no me acuerdo, 
lo que fué observado por el sobredicho Grobierno de 
Cuba que regentándolo D. Juan de Villalobos nom- 
bró por Teniente á guerra para solo los asuntos mili- 
tares al Sargento Mayor de las milicias antiguas D. 
Sebastian Romano Castañeda, quedando el mando 
político á cargo del Ayuntamiento y Alcaldes ordina- 
rios. Este sistema fué adoptado por los sucesores de 
aquel Gobierno y hay memorias ciertas de haber sido 
Tenientes a guerra en los tiempos siguientes al de 
D. Sebastian Romano, los Capitanes D. Gonzalo Val- 
devalle, D. José Rodríguez, ü. José Panes, D, Grego- 
rio Rosales, D. Manuel Franes, D. Antonio González, 
y Subtenientes D. José García y D. Francisco Fernan- 
dez, y gobernada de este modo la villa del Bayarao, 
determinó para cumplir con las leves el Gobernador 
de Cuba D. Alonso de Arcos y Moreno hacer la pro- 
posición del expresado empleo de Teniente Gob ma- 
dor, solicitando privadamente de este Ayuntamiento 
que informase el aSo de 1749 á S. M. ser necesario 
para conservar la tranquilidad pública é imparcial 
administración de justicia el nombramiento de un 
Teniente Gobernador político y militar, renunciando 
el privilegio que gozaba el Bayanio según se ha dicho 
para no tenerlo, en cuya virtud tuvo á bien S. M, de- 
legar especialmente la facultad de nombrar dicho em- 
pleo á los Gobernadores de la Habana, Capitanes Ge- 


MEMORIAS DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA. 511 


nerales de la Isla, como lo practican desde el año de 
1751 en que siéndolo D. Francisco Cagígal de la Ve- 
ga eligid para el referido empleo al Teniente Coronel 
Capitán de granaderos del regimiento de la Habana 
D. Ignacio Moreno Mondragon y Mendoza á quien 
siguió interinamente D. Miguel de Olazagasti y á es- 
te en propiedad D. Juan de Landa ambos Capitanes 
del dicho regimiento de la Habana, y durante la to- 
ma de aquella plaza por los ingleses nombró el Go- 
bernador de Cuba á los Tenientes D. Pablo Figuerola 
también del propio regimiento de la Habana y a D. 
José Quiroga que lo era del de Aragón, pero restitui- 
da la expresada plaza a España, siguieron sus Gober- 
nadores y Capitanes Generales ejerciendo la dicha fa- 
cultad delegada, nombrando a D. Miguel Ibañez Cue- 
vas Coronel del regimiento de Murcia, á quien sucedió 
el Capitán de infantería del regimiento de la Habana, 
(después Mariscal de Campo) D. Juan Gemity Lleonart, 
á este interinamente D. Luis González Arredondo, Ca- 
pitán del Batallón de voluntarios blancos de Cuba y 
Bayamo, luego el Capitán del regimiento de Lombar- 
día D. Josc de Alvarado al cual mudó el Teniente Co- 
ronel D. Vicente Júztiz Zayas Bazan, a ést-e D. José 
Diaz Tejada, Capitán del regimiento de España, á és- 
te el Capitán del regimiento inmemorial del Rey D, 
Benito Sánchez Salvador, á éste el Teniente del regi- 
miento de la Habana D. Antonio de Castro Palomino, 
á quien sucedió el Capitán del propio regimiento D, 
Antonio de Esquerra y á éste el Teniente 1). Agustin 
de Herrera Veloquin, a éste el Sargento Mayor de 
estas milicias Coronel de ejército D. Francisco Sán- 
chez Griñan, á éste el Teniente D. Jacinto Escudero, 
á éste el Teniente Coronel, hoy Brigadier D. José 
Coppinger, á éste el Teniente D. Félix del Corral y 
Menocal, y en tiempo de la constitución fué nombra- 


512 NOTICIAS SOBRE BAYAMO. 

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do Comandante militar el Teniente de estas milioias 
D. Salvador Riera y Gefe político el Coronel de ellas 
D. Antonio María Aguilera, á quien sucedió el Coro- 
nel D. Miguel Gutiérrez y luego el de igual gradua- 
ción D. José Miguel Salomón. Bestablecido el anti- 
guo sistema eligid al Capitán General de la Isla para 
Teniente Gobernador político y militar al antedicho 
Corona Gutiérrez que fué relevado por el Teniente 
Coronel D. Pedro González y por su fallecimiento el 
afto de 1831 entró el Teniente Coronel dé caballería D. 
Francisco Fernandez de Castro, que actualmente 
desempeña este empleo; á todos los cuales desde D. 
Ignacio Moreno he conocido personalmente y puedo 
atestar sus respectivas sucesiones. 

Agregaré, que debe existir en el archivo eclesiás- 
tico de Cuba, una noticia exacta que con presencia 
de mis extractos y en tiempos en que aun se conser- 
vaban casi todos los originales, di al difunto llustrí- 
simo y Rmmo. Sn Arzobispo Dr. D. Joaquín de Oses 
y Alzua que la pidió á esta Vicaría en la cual se ex- 
presaban las fechas de sus capellanías, fundaciones y 
los autores de ellas, pero no conservando en la me- 
moria todas estas particularidades, referiré de aque- 
llas que me acuerdo y la existencia que puede atestar 
todo vecino de Bayamo, empezando por las parro- 
quias de la villa que son dos, nombradas la mayor, 
cuyo patrono es el Santísimo Salvador y la de San 
Juan Evangelista, asistida cada una con los Párrocos 
que se proveen en la forma ordinaria. Seguiré con 
las rurales, siendo la primera la de la aldea del Man* 
zanillo, erigida en parroquia por, el ya dicho limo. Sr. 
Oses, su patrona es la Purísima Concepción. Otra 
que el propio Arzobispo erigió en el partido de Vica- 
na á 20 leguas de esta villa, hacia el S. cuyo patrono 
es San Francisco Javier. Luego la de otra aldea nom- 


MEMORIAS DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA. &ld 

brada les Tunas, creada por el limo. Sr. J). ^Gerónimo 
Valdes, no tengo presente en que año, solo sí que su 
patrono es el Máximo Dr. San Gerónimo. :Otraesila 
d«l partido de Yara, de que es patrona Santa Rita. 
Otm la de Barrancas, fundada primero en la hacienda 
denlas Piedras (no) hfl^o memoria porque. Obispo) y es 
patrono San Fructuoso, pero arruinada su .iglesia filé 
trasladada de 'Parro(]piia por el limo. Sr.iD.iFcayJuan 
Lazo de la^Vega al hato de Valenzuela, donde sus 
dueños mantenían una famosa ermita surtida coa pro- 
fusión de todo lo necesario para el culto divino .y en 
honor de Nuestra Señora la Inmaculada Concepción 
de 'María, cuyo patronato está vinculado en mi i fami- 
lia. HaÚéndose deteriorado dicha iglesia. y padecido 
sus ornamentes y demás* utensilios, porque se mantu- 
vo cerrada ooho años, a virtud de ciertas etiquetas en- 
tre el Curaípárrooo Dr.iD. José Antes y el patrono 
que entonces era, y recaído en mi este encargo no du- 
dé un mmnento en acceder á la indicación deltÜmo. 
Sr. Oses, para que se trasladase al lugar donde existe 
al presente en el hato de las> Barrancas por estar en 
medio del partido y en el camino del nuevo . pueblo 
del Manzanillo. Conforme yo, se practicaron lasKÜli- 
gencias convenientes* y con intervención del vice-^real 
patrono Gobernador de Cuba, se verificó la traslación 
reservándoseme los derechos de patrono de la iglesia 
material que se edificó á mi costa con la mera ayuda 
que 'dieron los feligreses cortando las maderas,, como 
todo consta de la vi^ta del dicho Sr. Arzobispo Or. 
D« Joaquín de Oses, contribuyendo tambi